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La Santísima Natividad y el Último Evangelio de la Misa (San Juan 1:1-18)

diciembre 25, 2020

Murillo. La adoración de los pastores

Y EL VERBO SE HIZO CARNE, Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS; y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad. (S. Juan 1, 14)

La Santísima Natividad es el día más festejado en todo el orbe. Pero también ha sido de los más tergiversados y confundidos por los impíos.

Es el gran amor del Verbo Divino entregado a los padecimientos de la carne, para sacrificarse por quienes creyeran en su nombre y lograr así su salvación eterna. 

Y ¿quién lo explicó mejor que el Espíritu Santo a través de San Juan, el discípulo amado?. Nadie. 

La Nueva Misa Montiniana alteró diversas partes de la Santa Misa Católica, pero la parte que quiso destruir y no dejar huella, fue las oraciones al final de la Misa, especialmente la oración a San Miguel Arcángel compuesta por el Papa León XIII y el Último Evangelio, el Misterio de la Encarnación y la Redención, explicados por el Espíritu Divino por medio de San Juan.

En este Evangelio, el Espíritu Santo, a través del discípulo amado, San Juan, precisó como nunca nadie ha podido precisar el Misterio de la Encarnación, y el significado de la llegada al mundo de nuestro Salvador, así como el rechazo de el pueblo hebreo, el cual le rechazó (pero las tinieblas no la han recibido).

Asimismo, este Evangelio habla con claridad del hecho de que la salvación fue reservada para aquellos que creen en su Nombre, los verdaderos cristanos, a quienes dio la potestad de llegar a ser hijos de Dios; “no de la carne ni de la sangre” como ferozmente sostienen los hebreos cabalistas; a quienes Él vino, aunque “los suyos no le recibieron”. 

Salvo en los misales y demás textos católicos (VULGATA LATINA), la mayoría de antes del Vaticano II, es muy difícil encontrar el verdadero texto y la correcta traducción del ÚLTIMO EVANGELIO.

La Sagrada Familia. Murillo

(Texto y traducción tomados del Ordinario de la Misa anterior a 1962)

1. En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios.

In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.

2 Él estaba en el principio en Dios.

Hoc erat in principio apud Deum.

3 Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas.

Ómnia per ipsum facta sunt, et sine ipso factum est nihil quod factum est.

4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres,

In ipso vita erat, et vita erat lux hóminum,

5. y esta luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la han recibido.

et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt.

6 Hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan.

Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes.

7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por él todos creyesen.

Hic venit in Testimonium, ut Testimonium perhibéret de Lumine, ut omnes créderent per illum.

8 No era él la Luz, sino el que había de dar testimonio de la Luz.

Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de Lúmine.

9 (El Verbo) era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

Erat lux vera quae Illuminat omnem hominem veniéntem in mundum hunc.

10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Él; ¡mas el mundo no le conoció!.

In mundo erat, et mundus por ipsum factus est, et mundus eum no cognóvit.

11 ¡Vino a los suyos!, y los suyos no le recibieron.

In propria venit, et sui eum no recepérunt,

12 Pero a los que le recibieron, que son los que creen en su Nombre, dióles potestad de llegar a ser hechos hijos de Dios;

quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem Filios Dei fieri, his qui credunt in nomine ejus

13 los cuales nacen, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de voluntad de varón, sino que nacen de Dios.

ex qui no sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt.

14 Y EL VERBO SE HIZO CARNE, Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS; y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Et Verbum caro factum est, et habitávit in nobis: et gloriam ejus Vidimus, gloriam quasi Unigéniti a Patri, plenum gratiae et veritatis.

15 Juan dio testimonio de Él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

Iohannes testimonium perhibet de ipso et clamat dicens hic erat quem dixi vobis qui post me venturus est ante me factus est quia prior me erat

16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

et de plenitudine eius nos omnes accepimus et gratiam pro gratia

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

quia lex per Mosen data est gratia et veritas per Iesum Christum facta est

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Deum nemo vidit umquam unigenitus Filius qui est in sinu Patris ipse enarravit

Deo Gratias

A pesar del SARS-CoV-2, instalan antricristiano árbol en Rockefeller Center de NY

noviembre 29, 2020

El árbol de navidad comunista: una costumbre anticristiana

noviembre 29, 2020

Lenin y el abeto de Navidad

La Unión Soviética realizó una campaña de propaganda en favor del Abeto de Navidad mediante un cuento El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki – Lenin y los Niños.

El cuento El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki – Lenin y los Niños habla de una celebración de año nuevo que se llevó a cabo en la Escuela Forestal de Sokolniki. Esta escuela dio asilo a hijos de revolucionarios, huérfanos de guerra, niños enfermos, vagabundos, etc. Allí se les daba formación académica, y simultáneamente se les formaba en el trabajo, el arte y la ciencia, con altos valores comunistas: en la igualdad, la cooperación, la fraternidad, entre otras cosas. Sumado a lo anterior, la Escuela Forestal era uno de los lugares donde se podía dar atención médica y recuperación a los enfermos durante la Guerra Civil.

Ilustraciones de la propaganda comunista El Árbol de Año Nuevo en Sokolniki- Lenin y los Niños

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El origen anticristiano del Árbol de “Navidad”

arbol plaza roja de moscú

Desde la Revolución Comunista Atea, un gigantesco árbol se coloca en la Plaza Roja de Moscú. 

El conocido “árbol de navidad”, en realidad es el “árbol del universo” de origen druida, tal y como lo afirman TODAS las narraciones del mismo. No existe una sola que asegure que el “árbol del universo” tiene una tradición originada en el cristianismo. Incluso la Nueva Iglesia conciliar reconoce que el origen se remonta al paganismo naturalista.

Todas las fuentes señalan a los sacerdotes druidas, los mismos del Halloween, los que sacrificaban seres humanos a sus dioses paganos, como los autores del “árbol del universo”, aunque para ellos era:

arbol pagano

“Celebrar el cumpleaños de uno de sus dioses adornando un árbol perenne, coincidiendo en cercanía con la fecha de la Navidad cristiana”.

El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo), en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard y el Valhalla; mientras que en las raíces profundas se encontraba EL INFIERNO.

Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el infierno o reino de los muertos).

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El árbol de Navidad del Rockefeller Center (años cincuentas)

¿Quién lo inventó?

(Transcrito de Dutche Welle/ Heike Jüngst / RML)

El árbol de Navidad es “un invento”, afirma el ensayista Bernd Brunner en un libro que titula justamente: “La invención del árbol de Navidad”. Según sus investigaciones, ningún texto de historia da cuenta de una fecha de nacimiento exacta de la ahora central pieza del decorado navideño, no sólo en Alemania.

Podría haber aparecido por primera vez en Friburgo, en el año 1419, donde se dice que una panadería-dulcería lo adornó con galletas de especias y nueces. Pero nadie puede demostrarlo. Otras ciudades como Tallin, la capital de Estonia, o Riga, la de Letonia, se adjudican también la invención y exposición del primer árbol de Navidad. Pero la leyenda de Friburgo es de todos hermosa: en año nuevo, según se cuenta, se les permitió a los niños sacudir y saquear el árbol repleto de golosinas.

Las más antiguas pruebas documentales de la presencia de un árbol de Navidad provienen del suroeste del espacio lingüístico germano, sobre todo de zonas protestantes. Desde la alsaciana Sélestat (Schlettstadt, en alsaciano y alemán) se ha transmitido hasta nuestros días la noticia de que personas notables de la localidad adornaron un árbol con manzanas y obleas, que luego podían ser degustadas el Día de Reyes.

Existen además pruebas documentales de que la Catedral de Estrasburgo exhibió un árbol de Navidad en 1539. Y aunque fueron los gremios y asociaciones quienes terminaron por establecer la presencia de estos arbustos coníferos siempre verdes en sus sedes, la costumbre no se expandió a las casas sino hasta entrado el siglo XIX. Eso sí, sólo las clases adineradas podían darse este lujo. Al pueblo le tocó conformarse en principio con gajos de frescura y duración limitadas.

De culto de brujas a tradición protestante

wicca

Estdiantes Wicca en la Universidad de Vanderbilt

Los estudiantes Wicca y paganos de la Universidad de Vanderbilt pueden tener un día de excusa fuera de la clases para bailar alrededor del árbol de los hechiceros. 
La Oficina de asuntos religiosos de la Universidad Vanderbilt envió a los profesores en el calendario 2011-12 de “días santos, religiosos y ceremonias” (una política relacionada con las ausencias justificadas del estudiante), en la cual aparecen cuatro de los días en el calendario que serían considerados como “Wicca / Pagan”. 
La Wicca o brujería, es una forma de paganismo, un término general para las creencias en múltiples dioses y diosas. Algunos creyentes religiosos consideran el paganismo es una tendencia contracorriente, ya que se opone a la tradición monoteísta del cristianismo, el judaísmo y el Islam. 

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Los Lutero junto al “árbol navideño”

Sobre las más profundas raíces de esta tradición circulan también numerosas teorías. Antiguas culturas, que practicaron la adoración de bosques y plantas sagradas, consideraban que en los llamados árboles de hojas perennes habitaban dioses, que eran fuentes de vida. Se les asociaba con la salud, fertilidad, fuerza vital, protección. Los romanos coronaban sus casas con ramas de laurel para saludar el nuevo año. Pero el actual árbol cristiano surgió con la novena de Navidad, en el Medioevo, cuando la doctrina cristiana comenzó a representarse como pieza teatral para los fieles iletrados.

Durante mucho tiempo, las iglesias se negaron a tolerar el árbol pagano.

arbol oficial

Paulatinamente, los árboles paganos fueron introducidos en los pueblos desde el poder de los gobiernos de los países protestantes.

“Pero el pueblo se impuso y la iglesia evangélica, siguiendo su tradición democrática, convirtió al árbol de Navidad en símbolo de estas festividades para todo creyente protestante”, sonríe Myers.

Según fuentes históricas, fue hacia fines del siglo XIX que el árbol de Navidad apareció también en las regiones católicas de Alemania y Austria.

El primer árbol iluminado se registra alrededor del año 1611, cuando la duquesa Dorothea Sibylle de Silesia le agregó velas al decorado. En torno a 1830 se sumaron las esferas de cristal soplado. Según la leyenda, la idea de estas esferas coloridas se le ocurrió a un pobre vidriero de la oriental Lauscha, en Turingia, que no podía darse el lujo de colgar en el árbol las caras nueces y manzanas de los ricos. Cierto o no, el hecho es que, hasta el día de hoy, la región es internacionalmente conocida como una de las más importantes en el arte del soplado de vidrio en  Europa Central.

De cristal o plástico, las esferas son hoy parte indiscutible del decorado del árbol navideño. Chillonas o clásicas, de uno o varios colores, según se ponga de moda. Con el paso del tiempo la decoración del árbol se ha vuelto cada vez más opulenta y suntuosa. Y las más “increíbles” tendencias de la moda se muestran cada año en la Christmasworld, la mayor feria internacional de decoración navideña, en Fráncfort del Meno, cuenta también el pastor Jeffrey Myers. Si uno se fija en todo lo que allí se muestra, puede llegar a la conclusión de que el árbol ha vuelto a su origen pagano, dice.

El pastor ya estuvo en la feria una vez, en un pabellón de la iglesia evangélica, para insistir en el significado religioso de la festividad: aunque nadie sepa la fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazareth, la Navidad es la celebración del nacimiento de Jesucristo y “muchos lo han olvidado”, cree Myers. No obstante, en Alemania, el pastor se siente a gusto: después de enterarse de todas las tendencias, los alemanes siguen colgando en el árbol lo mismo que colgaban en su niñez. De ahí que, por estas tierras, las clásicas bolas rojas, plateadas y doradas sigan brillando entre las ramas siempreverdes del abeto navideño.

A 57 años de la traición contra la Santa Misa: la misa “versus Deus”

noviembre 22, 2020

Votación final del “concidiábolo”:

2,159 placet, 19 non placet y 1 voto nulo

(¿de quién sería ese cobarde voto nulo y el de los 19 católicos que permanecieron fieles a la Santa Misa?)

Ese fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando fue votada la reforma litúrgica, también fue asesinado John F. Kennedy, quien se negó a defender su supuesta Fe Católica y abandonó a Vietnam a su suerte.

Ese fatídico 22 de noviembre de 1963, los enemigos de la Iglesia consolidaron el Misterio de la Iniquidad.

Ese fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando fue votada la reforma litúrgica, también fue asesinado John F. Kennedy, quien se negó a defender su supuesta Fe Católica y abandonó a Vietnam a su suerte.

Ese fatídico 22 de noviembre de 1963, cuando fue votada la reforma litúrgica, también fue asesinado John F. Kennedy, quien se negó a defender su supuesta Fe Católica y abandonó a Vietnam a su suerte.

“El altar de cara al pueblo o la restauración de la oración universal”

(Transcrito de Religión Digital/ Josep M. Bausset)

El 4 de diciembre, se cumplen 53 años de la clausura solemne de la segunda etapa conciliar, con la aprobación y promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, la primera Constitución aprobada por el Vaticano II.

El debate sobre la Sacrosanctum Concilium duró desde el 22 de octubre al 13 de noviembre de 1962, durante la primera etapa conciliar. El número de Padres conciliares que hicieron uso de la palabra, fueron 253, el de les intervenciones orales, 253, y las escritas, 625, cosa que denota el interés que suscitó el tema litúrgico, sobre todo por lo que hacía referencia las lenguas vernáculas.

Aquí hay que agradecer al obispo Josep Pont i Gol, de Sogorb-Castelló, Narcís Jubany, de Girona i Ramon Masnou, de Vic, el esfuerzo que hicieron para hacer entender a los obispos españoles, que el catalán también era una lengua litúrgica, ya que la mayoría de los obispos, creían que solo lo podía ser el castellano.

Fueron tres las subcomisiones que reelaboraron el texto debatido, claramente renovador, y que fue presentado a los obispos el 7 de diciembre de 1962. Este texto fue repartido el 29 de septiembre de 1963, y las discusiones y votaciones tuvieron lugar del 8 al 31 de octubre y del 18 al 22 de noviembre, día en que fue votado, con el siguiente resultado: 2159 placet, 19 non placet y 1 voto nulo. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia entró en vigor el 16 de febrero de 1964.

Con la Sacrosanctum Concilium, finalmente eran admitidas les lenguas vernáculas de África, Europa, Asia, América y Oceanía.

Tanto el P. Adalbert Franquesa, monje de Montserrat, como el P.Adrien Nocent, monje benedictino de Maredsous y profesor del Instituto Litúrgico de San Anselmo de Roma, participaron activamente, asesorando a los obispos.

Entre les reformas más visibles de la Sacrosanctum Concilium, había, además de la introducción de les lenguas vulgares, el altar de cara al pueblo, la restauración de la oración universal, el canon en voz alta y en lengua vernácula, la comunión con el pan y el vino de la Eucaristía, el canto religioso popular, la reforma de los rituales de los sacramentos o la concelebración.

No hace falta decir que la reforma litúrgica fue aceptada, por el hecho que permitía comprender mejor la celebración, ya que los fieles no solo oraban juntos, sino que también cantaban con las lenguas vernáculas. Había en todas partes, un verdadero entusiasmo por la reforma litúrgica. El obispo Bernard Yago, de Costa de Marfil decía: “Dios nos pide que cantemos y recemos según nuestra alma africana, ya que hasta ahora lo habíamos hecho según una tradición latina”.

A 56 años… ¿Desde qué punto de la Plaza Dealey le dispararon a JFK?

noviembre 22, 2020

Foro Católico: La trayectoria recta demuestra que a JFK le dispararon desde la alcantarilla. Por eso nadie vio al asesino… aunque el olor a pólvora era intenso…

La simple trayectoria demuestra que a Kennedy le dispararon desde la alcantarilla. Por eso nadie vio al asesino aunque el olor a pólvora era intenso...

En el cuadro 313 se aprecia la trayectoria de la bala, impactada en la parte fronal de la cabeza de Kennedy.

En el cuadro 313 (TERCER DISPARO) se aprecia la trayectoria del tercer impacto  en la parte frontal de la cabeza de Kennedy. Incluso el proyectil deja una estela rojiza con trayectoria ascendente al rebotar en el cráneo del presidente. 

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El proyectil entró por la parte frontal y le partió la cabeza en dos a JFK …

La entrada no pudo ser por la parte posterior como alegaba la Comisión Warren.

La entrada no pudo ser por la parte posterior como alegaba la Comisión Warren.

El disparo letal dejó una estela de vapor en la fotografía... de la parte inferior derecha a la parte superior izquierda.

El disparo letal dejó una estela de vapor ASCENDENTE FRONTAL en la fotografía… de la parte inferior derecha a la parte superior izquierda.

Pero, ¿de dónde vino el disparo…?

“decenas de testigos habían oído disparos, visto salir humo y haber olido a pólvora”

Respaldando la teoría de que un disparo se habría producido a partir de un colector de aguas pluviales en la Plaza Dealey, ese día en Dallas, Garrison declaró en televisión que la bala que mató a Kennedy fue “disparada por un hombre, de pie, en una alcantarilla”.

Por lo tanto, Garrison añadió un hombre XVI al equipo que, según él llevó a cabo el asesinato y el quinto lugar de la que ha dicho que los disparos fueron realizados. (Jim Garrison Dealey Plaza Shooting Scenario, Playboy oct. 1967, pág. 215-216).

(Ver un video de la explicación científica)

Otro aquí en castellano

(Y hasta una dramatización del atentado desde la alcantarilla)

Los testigos que estaban del lado norte, afirman que escucharon disparos y recibieron el impacto de fuerte olor a pólvora.

Los testigos que estaban del lado norte de la Plaza Dealey,  afirman que escucharon disparos y recibieron el impacto de un fuerte olor a pólvora.

¿Por qué el policía se detiene a inspeccionar la alcantarilla justo unos segundos después del disparo?.

¿Por qué el policía se detiene a inspeccionar la alcantarilla de la Plaza Dealey justo unos segundos después del disparo?.

Entrada a la famosa alcantarilla de la Plaza Dealey.

Entrada a la famosa alcantarilla de la Plaza Dealey.

El interior de la alcantarilla bajo Plaza Dealey.

El interior de la alcantarilla bajo Plaza Dealey.

La alcantarilla y la visión que ofrecía a un tirador.

La alcantarilla y la visión que ofrecía a un tirador.

1. El investigador J. Brazil se introduce en la famosa alcantarilla.

1. El investigador J. Brazil se introduce en la famosa alcantarilla.

 

Desde la alcantarilla, Brazil muestra la vista que  tenía un tirador.

2. Desde la alcantarilla, Brazil muestra la vista que tenía un tirador.

Al final muestra la salida, la ruta de escape a cientos de metros del sitio del atentado.

3. Brazil al final muestra la salida, la ruta más segura de escape, a cientos de metros del sitio del atentado.

Desde la alcantarilla, un tirador oculto a tan sólo unos metros de Kennedy ers la única posibilidad real.

Desde la alcantarilla, un tirador oculto a tan sólo unos metros de Kennedy ers la única posibilidad real. Fotografía tomado hace unos meses por Google Earth.

Fotografía actual de la vieja alcantarilla.

Fotografía actual de la vieja alcantarilla (fuente Google Earth).

La introducción del “árbol de navidad” en España e Inglaterra, obra de criptohebreos (parte segunda)

noviembre 16, 2020
Preparan un árbol de seis metros en el Castillo de los Windsor.
El árbol navideño del Castillo de Windsor en 1857

De las navidades victorianas procede la costumbre de adornar las casas con un abeto iluminado, tal y como mandó hacer el príncipe Alberto por primera vez en la Navidad de 1841, idea que copiaron rápidamente las clases altas del país al publicarse diferentes grabados de la familia real alrededor del árbol. Y también fue entonces cuando aparecieron las primeras felicitaciones navideñas impresas, a raiz de que un editor, llamado Sir Henry Cole, encargase en 1843 la primera, idea que adquirió la familia real y fue imitada por el resto de la aristocracia y las clases altas.

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La introducción del árbol de “navidad” en realidad significa la adoración por la dinastía dorada que gobierna al mundo.


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Otra costumbrita generada en Londres… la reina Victoria, procedente de la “nobleza” alemana.

Los árboles de Navidad ahora se convirtieron en furor en los círculos ingleses de la clase alta, quienes transformaron sus árboles navideños en el centro de las celebraciones y también competían por ver quiénes tenían los árboles más espectaculares. Los árboles navideños de principios del siglo XX eran cubiertos con velas, juguetes y adornos de madera pintados. Cuando la reina Carlota murió, en 1818,la tradición del árbol de Navidad estaba firmemente establecida en la sociedad inglesa, y continuó floreciendo a lo largo de los años 1820 y 30.

La reina Victoria, nieta de Jorge III y Carlota, conoció la costumbre de los árboles navideños en su infancia: “Después de cenar, como cada año, en el palacio de Sandringham… nos dirigimos al salón de dibujo cerca del comedor… Allí había dos grandes mesas sobre las cuales se encontraban dos árboles de Navidad decorados con luces y todo tipo de adornos. Los regalos estaban cuidadosamente colocados alrededor de los abetos“, escribió la monarca en su diario a la edad de trece años.

Cuando en diciembre de 1840, el príncipe Alberto -casado desde 1838 con la reina Victoria- importó varios ejemplares de abeto de su Coburgo natal, no eran una novedad para la aristocracia inglesa. Sin embargo, no fue hasta que periódicos como el “Illustrated London News“, “Cassell’s Magazine” y “The Graphic” comenzaron a describir minuciosamente los árboles de Navidad de la familia real todos los años desde 1845 hasta finales de la década de 1850, que la costumbre de establecer tales árboles ingresaron en los hogares de la gente común en Inglaterra.

Es durante la época victoriana que la cena que hoy asociamos con la Navidad empezó a tomar forma. Las primeras recetas victorianas  se hicieron inicialmente de carne, comenzó a ganar popularidad en algunos de los niveles más altos de la sociedad y se convirtieron en los pasteles de carne picada que hoy conocemos.

El pavo asado también tiene sus inicios en la Gran Bretaña victoriana. Anteriormente otras formas de carne asada como la carne de gallina eran la pieza central de la cena de Navidad. El pavo se añadió a esta por los sectores más ricos de la comunidad en el siglo 19, pero su tamaño perfecto para una reunión de familia de clase media significó que se convirtió en el plato dominante a principios del siglo 20.

Mientras que los villancicos no eran nuevos para los victorianos, era una tradición que se  revivió y popularizó. Los victorianos villancicos eran  considerados como una forma deliciosa de entretenimiento musical. Las palabras antiguas fueron puestos a nuevas canciones y la primera colección importante de villancicos fue publicado en 1833.

Isabel II posa junto a su árbol personal.

Quién introdujo el “árbol de navidad” y su significado anticristiano (Primera de tres partes)

noviembre 14, 2020

La introducción del “árbol del universo” en España e Inglaterra, obra de criptohebreos

El borbonista Pepe Osorio junto a su mujer (no católica) Sofía Troubetzkoy, introductores del “árbol del universo” en España, en una fotografía tomada en Deauville en la primavera de 1869, pocos días después de su boda.

El “árbol del universo” ahora llamado “árbol de navidad” fue introducido por primera vez en la Alemania luterana a principios del siglo XVII. Fue hasta el siglo XIX cuando apareció en los países protestantes de Finlandia, Rusia e Inglaterra. Primeramente en el castillo de los Windsor (los hebraizados von Battemberg) quienes lo hicieron parte de su ornamentación navideña a mediados del siglo XIX.

Igualmente fueron los borbonistas hebraizados quienes lo llevaron a España hasta 1870. Se sabe que fue introducido por la duquesa “rusa” -no católica- Sofía Sergeïevna Troubetzkoy mujer de un líder de la restauración borbónica; José Isidro Osorio y Silva-Bazán, hijo de la marrana Inés Francisca de Silva-Bazán (1806-1865), hija a su vez del hebreo marrano José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein y de la marrana Joaquina María Téllez-Girón y Alfonso Pimentel.

En España hubo grandes detractores de esta tradición como Dolors Cos en 1930 o Ramón Violant en 1948 que se quejaba de que mezclado entre los puestos de venta de figuras y adornos también aparecieran árboles de Navidad.

La reintroducción del árbol en Alemania, atribuida al heresiarca Martín Lutero

Grabado de la familia de Lutero.

(Información tomada de el sitio de la Universidad de Murcia)

La cultura alemana reconoce a Martín Lutero como fundador de la “fe” Protestante y como “padre del árbol de navidad”. Se cuenta que Lutero regresaba a Wittenberg, una silenciosa y fría noche de vigilia, y quiso recrear, adornando con pequeñas velas un abeto doméstico, la impresión fabulosa que tuvo al observar los árboles helados del bosque que resplandecían bajo la luz de las estrellas… quizá haya sido un intento de la iglesia alemana reformada por conservar una costumbre pagana, viva en el pueblo, atribuyéndole un carácter cristiano.

Martin Luther with his family to the

Martin Luther con su familia alrededor del “árbol de navidad”.

La costumbre se arraigó en Alemania y los países escandinavos en los siglos XVI y XVII, de allí paso a Inglaterra: primero fueron los soberanos de la casa de Hannóver, Jorge III (y sobre todo su esposa Carlota), y más tarde el Príncipe Consorte Alberto de Sajonia-Coburgo, celebre marido de la reina Victoria. Cabe pensar que el abeto decorado en los hogares, podría considerarse, en cierto sentido, como una prueba de fidelidad monárquica.

¿Cuándo inició el uso del árbol en el Vaticano?

El primer arbolote se introdujo durante el reinado de Juan Pablo II.

Desde 1982, cada año un país regala al Vaticano un árbol navideño. Una tradición que comenzó Juan Pablo II y que dura hasta nuestros días: Ver en Rome Reports 

(Transcrito de Azteca Noticias)

Arbolote en el Vaticano.

Ciudad de El Vaticano, El Vaticano.- Un abeto blanco de 24 metros adornará la Plaza de San Pedro de El Vaticano para las fiestas navideñas. El árbol será extraído de un bosque de la provincia italiana de Isernia. 

El árbol ya fue identificado y será extraído del Bosque de los Abetos Soberanos, ubicado en la localidad de Pescopennataro, el próximo 5 de diciembre. 

Con una grúa de la Protección Civil italiana el árbol será movilizado, envuelto en una red que sostendrá las ramas para posteriormente ser izada por un helicóptero del Cuerpo Forestal del Estado, que la trasladará hasta un valle cercano. 

Primacy of the tree before the Cross.

En la Plaza de San Pedro: Primacía del árbol navideño por delante de la Cruz.

El árbol será posicionado sobre un camión de unos 30 metros de largo que lo transportará hasta la Plaza de San Pedro, donde será descargado por empleados de El Vaticano que lo adornarán con cientos de esferas y miles de luminarias. 

Como es tradición, el árbol será ubicado junto al obelisco central de la plaza y a un lado de la estructura que contendrá un nacimiento gigante. El abeto será iluminado durante una ceremonia el 14 de diciembre entrante, mientras que el pesebre será inaugurado la tarde del 24, víspera de Navidad.

San Bonifacio destruyó el “árbol de navidad”, 20 elocuentes pinturas y grabados lo demuestran

noviembre 12, 2020

Alrededor del año 723 San Bonifacio se dirigió a la región de la Baja Sajonia. Una comunidad de paganos cerca de Geismar iban a realizar un sacrificio humano (donde usualmente la víctima era un niño) a Thor, el dios del trueno, en la base de un roble al que consideraban sagrado y que era conocido como “El Roble del Trueno”.

Bonifacio, quiso destruir el Roble del Trueno no sólo para salvar a la víctima sino para mostrar a los paganos que él no sería derribado por un rayo lanzado por Thor.

El Santo y sus compañeros llegaron a la aldea en la víspera de Navidad justo a tiempo para interrumpir el sacrificio. Con su báculo de obispo en la mano, Bonifacio se acercó a los paganos, que se habían reunido en la base del Roble del Trueno, y les dijo: “aquí está el Roble del Trueno, y aquí la cruz de Cristo que romperá el martillo del dios falso, Thor”.

El verdugo levantó un martillo para ejecutar al pequeño niño que había sido colocado para el sacrificio. Pero en el descenso, el Obispo extendió su báculo para bloquear el golpe y milagrosamente rompió el gran martillo de piedra y salvó la vida del niño.

Después, se dice que Bonifacio habló así al pueblo :“¡escuchen hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, salvo la que la piedad ha dibujado del pecho de una madre. Porque esta es la noche en que nació Cristo, el hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad. Él es más justo que Baldur el Hermoso, más grande que Odín el Sabio, más gentil que Freya el Bueno. Desde su venida el sacrificio ha terminado. La oscuridad, Thor, a quien han llamado en vano, es la muerte. En lo profundo de las sombras de Niffelheim él se ha perdido para siempre. Así es que ahora en esta noche ustedes empezarán a vivir. Este árbol sangriento ya nunca más oscurecerá su tierra. En el nombre de Dios, voy a destruirlo”.

Entonces, Bonifacio tomó un hacha que estaba cerca de ahí, y según la tradición, cuando la blandió poderosamente hacia el roble una gran ráfaga de viento voló el bosque y derribó el árbol con raíces y todo. El árbol cayó al suelo y se rompió en cuatro pedazos.

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La “profecías” de Richard Williamson (segregado de la FSSPX) acerca del Covid-19 y “Covid 21”

noviembre 8, 2020
RespiceStellam

Transcribimos estas supuestas profecías (visión del futuro) realizado por el neo obispo lefebvriano Richard Williamson con el propósito de que dejar constancia de su disposición por preconizar en materia médica y política, y para que en un futuro podamos constatar si fue un profeta o simplemente un hombre que confunde su supuesto oficio eclesiástico con la facultad de sentenciar y sancionar la ciencia médica:

¿PRÓXIMO COVID?

(Transcrito de Eleison Comments del 7 de noviembre de 2020)

“Se espera que en lo que resta de 2020, según una fuente reciente del Canadá, se impongan restricciones secundarias de cierre, con un nuevo “aumento” de las muertes relacionadas con Covid, y la adquisición o construcción apresurada de “instalaciones de aislamiento” en todo el país. Se espera que para el cambio de año se adopten medidas de cierre mucho más estrictas, y que en el año nuevo se introduzca el programa de ingreso básico universal junto con un nuevo virus (Covid-21) que inundará las instalaciones médicas. Se planea para la primavera un tercer cierre, más estricto aún, la imposición del programa de ingreso básico, una gran perturbación económica y para compensar el colapso económico internacional, un alivio total de la deuda por el cual se ofrecerá a los ciudadanos, por parte del gobierno, la cancelación de todas sus deudas a cambio de renunciar para siempre a la propiedad de todas y cada una de las propiedades y activos, y de aceptar las vacunas Covid-19 y Covid-21. ¿Y si algún ciudadano se niega? “Se considerará que son un riesgo para la seguridad y serán reubicados en instalaciones de aislamiento, con sus bienes incautados”.

Como referencia de lo crédulo que es Williamson del aparicionismo y las falsas “profecías”, en otra de sus cartas Eleison, el hereje lefebvriano sostenía que la Virgen María desde 2008 le enviaba mensajes al obispón Bernard Fellay como éste:

 “Dile a Monseñor Fellay que él no puede acercarse más a Roma de lo que él ya está, al margen de cuan bien intencionado el Santo Padre pueda estar”. Y Ella repitió,“Recuerda, al margen de cuan bien intencionado el Santo Padre pueda estar”.

1° de noviembre: CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS SANTOS

noviembre 2, 2020

santos

Transcrito de Mercaba/ Fermín Yzurdiaga Lorca

Jefe Nacional de Prensa y Propaganda de Falange Española de las JONS desde 1937 a 1938

El otoño litúrgico avanza, tiernamente ungido de melancolía, por el paisaje desolado de noviembre. Ya no hay verdor, ni golondrinas, ni rosas. Bajo un cielo absoluto, la tierra levanta los árboles desnudos, como a esqueletos descarnados, para una danza con la muerte; y gime, cuando el labrador le hunde, sin piedad, el arado, en una maravillosa geometría de sementeras y de surcos. Yo no sé, cómo los vendimiadores tienen alientos para cantar al amor pagano un madrigal de racimos, ahora que la naturaleza pena, ante la venida de las nieves, que han de sepultarle, como en el mármol frío de una tumba.

Caminamos por este otoño espiritual con miedo, con fatiga, con nostalgia. El ciclo de Pentecostés, en su largura, nos alejó de los gozos pascuales del Resucitado, cuando prometían al alma las eternas primaveras de Cristo. Y ahora todo se hace incierto, breve como el día, penitencial, sin luz. Los evangelios de estos domingos escriben sobre nuestro corazón, con aquella misma misteriosa mano que helaba la risa sacrílega, en la cena de Baltasar. Es tiempo de rendir cuentas, porque el reino de Dios es semejante a aquel rey que puso en juicio las contabilidades de sus siervos. No se puede servir a Dios y al César sino dando a cada uno lo que le corresponde, porque al entrar en ese festín de las bodas celestes, que es el reino, nuestras vestiduras deben resplandecer de virtudes y de merecimientos: estremece pensar cómo al invitado que se presenta con su túnica mal cosida y sucia, se le arroja a las tinieblas, donde hay llanto y rechinar de dientes. Invitan a pensar estas domínicas de noviembre que cierran el ciclo litúrgico en el drama del apocalipsis de todas las cosas.

Pero aún tiene un respiro de gozo nuestro corazón con esta fiesta de Todos los Santos. Mirad al cielo, extremadamente limpio, en el punto de la amanecida de otoño. Aún arden las estrellas, innumerables como los descendientes prometidos al padre Abraham. ¿No serán esos pequeños mundos de luz los tronos de gloria para cada uno de todos los santos? Pues os diría que, en la hora del alba, palpitan tan vertiginosamente todas las estrellas, que parecen campanas de luz repicando su gloria, en homenaje del sol, que se alza sobre el horizonte jubiloso para engalanar de aureolas a todos los santos. Sí. En la liturgia, el sol es imagen augusta y reverberante de Jesucristo. La luna silenciosa, blanca y humilde, es la Virgen María, espejo claro donde se mira Dios complacido. Y las constelaciones de luceros, como infinitas, todos los santos de la celeste corte.

Vamos a gozar espiritualmente de este día entrañable… que ya descenderá el crepúsculo con la incertidumbre de sus tinieblas…, porque este Sol, Jesucristo, ha de volver al mundo, sobre un escabel de nubes, a juzgar a los vivos y a los muertos. cuando las aguas embravecidas de los mares caigan, como las del Diluvio, para anegar la tierra; y se bamboleen las constelaciones: y los hombres, secos de angustia, sin lágrimas en sus ojos dilatados, le vean llegar en vestiduras de juez. Aún es tiempo de poner un orden sacro en nuestras vidas y de ajustarlas al patrón de los santos.

La investigación especializada de la historia encuentra muy inciertos los orígenes de esta conmemoración litúrgica de la Iglesia. Hay que descender a ese “laberinto de Dios” que son las catacumbas de Roma, para encontrar, en sus minúsculos oratorios Ia presencia de un culto tributado a los apóstoles y a los mártires por las primitivas comunidades. Aquellos cristianos puros vivieron todas las dimensiones de la resurrección de Jesucristo, como un esquema luminoso de esperanza en la propia resurrección. Habían oído a San Pablo. Y sabían que el Cristo total del cielo se completaría con el número desconocido de todos los hombres que conquistaran la corona. Los mártires habían triunfado ya, rotos en las bocas de los leones, o iluminando, con las llamas de su carne encendida, las orgías de los césares. Eran ya un ejemplo, muy exigente, de vida, y una intercesión poderosa delante del Altísimo. Al concepto pagano de vida y muerte, opuso el cristianismo un sentido de trascendencia, que hacia estimar la misma carne como sacra envoltura del alma y templo del espíritu, según lo predicaba el Apóstol. Era nuestro cuerpo un hermano menor—consentido, rebelde, tenebroso—, pero que nos acompañaba, como contraste de prueba y santificación, por las andaduras del destierro. De ahí que la Iglesia prohibiese incinerar los cadáveres o arrojarlos, sin honra ni oraciones en los “puticuli” funerales, edificando, en las catacumbas los cementerios.

En el principio, se trató sólo de una liturgia funeral sin rango de culto verdadero. Pero muy pronto, los grandes nombres de los “atletas de Cristo” aparecieron en los lóculos mortuorios, orlados de emocionadas grafías. Inés, con sangre en sus vellones de dulce cordera, apacentada por el Pastor bueno; Cecilia, al brazo del ángel de su virginidad, que le cubre de azucenas y de rosas: Lucía recogiendo en un cáliz de oro los borbotones de la sangre de su garganta: Sebastián, traspasado de saetas, como en una crucifixión olímpica, y Lorenzo, ardiente de amor y de perdones, entre las brasas que le tuestan, para el banquete de su propia inmortalidad. Así, el sentido militante de la vida cristiana cobra un realismo de ejemplaridad que arrastra, con la luz de estos valientes triunfadores.

Entonces nace, primero, el culto martirial. Cada aniversario del natalicio para la patria del cielo, se celebraba, según atestigua el Líber Pontificalis, una misa sobre sus mismos sepulcros, orlados de flores y de perfumes, que iba, con frecuencia, acompañada por una “vigilia” nocturna de cánticos y de rezos, clausurando la ceremonia las “libaciones” o “comidas funerales” como un signo de fraternidad con los fieles necesitados. La adhesión fervorosa a determinados mártires, y la certeza de su poder celeste, introdujo la costumbre, entre los fieles, de preparar sus enterramientos junto a esos santos sepulcros, con lápidas donde se pide al mártir la intercesión para el tremendo juicio.

Pero hasta el siglo IV no aparece una liturgia colectiva consagrada a “todos los mártires”. Por los Carmina de San Efrén y las Epistulae Syriacae de San Atanasio sabemos que las Iglesias orientales celebraban esta festividad el día 13 de mayo. San Juan Crisóstomo asigna para la Iglesia antioquense la octava de Pentecostés, fecha que aún respetan las comunidades de rito bizantino.

Esta liturgia martirial pasa de Oriente a Roma con el papa San Bonifacio IV—608-15—. Quiso el Pontífice conservar y desenvolver la obra reformadora litúrgica de San Gregorio el Grande. El Líber Pontificalis escribe en su elogio que “alcanzó, del emperador Focas, el templo que lleva por nombre “Panteón”, e hizo de él la iglesia de “Santa María y de Todos los Mártires”. El suceso es trascendente porque se trata del primer templo pagano consagrado al culto de la comunidad cristiana. fue construido el “Panteón” en honra de Júpiter, por Marco Vespasiano Agripa, el 25 a. de Jesucristo, como una dependencia más de las termas imperiales. Después se entronizaron a Marte y Venus, con un sinfín de otras deidades menores, que le definieron como “Templo de las Estatuas”. Es de una suntuosa arquitectura circular, rica en granito, mármoles y oros, con un atrio impresionante por su grandeza y sencillaz. El papa Bonifacio recogió de las catacumbas, las sagradas reliquias de los mártires, que en veinticuatro carrozas fueron portadas procesionalmente con himnos triunfales, y expuestas, en fervor de multitud, a la veneración publica. Pero aún no puede hablarse de una fiesta de Todos los Santos. Se atribuyó a este Pontífice la instauración de la misma, incluso con la fecha del 1 de noviembre, como ahora la celebramos, pero Dom Quentin demostró, a principios de nuestro siglo, que se habían interpretado erróneamente algunos escritos de Beda el Venerable y de Rabano Mauro. Esta fiesta de Todos los Mártires quedó fijada por San Bonifacio, para el día 13 de mayo, ya que las témporas de Pentecostés—fecha heredada de Oriente— impedían, con su ayuno y vigilias penitenciales en San Pedro, el gozo y los esplendores del triunfo de los mártires

Pero cada vez se imponía más el anhelo de festejar a todos los santos: no sólo a los que dieron testimonio con su sangre, sino también a los confesores y doctores, a las vírgenes y a los anacoretas, que ya iban mencionados en el canon de la santa misa, con la fórmula: “los que duermen en el signo de la fe”. El vandalismo de los iconoclastas precipitó el augusto acontecimiento. Gregorio III—731-74l—convoca un concilio el día 1 de noviembre del 731, y sobre la confesión de San Pedro Vaticano excomulga ‘a todos los que, despreciando el uso fiel de la Iglesia, retiren, destruyan o profanen las imágenes de Nuestro Señor Jesucristo, de su gloriosa madre María, siempre Virgen inmaculada; de los apóstoles y de los santos’. Y, como una reparación de aquellas bárbaras mutilaciones de las santas esculturas, erige, en San Pedro, un oratorio a la memoria y culto de todos los santos, muertos por todo el orbe. Una comunidad benedictina celebraba diariamente la liturgia coral, con especiales conmemoraciones de todos los santos, cuyo natalicio honraban las iglesias particulares. Pero aún corren cerca de cien años más, hasta Gregorio IV —827-844—que la fija el día 1.° de noviembre, a instancias del emperador Ludovico Pio y de los obispos de las Galias. Finalmente Sixto IV enriquecía la festividad con una octava solemne y muy amplias indulgencias.

Penetremos ahora en la teología litúrgica de la fiesta. Desde luego, se apoya en la revelación de las Sagradas Escrituras, San Juan, en sus visiones de Patmos, nos dice: “Vi una muchedumbre grande, que nadie podría contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua, que estaban delante del trono y del Cordero, revestidos con túnicas blancas y con palmas en las manos. Clamaban, con grandes voces, diciendo: Salud a nuestro Dios, al que está sentado sobre el trono y el Cordero. Y todos los ángeles estaban, en pie, alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro videntes. Y cayeron sobre sus rostros y adoraron al Señor, clamando: Amén. Bendición, gloria, sabiduría, acciones de gracias, honor y poder a nuestro Dios por los siglos de los siglos, Amén”.

En esa muchedumbre sanjuanista están todos los santos. No sólo los que la Iglesia canonizó, al catalogarles en su martirologio con un doble signo comunitario de intercesión y ejemplaridad, sino todos los justos, que mueren en gracia, y después de bruñidos en el crisol del purgatorio, acceden a la eterna beatitud de Dios: los santos anónimos, sin aureola, también.

San Pablo concibe el reino de Cristo en un horizonte escatológico: está en el mundo, pero no es de este mundo, según la respuesta misteriosa que Jesús diera a Pilato, en aquel acoso incierto de preguntas, la mañana del viernes, en el Pretorio. Dice a sus corresponsales de Corinto, en la primera carta: “Entonces será el fin, cuando Jesucristo entregue a su Dios y a su Padre el reino. Pero es necesario que Él impere en este mundo, hasta poner a todos sus adversarios como escabel de sus plantas”. Para el Apóstol, el reino no es otra cosa que el “pleroma de Cristo’: Jesús, como cabeza de todo el cuerpo místico, completado en ese número desconocido de miembros santos, que coincide con la gloriosa turba vista por San Juan en su Apocalipsis.

Pues aquí lo entrañable de la fiesta. Pensar, con toda ortodoxia, que asisten a esas adoraciones del Cordero gentes de nuestra sangre y apellidos, nuestros familiares, los que vivieron cerca de nosotros la misma problemática de los pequeños gozos, las mismas horas grises de ceniza y miserias que tejen el misterio de cada vida. ¡Cuántos afectuosos cuidados nos dispensará, desde su gloria, la que fue nuestra madre, la hermana, el esposo o el hijo que consagramos al Señor, muerto en la primera trinchera de la conquista de las almas!

Y después un espoleo agudo, penetrante, a nuestra condición de viadores—¡tantas veces lacios y vencidos!— para injertarnos una decisión, una temperatura de santidad. Nos agobia la “santidad extraordinaria”, el ejerclcio de virtudes, en ese grado heroico que la Iglesia exige de sus santos canonizados para levantarles a la g]oria del Bernini. Leemos sus vidas maravillosas y sencillas. Nos arrebatan y nos asombran. Pero a la hora de imitarles, su psicología personal no casa con nuestro temperamento y nuestros contornos sociales de incertidumbre y angustia tampoco nos ayudan.

No fue así a los principios de la cristiandad. Pablo consagra en sus epístolas una manera de saludo para dirigirse a todos y cada uno de los fieles de las comunidades. Y les llama “santos”: “A los santos de Corinto, de Efeso, de Roma’. Se vivía, entonces, el gran mandamiento de la caridad, en una tensión entera y fragante. Eran un corazón, un alma sólo, con todos los bienes materiales y espirituales comunes, unidos por el sacramento de la fracción del Pan. Podemos estimarles como santos de cuerpo entero. Y aunque la Iglesia no haya recogido sus nombres en el martirologio, les honra en este día, porque supieron moldear su existencia según la imagen de Jesucristo, en el cumplimiento exacto de los deberes de su profesión, en las humildes faenas diarias sin brillo, pero ungidas de la caridad y del amor.

¿Ha cambiado, con los tiempos, el módulo de la santidad cristiana? Guardini tiene una respuesta admirable y aguda. La paz de Constantino abrió, para la Iglesia, todas las calzadas imperiales de Roma. Una expansión como de milagro. Pero un grave peligro también. El cristianismo se hace religión oficial. Y aquellas células puras de las catacumbas se ven como asaltadas por una muchedumbre que sólo busca patentes para el forcejeo burocrático, o un camino seguro para el logro de dignidades de gobierno. ¡Y cómo se repite la historia impura en nuestro tiempo! Semejantes cristianos no viven, en su profundidad santlficadora, el código del reino de Dios, predicado por Jesús sobre la Montaña de las Bienaventuranzas, ni se sienten capaces de cargar con las pequeñas cruces domésticas para seguir a Jesucristo, porque su corazón está en la avaricia del oro, en las locuras de la carne, en el orgullo de la vida. Un gran viento helado apaga las lámparas de la fe, mientras la vida cristiana discurre sin gloria y sin pena. Pues, muy lógico que, en estas condiciones, la Iglesia exija de sus santos un comportamiento fuera de serie, virtudes extraordinarias, que les distinga de la plebe civil y espesa.

Entonces el Santo busca la soledad para una más sosegada conversación con su Dios, adelgazando la carne con flagelaciones y ayunos. Y se abren los desiertos, como palestras candentes, para los atletas del silencio. Semejante evasión del mundo puede considerarse egoísta. Pablo de Tebas huye de las persecuciones porque le falta la fortaleza del mártir para dar testimonio entre las bocas de los leones, en los circos. Pero Pablo y Antón, con todos los millares de solitarios que les siguen, se topan en la soledad con el demonio. Y éste es el bárbaro contraste de su santidad. ¡Qué diabluras tan estremecedoras! Pelean a brazo partido con la fiebre de la propia carne, con el zarandeo del demonio, que les turba toda oración, que les veja y les acogota, subiéndose sin respeto a las barbas venerables, mientras sus risas conmueven los infinitos arenales y soplan un siroco abrasador de infierno. Pues cuando triunfan de tan terrible adversario, bien merecen que la áureola de la santidad engalane sus ancianas frentes, amigadas y angélicas.

Otros combaten al demonio de la herejía, cuando la Iglesia desenvuelve los dogmas nuevos, contenidos en la revelación de las Escrituras; y se santifican, quemando la propia existencia en la contemplación y en el estudio: Agustín, Alberto Magno, Tomás de Aquino. Y las vírgenes abren el nardo de su alma para que embalsame de celestes perfumes la cloaca de nuestro mundo: Clara, la pobre de Asís; Matilde la Grande; Gertrudis de Helfta; y nuestra Teresa de Avila, peregrinando para edificarle al Esposo palomares de monjas, entre éxtasis y transverberaciones, trampas del maligno y febriles baldaduras de su pobre cuerpo. La Iglesia exige de sus santos, un resplandor en vida, que destaque e ilumine el chato discurrir espiritual de los fieles cristianos. Naturalmente. A las dictaduras del feudalismo, las Fraternidades mendicantes de Guzmán y Asís oponen el amor del Evangelio, hasta romper una lanza en defensa del hermano lobo. Y Loyola funde en el horno de sus “Ejercicios” un hombre verdadero, y distinto de aquel rebelde, carnal, orgulloso, que había engendrado la falsa reforma luterana. Así, las miserias espirituales y materiales de cada siglo encuentran en los santos de Dios medicina, y un ejemplo de acicate para elevar las vidas vulgares de los fieles cristianos.

Pero ved. Las convulsiones guerreras y revolucionarias de nuestro tiempo han metido a todo el hombre en un trance de crisis profunda. Lo comunitario prima sobre la individualidad, en el ámbito de la vida religiosa y civil. Apunto el hecho solamente, sin ánimo de especulaciones, sobre una filosofía de la historia. Entonces ¿tienen que proyectarse los cánones de la santificación sobre este hombre-masa? Se nos ha propuesto un esquema a nuestro alcance, con Teresa de Lisieux: una santidad pequeña, doméstica, asequible. Pero resulta que el corazón de la joven y humilde carmelita se dilata tanto, en profundidad y anchura. que cabe en él todo el Evangelio vivo, y la teología de San Pablo, la fortaleza de los mártires, el ansia misionera de Javier y una gran pasión por la cruz. ¿Quién posee un corazón de tan enormes latidos? Pero hay un instante clave en su vida, que se nos acerca tan graciosamente, que la podemos erigir como ejemplo de santificación para todos los individuos, estados. profesiones. Cuando, a los filos de su agonía, unas hermanitas comentan junto a su ventana, los apuros de la superiora para redactar la carta de elogio fúnebre de Teresa. Nada extraordinario y visible, hay en su existencia breve. Pero Teresa de Lisieux obra sencillamente todas las realidades de su vida, por amor a Dios y al prójimo. Y así es el toque y la aureola de su santidad que ha conmovido al mundo: y muy acorde con nuestra psicología moderna. En los campos, en el taller y en la fábrica—que también tramita la Iglesia procesos de canonización de “cargadores de puerto”—; en el mundo trepidante y anónimo de las oficinas mecanizadas; en el ejercicio de las profesiones libres; en la espiritualidad de los esposos, debe resplandecer este amor a Jesucristo, hecha práctica diaria, que ajuste nuestra vida entera de relación, y refleje un contorno suave de luz que guíe y consuele a nuestros hermanos. Así alcanzaremos ciertamente la corona para el gozo infinito del cielo. En el ofertorio de esta fiesta, el sacerdote implora, con la Sabiduría: ‘ Señor: las almas de los santos están ya en tu mano, y no las salpica el fermento de la muerte eterna. A los ojos del mundo, pareció que morían, pero ahora viven en tu paz”. Aunque parezca increíble, este vivir y obrar por el amor de Dios suena, en nuestro tiempo, a locura, porque se sirve idolátricamente a la fuerza del odio, del rencor y de la envidia; y se adoran, con estudio refinado, los placeres de la venganza. Pues la paz del mundo no puede amanecer, si éstos santos anónimos, sin aureolas, no cambian con su ejemplo los rumbos satánicos de la sociedad.

Fiesta de Todos los Santos. Otoño. Recogimiento del alma, trascendida a dulces conversaciones con el cielo. Celebradla en lo íntimo de vuestro hogar, pensando en los santos familiares, junto a la misma mesa donde el padre y la madre nos partían el pan, la doctrina cristiana y el consejo; las flores, los cuadros, las costumbres que amaron; este lecho donde el dolor largo iba calladamente haciéndoles imagen viva de Jesucristo en su cruz… y ellos sonreían para no turbar nuestro gozo. Asomaos a la ventana, a los mismos pasajes que hicieron descanso, contemplación del Señor y alegría de sus almas. Y si las lágrimas os ciegan, ya vendrá desde lo alto una música callada, nunca oída, el salmo que todos los santos—nuestro padre, nuestra madre, la hermana, el esposo, el hijo—cantan al Cordero. Y entonces tendréis la gloria celeste dentro del corazón.

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