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San Bonifacio destruyó el «árbol de navidad», 20 elocuentes pinturas y grabados lo demuestran (3/3)

diciembre 22, 2024

Alrededor del año 723 San Bonifacio se dirigió a la región de la Baja Sajonia. Una comunidad de paganos cerca de Geismar iban a realizar un sacrificio humano (donde usualmente la víctima era un niño) a Thor, el dios del trueno, en la base de un roble al que consideraban sagrado y que era conocido como “El Roble del Trueno”.

Bonifacio, quiso destruir el Roble del Trueno no sólo para salvar a la víctima sino para mostrar a los paganos que él no sería derribado por un rayo lanzado por Thor.

El Santo y sus compañeros llegaron a la aldea en la víspera de Navidad justo a tiempo para interrumpir el sacrificio. Con su báculo de obispo en la mano, Bonifacio se acercó a los paganos, que se habían reunido en la base del Roble del Trueno, y les dijo: “aquí está el Roble del Trueno, y aquí la cruz de Cristo que romperá el martillo del dios falso, Thor».

El verdugo levantó un martillo para ejecutar al pequeño niño que había sido colocado para el sacrificio. Pero en el descenso, el Obispo extendió su báculo para bloquear el golpe y milagrosamente rompió el gran martillo de piedra y salvó la vida del niño.

Después, se dice que Bonifacio habló así al pueblo :“¡escuchen hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, salvo la que la piedad ha dibujado del pecho de una madre. Porque esta es la noche en que nació Cristo, el hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad. Él es más justo que Baldur el Hermoso, más grande que Odín el Sabio, más gentil que Freya el Bueno. Desde su venida el sacrificio ha terminado. La oscuridad, Thor, a quien han llamado en vano, es la muerte. En lo profundo de las sombras de Niffelheim él se ha perdido para siempre. Así es que ahora en esta noche ustedes empezarán a vivir. Este árbol sangriento ya nunca más oscurecerá su tierra. En el nombre de Dios, voy a destruirlo”.

Entonces, Bonifacio tomó un hacha que estaba cerca de ahí, y según la tradición, cuando la blandió poderosamente hacia el roble una gran ráfaga de viento voló el bosque y derribó el árbol con raíces y todo. El árbol cayó al suelo y se rompió en cuatro pedazos.

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El árbol de navidad comunista: una costumbre anticristiana

diciembre 22, 2024

Lenin y el abeto de Navidad

La Unión Soviética realizó una campaña de propaganda en favor del Abeto de Navidad mediante un cuento El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki – Lenin y los Niños.

El cuento El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki – Lenin y los Niños habla de una celebración de año nuevo que se llevó a cabo en la Escuela Forestal de Sokolniki. Esta escuela dio asilo a hijos de revolucionarios, huérfanos de guerra, niños enfermos, vagabundos, etc. Allí se les daba formación académica, y simultáneamente se les formaba en el trabajo, el arte y la ciencia, con altos valores comunistas: en la igualdad, la cooperación, la fraternidad, entre otras cosas. Sumado a lo anterior, la Escuela Forestal era uno de los lugares donde se podía dar atención médica y recuperación a los enfermos durante la Guerra Civil.

Ilustraciones de la propaganda comunista El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki- Lenin y los Niños

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El origen anticristiano del Árbol de «Navidad»

arbol plaza roja de moscú

Desde la Revolución Comunista Atea, un gigantesco árbol se coloca en la Plaza Roja de Moscú. 

El conocido “árbol de navidad”, en realidad es el “árbol del universo” de origen druida, tal y como lo afirman TODAS las narraciones del mismo. No existe una sola que asegure que el “árbol del universo” tiene una tradición originada en el cristianismo. Incluso la Nueva Iglesia conciliar reconoce que el origen se remonta al paganismo naturalista.

Todas las fuentes señalan a los sacerdotes druidas, los mismos del Halloween, los que sacrificaban seres humanos a sus dioses paganos, como los autores del “árbol del universo”, aunque para ellos era:

arbol pagano

“Celebrar el cumpleaños de uno de sus dioses adornando un árbol perenne, coincidiendo en cercanía con la fecha de la Navidad cristiana”.

El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo), en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard y el Valhalla; mientras que en las raíces profundas se encontraba EL INFIERNO.

Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el infierno o reino de los muertos).

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El árbol de Navidad del Rockefeller Center (años cincuentas)

¿Quién lo inventó?

(Transcrito de Dutche Welle/ Heike Jüngst / RML)

El árbol de Navidad es “un invento”, afirma el ensayista Bernd Brunner en un libro que titula justamente: “La invención del árbol de Navidad”. Según sus investigaciones, ningún texto de historia da cuenta de una fecha de nacimiento exacta de la ahora central pieza del decorado navideño, no sólo en Alemania.

Podría haber aparecido por primera vez en Friburgo, en el año 1419, donde se dice que una panadería-dulcería lo adornó con galletas de especias y nueces. Pero nadie puede demostrarlo. Otras ciudades como Tallin, la capital de Estonia, o Riga, la de Letonia, se adjudican también la invención y exposición del primer árbol de Navidad. Pero la leyenda de Friburgo es de todos hermosa: en año nuevo, según se cuenta, se les permitió a los niños sacudir y saquear el árbol repleto de golosinas.

Las más antiguas pruebas documentales de la presencia de un árbol de Navidad provienen del suroeste del espacio lingüístico germano, sobre todo de zonas protestantes. Desde la alsaciana Sélestat (Schlettstadt, en alsaciano y alemán) se ha transmitido hasta nuestros días la noticia de que personas notables de la localidad adornaron un árbol con manzanas y obleas, que luego podían ser degustadas el Día de Reyes.

Existen además pruebas documentales de que la Catedral de Estrasburgo exhibió un árbol de Navidad en 1539. Y aunque fueron los gremios y asociaciones quienes terminaron por establecer la presencia de estos arbustos coníferos siempre verdes en sus sedes, la costumbre no se expandió a las casas sino hasta entrado el siglo XIX. Eso sí, sólo las clases adineradas podían darse este lujo. Al pueblo le tocó conformarse en principio con gajos de frescura y duración limitadas.

De culto de brujas a tradición protestante

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Estdiantes Wicca en la Universidad de Vanderbilt

Los estudiantes Wicca y paganos de la Universidad de Vanderbilt pueden tener un día de excusa fuera de la clases para bailar alrededor del árbol de los hechiceros. 
La Oficina de asuntos religiosos de la Universidad Vanderbilt envió a los profesores en el calendario 2011-12 de «días santos, religiosos y ceremonias» (una política relacionada con las ausencias justificadas del estudiante), en la cual aparecen cuatro de los días en el calendario que serían considerados como «Wicca / Pagan». 
La Wicca o brujería, es una forma de paganismo, un término general para las creencias en múltiples dioses y diosas. Algunos creyentes religiosos consideran el paganismo es una tendencia contracorriente, ya que se opone a la tradición monoteísta del cristianismo, el judaísmo y el Islam. 
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Los Lutero junto al «árbol navideño»

Sobre las más profundas raíces de esta tradición circulan también numerosas teorías. Antiguas culturas, que practicaron la adoración de bosques y plantas sagradas, consideraban que en los llamados árboles de hojas perennes habitaban dioses, que eran fuentes de vida. Se les asociaba con la salud, fertilidad, fuerza vital, protección. Los romanos coronaban sus casas con ramas de laurel para saludar el nuevo año. Pero el actual árbol cristiano surgió con la novena de Navidad, en el Medioevo, cuando la doctrina cristiana comenzó a representarse como pieza teatral para los fieles iletrados.

Durante mucho tiempo, las iglesias se negaron a tolerar el árbol pagano.

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Paulatinamente, los árboles paganos fueron introducidos en los pueblos desde el poder de los gobiernos de los países protestantes.

“Pero el pueblo se impuso y la iglesia evangélica, siguiendo su tradición democrática, convirtió al árbol de Navidad en símbolo de estas festividades para todo creyente protestante”, sonríe Myers.

Según fuentes históricas, fue hacia fines del siglo XIX que el árbol de Navidad apareció también en las regiones católicas de Alemania y Austria.

El primer árbol iluminado se registra alrededor del año 1611, cuando la duquesa Dorothea Sibylle de Silesia le agregó velas al decorado. En torno a 1830 se sumaron las esferas de cristal soplado. Según la leyenda, la idea de estas esferas coloridas se le ocurrió a un pobre vidriero de la oriental Lauscha, en Turingia, que no podía darse el lujo de colgar en el árbol las caras nueces y manzanas de los ricos. Cierto o no, el hecho es que, hasta el día de hoy, la región es internacionalmente conocida como una de las más importantes en el arte del soplado de vidrio en  Europa Central.

De cristal o plástico, las esferas son hoy parte indiscutible del decorado del árbol navideño. Chillonas o clásicas, de uno o varios colores, según se ponga de moda. Con el paso del tiempo la decoración del árbol se ha vuelto cada vez más opulenta y suntuosa. Y las más “increíbles” tendencias de la moda se muestran cada año en la Christmasworld, la mayor feria internacional de decoración navideña, en Fráncfort del Meno, cuenta también el pastor Jeffrey Myers. Si uno se fija en todo lo que allí se muestra, puede llegar a la conclusión de que el árbol ha vuelto a su origen pagano, dice.

El pastor ya estuvo en la feria una vez, en un pabellón de la iglesia evangélica, para insistir en el significado religioso de la festividad: aunque nadie sepa la fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazareth, la Navidad es la celebración del nacimiento de Jesucristo y «muchos lo han olvidado», cree Myers. No obstante, en Alemania, el pastor se siente a gusto: después de enterarse de todas las tendencias, los alemanes siguen colgando en el árbol lo mismo que colgaban en su niñez. De ahí que, por estas tierras, las clásicas bolas rojas, plateadas y doradas sigan brillando entre las ramas siempreverdes del abeto navideño.

La introducción del «árbol de navidad» en España e Inglaterra, obra de criptohebreos (parte segunda)

diciembre 21, 2024
Preparan un árbol de seis metros en el Castillo de los Windsor.
El árbol navideño del Castillo de Windsor en 1857

De las navidades victorianas procede la costumbre de adornar las casas con un abeto iluminado, tal y como mandó hacer el príncipe Alberto por primera vez en la Navidad de 1841, idea que copiaron rápidamente las clases altas del país al publicarse diferentes grabados de la familia real alrededor del árbol. Y también fue entonces cuando aparecieron las primeras felicitaciones navideñas impresas, a raiz de que un editor, llamado Sir Henry Cole, encargase en 1843 la primera, idea que adquirió la familia real y fue imitada por el resto de la aristocracia y las clases altas.

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La introducción del árbol de «navidad» en realidad significa la adoración por la dinastía dorada que gobierna al mundo.


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Otra costumbrita generada en Londres… la reina Victoria, procedente de la «nobleza» alemana.

Los árboles de Navidad ahora se convirtieron en furor en los círculos ingleses de la clase alta, quienes transformaron sus árboles navideños en el centro de las celebraciones y también competían por ver quiénes tenían los árboles más espectaculares. Los árboles navideños de principios del siglo XX eran cubiertos con velas, juguetes y adornos de madera pintados. Cuando la reina Carlota murió, en 1818,la tradición del árbol de Navidad estaba firmemente establecida en la sociedad inglesa, y continuó floreciendo a lo largo de los años 1820 y 30.

La reina Victoria, nieta de Jorge III y Carlota, conoció la costumbre de los árboles navideños en su infancia: “Después de cenar, como cada año, en el palacio de Sandringham… nos dirigimos al salón de dibujo cerca del comedor… Allí había dos grandes mesas sobre las cuales se encontraban dos árboles de Navidad decorados con luces y todo tipo de adornos. Los regalos estaban cuidadosamente colocados alrededor de los abetos“, escribió la monarca en su diario a la edad de trece años.

Cuando en diciembre de 1840, el príncipe Alberto -casado desde 1838 con la reina Victoria- importó varios ejemplares de abeto de su Coburgo natal, no eran una novedad para la aristocracia inglesa. Sin embargo, no fue hasta que periódicos como el “Illustrated London News“, “Cassell’s Magazine” y “The Graphic” comenzaron a describir minuciosamente los árboles de Navidad de la familia real todos los años desde 1845 hasta finales de la década de 1850, que la costumbre de establecer tales árboles ingresaron en los hogares de la gente común en Inglaterra.

Es durante la época victoriana que la cena que hoy asociamos con la Navidad empezó a tomar forma. Las primeras recetas victorianas  se hicieron inicialmente de carne, comenzó a ganar popularidad en algunos de los niveles más altos de la sociedad y se convirtieron en los pasteles de carne picada que hoy conocemos.

El pavo asado también tiene sus inicios en la Gran Bretaña victoriana. Anteriormente otras formas de carne asada como la carne de gallina eran la pieza central de la cena de Navidad. El pavo se añadió a esta por los sectores más ricos de la comunidad en el siglo 19, pero su tamaño perfecto para una reunión de familia de clase media significó que se convirtió en el plato dominante a principios del siglo 20.

Mientras que los villancicos no eran nuevos para los victorianos, era una tradición que se  revivió y popularizó. Los victorianos villancicos eran  considerados como una forma deliciosa de entretenimiento musical. Las palabras antiguas fueron puestos a nuevas canciones y la primera colección importante de villancicos fue publicado en 1833.

Isabel II posa junto a su árbol personal.

Quién introdujo el «árbol de navidad» y su significado anticristiano (Primera de tres partes)

diciembre 19, 2024

La introducción del «árbol del universo» en España e Inglaterra, obra de criptohebreos

El borbonista Pepe Osorio junto a su mujer (no católica) Sofía Troubetzkoy, introductores del «árbol del universo» en España, en una fotografía tomada en Deauville en la primavera de 1869, pocos días después de su boda.

El «árbol del universo» ahora llamado «árbol de navidad» fue introducido por primera vez en la Alemania luterana a principios del siglo XVII. Fue hasta el siglo XIX cuando apareció en los países protestantes de Finlandia, Rusia e Inglaterra. Primeramente en el castillo de los Windsor (los hebraizados von Battemberg) quienes lo hicieron parte de su ornamentación navideña a mediados del siglo XIX.

Igualmente fueron los borbonistas hebraizados quienes lo llevaron a España hasta 1870. Se sabe que fue introducido por la duquesa «rusa» -no católica- Sofía Sergeïevna Troubetzkoy mujer de un líder de la restauración borbónica; José Isidro Osorio y Silva-Bazán, hijo de la marrana Inés Francisca de Silva-Bazán (1806-1865), hija a su vez del hebreo marrano José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein y de la marrana Joaquina María Téllez-Girón y Alfonso Pimentel.

En España hubo grandes detractores de esta tradición como Dolors Cos en 1930 o Ramón Violant en 1948 que se quejaba de que mezclado entre los puestos de venta de figuras y adornos también aparecieran árboles de Navidad.

La reintroducción del árbol en Alemania, atribuida al heresiarca Martín Lutero

Grabado de la familia de Lutero.

(Información tomada de el sitio de la Universidad de Murcia)

La cultura alemana reconoce a Martín Lutero como fundador de la «fe» Protestante y como «padre del árbol de navidad». Se cuenta que Lutero regresaba a Wittenberg, una silenciosa y fría noche de vigilia, y quiso recrear, adornando con pequeñas velas un abeto doméstico, la impresión fabulosa que tuvo al observar los árboles helados del bosque que resplandecían bajo la luz de las estrellas… quizá haya sido un intento de la iglesia alemana reformada por conservar una costumbre pagana, viva en el pueblo, atribuyéndole un carácter cristiano.

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Martin Luther con su familia alrededor del «árbol de navidad».

La costumbre se arraigó en Alemania y los países escandinavos en los siglos XVI y XVII, de allí paso a Inglaterra: primero fueron los soberanos de la casa de Hannóver, Jorge III (y sobre todo su esposa Carlota), y más tarde el Príncipe Consorte Alberto de Sajonia-Coburgo, celebre marido de la reina Victoria. Cabe pensar que el abeto decorado en los hogares, podría considerarse, en cierto sentido, como una prueba de fidelidad monárquica.

¿Cuándo inició el uso del árbol en el Vaticano?

El primer arbolote se introdujo durante el reinado de Juan Pablo II.

Desde 1982, cada año un país regala al Vaticano un árbol navideño. Una tradición que comenzó Juan Pablo II y que dura hasta nuestros días: Ver en Rome Reports 

(Transcrito de Azteca Noticias)

Arbolote en el Vaticano.

Ciudad de El Vaticano, El Vaticano.- Un abeto blanco de 24 metros adornará la Plaza de San Pedro de El Vaticano para las fiestas navideñas. El árbol será extraído de un bosque de la provincia italiana de Isernia. 

El árbol ya fue identificado y será extraído del Bosque de los Abetos Soberanos, ubicado en la localidad de Pescopennataro, el próximo 5 de diciembre. 

Con una grúa de la Protección Civil italiana el árbol será movilizado, envuelto en una red que sostendrá las ramas para posteriormente ser izada por un helicóptero del Cuerpo Forestal del Estado, que la trasladará hasta un valle cercano. 

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En la Plaza de San Pedro: Primacía del árbol navideño por delante de la Cruz.

El árbol será posicionado sobre un camión de unos 30 metros de largo que lo transportará hasta la Plaza de San Pedro, donde será descargado por empleados de El Vaticano que lo adornarán con cientos de esferas y miles de luminarias. 

Como es tradición, el árbol será ubicado junto al obelisco central de la plaza y a un lado de la estructura que contendrá un nacimiento gigante. El abeto será iluminado durante una ceremonia el 14 de diciembre entrante, mientras que el pesebre será inaugurado la tarde del 24, víspera de Navidad.

1° de noviembre: CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS SANTOS

noviembre 1, 2024

santos

Transcrito de Mercaba/ Fermín Yzurdiaga Lorca

Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española de las JONS desde 1937 a 1938

El otoño litúrgico avanza, tiernamente ungido de melancolía, por el paisaje desolado de noviembre. Ya no hay verdor, ni golondrinas, ni rosas. Bajo un cielo absoluto, la tierra levanta los árboles desnudos, como a esqueletos descarnados, para una danza con la muerte; y gime, cuando el labrador le hunde, sin piedad, el arado, en una maravillosa geometría de sementeras y de surcos. Yo no sé, cómo los vendimiadores tienen alientos para cantar al amor pagano un madrigal de racimos, ahora que la naturaleza pena, ante la venida de las nieves, que han de sepultarle, como en el mármol frío de una tumba.

Caminamos por este otoño espiritual con miedo, con fatiga, con nostalgia. El ciclo de Pentecostés, en su largura, nos alejó de los gozos pascuales del Resucitado, cuando prometían al alma las eternas primaveras de Cristo. Y ahora todo se hace incierto, breve como el día, penitencial, sin luz. Los evangelios de estos domingos escriben sobre nuestro corazón, con aquella misma misteriosa mano que helaba la risa sacrílega, en la cena de Baltasar. Es tiempo de rendir cuentas, porque el reino de Dios es semejante a aquel rey que puso en juicio las contabilidades de sus siervos. No se puede servir a Dios y al César sino dando a cada uno lo que le corresponde, porque al entrar en ese festín de las bodas celestes, que es el reino, nuestras vestiduras deben resplandecer de virtudes y de merecimientos: estremece pensar cómo al invitado que se presenta con su túnica mal cosida y sucia, se le arroja a las tinieblas, donde hay llanto y rechinar de dientes. Invitan a pensar estas domínicas de noviembre que cierran el ciclo litúrgico en el drama del apocalipsis de todas las cosas.

Pero aún tiene un respiro de gozo nuestro corazón con esta fiesta de Todos los Santos. Mirad al cielo, extremadamente limpio, en el punto de la amanecida de otoño. Aún arden las estrellas, innumerables como los descendientes prometidos al padre Abraham. ¿No serán esos pequeños mundos de luz los tronos de gloria para cada uno de todos los santos? Pues os diría que, en la hora del alba, palpitan tan vertiginosamente todas las estrellas, que parecen campanas de luz repicando su gloria, en homenaje del sol, que se alza sobre el horizonte jubiloso para engalanar de aureolas a todos los santos. Sí. En la liturgia, el sol es imagen augusta y reverberante de Jesucristo. La luna silenciosa, blanca y humilde, es la Virgen María, espejo claro donde se mira Dios complacido. Y las constelaciones de luceros, como infinitas, todos los santos de la celeste corte.

Vamos a gozar espiritualmente de este día entrañable… que ya descenderá el crepúsculo con la incertidumbre de sus tinieblas…, porque este Sol, Jesucristo, ha de volver al mundo, sobre un escabel de nubes, a juzgar a los vivos y a los muertos. cuando las aguas embravecidas de los mares caigan, como las del Diluvio, para anegar la tierra; y se bamboleen las constelaciones: y los hombres, secos de angustia, sin lágrimas en sus ojos dilatados, le vean llegar en vestiduras de juez. Aún es tiempo de poner un orden sacro en nuestras vidas y de ajustarlas al patrón de los santos.

La investigación especializada de la historia encuentra muy inciertos los orígenes de esta conmemoración litúrgica de la Iglesia. Hay que descender a ese «laberinto de Dios» que son las catacumbas de Roma, para encontrar, en sus minúsculos oratorios Ia presencia de un culto tributado a los apóstoles y a los mártires por las primitivas comunidades. Aquellos cristianos puros vivieron todas las dimensiones de la resurrección de Jesucristo, como un esquema luminoso de esperanza en la propia resurrección. Habían oído a San Pablo. Y sabían que el Cristo total del cielo se completaría con el número desconocido de todos los hombres que conquistaran la corona. Los mártires habían triunfado ya, rotos en las bocas de los leones, o iluminando, con las llamas de su carne encendida, las orgías de los césares. Eran ya un ejemplo, muy exigente, de vida, y una intercesión poderosa delante del Altísimo. Al concepto pagano de vida y muerte, opuso el cristianismo un sentido de trascendencia, que hacia estimar la misma carne como sacra envoltura del alma y templo del espíritu, según lo predicaba el Apóstol. Era nuestro cuerpo un hermano menor—consentido, rebelde, tenebroso—, pero que nos acompañaba, como contraste de prueba y santificación, por las andaduras del destierro. De ahí que la Iglesia prohibiese incinerar los cadáveres o arrojarlos, sin honra ni oraciones en los «puticuli» funerales, edificando, en las catacumbas los cementerios.

En el principio, se trató sólo de una liturgia funeral sin rango de culto verdadero. Pero muy pronto, los grandes nombres de los «atletas de Cristo» aparecieron en los lóculos mortuorios, orlados de emocionadas grafías. Inés, con sangre en sus vellones de dulce cordera, apacentada por el Pastor bueno; Cecilia, al brazo del ángel de su virginidad, que le cubre de azucenas y de rosas: Lucía recogiendo en un cáliz de oro los borbotones de la sangre de su garganta: Sebastián, traspasado de saetas, como en una crucifixión olímpica, y Lorenzo, ardiente de amor y de perdones, entre las brasas que le tuestan, para el banquete de su propia inmortalidad. Así, el sentido militante de la vida cristiana cobra un realismo de ejemplaridad que arrastra, con la luz de estos valientes triunfadores.

Entonces nace, primero, el culto martirial. Cada aniversario del natalicio para la patria del cielo, se celebraba, según atestigua el Líber Pontificalis, una misa sobre sus mismos sepulcros, orlados de flores y de perfumes, que iba, con frecuencia, acompañada por una «vigilia» nocturna de cánticos y de rezos, clausurando la ceremonia las «libaciones» o «comidas funerales» como un signo de fraternidad con los fieles necesitados. La adhesión fervorosa a determinados mártires, y la certeza de su poder celeste, introdujo la costumbre, entre los fieles, de preparar sus enterramientos junto a esos santos sepulcros, con lápidas donde se pide al mártir la intercesión para el tremendo juicio.

Pero hasta el siglo IV no aparece una liturgia colectiva consagrada a «todos los mártires». Por los Carmina de San Efrén y las Epistulae Syriacae de San Atanasio sabemos que las Iglesias orientales celebraban esta festividad el día 13 de mayo. San Juan Crisóstomo asigna para la Iglesia antioquense la octava de Pentecostés, fecha que aún respetan las comunidades de rito bizantino.

Esta liturgia martirial pasa de Oriente a Roma con el papa San Bonifacio IV—608-15—. Quiso el Pontífice conservar y desenvolver la obra reformadora litúrgica de San Gregorio el Grande. El Líber Pontificalis escribe en su elogio que «alcanzó, del emperador Focas, el templo que lleva por nombre «Panteón», e hizo de él la iglesia de «Santa María y de Todos los Mártires». El suceso es trascendente porque se trata del primer templo pagano consagrado al culto de la comunidad cristiana. fue construido el «Panteón» en honra de Júpiter, por Marco Vespasiano Agripa, el 25 a. de Jesucristo, como una dependencia más de las termas imperiales. Después se entronizaron a Marte y Venus, con un sinfín de otras deidades menores, que le definieron como «Templo de las Estatuas». Es de una suntuosa arquitectura circular, rica en granito, mármoles y oros, con un atrio impresionante por su grandeza y sencillaz. El papa Bonifacio recogió de las catacumbas, las sagradas reliquias de los mártires, que en veinticuatro carrozas fueron portadas procesionalmente con himnos triunfales, y expuestas, en fervor de multitud, a la veneración publica. Pero aún no puede hablarse de una fiesta de Todos los Santos. Se atribuyó a este Pontífice la instauración de la misma, incluso con la fecha del 1 de noviembre, como ahora la celebramos, pero Dom Quentin demostró, a principios de nuestro siglo, que se habían interpretado erróneamente algunos escritos de Beda el Venerable y de Rabano Mauro. Esta fiesta de Todos los Mártires quedó fijada por San Bonifacio, para el día 13 de mayo, ya que las témporas de Pentecostés—fecha heredada de Oriente— impedían, con su ayuno y vigilias penitenciales en San Pedro, el gozo y los esplendores del triunfo de los mártires

Pero cada vez se imponía más el anhelo de festejar a todos los santos: no sólo a los que dieron testimonio con su sangre, sino también a los confesores y doctores, a las vírgenes y a los anacoretas, que ya iban mencionados en el canon de la santa misa, con la fórmula: «los que duermen en el signo de la fe». El vandalismo de los iconoclastas precipitó el augusto acontecimiento. Gregorio III—731-74l—convoca un concilio el día 1 de noviembre del 731, y sobre la confesión de San Pedro Vaticano excomulga ‘a todos los que, despreciando el uso fiel de la Iglesia, retiren, destruyan o profanen las imágenes de Nuestro Señor Jesucristo, de su gloriosa madre María, siempre Virgen inmaculada; de los apóstoles y de los santos’. Y, como una reparación de aquellas bárbaras mutilaciones de las santas esculturas, erige, en San Pedro, un oratorio a la memoria y culto de todos los santos, muertos por todo el orbe. Una comunidad benedictina celebraba diariamente la liturgia coral, con especiales conmemoraciones de todos los santos, cuyo natalicio honraban las iglesias particulares. Pero aún corren cerca de cien años más, hasta Gregorio IV —827-844—que la fija el día 1.° de noviembre, a instancias del emperador Ludovico Pio y de los obispos de las Galias. Finalmente Sixto IV enriquecía la festividad con una octava solemne y muy amplias indulgencias.

Penetremos ahora en la teología litúrgica de la fiesta. Desde luego, se apoya en la revelación de las Sagradas Escrituras, San Juan, en sus visiones de Patmos, nos dice: «Vi una muchedumbre grande, que nadie podría contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, que estaban delante del trono y del Cordero, revestidos con túnicas blancas y con palmas en las manos. Clamaban, con grandes voces, diciendo: Salud a nuestro Dios, al que está sentado sobre el trono y el Cordero. Y todos los ángeles estaban, en pie, alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro videntes. Y cayeron sobre sus rostros y adoraron al Señor, clamando: Amén. Bendición, gloria, sabiduría, acciones de gracias, honor y poder a nuestro Dios por los siglos de los siglos, Amén».

En esa muchedumbre sanjuanista están todos los santos. No sólo los que la Iglesia canonizó, al catalogarles en su martirologio con un doble signo comunitario de intercesión y ejemplaridad, sino todos los justos, que mueren en gracia, y después de bruñidos en el crisol del purgatorio, acceden a la eterna beatitud de Dios: los santos anónimos, sin aureola, también.

San Pablo concibe el reino de Cristo en un horizonte escatológico: está en el mundo, pero no es de este mundo, según la respuesta misteriosa que Jesús diera a Pilato, en aquel acoso incierto de preguntas, la mañana del viernes, en el Pretorio. Dice a sus corresponsales de Corinto, en la primera carta: «Entonces será el fin, cuando Jesucristo entregue a su Dios y a su Padre el reino. Pero es necesario que Él impere en este mundo, hasta poner a todos sus adversarios como escabel de sus plantas». Para el Apóstol, el reino no es otra cosa que el «pleroma de Cristo’: Jesús, como cabeza de todo el cuerpo místico, completado en ese número desconocido de miembros santos, que coincide con la gloriosa turba vista por San Juan en su Apocalipsis.

Pues aquí lo entrañable de la fiesta. Pensar, con toda ortodoxia, que asisten a esas adoraciones del Cordero gentes de nuestra sangre y apellidos, nuestros familiares, los que vivieron cerca de nosotros la misma problemática de los pequeños gozos, las mismas horas grises de ceniza y miserias que tejen el misterio de cada vida. ¡Cuántos afectuosos cuidados nos dispensará, desde su gloria, la que fue nuestra madre, la hermana, el esposo o el hijo que consagramos al Señor, muerto en la primera trinchera de la conquista de las almas!

Y después un espoleo agudo, penetrante, a nuestra condición de viadores—¡tantas veces lacios y vencidos!— para injertarnos una decisión, una temperatura de santidad. Nos agobia la «santidad extraordinaria», el ejerclcio de virtudes, en ese grado heroico que la Iglesia exige de sus santos canonizados para levantarles a la g]oria del Bernini. Leemos sus vidas maravillosas y sencillas. Nos arrebatan y nos asombran. Pero a la hora de imitarles, su psicología personal no casa con nuestro temperamento y nuestros contornos sociales de incertidumbre y angustia tampoco nos ayudan.

No fue así a los principios de la cristiandad. Pablo consagra en sus epístolas una manera de saludo para dirigirse a todos y cada uno de los fieles de las comunidades. Y les llama «santos»: «A los santos de Corinto, de Efeso, de Roma’. Se vivía, entonces, el gran mandamiento de la caridad, en una tensión entera y fragante. Eran un corazón, un alma sólo, con todos los bienes materiales y espirituales comunes, unidos por el sacramento de la fracción del Pan. Podemos estimarles como santos de cuerpo entero. Y aunque la Iglesia no haya recogido sus nombres en el martirologio, les honra en este día, porque supieron moldear su existencia según la imagen de Jesucristo, en el cumplimiento exacto de los deberes de su profesión, en las humildes faenas diarias sin brillo, pero ungidas de la caridad y del amor.

¿Ha cambiado, con los tiempos, el módulo de la santidad cristiana? Guardini tiene una respuesta admirable y aguda. La paz de Constantino abrió, para la Iglesia, todas las calzadas imperiales de Roma. Una expansión como de milagro. Pero un grave peligro también. El cristianismo se hace religión oficial. Y aquellas células puras de las catacumbas se ven como asaltadas por una muchedumbre que sólo busca patentes para el forcejeo burocrático, o un camino seguro para el logro de dignidades de gobierno. ¡Y cómo se repite la historia impura en nuestro tiempo! Semejantes cristianos no viven, en su profundidad santlficadora, el código del reino de Dios, predicado por Jesús sobre la Montaña de las Bienaventuranzas, ni se sienten capaces de cargar con las pequeñas cruces domésticas para seguir a Jesucristo, porque su corazón está en la avaricia del oro, en las locuras de la carne, en el orgullo de la vida. Un gran viento helado apaga las lámparas de la fe, mientras la vida cristiana discurre sin gloria y sin pena. Pues, muy lógico que, en estas condiciones, la Iglesia exija de sus santos un comportamiento fuera de serie, virtudes extraordinarias, que les distinga de la plebe civil y espesa.

Entonces el Santo busca la soledad para una más sosegada conversación con su Dios, adelgazando la carne con flagelaciones y ayunos. Y se abren los desiertos, como palestras candentes, para los atletas del silencio. Semejante evasión del mundo puede considerarse egoísta. Pablo de Tebas huye de las persecuciones porque le falta la fortaleza del mártir para dar testimonio entre las bocas de los leones, en los circos. Pero Pablo y Antón, con todos los millares de solitarios que les siguen, se topan en la soledad con el demonio. Y éste es el bárbaro contraste de su santidad. ¡Qué diabluras tan estremecedoras! Pelean a brazo partido con la fiebre de la propia carne, con el zarandeo del demonio, que les turba toda oración, que les veja y les acogota, subiéndose sin respeto a las barbas venerables, mientras sus risas conmueven los infinitos arenales y soplan un siroco abrasador de infierno. Pues cuando triunfan de tan terrible adversario, bien merecen que la áureola de la santidad engalane sus ancianas frentes, amigadas y angélicas.

Otros combaten al demonio de la herejía, cuando la Iglesia desenvuelve los dogmas nuevos, contenidos en la revelación de las Escrituras; y se santifican, quemando la propia existencia en la contemplación y en el estudio: Agustín, Alberto Magno, Tomás de Aquino. Y las vírgenes abren el nardo de su alma para que embalsame de celestes perfumes la cloaca de nuestro mundo: Clara, la pobre de Asís; Matilde la Grande; Gertrudis de Helfta; y nuestra Teresa de Avila, peregrinando para edificarle al Esposo palomares de monjas, entre éxtasis y transverberaciones, trampas del maligno y febriles baldaduras de su pobre cuerpo. La Iglesia exige de sus santos, un resplandor en vida, que destaque e ilumine el chato discurrir espiritual de los fieles cristianos. Naturalmente. A las dictaduras del feudalismo, las Fraternidades mendicantes de Guzmán y Asís oponen el amor del Evangelio, hasta romper una lanza en defensa del hermano lobo. Y Loyola funde en el horno de sus «Ejercicios» un hombre verdadero, y distinto de aquel rebelde, carnal, orgulloso, que había engendrado la falsa reforma luterana. Así, las miserias espirituales y materiales de cada siglo encuentran en los santos de Dios medicina, y un ejemplo de acicate para elevar las vidas vulgares de los fieles cristianos.

Pero ved. Las convulsiones guerreras y revolucionarias de nuestro tiempo han metido a todo el hombre en un trance de crisis profunda. Lo comunitario prima sobre la individualidad, en el ámbito de la vida religiosa y civil. Apunto el hecho solamente, sin ánimo de especulaciones, sobre una filosofía de la historia. Entonces ¿tienen que proyectarse los cánones de la santificación sobre este hombre-masa? Se nos ha propuesto un esquema a nuestro alcance, con Teresa de Lisieux: una santidad pequeña, doméstica, asequible. Pero resulta que el corazón de la joven y humilde carmelita se dilata tanto, en profundidad y anchura. que cabe en él todo el Evangelio vivo, y la teología de San Pablo, la fortaleza de los mártires, el ansia misionera de Javier y una gran pasión por la cruz. ¿Quién posee un corazón de tan enormes latidos? Pero hay un instante clave en su vida, que se nos acerca tan graciosamente, que la podemos erigir como ejemplo de santificación para todos los individuos, estados. profesiones. Cuando, a los filos de su agonía, unas hermanitas comentan junto a su ventana, los apuros de la superiora para redactar la carta de elogio fúnebre de Teresa. Nada extraordinario y visible, hay en su existencia breve. Pero Teresa de Lisieux obra sencillamente todas las realidades de su vida, por amor a Dios y al prójimo. Y así es el toque y la aureola de su santidad que ha conmovido al mundo: y muy acorde con nuestra psicología moderna. En los campos, en el taller y en la fábrica—que también tramita la Iglesia procesos de canonización de «cargadores de puerto»—; en el mundo trepidante y anónimo de las oficinas mecanizadas; en el ejercicio de las profesiones libres; en la espiritualidad de los esposos, debe resplandecer este amor a Jesucristo, hecha práctica diaria, que ajuste nuestra vida entera de relación, y refleje un contorno suave de luz que guíe y consuele a nuestros hermanos. Así alcanzaremos ciertamente la corona para el gozo infinito del cielo. En el ofertorio de esta fiesta, el sacerdote implora, con la Sabiduría: ‘ Señor: las almas de los santos están ya en tu mano, y no las salpica el fermento de la muerte eterna. A los ojos del mundo, pareció que morían, pero ahora viven en tu paz». Aunque parezca increíble, este vivir y obrar por el amor de Dios suena, en nuestro tiempo, a locura, porque se sirve idolátricamente a la fuerza del odio, del rencor y de la envidia; y se adoran, con estudio refinado, los placeres de la venganza. Pues la paz del mundo no puede amanecer, si éstos santos anónimos, sin aureolas, no cambian con su ejemplo los rumbos satánicos de la sociedad.

Fiesta de Todos los Santos. Otoño. Recogimiento del alma, trascendida a dulces conversaciones con el cielo. Celebradla en lo íntimo de vuestro hogar, pensando en los santos familiares, junto a la misma mesa donde el padre y la madre nos partían el pan, la doctrina cristiana y el consejo; las flores, los cuadros, las costumbres que amaron; este lecho donde el dolor largo iba calladamente haciéndoles imagen viva de Jesucristo en su cruz… y ellos sonreían para no turbar nuestro gozo. Asomaos a la ventana, a los mismos pasajes que hicieron descanso, contemplación del Señor y alegría de sus almas. Y si las lágrimas os ciegan, ya vendrá desde lo alto una música callada, nunca oída, el salmo que todos los santos—nuestro padre, nuestra madre, la hermana, el esposo, el hijo—cantan al Cordero. Y entonces tendréis la gloria celeste dentro del corazón.

Imágenes elocuentes del anticristiano Día de Muertos celebrado en México

octubre 31, 2024

Foro Católico: Se dice que más de un millón de personas asisten a esta fiesta infernal. En estas imágenes queda más que claro a quién celebran en el Día de Muertos.

No solo Halloween… Quienes elaboran «Altares de Muertos» sin saberlo practican ocultismo

octubre 26, 2024

Los Altares de Muertos en México y Centroamérica son

Los Altares de Muertos en México y Centroamérica son «rescatados» por la autoridades anticristianas para suplantar la Fiesta Católica de los Fieles Difuntos.

(Por Lucía)

(Canon 1261: La superstición es una desviación del culto que debemos al verdadero Dios, la cual conduce a la idolatría y a distintas formas de adivinación y de magia).

Muchas veces a los católicos se nos previene contra el Halloween, la famosa fiesta de hechicería que los sajones celebran cada 31 de octubre. Y no la celebramos porque, como ya sabemos, en este día se festeja a las brujas, a los monstruos y demás figuras demoníacas; además provocan que olvidemos las fiestas importantes de la Iglesia como el Día de Todos los Santos (1°  de noviembre) y la fiesta los Fieles Difuntos (2 de noviembre) dedicada a las benditas Almas del Purgatorio.

Con Halloween se engaña y se escandaliza  a los niños y se llena el ambiente de ocultismo y miedo. Pero también podemos demostrar que Halloween y las celebraciones paganas de los Altares de Muertos,  dan los mismos frutos.

  1. De ambas fiestas demoníacas, Halloween y Altares de Muertos, se dice que son modernizaciones y fusión de costumbres  paganas precolombinas con la festividad católica (con el Día de Todos los Santos o Día de los Fieles Difuntos):

Halloween

Halloween

Día de Muertos.

Día de Muertos.

Halloween “Halloween (contracción de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’), también conocido como Noche de Brujas o Día de Brujas, es una fiesta moderna resultado del sincretismo originado por la cristianización de las fiestas del fin de verano de origen celta.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

Día de Muertos “los evangelizadores cristianos de tiempos coloniales aceptaron en parte las tradiciones de los antiguos pueblos mesoamericanos, fusionándolas con las tradiciones europeas, para poder implantar el cristianismo entre dichos pueblos.”

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_Muertos

 2. Ambas coinciden en cuantos a su significado

Niñas brujas.

Niñas brujas.

“Hoy en día, Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países latinoamericanos, conociendo aún esta festividad, tienen sus propias tradiciones y celebraciones ese mismo día, aunque coinciden en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos.https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

3. Ambas son una superstición de espíritus que visitan a los vivos

«Los muertos visitan a sus parientes».

Halloween “En esa noche los espíritus visitaban las casas de sus familiares, y para que los espíritus no les perturbasen los aldeanos debían poner una vela en la ventana de su casa por cada difunto que hubiese en la familia. Si había una vela en recuerdo de cada difunto los espíritus no molestaban a sus familiares, si no era así los espíritus les perturbaban por la noche y les hacían caer entre terribles pesadillas.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

Día de Muertos “Los huastecos ofrendan el culto en estos tiempos porque no solo recogen la cosecha del maíz y otros frutos, en estas fechas los parientes muertos visitan a los familiares. La esencia de sus espíritus están presentes y por ello el olor de las frutas, la música y la luz, recuerdan los momentos vividos en la tierra, el inframundo está presente todo el tiempo y es muy cercano al mundo de los vivos según los huastecos, el cuerpo regresa a la tierra pero su alma se queda entre los vivos.”

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_Muertos

4. Ofrenda y comida que le dejan a esos espíritus que visitan a los vivos

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Alimentos ofrebdados a los muertos. 

HalloweenLos paganos celtas re-construccionistas celebran el día cocinando los platos favoritos de los muertos, cantando canciones tradicionales, recitando poesías o bailando. Debe dejarse abierta una puerta o ventana orientada al este e invitarse específicamente a los seres queridos fallecidos a formar parte de la fiesta. A veces se deja una vela encendida en las ventanas para orientar a los muertos hacia casa.”

http://www.kindsein.com/es/24/11/565/ 

Día de Muertos “El altar de muertos, también conocido como ofrenda del día de muertos, es un elemento fundamental en el conjunto de tradiciones mexicanas del Día de muertos, que consiste en instalar altares domésticos en honor de los muertos de la familia donde se ofrece como ofrenda de alimentos, velas, flores y objetos de uso cotidiano del difunto.”

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_Muertos

5. Es el año nuevo o inicio de algún período de las sectas celta y prehispánica

Halloween “Halloween tiene su origen en una festividad céltica conocida como Samhain (el señor de la muerte), que deriva del irlandés antiguo y significa fin del verano. Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf. En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

Día de Muertos “El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la «Dama de la Muerte» y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos.” 

https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_Muertos

Colores rituales

Colores de Halloween.

Colores de Halloween.

El día se asocia a menudo con los colores naranja, negro y morado y está fuertemente ligado a símbolos como la jack-o’-lantern (calabaza con cara tallada)

https://es.wikipedia.org/wiki/Halloween

Los colores empleados para los altares del día de muertos son exactamente los que se usan para Halloween

Colores de altares de muertos.

Colores de altares de muertos.

A continuación la lista que da Wikipedia sobre los elementos y colores que debe llevar el altar:

 

“Flores

Las flores fungen como ornato en todo altar y sepulcro. La flor de cempasúchil (flor de color naranja), la nube y el amaranto o moco de pavo son las especies más utilizadas para el adorno de un altar.

Doce cirios

 Aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo.”

Cruz

 La cruz va en la parte superior del altar a un costado de la imagen del difunto y esta puede ser de sal, ceniza, tierra o cal.”

Perro

“Se coloca la escultura de un perro o un perro real de la raza Xoloitzcuintle (generalmente esta raza es de color negro), representando al dios Xólotl, se dice el perro ayudará a cruzar a las almas el río Itzcuintlan (primera dimensión para llegar al Mictlán).”  

“Se coloca la escultura de un perro o un perro real de la raza Xoloitzcuintle generalmente esta raza es de color negro), representando al dios Xólotl, se dice el perro ayudará a cruzar a las almas el río Itzcuintlan (primera dimensión para llegar al Mictlán).”

Aunque también dice Wikipedia que el perro, si no es real debe ser representado por una estatua del mismo pero en color bronce. No creemos que el parecido con el demonio egipcio Anubis sea casualidad.

Anubis, el señor del abismo.

Anubis, el señor del abismo.

Ambos: Samhain y Mictecacíhuatl son el mismo

mictlantecuhtli

Mictlantecuhtli, señor de los muertos.

Halloween “Aquel fin de año celta se celebraba adorando a Samhain, el señor de la muerte, a quien se invocaba para consultarle sobre el futuro, la salud, la prosperidad o la muerte.”

http://www.kindsein.com/es/24/11/565/

Día de Muertos “El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba el noveno mes del calendario solar mexica, cerca del inicio de agosto, y se celebraba durante un mes completo. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, conocida como la «Dama de la Muerte» (actualmente relacionada con «La Catrina«, personaje de José Guadalupe Posada) y esposa de Mictlantecuhtli, Señor de la tierra de los muertos.”

Mictecacihuatl, la dama de los muertos.

Mictecacihuatl, la dama de los muertos.

Además, el altar de muertos tiene sentido esotérico pues en el original hay siete escalones que representan los siete pecados capitales:

Siete escalones...

Siete escalones…

Altares de siete niveles: son el tipo de altar más convencional, representan los siete niveles que debe atravesar el alma para poder llegar al descanso o paz espiritual. Según la práctica otomí, los siete escalones representan los siete pecados capitales. Se asocia el número siete con el número de destinos que, según la cultura azteca, existían para los diferentes tipos de muerte.

Y hay que hacer una aclaración de Wikipedia, los cristianos evangelizadores del nuevo continente nunca aceptaron ni se fusionaron con los rituales paganos de los indígenas.

29 de septiembre: San Miguel Arcángel, defensor de la Cristiandad

septiembre 29, 2024

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LA FIESTA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

(Transcrito de Año christiano, ó Exercicios devotos para todos los días del año / Juan Croisset, 1778)

Celebra hoy la Santa Iglesia una fiesta particular, no sólo en reverencia del Arcángel San Miguel, sino en honor de todos los Santos Ángeles, dirigiéndose la Misa y el Oficio a honrar con especial solemnidad a todos aquellos bienaventurados Espíritus, que tanto se interesan en nuestra salvación. Su santidad, su excelencia, los buenos oficios que hacen con todos los hombres, con todo el universo, y muy en particular con la Santa Iglesia, pedían de justicia este respetuoso reconocimiento; y aunque esta fiesta sólo se intitula de San Miguel, es porque este bienaventurado Espíritu fue siempre reconocido por General de toda la Milicia Celestial, y particular Protector de la Iglesia de Jesucristo, así corno lo había sido de la Sinagoga.

Nos enseña la Iglesia, que dio principio Dios a la creación del mundo creando ante todas cosas las celestiales Inteligencias, como para formarse a sí mismo una numerosa Corte, y tener Ministros prontos para ejecutar sus órdenes. Creemos (dice el cuarto Concilio Lateranense) firmemente que no hay más que un solo Dios verdadero, el cual al principio del tiempo sacó juntas de la nada una y otra criatura, la espiritual, y la corpórea, la angélica, y la mundana; y que después formó como una naturaleza media entre las dos, que fue la naturaleza, humana, compuesta de cuerpo y alma. Es decir, que los Ángeles son unas substancias creadas, inteligentes, y puramente espirituales, no destinadas a unirse con los cuerpos, de los cuales tienen una total independencia. Están dotados de dones más o menos perfectos, según sus diferentes grados de perfección y de excelencia. Habiendo determinado Dios desde toda la eternidad no dar el Cielo ni a los Ángeles, ni a los hombres, sino a título de corona y de recompensa, creó a los Espíritus celestiales con pleno conocimiento del bien y del mal, y con una perfecta libertad. Un crecido número de ellos, viéndose tan perfectos, y: desvanecidos con su propia excelencia, en lugar de referir a su Creador todo lo bueno y excelente que tenían, se complacieron en sí mismos; y llenos de orgullo, negaron la obediencia a Dios, por lo que fueron precipitados en los abismos, para ser infelices por toda la eternidad. Pero los otros santos Ángeles perseveraron en el bien, siempre fieles a su Creador, humildes, rendidos, y obedientes a sus órdenes: por lo que fueron confirmados en gracia. Avecindados eternamente en la celestial Jerusalén, están siempre delante del mismo Dios, le ven, le adoran, le bendicen, y no cesan de amarle con un amor perfecto y abrasado; Ellos son los Ministros de Dios, prontos siempre a obedecerle, y de ellos se sirve Dios para ejecutar sus órdenes, respecto a todas las criaturas, pero sobre todo a los hombres.

Los Ángeles son los que presentan al Señor nuestras oraciones, y de ellos se vale el Señor, ya para comunicar a los hombres su voluntad, ya para obrar en su favor grandes maravillas en ocasiones extraordinarias; habiéndolos destinado Dios para guardias y protectores de toda la Iglesia, y de cada fiel en particular. El Ángel del Señor (dice el Profeta) rodeará siempre a los justos, y los pondrá a cubierto de todo peligro. (Salmo 33).

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En todas las partes del viejo y del nuevo Testamento se habla de estos Espíritus bienaventurados, de sus funciones, y ministerios. Tres Ángeles en figura humana se aparecieron a Abraham, y le anunciaron el nacimiento de un hijo (Gén. 12). El Ángel Rafael acompañó al joven Tobías (Tob. 5). El Ángel Gabriel instruyo a Daniel en lo que había de suceder, y le declaró el tiempo en que debía nacer el Mesías (Dan. 5). El mismo Ángel predijo a Zacarías el nacimiento de San Juan, y anunció a la Santísima Virgen la Encarnación del Verbo en sus entrañas, saludándola llena de gracia, y Madre del Redentor. Los Ángeles anunciaron a los Pastores el nacimiento del Salvador del mundo. Ellos sirvieron a Cristo en el desierto, y le confortaron en el huerto de las Olivas; ellos anunciaron su Resurrección, y después de su Ascensión a los Cielos, pronosticaron su segunda venida en calidad de Juez.

Sabemos, dice San Gregorio, que los Ángeles están repartidos en tres Jerarquías, y cada Jerarquía en tres coros, o en tres órdenes. La primera Jerarquía es de los Serafines, Querubines, y Tronos: la segunda, las Dominaciones, Virtudes, Potestades; y la tercera de los Principados, Arcángeles, y Ángeles. Los Serafines son aquellos que están más inflamados que los otros en el fuego del divino amor. Los Querubines, los más iluminados que los otros, a quienes comunican lo que entienden, y lo que saben. La Escritura nos dice, que después que Dios arrojó a Adán y a Eva del Paraíso terrenal, puso a la puerta un Querubín con una espada de fuego, para que ninguno volviese a entrar al árbol de la vida. Los Tronos son unos Espíritus que sirven como de trono a la Majestad de Dios. Las Virtudes son aquellos que sobresalen en fuerzas para obrar efectos portentosos. Las Potestades son unos Espíritus que contienen el poder y la malignidad de los demonios; presiden a las causas inferiores y segundas, estorbando que las cualidades contrarias arruinen la economía del universo. Se les da este nombre (dice San Gregorio), porque ellos son los que nos muestran el poder de Dios. Las Dominaciones son aquellos Espíritus que tienen imperio sobre los hombres, y dominan a los Ángeles inferiores. Los Principados son aquellos que tienen particular poder para guardar, y para defender los Reinos. Aunque el nombre de Ángel es común a todos aquellos Espíritus celestiales, pero se atribuye particularmente a los que componen el octavo y el noveno Coro de toda su Jerarquía.

La palabra Ángel significa lo mismo que Enviado. Pero entre los Ángeles y los Arcángeles hay la diferencia de que los Ángeles son aquellos espíritus que envía Dios para las cosas comunes y ordinarias; mas los arcángeles como de orden superior a los Ángeles, son enviados para los negocios extraordinarios y de mayor importancia. A esta clase pertenecen los Ángeles Gabriel, Rafael, y Miguel. Todas las cosas (dice el Apóstol San Pablo) fueron hechas en Jesucristo, las del Cielo, y las de la tierra; las visibles y las invisibles; los Tronos, las Dominaciones, y los Principados, todos fueron creados en él y por él. (1 Colosenses). Es raro el Profeta que no hable de los Querubines y de los Serafines, dice San Gregorio: Tú, que estás sentado, y eres conducido sobre las alas de los Querubines (dice David). Los Serafines estaban alrededor del Trono (dice Isaías) y clamaban uno a otro, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos. En casi todas las páginas se habla de los Ángeles y de los Arcángeles, dice San Gregorio; y si a estos ocho Coros de Ángeles añades el de los Tronos, de que habla San Pablo cuando escribe a los Efesios, hallarás que son nueve los Coros de los Ángeles: Proculdúbio novem esse Angelôrum órdines inveniúntur.

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No había, pues, cosa más conveniente que decretar una fiesta particular en honor de aquellos Espíritus celestiales, que desde el primer instante después de su creación son favorecidos del Altísimo, componen su Corte en el Cielo, y no cesan de hacer a los hombres los más importantes servicios; siempre celosos de nuestra salvación, siempre atentos a todo lo que nos pueda conducir para esta vida y para la otra. La Iglesia instituyó una fiesta particular en reverencia de los Santos Ángeles de Guarda, el día dos de Octubre: parecía justo que instituyese también otra particular en honor de todos los demás Ángeles, y ésta es la que se celebra el día 29 de Septiembre.

Son pocos los Santos, cuyo culto, al parecer, sea más antiguo que el de los Santos Ángeles, singularmente el de San Miguel. Llegó este culto a ser excesivo, y a degenerar en una especie de idolatría desde los principios de la Iglesia. El Heresiarca Cerinto, como también Simón Mago, según el testimonio de Tertuliano, de San Epifanio, y de Teodoreto, decían que el culto y la veneración de los Ángeles era un grado absolutamente necesario para elevarnos a Dios, sin cuya escala sería el Señor inaccesible a nosotros; siendo por otra parte como un justo reconocimiento debido a la Ley que se comunicó al pueblo de Israel por ministerio de un Ángel, a la cual nos quería sujetar aquel Heresiarca. No se podía inventar blasfemia más injuriosa a Jesucristo, nuestro único y verdadero Mediador para con su Padre, y el divino Libertador que nos eximió de la Ley antigua. Contra esta perniciosa doctrina escribió San Pablo a los Colosenses, previniéndolos que no se dejasen engañar con las apariencias de una virtud postiza sujetándose a un culto supersticioso de los Ángeles, y desviándose del de Jesucristo, Cabeza única, y único Mediador de los Ángeles y de los hombres con Dios, su Eterno Padre: Nemo vos sedúcat, volens in humanitáte, Ó religióne Angelôrum, Óc. Los secuaces de Cerinto, que según Teodoreto, estaban esparcidos por las Provincias de Frigia, y de Puidia, habían erigido en ellas algunos Templos de San Miguel, en los cuales le tributaban un culto que llegaba a ser idolatría. Exterminados después estos herejes, los católicos, que desde el tiempo del Grande Constantino arruinaban los Templos de los falsos Dioses, conservaron los que estaban dedicados al Arcángel San Miguel, por ser muy religioso el culto de los Ángeles, contentándose con purgarlos de las heréticas supersticiones.

No tenemos en la Iglesia más que tres Ángeles, conocidos con nombres particulares: San Miguel, San Gabriel, y San Rafael; para mostrarnos, dice San Gregorio, por los tres particulares nombres la especial virtud, y el carácter de cada uno. Miguel, dice el mismo Santo, significa: ¿Quién como Dios? Quis sicut Deus? Gabriel significa Fortaleza de Dios: Gabriel autem fortitúdo Dei; y Rafael significa Medicina de Dios: Rafael verò dícitur medícina Dei. Entre todos los Espíritus Angélicos siempre fue reconocido San Miguel, como el Jefe de toda la Milicia Celestial, a quien deben venerar más religiosamente los fieles, profesándole más particular devoción por muchas razones. En el capítulo décimo del Profeta Daniel se llama a San Miguel el primero entre todos los Jefes principales: Ninguno me asiste en todas estas cosas, sino Miguel, que es vuestro Príncipe, decía el Ángel que hablaba con el Profeta; y el mismo Ángel, hablando de lo que había de suceder al fin del mundo entonces, se verá (le dijo) el Gran Príncipe Miguel, que toma la defensa de los hijos de tu pueblo.

Pero mucho antes del Profeta Daniel era ya San Miguel conocido de los hombres, como lo vemos en la Epístola de San Judas, con motivo de la victoria que consiguió del demonio. Muerto Moisés, aquel insigne obrador de tantas maravillas, conoció muy bien el demonio que el pueblo de Israel, tan propenso naturalmente a la idolatría, acordándose de tantos prodigios como le había visto obrar, no dejaría de tributar cultos divinos a su cuerpo, forjándose de él un ídolo; y con este depravado fin pretendía mover los Israelitas a que le erigiesen un magnífico mausoleo. Pero lo estorbó San Miguel, como protector del mismo pueblo, y dispuso las cosas de manera, que nunca llegaron los Israelitas a descubrir el cuerpo de Moisés.

San Miguel Mezquitan

En el Apocalipsis de San Juan se hace mención de otro combate entre San Miguel y los Ángeles rebeldes. Se dio (dice) en el Cielo una gran batalla: Miguel y sus Ángeles combatían contra el dragón, esto es, contra Lucifer; el dragón con los suyos peleaba contra él; pero estos quedaron vencidos, y desde entonces no han vuelto a aparecer en el Cielo. Este gran dragón, esta antigua serpiente que se llama Diablo y Satanás, que engaña a todo el mundo, fue precipitado en los infiernos con todos sus Ángeles.

Muchos creen que también fue San Miguel aquel Ángel que se apareció a Josué, después que pasó el Jordán, representándose en figura de un Héroe armado, y ofreciéndose a ayudarle a la conquista, y sujeción de los Cananeos. ¿Eres de los nuestros, o de los enemigos?, le preguntó Josué. No, (le respondió el Ángel), yo soy el Príncipe de los Ejércitos del Señor. También quieren algunos que fuese el Arcángel San Miguel aquel Ángel que se apareció a Gedeón, para moverle a que liberase al pueblo de Israel de la servidumbre de los Madianitas. Ni son pocos los que opinan que este bienaventurado Espíritu fue el que representó a la Majestad de Dios, así en la zarza ardiendo, como en el monte Sinaí. Lo que no admite duda es, que San Miguel ha sido siempre venerado, como especial Protector de la Santa Iglesia; atento a que, después de la Ascensión de Cristo a los Cielos, no tenemos aparición alguna auténtica de San Gabriel, de San Rafael; siendo así que tenemos muchas, y en muchas partes del glorioso San Miguel, que se ha aparecido a los fieles en muestra de su particular protección a la universal Iglesia. Drepanio Floro, poeta cristiano, habla de una aparición de San Miguel en Roma.

La del monte Gárgano, provincia de la Pulla, en tiempo del Papa Gelasio I, por los años de 493 es la más célebre: y la Iglesia quiso consagrar su memoria por una fiesta particular en el día 8 de Mayo. Bonifacio III erigió en Roma una Iglesia en honor de San Miguel sobre la eminencia de la mole, o del sepulcro de Adriano, que por esta razón se llama Monte, y hoy el Castillo de Santo Ángel. También es San Miguel Protector de la Francia en particular. Hay en aquel Reino un famoso Monasterio, llamado Monte San Miguel, erigido en medio del mar sobre un islote o peñón, en consecuencia de otra semejante aparición que hizo San Miguel a San Auberto, Obispo de Auranches, el año de 709. Para reconocer, y para merecer más y más esta antigua protección, el año de 1496 instituyó Luis II en Amboisa la Orden Militar de San Miguel, cuyo Gran Maestre es el mismo Rey; y ordenó que los Caballeros trajesen siempre pendiente del cuello un collar de oro, compuesto de Conchitas enlazadas unas con otras, y pendiendo de él una medalla del Arcángel San Miguel, antiguo Protector del Reino de Francia.

Pero lo que debe avivar y encender más la devoción de los fieles con el glorioso San Miguel, es el estar destinado para conducir las almas y presentarlas ante el terrible Tribunal de Dios, para ser juzgadas al salir de esta vida. Nada nos interesa más que el lograr por especial protector con el Soberano Juez, al que se puede llamar su primer Ministro; al que tiene a su cargo presentarnos al Señor en aquel momento decisivo de nuestra eterna suerte, y aquel en cuyas manos, por decirlo así, rendimos el alma con el último suspiro. Este es, dice la Iglesia en el Oficio del día; este es el Arcángel San Miguel: Princeps milítiae Angelôrum, Príncipe de la milicia de los Ángeles; los honores que se le tributan, merecen mil bendiciones a los pueblos, y su intercesión nos conduce al Reino de los Cielos: Cuius honor praestat beneficia populôrum, Ó oratio perdúcit ad regna Caelôrum.

Saint Michel dragon Mont-Saint-Michel

A San Miguel (añade la misma Iglesia) encargó Dios las almas de sus escogidos, para que las condujese a la estancia de los bienaventurados: Cui trádidit Deus ánimas Sanctôrum, ut perdúcat eas in regna Caelôrum. En aquel tiempo de prueba y de calamidad, dijo el Ángel que anunció a Daniel lo que había de suceder en los siglos futuros, Miguel, Protector de tu pueblo, y de todos los fieles, se dejará ver para defenderlos contra el enemigo de la salvación: In témpore illo consúrget Michael, qui stat pro filiis vestris. Vino el Arcángel Miguel (dice !a Sagrada Escritura) en socorro del pueblo de Dios; y nunca deja de ayudar y de proteger a los justos: Michael Archángelus venit in adiutórium pópulo Dei; stetit in auxílium pro animábus iustis. No es, pues, de admirar si en todo tiempo se ha profesado una especial veneración y devoción en la Iglesia al Arcángel San Miguel.

En el cuarto siglo, o a lo menos a los principios del quinto, había a dos leguas de Constantinopla una célebre y magnífica Iglesia, llamada Michátion, o del Templo de San Miguel, porque obraba Dios en ella milagrosas curaciones por intercesión de San Miguel. Habla de ella Sozomeno, como quien experimentó en sí mismo los maravillosos efectos de su poder para con Dios. Si los Ángeles son nuestros intercesores (dice San Ambrosio), si son nuestros defensores, y nuestros Abogados, debemos honrarlos, invocarlos, y dirigirles nuestras oraciones, para que no nos nieguen su protección: Sed Ó illi, si custódiunt, vestris custódiunt oratiónibus advocáti. En el Canon de la Misa, y en las Liturgias se hace mención de los Santos Ángeles; y las Letanías, que son como un resumen de las oraciones públicas, comienzan por los Ángeles, después de la Santísima Virgen.

Así, pues, (dice un Doctor del siglo pasado) es verdad en cierto sentido que de la misma manera que se celebraba la fiesta general de la Santísima Trinidad, del Santísimo Sacramento, y de todos los Santos, antes que se instituyesen fiestas particulares; del mismo modo se celebraba la fiesta general de todos los Ángeles en las Liturgias y en las Iglesias, antes que se fijase un día particular para su solemnidad.

Y como esta fiesta se instituyó con motivo de las apariciones de San Miguel, particularmente la del Monte Gárgano, donde se encontró una especie de bóveda, en figura de Iglesia, abierta en una roca, y el mismo San Miguel dio a entender que sería de su agrado el que se le dedicase; por eso conservó siempre el título de Dedicación la fiesta que hoy se instituyó con ocasión de estas apariciones, y de estos Templos en honra de San Miguel.

Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará Fe sobre la tierra? (Lc 18,8)

septiembre 28, 2024

La Salette: «el número de Sacerdotes y religiosos que se separarán de la verdadera religión será grande»

«Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. »

«Ha llegado el tiempo, el sol se oscurece, solo la fe vivirá… he aquí la bestia con sus súbditos, llamándose el salvador del mundo… pero será sofocado por el soplo de S. Miguel Arcángel, y hundido para siempre con los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumarán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado.»

«Yo dirijo una apremiante llamada a la Tierra; llamo a los verdaderos discípulos del Dios que Vive y Reina en los Cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente, llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la Tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal que vuestra Fe sea luz que os ilumine en esos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.»

San Simón Stock y el escapulario de Nuestra Señora de Monte Carmelo

julio 16, 2024

HISTORIA Y PRIVILEGIOS

Historia de la Devoción a
Nuestra Señora
del Monte Carmelo

Según tradición carmelita, el día de Pentecostés, ciertos piadosos varones, que habían seguido la traza de vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe crisitana; siendo ellos los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube, que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII , con los Cruzados, aprobando su regla Inocencio IV en 1245, bajo el generalato de San Simón Stock.

El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. Inocencio bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Santísima Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieran sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

    1. El escudo carmelitano

El Escudo Carmelitano es un emblema verdaderamente bello por su sencillez, celebre por su antigüedad y sagrado significado.

Esta compuesto de fondo blanco en la parte superior y marrón la inferior, representa el vestido que la Madre de Dios llevó en vida y el hábito de los carmelitas.

Así mismo la parte inferior marrón indica el Monte Carmelo donde vivió la Santísima Virgen durante su vida mortal, la Cruz fue agregada por San Juan de la Cruz en la época de la reforma, representado a Nuestro Señor Jesucristo.

En el centro de color marrón (Monte Carmelo), se encuentra una estrella plateada, que representa a la Virgen María.

El fondo blanco de la parte superior significa que el profeta Elías contempló a la Bienaventurada Virgen María en una nubecilla blanca, en el mismo fondo se posan dos estrellas, doradas las cuales representan a dos grandes profetas N.N.P.P. Elias y Eliseo.

En la parte superior del escudo se encuentran doce estrellas las cuales significan la corona de la Santa Virgen María, simbolizan los doce grandes favores y gracias que concedió a su orden y de manera especial, los doce privilegios y gracias singulares con el que el Señor ensalzó a María.

De la corona que se encuentra en la parte superior del Escudo sale un brazo que sujeta una espada, se le atribuye al Santo Patriarca Elías, termina en un punta en llama de fuego con esta dio muerte a los falsos profetas de Baal en el Torrente de Gison, por la honra de Nuestro Señor Dios Padre.

A la vuelta de la espada hay una inscripción en latín que dice: ZELO ZELATUS SUM PRO DOMINO DEO EXERCITUUM, Me abrazo, me consumo de celo por el Señor Dios de los Ejércitos.

2. Promesas  «Su misma nobleza de origen, decía el Papa León XIII, su venerada antigüedad, su extraordinaria propagación, así como los saludables efectos de piedad por él obtenidos, y los insignes milagros obrados por su virtud, lo recomiendan con el mayor encarecimiento». A él ha vinculado la Virgen dos maravillosas promesas: 

Primera promesa 
Es la gran promesa, el privilegio de preservación o exención del infierno para cuantos mueren revestidos con el Escapulario Carmelitano. Orando con fervor a la Virgen S. Simón Stock, General de la Orden Carmelitana, apareciósele circundada de ángeles la Santísima Virgen (15 de Julio de 1251) y entregándole, como prenda de su amor maternal y de ilimitado poder, el Santo Escapulario, prometióle que cuantos murieren revestidos de él no se condenarían. Las palabras de la Virgen fueron éstas:

«El que muriere con el Escapulario no padecerá el fuego del infierno».

Segunda promesa

Estando orando el Papa Juan XXII, se le apareció la Virgen, vestida del hábito carmelitano, y le prometió sacar el purgatorio del sábado después de la muerte al que muriese con el Escapulario. María dijo al Papa: «Yo Madre de misericordia, libraré del purgatorio y llevaré al cielo, el sábado después de la muerte, a cuantos hubieses vestido mi Escapulario».

Tal es el privilegio Sabatino, otorgado por la Reina del Purgatorio, a favor de sus cofrades carmelitas, el Papa Juan XXII y promulgado por éste en la Bula Sabatina (3 de Marzo de 1322) aprobada después por más de veinte sumos pontífices. Por él, el Sábado siguiente a la muerte de los cofrades carmelitas, o como lo interpreta la iglesia, cuanto antes, pero especialmente el sábado, según declaración de Paulo V, la Virgen del Carmen, con cariño maternal, los libra de la cárcel expiatoria y los introduce en el Paraíso.

El Papa Paulo V expidió el 20 de enero de 1613 el siguiente Decreto:

«Permítase a los Padre Carmelitas predicar que el pueblo cristiano puede piadosamente creer que la Bienaventurada Virgen María con sus intercesiones continuas, piadosas sufragios y méritos y especial protección, ayudará después de la muerte, principalmente el sábado, día a ella dedicado, a las almas de sus cofrades que llevaren el habito carmelitano».

  Condiciones para ganar estos privilegios

Para merecer la primera Promesa de la perseverancia final, se requiere haber recibido el Escapulario de manos de un sacerdote, llevarlo siempre puesto, especialmente en la hora de la muerte, e inscribir el nombre en el libro de la cofradía.

Para ganar la segunda Promesa, el privilegio Sabatino, sobre los tres requisitos anteriores, se exige guardar castidad, según el propio estado, rezar siete padrenuestros, siete avemarías y siete glorias.

Guardar abstinencia (si pueden hacerlo) los miércoles y los sábados; esta obligación puede un confesor conmutarla por otros rezos.

3. Indulgencias plenarias.- Quienes llevan el escapulario del Carmen se unen a la familia carmelita y pueden ganar indulgencia plenaria el día en que le imponen el escapulario y los siguientes días:

  • 16 de mayo (San Simón Stock).
  • 16 de julio (Virgen del Carmen).
  • 20 de julio (San Elías Profeta).
  • 1 de octubre (Santa Teresa de Lisieux).
  • 15 de octubre (Santa Teresa de Jesús).
  • 14 de noviembre (Todos los Santos Carmelitas).
  • 14 de diciembre (San Juan de la Cruz).

  B. CONDICIONES.

  1. Para la promesa de salvación. Se requiere:

  • Tener impuesto el escapulario. (Basta hacerlo una sola vez).
  • Llevarlo puesto. Puede sustituirse por una medalla. Tanto la medalla como el escapulario deben estar bendecidos.
  • Devoción a María; procurar imitarla; desear ser buenos hijos suyos. El escapulario son dos trocitos de tela que simbolizan una vestimenta. Y quien viste el hábito de María debe vivir como Ella, ejercitando las virtudes cristianas. De modo que el hábito-vestido vaya unido al hábito-virtud.

2. Para el privilegio sabatino. Se precisa, además de lo anterior: Guardar la castidad propia de su estado. (La confesión recupera la situación perdida).

Rezar el oficio parvo de nuestra Señora. Este rezo puede sustituirse por la abstinencia de carne los miércoles y sábados. También se mencionan otras posibles sustituciones: el rezo del oficio divino o del Rosario. Para las indulgencias. Se necesitan los requisitos propios de las indulgencias, más las condiciones del escapulario en la promesa de salvación.
3. La medalla.-San Pío X (Santo Oficio, 16.XII.1910) decretó que el escapulario, después de su imposición, puede sustituirse por una medalla de metal que lleve por un lado una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y por el otro una imagen de la Santísima Virgen (suele ser del Carmen).

C. BENDICIÓN E IMPOSICIÓN

Para la bendición y para la imposición del escapulario hay varias fórmulas. Unas aprobadas para las diferentes ramas del Carmelo, otras de carácter más general.

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