Skip to content

El milagro que llevó a “Obi-Wan Kenobi” a su conversión al catolicismo en 1956

abril 25, 2017
Obi-Wan-Kenobi_6d775533

Alec Guinness, su conversión fue fruto de un posible milagro.

(Transcrito de churchpop.com/ traducción de Foro Católico)

Sir Alec Guinness es uno de los actores más reconocidos del siglo 20. Aunque apareció en muchas películas en su vida y ganó muchos premios, es conocido mundialmente por interpretar a Obi-Wan Kenobi en la trilogía original de Star Wars.

Lo que mucha gente no sabe sobre él es que a la edad de 42 (1956) se convirtió al catolicismo, en parte debido a un hecho milagroso.

Guinness nació en 1914 en Londres en una familia con problemas. Nunca conoció a su padre y se crió en la pobreza. A pesar de que se confirmó en la fe anglicana a los 16 años, no estaba seguro de lo que realmente creía sobre la religión. Luego se movió al presbiterianismo, ateísmo, marxismo, budismo, e incluso asistió a algunas reuniones de los cuáqueros. Sin embargo, como típico inglés de principios del siglo XX, no tenía ningún interés en el catolicismo.

Mientras ensayaba para la obra Hamlet, un sacerdote anglicano se acercó a él y le explicó que hacía mal la señal de la cruz y le mostró la forma correcta. Este encuentro tuvo un impacto espiritual en él, y recuperó algo de interés en el anglicanismo.

Se sintió más atraído a la fe anglicana durante el torbellino de la Segunda Guerra Mundial pero, en 1954, a los 40 años de edad, otra experiencia lo llevó a considerar el catolicismo.

alec-guinness-as-ben-obi-wan-kenobi-in-star

Estaba en Francia, trabajando en la película “El Padre Brown”, basada en el famoso sacerdote que resolvía crímenes creado por GK Chesterton. Tenía el rol protagónico y andaba vestido como sacerdote católico. Mientras caminaba por la calle, un niño del lugar lo confundió con un verdadero sacerdote. El niño corrió, tomó su mano con confianza, y caminó con él.

La confianza y el afecto del niño hacia los sacerdotes católicos tuvieron un profundo impacto en él y empezó a considerar seriamente el catolicismo. 

Sobre esta experiencia alguna vez dijo: “Mientras continuaba mi caminata, pensé que una Iglesia que podía inspirar tanta confianza en un niño, haciendo que los sacerdotes, aunque desconocidos, fueran de tan fácil acceso, no podía ser tan intrigante o espeluznante como tantas veces se le presentaba. Empecé a desprenderme de mis antiguos prejuicios, largamente aprendidos y absorbidos”.

Poco después, su hijo Mateo contrajo polio y parecía estar cerca de la muerte. Desesperado y buscando la ayuda divina, Guinness comenzó a visitar una iglesia católica local para orar.

Ahí hizo un trato con Dios: si Mateo se curaba, le permitiría convertirse en católico si quería.

Contra todas las expectativas (¿milagrosamente?) su hijo se recuperó. Entonces Guinness y su esposa lo inscribieron en un colegio jesuita. Unos años más tarde, Guinness, su esposa y su hijo se convirtieron al catolicismo.

Guinness siguió siendo un creyente católico el resto de su vida, hasta su muerte en el año 2000. Que descanse en paz.

Sobre el Bautismo (3ª PARTE). Responde San Bernardo de Claraval a los dimonianos de “Vaticano Católico”

abril 25, 2017
Patriarcas

Patriarcas, Profetas y santos justos del Antiguo Testamento.

Los laicos Dimond, durante años se han caracterizado por presentarse en el “mercado sedevacantista” como la opción “más radical” acusando de herejes a todos los católicos que no comulgan con sus desvíos doctrinales, incluidas sendas excomuniones a quienes aceptan la doctrina del Bautismo de Deseo o de Sangre.

En síntesis, la aberración dimoniana afirma que: SIN EL BAUTISMO POR AGUA, NADIE SE SALVA, mientras que las Sagradas Escrituras demuestran que fueron por el agua no es la única forma de ser bautizados:

Hechos de los Apóstoles 10:47:

«Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?».

SAN  BERNARDO

OBRAS COMPLETAS

TOM0 IV

TRATADO SOBRE EL BAUTISMO

“LOS JUSTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO”

PARTE III

“Los justos del Antiguo Testamento no gozaron de un conocimiento tan claro de los misterios de nuestra fe como el que tenemos nosotros, después que se han realizado”.

Ese autor que decís afirmaba, además, según me expresáis, que todos los justos del Antiguo Testamento, cuantos precedieron a la venida de Jesucristo, habían tenido tanto conocimiento de las cosas que habían de suceder cual lo tenemos hoy nosotros de las que han sucedido ya; de tal modo que ni el justo más sencillo del Antiguo Testamento ignoró nada de cuanto el Evangelio nos ha revelado después, de forma que tanto la Encarnación del Verbo, como el parto de la Virgen y la doctrina del Salvador, y los milagros, y la cruz, y la muerte, y la sepultura, y el descenso a los infiernos, y la Resurrección, y la Ascensión, fueron tan clara  y distintamente conocidas de los justos antiguos, como lo fueron de los que vieron su cumplimiento y lo son hoy de nosotros, que las hemos sabido después de sucedidas, de tal modo que no fueron justos y no lograron salvarse más que aquellos que tuvieron una vista clara y distinta de todo. Esto es completamente falso.

Pero de tal modo habéis acumulado vos en vuestra carta argumentos para refutarlo, que no pienso añadir más. De todos modos el hombre que de tal manera discurrió, (casi con seguridad Pedro Abelardo), me permitirá decirle cuatro palabras sobre lo que siento de él mismo.

Paréceme que ama más la novedad que la verdad y que le pesa más que nada el seguir la opinión corriente de los otros y sostener lo que otros ya enseñaron, sin que pueda ser él el primero que lo enseñe y sostenga. De donde viene a suceder que no sabe guardar mesura en sus opiniones ni en sus palabras, o si sabe comedirse, no lo hace.

De ahí que pretenda equiparar el conocimiento de las cosas divinas que tuvieron todos los que precedieron a la Redención con los que tienen los que han venido después al mundo, presentándonos de este modo a Dios demasiado pródigo o demasiado avaro, con lo cual da clara muestra de no tener en cuenta para nada lo que pide la más elemental discreción.

Porque, o bien reduce el número de los elegidos en el tiempo antiguo a aquellos pocos que se señalaron por su virtud y santidad insigne, y a quienes el Espíritu Santo, por gracia singular, les reveló algunas cosas del tiempo futuro, según lo que se desprende de las Sagradas Escrituras, y en este caso acorta mucho la liberalidad y poder del Señor, pues, a excepción de esos pocos y señaladísimos varones, ninguno se habría salvado en la Ley Antigua; o bien, reconoce que los elegidos fueron en mucho mayor número, y en este segundo caso atribuye al pueblo de la antigua Alianza una profusión de gracia inaudita, pues supone que toda la multitud de los que se salvaron conoció plenamente los misterios de nuestra Redención.

Como ninguno de estos augustos misterios había sido señalado con evidencia en los Sagrados Libros, ni tampoco hubo ninguno que fuera públicamente anunciado, se sigue que no pudieron conocerlos más que por especial revelación del Espíritu Santo. De donde se deduciría que no hubo ningún justo que no fuese espiritual, perfecto y aún profeta de entre todos cuantos se salvaron antes de la venida del Mesías. Así, según esta opinión, o hemos de decir que en los antiguos tiempos fue rarísimo que se salvase algún hombre, o que la perfección fue entonces cosa corriente y llena de maravillosos privilegios. Cualquiera de estos dos extremos que sostenga es dar muestras de falta de discreción.

Pero si al dicho autor le parece que resulta más digno de Dios el enriquecer aquellos siglos y hacerlos fecundos en hombres perfectísimos, que el reducir los justos a un corto número, y si tiene por conveniente salvar a muchos más y llenarlos del don de profecía, hasta el punto de que penetraran con toda claridad los misterios aún no revelados: !bendito sea Dios por sus dones , pero en tal caso no veo qué es lo que reservó para el tiempo de gracia y de salvación, a menos que no debamos llamar así a aquel mismo tiempo en que Dios, según el anónimo escritor, derramaba con tanta prodigalidad las riquezas del Espíritu Santo.

Mas pregunto yo: ¿Nos trajo el Evangelio cosa que se pareciese a todo esto?  Vanamente, pues se hubiera gloriado San Pablo de haber recibido las primicias del Espíritu Santo junto con los Apóstoles, puesto que en su tiempo no pudo alcanzar a ver nada parecido. En efecto, él se preguntaba: “¿Acaso han recibido todos el don de profecía?”, (1 Cor. 12, 29). También sin motivo ni razón se hubiera gloriado como de un privilegio singular por haber recibido el Evangelio, no por ministerio de hombres, sino por revelación directa de Jesucristo, puesto que antes que a él  el Espíritu Santo lo habría revelado a todo el pueblo.

Igualmente carecería de fundamento lo que dice San Pedro al aplicar a su tiempo aquellas palabras de la Escritura: “Derramaré mi espíritu sobre vuestros hijos y vuestras hijas, y profetizarán”, (Joel, 2, 28), puesto que este mismo Espíritu Santo se habría derramado ya pródigamente en los siglos anteriores, y con mayor abundancia.  Si el Profeta, o mejor dicho, Dios, que por el Profeta hablaba, se hubiese querido referir al tiempo de los Apóstoles, en vez de decir: “Derramaré mi Espíritu”, debería haber dicho : “Retiraré mi espíritu”, por cuento suponemos en los antiguos justos tantas luces como en los hijos del Evangelio, estamos obligados a suponer en ellos mayores gracias, pues no fue la lectura ni la predicación la fuente de ellas, como sucede entre nosotros, sino que la misma unción del Espíritu Santo los habría instruído a todos acerca de todas las cosas.

Concedamos todo esto, y supongamos, aún con detrimento de la gloria de los Apóstoles, y para vergüenza y confusión nuestra, que los menores santos de la Ley Antigua fueron iguales en ciencia a los mayores justos de la Ley Nueva, y los sobrepujaron además en gracias celestiales. Pero esto no lo podemos conceder de ninguna manera, porque equivaldría a admitir que el Señor de la gloria se engañó alguna vez a sí mismo, o nos pudo querer engañar a nosotros. Jesucristo dijo que, entre todos los hombres nacidos de mujer no había habido otro mayor que Juan el Bautista.

Pues bien, tendríamos que argüir de falso este testimonio dado por la misma Verdad, si concediéramos tanto a los varones del Antiguo Testamento cuanto no osamos conceder al mismo San Juan. Porque sin hacer injuria al Bautista, podemos creer y decir que no llegó a saber todas las cosas, sin ignorar ninguna, ya que él mismo nos lo confiesa.

Ahora bien, si concedemos a otros lo que no atribuímos al mismo  Precursor de la Verdad, no sólo hacemos injuria al Santo, sino que blasfemamos contra la misma Verdad, pues a despecho de su testimonio la desmentimos.  ¿Cómo?  El amigo del Esposo duda y pregunta con vacilación: “¿Eres tú el que habías de venir o esperamos a otro?”, (Mat.  11, 3).  ¿Y nosotros aseguraremos mentirosamente que tantos miles de hombres tuvieron un conocimiento claro y preciso de todos los misterios de la Nueva Ley?

Más aún: Podemos afirmar terminantemente que ni siquiera los justos del Antiguo Testamento tuvieron tal concepto de sí mismos, ni creyeron nunca tal cosa.  Ved cómo se expresa Moisés, hablando de lo que decía el Señor : “Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob; y mi nombre de Adonai no se lo enseñé a ellos”, se sobreentiende como te lo he enseñado a ti. Suponía, pues, el caudillo del pueblo hebreo que él tenía más perfecta noticia de Dios, que la que habían tenido los otros Patriarcas que le precedieron.

El Salmista presume también audazmente de haber recibido mayor don de inteligencia que los maestros y ancianos de Israel : “Recibí, dice, mayor luz que aquellos mismos que me enseñaban. Más sé que los mismos ancianos”, (Ps. 118).  El profeta Daniel dice en el mismo sentido: “Pasarán muchos hombres y crecerá el conocimiento”, (Dan. 12, 4), como prometiendo a la posteridad más amplia noticia de las cosas divinas.

Si como discurre San Gregorio Papa, que conforme iban avanzando los tiempos iban creciendo también las luces que tenían los Patriarcas antiguos, y que cuanto más cercanos vivieron al tiempo de la venida del Salvador tanto más distintamente contemplaron el misterio de nuestra salvación, no podemos dudar un instante de que la vista misma de las cosas que se cumplían, y del mismo que las cumplía en su persona les dio un conocimiento más perfecto.

Por esto los que tal vieron merecieron oír de labios del Salvador: “Felices los ojos que ven lo que vosotros véis”, (Lc. 10, 23).  De aquí que dijera a los Apóstoles: “A vosotros os he llamado amigos, porque todas las cosas que he oído a mi Padre os las he dado a conocer”. Y en otra parte afirma: “Muchos reyes y profetas desearon ver lo que vosotros véis y no lo vieron, y quisieron oír lo que oís y no lo oyeron”.  ¿Por qué esto?

Claro está que porque aquellos reyes y profetas hubieran querido tener un conocimiento más amplio y claro que aquel por el que sólo presentían los futuros misterios. De no ser así, ¿por qué habían de querer ver y oír a Cristo en su carne mortal, si ya hubieran sido instruídos interiormente por el Espíritu Santo?  Y si es verdad que los profetas y los que parecían más ilustres en el pueblo judío o vieron todos las mismas cosas y con la misma luz, sino que unos entendieron más y otros menos conforme se lo enseñaba el Espíritu Santo, que repartía entre ellos sus luces según su divino beneplácito, con mucha más razón podemos pensar que aquellos justos que no fueron tan esclarecidos, debieron ignorar el tiempo, la manera y el orden de nuestra redención, la cual esperaban con no menos firme esperanza que viva fe, sin que su salvación peligrara por ello.

!Cuántos cristianos creen firmemente, y esperan y desean con ardor la vida eterna y las promesas del siglo venidero, sin jamás haber tenido la menor noción del estado y forma de la bienaventuranza! Del mismo modo, fueron también muchos los que se salvaron antes del nacimiento de Jesucristo, aguardando con fe su venida al mundo, esperando con firme confianza un Redentor y fiando en la omnipotencia de Dios que prometía rescatarlos gratuitamente si amaban a su bienhechor, y tenían absoluta confianza y fe en sus promesas, y eso aún cuando ninguno conocía el tiempo, ni el orden, ni la economía de nuestra Redención.

El venerable Beda, que vos mismo citáis en vuestra carta, claramente manifiesta que no todas las cosas referentes a la persona de Cristo fueron conocidas de todos antes de que se realizaran. 

“Moisés  y los Profetas, dice, hablaron antes que los Apóstoles del trofeo de la cruz del Señor, pero lo hicieron en términos oscuros y bajo figuras y metáforas, mientras que los Apóstoles y sus sucesores hablaron siempre, después que resplandeció la luz del Evangelio, de una manera clara y sin velos.”

De tal modo es esto así, que hoy día todo el pueblo cristiano debe saber y confesar la fe que sólo unos pocos varones conocían en la Antigüedad, mientras que el resto del pueblo sólo la poseía en figuras y la  admiraba en las ceremonias de la ley.

Muchos otros testimonios se me ocurren para confirmar lo que venimos diciendo, pero no se compadece con ellos la brevedad que debemos guardar en una carta; y por otro lado tampoco  los juzgo necesarios. Porque pienso que, aun cuando yo no respondiese nada, bastarían muy colmadamente los testimonios que aducís en la vuestra. Esto he añadido porque no pareciese que pasaba por alto alguno de los puntos que me proponíais.

*******

Editorial de Clarín: Denuncias de pederastia traban reconciliación de Roma con lefebvrianos

abril 24, 2017

Bergoglio “busca acabar con el cisma. Y había avances, pero ahora se supo que miembros de esa línea conservadora abusaron de niños durante años”.

(Transcrito de Clarín/Mundo/Julio Algañaraz)

Esta vez sería la buena. Tras varios anuncios en los cuatro años de pontificado de Francisco de negociaciones, expectativas de que el cisma más importante que han vivido los últimos Papas se encamina a concluir en un acuerdo, puntualmente desmentidos después por repentinos rechazos de los líderes de la Fraternidad Pío X, llamados los lefebvrianos, ultraconservadores y ultratradicionlistas, la tratativa con el Vaticano está llegando a buen fin, según monseñor Guido Pozzo, secretario de la comisión Ecclesia Dei, a la que el Papa Francisco ha encargado negociar la absorción del cisma que en 2018 cumplirá 30 años si la reconciliación no se alcanza.

“Faltan las firmas del acuerdo”, afirman los más entusiastas, pero otras fuentes internas del Vaticano se muestran mucho más prudentes. La clave de la fractura sigue siendo el rechazo de los documentos y el espíritu renovador del Concilio Vaticano II (1962-65), por parte de los seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, que en 1970 fundó la Fraternidad, cuyo centro está en Econne, Suiza.

Los lefebvrianos cuentan con 750 iglesias, capillas y centro de misa, dos universidades, un centenar de escuelas, tres obispos, 622 sacerdotes y 215 seminaristas, además de unas 200 monjas y un número indeterminado de fieles, que se cuentan por miles.

Para la Iglesia, el cisma que llegó después de muchas vueltas en 1988, cuando Juan Pablo II debió excomulgar a Lefebvre, a un obispo brasileño y cuatro obispos consagrados por el líder tradicionalista, es una herida abierta y sangrante que el Papa argentino quiere cerrar. Muchos progresistas que lo apoyan no están de acuerdo con su voluntad insistente, que se remonta a la época en que era arzobispo de Buenos Aires y ayudó a los lefebvrianos en más de una ocasión. A su vez la mayoría de los conservadores que pueblan el Vaticano y las manijas del poder de la Iglesia en el mundo, creen que la absorción del cisma con los ultratradicionalistas demuestra que Francisco quiere reasegurar a todos de que la unidad de la Iglesia es una prioridad que constituye una garantía de que no habrá reformas desgarradoras en el tejido doctrinal ni mucho menos.

Pero el debate sobre la recuperación de la escisión lefebvriana ha dado una vuelta de tuerca inesperada que complica las cosas. Monseñor Bernard Fellay, el suizo que es actualmente el sucesor de monseñor Lefebvre en la comunidad (muerto en 1991), aparece envuelto en un escándalo de protección de curas pedófilos, según una amplia investigación de la televisión sueca que se conoció este mes.

El informe sueco acusa a cuatro religiosos lefebvrianos de abusar sexualmente de doce niños. Tres curas siguen ejercitando el ministerio activo. Según la investigación de la TV escandinava, en uno de los casos, las cumbres lefebvrianas contaron con la complicidad de la “Congregación Suprema” del Vaticano, la de la Doctrina de la Fe encargada de velar por la pureza doctrinaria católica y con jurisdicción disciplinaria por los casos de miembros del clero sospechosos de abusos sexuales.

Los detalles son explosivos y se amplifican con las decisiones del Papa Francisco de autorizar a los sacerdotes cismáticos a confesar y a celebrar los matrimonios de sus fieles, gestos evidentes del camino de la reconciliación auspiciado por el pontífice argentino.

A los cuatro religiosos (tres curas y un voluntario de la Fraternidad lefebvriana) se los acusa de haber prolongado durante treinta años su actividad de pederastas. La comunidad lefebvriana hizo posible su impunidad trasladando entre Francia, Alemania, Australia, Irlanda, EEUU y Gran Bretaña a los culpables.

El testimonio de víctimas a la televisión sueca, reconstruye los abusos de los sacerdotes imputados. Hay que destacar que el líder de la Fraternidad, monseñor Fellay, es uno de los cuatro obispos consagrados por Marcel Lefebvre que determinó el cisma de 1988. Siempre se supo que el entonces cardenal Joseph Ratzinger era favorable a evitar las sanciones extremas. Cuando Ratzinger se convirtió en el Papa Benedicto XVI, las negociaciones con los cismáticos avanzaron y en enero de 2009 el pontífice alemán les levantó a los cuatro obispos la excomunión.

En la Iglesia, sobre todo en Europa, la medida escandalizó y de allí se pasó a la indignación cuando uno de los cuatro,el obispo británico Joseph Williamson, director del seminario lefebvriano en la Argentina, negó en una entrevista televisiva la existencia de las cámaras de gas nazis en los campos de exterminio y el genocidio de los judíos.

El caso Williamson puso en crisis del pontificado de Ratzinger, que atinó a suspender “a divinis” al ingles. Menos mal que el extremismo enloquecido de este obispo terminó obligando a la misma Fraternidad a expulsarlo cuando consagró por su cuenta a un obispo, o sea haciendo realidad el cisma en el cisma.

Las concesiones para ablandar la rigidez de los lefebvrianos por parte del Papa son bastante amplias. Al parecer los ultramontanos de Econne ya dijeron que sí a la propuesta de constituir para ellos una Preladura Personal, figura jurídica de una especie de diócesis sin territorio creado por el Concilio Vaticano II, que en la Iglesia tiene un solo ejemplo: el Opus Dei.

Monseñor Fellay debe firmar un documento que “es la condición necesaria para el reconocimiento canónico”, explica monseñor Pozzo. Alli se establecen las lineas básicas de reconocimiento de los principios católicas, del magisterio de los Papas, sobre todo los últimos seis a partir de Juan XXIII y del Concilio Vaticano II.

El Papa habría decidido que en este aspecto no es necesaria una adhesión detallada y que el Concilio que renovó a la Iglesia sea “comprendido y leído en el contexto de la tradición de la iglesia y se su constante magisterio”. Monseñor Fellay asegura que la aceptación completa del Vaticano II, “es una línea roja que no estamos dispuestos a atravesar”.

Quedan entonces para después, cuando los espíritus terminen de calmarse en la reconciliación plena, “las reservas sobre cuestiones que no son propias de la materia de la fe, sino de temas que se refieren a la aplicación pastoral de orientaciones y enseñanzas conciliares”.

¿Cuales?. Monseñor Guido Pozzo, el secretario de la comisión pontificia que negocia en nombre del Vaticano con los cismáticos, las resume: la relación entre la Iglesia y el Estado, el ecumenismo, el diálogo interreligioso y “algunos aspectos de la reforma litúrgica y su aplicación”. A muchos les parece que no se trata de “detalles”, que las concesiones son demasiadas.

Pero hay mucho espacio ambiguo para negociar. El Vaticano aclara que es un falso problema si un católico puede aceptar o no el Concilio Vaticano II: “un buen católico no puede rechazarlo”.

Monseñor Fellay advierte que “la condición para la comunidad plena con la Iglesia Católica es que el Vaticano nos acepte tal y como somos”.

Si las negociaciones avanzan en forma tan positiva como dicen los allegados al Papa en el Vaticano, es cierto que la Fraternidad está buscando casa en Roma, para trasladar desde la suiza Ecónne a la sede apostólica la central de los tradicionalistas. Favorito es el complejo de las Hermanas Inmaculadas de vía Monza, una ex escuela con amplios espacios y una iglesia que da a la calle. Otro inmueble majestuoso, propiedad del Vicariato de Roma, es el de Santa María Inmaculada, en el barrio del Esquilino, cercano a la sede del Papa obispo de Roma en San Juan de Letrán, y del “palazzo” de la embajada argentina ante el gobierno italiano.

Sobre el Bautismo (2ª PARTE). Responde San Bernardo de Claraval a los dimonianos de “Vaticano Católico”

abril 24, 2017

Oracion a San Dimas para recuperar lo robado

San Dimas: Bautismo de Sangre.

Los laicos Dimond, durante años se han caracterizado por presentarse en el “mercado sedevacantista” como la opción “más radical” acusando de herejes a todos los católicos que no comulgan con sus desvíos doctrinales, incluidas sendas excomuniones a quienes aceptan la doctrina del Bautismo de Deseo o de Sangre.

En síntesis, la aberración dimoniana afirma que: “SIN EL BAUTISMO POR AGUA, NADIE SE SALVA”, mientras que SANTO TOMÁS DE AQUINO  señala:

«El sacramento del bautismo puede faltarle a alguien en la realidad, pero no en el deseo: por ejemplo, cuando un hombre desea ser bautizado, y por algún infortunio es interceptado por la muerte antes de recibir el bautismo. Éste puede alcanzar la salvación sin haber sido bautizado en la realidad en virtud de su deseo: efecto de la fe que obra por la caridad, y por el cual Dios, cuyo poder aún no está atado a los sacramentos visibles, santifica al hombre internamente. De ahí que Ambrosio diga de Valentiniano, quien murió siendo aún catecúmeno: “Perdí al que iba a regenerar: más él no perdió las gracias por las que oró”».

Foro Católico presenta en esta ocasión la segunda parte del Tratado Sobre el Bautismo de San Bernardo de Claraval, con el propósito de esclarecer la doctrina acerca del Sacramento del Bautismo como medio de salvación y, particularmente, el caso del Bautismo de Sangre y de Deseo, doctrina que explica la posibilidad de que algunos se pueden salvar, excepcionalmente, sin haber recibido el Bautismo Sacramental, pero en quienes concurren dos condiciones: con el Deseo de ser bautizados e interceptado por la muerte antes de recibirlo.

Sobre la doctrina del Bautismo de Deseo (2ª PARTE). Responde San Bernardo de Claraval (desde el siglo XII) a los dimonianos de “Vaticano Católico”

“Con todo, si antes de exhalar el último aliento, se arrepiente y quiere ser bautizado, y pide el Bautismo, pero apurándole la muerte no haya quizá medio alguno de conseguirlo, en tal caso, si no le falta una fe pura, una esperanza piadosa y una caridad sincera, oso decir, !Dios me valga! , que la sola falta de agua no me hará desesperar de su salvación, pues no puedo creer que su fe ha de verse frustrada, y confundida su esperanza, y perdida su caridad.”

SAN  BERNARDO

OBRAS COMPLETAS

TOM0 IV

TRATADO SOBRE EL BAUTISMO

PARTE II

“La obligación del bautismo no comenzó hasta después de la suficiente predicación del Evangelio.  En caso de extrema necesidad basta el bautismo de fe o de deseo, lo mismo que el martirio”.

Por todo lo dicho saco en conclusión que ni la necesidad del Bautismo, ni la inutilidad de la circuncisión y de los sacrificios que tal vez instituyeron los ritos antiguos para purificar a los hombres del pecado de origen, tuvieron comienzo cuando se dijo en secreto a Nicodemo: “Quién no renaciere por el agua y el Espíritu Santo, no entrará en el reino de Dios”.  Es más: Ni siquiera pienso que fué cuando se les mandó a los Apóstoles : “Id y enseñad a todas las naciones, bautizando a todos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”, sino que a mi entender, entonces pudo abolirse el uso antiguo y comenzar a obligar el precepto nuevo cuando razonablemente no pudo haber excusa de desconocerlo.

Por lo que toca a los parvulillos y a los que todavía no tienen uso de razón, como el pecado original los hace culpables por contagio, no porque ellos hayan prevaricado, debemos creer que les valieron los sacramentos de la antigua ley hasta el día en que fueron públicamente prohibidos. ¿Duró su eficacia por más tiempo? Esto es lo que no sabría decir, pues sólo Dios lo sabe.

Por lo que hace a los adultos, si después de la predicación suficiente del Bautismo, alguno de ellos se opone a ser bautizado, añade a la antigua culpa un crimen de soberbia, nuevo y propio, con lo cual carga con dos motivos poderosos de condenación y merece ser castigado doblemente, si tiene la desventura de morir en tal estado.

Con todo, si antes de exhalar el último aliento, se arrepiente y quiere ser bautizado, y pide el Bautismo, pero apurándole la muerte no haya quizá medio alguno de conseguirlo, en tal caso, si no le falta una fe pura, una esperanza piadosa y una caridad sincera, oso decir, !Dios me valga! , que la sola falta de agua no me hará desesperar de su salvación, pues no puedo creer que su fe ha de verse frustrada, y confundida su esperanza, y perdida su caridad.

Si alguno sustenta una opinión diferente, allá él; ya verá sobre qué la funda. De mí sé decir que no es cosa fácil que participe de ella, a no ser que me vea constreñido por otras razones más poderosas que las dichas, o porque me lo mande la autoridad de quien puede hacerlo.

De todos modos me deja lleno de asombro que este nuevo inventor de invenciones nuevas, y autor de afirmaciones peregrinas, pudiese descubrir alguna razón que se hubiese escondido a los Santos Padres Ambrosio y Agustín, o lograse traer una autoridad de más peso que la de estos Santos Pastores. Porque si él no lo sabe, quiero decirle que ambos pensaron lo que pienso yo, y tuvieron el mismo sentir que confieso yo tener ahora. Que lea, si no lo leyó todavía, el libro de San Ambrosio sobre la muerte de Valentiniano, y recuerde lo que allí se escribe; y si lo recuerda, no disimule ya por más tiempo, sino confiese que, según  el Santo Doctor, aquel príncipe, muerto sin haber recibido el Bautismo, se salvó por su fe y suplió con sus fervientes deseos y su buena voluntad lo que no tuvo facultad de hacer.

Lea asimismo, el libro cuarto de San Agustín sobre el bautismo único, y reconózcase engañado por su imprudencia, o pruebe ya descaradamente que es un obstinado.  “San Cipriano, dice este santo Padre, trae el ejemplo del buen ladrón, muerto en la cruz, que mereció oír estas palabras: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”, y saca de ello un poderoso argumento para probar que el martirio suple algunas veces al bautismo”.

“Y cuanto más considero este punto, prosigue el Santo, más me afirmo en la creencia de que no sólo la muerte por Cristo, sino la fe y la conversión del corazón pueden valer cuando, por la escasez de tiempo, es imposible recibir el sacramento como había de darse. Cuánto puede, aún sin la ayuda de este sacramento visible del Bautismo, aquella fe de que dice el Apóstol: “Créese con el corazón para ser justificado, y se hace confesión con la boca para ser salvo”, (Rom. 10, 10), lo echamos de ver en el ejemplo del buen ladrón.

Pero no se recibe el efecto de este sacramento más que cuando es por imposibilidad, en el trance de muerte, y no por desprecio de la religión, al no recibirlo tal como se manda”. Según San Agustín, cualquier varón fiel que de veras se haya convertido al Señor sólo se priva del fruto del Bautismo sino por el pecado de haberlo despreciado.

Ha de ser difícil arrancarme de estas dos columnas de la Iglesia en que me apoyo, quiero decir, de San Ambrosio y San Agustín. Declaro pensar con ellos, que con la sola fe puede salvarse un  hombre si muere con deseos vivos del Bautismo, aun cuando por sorprenderle la muerte, o atraversársele un obstáculo invencible, no pueda realizar sus piadosos deseos. Ved si no será por esto por lo que el divino Salvador, después de decir: “Todo el que crea y sea bautizado, será salvo”, no sin particular providencia añade: “Y el que no crea se condenará”, pero no dice: “Y el que no sea bautizado….”. Con lo cual nos da a entender que a veces sólo la fe basta para la salvación, pero sin ella no hay nada que pueda bastarnos.

Por consiguiente, si se admite que el martirio puede suplir al Bautismo, no es por el tormento o dolor que en él hay, sino por la fe que lo acompaña. Porque sin la fe, ¿qué sería el martirio sino una vana tortura?

Después de todo, si el derramar la sangre por Jesucristo prueba grandemente la fe que se tiene en Él, lo prueba para los hombres, pues Dios no tiene necesidad de tal prueba.

Pues, ¿que será si Dios, que no necesita hacer experiencia alguna para probar lo que quiere, ve una gran fe en el corazón de cualquier varón que muere en paz, una fe no aquilatada por el martirio, pero sí de muy subido valor, si tal varón se acordase de que aún no había recibido el sacramento de la salvación, y doliéndose y arrepintiéndose desease con todo su corazón recibirlo, pero no pudiese ver cumplido su deseo porque la muerte se lo impidiese, ¿podemos pensar que Dios condenaría a aquella alma tan fiel? 

¿Podemos concebir que Dios condenara a un hombre dispuesto a morir por Él? Este hombre no solo invoca en el trance de la muerte a su Señor y Salvador, sino que con toda su alma desea y pide recibir el sacramento. ¿Diremos que puede hacer todo esto sin la gracia del Espíritu Santo, o pretenderemos que está condenado cuando obra con la gracia del divino Espíritu? Al Salvador tiene en el corazón, y por la confesión en la boca. ¿Puede condenarse con el Salvador?

Siendo así que el martirio tiene la prerrogativa de ser como el Bautismo para abrirnos el cielo, no veo por qué la misma fe no haya de tener igual poder delante de Dios, ante cuyos  ojos no es menester traer pruebas exteriores, y aún sin martirios ve la disposición que hay en el alma. Por lo que toca a obtener la salvación, no hay duda que, en lo que se refiere al tesoro de méritos, el martirio aventaja a todo.

 Leemos en la Escritura: “El que pone los ojos en una mujer para desearla, ya ha fornicado en su corazón”. ¿No está claro que se reputa la voluntad y el deseo por el hecho mismo, aún cuando éste no siga a la voluntad, por impedirlo algún obstáculo? Ahora bien, Dios, que es la suma caridad, ¿tendrá un corazón más inclinado a tomar en consideración nuestros perversos deseos que nuestras buenas voluntades?

El Señor, siempre misericordioso y dispensador de misericordias, ¿será más presto para castigar que para perdonar? Así como si alguno se hallara en la agonía cargado de deudas, y puesto en el  último trance las recordara, y no pudiéndolas pagar en modo alguno, le pesan muy de veras y sintiera de ello sincera contrición en su corazón, sería absuelto; así también la fe sola, sin efusión de sangre y “sin el bautismo del agua, salva al moribundo que quiere ser bautizado y no puede serlo”, con tal que este deseo vaya acompañado de una verdadera conversión del alma a Dios.

Pero de la misma manera que no hay penitencia que borre la deuda de un pecador, si pudiéndola pagar, no la paga o no restituye lo que hurtó, así tampoco la fe aprovechará de nada a un moribundo, si pudiendo ser bautizado no quiere recibir el sacramento, puesto que por el mismo caso de ser tan negligente en cosa de tanta monta queda convencido de tener poca fe.  A decir verdad, la fe viva y perfecta, abraza y observa todos los mandamientos, con lo que bien claramente, y uno de ellos, y muy principal es el Bautismo.

Con razón, pues, se llamará no sólo infiel, sino también rebelde, protervo y menospreciador de los mandatos de Dios al que se resista a obedecerle. ¿Cómo podría llamarse fiel, es decir, que tiene y guarda la fe, un hombre que desprecia el mandato de Dios, con lo que bien claramente demuestra no creer?

Por lo que toca a los niños que mueren sin haber llegado al uso de la razón, como a causa de su edad no pueden tener esta fe, que consiste en la conversión del corazón a Dios, tampoco pueden conseguir la salvación si mueren sin bautismo. No es que después de bautizados carezcan de aquella fe sin la cual es imposible que ni siquiera ellos plazcan a Dios, sino que entonces se salvan no por su fe, sino por la fe de los otros.

Es digno, en efecto, de la graciosa misericordia del Señor, conceder que la fe de los demás aproveche a los parvulillos que todavía no la pueden tener propia por defecto de edad. La justicia del Omnipotente no juzga que debe existir una fe o conversión propia a los que sabe que no tienen culpa propia alguna. Pero les es necesaria la fe ajena, puesto que no nacen sin mancha ajena. De modo que hasta de los parvulillos se puede decir con propiedad lo que se dice generalmente de todos los hombres: “Por la fe purifica Dios su corazón”, (Hech. 15, 9).

Ni hemos de poner en duda que la culpa contraída por otros, deba lavarse por la fe de los otros. Estos son los juicios de la justicia de Dios que llenaban de alborozo a David y le hacía exclamar rebosando alegría: “Me he acordado, Señor, de los juicios que habéis hecho a través de los siglos, y he recibido gran consuelo”, (Sal. 118, 52).

*****

(Eso de salvarse alguien por la fe de los otros, tiene mucha relación, con lo que se dice en el Símbolo de la Fe : “Creo en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida eterna”.)  

Santo Sudario es como un quinto evangelio: científica que inició escéptica

abril 23, 2017
2456_sindone_

Para Marinelli, la Síndone es un mar de pruebas históricas y científicas sobre la vida de Cristo.

(Transcrito de ReL)

Emanuela Marinelli, licenciada en Ciencias Naturales y Geología,  ha estudiado casi 900 libros sobre la Sábana Santa de Turín, ha analizado más de 300 artículos científicos sobre el tema, ha escrito ella misma 18 libros con estudiosos de diversas disciplinas y ha realizado alrededor de 3.000 conferencias en todo el mundo, desde Brasil a Kazajstán, de Rusia a Burkina Faso, proclamando por las cuatro esquinas del mundo la evolución de la evidencia científica que posiciona la autenticidad de la Síndone.

Pero cuando tuvo su primer contacto con esta misteriosa imagen, hace ya 40 años, no le prestó demasiada atención, aunque sí le intrigó. Lo explicó así a la revista italiana Famiglia Cristiana: “La primera vez que vi la imagen del rostro de Cristo impresa en la Sábana Santa fue en 1975; yo estaba en la Via della Conciliazione en Roma. Miraba la vitrina de una tienda de recuerdos y ver esta cara me llamó la atención. Lo reconocí, por supuesto, pero no sabía quién era el autor, pensé que debía ser una litografía o alguna técnica especial. Así que fui y pregunté a la monja que estaba allí. Me respondió sobre qué era esto de la Sábana Santa, lo esencial. Me fui escéptica pensando que si la fe se reducía a esto, era bien poca cosa. En ese entonces yo tenía 25 años y sin duda no estaba pensando con claridad sobre esta reliquia”.

Investigando polen en la tela… así se implicó

emanuela-marinelli

Emanuela Marinelli.

En 1977 llegó el “amor por el misterio de la Síndone” al corazón de Emanuela. El director científico de la policía de Zurich, Max Frei, un botánico protestante, anunció que había encontrado en la Síndone rastros de polen de 58 plantas diferentes, incluyendo 38 no europeas, algunas de las cuales son propias de Jerusalén. Como científica, licenciada en Ciencias Naturales y Geología, decidió investigar. Lo primero que hizo fue inscribirse en un curso de la Iglesia sobre la Sábana. 

“Mi vida con la Sábana Santa es así, casi casual. Nací en una familia católica y practicante, con un padre y mis cinco hermanos recitando el rosario en latín; con un tío que es cura. Mi fe era firme, pero la Sábana Santa habla a mi inteligencia y mi razón, así como a mi corazón”.

Cuatro años después era una catequista de la Pasión, y también una especialista en ‘Sindonología’. Recopilaba y estudiaba artículos científicos, libros, testimonios, todo lo relacionado con la Sábana Santa. Así el ‘amor’ se transformó en obras y esta mujer quepor 36 años fue una profesora de ciencias, se convirtió en una apóstol de la Síndone.

Animada a difundir lo que aprende

emanuela-marinelli-libros

El conocido historiador y periodista Vittorio Messori fue quien invitó a Emanuela a escribir su primer libro sobre la Sábana Santa. “No he hecho nada para alentar todo esto”, dice con sencillez y agrega: “Solo seguí las señales de Dios en el camino. Nunca pensé que mis estudios científicos podrían servir como testimonio… El Señor es sorprendente y, como diría mi padre, nunca se sabe cómo Dios usará lo que eres“.

“Contemplar la Sábana Santa es como leer un quinto Evangelio”, prosigue Emanuela. “Tienes la sensación de inclinarte ante el umbral del misterio, de la resurrección de Cristo.La Sábana Santa es el icono de la misericordia de Dios, que da a su Hijo, el Cordero, para salvación de la humanidad. Ese cuerpo torturado es la fotografía del amor que se dona, del pecado expiado, de la salvación consumada. Ese rostro que después de la salvaje flagelación y crucifixión estaba hinchado, pero sereno, garantiza la dulzura del perdón… expresa profunda y divina majestad“.

FC: el escrito superior está basado en un artículo original de Portaluz.org que transcribimos a continuación…

emanuela_marinelli_posa

Emanuela Marinelli llega a sus conferencias con paso firme y con frecuencia carga un proyector de diapositivas e incluso en ocasiones una copia a tamaño natural del sagrado lienzo, la Síndone, la Sabana Santa, que en cierto momento expone ante la audiencia. Pero todo empezó sin que ella lo buscase, hace más de cuarenta años según cuenta a la revista italiana Famiglia Cristiana… “La primera vez que vi la imagen del rostro de Cristo impresa en la Sábana Santa fue en 1975; yo estaba en la Via della Conciliazione en Roma. Miraba la vitrina de una tienda de recuerdos y ver esta cara me llamó la atención. Lo reconocí, por supuesto, pero no sabía quién era el autor, pensé que debía ser una litografía o alguna técnica especial. Así que fui y pregunté a la monja que estaba allí. Me respondió sobre qué era esto de la Sábana Santa, lo esencial. Me fui escéptica pensando que si la fe se reducía a esto, era bien poca cosa. En ese entonces yo tenía 25 años y sin duda no estaba pensando con claridad sobre esta reliquia”.

Fue su primer encuentro. Hoy Emanuela(imagen a la derecha) es una experta en estudios de la Síndone que -según narra la tradición y sugieren los estudios realizados-, envolvió el cuerpo de Cristo mostrando hasta hoy, cual negativo fotográfico, la intensidad de la Pasión que impactó la tela. Un reportaje en detalle sobre estos estudios científicos que acreditan la autenticidad de la Sábana Santa, puedes leerlo pulsando aquí.

Llamada por el misterio

En 1977 estalló el “amor por el misterio de la Síndone” en el corazón de Emanuela. Ocurrió luego que el director científico de la policía de Zurich, Max Frei, un botánico protestante, anunciara haber encontrado en la Síndone rastros de polen de 58 plantas diferentes, incluyendo 38 no europeas, algunas de las cuales son propias de Jerusalén. El mundo de la ciencia estaba sorprendido ante este big bang de la Sábana Santa, también Emanuela. Como científico, licenciada en Ciencias Naturales y Geología, se sintió tan íntimamente tocada por la novedad que decidió investigar. Lo primero que hizo fue inscribirse en un curso del Vicariato para después de 4 años llegar a ser un auténtica catequista de la Pasión especializada en ‘Sindonología’… En virtud de esto recopilaba y estudiaba artículos científicos, libros, testimonios, todo lo relacionado con la Sábana Santa. Así el ‘amor’ se transformó en obras y esta mujer que por 36 años fue una profesora de ciencias, se convirtió en una apóstol de la Síndone.

El apostolado

Hoy, cuarenta años después del primer encuentro ha estudiado casi 900 libros sobre el tema, más de 300 artículos científicos, escrito ella misma 18 libros junto a estudiosos de diversas disciplinas y realizado alrededor de 3.000 conferencias en todo el mundo, desde Brasil a Kazajstán, de Rusia a Burkina Faso, proclamando por las cuatro esquinas del mundo la evolución de la evidencia científica que posiciona la autenticidad de la Síndone.

“Mi vida con la Sábana Santa es así, casi casual. Nací en una familia católica y practicante, con un padre y mis cinco hermanos recitando el rosario en latín; con un tío que es cura. Mi fe era firme, pero la Sábana Santa habla a mi inteligencia y mi razón, así como a mi corazón”.

Un quinto Evangelio

Que el hombre de la Sábana Santa es Jesús de Nazareth lo argumentó el experto en Nanotecnología Alessandro Paolo Bramanti en entrevista que Portaluz publicó el año 2015.

Emanuela que comparte la argumentación de Bramanti, mucho antes llamó la atención del conocido historiador y periodista Vittorio Messori, quien le invitó a escribir suprimer libro sobre la Sábana Santa… “No he hecho nada para alentar todo esto”, dice con sencillez y agrega: “Solo seguí las señales de Dios en el camino. Nunca pensé que mis estudios científicos podrían servir como testimonio… El Señor es sorprendente y, como diría mi padre, nunca se sabe cómo Dios usará lo que eres”.

“Contemplar la Sábana Santa es como leer un quinto Evangelio”, prosigue Emanuela. “…Tienes la sensación de inclinarte ante el umbral del misterio, de la resurrección de Cristo. La Sábana Santa es el icono de la misericordia de Dios, que da a su Hijo, el Cordero, para salvación de la humanidad. Ese cuerpo torturado es la fotografía del amor que se dona, del pecado expiado, de la salvación consumada. Ese rostro que después de la salvaje flagelación y crucifixión estaba hinchado, pero sereno, garantiza la dulzura del perdón… expresa profunda y divina majestad”.

 

Tratado sobre el Bautismo. Responde San Bernardo (desde el siglo XII) a los dimonianos de “Vaticano Católico”

abril 23, 2017

San Bernardo de Claraval, el gran desconocido

San Bernardo hablan sobre la desviación que hoy promueven los hermanos Dimond de “Vaticano Católico”:

¿Quién ignora que en la Ley Antigua tuvieron los hombres otros remedios, fuera del Bautismo, para defenderse contra dicho pecado de origen? 

“Jamás vendré a caer en la ceguedad de atribuir a Cristo lo que sólo es propio del Anticristo”

Los laicos Dimond, durante años se han caracterizado por presentarse en el “mercado sedevacantista” como la opción “más radical” acusando de herejes a todos los católicos que no comulgan con sus desvíos doctrinales, incluidas sendas excomuniones a quienes aceptan la doctrina del Bautismo de Deseo o de Sangre.

En síntesis, la aberración dimoniana afirma que: “SIN EL BAUTISMO POR AGUA, NADIE SE SALVA”, mientras que la Iglesia señala:

«Si alguno dijere que los sacramentos de la nueva ley no son necesarios… que los hombres sin ellos, o sin el deseo de ellos (sine eis aut eorum voto), alcanzan de Dios, por la sola fe, la gracia de la justificación; sea excomulgado» (Sacrosanto Concilio de Trento, Canon 4).

Hay docenas de sentencias de concilios, papas, santos y doctores de la Iglesia contradiciendo la doctrina de los hermanos Dimond, y por tal motivo en el Código de Derecho Canónico de 1917 se establece lo siguiente:

Sobre el entierro eclesiástico (canon 1239.2):

«Los catecúmenos que sin culpa propia mueren sin el bautismo, han de ser tratados como los bautizados».

The Sacred Canons por los Rev. PP. John A. Abbo. St.T.L., J.C.D., y Jerome D. Hannan, A.M., LL.B., S.T.D., J.C.D.

Comentario al Código:

«La razón de esta regla estriba en que justamente se cree que ellos encontraron la muerte unidos a Cristo por el bautismo del deseo».

Pero un tratado más exhaustivo acerca del tema, se obtiene gracias a la santa sabiduría del gran San Bernardo de Claraval, patrono en la defensa de la Iglesia y del Papado.

A continuación presentamos la primera parte del TRATADO ACERCA DEL BAUTISMO realizado hace casi nueve siglos por el insigne San Bernardo, último de los Padres de la Iglesia.

SAN BERNARDO

OBRAS COMPLETAS

TOMO IV

EDITOR RAFAEL CASULLERAS

BARCELONA, 1925

TRATADO ACERCA DEL BAUTISMO Y

OTRAS CUESTIONES QUE LE PROPUSO

HUGO DE SAN VÍCTOR

I “No comenzó la obligación del bautismo precisamente en el momento en que se dijo a Nicodemo : “Quien no renaciere por el bautismo del agua y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios”.

Me escribís que cierta persona, no sé cuál, pues no me la nombráis, (según opinión de algunos se trata de Pedro Abelardo), afirma que desde el mismo punto en que el Señor dijo : “Quien no renaciere por el agua del bautismo y la gracia del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios, (Jn. 3, 5); nadie puede salvarse sin haber recibido de una manera real y sensible el sacramento de que aquí se trata, a menos que no se supla por el martirio; de tal modo que, aunque se poseyera una verdadera fe y una sincera contrición y se deseara vehementemente recibirlo, si por interponerse la muerte de súbito no se alcanzase, el hombre que muriere en tal disposición se condenaría irremisiblemente.

Lo primero de todo, por lo que hace al tiempo en que debía obligar el bautismo, digo que me parece excesivamente duro y riguroso que una palabra todavía secreta causara ya un mal público y general, o lo que es lo mismo, que el juez castigara aun antes de amenazar, y que nuestro divino Salvador, en una plática que sostenía en la oscuridad de la noche y en la intimidad con un solo hombre, promulgase una ley que, permaneciendo todavía ignorada, no podía salvar a nadie, sino que había de llenar el mundo de condenados.  ¿Cómo ha de ser esto posible?

La palabra de salvación, el precepto de la vida, ¿no pudo obrar ni una cosa ni otra sin traer antes la muerte?  ¿Hemos de creer que hizo morir a tantas gentes, tanto más ajenas de culpa cuanto que ignoraban la voluntad del Señor?  ¿Acaso pudo Dios matar, como decía uno de los gentiles en la Escritura, a un pueblo justo que no sabía lo que debía hacer? ¿Quién osara pensar del Señor tal injusticia? No se compadecía con el que era el autor de la vida traer la muerte al mundo, y menos al principio de sus predicaciones, con un edicto nuevo que todavía no conocían los hombres, cuando precisamente venía a la tierra a destruir el imperio de la muerte.

Nefando crimen sería pensar que el dispensador de todos los bienes había querido empezar su ministerio con tan grave mal. Jamás vendré a caer en la ceguedad de atribuir a Cristo lo que sólo es propio del Anticristo, pues de éste sé que se ha dicho que apercibe la saeta en la aljaba para asaetear en lo escondido y en celada a los rectos de corazón.

En el interín, !cuántos murieron a la sazón sin bautizar en todo el orbe de la tierra, y sin enterarse de la plática que sostuvieron, de noche y en secreto, Jesús y Nicodemo!  !Cielo santo!  ¿No se había publicado todavía la ley y hacía ya prevaricadores? Consideremos lo que decía el Apóstol: ¿Cómo creerán en Él los que aún no han oído hablar  a nadie de su persona?  ¿Y cómo han de oír hablar de Él si no hay quién les instruya?  ¿Y cómo les podrán predicar e instruir si nadie es enviado para ejercer ese ministerio?, (Rom. 10,14).  Pues si nadie había recibido aún la misión de publicar la ley, y por esta causa ni la ley había sido predicada, ni era conocida de nadie, ¿queréis que digamos, imitando al mal siervo, que el Señor es tan duro de condición que quiere segar allí donde no plantó nada y quiere recoger allí donde nada cultivó?  Lejos de nosotros pensar tal cosa.

Ved la verdad concreta sobre este punto: Aquel que es verdadero Maestro de todos en los cielos y en la tierra instruye en esta conversación secreta e íntima a un varón que sólo es maestro en Israel, y le da a conocer lo que se propone prescribir, le enseña lo que ha de enseñar un día a todos, mas sin querer crear ya, en ese mismo momento, una obligación para los ausentes, ni imponer un precepto a los que no podían oírle. Insigne injusticia fuera exigir obediencia cuando no había precedido promulgación ni noticia alguna de la ley. Pues no se trata de ningún precepto como los de la ley natural, que no es menester promulgarlos para que nos sean conocidos, por ejemplo, aquel que dice: “No hagas a otro lo que no quisieras hicieran contigo”. Se trata más bien de un mandato de derecho positivo que de una prescripción de derecho natural. Porque ni la naturaleza ni la razón natural nos enseñan que sea preciso ser lavados exteriormente con las aguas del bautismo para alcanzar la salud interna y eterna del alma. Esto es un sacramento del Altísimo, que como tal se ha de creer y no discutir; se ha de adorar y no juzgar; se ha de alcanzar por la fe, ya que no lo sentimos como innato; se ha de conservar por la tradición, ya que no se puede descubrir por la sola razón.

Por lo demás, la fe no se da si antes no precede el haber oído, pues el mismo Apóstol nos dice: “La fe viene del oído”, (Rom. 10, 17). Ahora bien; lo que no se podía obrar ni creer sin antes haberlo oído, ¿cómo se había de exigir antes que nadie lo pudiese oír?  En este punto reparad cómo el Apóstol acude a una objeción que le podían poner algunos incrédulos, y ved con que traza los convence, diciendo: “¿Es que acaso no oyeron?”. Como si dijera: “Tendrían excusa si no hubieran oído”; porque en efecto, donde no hay promulgación de la ley no se da la prevaricación. Pero al presente, cuando han llegado ya las voces de los predicadores hasta los últimos confines de la tierra, y la palabra de los Apóstoles ha resonado por todo el universo mundo, no se puede apelar ya a la ficción de que no se ha oído, y por consiguiente es preciso que resulte inexcusable el desprecio de la ley.

Cierto es que muchas cosas que deberían saberse se ignoran, sea esto por la pereza en aprender, sea de la negligencia en inquirir, sea de la vergüenza en preguntar.  Y cierto es también que en este caso la ignorancia no tiene excusa en modo alguno.  Pero, ¿la ley del bautismo es de aquellas que se pueden aprender por algún humano magisterio?

Si el hombre es incapaz de calar el pensamiento de otro hombre si éste no se lo revela o manifiesta, ¿cómo podrá penetrar en el pensamiento de Dios, si Dios mismo no se lo manifiesta?  Por esto oíd lo que el mismo Señor dice: “Si no hubiese venido y les hubiera hablado, no tendrían pecado”, (Jn. 15, 23).  Notad que no dice simplemente: “y hubiese hablado”, sino que expresa mucho más, diciendo : “y les hubiese hablado”, dándonos sin duda a entender que el menosprecio de ellos a la ley no resultaba sin excusa sino después de haberles manifestado su voluntad.

Si hubiese hablado, pero no a ellos, todavía pudiera tener excusa su desobediencia con la ignorancia; pero ahora, dice, “como he hablado y les he hablado, ya no tienen excusa con qué justificar su pecado”.  Por esto precisamente añadió en otra ocasión memorable: “Yo he hablado en público a todo el mundo, y no he dicho nada en secreto”.

Y no dijo esto porque no hubiese dado en particular a sus discípulos diferentes instrucciones y no hubiese tenido muchas pláticas íntimas con ellos, sino para indicar que lo que había dicho en secreto a sus discípulos, no tendría fuerza de ley, y por consiguiente no podía ser materia ni ocasión de premios o castigos, hasta tanto que se hiciese público y se predicase para todos. De ahí que dijera a sus Apóstoles: “Lo que os digo en lo escondido de la noche anunciadlo en pleno día”, (Mat. 10, 27), a fin de que después de la publicación de su doctrina, los que la abrazaran y practicaran merecieran premio y recompensa, y los que la menospreciaran fueran acreedores del castigo.

A este propósito hizo también aquella terminante manifestación: “Quién a vosotros oye, a Mí me oye; quién a vosotros desprecia, a Mí me desprecia”.  Como si dijera: “No dependerá de mi revelación secreta a vosotros, sino de vuestra pública predicación, el juicio que haré sobre los que obedezcan o contradigan mi ley”.

Pero quizá me diga alguno que a aquellos que no oyeron su doctrina, aunque no se les juzgará por despreciar su ley, con todo serán condenados a causa de su pecado original, que no puede ser borrado más que por el Bautismo. 

Pero, ¿quién ignora que en la Ley Antigua tuvieron los hombres otros remedios, fuera del Bautismo, para defenderse contra dicho pecado de origen?  Para esto dio el Señor a Abrahán y a todos sus descendientes la circuncisión como una especie de sacramento. Y en cuanto a los gentiles que permanecieron fieles en la observancia de la ley natural, tengo para mí que los adultos se justificaron por la fe y por ciertos sacrificios, y los niños por la fe de sus padres, que creo que por entonces les bastó. Estas leyes duraron hasta que se promulgó la del Bautismo, que las sustituyó a todas y las dejó sin efecto para en adelante.

Averigüemos, pues, en qué tiempo comenzó a estar en vigor la del Bautismo.   Según el anónimo que os movió a escribirme, (posiblemente Abelardo), ya está declarado más arriba : “Desde el momento en que se dijo a Nicodemo : “Quién no renaciere…..”, etc.  Ahora bien, considerad que estas palabras se decían efectivamente a Nicodemo, amigo en verdad de Jesús, pero amigo oculto por el miedo que tenía a los judíos, y tened en cuenta que esto era de noche, y que se trataba de una entrevista secreta y escondida que se había procurado el miedoso discípulo.

Pues sin hablar de los gentiles, ¿cuántos miles de judíos pensáis que murieron circuncidados desde el  momento de la plática hasta que la doctrina del Bautismo pasó de las tinieblas a la luz? Pues, ¿qué?  Diremos que todos ellos se condenaron por no  haber sido bautizados?   Sería hacer injuria al antiguo precepto, dado también por Dios lo mismo que el nuevo, si habiéndose proclamado este último como furtivamente, pensáramos que el otro se desvanecía de súbito, como por encanto, sin que valiera ya para nada.   !Cuán largo tiempo pasó aún hasta que los Apóstoles predicaron en alta voz por calles y plazas aquello de: “Si os hacéis circuncidar, Jesucristo de nada os aprovechará”, (Gál. 5,2). 

Por otra parte, ¿qué significado podrían tener aquellas palabras del Maestro, que dicen : “Desde los días de Juan el Bautista el reino de los cielos padece violencia”, (Mat. 11, 12), si precisamente entonces se hubiera hecho una exclusión que jamás había existido, y que nunca jamás habría de existir en adelante? Porque, ¿cuál camino tomar para ir al cielo en unos días en que la antigua ley no existía ya por haber sido derogada, y la nueva no podía ser cumplida porque aún era secreta y estaba oculta?

!Oh desdichado e infelicísimo tiempo aquel, único a través de los siglos, en que no había medio de salvarse, puesto que la circuncisión, que hasta entonces había tenido virtud, la había perdido ya al aparecer el sacramento del Bautismo, y el Bautismo, como aún permanecía desconocido, no podía aprovechar ni salvar a nadie!  !Quizás entonces dormía Dios y no había quien pudiese salvar ni redimir!

******

(La obligación del Bautismo no comenzó hasta después de la suficiente predicación del Evangelio, dice San Bernardo en el siguiente capítulo. En caso de extrema necesidad basta el bautismo de fe o de deseo, lo mismo que el martirio).

*********  

(Neo) Cardenal Castrillón a Rome Reports: “La FSSPX nunca ha estado en cisma”

abril 21, 2017
FSSPX en ROMA

ES BUENO SABERLO…

“Si queréis fundar el reino de los elegidos sobre el trono de la prostituta de Babilonia, hacedlo de modo que el clero marche tras vuestra bandera creyendo que sigue la de la fe apostólica… echad las redes como lo hacía Simón bar Joná. Echadlas en las sacristías, seminarios y monasterios en vez de en el mar. Colocaréis a vuestros amigos en torno a la silla de San Pedro. Habréis predicado una revolución vestida con la tiara y la capa pluvial que marcha con la bandera de la cruz. Una revolución que basta con encender mínimamente para que estalle en un fuego que se extienda a todos los rincones de la Tierra.»

(Transcrito del Distrito México de la FSSPX con información de Rome Reports) 

El Cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, quien desempeñara el cargo de Presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei del 2000 al 2009, declaró en una entrevista con Rome Reports realizada a mediados de marzo del 2017, que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X “nunca se introdujo en el camino de la herejía.”

Hubo algunos momentos en que se alejaron, pero técnicamente jamás cayeron en el cisma absoluto o en la herejía. Por ejemplo, no crearon una jurisdicción aparte, porque el hecho de crear una jurisdicción fuera de la jurisdicción de la Iglesia, significa que hay un deseo de separarse.

Ésta no es la primera vez que el Cardenal Hoyos declara que la FSSPX no entró en cisma ni ha caído en la herejía. En septiembre del 2005, en una entrevista para 30 Giorni realizada por  Gianni Cardinale, declaró lo siguiente: “Desafortunadamente, Monseñor Lefebvre llevó a cabo las consagraciones y, por lo tanto, sucedió la situación de la separación, aunque no haya sido un cisma formal.”

Y, posteriormente, en noviembre de ese mismo año, declaró para el canal de televisión italiana Canal 5:

No se trata de un caso de herejía. No se puede decir en términos correctos y exactos que existe un cisma. Hay una actitud cismática en el acto de ordenar obispos sin la aprobación del Papa. Pero están dentro de los confines de la Iglesia. El problema es la falta de una comunión más plena, más perfecta, y como se dijo durante la entrevista con Monseñor Fellay, una comunión total, porque la comunión sí existe.

En su última entrevista, el Cardenal Hoyos declaró que, en su opinión, los puntos de vista y reacciones de la FSSPX son interpretaciones e implementaciones incorrectas de los documentos del Concilio Vaticano II.

Hubo algunos puntos que no están totalmente claros. Muchos de los artífices del post-concilio abordaron estos puntos en una forma que no era compatible con el Concilio, cosa que, en sí misma, es completamente válida. Llevaron a cabo interpretaciones que no iban en la misma línea del Concilio o del Magisterio.

Podríamos pedirle al Cardenal Hoyos que nos explicara lo que significa el término “comunión total”. El adjetivo “total” no forma parte de ninguna de las intepretaciones clásicas del término comunión. Para la Iglesia, la comunión existe o no existe, y es ella precisamente quien enseña que el pecado que destruye la comunión es el cisma. Si no hay cisma, como afirma Hoyos, no hay ausencia de comunión.

Fuente: romereports

Forense ateo afirma: «El hombre de la Sábana Santa es Jesús»

abril 17, 2017
Philippe Boxho

Philippe Boxho, forense ateo que no duda que “es Jesús o un hombre que murió como Él”.

(Transcrito de ReL)

Philippe Boxho es profesor de Medicina Legal en la Universidad de Lieja (Bélgica) y director de su Servicio de Medicina Legal. Ha realizado en su vida más de dos mil autopsias, y hace unos años se interesó por la Sábana Santa de Turín, que para él, como forense, supone “una auténtica escena del crimen” a la que aplicar sus conocimientos como especialista.

El profesor Boxho ha concedido recientemente una entrevista a La Meuse. Se define como “ateo completo” y “no cree que Jesús sea el Hijo de Dios”, pero sí que Jesús es “un personaje histórico, los detalles de cuya vida se conocen por diversas fuentes”. Y tiene claro, aunque conoce la polémica sobre la datación del lienzo, que el hombre de la sábana es Jesús, o un hombre que murió como Él.

Lo característico de la Sábana Santa es, sin embargo, que refleja todos los detalles que singularizan la muerte de Jesús respecto a la habitual crucifixión romana. La concordancia entre el relato evangélico y sus rastros en la Sindone es lo que conduce a Boxho a su conclusión.

¿Cómo describe al hombre de la Sábana Santa? “Es una persona que ha muerto de la misma manera que Cristo, si es que no es Él mismo. Que ha sufrido las mismas torturas, si es que no es Él mismo. Es alguien que las ha sufrido exactamente de la misma manera, y que fue envuelto en una tela que dejó una huella”, explicó en una entrevista que le hizo la cadena de televisión RTL.

Una de las singularidades es la lanzada. La herida que tiene el hombre de la Sábana Santa “se corresponde, desde un punto de vista médico-legal, a una herida conocida, la de un instrumento puntiagudo y cortante como un cuchillo, perfectamente compatible con una lanza. En el lienzo se ve en el lado correcto, el lado derecho”.

Otro elemento son los clavos de las muñecas, “que eran los que le mantenían sujeto”, porque en las palmas el cuerpo no habría aguantado: “No hay tejido en el interior de la mano lo bastante fuerte para sujetar con la mano el peso que el cuerpo ejerce sobre ella. Al cabo de algunas horas el clavo se abría soltado y la mano se desclavaría de la cruz. La muñeca, sin embargo, está constituida por pequeños huesos sólidamente unidos unos a otros por ligamentos que los unen con fuerza“.

El profesor Boxho concede tal importancia a las huellas de la Sábana Santa que, lejos de considerarlas una pintura medieval, incluye su estudio en el máster que imparte a sus alumnos y futuros colegas.

«¿Qué dices ahora, judío, tú que ayer levantabas airoso tu cabeza ante la Cruz?»: San Bernardo en su homilía de la Resurrección

abril 16, 2017

Caifás

¿Cómo olvidas tú, judío, eso que tantas veces has oído, que el Señor reinó desde el madero, y te mofas de ese Rey porque aguanta en el madero?

San Bernardo, estatua en su casa natal. En su homilía reprocha al judío por el crimen de Deicidio.

San Bernardo, estatua en su casa natal. En su homilía reprocha al judío por el crimen de Deicidio.

Ha vencido el León de Judá. La sabiduría es más fuerte que el mal. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna suavemente el universo. Actúa con energía en mi favor y me trata siempre con blandura. Soportó en la Cruz las injurias de los judíos, encadenó en su palacio al hombre fuerte y bien armado, y redujo a la impotencia al que imperaba sobre la muerte. Judío, ¿qué fue de tu arrogancia? Zabulón, ¿dónde tienes el botín? Muerte, ¿dónde está tu victoria? El impostor está avergonzado, y el saqueador desvalijado.

Apareció un nuevo poder. La muerte, siempre victoriosa, está pasmada. ¿Qué dices ahora, judío, tú que ayer levantabas airoso tu cabeza ante la Cruz? ¿Por qué lanzas tus dardos a Cristo, que es la verdadera cabeza del hombre? Cristo, dices, Rey de Israel, baja de la Cruz. Lengua envenenada, palabras infames, lenguaje perverso. ¿No decías hace un momento, Caifás, que antes que perezca la nación entera conviene que muera uno por el pueblo? Como proferías una verdad, no hablabas por ti mismo, ni sabías lo que decías. Si es el Rey de Israel, que baje de la Cruz.

Así opinas tú y el eterno mentiroso. El rey nunca debe descender, sino ascender. ¿No recuerdas, vieja serpiente, la humillación que recibiste al decir: tírate abajo, o te daré todo eso si te postras y me rindes homenaje? ¿Cómo olvidas tú, judío, eso que tantas veces has oído, que el Señor reinó desde el madero, y te mofas de ese rey porque aguanta en el madero? Pero es posible que no lo hayas oído, porque este mensaje no es para los judíos, sino para los gentiles: Decid a los pueblos que el Señor triunfó desde un madero.

¿No decías hace un momento, Caifás, que antes que perezca la nación entera conviene que muera uno por el pueblo?.

¿No decías hace un momento, Caifás, que antes que perezca la nación entera conviene que muera uno por el pueblo?.

El gobernador pagano acertó al poner sobre el madero el título de rey; y el judío, aunque lo intentó, no pudo deformar la inscripción, ni impedir la pasión del Señor y nuestra redención. Si es rey de Israel que baje, gritan aquéllos. No, precisamente porque es rey de Israel, no abandona su título real ni olvida su cetro. Lleva al hombro el principado, cantó hace tiempo Isaías. Los judíos insisten a Pilato: no dejes escrito el rey de los judíos; pon: éste dijo que era rey de los judíos. Pero Pilato contesta: lo escrito, escrito queda. Si Pilato mantiene su palabra escrita, ¿no va a coronar Cristo lo que comenzó? lo decidió y nos salvará.

Ellos siguen diciendo: ha salvado a otros y él no se puede salvar. Pero si descendiera de la cruz no salvaría a nadie. Si el que quiere salvarse debe perseverar hasta el fin, con mayor motivo quien desea ser el Salvador. Por eso salva a los demás, porque él mismo es la salvación y no necesita salvarse a sí mismo. Está realizando nuestra salvación, y no quiere dejar incompleto el sacrificio vespertino de la víctima propiciatoria. Intuye tus pensamientos. No esperes que te brinde la menor ocasión de arrebatarnos la perseverancia y con ella la corona. No apagará la lengua que predica, ni la que consuela a los débiles, o dice al oído de cada uno: no te retires. Y no se atreverían a pedir esto si pudiéramos responderles que Cristo abandonó su puesto.

El corazón del hombre se pervierte desde la juventud. Has fracasado ajustando saetas a la cuerda, y aumentando la ansiedad de los discípulos con los insultos de los judíos. Aquéllos pierden la esperanza, y éstos insultan alevosos, pero a Cristo no le afecta ni lo uno ni lo otro. Ya le llegará el momento de alentar a los suyos y humillar a los enemigos.

Mientras tanto derrocha paciencia, manifiesta humildad, practica la obediencia y llega a la cumbre del amor. Estas son las cuatro piedras preciosas que engalanan los cuatro extremos de la cruz: en o más alto el amor, la obediencia a la derecha, la paciencia a la izquierda, y en el suelo la humildad, fundamento de las virtudes. Mira las riquezas que aportó la pasión del Señor al triunfo de la cruz: humildad frente a las blasfemias de los judíos y paciencia en los tormentos; interiormente le torturaban las lenguas, y por fuera los clavos. Pero su amor era tan inmenso que dio la vida por sus amigos, y en un gesto sublime de obediencia, reclina  la cabeza, entregó el espíritu, obedeciendo hasta la muerte.

Estas riquezas y esta gloria quería arrebatar a la Iglesia de Cristo el que gritaba: si es rey de Israel que baje de la cruz. Quería suprimir el modelo de obediencia, el estímulo del amor, y hasta el más mínimo ejemplo de paciencia y humildad. Y aquellas tiernas palabras del Evangelio, más dulces que el panal de miel: no hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Y aquellas otras que dirige al Padre: he llevado a cabo la obra que me encargaste. O las que confía a los discípulos: aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Cuando me levanten de la tierra atraeré a todos hacia mí.

La envenenada y astuta serpiente no soporta esa otra serpiente de bronce colocada sobre el estandarte, que cura las heridas de quienes la miran. Por eso instiga a la mujer de Pilato diga a su marido: deja en paz a ese inocente, que esta noche he sufrido mucho en sueños por causa suya. Ya tenía miedo entonces. Pero mucho más ahora. El enemigo se siente impotente ante el poderío de la cruz, y quiere volverse atrás cuando ya no hay remedio: a los que antes incitó a crucificar, ahora quiere le convenzan que baje de la cruz. Y dicen: si es rey de Israel, que baje de la cruz y le creeremos.

¿Es posible una astucia más serpentina y un artificio más perverso? El Salvador había dicho: sólo me han enviado para las ovejas descarriadas de Israel, y todos sabían con qué ardor se había entregado a salvar a su pueblo. Por eso ahora el malvado quiere enmascarar las lenguas blasfemas y que digan: que baje y le creeremos. Como queriendo decir: ya no existe ningún impedimento para que baje, porque lo único que desea es que creamos en Él.

Pero ¿qué atenta o contra quién trama asechanzas este astuto? Nada menos que contra Aquel a quien no lo engañará el enemigo ni los malvados lo humillarán. Las vanas promesas no afectan al que ve el interior del hombre. Ni le intimidan las ruines blasfemias, al que es la mansedumbre por excelencia. Lo que pretende esta diabólica sugerencia no es que aquéllos lleguen a creer, sino que desaparezca por completo nuestra fe pobre y vacilante. Porque si se nos dice que las obras de Dios son perfectas, ¿cómo íbamos a creer en Dios, al ver que dejaba incompleta nuestra salvación?

Escuchemos, en cambio, qué responde Cristo, usando las palabras del Profeta. Judío, ¿quieres una señal? Pues espérame el día de mi resurrección. Si quieres creer ya tienes pruebas mucho mayores que ésta. He realizado prodigios, he curado a los enfermos ayer y anteayer. Hoy debo morir. ¿No es mucho más asombroso hacer salir de los posesos a los espíritus inmundos, como tú mismo lo has visto, o que los paralíticos corran con sus camillas al hombro, que quitarme estos clavos que tú has puesto en mis pies y manos? Ha llegado el momento de sufrir, no de hacer. Y así como no habéis podido adelantar la hora de la pasión, tampoco podréis impedirla.

Mas si esta gente idólatra y perversa sigue pidiendo señales, no se les dará otra que la del profeta Jonás, no del Jonás que desciende, sino del que resurge. Si el judío no a acepta, recíbala lleno de gozo el cristiano. Sí, ha vencido el león de Judá. A la voz del Padre despertó el cachorro. Rasgó las entrañas del sepulcro, el que no quiso bajar de la cruz. Nuestros enemigos juzgarán si esto es lo más extraordinario: ellos que habían sellado la losa, y asegurado con guardias la vigilancia del sepulcro.

Esa gran losa que tanto preocupaba a las piadosas mujeres, al resucitar el Señor la corrió un ángel y se sentó encima. De este modo el cuerpo salió lleno de vida de un sepulcro bien cerrado, como había nacido del seno intacto de una Virgen, y se presentó donde estaban reunidos los discípulos con las puertas atrancadas. En cambio, hay un lugar de donde no quiso salir con las puertas cerradas: la cárcel del infierno. Rompió los cerrojos de hierro y arrancó las aldabas, para sacar tranquilamente a los suyos, a los que había rescatado del enemigo. Y con las puertas de par en par salieron los radiantes escuadrones que lavaron y blanquearon sus vestiduras con la sangre del Cordero. Sí, las blanquearon con la sangre, porque juntamente con ella, como atestigua el que lo vio, también brotó agua que emblanquece. También podemos decir que las blanquearon en la sangre, en esa sangre y leche a la vez del Cordero blanco y sonrosado del Cantar: Mi amado es blanco y sonrosado, descuella entre diez mil. Por eso el testigo de la resurrección tiene aspecto de relámpago y viste todo de blanco.

Para rechazar las falacias de los judíos le bastó salir de una tumba cerrada. Ese mismo a quien poco antes insultaban: si es rey de Israel, que baje de cruz. Habían puesto más empeño en sellar y asegurar el sepulcro, que en sujetar los clavos. Si el león de Judá ha vencido en todos estos acontecimientos, y ha hecho mucho más de lo que le pedían, ¿a qué podremos comparar el milagro de la resurrección?

Se nos dice que antes habían ocurrido otras resurrecciones, o retornos a la vida. Eran preludio de ésta, la cual las aventaja por doble motivo. Aquéllos resucitaban pero volverían a morir. Cristo, en cambio, resucitado de la muerte no muere ya más, la muerte no tiene dominio sobre él. Aquéllos al volver a morir necesitaban resucitar de nuevo. En el caso de Cristo su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios, eternamente. Con razón decimos que Cristo es la primicia de los resucitados: resucitó de tal modo que no vuelve a morir es inmortal.

Existe otro motivo que hace especialmente gloriosa su resurrección. ¿Hubo jamás alguien que se resucitara a sí mismo? Es inefable que un muerto se despierte a sí mismo. Es algo único, y nadie más lo puede hacer. El profeta Eliseo resucitó a un difunto, pero era otra persona distinta de él mismo. Y hace ya muchos siglos que yace en elsepulcro, esperando que le resucite otro, porque él no puede hacerlo por sí mismo.

Ese otro es el que triunfó de la muerte en sí mismo. Por eso decimosque algunos han sido resucitados, y que Cristo ha resucitado: es el único que salió triunfante del sepulcro por su propio poder. Así, ha vencido el león de Judá. ¿Cuál no será su poder, o qué no podrá hacer ahora el que está vivo y dice a su Padre: he resucitado y estoy contigo. 

No quiso demorar más de tres días la resurrección para confirmar el oráculo del Profeta: en dos días nos hará revivir, y al tercer día nos resucitará. Conviene además que donde está la cabeza le acompañen los miembros. Era el día sexto de la semana cuando redimió al hombre muriendo en la cruz, el mismo día sexto en que lo había creado. Al día siguiente descansó en el sepulcro, con toda su obra terminada. Y al tercero, que ahora es el primero, apareció el hombre nuevo, vencedor de la muerte y primicia de los que duermen.

Nosotros, pues, que seguimos a nuestra cabeza, vivamos entregados a la penitencia en ese día en que fuimos creados y redimidos. Carguemos con la cruz y perseveremos en ella como él perseveró, hasta que el Espíritu nos mande descansar de nuestros trabajos. No prestemos oído a nadie que nos invite a bajar de la cruz, aunque sea de nuestra propia carne y sangre, o un espíritu. Perseveremos en la cruz y muramos en ella. Que nos descuelguen las manos de otros, no nuestra inconstancia. A nuestra cabeza lo descolgaron unos santos varones. Que envíe él ahora a sus ángeles y nos bajen a nosotros.

Mientras tanto vivamos con valentía el día de la cruz, descansemos en paz otro día en el sepulcro, aguardando la dicha que esperamos, la venida de nuestro Dios, que nos resucitará a los tres días, transformando nuestro ser con su resplandor. Porque los difuntos de cuatro días, como Lázaro, huelen mal; recordemos la Escritura: Señor, ya huele mal, lleva cuatro días.

Los hijos de Adán han añadido un cuarto día, que no procede del Señor. Por eso se corrompen cometiendo execraciones, y se revuelcan en sus heces como los animales. El plan divino es de tres días: dolor, descanso y gloria. Los humanos aceptan esto, pero anteponen su día; y de ese modo retrasan la penitencia para entregarse al placer. Ese día no lo ha hecho el Señor. Tienen ya cuatro días y huelen mal.

El Santo que nació de María no hizo tal cosa: resucitó al tercer día y no conoció la corrupción. Por eso ha vencido el león de Judá. Murió como un cordero y venció como un león. Ruge el león, ¿quién no temerá? El león, el más valiente de los animales, el que no retrocede ante nadie. El león de Judá. Tiemblen quienes lo rechazaron diciendo: no tenemos más rey que al César. Teman quienes decían: no queremos a éste por rey. Ha vuelto con el título real y hará morir de mala muerte a estos malvados.

Y sabemos que ha vuelto con el titulo real porque nos dice: “Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra”. Y su Padre añade en el salmo: “Pídemelo, te daré en herencia las naciones; en posesión los confines de la tierra; los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza”.  El león es fuerte, no cruel; su indignación es terrible. La ira de la paloma es insoportable. Pero este León rugirá en favor de los suyos, no en contra de ellos. Teman los extraños y salte de gozo Judá.

Regocíjense quienes le alaban y proclamen: Dios mío, ¿quién como tú? Tú eres el león de Judá y la raíz de David. David significa envidiable o de mano fuerte. El mismo dice: “No se te ocultan mis deseo”. Y en otro lugar: “Por ti conservo mi fuerza”. Ha dicho Raíz de David. No es David raíz de ÉL, sino ÉL la raíz de David. Porque ÉL es quien lo sostiene y no al revés. Tienes razón, David, en llamar señor tuyo a tu hijo, porque no eres tú quien sostiene a la raíz, sino que es la raíz la que te sostiene a ti. El es la raíz de tu fuerza y de tu deseo, una raíz envidiable y vigorosa. Ha vencido el león de Judá, la raíz de David.  ÉL abrirá el rollo y sus siete sellos. Son palabras del Apocalipsis. Apréndanlo quienes lo ignoran, y recuérdenlo quienes lo sabían.

Escuchemos nuevamente a Juan:  “En la diestra del que está sentado en el trono vi un rollo sellado con siete sellos, y nadie podía abrirlo ni examinarlo”. Y continúa:  “Lloraba yo mucho porque no había nadie que fuera capaz de abrir el rollo. Entonces uno de los ancianos me dijo: No llores, ha vencido el león de la tribu de Judá”, etc. Entonces vi entre el trono un Cordero: estaba de pie, aunque parecía degollado. Se acercó y recibió el rollo de la diestra del que está sentado en el trono; lo abrió y hubo gozo y alegría, con acción de gracias.

Juan oyó al león, y vio el Cordero. Y los ancianos aclaman: El Cordero que está degollado merece todo poderío. Sin perder la mansedumbre recibe la fortaleza. Sigue siendo cordero y se convierteen león. Y me atrevo incluso a decir que él mismo es el libro que nadie podía abrir. ¿Hay alguien capaz de abrir este libro? El mismo Juan Bautista, el más grande nacido de mujer, se considera indigno. No merezco ni desatarle la correa de las sandalias. Efectivamente,  la majestad vino a nosotros con unas sandalias, la divinidad se hizo carne. Teníamos la Sabiduría de Dios, pero en un rollo cerrado y sellado. Allí lo atan las correas de las sandalias, aquí lo ocultan los sellos del rollo.

¿Y cuáles son esos siete sellos? ¿No podíamos pensar en las tres facultades del alma: inteligencia, memoria y voluntad, y en los cuatro elementos del cuerpo? De este modo el Salvador participa realmentede nuestra naturaleza humana. ¿O tal vez el libro es su naturaleza humana, y debemos buscar los siete sellos?

Yo pienso en siete cosas que ocultaban por completo la presencia de la divinidad en su carne, y hacían imposible abrir el rollo y conocer la sabiduría allí encerrada. Y se me ocurre que son éstas: el matrimonio de la Madre, por el cual queda oculto el parto virginal y la concepción inmaculada, hasta el punto de que el creador del hombre pasara como hijo de un carpintero. La debilidad natural, que ora y suspira, mama y duerme, y acepta todas las demás necesidades, para encubrir de ese modo la fuerza de la divinidad. El hecho de someterse al rito de la circuncisión, como remedio del pecado y medicina contra la enfermedad; siendo así que él venía a suprimir toda dolencia y pecado. Huye también a Egipto por temor a Herodes, para que no fuera reconocido como Hijo de Dios y rey del cielo.

¿Y qué nos dicen las tentaciones en el desierto, en el alero del Templo y en el monte? Si eres Hijo de Dios, le dice, di que las piedras se conviertanen panes. O: tírate abajo. Pero Cristo no hace nada de eso, porque quiere dejar bien sellado el sello, y engañar al astuto. Y tanto se engañó que lo toma por un simple hombre bueno; de aquí que, llevado de su soberbia, ya no le dijo si eres Hijo de Dios, sino te daré todo esto si te postras y me rindes homenaje. El sexto sello es la Cruz, donde el rey de la majestad estuvo colgado entre dos malhechores y lo tuvieron por un criminal.

El sepulcro también selló este rollo, y ningún otro sello ató y ocultó tanto este asombroso misterio de amor. Con el Señor en el sepulcro únicamente había lugar para desesperarse. Por eso los discípulos decían: “Nosotros esperábamos”……..  ¿Quién no iba a llorar entonces al ver el rollo tan fuertemente cerrado y nadie capaz de abrirlo?

Pero no llores, Juan; ni tú, María. Olvidad el llanto y la tristeza. Alegraos justos con el Señor; aclamadlo, los hombres sinceros. Lo merece el Cordero degollado, el León resucitado. El es el Libro que se abrirá a sí mismo. Y lo hará resucitándose a sí mismo de los muertos, resucitando por su propio poder, y siendo testigos de ello, a los tres días, sus propios enemigos. Una resurrección tan sublime y gloriosa manifiesta con evidencia que los sellos y velos eran voluntarios, no necesarios; que no procedían de su naturaleza, sino de su benevolencia.

¿Por qué sellabas, ¡oh judío!, hace unos días el sepulcro?  “Porque aquel seductor, estando en vida, anunció: A los tres días resucitaré”. Cierto, era un seductor, pero bueno, no malvado. Lo dice el Profeta por vosotros: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste”…… Judíos: os sedujo en la pasión; y en la resurrección os forzó y os derrotó el león victorioso de Judá. Si lo hubieran descubierto no habrían crucificado al Señor glorioso. ¿Qué piensas hacer ahora? Lo anunció, y ha resucitado.

Examina atentamente los sellos del sepulcro: está de par en par. Tienes ante tus ojos el signo de Jonás, que él mismo te dio. Jonás salió del vientre del monstruo. Cristo surge de las entrañas de la tierra.Y convence mucho más que Jonás, porque se arrancó él mismo de las garras de la muerte. Los habitantes de Nínive se alzarán para carearse contra vosotros, y os condenarán: porque ellos escucharon al profeta, y vosotros habéis rechazado al Señor de los profetas.

¿No decíais: que baje de la cruz y creeremos en él? Intentabais romper el sello de la cruz y prometíais creer en él. Ya lo tenéis abierto, no roto: entrad. Si no creéis en el que ha resucitado, menos aún si hubiera bajado de la cruz. Si la cruz de Cristo os escandaliza -porque el mensaje de la cruz es un escándalo para los judíos- animaos al menos con el prodigio de la resurrección. Para nosotros la cruz es un orgullo. Para los que hemos recibido la salvación es un portento de Dios, y la plenitud de todas las virtudes. Compartid, al menos, la resurrección.

Pero resulta que aquí reside vuestro mayor escándalo, y lo que para nosotros es un olor que da vida y sólo vida, para vosotros es un olor que da muerte y sólo muerte. Inútil continuar. El hermano mayor no soporta la música y el baile, y se indigna por el ternero cebado matado en nuestro honor. Está a la puerta y se niega a entrar. Entremos nosotros, hermanos, y celebremos la fiesta, con los panes sin levadura, que son el candor y la autenticidad, porque Cristo, nuestro Cordero pascual, ya fue inmolado. Y practiquemos las virtudes que nos predica desde la cruz: la humildad y paciencia, la obediencia y el amor.

Consideremos, además, con atención, el mensaje de esta solemne festividad. Resurrección significa paso, transición. Cristo hoy no vuelve, sino que resucita; no retorna, sino que cambia de vida; ya no habita aquí, sino en otra patria. La misma Pascua que celebramos no significa retorno, sino paso. Y el nombre de Galilea, donde veremos al resucitado, quiere decir cambiar de país, y no permanecer en el mismo.

Ya veo que algunos se adelantan a mi discurso, e intuyen mis intenciones. Lo diré en dos palabras, pues no quiero hacerme pesado y quitaros la devoción que os inspira esta solemnidad. Si después de morir en la cruz, Cristo no hubiera resucitado y siguiera sometido nuevamente a nuestra existencia mortal y a las miserias de este mundo, para mí no habría cambiado de vida, sino retornado; no habría pasado a otra más perfecta, sino a la misma de antes. Pero si pasó realmente a una vida nueva nos invita también a nosotros a cambiar, nos espera en Galilea. Su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre, porque su vivir no es un vivir para la carne, sino para Dios.

¿Qué diremos a todo esto nosotros, que vaciamos del sentido de Pascua la sagrada Resurrección del Señor, porque no hacemos de ella un paso, sino un retorno? Estos días hemos llorado, y nos hemos entregado a la oración y a la compunción, a la sobriedad y abstinencia, para quedar libres y absueltos en este santo tiempo de cuaresma de las negligencias de todo el año. Hemos compartido los sufrimientos de Cristo, y nos hemos vinculado de nuevo a él por el bautismo de las lágrimas, de la penitencia y de la confesión.

Si hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a vivir todavía sujetos a él? Si hemos sentido dolor de nuestros defectos, ¿vamos a reincidir en ellos? ¿Seremos tan curiosos como antes? ¿Tan charlatanes, perezosos y negligentes? ¿Tan vanidosos, sospechosos, detractores e iracundos? ¿Tornaremos a los mismos vicios que tan sinceramente hemos llorado estos días? Ya me quité la túnica, ¿cómo voy a ponérmela de nuevo? Ya me lavé los pies, ¿cómo voy a mancharlos otra vez? Hermanos, eso no es cambiar de vida. Así no veremos a Cristo, ni es ése el camino que nos lleva a la salvación de Dios. Porque como sabemos todos, quien sigue mirando atrás no vale para el Reino de Dios.

Los amantes del mundo y enemigos de la Cruz de Cristo llevan en balde el nombre de cristianos: suspiran toda la cuaresma por el día de Pascua, para entregarse desenfrenados al placer. De este modo una triste realidad anula el gozo pascual. Nos duele la injuria que se hacea esta solemnidad, porque se hace precisamente en ella. ¡Qué pena! La resurrección del Salvador se ha convertido en el tiempo propicio de pecar, en la cita para volver a caer. Vuelven las comilonas y borracheras, la obscenidad y el libertinaje; y se da vía libre a la concupiscencia. Como si Cristo hubiera resucitado para esto, y no para rehabilitarnos.

¿Así honráis, miserables, al Cristo que aceptasteis? Antes de llegar le preparasteis hospedaje, confesando con lágrimas los pecados, mortificando el cuerpo y dando limosnas. Y ahora que ya lo tenéis con vosotros entregáis a los enemigos, y le obligáis a que se marche, porque tornáis a vuestros antiguos desenfrenos. ¿Pueden mezclarse la luz y las tinieblas? ¿Tiene algo que ver Cristo con la soberbia, la avaricia, la ambición, el odio entre hermanos, la lujuria o la fornicación? ¿Merece menos el que está presente que quien va a venir? ¿Pide menos santidad vivir el espíritu de Pascua que el de Pasión? A vosotros os importa lo mismo una cosa que otra. Porque si hubierais compartido sus sufrimientos, compartiríais ahora su gloria; y si hubierais muerto con él, estaríais también resucitados.

Esta lamentable situación que impide la renovación espiritual, se debe a las costumbres seculares, a la desidia. Como dice el Apóstol,ésta es la razón de que haya entre vosotros muchos enfermos y achacosos y de que hayan muerto tantos. Esta es la causa de tantas muertes como suceden por todas partes en nuestros días. Ya veis, transgresores, cómo os domina la ansiedad, no por ser transgresores, sino por aferraros a vuestro pecado y amontonar delitos. No os arrepentís, o lo hacéis con indolencia; ni evitáis los peligros de pecar, a pesar de que los conocéis por experiencia.

Como dice la Escritura: el enemigo os ha agarrotado los nervios secretos de los testículos. Mientras os comportéis así con los misterios de Cristo, no sois de Cristo, ni tendréis vida. Escuchad: “Si no coméis la carne y no bebéis la sangre del Hijo del hombre, no tendréis vida en vosotros”. Si lo recibís indignamente, os tragáis vuestra condenación, porque no discernís el don sagrado del Señor. Rebeldes, entrad dentro de vosotros, y buscad al Señor con todo vuestro ser. Odiad el mal y arrepentíos, no sólo de palabra y con la lengua, sino con espíritu y verdad.

Pero a estos hombres no les pesa haber caído: siguen en el resbaladero; ni creen estar equivocados: no se dejan guiar por nadie. Ojalá dieran muestras de auténtica compunción, huyendo de las ocasiones y alejándose del peligro. En caso contrario temed la condena de ese día que está establecido para que muchos caigan o se levanten. Si vivís totalmente ajenos a Cristo y desligados de él, si sois camaradas de Judas, en quien entró Satanás al comer el trozo de pan, estad ciertos que os condenará.

Pero nosotros no somos quién para juzgar a los de fuera. Lo hacemos únicamente porque también nosotros estuvimos en aquel fango, del cual fuimos arrancados por pura misericordia, y nos duele ver a estos hermanos nuestros todavía sumergidos en él. Dios quiera que nosotros estemos ya totalmente santificados y libres de esa miserable y sacrílega costumbre. Y que nuestra vida espiritual no decaiga ni se debilite al llegar el tiempo de la resurrección, sino que nos esforcemos en mejorar y superarnos. El que después de los rigores de la penitencia no vuelve a los consuelos humanos, sino que vive confiado en la misericordia divina y respira el fervor y gozo del Espíritu Santo; el que ya no se angustia con el recuerdo de los pecados pasados, sino que se deleita y se inflama con el recuerdo y deseo de los premios eternos, ése es el que resucita con Cristo, el que celebra la Pascua, el que corre a Galilea.

Vosotros, hermanos, si habéis resucitado con Cristo, buscad lo de arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; estad centrados arriba, no en la tierra, para que así como Cristo fuere resucitado de la muerte por el poder del Padre, así también vosotros empecéis una vida nueva. Cambiad las alegrías y consuelos humanos por la compunción y tristeza que Dios quiere, para gozar de la devoción santa y espiritual. Nos la concederá aquel que pasó de este mundo al Padre, y nos llama a Galilea para manifestarse a nosotros.

El es Dios por los siglos.

LO QUE ENSEÑA LA S.M. IGLESIA SOBRE LA RESURRECCIÓN

abril 15, 2017

Resurrección de Cristo

  

Resurrección de Jesucristo. – El domingo, al despuntar la aurora, Jesús sale lleno de gloria de la tumba sin tocar la piedra. La tierra tiembla, un ángel desciende del cielo, hace rodar la piedra, se sienta en ella y siembra el terror entre los guardianes del sepulcro. Estos, viendo vacío el sepulcro, corren a anunciar al sanedrín la resurrección del crucificado. Los príncipes de los sacerdotes les entregan una cantidad de dinero para que esparzan la voz de que, estando ellos durmiendo, habían venido los discípulos de Jesús y robado el cadáver.

El mismo día, el divino Jesús se aparece por la mañana a María Magdalena, a las santas mujeres y a Pedro. Por la tarde, se muestra a dos discípulos en el camino de Emaús, y después a sus apóstoles, reunidos en el Cenáculo.

Durante cuarenta días se aparece a sus apóstoles en diversas circunstancias; les encarga que enseñen y bauticen a todas las naciones y, finalmente, les da las últimas instrucciones para establecer su iglesia, de la que nombra definitivamente a Pedro primer pastor y Jerarca supremo.

La resurrección del Mesías es anunciada por David e Isaías: Vos no permitiréis, Señor, que vuestro Santo esté sujeto a corrupción35. El renuevo de José, el Hijo de David, será dado como señal a todas las naciones. Los pueblos le invocarán y su sepulcro será glorioso. (Is., XI, 10.)

MILAGRO DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO

 

  1. ¿Cuál es el milagro más grande de nuestro Señor Jesucristo?

 

  1. El milagro más grande de nuestro Señor Jesucristo es el de su resurrección. Él la había anunciado como la prueba más evidente de su misión divina, y la realizó al tercer día después de su muerte.

Es cierto: 1°, que Jesucristo murió el viernes por la tarde, y 2°, que salió vivo

del sepulcro el día de Pascua.

Esta resurrección es un hecho innegable. Todo lo prueba: a) el testimonio de los apóstoles; b) las confesiones implícitas de los jefes de la sinagoga; c) los milagros sin cuenta obrados en nombre de Jesús resucitado; d) los monumentos públicos erigidos en memoria de la resurrección; e) finalmente, la conversión del mundo a la religión cristiana.

Pero sólo Dios, señor de la vida, puede quitarla o darla; luego Jesucristo es Dios, o, por lo menos, el Enviado de Dios, y su religión es divina.

N.B. – 1° La palabra Pascua, sacada del hebreo, significa paso. Jesucristo pasó de la muerte a la vida, y nos hace pasar de la muerte del pecado a la vida de la gracia.

2° Jesucristo presenta su resurrección como la señal manifiesta de su misión divina. La generación mala y adúltera pide una señal; más no le será dada otra señal que la de Jonás profeta. Porque así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches, (Mateo, XII, 39 y 40.) Da, pues, el Salvador su resurrección como resumen de todas las pruebas de su misión divina.

3° De hecho, el milagro de la resurrección basta para probar la divinidad de la religión cristiana. Si Jesucristo se resucitó a Sí mismo, señal cierta de que es Dios, dueño de la vida y de la muerte; si Dios le resucitó, su misión es divina, porque Dios la confirma con el más asombroso de los milagros.

La resurrección es un hecho que debe ser probado como los demás hechos históricos: por el testimonio. Es necesario, por consiguiente, establecer: 1°, que Jesús estaba realmente muerto cuando fue colocado en el sepulcro; 2°, que después se mostró realmente vivo.

1° JESUCRISTO ESTABA REALMENTE MUERTO

 

1° San Juan, testigo ocular, lo afirma.

2° Los prolongados y atroces tormentos sufridos por el Salvador antes de ser crucificado, y la crucifixión, no podían menos de hacerle morir.

3° Los soldados no le rompieron las piernas como a los otros condenados, porque ya estaba muerto.

4° La lanza que le atravesó el costado hubiera sido suficiente para quitarle el último aliento de vida.

5° Pilatos no concede a José de Arimatea el cuerpo de Jesús, sino después de la comprobación oficial de su muerte.

6° Por último, el odio de los judíos contra Jesús nos da una prueba cierta de que ellos debieron comprobar que Jesús estaba bien muerto, cuando cerraron y sellaron el sepulcro.

2° JESUCRISTO, DESPUÉS SE MOSTRÓ VIVO

 

El Salvador se muestra vivo: 1° a María Magdalena.

2° A las santas mujeres que regresaban del sepulcro.

3° A Santiago y a San Pedro, Príncipe de los apóstoles.

4° A los dos discípulos de Meaux, el día de Pascua.

5° La noche del mismo día, a los apóstoles reunidos en el Cenáculo, estando ausente Tomás.

6° Ocho días más tarde, a los mismos apóstoles, reunidos todos en el Cenáculo con Santo Tomás.

7° A cinco apóstoles y a dos discípulos en el lago de Genezaret.

8° En Galilea, a más de quinientas personas reunidas en el Tabor.

9° A los apóstoles reunidos en Jerusalén con muchos discípulos. Con ellos sube al monte de los Olivos, de donde se eleva al cielo en presencia de ciento veinte testigos.

10° Finalmente, se muestra a Saulo, en el camino de Damasco, y este ardiente perseguidor de la Iglesia se convierten San Pablo, el apóstol de las gentes.

1° LOS APÓSTOLES Y NUMEROSOS TESTIGOS VIERON A JESÚS VIVO DESPUÉS DE SU MUERTE

 

Un hecho es absolutamente cierto cuando es afirmado por nuestros testigos que: a) no han podido engañarse; b) no han querido engañar, y c) no hubieran podido hacerlo. Tal es el hecho de la resurrección de Jesucristo.

  1. a) Los apóstoles no pudieron engañarse. – Jesucristo se mostró, no una sola vez, sino muchas, y durante un período de cuarenta días. Se mostró a muchas personas: a sus once apóstoles, a los discípulos y a más de quinientos fieles. Se mostró en pleno día, y en circunstancias muy diversas: en un huerto, en una calle, en el Cenáculo, a orillas de un lago, en los montes Tabor y de los Olivos. Admitir que en tales circunstancias todos los testigos de la resurrección se hayan engañado, sería admitir un fenómeno de ilusión imposible.

Finalmente, Jesucristo se mostró no a gentes crédulas, sino a gente desconfiada, tarda en creer… la cual califica de sueño la narración de las santas mujeres… Santo Tomás no quiere aceptar ni el testimonio de los demás apóstoles; quiere ver con sus ojos, tocar con sus manos las llagas de Jesús… ¿Cómo, pues, suponer error, ilusión, en testigos numerosos, de diferentes caracteres, y que se aseguraron del hecho con la triple evidencia de los ojos, de los oídos y de las manos?…

  1. b) Los apóstoles no quisieron engañar. – No tenían ningún interés en ello. Lo único que podían esperar de su mentira eran terribles castigos: de parte de Dios, que castiga el crimen, las rigurosas penas reservadas por su justicia a la impostura; de parte de los judíos, asesinos de Jesús, una muerte inevitable y cruel.

Además, estaban seguros de fracasar en su empresa. ¿Cómo hacer creer a sus contemporáneos un hecho tan extraordinario como la resurrección de un muerto, crucificado públicamente por orden de la autoridad religiosa y civil? Acometer tal empresa era evidentemente una locura. Y sin embargo, los apóstoles dieron gustosos su vida en confirmación de la resurrección de Cristo.

  1. c) Los apóstoles no pudieron engañar. – Para engañar era necesario, en primer

lugar, secuestrar el cuerpo de Jesucristo. Pero para esto necesitaban sorprender a los guardias, violentarlos o corromperlos: tres cosas absolutamente imposibles para la timidez y pobreza de los apóstoles.

Y después, robar un cadáver no es resucitarlo. Estamos siempre en presencia

de este hecho milagroso: Cristo muerto volvió a ser visto vivo. Los quinientos testigos que le vieron no podían ponerse de acuerdo para afirmar una mentira, estando como estaban diseminados por Judea y Galilea. Si Jesucristo no hubiera resucitado, hubiera sido imposible a los apóstoles convencer a los judíos y a los gentiles de que ellos le habían visto vivo.

2° TESTIMONIO DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS

 

Los miembros del sanedrín estaban convencidos de la resurrección de Cristo Jesús. Para negarla acudieron a la corrupción y a la mentira. Dieron a los guardias una suma de dinero para que hicieran correr la voz de que estando ellos dormidos, los discípulos de Jesús robaron el cadáver del Maestro. Pero si ellos no hubieran creído en la resurrección de Cristo, su deber, como su propio interés, estaba en castigar a los soldados por haber faltado a la disciplina militar, y en perseguir a los apóstoles por haber roto los sellos de la autoridad. ¿Por qué no iniciaron un sumario para establecer las responsabilidades y buscar el cuerpo del desaparecido?…

Puesto que los miembros del sanedrín se contentaron con sobornar a los soldados y trataron de echar tierra al asunto, a precio de oro, como lo hicieron siempre, es evidente que no pudieron negar la resurrección de Jesucristo.

3° MILAGROS OBRADOS EN NOMBRE DE JESÚS RESUCITADO

 

Los apóstoles obraron milagros en nombre de Jesús resucitado: luego ellos decían la verdad, porque Dios no puede hacer milagros para confirmar el error y la impostura. Por eso un gran número de judíos, heridos por el brillo de estos milagros, se convierten a la predicación de los apóstoles y adoraron como a Dios a Aquél que habían poco antes crucificado. El día de Pentecostés, San Pedro predica a Jesús crucificado y resucitado, y tres mil judíos abrazan la religión de Jesucristo.

San Pedro sanó en la puerta del templo a un rengo conocido en toda Jerusalén; predica por segunda vez, y cinco mil judíos se convierten y creen en Cristo, Salvador de Israel, (Hechos, II y III.)

4° MONUMENTOS PUBLICOS ESTABLECIDOS EN MEMORIA DE LA RESURRECCIÓN

 

Los apóstoles dejaron dos monumentos permanentes de la resurrección de su Divino Maestro: 1° La fiesta de la Pascua, celebrada por todos los cristianos del

mundo: católicos, cismáticos y protestantes. 2° El día de la fiesta trasladado del sábado al primer día de la semana llamado desde entonces domingo, o día del Señor. La fiesta de Pascua y el traslado del sábado al domingo, establecidos por los apóstoles, no tienen más razón de ser que la resurrección de Jesucristo.

5° LA CONVERSIÓN DEL MUNDO A LA RELIGIÓN CRISTIANA

 

Strauss, el mayor de los incrédulos modernos, halla que nada es tan imposible de creer como la resurrección de un muerto. Se engaña: hay algo más imposible, y es la transformación religiosa y moral del mundo por un crucificado, si este crucificado no ha resucitado. La tumba de un muerto no es un lugar donde podía echar raíces el árbol gigantesco del Cristianismo.

¿Es, por ventura, admisible, que algunos ilusos o algunos impostores hayan hecho creer la resurrección de Jesucristo a millares de millones, y que hayan fundado sobre este hecho la única religión digna de respeto y de amor?… Este sería un milagro más grande que el milagro mismo de la resurrección, o más bien, un fenómeno tan extraño que se opone a todos los principios del buen sentido.

Debemos, pues, concluir que la resurrección de nuestro Señor Jesucristo es un hecho innegable, más brillante que el sol, y cuya certeza jamás podrán destruir los incrédulos. ¿Qué nos queda por hacer? Caer a los pies de Jesús para decirle con Santo Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! 

Tomado de La Religión Demostrada – Los fundamentos de la Fe Católica ante la razón y la ciencia – P.A. Hillaire.

 

DE LA PASCUA DE RESURRECCIÓN

 

¿Qué misterio se celebra en la fiesta de Pascua?

– En la fiesta de Pascua se celebra el misterio de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo a saber, la reunión de su alma santísima con el cuerpo, del cual se había separado por la muerte y su nueva vida gloriosa e inmortal.

¿Por qué la fiesta de Pascua se celebra en la Iglesia con tanta solemnidad y regocijo y se continúa por toda la octava?

– La fiesta de Pascua se celebra por la, Iglesia con tanta solemnidad y se continúa por toda la octava por la excelencia del misterio, que fue el complemento dé nuestra redención y es el fundamento de nuestra Religión.

Si Jesucristo nos redimió con su muerte, ¿cómo su Resurrección es el complemento de nuestra redención?

– Jesucristo, con su muerte, nos libró del pecado y nos reconcilió con Dios, y por su Resurrección nos abrió la entrada a la vida eterna.

¿Por qué se dice que la Resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra Religión?

– La Resurrección de Cristo se dice es el fundamento de nuestra Religión porque el mismo Jesucristo nos la dio por principal argumento de su divinidad y de la verdad de nuestra fe.

¿De dónde se deriva el nombre de PASCUA, que se da a la fiesta de la Resurrección de Jesucristo?

– El nombre de Pascua que se da a la fiesta de la Resurrección de Jesucristo se deriva de una de las fiestas más solemnes de la antigua ley, instituida en memoria del paso del Ángel exterminador que mató a los primogénitos egipcios, y de la milagrosa libertad de la servidumbre de Faraón, rey de Egipto, obtenida por el pueblo de Dios, la cual era figura de nuestra libertad del cautiverio del demonio. Esa fiesta la celebraban los judíos con muchas ceremonias, pero especialmente sacrificando y comiendo un cordero; mas nosotros la celebramos ahora, sobre todo, recibiendo al verdadero Cordero sacrificado por nuestros pecados, que es Cristo Jesús, en. el Santísimo Sacramento del Altar.

¿Qué quiere decir la palabra PASCUA?

 

– Pascua quiere decir pasaje. En la antigua ley significaba el paso del Ángel, que para obligar a Faraón a consentir que se fuese el pueblo de Dios mató a los primogénitos de los egipcios, y pasó de largo por las casas de los hebreos rociadas con la sangre del cordero sacrificado el día antes, dejándolas inmunes de aquel azote. En la cueva ley significa que Jesucristo pasó de la muerte a la vida, y que, triunfando del demonio, nos ha trasladado de la muerte del pecado a la vida de la gracia.

¿Qué hemos de hacer para celebrar dignamente la fiesta de Pascua?

– Para celebrar dignamente la fiesta de Pascua hemos de hacer dos cosas: 1ª, adorar con santa alegría y vivo reconocimiento a Jesucristo; 2°, resucitar espiritualmente con Él.

¿Qué quiere decir RESUCITAR CON JESUCRISTO ESPIRITUALMENTE?

– Resucitar con Jesucristo espiritualmente quiere decir que así como Jesucristo, por medio de su Resurrección, comenzó una vida nueva, inmortal y celestial, así nosotros hemos de comenzar una nueva vida, según el espíritu, renunciando totalmente y para siempre al pecado y a todo lo que nos lleva al pecado, amando sólo a Dios y todo lo que nos lleva a Dios.

¿Qué quiere decir la palabra ALELUYA, que tenlas veces se repite en este santo día y todo el tiempo pascual?

 

– La palabra Aleluya quiere decir Alabad a Dios, y era el grito festivo del pueblo hebreo; por esto, la santa Iglesia lo repite muchas veces en tiempo de tanto regocijo.

¿Por qué en tiempo pascual se reza en pie?

– En tiempo pascual se reza en pie en señal de alegría y para figurar la Resurrección del Señor.

Tomado del Catecismo Mayor de San Pio X.

A %d blogueros les gusta esto: