
(Transcrito de RD)
Según los datos oficiales ofrecidos por Bélgica, el pasado año 2018 murieron en el país debido a la eutanasia 2.357 personas, cifras que van aumentando año a año. Lo que empezó siendo una ley para casos muy concretos se ha ido abriendo a todo tipo de patologías físicas y mentales, muchas de las cuales sin que puedan causar la muerte al paciente.
Sin embargo, las consecuencias de una ley de eutanasia van mucho más allá del número de muertes o de los supuestos según los cuales se permite. Esto es únicamente un paso de un proceso que va transformando la sociedad, que relativiza la vida y la muerte, y que acaba siendo absorbida por una visión utilitarista.
Los ancianos, en el punto de mira
Pablo Requena, uno de los grandes expertos en Bióetica y representante del Vaticano en la Asociación Médica Mundial, explicaba a ReL que la sociedad y también los médicos se acaban acostumbrando a la eutanasia. Y en una sociedad en la que el estado del bienestar está en cuestión debido al cambio radical de la pirámide poblacional que hace inviable el sistema, los ancianos están en el punto de mira.
“Me parece que la eutanasia, y una ley que la permita, puede servir a un grupo de personas que quieran anticipar su muerte porque están sufriendo, pero serán muy pocas con respecto a todo ese gran número de personas que si hay una ley de estas características de alguna manera se encontrarán presionadas a decidir y a contestar a la pregunta de por qué quiere seguir viviendo y por tanto de por qué quiere seguir siendo un peso para su familia y la sociedad”, explicaba Requena, sobre una posible normativa en España.
Esto queda de manifiesto con los resultados de un estudio publicado en Bélgica y realizados por el Centre d´expertise des soins de santé (KCE) y la Fundación Rey Balduino, entre otras. Los datos que ofrece son estremecedores, pero se entienden mejor en el contexto de la pendiente resbaladiza que provocan leyes como la eutanasia y sus consecuencias a la hora de valorar la vida como un bien supremo a proteger.
Dejar de sufragar los tratamientos a los mayores de 85 años
El 40% de los belgas se muestra favorable a mantener el sistema de la seguridad social del país dejando de sufragar los costes de los tratamientos que prolonguen la vida de las personas que tengan más de 85 años. El apoyo a esta medida es superior porcentualmente en los flamencos que en los valones. Lo mismo ocurre con la eutanasia, donde son los flamencos los que más mueren por esta práctica. Sólo el 35% se opone frontalmente a detener la atención vital a los ancianos.
Por ejemplo, el diario Le Soir recuerda también que en Holanda ya no se colocan marcapasos en las personas mayores de 75 años.
Pero los datos son más graves si se conocen las opiniones de los belgas sobre otros asuntos de salud. Si casi la mitad de la población dejaría de sufragar los tratamientos de los ancianos, sólo el 17% apoya que se dejen de pagar los gastos en tratamientos derivados de enfermedades provocadas directa o indirectamente por el comportamiento personal (tabaquismo, obesidad…).
La desigualdad entre ciudadanos
Esto va generando la sensación de la existencia de vidas más valiosas que otras, donde los ancianos quedarían como el colectivo más vulnerable. Además, en estos casos se acentuaría la desigualdad entre aquellos que pese a que el estado no les financie los tratamientos puedan acudir a la sanidad privada y los que no.
El estudio refleja también esta diferenciación de la vida según la edad con otros datos. Si el 69% de los belgas considera legítimo que se gaste 50.000 euros para un tratamiento vital, el porcentaje se desploma al 28% si el paciente que se beneficiase de él tiene más de 85 años.
Y si la persona está en coma y el tratamiento solo le prolonga la vida un año, tres de cada diez belgas están de acuerdo (en que se le aplique) salvo para los mayores de 85 años. Y la mitad de los belgas consideran que “eso no debe jamás ser posible (no debe aplicarse), sea cual sea la edad”.
Rivanera Carlés: Montini y el Juramento Antimodernista

Roncalli y Montini conspirando contra la Iglesia.
Giovanni Montini, sucesor y muy amigo de Juan XXIII, elegido el 21-VI-1963, y coronado nueve días más tarde, estaba lejos de la ortodoxia. Figura principal del Vaticano II, al que hizo continuar y cuyas resoluciones promulgó. Su protagonismo en el concilio empieza desde su preparación, cuando era arzobispo de Milán, hasta el punto de que Cremona observa que “aunque Montini no hubiera sido elegido, habría sido considerado como el gran artífice del Concilio, al lado de Juan XXIII”. Desde joven, dice Cremona, no tuvo “ni una sombra de integrismo. El 29-III-1933 debió renunciar a su puesto de Asistente Eclesiástico General de la Federación Universitaria Católica Italiana, debido, entre otras cosas, a que sus sugerencias para la preparación de la Pascua fueron halladas heterodoxas, y en las graves censuras que se le hicieron se hace notar que ellas se inspiran en “métodos propios de las aulas protestantes, ofensivos para la piedad católica y, de modo particular, para la piadosa práctica del Rosario”. Por ello, el Cardenal Vicario de Roma, Francesco Marchetti Selvaggiani, lo denunció ante el Secretario de Estado Eugenio Pacelli, quién citó al acusado en febrero de 1933.
“Después, recuerda Montini, el Emm. Cardenal Pacelli me hizo llamar y, muy amablemente me dio cuenta de los cargos que había presentado el Card. Vicario contra mí. Tampoco él estaba bien informado acerca de la circular para la Pascua… . Me llamó la atención sobre algunos puntos”.
Cuán “heterodoxo” era Montini se apreció en su discurso inaugural de la Misión de Milán, que se llevó a cabo el 24-11-1957 : “Si fuera posible hacer llegar una palabra hasta vosotros, hijos alejados, la primera sería la enderezada amistosamente “a pediros perdón”. Sí, nosotros a vosotros, “antes que a Dios”. Cuando se acerca alguien que estaba alejado, no puede dejar de sentirse remordimiento…. Ha juzgado a través de nuestros defectos…. Ha llegado a sentir hastío, a despreciar, a odiar la religión… Los alejados son a menudo personas a quienes hemos dado una mala impresión… Su anticlericalismo oculta un indignado respeto hacia las cosas sagradas, que les perecen envilecidas por nosotros”.
Montini envió a Mauricio Blondel, en nombre de Pío XII, en 1945 una carta “en la que se le tributaban los más vivos elogios por su labor. Tras referirse al “venerado” y famoso nombre de Mons. Duchesne, Pablo VI manifestó “la esperanza de que esta noble figura de sacerdote francés y romano, pueda ser para nuestra época y para las épocas futuras, especialmente para cuantos se dedican al estudio de la historia de la Iglesia, un ejemplo y un maestro”. Zizola escribe que “esto era casi una rehabilitación”. Pablo VI “absolvía, pues, a Duchesme de las acusaciones por las que Pío X le había condenado”. El hecho es gravísimo porque ni siquiera se cubrieron las formas revisando la condena de la “Historie”, refrendada, asimismo por un santo. También ponderó al hebreo Bergson : “!Magnífico espíritu el de Bergson!, dice Montini en su diálogo con Guitton ; juicio insólito sobre un autor condenado por la Iglesia, quien en una de sus obras más afamadas, “Las dos fuentes de la moral y de la religión”, manifiesta que la religión es al misticismo lo que la vulgarización a la ciencia. Bergson proclamó su “adhesión moral” al catolicismo, pero se negó a convertirse.
También es conocida la influencia de Pascal y de la judía Simone Weil sobre Montini. Pese a sus ambiguas ponderaciones del catolicismo, ésta nunca se convirtió y se mostró hostil a la Iglesia Católica : “La Iglesia, sostuvo, ha producido demasiados frutos malos como para pensar que no ha habido un error de partida… Opuesta a la verdades fundamentales de la Fe, v. g. , a la inmortalidad del alma, la nombrada mostró gran odio al Imperio Romano Cristiano . Es conocida su afición al catarismo y a la defensa del maniqueísmo. La postura cabalista se advierte en su ida de la Creación, donde utiliza, sin nombrarla, la doctrina del “simsum” : “Dios no ha podido crear sino ocultándose. Él mismo, creador, “se ha retirado para dejarnos pasar”.
Cuando estalló la Guerra Civil Española se alistó en las Brigadas Internacionales rojas, pero estuvo poco tiempo. Su apartamiento del comunismo no fue tal, pues, como buena judía, “a pesar de su aversión al comunismo, deseaba ir a Rusia en el momento en que este país sangraba bajo la bota alemana”.
Durante casi cuarenta años el cripto judío modernista Montini se desempeñó en la Secretaria de Estado vaticana. A poco de reemplazar a su amigo y cómplice Roncalli, abolió la Inquisición y la Congregación del Índice ; suprimió el “Index Librorum Prohibitorum”, y al año siguiente hizo otro tanto con el Juramento Antimodernista, instituído por San Pío X en 1910, por el Motu Propio “Sacrorum antistium”, tantas veces citado, más poco conocido, que anatematiza precisamente doctrinas sustentadas por la Iglesia Postconciliar :
“Yo, N. N. abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el Magisterio inerrante de la Iglesia, principalmente aquellos puntos de doctrina que directamente se oponen a los errores de la época presente”.
“Y en primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas, “puede ser ciertamente conocido”, y por tanto, también demostrado, como la causa por sus efectos, por la luz natural de la razón mediante las cosas que han sido hechas, es decir, por las obras visibles de la Creación”.
“En segundo lugar : admito y reconozco como signos certísimos del origen divino de la religión cristiana los argumentos externos de la Revelación, esto es, hechos divinos, y en primer término, los milagros y las profecías, y sostengo que son sobremanera acomodados a la inteligencia de todas las edades y de los hombres, aun los de este tiempo”.
“En tercer lugar : Creo firmemente con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, fue próxima y directamente instituída por el mismo, verdadero e histórico Cristo mientras vivía entre nosotros, y fue edificada sobre Pedro, príncipe de la jerarquía apostólica, y sus sucesores para siempre”.
“Cuarto : Acepto sinceramente la doctrina de la fe transmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos “siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia ; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas”, que pasarían de un sentido a otro, diverso del que primero mantuvo la Iglesia ; igualmente condeno todo error, por el que el depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, lentamente formada por el esfuerzo de los hombres y que en adelante ha de perfeccionarse por el progreso indefinido”.
“Quinto : Sostengo con toda certeza y sinceramente profeso “que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconsciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero sentimiento del entendimiento a la verdad recibida de fuera por el oído, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por Dios personal, creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz”.
“También me someto con la debida reverencia y de todo corazón me adhiero a las condenaciones, declaraciones y prescripciones todas que se contienen en la carta Encíclica Pascendi y en el decreto Lamentabili, particularmente en lo relativo a la que llaman historia de los dogmas. Asimismo repruebo el error de los que afirman que la fe propuesta por la Iglesia puede repugnar a la historia, y que los dogmas católicos en el sentido en que ahora son entendidos, no pueden conciliarse con los más exactos orígenes de la religión cristiana”.
“Condeno y rechazo también la sentencia de aquellos que dicen que el cristiano erudito se reviste de doble personalidad, una de creyente y otra de historiador, como si fuera lícito al historiador sostener lo que contradice a la Fe del creyente, o sentar premisas de las que se siga que los dogmas son falsos y dudosos, con tal que éstos no se nieguen directamente”.
“Repruebo igualmente el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, sin tener en cuenta la Tradición de la Iglesia, la analogía de la Fe y las normas de la Sede Apostólica, sigue los delirios de los racionalistas y abraza no menos libre que temerariamente la crítica del texto como regla única y suprema”.
“Rechazo, además, la sentencia de aquéllos que sostienen que quien enseña la historia de la Teología, o escribe sobre esas materias, tiene que dejar antes a un lado la opinión preconcebida, ora sobre el origen sobrenatural de la Tradición católica, ora sobre la promesa divina de una ayuda para la conservación perenne de cada una de las verdades reveladas, y que además los escritos de cada uno de los Padres han de interpretarse por los solos principios de la ciencia, excluída toda autoridad sagrada, y con aquella libertad de juicio con que suelen investigarse cualquiera monumentos profanos”.
“De esta manera general, finalmente, me profeso totalmente ajeno al error por el que los modernistas sostienen que en la sagrada Tradición no hay nada divino, o, lo que es mucho peor, lo admiten en el sentido panteístico, de suerte que ya no quede sino el hecho escueto y sencillo, que ha de ponerse al nivel de los hechos comunes de la historia, a saber : unos hombres que por su industria, ingenio y diligencia continúan en las edades siguientes la escuela comenzada por Cristo y sus Apóstoles”.
Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, todos los cardenales, Obispos y sacerdotes que los secundaron han faltado a ese juramento. Son estos perjuros los que han fundado la Iglesia Postconciliar”.
La catástrofe producida por el Vaticano II y algunos hechos negativos ocurridos en el anterior, dan la plena razón al Papa Carafa, firmemente contrario a reunir un concilio, habida cuenta de que eran muy distintos los tiempos y los hombres de los sínodos fundacionales. Para efectuar la reforma católica no estimaba apropiado continuar el de Trento sino valerse de la Inquisición. En enero de 1556 decidió iniciar la reforma eclesiástica con el reordenamiento de la Curia, para lo cual creó una congregación especial compuesta de sesenta y dos miembros, entre los que había varios cardenales y el comisario del Santo Oficio, Miguel Ghislieri, el futuro San Pío V. El 20 de ese mes, en la Sala Constantiniana, inauguró el Pontífice los trabajos con un discurso donde expresó que “como toda reforma había de fundarse en la total supresión de la herejía simoníaca, que formaba el mal principal, se debía aplicar aquí la segur sin contemplación alguna…”. La Cabeza de la Iglesia tenía que extirpar la simonía, tanto más cuanto los calumniadores y los herejes señalaban ésta casi como la única causa de que hasta entonces no se hubiese podido efectuar reforma alguna.
En conversación con el embajador de la Serenísima, el 13-III-1556, manifestó el Santo Padre “que empleaba tanto tiempo en la reforma para que saliera bien, y que en negocio tan importante de ningún modo quería obrar según su propio parecer, sino oír también a otros, pues quería escuchar la verdad. Acerca de la simonía expresó que durante años se había espantado al comprobar que las dignidades de Obispos y cardenales se cotizaban en metálico. “Luego que Dios nos confirió esta dignidad sin procurarla de nuestra parte, nos dijimos a nosotros mismos : sabemos lo que el Señor exige de nosotros. Hemos de ir a las obras y extirpar de raíz este mal. Si no lo hicimos en seguida, la causa fue que quisimos primero nombrar cardenales que fuesen idóneos para ayudarnos en esta obra. Ahora queremos poner en ejecución la reforma, “aún con peligro de nuestra vida”… Es un milagro, señor embajador, cómo esta Santa Sede se ha mantenido “a pesar de que nuestros predecesores nada dejaron de hacer para arruinarla”. Pero está fundada sobre una roca tal que nada hay que temer. Si tampoco a nosotros nos hubiera de tocar en suerte un entero éxito, estaríamos contentos con limpiar este lugar santificado por Dios y después morir. Y para decíroslo todo, “la nueva congregación tendrá el poder de un concilio”.
La guerra con España demoró al plan de la reforma integral que tanto ansiaba el Pontífice. No obstante, el gran Papa tomó medidas drásticas de enorme importancia, que constituyen el basamento sobre la que se pudo realizar posteriormente la misma. A comienzos de Febrero de 1558 Paulo IV se refirió nuevamente a la realización de un concilio en Roma para la reforma católica. Todo indica que el Tribunal del Santo Oficio, que desde septiembre de 1557 integraban quince cardenales, elevaría sus dictámenes a la aprobación del sínodo, el cual, bajo su firme autoridad, funcionaría rápida y ordenadamente. Pastor afirma que es “inconcebible cómo Paulo IV podía someter también a la Inquisición los asuntos de la reforma”. Lo inconcebible es que él no advierta la conveniencia de ello.
Era lógico el proceder del Papa Carafa, porque para que un concilio resulte eficaz y provechoso, debe estar integrado, mayoritariamente al menos, por hombres de intachable vida y ortodoxia. Y aunque había realizado una gran depuración, y los nuevos cardenales y obispos pertenecían a esta clase, todavía había muchos que estaban lejos de cumplir tales requisitos. En cambio, los miembros de la Inquisición sí eran los hombres adecuados y de su confianza plena, ya que aparte del inquisidor mayor y perpetuo, San Pío V, de hallaban los grandes teatinos.
Podrá objetarse que, no obstante, el Concilio de Trento se pudo terminar, pero recuérdese que si bien sus resoluciones fueron dogmáticamente inobjetables, las correspondientes a otras cuestiones trascendentales pecaron de heterodoxas y muy perjudiciales, v. g. , sobre la publicación del Talmud y la literatura judía, así como la reforma del Índice, a lo que hay que agregar su oposición a la Inquisición, la defensa de Carranza, etc. Como ya dije, los serios inconvenientes que debieron sortearse en el Vaticano I y, por supuesto, el funesto Vaticano II, dan la razón a Paulo IV.
17 de marzo. San Patricio, Apóstol de Irlanda
San Patricio, flagelo de hechiceros druidas y amoroso padre de los primeros cristianos irlandeses.
“Enviaré heraldos de mi palabra a Grecia, Italia y hasta en las islas más remotas, a los que no han oído hablar de mí y nunca han visto mi gloria.”
Isaías. LXVI, 19.“Yo soy Patrick, un pecador, muy pocos instruido y el menor de todos los fieles y muy despreciado por muchos.”
“Y yo caminaba con la fuerza de Dios que dirige mi camino”
Confesión de San Patricio.
Sigue texto del Año Cristiano del P. Juan Croisset, S.J.
San Patricio, apóstol de Irlanda, nació en Escocia en el territorio de la ciudad de Aclud, hoy Dumbrinton, hacia el año 377 del nacimiento de Cristo. Llamábase su padre Calfurnio, y su madre Conquesa, pariente de San Martin, arzobispo de Tours, los cuales le criaron con tanta piedad, y le educaron tan desde luego en los principios de la religión, así con su doctrina como con sus ejemplos, que el niño Patricio en nada hallaba gusto sino en la oración.
A los diez y seis años de su edad le secuestraron unos salteadores de caminos, irlandeses, juntamente con una hermana suya llamada Lupita, y le llevaron cautivo á Irlanda. Vendiéronle á un ciudadano, y en los cinco ó seis años que duró su cautiverio aprendió la lengua y las costumbres del país.
Por las muchas visiones que tuvo en este tiempo, conoció que le llamaba Dios á trabajar en la conversión de los pueblos de Irlanda, y desde luego hizo ánimo de dedicarse á ella. Después de mil vicisitudes que se le presentaron, fue ordenado de sacerdote por el obispo de Pisa, quien le aconsejó que se fuese á echar á los pies del papa Celestino I, para recibir de su mano el destino de aquella misión. Recibióle el Pontífice con mucha benignidad, alabó su celo, aprobó su ánimo; pero, como acababa de enviar á San Paladio á aquel país, le pareció conveniente suspender la ejecución, y así le mandó que esperase.
Volvió por Auxerre el nuevo apóstol, y, recibiendo allí las saludables instrucciones que le dio San Germán para desempeñar felizmente su misión, pasó á Irlanda el año 432. Las milagrosas conversiones que hizo desde luego en el país de Cambra y Cornuaille le determinaron á entrarse en la provincia de Lagenia, donde San Paladio no había hecho fruto alguno. Apenas predicó en ella la fe, cuando tuvo el consuelo de ver convertidas en menos de un año más de las dos terceras partes de la provincia.
Aumentándose la mies, fue preciso que se aumentasen los obreros. Jamás ha habido nación que mostrase mayor ardor por abrazar la fe de Jesucristo. Apenas se dejaba Patricio ver en alguna ciudad ó en algún pueblo, cuando los mismos gentiles se daban prisa á echar por tierra los templos que ellos mismos habían levantado, compitiéndose á porfía en hacer pedazos los ídolos.
Leogar, el príncipe más poderoso del país, y el más encaprichado en las supersticiones paganas, empleó todas sus fuerzas y se valió de todos los artificios de los magos para detener los rápidos progresos de la fe, y para poner límites á las victorias que nuestro Santo conseguía cada día del paganismo; pero todos sus artificios no sirvieron más que para hacer más floreciente la religión cristiana, y más célebre el nombre de San Patricio. Un numeroso ejército de gentiles, que venía á echarse sobre los cristianos congregados por el Santo en una espaciosa llanura, fue enteramente disipado por los truenos y por los rayos que cayeron sobre él, estando el cielo muy sereno. Deshizo todos los embustes y prestigios de los hechiceros; obedecían á su voz los vientos y las tempestades; desvanecíanse las dolencias en haciendo sobre los enfermos la señal de la cruz, y sus discípulos gozaban el mismo don: para Patricio no había cosa secreta; y hasta la misma muerte soltaba la presa á la voz de su oración.
Pero, creciendo cada día inmensamente el número de los fieles, era menester proveer de nuevos pastores al nuevo rebaño; lo que obligó al Santo á hacer otro viaje á Roma el año 444. Recibióle el gran pontífice San León como lo merecía un apóstol.
Vuelto á Irlanda con la recluta de nuevos operarios, los distribuyó en las provincias de Langenia, de Media, de Connacia, de Momonia, y ordenó gran número de obispos para las nuevas diócesis de Laghlin, de Fernes, de Douna, de Kilmor, de Gallovay, de Limerik, de Media, de Cashel, de Toam, de Wateford, y, volviendo á Ultonia, levantó la célebre iglesia de Armagh, erigiéndola en Silla metropolitana y primada de toda Irlanda. Pasó después á las islas adyacentes, y todas las conquistó para Jesucristo. Hizo cuarto viaje á Roma para obtener de la Silla Apostólica la confirmación y distribución de los obispos que había erigido, los títulos y privilegios de las iglesias como los había arreglado, y á su vuelta de este viaje celebró en Armagh el primer Concilio.
Apenas fuera creíble que nuestro Santo pudiese obrar tantas maravillas, ó no rendirse al peso de tantos trabajos, si no se supiera que para los hombres apostólicos están reservadas gracias muy particulares y auxilios muy extraordinarios. Pero lo que se hace más inverosímil, siendo con todo eso muy verdadero, es que tantas y tan portentosas fatigas no bastaron á saciar el ardiente deseo que tenía de padecer por Jesucristo, ni pudieron satisfacer la amorosa ansia que tenía por la penitencia.
Traía siempre un áspero cilicio, ayunaba rigurosamente todo el año, hacía á pie todos los viajes; y, aunque oprimido de la solicitud pastoral y del gobierno de todas las iglesias de Irlanda, todos los días rezaba el Salterio entero con más de doscientas oraciones, y se postraba trescientas veces cada día para adorar á Dios, haciendo cien veces la señal de la cruz en cada hora canónica. Tenía distribuida la noche en tres tiempos diferentes. El primero le empleaba en rezar cien salmos y en hacer doscientas genuflexiones. El segundo le ocupaba en rezar cincuenta salmos metido en un estanque de agua helada hasta la garganta, y lo restante estaba destinado para tomar un poco de reposo sobre una dura piedra. Estos fueron los principales medios de que se valió San Patricio para ganar á Jesucristo tantos pueblos, y para convertir los pecadores y los idólatras.
Pero no sólo convirtió á la fe á aquellos pueblos, sino que también los cultivó, los pulió, los civilizó. Halló Patricio en aquella isla unos pueblos tan necios y tan groseros, que apenas sabían hablar, y ninguno de ellos sabía escribir; el Santo los enseñó, los industrió, y en poco tiempo los hizo capaces de aprender, no solamente las más bellas artes, sino también las más elevadas ciencias.
En fin, colmado de merecimientos, respetado aun de los mismos gentiles, y lleno de alegría, viendo el floreciente estado en que dejaba en Irlanda el Reino de Jesucristo, á los ochenta y cuatro años de su edad (aunque algunos historiadores le dan ciento treinta), pasó á recibir en el Cielo la corona de sus trabajos el año 460 ó 461. Murió en su monasterio de Saball, habiendo edificado trescientas sesenta y cinco iglesias, consagrado otros tantos obispos en los veinticinco ó treinta años que él lo fue, y ordenado casi tres mil presbíteros. Fue sepultado en la iglesia de la ciudad de Douna, donde fue honrado de los pueblos que concurrían en tropas á venerar su sepulcro, haciéndole muy célebre el Señor con innumerables milagros; hasta que en tiempo de Enrique VIII, rey de Inglaterra, fue destruida la iglesia de Douna por Leonardo Grey, marqués de Dorset y virrey de Irlanda, el cual pagó el delito de su sacrilegio sobre un cadalso, en que le cortaron la cabeza el año 1541.
La Misa en honra de San Patricio, la oración es la que sigue:
¡Oh Dios, que te dignaste enviar al bienaventurado Patricio, tu confesor y pontífice, para que anunciase tu gloria á los gentiles! Concédenos que con tu gracia, y por su intercesión y merecimientos, cumplamos fielmente todo lo que Tú nos mandas. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.
La Epístola es del cap. 44y 45 de la Sabiduría.
REFLEXIONES
Ves aquí un gran sacerdote. Ni los grandes títulos, ni las gruesas rentas forman los grandes prelados. La grandeza de los ministros de Jesucristo tiene origen más noble y nace de otros principios. Agradó á Dios mientras vivió; fue justo, y ninguno observó con mayor exactitud la ley del Altísimo. Esta es la base, éste el cimiento de la verdadera grandeza; agradar á Dios sin interrupción; cumplir dignamente todas las obligaciones de la justicia; obedecer con la más exacta fidelidad los preceptos del Altísimo. Busca otros títulos, ni más completos, ni más antiguos, de una nobleza más sólida y más real. Esta es la única nobleza que pasa en la otra vida. Ostentoso aparato de títulos y de grandes nombres, puestos elevados, dignidades eminentes, vosotros brilláis, no hay duda. Pero ¿cómo? Como relámpagos fugitivos, que apenas lucen cuando desaparecen. La muerte pone de nivel á todos los hombres. Todo se entierra con nosotros, menos la santidad. Las más bellas prendas de cuerpo y alma sin virtud, son nombres vacíos; las que sólo se fundan en fortuna estruendosa y rentas crecidas, son poco respetables; muchas veces sólo sirven de hacer más visible la pobreza de la persona. Sola la virtud vale más que todos los títulos; y ¿qué son todos los títulos sin la virtud?
El Evangelio es del cap. 25 de San Mateo.
En aquel tiempo dijo Jesús á sus discípulos esta parábola: Un hombre que debía ir muy lejos de su país, llamó á sus criados y les entregó sus bienes. Y á uno dio cinco talentos, á otro dos, y á otro uno, á cada cual según sus fuerzas, y se partió al punto. Fue, pues, el que había recibido los cinco talentos á comerciar con ellos, y ganó otros cinco; igualmente, el que había recibido dos, ganó otros dos; pero el que había recibido uno hizo un hoyo en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Mas después de mucho tiempo vino el señor de aquellos criados, les tomó cuentas, y, llegando el que había recibido cinco talentos, le ofreció otros cinco, diciendo:
Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco que he ganado. Díjole su señor: Bien está, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, te daré el cuidado de lo mucho; entra en el gozo de tu señor. Llegó también el que había recibido dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos más que he granjeado. Díjole su señor: Bien está, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, te daré el cuidado de lo mucho; entra en el gozo de tu señor.
MEDITACIÓN
De los medios que tenemos para salvarnos.
Punto pkimero.—Considera que uno de los más crueles, de los más desesperados tormentos de los condenados, es la viva y eterna memoria, es la clara, la menuda representación de los medios fáciles y seguros que tuvieron para salvarse. ¡Pude ser santo, Dios lo quería, pero á mí no me dio gana de serlo! Comprende bien toda la fuerza de esta reflexión; pero considera también todo el acíbar de su amargura.
No hay ni una sola criatura que, mirada en sí misma, no nos presente, no nos sirva de medio para conocer á Dios y para amarle; si alguna nos sirve de estorbo, es precisamente porque nosotros abusamos de ella. Los bienes y males de esta vida, hasta los mismos trabajos de que se vale Dios para castigar nuestras culpas, todo puede servir para nuestra salvación.
Las riquezas son como la moneda con que se compra el Cielo por medio de las limosnas; la pobreza es carta de recomendación para salvarnos. Las honras y la prosperidad pueden ofrecer grandes ocasiones para hacer grandes sacrificios; las desgracias y las adversidades abren el camino real para la gloria. Si la salud es don de Dios, no lo es menos la enfermedad; padecer mucho por Dios, aun es de mayor mérito que hacer mucho por El. Si el ingenio es un talento, la simplicidad es una virtud; porque Dios tiene gusto especial en comunicarse á las almas simples y sencillas.
En una palabra, se puede decir que no hay cosa que no se pueda mirar como talento. Hasta de nuestras mismas faltas, una vez cometidas, se puede y se debe sacar mucho provecho. No hay mayor enemigo de nuestra salvación que el demonio; y, con todo eso, sus mismos artificios, sus mismas tentaciones pueden conducir para conseguirla. ¡Qué abundancia de medios, qué multitud de tantas industrias! Todas las cosas, dice el Apóstol, cooperan al mayor bien de los que aman á Dios.
Punto segundo.—Considera que, además de los medios comunes á todos los cristianos, cada cual encuentra en su propio estado y en su misma condición medios particulares para ser santo. Ha dispuesto de tal manera todas las cosas la Divina Providencia y tiene arregladas todas las condiciones con tal economía, que todos son caminos derechos para llegar con seguridad á nuestro último fin.
No hay que envidiar ni el retiro de los unos ni la tranquilidad de los otros; cada uno de nosotros, dentro de su propio estado, puede coger los mismos frutos, ó, á lo menos, otros equivalentes y tan buenos. No seamos siervos inútiles ni obreros ociosos; y pocas tierras habrá que no puedan rendir ciento por uno, pocos talentos que no puedan duplicarse y multiplicarse, como se sepa emplearlos y manejarlos bien.
No hay estado, no hay condición en el mundo, no hay edad en la vida, de la cual no haya habido grandes santos; y estos santos de nuestra misma edad y de nuestro mismo estado no fueron á buscar otros medios para serlo que aquellos que nos ofrece á nosotros nueatro estado y nuestra edad. Y aun nosotros tenemos más medios que ellos; porque al fin logramos el de los buenos ejemplos que ellos mismos nos dejaron. ¡Será posible, Dios mío, que todas las cosas me prediquen y me faciliten mi salvación, y que al mismo tiempo todas ellas me reprendan mi irresolución y aun mi insensibilidad!
JACULATORIAS
Ya no viviré, Señor, sino para emplearme en tus alabanzas; porque hallo mi fuerza y mi socorro en todo lo que has hecho por mí.— Ps. 118.
Siempre estás cerca de mi, y todos los estados de la vida pueden ser caminos seguros que me conduzcan á Ti.—Ps. 118.
PROPÓSITOS
1. Todos los estados son otros tantos caminos diferentes que, según el orden de la Divina Providencia, nos guían á nuestro último fin. Es tentación imaginar que se viviría mejor en otro estado que en el que cada uno profesa. Pernicioso error ocupar el pensamiento en lo que se haría en otra profesión y no pensar en cumplir con las obligaciones de aquella en que se está. Pocos artificios hay que le salgan mejor al enemigo de nuestra salvación que el de esta engañosa inquietud. Por ahora sólo te quiere Dios en el estado de vida en que te hallas; conque sólo has de pensar en desempeñar bien sus obligaciones. Desprecia como ilusión perniciosísima todas esas inconstancias del corazón y del ánimo que consume inútilmente el alma con vanos arrepentimientos y con frívolos deseos, una vez que ya abrazaste un estado. Aplícate únicamente á dar el debido lleno á sus obligaciones, examinando hoy en particular cuáles son éstas, y cuáles son también aquellas en que tú te descuidaste más.
2. Es devoción utilísima la de rezar todas las mañanas alguna oración particular, pidiendo á Dios gracia para cumplir con las obligaciones del estado de cada uno; y es admirable para este efecto la oración siguiente, que decía Santo Tomás:
«Oh Dios lleno de misericordia, dame gracia para que examine diligentemente, conozca verdaderamente, desee ardientemente y cumpla perfectamente todo lo que á Ti te agrada, y que todo sea para mayor honra y gloria tuya. Dispón todas las cosas en el estado en que me has puesto, y dame á conocer aquello que quieres que yo haga, ayudándome á cumplirlo como conviene para el mayor bien de mi alma. Concédeme, Dios y Señor mío, que ni las prosperidades me envanezcan, ni las adversidades me acobarden, y que ni unas ni otras me atropellen, no alegrándome sino de lo que me acerca á Ti, no entristeciéndome sino de lo que de Ti me aparta, no permitas que aspire á complacer, ni que tema desagradar á otro que á Ti sólo. Sean despreciables para mí todas las cosas caducas, y solamente las ame todas por Ti; pero á Ti sobre todas. Cáuseme tedio toda alegría que sea sin Ti, y fuera de Ti nada apetezca. Finalmente, Dios y Señor mío, concédeme que de tal manera me aproveche en esta vida de tus beneficios por tu gracia, que merezca gozar en la Patria celestial las delicias de la gloria. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Alguna expresión racista de Rivanera,
pero muy interesante la gran mayoría.
Cinismo de Bergoglio: “Confesamos que hemos protegido a pederastas y silenciado a víctimas”
Bergoglio: “Confesamos que hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal”.
(Foro Católico)
La pederastia demostrada, que para cualquier cristiano, o no cristiano, implicaría arresto inmediato y una condena de años de cárcel o en el peor de los casos, de muerte; para el sanedrín de la Vaticueva solamente se limpia con un mea culpa…
En esta maniobra, planeada y ejecutada por la Sinagoga desde hace 80 años, se diseminó un grupo de agentes secretos que se infiltraron en los seminarios católicos de todo el orbe, con la intención de iniciar una salvaje, abominable y monstruosa cacería de pequeños, niñas y niños de diferentes edades; para mancillarlos en los templos, monasterios, hospitales y escuelas católicos, y con ellos, destruir entre los fieles la confianza en la Iglesia de Cristo, además de escandalizar al mundo entero en los cinco continentes, en cada uno de los países.
El operador principal, el jefe de todo el entramado, aún vive en la Vaticueva; se trata del hechicero hebreo Joseph Ratzinger Tauber, alias Benedicto XVI, antipapa y autor de la protección de miles de agentes sodomitas a través del poco conocido protocolo Crimen Sollicitationis, el cual amenaza y castiga con excomunión, desde 1962, a los fieles que se enfrentaran a los curas pederastas en los juzgados.
Aquí se puede ver el vídeo prohibido de la BBC acerca de la responsabilidad de Joseph Ratzinger Tauber:
CLICK AQUÍ: VIDEO PROHIBIDO EN YOUTUBE

Ratzinger Tauber, creador del “Crimen Sollicitatonis”
No obstante las palabras y las promesas del (anti)papa Francisco, algunas organizaciones de víctimas de abusos dentro de la Iglesia que fueron recibidas días atrás por el propio Bergoglio, dijeron no estar de acuerdo y piensan que esta reunión no ha servido para nada. A pocos metros de la oficina de prensa vaticana donde ha habido cientos de periodistas de todo el mundo en estos días, y pocos minutos después de que el papa terminara su discurso, representantes de dos organizaciones, Rete L’Abuso de Italia y ECA (Ending Clergy Abuse, la asociación que reúne víctimas de todo el mundo) se dijeron desilusionados por los resultados del encuentro vaticano.
“A mí me parece que este encuentro no fue ni siquiera un punto de partida como algunos lo han presentado –declaró a los periodistas el italiano Francesco Zanardi, presidente de Rete L’Abuso–. Aquí la Iglesia se está declarando víctima ella misma. Y si se considera víctima, pues que se constituya en parte querellante en los juicios contra los curas pedófilos, no que los encubra”. Zanardi, 48 años, fue abusado por un sacerdote y hoy es considerado un gran “cazador” de curas pedófilos.
El español Miguel Hurtado por su parte, portavoz de ECA, dijo que “el Papa se ha pasado la mitad del discurso hablando de los abusos fuera de la Iglesia. Nosotros hemos sido abusados dentro de la Iglesia, por sacerdotes, monjas, maestros católicos. Esperábamos una respuesta que el Papa no nos ha dado”. Y añadió: “Hoy el papa Francisco ha dado un guantazo a toda las víctimas de pederastia de los cinco continentes que han venido hasta Roma para pedir explicaciones”. Hurtado, originario de Barcelona, es un psiquiatra que denunció abusos por parte de un monje de la abadía de Montserrat, en Cataluña, cuando él tenía 16 años.
En la rueda de prensa que concluyó el encuentro, el moderador, Federico Lombardi, dijo que se está trabajando en el Vaticano en un Motu Propio del papa (documento de decisión exclusiva de un pontífice) sobre la protección de los menores, en una nueva ley sobre este tema para la Ciudad del Vaticano y líneas guías para la diócesis de Roma (de la que el papa es el obispo). Además, indicó, la Congregación de la Doctrina de la Fe está terminando su “Vademecum” donde aparecerán todas las indicaciones para los obispos y normas de cómo tratar los casos de pedofilia y la protección de las víctimas. Asimismo, concluyó, el Vaticano ayudará a la creación de varias “task force” (equipos de trabajo especiales) en distintos países, para ayudar a las personas y a las diócesis que no tengan medios como para enfrentar estos problemas.

La foto del año 2017
(RD/Vatican News)
En el 50 aniversario de la muerte del Cardenal Agustín Bea SJ, el Papa Francisco se reúne con algunos miembros del Centro de Estudios Judaicos “Cardenal Bea” de la Universidad Gregoriana, así como del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, del Instituto Bíblico Pontificio y el Centro para el Estudio del Cristianismo en la Universidad Hebrea de Jerusalén, en la Sala del Consistorio del Vaticano.
Para el Papa Francisco este encuentro es una oportunidad para “volver a visitar esta distinguida figura y su influencia decisiva en algunos documentos importantes del Concilio Vaticano II”, como por ejemplo, las relaciones con el judaísmo, la unidad de los cristianos, la libertad de conciencia y la religión.
En su Discurso, el Papa ha expresado que el Card. Bea no solo debe ser recordado por lo que hizo, “sino también por la forma en que lo hizo” y asegura que es un modelo en el que inspirarse para el diálogo ecuménico e interreligioso, y de manera eminente para el diálogo “intrafamiliar” con el judaísmo.
Además, ha recordado las 3 palabras con las que el Presidente del Congreso Judío Mundial, Nahum Goldmann, le describió: “comprensivo, lleno de bondad humana y valiente”. Tres aspectos esenciales – ha puntualizado – “para quienes trabajan por la reconciliación entre los hombres”.
La comprensión hacia los demás
“El cardenal Bea estaba convencido de que el amor y el respeto son los primeros principios del diálogo” ha explicado el Santo Padre a los participantes, pues Bea decía que “el respeto nos enseñará también la forma correcta de proponer la verdad”; “es cierto” – dice el Papa – “no hay verdad fuera del amor, y el amor se expresa en primer lugar como la capacidad de acoger, abrazar, llevar consigo mismo: “Com-prenderse”.
La bondad y la humanidad
El Papa Francisco ha destacado también la capacidad del Cardenal Bea de “crear” vínculos de amistad y vínculos fundados en la fraternidad que nos une. Por tanto, es notoria su “comprensión” que acepta al otro y su “bondad” que descubre y crea vínculos de unidad.
“Tuvo que enfrentar muchas resistencias en su trabajo por el diálogo”
El tercer aspecto que el Papa ha querido describir es su temperamento valiente. “El cardenal Bea tuvo que enfrentar muchas resistencias en su trabajo por el diálogo, e incluso siendo acusado y difamado, continuó, con la perseverancia de quienes no renuncian al amor” ha explicado Francisco, asegurando que no era “ni optimista ni pesimista”, sino “realista” sobre el futuro de la unidad: “por un lado consciente de las dificultades, por el otro convencido de la necesidad de responder al sincero deseo del Señor de que los suyos sean “una sola cosa””.
“El proyecto más importante de estudios judíos de la Iglesia Católica”
Subrayando el fructífero camino emprendido en el diálogo entre judíos y católicos después de Bea y su escuela, el Papa dice que el Centro de Estudios Judaicos “Cardenal Bea” es un hito en este proceso: “cuando la Santa Sede pidió a la Universidad Gregoriana que lo estableciera, les confió convertirse en ‘el proyecto más importante de estudios judíos de la Iglesia Católica’”. Y dirigiéndose a los docentes de los diversos centros, Francisco ha asegurado que: “El diálogo va adelante a dos voces, y el testimonio de maestros judíos y católicos que enseñan juntos vale más que muchos discursos”.
“Al servicio de la humanidad sufrida y promoviendo formas de paz y diálogo”
Hasta ahora, el diálogo judeo-cristiano a menudo se ha llevado a cabo en un campo reservado para especialistas – ha dicho el Papa – declarando que “la profundización específica y el conocimiento son esenciales, pero no son suficientes”, pues “junto a este camino debemos tomar otro, más amplio, el de difundir los frutos, para que el diálogo no siga siendo la prerrogativa de unos pocos, sino que se convierta en oportunidades fructíferas para muchos”.
Por último, exhorta a que la amistad y el diálogo entre judíos y cristianos vaya más allá de las fronteras de la comunidad científica: “Sería bueno, por ejemplo, que en la misma ciudad los rabinos y los párrocos trabajaran juntos, con sus respectivas comunidades, al servicio de la humanidad sufrida y promoviendo formas de paz y diálogo con todos”.
¿Por qué las ‘millennials’ están dejando de tomar la píldora anticonceptiva?
Los datos hablan y las mujeres piden nuevas soluciones…
(Transcrito de El País/ Eva Armas)
En los años 60 y 70, la incorporación de la píldora anticonceptiva en la vida de las mujeres supuso toda una revolución: su uso no solo permitió que comenzara a separarse el sexo del acto de procrear, sino que también logró que por fin ellas tuvieran el control sobre su propia fertilidad y que pudieran aumentar su participación en la vida laboral fuera del hogar. Un paso más hacia el empoderamiento femenino que, sin embargo, hoy está encontrando cada vez más detractoras con razones en su contra. ¿Por qué?
Resulta que la generación millennial –esa que tenemos a todas horas en la punta de la lengua como elemento revolucionario y que comprende, en teoría, a los nacidos entre los 80 y los 2000– está suponiendo, de hecho, una revolución real al decir no a la píldora anticonceptiva (su uso ha disminuido en un 5% en el último año). Y el motivo no es baladí ni tampoco uno solo.
6 razones por las que la reputación de la píldora anticonceptiva se está resquebrajando
1. Por sus efectos secundarios
A pesar de que quienes la usan lo hacen, en su mayoría, por comodidad (el 50% alega este motivo al elegir métodos anticonceptivos de larga duración), no es oro todo lo que reluce. Los efectos secundarios provocados por el consumo continuado de este medicamento son de sobra conocidos: aumento de peso, migrañas, menor deseo sexual y alteraciones en el estado de ánimo que llegan a convertirse en depresión en entre el 20 y el 30% de las mujeres que la toman (aseguraba Elisabeth Lloyd, filósofa y bióloga norteamericana, en un artículo de la revista Archives of General Psychiatry). Hasta ahora, se han considerado “leves”, pero las mujeres de hoy no están dispuestas a sufrirlos.
2. Porque las mujeres han tomado consciencia de su cuerpo
Y de la primera deriva la segunda: tan sencillo como que la píldora es un tratamiento médico que nació para ser paliativo de algunos problemas hormonales como desajustes y dolores en la menstruación o acné –síntomas a los que beneficia su consumo–, pero no como mero método contraceptivo: “Los anticonceptivos hormonales se deben adquirir con receta médica, ya que será el ginecólogo el que indique en cada caso el método más adecuado para cada tipo de paciente”, advierte la Doctora María Concepción Blasco, especialista en Ginecología y miembro de Topdoctors, a S Moda. Cabe preguntar, entonces, tanto al sector femenino como al ginecológico (y al farmacéutico): ¿por qué someter al cuerpo al efecto de un medicamento si no se necesita?. “Las mujeres creemos que es mejor para nuestra salud no tomar hormonas, nos negamos a tomar un medicamento cuando estamos sanas”, aseguraba a S Moda Sabrina Debrusquat, autora del libro J’arrète la pilule (Dejo la píldora), tras haber entrevistado a 3.616 mujeres para su investigación.
3. Por feminismo
Los datos hablan claro: el desarrollo de un anticonceptivo hormonal masculino que parecía resultar efectivo se suspendió alegando posibles efectos secundarios negativos. Se trataba de depresión y otros trastornos del estado de ánimo en el 3% de los hombres participantes en los estudios… Habría que plantearse por qué ocurrió así si el porcentaje de mujeres afectadas por estos síntomas es mucho mayor y cuando, de hecho, una mujer tiene una sola ovulación de unas 48 horas al mes mientras que el hombre es fértil todos los días.
4. Por no estar adaptada a la actualidad
La pregunta es: si se hubiera creado hoy, ¿se habría creado así? ¿Habría dejado de plantearse también la píldora femenina en la actualidad si afectase negativamente al 3% de las mujeres? Hoy todo el mundo tiene mucha más información al alcance de la mano y, sobre todo, acceso a Internet. Una rápida y sencilla búsqueda en Google arroja algo de luz sobre esta corriente anti-hormonas: además del factor machista, insensibilidad, depresión, cáncer o contaminación son algunos de los términos relacionados con ella.
5. Por su coste
Si su composición y su uso no se ha adaptado a los nuevos tiempos, su precio tampoco lo ha hecho al presupuesto de la generación millennial. Al tratarse de un tratamiento habitual que debe adquirirse todos los meses -a razón de unos 12 euros de media cada ciclo, dependiendo de las marcas- el coste supera al de los preservativos, que solo acarrean gasto en las ocasiones puntuales en las que se utilizan.
6. Por no ser vegana
En los últimos tiempos, la corriente del veganismo ha alcanzado también a los métodos anticonceptivos. Todos los medicamentos están testados en animales, así que la píldora no se libra. Tampoco su composición: por norma, contiene lactosa. Lo mismo ocurre, en general, con los preservativos, que además de estar también testados en animales, incluyen caseína (un derivado de la leche) para que el látex sea más elástico. Ojo, porque en este caso sí que hay otras opciones… En los últimos años los condones veganos se han convertido en tendencia: hay varias empresas que comercializan su versión veg-friendly (como LELO, e incluida una de las más accesibles: los ON de Mercadona son aptos para veganos).
¿Cuál es el futuro de los métodos anticonceptivos?
“En la actualidad, las jóvenes también empiezan a usar otros métodos llamados naturales. El diafragma, por ejemplo, era un método prácticamente en desuso en nuestro país, que vuelve de nuevo a utilizarse debido a que la mujer tiene un mejor conocimiento de su cuerpo. Así como también se empieza a usar cada vez de forma más frecuente la copa menstrual, método sostenible, ecológico y económico, habiendo dado una vuelta a los métodos naturales”, nos informa la Doctora Blasco.
No en vano este dispositivo, el único anticonceptivo no hormonal, ha convencido al 4,3%, por encima de quienes utilizan el anillo -3%- o el implante subcutáneo –1%–. Sin embargo, al parecer, el futuro de los métodos contraceptivos pasa por evitar las alteraciones hormonales e incluir al hombre en la batalla: dos de los más estudiados y recomendados por los especialistas para el futuro son el Vasalgel y la vasectomía reversible.
El primero, que debería haber estado disponible en 2018 según las previsiones, es un polímero no hormonal que bloquea el paso del esperma desde los testículos al pene: “forma una estructura de hidrogel que deja pasar fluidos y moléculas pequeñas, pero no espermatozoides y se aplica mediante una inyección potencialmente reversible”, explicaban desde Parsemus Foundation, la ONG estadounidense encargada de su desarrollo. La segunda, una técnica de sobra conocida que hoy en día se revela como segura, sencilla –su nuevo procedimiento quirúrgico es mucho más rápido, conlleva menos complicaciones postoperatorias y ni siquiera utiliza bisturí– y reversible, según informa la OMS.
Vaticueva es la capital mundial de la sodomía; denuncia de investigador Frédéric Martel en su libro “Sodoma”
Jesús a Santa Catalina de Siena: “Ese pecado desagrada a los mismos demonios… Tan abominable me es ese pecado contra la naturaleza, que sólo por él se hundieron cinco ciudades como resultado de MJuicio, al no querer mi Divina Justicia sufrirlas más; que tanto me desagradó ese abominable pecado”.
“80 por ciento de los miembros del clero católico romano que trabaja en el Vaticano, cerca del papa, son homosexuales”.
(Nota aparecida el 19 de febrero en The New York Times con el título: “Los jerarcas homosexuales del Vaticano”/ Frank Bruni)
Asombrado ante el misterioso santuario que explora su nuevo libro, el periodista francés Frédéric Martel escribe que “ni el distrito Castro de San Francisco tiene tantos homosexuales”.
Se refiere al Vaticano. Y así deja caer una bomba.
Aunque los editores del libro lo han mantenido en estricta reserva, obtuve un ejemplar antes de su lanzamiento del jueves 21 de febrero. Se publicará en ocho idiomas y en veinte países con el título Sodoma, en Europa occidental, y como In the Closet of the Vatican en Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá.
En él se afirma que aproximadamente el 80 por ciento de los miembros del clero católico romano que trabaja en el Vaticano, cerca del papa, son homosexuales. El libro sostiene que a mayor homofobia explícita de un funcionario del Vaticano, hay mayores probabilidades de que pertenezca a ese grupo y que, mientras más se escale en la cadena de mando, más homosexuales se encontrarán. Y que no todos son célibes. Ni por asomo.
Se supone que debería celebrarlo, ¿cierto? Yo soy un hombre abiertamente homosexual. Y en ocasiones soy crítico de la Iglesia. Albricias por la exposición de la hipocresía en puestos importantes y la afirmación de que algunos de nuestros verdugos tuvieron razones retorcidas. Gracias al cielo por el desafío a su autoridad moral. Que venga la luz. Que salga a relucir la verdad.
No obstante, me siento intranquilo e incluso un tanto asustado. Cualquiera que haya sido la intención de Martel, In the Closet of the Vatican podría no ser un juicio constructivo, sino una acumulación de municiones para los católicos de la derecha militante que están ansiosos de iniciar una cacería de brujas de sacerdotes homosexuales, muchos de los cuales son servidores ejemplares (y castos) de la Iglesia. Esos mismos católicos se oponen a hacer las reformas necesarias y citan las revelaciones del libro como prueba de que la Iglesia ya es demasiado permisiva y ha perdido tanto el camino como la dignidad.
Aunque él mismo es abiertamente homosexual, Martel sensacionaliza la homosexualidad al dedicar su investigación a los funcionarios católicos que han sostenido relaciones sexuales con hombres, no a quienes las han tenido con mujeres. La promesa del celibato que hacen los sacerdotes incluye parejas de cualquier sexo y la norma de las enseñanzas católicas que esta práctica quebranta no es solo la del sexo homosexual, sino la del sexo fuera del matrimonio. En ese contexto, el enfoque de Martel en la homosexualidad se concentra en la idea de que es especialmente inquietante y que despierta morbo.

Bergolglio se besa con una pareja gay en la Vaticueva.
Su tono no ayuda. Escribe: “El mundo que estoy descubriendo, con sus cincuenta sombras de homosexualidad, va más allá del entendimiento”. Para algunos lectores podría parecer “un cuento de hadas”. Desafía el conocimiento popular de que el papa Francisco, quien tiene detractores a su entorno, está “en la boca del lobo”; aclara: “No es del todo cierto: está entre las locas”. Tal vez se escuche mejor en la versión francesa, pero este lenguaje es profundamente bobo y sumamente ofensivo.
Las fuentes de la mayoría de la información de In the Closet of the Vatican son vagas y otros expertos en el Vaticano me dijeron que la cifra del 80 por ciento no es fidedigna ni creíble.
“No se trata de una acusación basada en la ciencia, sino en la ideología”, comentó el reverendo Thomas Reese, columnista de The National Catholic Reporter, quien visita el Vaticano con frecuencia y ha escrito muchos libros acerca de la jerarquía católica romana. “Uno de los problemas es que los obispos católicos nunca han permitido que haya ninguna clase se investigación sobre el tema. No quieren saber cuántos sacerdotes homosexuales hay”. Estudios independientes consideran que el porcentaje de homosexuales entre los sacerdotes católicos en Estados Unidos está entre el 15 y el 60 por ciento.
En una entrevista telefónica, Martel señaló que el 80 por ciento no es un cálculo suyo, sino de un exsacerdote del Vaticano cuyo nombre cita en el libro. Sin embargo, presenta esa cita sin el escepticismo suficiente y escribe, con sus propias palabras: “Es una gran mayoría”.

El autor asegura que In the Closet of the Vatican recoge la información de aproximadamente 1500 entrevistas realizadas a lo largo de cuatro años y las colaboraciones de los registros de investigadores y otros asistentes. Yo cubrí los acontecimientos del Vaticano para el Times durante casi dos años y el libro tiene tal cantidad de detalles que resulta persuasivo. Sin duda se hablará mucho al respecto y se discutirá acaloradamente.
El libro retrata distintas subculturas sexuales, incluyendo encuentros clandestinos entre funcionarios del Vaticano y jóvenes musulmanes heterosexuales que trabajan prostituyéndose. Cita nombres y, aunque muchos pertenecen a funcionarios del Vaticano y otros sacerdotes que ya fallecieron o cuya identidad sexual ya ha estado bajo el escrutinio público, Martel también dedica su energía a la sugerencia de que el predecesor de Francisco, el papa Benedicto XVI, es homosexual.

En realidad, la vati-sodomía como moneda de cambio fue denunciada hace varios años…
Quizá la descripción más gráfica de la doble vida que muestra la mirada de Martel es la del cardenal Alfonso López Trujillo, de Colombia, quien falleció hace poco más de una década. De acuerdo con el libro, acechó las filas de los seminaristas y sacerdotes jóvenes en busca de hombres a quienes seducir y contrataba, de forma rutinaria, hombres dedicados a la prostitución, a quienes con frecuencia golpeaba después de sostener relaciones sexuales. Al mismo tiempo promovía las enseñanzas de la Iglesia que afirman que todos los hombres homosexuales están “trastornados” y aceptaba la expulsión de los sacerdotes que se creía que tenían “marcadas tendencias homosexuales”, ya fuera que las ejercieran o no.
Parte de mi preocupación acerca del libro consiste en que su lanzamiento coincide precisamente con una reunión sin precedentes en el Vaticano en torno al abuso sexual dentro de la Iglesia. Por primera vez, el papa ha convocado a los presidentes de todas las conferencias episcopales católicas del mundo para hablar únicamente de este tema. No obstante, hace poco, el reverendo jesuita James Martin, un autor de libros que han sido éxito en ventas, escribió en un mensaje en Twitter que es evidente que el libro “desviará la atención del abuso infantil hacia la homosexualidad de los sacerdotes en general, mezclando equivocadamente la homosexualidad y la pedofilia en la mente de las personas”. Tiene razón.
El libro no equipara a la homosexualidad con la pedofilia y de hecho afirma, de manera distinta y relevante, que la cultura de sigilo de la Iglesia (una cultura creada en parte por la necesidad de los sacerdotes homosexuales de ocultar su identidad) trabaja en contra de la exposición de los acosadores sexuales que son culpables de cometer un delito.
Como me lo dijo David Clohessy, quien desde hace tiempo es defensor de los sobrevivientes de abusos sexuales llevados a cabo por sacerdotes: “Muchos de ellos tienen un gran elemento disuasorio para reportar los delitos sexuales de sus colegas. Saben que son vulnerables a que se les excluya. Es el celibato y la jerarquía secreta, rígida y antiquísima de puros hombres lo que contribuye al encubrimiento”. El abuso no tiene orientación sexual, un hecho que ha sido evidente en muchos casos de sacerdotes que han tenido relaciones sexuales con niñas y mujeres adultas, incluyendo monjas, cuya victimización ha sido reconocida públicamente por el papa Francisco por primera vez este mes.

No obstante, se trata de una sutileza fundamental que se pierde muy fácilmente en la densidad de los signos de exclamación del libro de Martel. Y habrá mucha más gente que lea los encabezados atrevidos acerca del libro que el libro en sí. Es probable que se queden con la siguiente idea: los sacerdotes católicos están trastornados y los homosexuales son agentes del engaño, reunidos en sociedades excéntricas con rituales extraños.
Le pregunté a Martel cuál era su objetivo. Respondió: “Soy periodista. Mi objetivo es escribir historias. No soy católico. No tengo sed de venganza. No me preocupa que la Iglesia sea mejor o peor”.
Le pregunté si le preocupaba que los homófobos usaran el libro como un arma. Si hacen la lectura correcta, respondió, se darán cuenta de que erradicar a los homosexuales significaría deshacerse de algunos de los héroes de la Iglesia, quienes vituperan en contra de la homosexualidad como una forma de negar o camuflar su verdadera identidad. Los cardenales que aceptan a los homosexuales, dijo, son aquellos que probablemente son heterosexuales.
Haciendo a un lado todo lo demás, el libro es evidencia de la enorme tensión entre una Iglesia que con frecuencia denigra y margina a los homosexuales y un sacerdocio lleno de ellos. “Este hecho se mantiene presente como una gran paradoja insostenible”, escribió Andrew Sullivan, quien es católico y homosexual, en un extraordinario relato para New York Magazine el mes pasado. En él explica por qué hubo tantos homosexuales en el sacerdocio, en especial hace unas décadas: no se sentían a salvo en una sociedad que los relegaba. El sentirse marginados los hizo inclinarse hacia la espiritualidad y hacia el deseo de ayudar a otros necesitados.
No estaban ideando una estratagema elaborada ni buscando el equivalente clerical de un sauna. Buscaban sobrevivir psicológica y emocionalmente. Muchos de ellos siguen intentándolo y me temo que In the Closet of the Vatican no será de mucha ayuda.
Del Libro de Gomorra. Condenas contra la sodomía según San Pedro Damián y Santa Catalina de Siena

La destrucción de Sodoma y Gomorra a causa del pecado contra Dios y contra natura.
Dios a Santa Catalina de Siena:
Ese pecado desagrada a los mismos demonios, a los que esos desgraciados han hecho sus señores. Tan abominable me es ese pecado contra la naturaleza, que sólo por él se hundieron cinco ciudades como resultado de mi juicio, al no querer mi divina justicia sufrirlas más; que tanto me desagradó ese abominable pecado”.
San Pedro Damián
[Del Liber Gomorrhianus. Traducción: El brigante]
Este vicio no puede compararse en absoluto con ningún otro, pues a todos los supera enormemente. Este vicio es la muerte del cuerpo, perdición del alma; infecta la carne, apaga las luces de la mente, expulsa al Espíritu Santo del templo del corazón, hace que entre el diablo fomentador de la lujuria; induce al error, hurta la verdad de la mente, engañándola; prepara trampas al que camina, cierra la boca del pozo a quien en él cae; abre el infierno, cierra las puertas del Paraíso, transforma al ciudadano de la Jerusalén celeste en habitante de la Babilonia infernal: secciona un miembro de la Iglesia y lo arroja a las codiciosas llamas de encendida Gehenna.
Este vicio busca abatir los muros de la patria celeste y busca reedificar lo que fueron incendiados en Sodoma. Es algo que atropella la sobriedad, que asesina el pudor, que degüella la castidad, que destroza la virginidad con la hoja de una repugnante infección. Todo lo ensucia, todo lo ofende, todo lo mancha y como no tiene en sí nada de puro, nada exento de indecencia, no soporta que nada sea puro. Como dice el apóstol, “todo es puro para los puros, pero para los infieles y contaminados nada es puro” (Tito 1, 15). Este vicio expulsa del coro de la familia eclesiástica y obliga a rezar con los endemoniados y con aquellos que sufren a causa del demonio; separa el alma de Dios para unirla al Diablo.
Esta pestilentísima reina de los sodomitas convierte a quienes se someten a su ley en torpes para los hombres y odiosos para Dios. Exige hacer una abominable guerra contra el Señor, militar bajo las insignias de un espíritu absolutamente malvado; separa del consorcio de los ángeles y con el yugo de su dominación extraña al alma de su nobleza innata. A sus soldados les priva de las armas de la virtud y los expone, para que sean traspasados, a los dardos de todos los vicios. Humilla en la iglesia, condena en el tribunal, corrompe en privado, deshonra en público, roe la conciencia con un gusano, quema la carne como el fuego, empuja a satisfacer la lujuria, y por otro lado teme ser descubierta, mostrarse en público, que los hombres la conozcan. El que mira con aprensión a su mismo cómplice en la perdición, ¿qué no podrá temer?
[…]
La carne arde con el fuego del deseo, la mente tiembla helada por la sospecha, y el corazón del hombre infeliz hierve como un caos infernal: todas las veces que le golpean las espinas del pensamiento, en un cierto sentido, viene torturado con los tormentos del castigo. Una vez que esta venenosísima serpiente ha hincado sus dientes en un alma desgraciada, la pobrecita pierde inmediatamente el control, la memoria se desvanece, la inteligencia se oscurece, se olvida de Dios y hasta de sí misma. Esta peste expulsa el fundamento de la fe, absorbe las fuerzas de la esperanza, destruye el vínculo de la caridad, elimina la justicia, abate el vigor, retira la temperancia, mina el fundamento de la prudencia.
¿Qué debo añadir todavía? En el momento en el que ha desterrado del escenario del corazón humano la lista de todas las virtudes, como quebrando los cerrojos de las puertas, hace entrar en él la bárbara turba de los vicios. A este se le aplica con exactitud aquel versículo de Jeremías (Lament 1, 10) que trata de la Jerusalén terrena: “El enemigo echó su mano a todas las cosas que Jerusalén tenía más apreciables; y ella ha visto entrar en su santuario a los gentiles, de los cuales habías tú mandado que no entrasen en tu iglesia”
El que es devorado por los ensangrentados colmillos de esta famélica bestia, es mantenido lejos, como por cadenas, de cualquier obra buena, y es instigado sin freno que lo contenga, por el precipicio de la más infame perversión. En cuanto se cae en este abismo de total perdición, ipso facto se destierra de la patria celeste, se es separado del Cuerpo de Cristo, rechazados por la autoridad de toda la Iglesia, condenados por el juicio de los Santos Padres, expulsados de la compañía de los ciudadanos de la ciudad celeste. El cielo se vuelve como de hierro, la tierra de bronce: ni se puede ascender a aquél, pues se está lastrado por el peso de crimen, ni sobre aquella podrá por mucho tiempo ocultar sus maldades en el escondrijo de la ignorancia. Ni podrá gozar aquí cuando está vivo, ni siquiera esperar en la otra vida cuando muera, porque ahora deberá soportar el oprobio del escarnio de los hombres y después los tormentos de la condenación eterna.
[…]
¡Lloro por ti, alma infeliz entregada a las porquerías de la impureza, y te lloro con todas las lágrimas que poseo en mis ojos! ¡Qué dolor!
[…]
Compadezco a un alma noble, hecha a imagen y semejanza de Dios y comprada con la Preciosísima Sangre de Cristo, más digna que los grandes edificios y ciertamente más digna de ser antepuesta a todas las construcciones humanas. Por eso me desespera la caída de un alma insigne y por la destrucción del templo en el que habitaba Cristo. Deshaceos en llanto, ojos míos, derramad ríos abundantes de lágrimas y regad, lúgubres, las gotas con un llanto continuo! “Derramen mis ojos sin cesar lágrimas, noche y día, porque la virgen, hija del pueblo mío se halla quebrantada por una gran aflicción, con una llaga sumamente maligna” (Jer. 14, 17). Y ciertamente la hija de mi pueblo ha sido golpeada por una herida mortal, porque el alma, que era hija de la Santa Iglesia ha sido cruelmente herida por el enemigo del género humano con el dardo de la impureza; y a ella, que en la corte del rey eterno era suavemente alimentada con la leche de los sagrados parlamentos, ahora se la ve tumbada, tumefacta y cadavérica, mortalmente infectada por el veneno de la libido entre las cenizas ardientes de Gomorra. “Aquellos que comían con más regalo han perecido en medio de las calles; cubiertos se ven de basura los que se criaban entre púrpura” (Lam. 4, 5). ¿Por qué? El profeta prosigue y dice: “Ha sido mayor el castigo de las maldades de la hija de mi pueblo que el del pecado de Sodoma; la cual fue destruida en un momento” (Lam. 4, 6). Y ciertamente la maldad del alma cristiana supera el pecado de los sodomitas, porque cada uno peca tanto más cuanto más rechaza los preceptos de la gracia evangélica: el conocimiento de la ley evangélica lo fija, para que no pueda encontrar remedio con ninguna excusa. ¡Helas!, alma desgraciada, ¡helas! ¿Pero porque no te das cuenta de la altura de la dignidad de la que has caído y de cómo te has despojado del honor de una gloria y de un esplendor inmenso?
[… ]
Y tú dices: “Soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un desventurado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Ap. 3,17). ¡Infeliz, date cuenta de qué oscuridad ha envuelto tu corazón; advierte lo densa que es la tiniebla de la niebla que te rodea!
[…]
¡Ay de ti, alma desgraciada! Por tu perdición se entristecen los ángeles, mientras que el enemigo aplaude exultante. Te has convertido en prenda del demonio, botín de los malvados, despojo de los impíos. “Abrieron contra ti su boca todos tus enemigos; daban silbidos y rechinaban sus dientes, y decían: ‘Nosotros nos la tragaremos. Ya llegó el día que estábamos aguardando. Ya vino, ya lo tenemos delante’”. Por esto, ¡oh alma miserable!, yo te lloro con todas mis lágrimas: porque no te veo llorar a ti.
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Si tú te humillases de verdad, yo exaltaría con todo mi corazón en el Señor por tu renacimiento espiritual. Si un verdadero y angustiante arrepentimiento golpease la profundidad de tu corazón, yo podría con justicia gozar de una alegría inimaginable. Por esta razón, alma, eres por encima de todo digna de llanto: ¡porque no lloras! Se hace necesario el dolor de los demás, desde el momento que no experimentas dolor por el peligro de la ruina que te amenaza; y eres digna de condoler con las más amargas lágrimas de la compasión fraterna porque ningún dolor te turba y no te puedes dar cuenta de la envergadura de tu desolación. ¿Por qué finges no ser consciente del peso de tu condenación? ¿Por qué no detienes este continuo acumular la ira divina sobre ti, bien enfangándote en los pecados, bien ensalzándote en la soberbia?”
Nuestro Señor Cristo Jesús a Santa Catalina de Siena sobre la sodomía. Diálogo de la Divina Providencia.
“Te hago saber, queridísima hija, que a vosotros y a ellos (los sacerdotes) os exijo tanta limpieza en este sacramento (del Santo Sacrificio de la Misa) cuanta es posible al hombre en esta vida. En cuanto esté de vuestra parte, y de la de ellos, debéis procurarla sin cansancio. Debéis considerar que si fuese posible que una naturaleza angélica se purificase para este misterio, sería necesario que lo hiciera de nuevo. No es posible, porque un ángel es puro, pues no puede caer en el veneno del pecado. Te indico esto para que veas cuánta pureza os exijo en este sacramento a vosotros y especialmente a ellos. Pero hacen lo contrario, porque van completamente sucios a este misterio; no sólo con la inmundicia y fragilidad a que naturalmente os halláis inclinados por vuestra débil naturaleza. Ellos (los que caen en impureza), desgraciados, no sólo no dominan esta fragilidad, aunque la razón lo puede hacer cuando lo quiere el libre albedrío, sino que obran aún peor, porque cometen el maldito pecado que es contra la naturaleza (la sodomía). Como ciegos y tontos, ofuscada la luz de su entendimiento, no reconocen la pestilencia y miseria en que se encuentran, pues no sólo me es pestilente a mí, sino que ese pecado desagrada a los mismos demonios, a los que esos desgraciados han hecho sus señores. Tan abominable me es ese pecado contra la naturaleza, que sólo por él se hundieron cinco ciudades como resultado de mi juicio, al no querer mi divina justicia sufrirlas más; que tanto me desagradó ese abominable pecado.
Es desagradable (la sodomía) a los demonios, no porque les desagrade el mal y se complazcan en lo bueno, sino porque su naturaleza fue angélica, y esa naturaleza rehúye -le repele- ver cometer tan enorme pecado en la realidad. Cierto es que antes les ha arrojado la saeta envenenada por la concupiscencia; pero, cuando el pecador llega al acto de ese pecado, el demonio se marcha por las razones dichas.
Si te acuerdas bien, sabes cómo antes de la mortandad (la plaga de 1374) te manifesté lo desagradable que me resultaba este pecado y cuán corrompido se hallaba el mundo por él. Por lo que, elevándote sobre ti misma con santo deseo y con sublimación de espíritu, te mostré el mundo entero, y viste en casi toda la gente este miserable pecado y cómo los demonios escapan de él, como te he dicho. Y sabes que recibiste tanta pena, que te parecía estar casi a la muerte. No encontrabais lugar dónde refugiaros, tú y los otros servidores míos, para que esta lepra no os contagiase. No encontraste quien te pudiera cobijar entre los pequeños ni con los grandes, con los jóvenes ni con los viejos, con los religiosos ni con los clérigos, con los prelados ni con los súbditos, se hallaban contaminados por esta maldición.
Te lo manifesté en general; no lo hice con los particulares que por excepción no se contaminaron, pues entre los malos he guardado algunos buenos. La santidad de éstos detiene a mi Justicia para que no mande a las piedras que se vuelvan contra ellos, ni a la tierra que se los trague, ni a los animales que los devoren, ni a los demonios que les saquen el alma del cuerpo. Más bien voy encontrando caminos y modos para poder hacer misericordia, esto es, para que se enmienden, y como instrumentos tomo a mis servidores, que están sanos y leprosos, para que intercedan por ellos.
Alguna vez mostraré a éstos, como una vez hice contigo y como tú sabes, estos miserables pecados, para que sean más solícitos en buscar la salvación y me ofrezcan oraciones por ellos con mayor compasión y dolor por los pecados y por la ofensa que me hacen. Si te acuerdas bien, una bocanada de esta pestilencia te afectó tanto, que no podías más, como me dijiste: “¡Oh Padre eterno!, ten misericordia de mí y de tus criaturas. Sácame el alma del cuerpo, porque parece que no lo sufro más, o dame refrigerio y enséñame el lugar de los otros servidores, los tuyos, donde podamos descansar, para que esta lepra no nos pueda dañar ni quitar la limpieza de nuestra alma y de nuestros cuerpos”.
Yo te contesté volviéndome hacia ti con ojos de piedad, y te dije y repito: “Hijita mía: sea vuestro reposo dar gloria y alabanza a mi Nombre e incensarme con la oración continua por estos pobrecillos que se hallan en tanta miseria, haciéndose dignos del juicio divino por sus pecados. El lugar donde os cobijéis sea Cristo crucificado, mi Hijo unigénito, habitando y escondiéndoos en la caverna de mi costado, donde gozaréis, por afecto de amor, en la naturaleza humana de Cristo, mi naturaleza divina. En aquel corazón abierto encontraréis mi caridad y la del prójimo, pues por honor a mí, el Padre eterno, y por la obediencia que le impuse para vuestra salvación, sufrió la afrentosa muerte en la santísima Cruz. Viendo y experimentando este amor, seguiréis sus enseñanzas alimentados en la mesa de la Cruz, es decir, soportando por caridad a vuestro prójimo con verdadera paciencia: en penas, tormentos y fatigas, vengan de donde vengan. De esta manera combatiréis la lepra y huiréis de ella.
Este es el remedio dado a ti y a los otros; pero, con todo eso, no se quitaba de tu alma la sensación de la pestilencia y de tiniebla de los ojos del entendimiento. Mi divina providencia, sin embargo, lo remedió, dándote del Cuerpo y de la Sangre de mi Hijo, Dios y hombre entero, tal como lo recibís en el Sacramento del Altar. En señal de que era verdad, se quitó el hedor por medio de la fragancia que recibiste en el Sacramento, y las tinieblas desaparecieron por medio de la luz que en él recibiste. De modo admirable, tal como plugo (place) a mi bondad, quedaste con la fragancia de la sangre en la boca y en el paladar de tu cuerpo durante muchos días, tal como sabes.
Ves, por tanto, hija mía, lo abominable que es este pecado a toda criatura. Piensa ahora que lo es mucho más en aquellos elegidos por mí para que vivan en estado de continencia, entre los que se encuentran los sacados del mundo por medio de la vida religiosa, como plantas sembradas en el cuerpo místico de la santa Iglesia; entre ellos se encuentran los ministros del Altar. Nunca podréis entender cuánto me desagrada ese pecado entre ellos, además del que recibo de los pecadores del mundo en general, porque están puestos sobre el candelero, son administradores míos, de verdadero Sol, para luz de la virtud y de santa vida; y, sin embargo, lo administran estando ellos en tinieblas.
Tan llenos se encuentran de ellas (las tinieblas), que de la Sagrada Escritura no ven ni entienden más que la corteza, la letra, debido a la hinchazón de su soberbia. Por ser inmundos y lascivos, aunque tienen luz de por sí, de donde la tomaron mis elegidos por razón: es la luz sobrenatural que procede de mí, verdadera Luz, tal como te dije en otro lugar, la reciben sin sacarle el gusto, por no estar en orden el paladar de su alma. Corrompidos por el amor propio y la soberbia, con el estómago atiborrado de inmundicia, deseando dar satisfacción a sus desordenados deseos, repletos de codicia y de avaricia, cometen sin pudor sus pecados. Caen en el pecado de la usura muchos miserables, aunque esté prohibida por mí.”














