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Noviembre 15. San Alberto Magno, mentor y amigo de Santo Tomás de Aquino

noviembre 15, 2018
San Alberto Magno con su discípulo Santo Tomás de Aquino.

San Alberto Magno con su discípulo Santo Tomás de Aquino.

La historia le llama Magno y Mago. Con ello justiprecia sus méritos y hace a la vez un juego malabar. Es preciso distinguir el ocultismo y el conocimiento de lo oculto. Alberto fue muy grande en muchas cosas, entre ellas en el espíritu de observación. Por él llegó a saber mucho que en su tiempo se desconocía. Conoció las propiedades de los cuerpos y las fuerzas de la naturaleza, fue físico, químico, geógrafo, astrónomo, naturalista. Y teólogo, naturalmente. No supo nada de esto por malas artes. Lo aprendió noblemente. Leyó libros de magia, pero no para aprender sus artes, sino, como él mismo dice, “para no ser tentado por sus procedimientos, que juzgo inválidos e inadmisibles”. Los sensatos y los sabios le llaman Magno. Los insensatos y los ignorantes siguen llamándole todavía Mago. Con este nombre le dedicaron una plaza en París, en el lugar mismo que llenaban sus alumnos cuando no cabían para oírle en las aulas de la Universidad.

Nació el año 1206 en Lauingen, ciudad de la Suevia bávara, asentada a las orillas del Danubio. Su familia era militar; tenía una historia gastada al servicio del emperador y un castillo a dos millas de la ciudad. En él pasó Alberto los primeros años de la infancia. Luego, en la escuela de la catedral, empezó a aprender las letras y afianzó su corazón en la piedad.

Pero la vida del joven necesitaba más horizonte. No le llamaba la milicia. Le atraía la observación de la naturaleza, y por eso se dirigió a Padua, en cuya Universidad a la sazón se aprendían especialmente las artes liberales del Trivium y del Quatrivium. Sin embargo, la ciencia sola no le convenció nunca. Tampoco quería ser sólo santo. Le atraían las dos cosas. Por eso frecuentaba la iglesia de unos frailes de reciente fundación. Se decía que habían roto los moldes del monaquismo tradicional y que acompasaban la institución monástica con las necesidades culturales y apostólicas de la época. El fundador era un español, Domingo de Guzmán, quien quiso que sus religiosos fueran predicadores y doctores.Acababa de morir, dejando la institución en manos de un compatriota de Alberto, Jordán de Sajonia. Dios había dado a Jordán un tacto especial para tratar y convencer a gentes de universidad. Más de mil vistieron el hábito durante su gobierno, salidos de los claustros universitarios de Nápoles, de Bolonia, de Padua, de París, de Oxford y de Colonia. Y no era infrecuente el caso en que, al frente de los estudiantes y capitaneando el grupo, lo vistiera también algún renombrado profesor.

Alberto cayó en sus redes. Un sueño en el que la Virgen le invitaba a hacerse religioso y el hecho de que Jordán le adivinara las indecisiones que le atormentaban, le indujeron a dar el paso. Con ello no abandonó los estudios de la Universidad. Domingo quería sabios a sus frailes; sólo que a la sabiduría clásica debían añadir el conocimiento profundo de las verdades reveladas. El joven novicio dedicó cinco años a la formación que le daban los nuevos maestros, y el Chronicon de Helsford resume su vida .de estos años diciendo que era “humilde, puro, afable, estudioso y muy entregado a Dios”. La Leyenda de Rodolfo lo describe como “un alumno piadoso, que en breve tiempo llegó a superar de tal modo a sus compañeros y alcanzó con tal facilidad la meta de todos los conocimientos, que sus condiscípulos y sus maestros le llamaban el filósofo”.

Terminados los estudios empiezan la docencia y la carrera de escritor, menesteres en que consumiría su vida, salvo dos paréntesis administrativos, uno al frente de la provincia dominicana de Germania, y otro, ya obispo, al frente de la diócesis de Ratisbona. Su vida docente empezó en Colonia. Después pasó a regentar cátedra en Hildesheim, en Friburgo, en Estrasburgo, de nuevo en Colonia y en París. Simultaneó la labor de cátedra con la de escritor y comentó los libros de Aristóteles, los del Maestro de las Sentencias y la Sagrada Escritura. Pedro de Prusia escribió este elogio de la obra de Alberto: Cunctis luxisti, / scriptis praeclarus fuisti, / mundo luxisti, / quia totum scibile scisti: “Ilustraste a todos; fuiste preclaro por tus escritos; iluminaste al mundo al escribir de todo cuanto se podía saber.”

Para desarrollar su labor docente y escrita le había dotado Dios de un fino espíritu de observación. Estudió las propiedades de los minerales y de las hierbas, montando en su convento lo que hoy llamaríamos un laboratorio de química. Estudió también las costumbres de los animales y las leyes de la naturaleza y del universo. Movilizó un equipo de ayudantes, hizo con ellos excursiones audaces y peligrosas a lugares difíciles, viajó mucho, gastando lo que pudo y más de lo que pudo, todo con el fin de robar sus secretos a la obra de la creación.

A la observación añadió la habilidad, y al laboratorio conventual de química sumó lo que llamaríamos gabinete de física y taller mecánico. Dice la leyenda que construyó una cabeza parlante, destruida a golpes por su discípulo Tomás de Aquino al creerla obra del demonio. La anécdota, que no es histórica, ilustra el espíritu positivo y práctico del Santo, que sí lo es. Por todo ello entre los elementos formadores del carácter alemán, sentimental, artista, práctico y exacto, cuenta Ozanam a los Nibelungos, al Parsifal, a la obra poética de Gualter de Vogelweide y a las obras de San Alberto Magno.

Su labor no terminó con el estudio de las criaturas. Además de naturalista era teólogo y santo. Precisamente para serlo se decidió en Padua a simultanear la Escritura con el Trivium y el Quatriyium y a frecuentar a la vez la Universidad y el convento de dominicos. No es extraño, pues, que, cuando se puso a escribir sus veinte volúmenes en folio, lo hiciera señalándose a sí mismo una meta clara: Et intentionem nostram in scientiis divinis finiemus: “Terminaremos todos hablando de las cosas de Dios”. Y así, a la Summa de creaturis siguieron los Comentarios a las Sentencias, los Comentarios a la Biblia y una serie de opúsculos de muy subida espiritualidad. Nada tenía interés para él si no terminaba en Dios. De estudiante lo vimos ya piadoso y sobrenaturalizador de su vida estudiantil. Tomás de Cantimprano describe así su vida de maestro: “Lo ví con mis ojos durante mucho tiempo, y observé cómo diariamente, terminada la cátedra, decía el Salterio de David y se entregaba con mucha dedicación a contemplar lo divino y a meditar”.

Se dijo más arriba que su paso por la vida no fue sólo el de un maestro y un escritor, fue también el de un gobernante. Metido en la barahúnda de la administración, se distinguió como árbitro, como pacificador, como reformador. Acaeció su muerte el 15 de noviembre de 1280, cuando tenía setenta y cuatro años. Le precedieron unos meses de obnubilación, como si esto fuera privilegio de los genios. También la sufrieron Tomás de Aquino, Newton y Galileo. En realidad la ciencia de aquí era nada para el conocimiento que con la muerte le iba a sobrevenir en la contemplación de Dios.

Quedan aquí señalados algunos de sus muchos merecimientos. Recordaremos otro singular. Alberto descubrió a Tomás de Aquino entre sus muchos alumnos de Colonia. Lo formó con mimo y con amor, porque adivinó las inmensas posibilidades de este napolitano. Luego influyó para que, joven aún, ocupara en París la cátedra más alta de la cristiandad. El Doctor Angélico murió antes que él. Algunos doctores parisinos quisieron proscribir sus doctrinas, y era preciso defenderlas. El Santo, ya viejo, cubre a pie las largas etapas que separan Colonia de París para defender a su discípulo. Su intervención fue eficaz y decisiva. La Iglesia y el mundo, que le deben mucho por lo que fue y por lo que hizo, le son deudores también en gran parte de lo que fue y de lo que hizo Santo Tomás.

EMILIO SAURAS, O. P.
Texto de Mercaba

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Bergoglio hace un año: “No soy infalible”

noviembre 15, 2018

Foro Católico: Jorge Mario Bergoglio, reconociendo su propio papel como usurpador del papado, ni siquiera se ostenta con la infalibilidad papal.

DE LA INFALIBILIDAD PAPAL

Respecto a la infalibilidad papal, la Iglesia enseña este dogma y condena canónicamente con anatema a quien se atreva a negarlo:

El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables.

Canon: De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema.

Bergugly

Habla como el mundo… no como pastor… “La herejía formal se verifica, cuando alguno cree o habla alguna cosa contraria a la fe, sabiendo serlo. “

(Transcrito de RD)

“Soy pecador, no soy infalible”. El Papa Francisco ha concedido una entrevista al semanario alemán “Die Zeit”, en el que también ha denunciado los populismos en Europa y las crisis de fe.

El populismo es malo y acaba mal, como ha mostrado el pasado siglo“, señaló Bergoglio, quien sostuvo que dichas tendencias se basan en la utilización de las personas, para lo que se recurre a mesías con el argumento de que “hay que proteger la identidad del pueblo”.

En la entrevista, Francisco volvió a hablar de una tercera guerra mundial a pedazos, y señaló los casos de Ucrania o Irak.

Bergoglio también se confiesa. Así, subraya que él también conoce “los momentos de vacíos y de oscuridad”, en los que se llega a dudar de la existencia de Dios. “No quiero decir que la crisis sea el pan de cada día de la fe, pero una fe que no atraviesa crisis para crecer, se mantiene infantil”.

No me veo como alguien extraordinario“, añade el Papa en la entrevista. “Soy pecador y no soy infalible”, añade para rechazar el culto a la persona del papa.

“No debemos olvidar que la idealización de una persona es también una especie de agresión subliminal. Cuando soy idealizado, me siento agredido”, destaca el Papa, quien incide en que “falta oración” para superar la escasez de vocaciones, especialmente en Europa.

Francisco hace hincapié en la necesidad de acercarse a los jóvenes a pesar de las dificultades porque son “los grandes perdedores de la sociedad moderna” y denuncia el “gran problema” que suponen las elevadas tasas de paro en muchos países.

Las bajas tasas de natalidad, añade, son también un “serio problema”, porque “donde no hay hombres jóvenes, no hay sacerdotes”. A la vez, reconoce que, al analizar la falta de vocaciones, se habla también de celibato voluntario, pero sostiene que esa no es “ninguna solución”.

Sí admite la posibilidad de, por ejemplo, reflexionar sobre los “Viri probati”, hombres casados que podrían asumir determinadas tareas en comunidades lejanas, y recuerda que una comisión analiza el papel de las mujeres diáconas en la iglesia antigua, pero precisa que se creó para “investigar el tema, no para abrir una puerta”.

La teología, sostiene, debe investigar: “Los miedos cierran puertas. La libertad las abre. Y cuando la libertad es pequeña, por lo menos se abre una ventanita“, añade.

 

Misal de 1962: Cómo Roncalli transgredió el Canon con el pretexto de honrar a San José

noviembre 13, 2018
Paolo-VI-e-Giovanni-XXIII

Roncalli y Montini, los destructores del Misal.

Foro Católico: En esta historia oficial de la Neo Iglesia se dan pruebas de que Roma en diversas ocasiones, hasta 1955, rechazó alterar el Canon de la Misa de San Pío V y nunca cedió al chantaje de los modernistas de colocar a San José (protodulia) por encima de todos los santos, solo por debajo de la Virgen Santísima (hipderdulia).

La Iglesia siempre aceptó con devoción la mayor de las veneraciones del santo padre de Jesucristo, pero no a costa de alterar el Canon de la Santa Misa (El communicates, donde aparecen solamente santos mártires), ni de alterar el orden dado a los santos en las oraciones litúrgicas como el Confiteor.

Fue hasta el arribo de Juan XXIII (Angelo Roncalli) que en la Neo Iglesia se transgredió y alteró el Canon de la Santa Misa, en 1962, como medida preparatoria para mutar hacia el Novus Ordo Missae en 1968, ya con Batista Montini (Pablo VI) al timón.

San Pío V, sobre el Canon de la Misa:

“Y QUE NO SE ATREVAN A AGREGAR O RECITAR EN LA CELEBRACIÓN DE LA MISA CEREMONIAS DISTINTAS A LAS CONTENIDAS EN EL MISAL PRESENTE.

VII- Además, por autoridad Apostólica y a tenor de la presente, DAMOS CONCESIÓN E INDULTO, TAMBIÉN A PERPETUIDAD, DE QUE EN EL FUTURO SIGAN POR COMPLETO ESTE MISAL Y DE QUE PUEDAN, CON VALIDEZ, USARLO LIBRE Y LÍCITAMENTE EN TODAS LAS IGLESIAS SIN NINGÚN ESCRÚPULO DE CONCIENCIA Y SIN INCURRIR EN CASTIGOS, CONDENAS, NI CENSURAS DE NINGUNA ESPECIE”.

(Transcrito de Infocatólica del 13 de noviembre de 2012/RODOLFO VARGAS RUBIO)

En estos días se han cumplido cincuenta años de un acto inesperado (pero muy deseado desde hacía tiempo) del beato Juan XXIII en pleno concilio: la inserción del nombre del glorioso patriarca san José en el canon de la Misa. Hacía pocos meses que el Papa había publicado su edición típica del Missale Romanum” (conocida popularmente como “Misal de 1962), a la que había incorporado la nueva semana santa promulgada por su venerable predecesor Pío XII en 1955 y el nuevo código de rúbricas de 1960, puesto en vigor por su motu proprio “Rubricarum instructum”. Es ésta edición típica del beato Juan XXIII la que su augusto sucesor el Papa felizmente reinante ha declarado ser la expresión oficial del rito romano clásico –forma extraordinaria– de la misa. Pues bien, en este misal seguía faltando el nombre de san José en el texto de la misa, aspiración que remontaba al siglo XIX.

Desde la Edad Media y, más intensamente, desde la época de santa Teresa de Jesús (que fue su entusiasta propagadora), la devoción a san José había experimentado un constante incremento. Los teólogos habían discernido el papel desempeñado por él en la economía de la salvación y lo hacían entrar, en cierto modo, en el orden hipostático, al haber contribuido en gran medida al misterio de la Encarnación. Los autores de espiritualidad fomentaban las prácticas de piedad dirigidas a honrarlo. Se formó así un creciente movimiento a favor de un reconocimiento oficial de la primacía del glorioso patriarca en el culto público de la Iglesia. En la misa romana, no obstante nombrarse a la Santísima Virgen y a varios santos, el nombre de san José no aparecía, sin duda por haberse forjado el ordinario de la misa en tiempos tempranos en los que la devoción josefina no se había aún abierto paso en la Iglesia.

En 1815, superados los trastornos revolucionarios y los provocados por la aventura napoleónica –de los cuales fue la Iglesia víctima– y habiendo regresado triunfalmente de su cautiverio francés el papa Pío VII, le fue dirigida una doble petición firmada por miles de obispos, sacerdotes y laicos a fin de obtener para san José un lugar de mayor distinción en la liturgia latina. Concretamente se pedía que su nombre fuera insertado en el canon de la misa y en la colecta A cunctis después del de la Santísima Virgen. La Sagrada Congregación de Ritos, sin tomar en consideración el aspecto teológico de la cuestión y sin consultar el voto de ningún experto, respondió negativamente el 16 de septiembre de ese año mediante el decreto Urbis et Orbis “Pia devotione moti”.

Cincuenta años después (habiendo entretanto progresado el movimiento josefino en todo el mundo), por iniciativa del canónigo Don Domenico Ricci, profesor de historia eclesiástica en la Universidad de Módena, de Don Antonio Dondi y de Mons. Raffaele Coppola, una nueva petición, un postulatum firmado por más de 150.000 personas, fue elevado a la Santa Sede y presentado al beato papa Pío IX el 22 de abril de 1866, día en que se celebraba la fiesta del Patrocinio de san José. El postulatum constaba de cuatro puntos. Se pedía al Romano Pontífice: 1) que se reconociera el de san José como culto de “suprema dulía” o “protodulía”; 2) que, en consecuencia, la fiesta del Patrocinio fuese elevada al máximo rango litúrgico de doble de primera clase con octava en la Iglesia universal; 3) que el nombre de san José fuera añadido a las preces de la Misa inmediatamente después del de su Santísima Esposa en el Confiteor, en la oración Suscipe Sancta Trinitas del Ofertorio, en el embolismo después del Pater y en el mismo Communicantes del Canon, y 4) que en las Letanías de los Santos su nombre fuera antepuesto al de san Juan Bautista.

Esta vez la Sagrada Congregación de Ritos confió el postulatum a tres consultores para que lo examinaran y dieran sus vota. Eran éstos: el R.P. Girolamo Pio Saccheri, O.P.; el R.P. Luigi Marchesi, lazarista, y el R.P. Francesco M. Cirino, C.R. El primero dio un parecer negativo, aunque su exposición histórica podría haber dado pie a una solución positiva. El segundo emitió un dictamen positivo en un votum ex officio de más de doscientas páginas en el que hacía gala de un gran conocimiento y dominio de los documentos históricos tanto desde el punto de vista teológico como litúrgico. El tercero de los consultores también presentó un votum positivo basándose en el papel especialísimo de san José en los primeros años de Jesucristo en la perspectiva de su futuro sacrificio. No obstante el juicio positivo de los Padres Marchesi y Cirino, la Sagrada Congregación de Ritos prefirió no dar ninguna respuesta oficial al postulatum de 1866. Sin embargo, la segunda de sus peticiones, a saber, la elevación de la fiesta del Patrocinio de san José al máximo rango litúrgico sería concedida por san Pío X algunas décadas más tarde.

En 1867 fue fundada en Ferrara por el Padre Franchini la Sociedad para la promoción del culto de san José, cuyo órgano oficial era la revista “Eco delle glorie di San Giuseppe”, dirigida por Don Zanella, párroco de San Nicolás de Verona. En 1869, la Sociedad preparó un opúsculo dirigido a los Padres del Concilio Vaticano Primero (que había sido convocado por el beato Pío IX el 29 de junio de 1867, en el décimo octavo centenario del martirio de san Pedro). El escrito fue llevado a Roma por dos representantes de la Sociedad, patrocinados por el Revmo. P. Fray Bernardino da Portogruaro, ministro general de los Franciscanos. Mientras tanto miles de firmas eran puestas a varias peticiones alrededor del mundo.

El 9 de marzo de 1870 fue sometido a los padres conciliares un tercer postulatum firmado por 43 superiores generales de órdenes, pidiendo la proclamación de san José como Patrono de la Iglesia universal. Los padres no sólo lo acogieron de buena gana, sino que quisieron que se incluyera en una más amplia petición que incluyera la concesión de honores litúrgicos correspondientes al lugar de primerísimo orden de san José en la Iglesia (como se había pedido en 1815 y en 1866). Dicha petición circuló ampliamente en el aula conciliar y en Roma, pero no pudo ser presentada por la súbita suspensión sine die del Vaticano I debido a la invasión de los Estados Pontificios por los sardo-piamonteses. No obstante, siguió pasando de mano en mano, siendo apoyada por 38 cardenales (entre ellos Gioacchino Pecci, el futuro León XIII), 218 patriarcas, primados, arzobispos y obispos e innumerables personalidades de relieve en el mundo católico.

Ninguna instancia de la Curia Romana elevó el postulatum al Papa, pero el 8 de diciembre de 1870, el decreto Urbis et Orbis Quemadmodum Deus de la Sagrada Congregación de Ritos, en nombre del beato Pío IX, declaraba a san José patrono de la Iglesia universal y elevaba la fiesta de san José del 19 de mayo a rito doble de primera clase (aunque sin octava por razón de la cuaresma). No sólo eso. El 7 de julio de 1871, por la carta apostólica Inclytum Patriarcam de 7 de julio de 1871, el beato Pío IX, recordando el decreto de 1870, declaraba: “pensamos que en la pública veneración de la Iglesia deberían ser acordados a san José todos y cada uno de los privilegios de honor que corresponden a los santos patronos, de acuerdo con las rúbricas generales del Breviario y del Misal”. El camino del enaltecimiento litúrgico de san José quedaba francamente abierto.

Durante el reinado de León XIII una importante campaña fue promovida por el R.P. Cyprien Macabious, jesuita de la provincia de Toulouse (refugiado en Uclés debido a la política anticlerical de la Tercera República francesa). Escribió este celoso religioso un tratado: De cultu sancto Iosephi amplificando (Sobre el incremento del culto a san José), que ejerció un gran influjo en la jerarquía de la época. Aconsejado por “un ilustre cardenal romano” (que no nombra), el P. Macabiou preparó un nuevo postulatum, en el que se pedían dos cosas: 1) que se reconociese a san José el culto de protodulía y 2) que su nombre fuera insertado en el Ordinario de la Misa en el Confíteor y otras tres plegarias justo detrás del nombre de María. El postulatum fue subscrito por 615 cardenales, arzobispos y obispos, 17 generales de órdenes religiosas. Esta nueva campaña, proseguida entre 1887 y 1897 no tuvo éxito, como tampoco una de los arzobispos y obispos de América Latina de 1899 debido a ciertas restricciones impuestas por la Curia Romana.

En 1928 una nueva petición fue hecha circular en Italia desde la iglesia del Gesù por el confesor del papa Pío XI, el R.P. Celestino Alisardi, jesuita, el cual obtuvo numerosas firmas de cardenales, arzobispos y obispos italianos. La Sagrada Congregación de Ritos no le dio curso, como tampoco a la que el propio cardenal secretario de Estado Eugenio Pacelli, antiguo nuncio en Baviera y Alemania, le elevó en 1935 en nombre de las jerarquías alemana y austríaca y de las comunidades germano-parlantes de las Américas. En fin, en 1955, por iniciativa de la Sociedad Iberoamericana de Josefología, Mons. José García Goldáraz, arzobispo de Salamanca hizo circular una petición similar a las anteriores. Subscrita por 360 obispos de rito latino, fue presentada por el prelado salmanticense en octubre a la Sagrada Congregación de Ritos. Tampoco obtuvo resultados. Hasta que llegó el beato Juan XXIII y se abrió el concilio Vaticano Segundo.

Por su extraordinario interés como crónica y por la manera como lo explica, dejamos la pluma al verbita P. Ralph Wiltgen, corresponsal de prensa en el aula conciliar, el cual, en su inestimable libro “El Rin inunda el Tíber”, narra la manera cómo finalmente prosperó en parte lo que se venía pidiendo desde hacía ciento cincuenta años:

«El último orador en tomar la palabra el 30 de octubre [de 1962] fue Mons. Sansierra, obispo auxiliar de San Juan de Cuyo en Argentina. Expresó la esperanza de que no se olvidaría “el deseo que tienen un gran número de obispos y sacerdotes” de ver el nombre de San José en el canon de la Misa. El 5 de noviembre, la misma petición fue hecha, aunque con más detalles, por Mons. Cousineau, obispo de Cap Haïtien en Haití, antiguo superior del Oratorio de San José en Montreal, el cual solicitó que “el nombre de San José, esposo de la Santísima Virgen María, sea introducido en la Misa cada vez que se mencione el de la Santísima Virgen”.

«Al final de la décimo octava congregación general, tenida el 13 de noviembre, el cardenal secretario de Estado hizo una declaración a este respecto. Dijo que el Santo Padre deseoso de conformarse al voto “manifestado por numerosos Padres conciliares”, había decidido insertar el nombre de San José en el Canon de la Misa, inmediatamente después del de la Santísima Virgen María. Esta medida debía servir en adelante para recordar que San José había sido el patrón del Concilio Vaticano Segundo. “Esta decisión del Santo Padre –añadió el Cardenal– entrará en vigor el próximo 8 de diciembre y mientras tanto la Sagrada Congregación de Ritos preparará los documentos necesarios”.

«El cardenal Montini debía decir más tarde que esta iniciativa inesperada había sido “una sorpresa dada al Concilio por el Papa”.

«Ciertos medios criticaron severamente a Juan XXIII por haber tomado lo que llamaron una medida independiente mientras el concilio ecuménico se hallaba en plenos trabajos. En efecto, este decreto no era sino el resultado de campañas, esporádicas pero intensas, llevadas a cabo desde 1815: cientos de miles de firmas de obispos y de laicos habían llegado al Vaticano. Esas campañas habían sido especialmente intensas cuando se anunció la convocatoria del primer Concilio Vaticano por Pío IX y la del segundo Concilio Vaticano por Juan XXIII. Nada más conocerse esta última, Mons. Joseph Phelan, de la iglesia de San José de Capitola en California, había difundido, con la ayuda de sus parroquianos, una petición que logró recoger unas 150.000 firmas.

«La principal responsabilidad de la medida tomada por Juan XXIII incumbía, sin embargo, a los Padres de la Santa Cruz Roland Gauthier y Guy Bertrand, directores del centro de investigación y documentación del Oratorio de San José de Montréal, que en 1961 habían escrito un folleto de 75 páginas en el que se reseñaba la historia de estas campañas. En él se exponía cómo la inserción del nombre de San José después del de la Santísima Virgen María en el Canon de la Misa tendría como efecto, doctrinal y litúrgicamente, el reconocimiento oficial de la preeminencia de la santidad de San José sobre la de todos los santos, excepto María. En colaboración con los carmelitas descalzos de la Sociedad Iberoamericana de Josefología de Valladolid y con los Padres de San José del beato Leonardo Murialdo del centro de investigación San Jose de Viterbo, aquellos dos padres de la Santa Cruz habían podido hacer publicar las traducciones inglesa, francesa, española, portuguesa e italiana de su folleto, de las cuales hicieron llegar un ejemplar juntamente con una petición a los Padres conciliares bastante antes de la apertura del Concilio.

«A mitad de marzo de 1962, habían sido remitidos seis volúmenes de peticiones firmadas por 30 cardenales, 436 patriarcas, arzobispos y obispos y 60 superiores generales a Juan XXIII, quien, después de haber examinado las firmas, dijo: “Algo se hará por San Jose”. Estas firmas no hacían sino confirmar su deseo personal efectivamente algo de especial en honor a San José, hacia el cual profesaba desde niño una especial devoción.

«El 19 de octubre, tres días antes que se abriera la discusión del esquema sobre la liturgia en el aula, el P. Edward Heston, de los Padres de la Santa Cruz, que había remitido las peticiones en nombre de los tres centros arriba mencionados, había sido oficialmente informado que el Sumo Pontífice había decidido dar curso a la propuesta y que iba a decretar la inserción del nombre de San José en el Canon de la Misa».

El 13 de noviembre de hace cincuenta años (escrito el 2012) se anunciaba en el aula conciliar “la soberana decisión” de Juan XXIII. Ese mismo día un decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, Novis hisce temporibus, firmado por el cardenal Larraona, prefecto, y Mons. Dante, secretario, la hacía pública y obligatoria. Fue ésta la única modificación que se hizo a la edición típica del Misal Romano de 1962 hasta la recentísima de Benedicto XVI cambiando el formulario de la oración solemne del Viernes Santo por los judíos. Se trató, desde luego, de un enriquecimiento deseable y deseado, y de un acto de justicia hacia el Glorioso Patriarca, que aparecía por fin mencionado en el Sacrificio de aquella Redención en cuya economía tanto tuvo que ver, hasta el punto que, como dice el jesuita P. Alcañiz, entre en cierta manera en el orden hipostático, que contribuyó de peculiar manera a constituir.

En 1959 Ottavianni condenó al Índex los escritos de María Valtorta y sus “misterios luminosos”

noviembre 12, 2018

Lucia Merli – Retrato de María Valtorta

¿Revelaciones preternaturales (demoníacas)?

Sobre las obras de María Valtorta, un neosacerdote con típico apellido  hebreo declaró:

 “Yo estuve grandemente impresionado al encontrar en la obra de María Valtorta los nombres de seis o siete pueblos que están ausentes del Antiguo y Nuevo Testamento. Estos nombres sólo son conocidos por unos pocos especialistas, y por medio de fuentes fuera de la Biblia… […] Ahora, ¿como pudo ella saber esos nombres?

(Paul Dreyfus, Escuela Francesa de Biblia y Arqueología, Jerusalén)

La pregunta obligada en este caso es ¿cómo supo María Valtorta que existían esos pueblos que ni siquiera aparecen en las Sagradas Escrituras…  ¿por revelación del Cielo, o por revelación demoníaca?.

Con este supuesto se llega a una pregunta: el mensaje de María Valtorta ¿es acorde y conforme con la Revelación Cristiana?… la Iglesia dijo que no.   

La condena de la Iglesia

Canon 2318. Incurren en excomunión ipso facto reservada de un modo especial a la Santa Sede, una vez que la obra es del dominio público, (ipso facto quiere decir sin necesidad de ninguna declaración) los editores de libros apóstatas, herejes o cismáticos, en los que se defiende la apostasía, la herejía o el cisma y asimismo los que defienden dichos libros u otros prohibidos nominalmente por letras apostólicas, o los que a sabiendas y sin la licencia necesaria, los leen o los retiene en su poder. ( Sin la licencia necesaria significa que a determinadas personas cuyo criterio católico es confiable, la Iglesia puede conceder la lectura de libros prohibidos en particular para estudiarlos para su refutación) .

Los autores y editores que sin la debida licencia, hacen imprimir libros de las Sagradas Escrituras o sus anotaciones y comentarios, incurren ipso facto en excomunión no reservada.

Los esotéricos “misterios luminosos” añadidos al Rosario por Juan Pablo II

El 16 de Octubre de 2002, fue presentada la carta apostólica de Juan Pablo II «Rosarium Virginis Mariae» («El Rosario de la Virgen María»). El punto más destacado fue la inclusión de cinco nuevos misterios en el Rosario.

¿Y de dónde obtuvo Wojtyla Katz esos “misterios luminosos”?

Nada menos que de “los 20 misterios del Rosario” comentados por “la mística más grande de todos los tiempos, María Valtorta”… (…)

LAS HEREJÍAS DE MARÍA VALTORTA

De acuerdo al análisis de Anselmo de la Cruz citada por La Puerta Angosta a la obra “El Hombre Dios”, de María Valtorta se le puede condenar por gran cantidad de herejías, y escandalosas groserías blasfemas:

La conclusión después de examinar minuciosamente la obra a la luz de la doctrina dogmática de la Santa Iglesia y en lo referente a otras cuestiones, es la siguiente, de todo lo cual presentaremos las pruebas:

1. La obra es herética en puntos fundamentales, respecto a la doctrina dogmática de la Iglesia.

2. Obscena. Por las descripciones que hace acompañando por ejemplo a la herejía que sustenta sobre el Pecado Original. 

3. Favorecedora de la nuevas herejías sustentadas por el Vaticano II, que secunda, y aprovechada por los postconciliares que explican las doctrinas postvaticanistas confirmándolas, valiéndose de textos de la obra, como aparece en las notas al calce de muchas páginas.

4. Favorecedora de las tesis a favor del Judaísmo que sustentan los postconciliares.

5. Manifiestamente errada en cuestiones que tratándose de una obra que se dice fruto de revelaciones, no cabrían en el contexto, como por ejemplo, lo que dice que el demonio “deja un olor a azufre” y que “los ángeles tienen alas”.

6. Canónicamente irregular, aún en lo que respecta a la censura de la iglesia postconciliar; esto significaría el deseo de no comprometerse con la obra ni aún los postconciliares, y otras irregularidades serias que se harán notar.

7. Por todo esto, inadmisible y peligrosa para los católicos, inductora de la herejía, que debe ser rechazada.

MINUCIOSO ANÁLISIS:

1. Asegura la autora que la Revelación divina continúa, y que ella es la continuadora, llamándola el mismo Cristo “mi María Juan”, o sea, una especie de “hermana” de San Juan evangelista, cuya prolongación sería ella, encargada de proseguir y explicitar la Revelación, admitiendo una evolución de los dogmas ya definidos. Esta evolución dogmática está condenada por la Santa Iglesia.

La Revelación divina que comenzó en el Antiguo Testa­mento, se cierra y clausura con el Apocalipsis de San Juan, donde al respecto escribe el Apóstol: “Yo atestiguo a todo el que escucha mis palabras de la profecía, de este libro, que, si alguno añade algo a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas descritas en este libro, y si alguno quita algo de las palabras de esta profecía, quitará Dios su parte del árbol de la vida”. (Apoc. 22, 18, 19)

La Santa Iglesia enseña que la divina Revelación terminó así pues con este libro, que clausura el Nuevo Testamento, y es contra la doctrina de la misma enseñar que la Revelación puede continuar por medio de otros “profetas” o ser explicitada contrariando lo ya definido dogmáticamente.

Ningún católico puede, pues, aceptar dicha “prolongación de la revelación” por medio de una “vidente”, quizá ignorante ella misma en su equívoco, de la doctrina de la Iglesia al respecto. La autora asegura haber recibido todo lo que describe y narra como una revelación, no sólo sobre puntos secundarios, sino para aclarar los evangelios mismos, o sea que hasta la venida de ella no teníamos los católicos por medio de la Iglesia una visión clara. Según eso Cristo mismo diría a la Valtorta acerca de la obra escrita por ella que “esta obra tiene por objeto iluminar ciertos puntos que un conjunto de circuns­tancias han cubierto de oscuridad y forman así unas zonas obscuras en la luminosidad del cuadro evangélico y puntos que parecen fisuras, y no son sino puntos obscurecidos entre uno y otro episodios, puntos indescifrables y en aclararlos está la llave para comprender exactamente ciertas situaciones…” y así largas pero ratas a favor de la revelación valtortiana que -decimos- no sólo dan la impresión de querer asegurar que algo faltaba a la Revelación, sino de hecho lo aseguran, y esto en boca de Cristo mismo.

Es Cristo, según lo que se escribe, Quien asegura en las visiones a la Valtorta, que sus escritos son inspiraciones del Espíritu Santo, y quien exhorta a los lectores -dice- a escuchar a la que llama muchas veces su “pequeño J uan ” (por lo del apóstol) o su “María Juan ” a manera de identificación de am­bos. El desprecio de la doctrina de la Iglesia que enseña que la divina Revelación terminó con el último Apóstol, es evidente y contradictorio cuando la “vidente” pone en boca del mismo Cristo la contradicción a la doctrina. Por ejemplo, dice que le habla el Señor amonestando a los que leen la obra de ella y no la aceptan por saber que la Revelación está terminada:

“Si objetáis que la Revelación terminó con el último de los Apóstoles y no habría nada más que agregar, ¿y si yo me he querido complacer en reconstruir el cuadro de mi caridad divina así como hace un restaurador de mosaicos que repone las piezas deterioradas y que faltan, y quise hacerlo hasta este siglo en que el linaje humano se precipita en las tinieblas… ? … En verdad deberíais bendecirme, porque he aumentado con nuevas luces la luz que tenéis, y que ya no es más suficiente para ver a vuestro Salvador”. (Págs. 887 y sig. de la obra)

Respecto a lo anterior, es verdad que cualquiera puede decirse iluminado por Dios, asegurar que le habla el mismo Cristo, y que le son reveladas cosas. Lo inadmisible es, (los mencionados iluminados pueden ser ignorantes, psíquicamente inadaptados, escribiendo tal vez sin mala fe,) que herejías y extravagancias sean aceptadas por personas cultas en materia religiosa, y repetimos una vez más, por sacerdotes avalado res de la superchería a sabiendas de que se trata del fruto de una imaginación exaltada, donde la fantasía llega a la negación de la Fe. 

¡La Santa Iglesia según eso, esperó durante siglos a que apareciera María Valtorta para que continuara y reformara el Evangelio!… y si esto fuera verdad, claro está que pecaríamos todos los que no podemos aceptar sus explicitaciones, dado que son “divinamente reveladas”. Las páginas de la 879 al final de la obra contienen en particular todas las herejías sobre la Revelación expuestas por la Valtorta, en el capítulo titulado “Despedida de la Obra”.

Los editores, hay que hacer notar, que a lo largo de toda la obra no han dejado pasar la ocasión de poner al calce de las páginas, abundantes Notas en las que se hace notar la coincidencia de las doctrinas de la Valtorta con las del Vaticano II, lo toman también en defensa de su visionaria y sus teorías afirmando, que “esta obra pudiera explicarse acudiendo a los carismas ordinarios o extraordinarios de que habla el Vaticano II.” (pág. 888) Y como los carismas son dones reales del Espíritu Santo, claramente se atribuye aquí a la Valtorta el ser una carismática que entra en el cuadro de los inspirados. Este aval a una obra herética es imperdonable por parte de quienes sí deben conocer la doctrina de la Iglesia Católica.

Los postconciliares están dejando correr la obra de Valtorta seguramente porque es un vivo exponente del evolucionismo dogmático y un auxiliar en la propagación de las herejías postvaticanistas.

2. María Valtorta afirma que la Virgen María es después de Cristo, “la Primogénita del Padre”. (Pág. 3, Tomo 1)

Alude al “segundo lugar” después del Hijo. Según eso, no sería María la “primogénita”, sino en expresión forzada la “secondogénita”. Esto constituye una herejía, ya que sólo Nuestro Señor, Cristo, es el Unigénito, o sea, el único engendrado por el Padre, consubstancial a Él, según el Credo (Creo en Jesucristo su único Hijo) “Primogénito entre todas las criaturas”, es también Cristo, al participar de la naturaleza humana el Verbo. Pero nunca la Iglesia dio este título o prerrogativa a la Madre de Dios, con todo y reconocer todas sus glorias y grandezas. No puede haber “secondogénitos” del Padre, o sea, igualados al único Hijo. Si Cristo es el único Hijo, se sobreentiende que no puede existir un segundo.

3. María Valtorta sustenta la herejía de la Redención universal incondicional. (Págs. 544, 788)

Con esto se hace eco de las herejías del Vaticano II, en particular de ésta que predica Juan Paulo II de quien damos una cita: “Todos los hombres desde el principio del mundo hasta su final, han sido redimidos y justificados por Cristo y por su cruz”. (Signo de Contradicción, pág. 112)

María Valtorta manifiesta que le reveló el mismo Jesús a ella que:

“La pareja Jesús-María es la antítesis de la pareja Adán y Eva. La primera está destinada a anular todo lo que hicieron Adán y Eva, y devolver el linaje humano al punto en que fue creado, rico en gracia y en todos los dones que el Creador le dio. La raza humana se ha encontrado con una regeneración total, por obra de la pareja Jesús-María que son sus nuevos fundadores. Todo el tiempo pasado ha sido borrado. El tiempo y la historia del hombre empiezan desde este momento en que la nueva Eva, por un cambio de la creación, saca de su seno al nuevo Adán”. (Pág. 544)

4. María Valtorta afirma que Cristo le reveló que la Redención no la consumó Él sino Su Madre. (Pág. 600) He aquí otra herejía, pues si bien la Iglesia considera a María como “corredentora”, de ningún modo ha enseñado que ella haya “consumado ” la Redención. Esta la efectuó completamente Nuestro Señor en la Cruz. Pero Valtorta dice que le dijo Jesús:

“Todos creen que la Redención terminó con mi último aliento. No. La terminó mi Madre, añadiendo la triple tortura para redimir la triple concupiscencia”. No es necesario hacer notar, pues, lo herético de esta afir­mación puesta nada menos que en boca de Cristo. En cuanto a la “triple concupiscencia” que dice que, venciendo, hizo que María consumara la redención, Valtorta afirma a lo largo de su obra que tanto Nuestro Señor como Su Madre sufrieron durante toda su vida “terribles tentaciones carnales” ¡! contra las que tuvieron que luchar mucho para vencerlas. Sobre esto veremos más adelante.

5. Valtorta afirma heréticamente que el pecado origi­nal consistió en el acto sexual realizado por los primeros padres. (Págs. 98, 254, 257, 258)

Son prolongadas las “revelaciones” que dice Valtorta tener al respecto, por lo que presentaremos sólo lo elemental de su herejía (pág. 254). Afirma que los primeros padres Adán y Eva desconocían la manera de engendrar hijos realizando su unión. Que la procreación se iba a realizar por intervención especial de Dios, sin unión sexual. Que el conocimiento de esta unión les estaba vedado a Adán y Eva, y que fue el motivo o señuelo con el que la serpiente tentó a Eva; en resumen, afirma:

“…Eva se acercó al árbol del bien y del mal, para llegar a conocer este misterio, estas leyes de la vida… Se acercó dispuesta a recibir este misterio, no de la revelación de la enseñanza pura y del influjo divino, sino de la enseñanza impura y del influjo satánico…” “Eva quiso ser semejante a Dios en la procreación…” Añade que el demonio tomó como motivo de la prohibición divina respecto al árbol el negarles Dios a Adán y Eva “ser siquiera libres como los animales” (textual) “ya que la fiera puede amar con un verdadero amor y ser creadora como Dios”. Según eso Dios quería “reservarse para él solo el poder creador”. (Pág. 254) No sería necesario repetir más necedades. Baste con añadir que en la descripción que hace Valtorta sobre la tentación deldemonio a Eva, dice tales obscenidades que bastarían para despertar al más ignorante de la convicción de que todo esto sea “revelación divina” sobre la cuestión.

La doctrina de la Iglesia sobre el pecado original no enseña que éste haya consistido en el acto sexual. Según la exposición teológica de esta cuestión, ” Adán y Eva no eran desco­nocedores del uso del matrimonio, pues Adán dice: “Dejará el hombre a su padre ya su madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una sola carne”, (Génesis 2) 20). En esto obedecían naturalmente al precepto divino: “Creced y multiplicaos”. Lo que sucedió fue, según el Concilio de Orange que trata la cuestión, que los primeros padres creados en integridad, por causa de su desobediencia perdieron la gracia santificante y demás dones”. Entre estos dones perdidos se hallaba la falta de un desorden en la concupiscencia, o deseo desordenado de los goces sensibles, entre ellos el del goce sexual. El pecado original consistió en un acto de desobediencia que nada tuvo que ver Con la sexualidad. Véase por ejemplo una obra accesible como la Teología del Dogma Católico de Abanuza, (pág. 644)

Pero Valtorta insiste una y otra vez en la afirmación Con detalles que, unidos a otros relatos SUyoS dizque “revelados” hacen pensar en una inclinación morbosa a tratar lo sexual.

6. Valtorta afirma que tanto Nuestro Señor Jesucristo como la Santísima Virgen sufrieron durante toda su vida terribles tentaciones sexuales, que tuvieron que vencer mediante arduas luchas.

En esta afirmación, que dice la escritora que es fruto de una revelación hecha a ella por el mismo Cristo, se encuentra de manifiesto una vez más la total ignorancia de Valtorta de la doctrina dogmática católica en puntos elementales.

Ni Jesucristo, Dios hecho hombre, ni la Santísima Virgen pudieron padecer tentaciones porque carecían de lo que la Iglesia llama el“fomes peccati o inclinación al mal, producto de los efectos del pecado original. Cristo por ser el Hijo de Dios, estuvo como hombre exento de tal inclinación, siendo impecable. La Santísima Virgen como destinada a ser Madre de Dios, por la gracia de su Inmaculada Concepción, concebida sin pecado en orden a su maternidad divina, no tuvo las consecuencias del pecado original, siendo según la doctrina de la Iglesia, también impecable, o sea, incapaz de pecar. Inmunes el Hijo Dios, y la Madre de Dios, así pues, de todo aquello que como inclinación al mal aqueja al resto de los hijos de Adán. No tuvieron, no pudieron, ser tentados de hacer el mal. Se ve tentado a hacer el mal, uno que es capaz de hacerlo. Ni mucho menos pudieron haber sido tentados en el aspecto sexual, como insiste Valtorta en afirmar varias veces poniendo en boca del mismo Cristo el relato de estas tentaciones, como las principales que habría sufrido. Las tentaciones de Cristo en el desierto fueron puramente externas, -enseña la Iglesia- para darnos ejemplo, no porque Nuestro Señor hubiera tenido tentaciones como todo hombre heredero del pecado original.

Exponiendo en concreto la doctrina de la Santa Iglesia en la cuestión que estamos tratando, es como sigue:

“Cristo se vio libre de todo pecado, de hecho”. (Doctrina de fe divina católica, definida) “En virtud de la Unión Hipostática, la voluntad humana de Cristo estuvo siempre y en todo sometida a la voluntad divina”. “Cristo no pudo pecar, ni hubo en Él capacidad alguna de pecar. Fue absolutamente impecable” (Teología del Dogma Católico, J. de Abarzuza, O.F.M., págs. 737-38) El Padre Abarzuza en su magnífico Compendio de Teología resume la doctrina católica al respecto y la explicita. Abundar en la explicación de estas doctrinas de la impecabilidad de Cristo y María Su Madre, llevaría muchas páginas, pero los católicos fácilmente podemos entender y aceptar que siendo Cristo el Verbo de Dios encarnado no podía tener inclinación al mal, ni sentirse tentado de realizarlo. Lo mismo se dice de la Virgen María en virtud de su Inmaculada Concepción en orden a su maternidad divina.

En sus innobles relatos de las supuestas tentaciones sexuales que dice Valtorta que le relató el mismo Cristo, ésta abunda en detalles que ofenden la divina Persona del Salvador y de su Santísima Madre. Nos hacen pensar en “Jesucristo Super Estrella” y otras obras creadas para mofarse de la divinidad de Nuestro Señor. Sobre las tentaciones impuras contra las cuales dice Valtorta que luchó toda su vida la Virgen María; dice Valtorta:

“Teniendo en cuenta nuestro querer ilinútado (habla aquí también de Cristo, quien le está hablando, supuestamente) tuvimos que juntar una práctica constante de todo lo que era opuesto al modo con que obró la pareja Adán-­Eva. Pero el Eterno sabe cuánta heroicidad fue necesaria en determinados momentos y en determinados casos. No quiero hablar más que de mi Madre, no de Mí. De la nueva Eva que rechazó, desde sus tiernos años, lisonjas de Satanás para seducirla a que mordiese el fruto y saborear la dulzura que. hizo necia a la compañera de Adán…” (pág. 545).

Parecería que tras de leer esta aberración no sería preciso mayor comentario, pero es necesario citar algo más para abrir los ojos de los lectores. Dice Valtorta sobre lo que asegura le reveló Nuestro Señor sobre sus propias tentaciones de impureza:

“Satanás se preocupó ante todo de arrastrarme a la impureza… La tentativa de Satanás se enderezó con este objetivo para vencerme” (pág. 285). Por cierto, Valtorta añade una tentación de impureza a las que narra el Evangelio en el desierto. y en una de las conversaciones con Judas con quien según eso se explaya el Señor hablándole de sus tentaciones, Cristo narra a Valtorta lo siguiente:

“Dice Judas a Jesús: “Jesús, ¿jamás has pecado?” A lo que habría respondido Jesús: “Jamás he querido pecar. Tengo treinta años, Judas, y no he vivido en una cueva ni en algún monte, sino entre los hombres. Y aun cuando hubiese vivido en el lugar más solitario, ¿crees que no hubiera llegado hasta ahí la tentación? … Todos tenemos en nosotros el bien y el mal (comentario nuestro: o sea, que Cristo es presentado como un puro hombre que tiene en sí la semilla del mal). Todos los llevamos en nosotros… Cuando uno que tiene hambre no tiene comida, el olor de los platillos le hace la boca agua. Entonces la tentación es fuerte como este deseo, Judas; (está hablando según eso Cristo de la tentación sexual) Satanás la hace más aguda y tentadora para llevar a cabo cualquier acción. Después de que el acto ha sido terminado y tal vez provoque náuseas, la tentación con todo esto no sucumbe, sino que como un árbol podado, produce más ramas…”

“¿y jamás has cedido?” -dice Judas- “Jamás he cedido”

“¿Cómo lo has logrado?” “He dicho: Padre, no me dejes caer en la tentación”… ¿Cómo, Tú el Mesías, Tú que obras milagros, has pedido ayuda del Padre?” “No tan sólo ayuda; he pedido no inducirme a la tentación”…

En este relato hay que considerar tres cuestiones, además de lo ya expuesto sobre la impecabilidad de Cristo y por lo mismo la imposibilidad de ser tentado.

1. Valtorta falsea el Evangelio. En ninguno de los cuatro evangelios se lee sobre más tentaciones que las del desierto, y mucho menos se habla de tentaciones sexuales del Señor .

2. En segundo, trata de inclinar al lector a la aceptación de las tentaciones de Cristo, al recordar las palabras fi­nales del Padre Nuestro donde Jesús enseña a sus discípulos a orar, pidiendo al Padre no ser inducidos, o no permitir la caída en la tentación, como si esto último fuese una peti­ción que abarcase a Cristo. El Padre Nuestro contiene peticiones propias de los hombres, entre las cuales se incluye esta última. No porque Cristo enseñase a los suyos a pedir no caer en tentación, puede deducirse de que esta petición fuera propia suya, ya que Él no podía caer en tentación, y al referirse a su Padre hacía la distinción sobre el modo de ser “el Padre” Padre suyo, y Padre en forma distinta de los hombres, cuando decía: “Mi Padre y vuestro Padre”.

3. En tercero, a lo largo de la obra de Valtorta se observa una sinuosa intención de hacer aparecer a Cristo como un puro hombre, sujeto a miserias incluso de la carne, en desmedro de Su Divinidad. Se diría que la obra ha sido escrita por judíos, ya que el estilo sinuoso y hasta sarcástico en ocasiones parece ser de enemigos de Cristo. La burla es evidente, bajo el disfraz de una fantasía sentimentaloide y una melosidad chocante. Por ejemplo, el hacer llamar a Cristo “mamá” a la Santísima Virgen, con término empleado sólo en México como diminutivo de “Madre” (dicen los editores que se trata de una traducción del italiano al castellano) hace cursi una obra donde debería privar el sentido reverencial. Si la traducen al inglés seguramente harán llamar a Cristo “mamy” o “mom” a Su Madre Santísima. Esto, repetimos, es una burla.

Pero pensamos que sería irrespetuoso continuar transcri­biendo las narraciones de las tentaciones de la carne que atribuye la Valtorta a Cristo y la Santísima Virgen falseando el Evangelio, como cuando hace aparecer al Señor tentado por una corte de mujeres semidesnudas que Anás hace acercarse lascivamente al Señor durante su estancia en su casa en la Pasión.

Abundan estas falsificaciones de la Escritura con sobrada intención. Hay ciertamente una intención oculta para los ignorantes de la Biblia, por ejemplo cuando la Valtorta pone en boca de la Santísima Virgen la afirmación de que “Jerusalén no es ciudad santa, porque Jesús no murió dentro de sus murallas”. Que “Jerusalén, -por el contrario-lo arrojó fuera de sí como un vómito”. y para esto al calce pone la cita del Levítico cap., 1ó, sin poner el versículo.

Al respecto, al tiempo en que se escribió el Levítico no existía la ciudad de Jerusalén, la que fue conquistada mucho después por el rey David; como propiedad de los hebreos. Si quisiera decir la Valtorta que se trata de una profecía, tendría que mencionar, ( como David a Belén) el autor del Levítico el nombre de la ciudad de Jerusalén, pero ni aparece el nombre de esta ciudad en la cita que da, ni menos, pues, que haya arrojado de sí a Cristo, ni menos como un “vómito”. Lo del “vómito” parece un desahogo judío. En el Levítico, -consulte el lector- no aparece nada de esto. En cuanto a la cita que hace de San Pablo, tampoco aparece Cristo como ningún “vómito” arrojado de Jerusalén. Se refiere el Apóstol a la muerte de los corderos, símbolo de Cristo, que eran llevados, cargando simbó1icamente los pecados del pueblo, según el Levítico, a morir fuera del campamento. El pueblo judío andaba en ese tiempo del Levítico, errante y viviendo en campamentos, no en Jerusalén.

Pero si nos atenemos a lo que hay detrás de la afirmación sinuosa de que “Jerusalén no es santa” hay que recordar que para los postconciliares ahora son ciudades santas los centros capitales de reunión de los paganos, como lo expresa el documento titulado “La Peregrinación en el Gran Jubileo del Año Dos Mil”, donde Juan Paulo n además de hacer aparecer a Cristo como un “peregrino” más, declara ciudades santas a la Benarés de los hindúes, la Meca de los Musulmanes, y la ciudad de Auswicht por lo del “holocausto” de los judíos, que los postconciliares consideran el único en el mundo.

El objeto de afirmar que Jerusalén no es santa porque Nuestro Señor no murió dentro de sus muros (por la cos­tumbre romana de sacar al campo a los condenados a la cruz es negar la santidad de esta ciudad, tenida por santa por los católicos, ya que ciertamente, los alrededores de Jerusalén donde estuvo la Cruz son sus aledaños, y dentro de ella comenzó la Pasión, incluso el camino al Calvario. De este tipo son las sinuosas afirmaciones de la Valtorta que vandejando dudas entre los ignorantes admiradores de la “visionaria”.

El documento sobre la gran peregrinación aparece en el semanario del Vaticano L ‘Osservatore Romano del 8 de mayo de 1998.

OTROS ASPECTOS DE LA OBRA DE VALTORTA

Además de numerosísimas falsificaciones de la Sagrada Escritura en su sentido, adiciones como aquello de que “la última palabra de Cristo en la Cruz fue “mamá” y no lo que aparece en el evangelio, existen cuestiones doctrinales que siguen la pauta herética del Vaticano II. Por ejemplo, errores acerca de la naturaleza del Sacerdocio. Errores sobre las palabras de la consagración, que la Valtorta pone en labios de Cristo, distintas de las dogmáticamente formuladas por la Santa Iglesia para la realización del Sacramento. Falsedades sobre la doctrina de la salvación y santificación, ya que dice que “los mandamientos solos bastan, guardados, para santificarse”, y que esto se lo revela el Señor. Esto en oposición a la necesidad de pertenecer a la Iglesia, y afirmando que los dones del Espíritu Santo que producen la santidad se pueden dar fuera de la Iglesia. Errores sobre la naturaleza de la Iglesia, diciendo que Cristo le ha manifestado que todos son un mis-mo pueblo de Dios, creyentes y no en Él. Lo del “mismo pueblo de Dios” es doctrina del Vaticano IIcomo sabemos, para favorecer a los judíos en particular, ya la masónica teoría de la igualdad de religiones.

En una palabra, un estudio exhaustivo sobre la obra titulada “El Hombre Dios”, cuyo título original en italiano se dice que es “El Poema del Hombre Dios”, título significativo, -pues significaría que la vida de Cristo es un poema imaginario-, ya que la poesía es imaginación y no historia, un estudio, decimos, de este tipo, se llevaría un gran volumen más pesado de leer que una pura obra de teología. Si el sentido de la fe no delata a los católicos la perversidad del mamotreto que constituye la obra de la Valtorta, es difícil instruirles palabra por palabra acerca de lo que es erróneo e innoble respecto de Nuestro Señor y Su Madre Santísima. El objeto de este breve comentario ha sido alentar a quienes con buena fe y entusiamados por los relatos sentimentales de la vida de Cristo, que hace la Valtorta, crean encontrar un alimento espiritual en sus páginas cayendo sin querer en la trampa que constituye dicha obra.

Que es evidente que es un gran auxiliar para los postconciliares, no se puede negar. Son sus doctrinas, sus teorías, sus herejías, las difundidas a través de estos escritos, y además es el favorecimiento del judaísmo religioso, con muchos términos iguales que los que emplean los del Vaticano II para inclinar a los católicos a “amar a Israel”, dándoles un curso sobre judaísmo como lo hacen a través del Nuevo Catecismo, con pretexto de estas “revelaciones” hechas su­puestamente a María Valtorta.

Se dice que un sacerdote le ordenó escribir su auto-biografía; si la escribió y publicó alguien, sería interesante conocerla. Carecemos de muchos datos necesarios para tener una idea completa de las motivaciones de alguien que sigue con fidelidad los lineamientos doctrinales del Vaticano II. Evidentemente, por las numerosas citas del seudoconcilio que los comentaristas de la obra ponen al calce de las páginas, la obra de Valtorta constituye un impulso a las herejías del Vaticano II y doctrinas posteriores de él emanadas.

Dios quiera estas páginas abran los ojos de quienes con buena fe y ávidos de lectura espiritual, buscan encontrar un alimento en lo que no es sino veneno hábilmente difundido para abatir en las almas de Fe en Jesucristo Dios y Hombre.

¿Son definiciones ex cathedra las canonizaciones de los santos?. La herejía de Álvaro Calderón

noviembre 11, 2018

Aarón Calderón: “Hoy soy un judío muy kosher, pero una vez fui un ‘goy’ muy kosher”

Eliminó la FSSPX el artículo herético de su teólogo Álvaro Calderón:

“Las canonizaciones en el magisterio de ayer y de hoy” 

 ya que niega que las canonizaciones sean un acto ex cathedra del Papa…  

  A partir del rechazo que despertó la “beatificación” del super-hereje Karol Wojtyla Katzarowsky, la herética posición teológica de la FSSPX, y de muchos, quedó plenamente comprometida toda vez que siempre han negado o puesto en duda que la sede papal esté usurpada por un antipapa.

   Uno de los cuestionamientos a su “línea moderada” fue siempre el hecho de que los usurpadores, especialmente Juan Pablo II, realizaron cientos de extrañas y perversas “canonizaciones” de personajes abiertamente herejes, apóstatas o lo que es peor, cabalistas descarados, como el caso de la hebrea Benedicta Stein y la monja posesa, adoradora de Buda, Teresa de Calcuta. Igualmente de hebreos mundanos, mafiosos y pervertidos como José María Escriba de Balaguer, marqués de tutifruti, cuya muy criticada “canonización” le costó a la podero$a prelatura la suma de one billion dollars, es decir; mil millones de dólares para los hispanohablantes, según la denuncia del vaticanista Pedro Rizo.

   Entonces, la pregunta obligada es: ¿LOS HEREJES CANONIZADOS POR JUAN PABLO II SON SANTOS?

   A esta pregunta sólo hay dos respuestas; sí o no. ¿Y de qué penden estas respuestas?. De que las canonizaciones hayan sido reales y verdaderas, o solamente un acto teatral, montado por el teatrero profesional Karol Wojtyla Katzarowsky.

   Evidentemente, por principio de no contradicción, la pregunta se responde por sí misma: NO PUEDEN SER SANTOS Y AL MISMO TIEMPO PERVERSOS HEREJES…

Álvaro Calderón Robello, hereje de la FSSPX que niega la infalibilidad de las canonizaciones.

  Y ¿quién es Álvaro Calderón?… 

    Resulta muy interesante la biografía de Rubén Calderón Bouchet (padre de Álvaro), escrita por si propio hijo que confirma:

1. Establece a un tal Gaspar Calderón como el primero de la estirpe en la Argentina.

2. El bisabuelo Bernardo Calderón era masón “y perdió la fe como toda su generación” era subordinado del masón Dardo Rocha y puso a su hjo Dardo Calderòn, el abuelo del FSSPX Álvaro Calderón.

3. El abuelo Dardo, a su vez gran admirador de Rubén Darío, máximo representante del Modernismo literario en lengua española y descatado por ser un anticlerical extremo, pone este nombre a su hijo Rubén Calderón Bouchet…

4. Dardo tiene tres hijos varones con Esther Bouchet: Rubén, Daniel y Dardo.

   Rubén Calderón Bouchet se destaca en sus escritos por la defensa de hebreos como Max Scheler, Max Jacob “a quien el cristianismo no le había hecho crecer el prepucio” y a los judíos que se quejan de la falta de defensa durante el Holocausto “tienen pleno derecho a defenderse como puedan”…

   En base a la advertencia establecida canónicamente por Papas anteriores, se descarta a los neoconversos y sus decendientes para recibir el orden sacerdotal y varios oficios públicos.

De confirmarse y por su grave riesgo, imposibilita para ser ordenado al argentino Álvaro Calderón y a otros muchos de la FSSPX como Florian Abrahamowicz, Morgan, King, Kocher, Andre, Black, Schmidberger, Pfeiffer, Cardozo, Hewko, Fauré, Méramo Chaljub, Gleize, Ceriani y otros.

Asimismo esta definición papal se dirigiría a los multicitados de la Nueva Iglesia Montini Alghisi, Wojtyla Katzarowa, RatZinger Peintner, Agustín Bea (Behar), Francis Spellman, Mariano Rampolla, Max Kolbe, el humildísimo marqués Escriba de Balaguer, J.M. Aaron Lustignier, Stersinszky, Meisner, Kasper, Schönborn y un largo etcétera; verdadera “lista de Schindler” que podría llegar en el siglo XX a los mil quinientos agentes delatados por la ex Illuminati, Bella Dodd ante el Comité de Actividades Anti-Americanas de la Cámara de Representantes de USA. (1)

“Bella Dodd le dijo a mi marido y a mí que cuando ella era un miembro activo de partido [Comunista], ella había tratado con no menos de cuatro cardenales dentro del Vaticano ‘quienes estaban trabajando para nosotros’.” ( doctora Alice von Hildebrand en la revista Latin Mass, Verano 2001)

Hay mucho más Benedicto Krizet, espero que quiera seguir leyéndolo en posteriores oportunidades, para beneficio de los cristianos.

Por cierto, ya se arrepintió por injuriarme, sería un buen ejemplo si lo hace…

El 13 de mayo de 1981… “habría sido muy fácil matarlo, pero no estaba en los planes”: Alí Agca

noviembre 9, 2018

La farsa del «atentado» en San Pedro que intentó suplantar el verdadero Secreto de Fátima

Y LA GRAN PREGUNTA:

¿En cuál cárcel del mundo permitirían que un asesino tuviera a solas, al alcance de sus manos asesinas, a su víctima… un frágil anciano?

RESPUESTA: A MENOS QUE SE SEPA QUE NO HAY NADA QUÉ TEMER…

¿En cuál cárcel del mundo se pondría a la víctima al alcance de la mano del victimario entrenado y fanático?... EN NINGUNA.

¿En cuál cárcel del mundo se pondría a la víctima al alcance de la mano del victimario entrenado y fanático?… ¡EN NINGUNA!. Menos aún si la víctima es un ancianito y en la celda existen objetos contundentes para terminar el trabajo y el victimario ni siquiera está esposado ni custodiado… 

Al arribo de Karol Wojtyla (Juan Pablo II) en octubre de 1979 a la sede romana, millones de fieles se preguntaban si ahora sí se daría a conocer el “Tercer Secreto de Fátima”, cuyo contenido debería haber sido difundido como más tarde en 1960.

Todavía hoy desconocido el verdadero contenido completo, el contenido mutilado dado a conocer el año 2000 hablaba del advenimiento de un “obispo vestido de blanco.. el cual creímos que era el Papa” quien subiría hacia una tosca cruz hueca (“como de alcornoque”) y sería muerto con balas y flechas.  

Ante este texto, la Vaticueva urdió un plan para presentar un montaje ante las cámaras que semejara lo dicho en este pasaje mutilado. 

El montaje del atentado contra Juan Pablo II fue denunciado por el propio ejecutor material, el sicario (prescindible ) Alí Agca, quien al tratar de entender, con una insistente perplejidad le grita al mundo: ¡TODO FUE UN MONTAJE DEL VATICANO! y también ¡NUNCA QUISE MATAR AL PAPA!

En noviembre de 2010,  luego de acusar al número dos de la Curia en 1981 -el cardenal masón Agostino Casaroli- de contratarlo para realizar una farsa, un falso atentado, el actual vativocero Lombardi no respondió nada, de hecho nadie lo ha desmentido hasta el momento.

La acusación de Agca fue categórica;

“El cardenal Agustino Casaroli, el segundo hombre en el Vaticano, ordenó esto”, declaró Agca refiriéndose al “primer ministro” del Estado del Vaticano. ” (ABC.es)

“Definitivamente, el Gobierno del Vaticano estuvo detrás del intento de asesinato (del Papa). El cardenal Agustino Casaroli, el segundo hombre en el Vaticano, decidió esto” (El País.es)

Casaroli, fue quien afirma dio la orden del atentado, a través de un agente del Vaticano que identificó como el “Padre Michele”.

“Hice prácticas para el ataque junto con el Padre Michele y otro agente del Vaticano. Me reuní varias veces con él e incluso fuimos a la Plaza de San Pedro para planear el atentado”, afirmó Agca.  (El País.es)

Karol Wojtyla, el laureado actor del “atentado” de 1981 ya era actor mucho antes de ser sacerdote

Karol Wojtyla en el teatro Rapsódico

Durante la Segunda Guerra Mundial, Wojtyla prestó juramento en el movimiento polaco de resistencia de la ¨Unia¨, que en sus orígenes principalmente se constituirá para proteger a los judíos de la diáspora perseguidos por el IIIer. Reich, pero que acabará desarrollando actividades clandestinas contra el régimen fascista. En este momento, seguirá ayudando a familias judías para que puedan escapar de la persecución del régimen nacionalsocialista y se integrará en la rama política de la ¨Unia¨ como miembro no combatiente, y en su vertiente cultural se convertirá en el máximo responsable del grupo teatral en la clandestinidad que tomará el nombre de ¨Teatro Rapsódico¨ y que por medio de sus representaciones y obras teatrales conseguirá el objetivo de exaltar su doctrina anti nazi.

La misma actuación...

La misma actuación…

Un defensor de Casaroli, el periodista Carlos Villa Roiz de la revista mexicana Impacto, sin quererlo ni advertirlo, evidenció la realidad…

“Sus acusaciones (de Agca) se evaporan con la propia biografía del cardenal Casaroli, quien realizó 49 viajes internacionales con Juan Pablo II entre 1979 –año en el que fue designado cardenal- y el 1 de diciembre de 1990, cuando Juan Pablo II aceptó la renuncia que había presentado al haber cumplido 75 años de edad.

Durante este tiempo (11 años), Casaroli se desempeñó como secretario de Estado del Vaticano y el atentado tuvo lugar en 1981, en los primeros años del pontificado de Juan Pablo II.

¿Por qué Wojtyla conservaría a Casaroli nueve años luego de saberlo involucrado en el atentado?…

¿Por qué si Juan Pablo II sabía en 1983 que el organizador del atentado era su mano derecha, el masón Casaroli, no lo destituyó y sí lo conservó en el cargo hasta 1990, año en que cumplió la edad de retiro?.

Agca afirmó al diario italiano La Repubblica que “el diablo está dentro del Vaticano”. Y añade, “sin ayuda de sacerdotes y cardenales no hubiera podido realizar aquel acto”:

“El turco Mehmet Alí Agca, quien disparó contra el Papa Juan Pablo II en 1981, reveló ayer que contó con la ayuda desde el interior del Vaticano de algunos sacerdotes y cardenales para organizar el atentado, en una entrevista concedida al diario La Repubblica.

«Sin la ayuda de algunos sacerdotes y cardenales nunca hubiera podido realizarlo. El diablo está también dentro de esas murallas», declaró Alí Agca, que se encuentra en la cárcel de máxima seguridad de Kartal Maltepe en Turquía.  

El ex miembro del movimiento Lobos Grises, que según declara esta preparando un libro sobre lo que sucedió aquel 13 de mayo de 1981 cuando disparó en la Plaza de San Pedro al Papa Juan Pablo II y de su conversación en la cárcel romana de Rebbia con el mismo Papa, explica que nadie sabía que cometería el atentado y que sólo pudo realizarlo con la ayuda de personas dentro de la ciudad del Vaticano. (Diario de Navarra (01/04/05).

Agca precisó también que durante su encuentro de 22 minutos en la cárcel en Italia con Wojtyla Katz , en diciembre de 1983, éste no le preguntó nada sobre la autoría del atentado, porque según Agca, Juan Pablo II

 “sabía muy bien quién estaba detrás de ello” (El País.es)

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Agca: “habría sido muy fácil matarlo, pero no estaba en los planes”

“Nunca quise matar al Papa”: Agca

Además Agca afirma que “nunca” quiso matar a Wojtyla, lo cual es completamente razonable conforme a la forma tan torpe de disparar contra el actor polaco, sin apuntar, por encima de las cabezas de la gente, con un arma mal elegida y sin machas de sangre… 

Agca aseguró en una entrevista “habría sido muy fácil matarlo, pero no estaba en los planes”.. (Revista Italiana Gente) 

Otra evidencia: si Alí Agca tueviera la consgna de matar a Juan Pablo II ¿qué tipo de institución se permitiría encerrar al sicario y a la supuesta víctima en la misma habitación, sin protección…?… a menos que se tuviera la seguridad de que no había tal intención…

Karol Wojtyla y Alí Agca estuvieron a menos de medio metro de distancia, incluso en contacto físico, por 22 minutos y sin una sola persona que pudiera proteger a la víctima… ¿no fue esta la mejor oportunidad que tuvo un sicario para terminar su trabajo?

El objetivo del autoatentado; “darle una interpretación” falsa al Secreto de Fátima

Tras la elevación de Juan Pablo II en 1979, la presión del público sobre la Logia Vaticana aumentaba, luego de pasados 19 años de la fecha  indicada (1960) por la  Santísima Virgen en Fátima, no se había dado a conocer la última parte del Secreto (llamado Tercer Secreto).

A mediados de octubre de 1943, en el transcurso de una visita a la Hermana Lucía en el Convento de las Doroteas de Tui (España), a unos 400 km de Fátima, y en la frontera con Portugal, D. José Alves Correia da Silva le indicó formalmente que escribiese el Secreto. La Hermana Lucía intentó obedecer la orden del Obispo, pero no fue capaz de hacerlo durante dos meses y medio.

Finalmente, la Santísima Virgen María se le apareció nuevamente a Lucía el 2 de enero de 1944, para darle fuerzas y confirmar que era realmente la voluntad de Dios que ella revelase la parte final del Secreto. Sólo después de esto la Hermana Lucía consiguió superar su turbación y escribir el Tercer Secreto de Fátima. Aun así, fue tan sólo en 9 de enero de aquel año cuando ella le escribió al Obispo D. José Alves Correia da Silva la siguiente nota, en la que le comunicaba que por fin se había escrito el Secreto:

“Ya he escrito lo que me mandó; Dios quiso probarme un poco, pero por fin era ésa su voluntad: Está lacrada dentro de un sobre, y éste, en los cuadernos.” (Sor Lucía)

En vista de ello, se deduce con claridad que el Secreto suponía la existencia de dos documentos: uno, dentro de un sobre lacrado; y otro, que estaba en el cuaderno de apuntes de la Hermana Lucía (de no ser así, ¿por qué razón ella le iría entregar el cuaderno junto con el sobre lacrado?).

La publicación del Secreto debería hacerse no antes de 1944 ni después de 1960 porque, como después lo explicaría la Hermana Lucía, “Sería más claro en ese momento”.

“la Hermana Lucía “le hizo prometer,” según el Canónigo Galamba, “que el Tercer Secreto sería abierto y leído al mundo ya fuese después de su muerte o en 1960, lo que ocurriera primero”… (Fátima org)

“…cuando en 1946 el canónigo Barthas le preguntó a la vidente por qué era necesario esperar hasta 1960, ella le respondió en presencia del Obispo da Silva, “Porque así lo desea la Santísima Virgen”.

El contenido de la tercera parte del Secreto de Fátima fue escrito por Sor Lucía y entregado al obispo de Lieria, Mons. José Correia da Silva, quien lo custodió desde 1944 hasta 1957, pero nunca lo abrió.

El 8 de febrero de 1960 (transcurrido poco más de un a o desde la convocación del Concilio), el Vaticano divulgó a través de la agencia noticiosa A.N.I. la siguiente noticia anónima:

Ciudad del Vaticano, 8 de febrero de 1960 — «En círculos altamente fidedignos del Vaticano se acaba de declarar al representante de la United Press International que es muy posible que nunca venga a ser abierta la carta en que la Hermana Lucía escribió las palabras que Nuestra Señora confirió a los tres pastorcitos, como secreto en la Cova da Iría.»

En el mismo comunicado, a pesar de haber reconocido décadas atrás la veracidad de las apariciones de Fátima, se pone groseramente en duda la credibilidad del Mensaje de la Virgen en su totalidad:

Aunque la Iglesia reconozca las apariciones de Fátima, no desea tomar el compromiso de garantizar la veracidad de las palabras que los tres pastorcitos dijeron que Nuestra Señora les había dirigido.

Tras ese increíble anuncio, la presión del público aumentaba, y por todo el orbe cristiano emergían las peticiones de que se develara al fin el Secreto ocultado en Roma, aumentando las sospechas de los católicos que cada vez más se percataban del camino que había tomado el Vaticano tras la asunción del modernista Juan XXIII y del doctrinalmente catastrófico conciliábulo Vaticano II.

La presión obligaría al Vaticano  modernista a tomar una determinación, o se publicaba… o se suplantaba.

Lo anterior brinda una explicación lógica de  cómo surgió la decisión de simular un hecho que pareciera era el fin del famoso (y molesto para algunos) Secreto de Fátima.

Del acto teatral en la Plaza de San Pedro en 1981, a la develación del Secreto, pero mutilado y malinterpretado

La tercera parte del Secreto, según la propia Vaticueva, habla de una lluvia de balas y flechas que abaten y dan muerte a un obispo de blanco que representa al Papado, quien caminaba sobre los cadáveres de gran cantidad de mártires.

En ninguna forma corresponde esto a lo sucedido en la Plaza de San Pedro  el 13 de mayo de 1981.

El “atentado” de 1981, desde el punto de vista criminalístico, es una verdadera farsa.

El nuevo “proyectil mágico”

En el asesinato de John F. Kennedy, la prueba fechaciente de que se trató de una conspiración fue el descubrimiento por el fiscal Garrison de la existencia de una “bala mágica”.

Este proyectil fue nombrado con el irónico mote debido  a que la versión oficial pretendía hacer creer a todos que; un sólo proyectil había ocasionado múltiples lesiones, con diferentes  ángulos y terminó sin deformaciones en la camilla del agonizante presidente.

Qui bono?, o ¿quién gana con el crimen?.

Esta es la primera pregunta que se hace un verdadero investigador al tratar de encontrar el móvil de un crimen.

Ya desde el siglo I, cuando los rabinos de Roma y la concubina hebrea Popea convencieron a Nerón de incendiar la Ciudad y culpar a los cristianos; lo primero que se preguntaron los senadores y principales fue ¿qué ganaban los cristianos con ese crimen?… ¿la feroz persecusión…?… no cuadraba.

¿Qué ganaban los soviéticos -tan favorecidos históricamente por Casaroli- organizando un atentado ineficaz y a la vista de todo el mundo, pudiendo simplemente envenenar o desprestigiar a su víctima, tal y como lo hacían en muchos casos?…

¿Quién o quienes fueron beneficiados por el atentado fallido?. La respuesta es lógica… Karol Wojtyla y sus compinches.  

Segunda pregunta; ¿quién tenía la capacidad para efectuar el falso atentado de esa forma?

Siguiendo la historia del Incendio en Roma, ¿quién tenía la capacidad operativa para llevarlo a cabo, sin que tuviera que perder más de lo ganado?, esas personas eran el propio líder de Roma, el Emperador y sus secuaces. 

En una analogía de casos, el propio líder romano tenía en 1981 ese poder.

Tercera pregunta: ¿quién o quienes podían cubrir o direccionar las acusaciones?

En la Roma antigua, el César por consejo de los rabinos dirigió las acusaciones y el móvil hacia la “corruptos y heréticos” cristianos, pero con el tiempo se conoció la verdad.

En la Roma moderna, el móvil se centró en el mensaje de Fátima y no se desveló la identidad de los autores intelectuales… hasta que se comienza a conocer la verdad. 

Los beneficiados son evidentes… se simuló un atentado buscando sobre todo la notoriedad ante el público, en una muy vigilada y concurrida Plaza de San Pedro, en una fecha de gran asistencia y con deliberado simbolismo, como lo es el día de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima.

Luego del falso atentado de 1981,  la llamada Logia Vaticana difundió que ése era el famoso Secreto y que con esto quedaba develado y cumplido.

“al respecto al atentado dijo:” una mano tiró la bala, otra la desvió”, refiriendose a la Virgen María”.

Con este montaje espectacular Wojtyla obtuvo el tiempo y el espacio necesarios para consolidar el camino hacia la apostasía de la mayor parte de los ministros y fieles, sin demasiadas molestias en el sentido de revelar el Secreto.

Con eventos como el de Asís en 1986, la Nueva Iglesia inauguraba una era de camino a la Apostasía y el contubernio con la Gran Ramera, una nueva iglesia sincrética que fusionara en su seno a todas las herejías, a todas las perversiones y a todas los enemigos de Cristo. Tal como lo anunciara hace veinte siglos el último Apóstol en el Apocalipsis.

nO SANGRE

Más preguntas:

1. La “bala mágica”.  ¿Porqué se habla de una bala solitaria que hizo tres perforaciones en la parte frontal; una en la mano, otra en el abdomen y otra más en el brazo.

2. Sin sangre. A pesar de la gran velocidad que imprimieron al vehículo de Juan Pablo II, en ninguna gráfica se advierte una sola mancha de sangre en sus ropajes al momento de ser trasladado al Gemelli.

3. Veloz recuperación. Para haber recibido tres disparos, su recuperación fue absoluta y en un muy corto tiempo.

Un lector sensato ante las abominaciones de Kaifas Bergoglio: “no puedo reconocer en Sinagoglio a un verdadero pontífice”

noviembre 7, 2018

Escrito enviado por un lector, oficial naval retirado, quien explica cómo la razón misma hace incompatible el poder aceptar a Kaifas Bergoglio y a sus usurpadores precursores como pontífices legítimos, como capitanes de la Barca de Pedro…:

La verdad no sé ni que decir. Como oficial naval -retirado- que siempre gustó de la vieja escuela naval -aquella que promulgaba que la palabra del capitán en el barco era la ley, y que este mismo en franca lid debía hundirse junto con su nave en caso de derrota, pero al cual hasta sus contendores reconocían hidalguía y rendían honores debidos dentro de la camaradería y caballerosidad que como soldados de mar nos sentimos obligados por nobleza a brindar- no puedo reconocer en Sinagoglio a un verdadero pontífice, así como tampoco puedo reconocer a un incompetente como capitán y comandante de una unidad: a este se le obedece hasta que cometa el primer error o un error muy grave. Y sirva la analogía para ver como esta verdadera unidad de combate, la barca de Pedro, ha tenido en sus últimos cuatro últimos capitanes (Roncalli, Montini –quizá el peor-, Woyjtila –otro malo e incompetente –, Ratzinger y Sinagoglio –que parece querer seguir la línea del segundo) a verdaderos incompetentes y traidores: han llevado a esta unidad a encallarse, a estrellarse y en últimas a caer presa de sus enemigos, SIN PRESENTAR DEBIDA BATALLA. Lo peor de todo es que señales de un amotinamiento legítimo NO HAY o ESTULTAMENTE SE AHOGAN.

En la vieja escuela naval y militar (aquella que JAMÁS recibiría mujeres dentro de sus rangos) había una ley no escrita –que fue regulada por las leyes años posteriores – pero muy sana: el capitán incompetente era despojado de sus galones y encalabozado, o –si sus faltas contra el honor y la gallardía de la unidad eran demasiado afrentosas, pruebas de por medio – se le sometía a juicio y, en caso de encontrársele culpable – se le colgaba: no se le fusilaba ya que este procedimiento se reservaba en forma de privilegio solo a aquellos que jamás fueron traidores y lucharon leal y fieramente. Rara vez se perdonaba la vida de un extulto.

En la vieja escuela eclesiástica se les llamaba herejes, se les condenaba y si no se arrepentían simplemente se les quemaba en la hoguera. ¿Demasiada democracia o rebajamiento moral? O ¿Demasiada letra y poco espíritu?. Cuando uno lo ve, se nota.

(Sebastián L. M.)

Vicente Alejandro Guillamón: “El objetivo actual de la masonería es el dominio oculto del mundo y la imposición global de su ideología”

noviembre 6, 2018

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(Transcrito de Alerta Digital)

L.L.- “Los Masones en el Gobierno de España” (LIBROSLIBRES) hace un repaso histórico por los orígenes y posterior desarrollo de la masonería. Desde su comienzo al servicio de la Corona Real Británica, pasando por su expansión gracias al imperio napoleónico, hasta llegar a la situación actual: un poder oculto, infiltrado a todos los niveles, que persigue implantar su ideología única a cualquier precio. Hemos conversado con su autor, Vicente Alejandro Guillamón:

– ¿Por qué hablar de la masonería ahora?

– ¿Y por qué no? Ahora, precisamente, que estamos sufriendo en España una verdadera invasión masónica que afecta a la mayoría de las instituciones públicas, empezando por el Gobierno de la nación y de ciertas comunidades autónomas, y siguiendo por las Cortes, la Universidad, la enseñanza en general, la magistratura, el periodismo y la televisión, algunos partidos políticos, especialmente de izquierdas sin descartar infiltraciones en el PP, etc.

-¿Tantos masones hay en España?

– No muchos, probablemente no pasen de unos pocos miles, la mayoría personas comunes de nivel profesional mediano o bajo. Sin embargo, existe una casta superior muy reducida, acaso con sus logias exclusivas, pero situada en los puntos clave de los engranajes del Poder, lo que le permite ejercer una influencia decisiva en la marcha del país.

– Entonces, su libro, ¿se refiere a este problema?

Sí, pero no exclusivamente, porque va mucho más allá, o mucho más atrás de la situación actual, dado que estos lodos vienen de polvos muy antiguos. El libro, en realidad, es un recorrido histórico de la masonería española y “sus repetidos asaltos al poder”, como reza su propio subtítulo, desde su creación en España, a raíz de la invasión francesa, hasta nuestros días.

– ¿Usted cree que la gente sabe lo que ha sido y es la masonería?

– Muy pocos saben o tienen conciencia de ello. Incluso sus propios iniciados en los grados inferiores desconocen los “misterios” de los grados superiores. Digo más: tengo para mí que algunos expertos o estudiosos de este fenómeno ideológico se dejan envolver por las fábulas de la Orden y acaban perdiendo el sentido de la realidad masónica, en particular de su verdadera historia y su auténtico espíritu. Por eso dedico, al principio del libro, unos breves capítulos a fin de aclarar conceptos, desmitificar la farfolla histórica, limpiarla de telarañas y novelerías legendarias y reducirla a la realidad de ella misma. Lo demás es perderse en misterios esotéricos ajenos a lo que la orden es efectivamente. A la masonería no hay que buscarle pasados grandiosos y monumentales, relacionados, en unos casos, con la construcción del templo de Salomón, y en otros, con los supuestos secretos de la “masonería operativa” que levantó las grandes catedrales góticas. Todo eso es pura fabulación, leyendas para aparentar linajes de “rancio abolengo” o simulaciones para enmascarar la verdad de los hechos.

– En ese caso, ¿qué es la masonería y qué pretende?

– Yo he necesitado un libro entero para desenredar la madeja, pero voy a intentar resumirlo muy resumido en poquísimas palabras. La masonería es un movimiento ideológico y conspirativo, de ahí su persistente secretismo, además de raíz protestante, nacido a principios del siglo XVIII en Inglaterra, al objeto de apoyar la lucha del Orange (Guillermo III, calvinista) y los Hannover (los sucesivos Jorges, de origen luterano), usurpadoras del trono inglés, contra la pretensiones de los Estuardo (católicos) para recuperar la corona, como legítimos herederos de los Tudor. En consecuencia, los masones, una amalgama de protestantes (anglicanos, puritanos, presbiterianos, incluso algún hugonote francés, etc.), brazo conspirativo al servicio de la casa de Hannover, todavía reinante, mantuvieron desde entonces, es decir, desde su fundación, una actitud beligerante contra los “papistas”, los jesuitas, los estuardistas, los reinos “católicos” como Francia y España que apoyaban los Estuardo y, en definitiva, contra la religión católica y su Iglesia. Parte de aquellos enemigos iniciales de la masonería, es decir, del Imperio británico, se los ha tragado la historia, pero la Iglesia persiste, y la masonería también, además multiplicada, con la irrupción de la masonería de corte francés de la que se adueñó Napoleón para servir a los intereses de su propio imperio. La historia de todo esto es mucho más compleja y enredada de lo que sugiere mi respuesta, pero como avance del contenido de una parte del libro, sirve lo que digo.

– Sin embargo no ha explicado qué pretende la masonería

– Es que resulta muy difícil comprimirlo todo en un par de frases, así que vayamos por partes. El objetivo actual de la masonería, en realidad el de siempre, es el dominio oculto del mundo, la imposición global de su ideología, que no es otra que un secularismo relativista que pretende sobreponerse a todas las demás religiones e ideologías políticas, expresión, éstas, de la división y el fraccionamiento humanos y, por ello, causa de las continuas luchas de los hombres entre sí. Como la masonería aspira a la paz infinita, como dijo alguna vez Zapatero, intenta excluir de la vida social los motivos de enfrentamientos humanos que provocan, a su juicio, las religiones, de ahí que haya que reducir sus cultos a la esfera exclusivamente privada, encerrarlas en sus templos, erradicarlas, empezando por sus símbolos, de la vida pública, como estamos viendo actualmente en España.

– De ese modo terminaríamos en el pensamiento único

– En efecto, porque la masonería es un ideología total, es decir, totalitaria, como son todas las ideologías absolutas que han pretendido siempre crear un “hombre nuevo” y “salvar a la humanidad”: radicalismo jacobino que algunos llaman liberal aunque no lo haya sido nunca, marxismo, anarquismo, etc. El sueño de todas las mentes iluminadas, opresoras y totalitarias. Ahora sostienen, siguiendo a Malthus, entre otras teorías muy inquietantes, que somos demasiados en este mundo, que la Tierra no aguanta el crecimiento “incontrolado” de la población, por eso hay que promover políticas de “salud sexual y reproductiva”, que se traduce en el uso generalizado de anticonceptivos, aborto masivo, etc. No descubro nada, lo estamos viendo y sufriendo en nuestras propias carnes de la mano de un Gobierno masonizado.

– Eso que dice es terrible

– Claro que lo es, y tanto. Sin embargo, la oposición política todavía sostiene que eso de la ampliación de la ley del aborto es una simple cortina de humo para que la gente no repare en el tremendo drama del paro y la crisis económica. Serán estúpidos. Claro que estamos padeciendo una gravísima situación económica y laboral, en buena medida por la incompetencia de los gobernantes, pero no es menos cierto que estos gobernantes, con crisis o sin ella, van a lo suyo, al logro de los objetivos masónicos universales.

– No obstante, la gente no parece que se entere mucho de la situación que estamos viviendo…

-La gran mayoría de la gente no se entera lo más mínimo de donde proceden los tiros, de quienes mueven los hilos entre bastidores incluso en los organismos internacionales como la ONU y sus distintas agencias. No se enteran, me temo, ni siquiera muchos obispos y la casi totalidad de los clérigos, buena parte de ellos todavía se toman a cachondeo aquello de la “conspiración judeo masónica”, que repetía Franco. Bueno, pues digo, judeo, no, desde luego, pero masónica, naturalmente que sí. Y el que no quiera creerlo, peor para él, aunque acabemos sufriéndolo todos.

– Entonces, ¿su libro sirve para orientarnos ante lo que parece una gran amenaza?

– No soy el más indicado para contestar a esta pregunta dada mi parte en el “negocio”, pero si alguien quiere enterarse de lo que pasó y pasa actualmente en España, bajo la sombra de la acacia, el árbol de la masonería, estimo que no puede dejar de leer el libro. Hay mucha ignorancia en este país sobre este fenómeno ideológico que tanto está influyendo en la sociedad española. Mi trabajo, fruto de largos años de estudio, documentación y reflexión, viene a ser una voz de alerta a quines no quieran ser manipulados desde las sombras. Además, es muy ligero de leer, nada indigesto, aunque documentado y concreto. Después de todo, los muchos años de profesión periodística, tenían que servirme de algo.

Delata apretón masónico a Carmen Calvo y Pietro Parolin en acuerdo contra Valle de los Caídos

noviembre 5, 2018
Parolin Calvo

El dedo pulgar sobre el nudillo central…

(Transcrito de Plano Picado / Pedro Rizo)

El pasado martes, 29 de octubre, se reunieron en Roma nuestra Vicepresidente, o Ministra de Presidencia, doña Carmen Calvo y el Secretario del Estado Vaticano, Mons. Pietro Parolin. Reunión de dudoso relieve oficial puesto que se ignoró la representación diplomática.

Como se ha publicado, la Ministra trató sobre el propósito del Gobierno Sánchez de exhumar los restos del antiguo Jefe del Estado, Francisco Franco, los cuales, desde su fallecimiento ocurrido hace 43 años, se custodian en la Basilica Pontificia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Parece que los argumentos presentados por la Ministra se han enriquecido colateralmente con la posible revisión de los bienes raices que la Iglesia de España disfruta, todavía inmatriculados, en ridícula “compensación” del expolio sufrido en 1836 durante el Trienio Liberal (léase masónico) de Mendizábal.

Sobreabundar en el caso sería oneroso para mis lectores que tienen medios de investigación y saben discernir. Me limitaré, pues, a sugerir que profanar tumbas no parece honroso en ningún Gobierno.

La foto

En este post quiero detenerme en el apretón de manos del Cardenal con nuestra Ministra. Es más que un saludo.

Me sorprendió que en ABC del pasado martes, 30, apareciera en la página 5 y, pasando secciones, volviese a aparecer en la 47. “¡Caramba¡ ─ me dije ─ ¡Qué cosa más rara!” Sabido que las secciones se cierran por las tardes, o noches, y que portada y primeras páginas se dejan hasta el final, elegido el mejor impulso de compra y a espera de recibir las colaboraciones, me volví a la página 5 y la examiné con mayor atención. Máxime cuando el diario EL MUNDO destacaba de nuevo la fotografía, también a tamaño gigante. Por lo cual me asaltaron crípticos significados.

¿Y dónde se señala esa singularidad?

Pues en dos signos: en el apretón de manos y en la cruz tapada por el Cardenal.

─ El primero, por su la clara señal de identidad masónica: dedo pulgar del Cardenal apretando el metacarpo del dedo corazón de la Ministra.

Un documento encontrado en una logia de la Francia de Vichy descubría un plan para algún día ocupar la Sede de San Pedro “de modo que los católico creyendo que siguen al Papa nos sigan a nosotros”. (ref. Jean Lombard, ‘La cara oculta de la Historia’.)

─ El segundo, tapar la cruz con la mano izquierda.

“Delicadeza” introducida ya por San Pablo VI –“para no molestar a los no creyentes”- muy usual desde que se predica que todos creemos en el mismo Dios. (ref. Discurso de San Juan Pablo II, en Casablanca.)

Mi opinión acerca del secreto.

Siempre que se habla de la masonería se abomina de su secretismo del que se suponen –con sobrada razón- confabulaciones contra la religión y las monarquías católicas. Bien es cierto que a partir del año 1940 grandes sectores de la masonería de Francia aceptaron la religión católica, (ref. Benimelli) y muchos católicos se hicieron masones sin daño para la secta que se infiltró en familias y organizaciones católicas. También es cierto que no todas sus obediencias muestran el ensañamiento anticristiano que late en lo alto de su estructura piramidal.

Sobre esto deberíamos hacer alguna otra observación.

¿Acaso hay un mal intrínseco en reunirse unos amigos por una coincidencia de intereses? El secreto no es malvado por sí mismo. Asociaciones de antiguos alumnos se fundan para ayudarse y obtener información en la sociedad, la industria o los negocios. Es de obligación en las reuniones de un Estado Mayor; de un Consejo de Ministros; o para la investigación de un arma, de una patente, etc. Incluso en algo tan trivial como la táctica a seguir en un partido de fútbol. En resumen, lo secreto tiene un valor instrumental que se califica por su finalidad.

Y volviendo a los saludos digamos que, aparte de los masones, también que muchas otras asociaciones usan de un particular estrechado de manos; así los homosexuales e, incluso, algunos miembros del Opus Dei, por muchas razones llamado la “masonería blanca”.

Conclusión:

La fotografía de la Ministra Carmen Calvo y el Cardenal Parolin es una confirmación del creciente protagonismo de la masonería en la Iglesia Católica. Si será blanca, o negra, o con los colores del arcoiris, no lo sabemos, pero bien se ve que ya se exhibe con autoridad y funciones de gobierno.

El caso Mortara; un niño hebreo que prefirió ser cristiano

noviembre 5, 2018
Falsa pintura elaborada por el hebreo Oppenheim y titulada "Secuestro de Edgardo Mrtara".  La pintura presenta al pequeño Mortara de una edad de  2 ó 3 años cuando en realidad el niño tenía  casi 7 años y decidió irse sin más a pesar de que no conocía a sus "secuestradores".

LA INSIDIA HEBREA presentó en su momento la pintura elaborada por el hebreo Oppenheim y titulada “Secuestro de Edgardo Mortara”, como la película de Spielberg. La pintura falsifica -como lo hará Spielberg- al pequeño Mortara de una edad de 2 ó 3 años cuando en realidad el niño tenía casi 7 años y omite que en verdad el chico decidió ser educado cristiano a pesar de que nunca había visto antes a sus “secuestradores”. Luego sus padres  y un rabino estarán tratando de convencerlo, pero la Gracia lo defenderá.

Código de Derecho Canónico de 1917, canon 750, parágrafo 1º: “Es lícito bautizar, aún contra la voluntad de sus padres, al hijo de infieles, cuando se halla su vida en tal peligro que prudentemente se prevé que ha de morir antes de llegar al uso de razón. Si la muerte es cierta se debe bautizarlo, siempre que se pueda hacer sin grave daño de la religión. Si la muerte es solamente probable está permitido bautizarlo”.

El Sumo Pontífice tuvo la benignidad de mandar llamar a Roma al padre y a la madre del niño… a fin de que ellos se aseguraran de la voluntad de su hijo Edgardo de permanecer en la religión cristiana… Los padres… tuvieron permiso de hablar con su hijo en presencia del rabino de Roma, los cuales trataron… de convencer al muchacho de volver con ellos. Pero él solo, una criatura de alrededor de nueve años, se defendió de las tentaciones de su padre, su madre y del rabino respondiéndoles que él era cristiano y que quería vivir y morir cristiano y que además rezaría a Dios por la conversión de ellos”

(Transcrito de sodalitiumpianum.it/ Padre Curzio Nitoglia)

Introducción

Hacia fines del siglo XIX apareció el “caso Mortara”. En el presente artículo no me detendré tanto en el “caso” (1), como en la milagrosa conversión del niño judío tal como nos lo cuenta él mismo (2).

El caso”: El niño fue bautizado en peligro de muerte por su nodriza cristiana, luego revivió de manera inesperada; la Iglesia no lo devolvió a sus padres; el joven se hizo más tarde sacerdote y murió en olor de santidad.

No fue violada la potestad paterna de su padre judío ya que en caso de conflicto entre los derechos de la Iglesia (de orden sobrenatural) y aquellos pretendidos de sus padres (de orden natural), son los derechos superiores los que prevalecen.

Pues el bautismo conferido válidamente hace al recién nacido súbdito de la Iglesia (lo cual es una verdad de Fe); y si la Iglesia renunciara a este artículo de Fe, renunciaría a toda la Fe ya que ésta es indivisible y si fuera violada en un solo artículo se perdería completamente.

La Iglesia prohíbe bautizar a los hijos de no católicos contra la voluntad de sus padres, pero una vez que ha sido conferido el bautismo, aunque castigue al trasgresor de sus ordenes (exceptuando el caso en que el recién nacido estuviera en peligro de muerte, como en el que se encontraba Mortara), no puede negar la realidad y la verdad de Fe: ¡el niño bautizado es cristiano! El Código de derecho canónico de 1917 en el canon 750, parágrafo 1º, enseña que: “Es lícito bautizar, aún contra la voluntad de sus padres, al hijo de infieles, cuando se halla su vida en tal peligro que prudentemente se prevé que ha de morir antes de llegar al uso de razón. Si la muerte es cierta se debe bautizarlo, siempre que se pueda hacer sin grave daño de la religión. Si la muerte es solamente probable está permitido bautizarlo”.

Como la prohibición de bautizar vale solamente para los recién nacidos de padres acatólicos que no quieran el bautismo, que no estén en peligro cierto, o incluso solamente probable, de muerte; el bautismo del pequeño Mortara fue no solamente válido sino también lícito, incluso obligatorio, dada la gravedad de su enfermedad que no daba más esperanzas.

Padre Pío Edgardo Mortara.

Padre Pío Edgardo Mortara.

La vida

Luego lo que declaró el Canónigo Regular de Letrán, el R.P. Pío Edgardo Mortara durante el proceso de beatificación de Pío IX (3), hacia 1912: “Nací de padres israelitas (en Boloña, el 21 de agosto de 1851, n.d.r.), hacia aproximadamente los 17 meses fui afectado por una grave enfermedad, neuritis, que me llegó hasta la agonía… Conciente del peligro, la sirvienta, Anna Morisi, cristiana y joven muchacha de entre 16 y 18 años (vivía en Persiceto, n.d.r.) que mis padres, a pesar de las leyes entonces vigentes en los Estados Pontificios, retenían a su servicio (4), tomó la decisión de administrarme el Santo Bautismo. Aprovechando el momento en que mi madre me había dejado solo en mi cuna, ella se acerca… y me bautiza… El hecho fue guardado bajo el más absoluto secreto por A. Morisi, sorprendida por mi rápida curación. Seis años después mi pequeño hermano Arístides, cae gravemente enfermo, A. Morisi, llamada… por una de sus amigas para bautizar al niño in extremis, se rehúsa a hacerlo (el niño murió después, n.d.r.) alegando como razón mi supervivencia al Bautismo y es así que el secreto fue revelado. La noticia de mi Bautismo llegó de esta manera a conocimiento de la autoridad eclesiástica ordinaria, ésta juzgando que el caso era demasiado grave para ser de su competencia, lo refirió directamente a la Curia Romana. …El Santo Padre, por medio de una Congregación Romana, encargó a Feletti (Padre dominico e inquisidor en Boloña, n.d.r.) la separación de mi familia, la cual tuvo lugar cum auxilio brachii secularis, es decir con la intervención de los gendarmes de la Inquisición (los gendarmes evidentemente no eran de la Santa Inquisición, sino de la Legión de Gendarmes Pontificios de Boloña, n.d.r.)… el 24 de junio de 1858. Fui conducido por los gendarmes hacia Roma (en Fossombrone el niño decidirá, milagrosamente, seguir a los gendarmes a la Misa, n.d.r.) y fui presentado ante Su Santidad Pío IX, que me acogió con la más grande bondad y se declaró mi padre adoptivo, como lo fue de hecho mientras vivió, costeando mi carrera y asegurando mi futuro… Algunos días después de mi llegada a Roma, habiendo recibido instrucción religiosa, me fueron completadas las ceremonias del Bautismo por el cardenal Ferretti…

Ocho días después mis padres se presentaron en el Instituto de Neófitos para comenzar las gestiones tendientes a recuperarme con ellos. Habiéndoles sido dadas completas facultades para verme y hablar conmigo, prolongaron su permanencia en Roma durante un mes viniendo todos los días a visitarme… Utilizaron todos los medios para recuperarme… A pesar de todo esto no mostré jamás el menor deseo de volver con mi familia, a tal punto que yo mismo no puedo explicarlo sino admirando la fuerza sobrenatural de la Gracia. A este respecto contaré una anécdota en la cual se manifiesta este poder de la Gracia. Habiendo ayudado la Misa en Alatri… cuando volvía a la sacristía con el Sacerdote, de repente se presentaron mis padres en la puerta. En lugar de echarme en sus brazos, como hubiera sido lo más natural, sorprendido, me escapé y me refugié bajo la casulla del Sacerdote. (…) El Sumo Pontífice… tenía intención de confiarme a los Padres Jesuitas… pero reflexionando mejor, para no dar pretextos a las polémicas… me puso en el Colegio de San Pedro ad vincula… dirigido por los Canónigos Regulares de Letrán.

(El Papa, n.d.r.) Me prodigó siempre las más paternales demostraciones de afecto y… repetía a menudo que yo le había costado muchas penas y lágrimas. Encontrándome de paseo me llamó y como un buen papá se divirtió conmigo escondiéndome bajo su manto rojo… Durante este tiempo la prensa… del mundo entero hizo mucho ruido sobre el rapto del pequeño Mortara” (5).

El P. Pío Edgardo Mortara y sus padres carnales.

El P. Pío Edgardo Mortara y sus padres carnales.

Diversas polémicas

En efecto, después del alejamiento del niño de Boloña, la primera reacción tuvo lugar en los medio liberales luego que la prensa se apoderó del caso. El punto de vista católico fue defendido por La Civiltá Cattolica en una serie de artículos bajo la pluma del Padre Curci (6). Veuillot y Dom Guéranger se lanzaron también a la batalla para defender a Pío IX. Durante seis meses esta polémica estalla en todo el mundo. Las Comunidades Israelitas piamontesas habían interesado mientras tanto a los Consistorios de Francia y de Inglaterra. Esta última, a la que Roma no perdonaba la educación forzada en los refugios anglicanos de los huérfanos de católicos irlandeses caídos en Crimea, había pedido el cierre del colegio donde se había enviado a Mortara. Pío IX comprendió que era necesario dar una respuesta categórica y autorizada, basada en el principio según el cual lo espiritual prevalecía sobre lo temporal y que la Iglesia debía tomar bajo su cuidado la salvación del alma de un niño hecho cristiano aunque sin su intervención directa, y los padres de Mortara debían imputar este hecho fastidioso y desgarrador a ellos mismos, en la medida en que habían tomado a su servicio una criada cristiana, violando así las leyes de los Estados Pontificios en los cuales vivían cuando se produjo el “caso”. El Papa pedía solamente que en sus Estados se observara exactamente aquello que él mismo observaría en los otros estados y decía: “Presto estoy a perderlo todo antes que arrebatar a Cristo un alma que ha sido rescatada al precio de Su Sangre”. El Papa estaba convencido -luego de oportunas investigaciones que había mandado hacer- de la validez del Bautismo, no podía pues permitir que un cristiano fuera educado en la religión judía, ¡aunque el caso fuera humanamente desgarrador!

La cuestión se reabrió en Boloña en 1859, con la constitución de un Gobierno Provisorio que debía preparar los plebiscitos y la anexión de marzo de 1860. Pío IX era inconmovible en su decisión de no devolver al niño a quien quiera que fuese. El 14 de noviembre de 1859 el Tribunal de la Santa Inquisición fue abolido en Romagna, los ministros del culto fueron sujetados a la ley sarda y los fueros eclesiásticos fueron suprimidos. El Padre Feletti fue la primera víctima de estas disposiciones, no se había movido de Boloña, de su Convento de Santo Domingo, aunque previó lo que iba a llegarle. Su actitud semper idemdio la impresión de una gran dignidad, jamás hizo compromisos, repitiendo siempre haber actuado de manera conforme a lo que el cargo que cumplía exigía de él. En la noche del 2 al 3 de enero de 1860 el Director General de la Policía Piamontesa, el caballero Curletti arresta al P. Feletti, dominico inquisidor del Santo Oficio. El dominico fue llevado a las prisiones de Torrone y el proceso comenzó después de dos meses de detención. Desde su primer interrogatorio respondió que: “Los jueces de la Iglesia no están sujetos a ninguna autoridad que les sea inferior… no estando permitido a cualquiera hacerse juez de las decisiones emanadas de la Sede Apostólica en materia de fe y costumbres… La conciencia me prohíbe absolutamente dar ninguna respuesta” (7). El arzobispo de Boloña, el cardenal Michele Viale Prelá también fue apuntado.

El Padre Feletti fue escuchado el 16 de abril de 1860; el religioso dominico había declarado sobre el joven Mortara: “Yo no puedo hacer menos que manifestar lo que se refiere a la misericordia de Dios hacia este niño y los prodigios de Su Gracia para mantenerlo como un buen cristiano. Desde los primeros momentos en que… se anunció al padre… y por Edgardo mismo que él habiendo sido bautizado debía ser confiado a la Iglesia Católica y por lo tanto ser separado de su familia, el niño permanece impasible y mientras que sus hermanos y hermanas lloraban… él permaneció sereno y tranquilo… El Sumo Pontífice tuvo la benignidad de mandar llamar a Roma al padre y a la madre del niño… a fin de que ellos se aseguraran de la voluntad de su hijo Edgardo de permanecer en la religión cristiana… Los padres… tuvieron permiso de hablar con su hijo en presencia del rabino de Roma, los cuales trataron… de convencer al muchacho de volver con ellos. Pero él solo, una criatura de alrededor de nueve años, se defendió de las tentaciones de su padre, su madre y del rabino respondiéndoles que él era cristiano y que quería vivir y morir cristiano y que además rezaría a Dios por la conversión de ellos” (8).

Pero la polémica no se termina. Cavour, en octubre de 1860 aseguraba a la Alianza Israelita Universal que el gobierno de la Casa de Saboya haría lo posible para que el niño fuese devuelto a su familia.

Fin de la autobiografía

“La Comunidad Israelita de Alejandría en Piamonte hizo un llamado a todas las sinagogas del mundo y organizó una verdadera campaña contra el Papa y la Iglesia… pidiendo a los poderes y suplicándoles intervenir y protestar diplomáticamente. Algunas protestas fueron efectivamente enviadas; esta violenta polémica… en la cual se dieron cita todos los enemigos del Papado y de la Iglesia Romana se mantuvo en suma durante casi seis meses. ….Pío IX, como él mismo lo decía en medio de esta furiosa tempestad dormía tranquilamente a ejemplo del Divino Redentor: “ipse vero dormiebat”.

El 11 de marzo de 1868… encontrándome en San Gregorio del Monte Caelius… se anuncia la visita de Su Santidad. Me posterné… sobre el suelo de la basílica, y al pasar el Santo Padre, queriendo besarle los pies, con una precipitación completamente juvenil, mi frente choca con su rodilla con tal fuerza que el Santo Padre pierde el equilibrio y estuvo a punto de caerse… En el momento el Papa se contentó con mirarme. Después llegó en lo que se llamó triclinio, …él me interpeló suavemente: “Pero, ¿qué has hecho hoy? Sería gracioso que la gente dijera que Mortara quiso matar al Papa…”.

La paternal solicitud del Santo Padre se manifestó especialmente con ocasión de los trastornos políticos de 1870. Después de la entrada de las tropas piamontesas en Roma, en aquellos días de anarquía… en que la policía era incapaz de frenar a la chusma, luego de haber arrancado por la fuerza del Colegio de los Escolapios al neófito Coen (Coen quiso luego volver a entrar en el Convento de los Padres Carmelitas, donde en 1833 se hizo sacerdote y murió en 1939, un año antes que Mortara, n.d.r.) (9), se dirigió a San Pedro ad vincula para sacarme también… Pío IX informado de mi huída, dijo exactamente estas palabras: “Agradecemos al Señor que Mortara haya escapado”.

La bendición de Pío IX me acompañó en todas partes. Ella me dio sobre todo la fortaleza… para no ceder a las presiones y amenazas de las autoridades liberales que querían obligarme… a volver con mi familia. (Luego de salir de Roma, n.d.r.) ella me siguió hasta Bressanone (Tirol austriaco), donde encontré la más calurosa hospitalidad junto a mis colegas de la Curia de Novacella.

Se quisiera saber cuales fueron mis relaciones con mis padres después de su partida de Alatri. No tuve más noticias de ellos. Les escribí muchas veces cartas paneréticas sobre religión y en las cuales trataba de convencerlos de la verdad de la Fe Católica… Estas cartas quedaron sin respuesta.

La paternal afección de Pío IX hacia mí fue inalterable hasta su muerte. Luego de la supresión de las Casas Religiosas me encomendó al santo obispo de Poitiers, Mons. Pie. … Sufriendo de debilidad de nervios debido al exceso de trabajo, me vi obligado a dejar todo aquello que pidiese aplicación y a darme a los trabajos manuales. En el bendito día de mi primera Misa tuve el honor de recibir una carta firmada por él… No volví a ver más a Pío IX. Después de 1870 muchas veces volviendo a la Ciudad Eterna he visitado el cementerio del Verano y, profundamente emocionado me he postrado sobre su tumba. …En su epitafio él invitaba a los fieles a rezar por él: Orate pro eo. Confieso que cuantas veces he leído estas palabras, tantas veces he dicho en mi corazón: Sancte Pie, ora pro me” (10).

Después de dos años de permanencia de Mortara en Novacella cerca de Bressanone, con los Canónigos Regulares de Letrán, bajo el falso nombre de Pie Pillon; el 2 de agosto de 1872 pasa a Francia a la nueva fundación de Beauchesne donde recibe las órdenes sagradas: el subdiaconado, el 1º de septiembre; el diaconado, el 28 de octubre de 1873; el sacerdocio, el 20 de diciembre.

La deposición de Mortara termina en 1878 (año de la muerte de Pío IX); pero es posible reconstruir la continuación de su vida a partir de muchos otros escritos suyos: “Como sacerdote se distinguía no solo por el celo, la piedad y la coherencia de su vida, sino también por sus dotes excepcionales de predicador políglota y por su cultura bíblica. Capaz de predicar en nueve lenguas, el R.P. Pío Mortara hizo su primer discurso el 25 de noviembre de 1874 en la Catedral de Poitiers para el jubileo episcopal de Mons. Pie. Mientras tanto… habiendo muerto su padre, el Padre Pío volvió a ver su madre en Perpignan, después en París, rezando por ella para que se convirtiese y se retirase a un convento… (Pero en vano, n.d.r.). También lo golpearon otros dolores por aquellos años: la muerte de Pío IX y del Cardenal Pie… finalmente una nueva enfermedad que lo puso a dos pasos de la muerte, de la cual salió, según afirmaba, curado milagrosamente, después de la visita de Don Bosco y de una invocación a Pío IX. El 19 de agosto de 1878 partió para Italia, de donde fue a España hasta 1888… en 1894 se embarcó para América… En 1899 fue para Cracovia… El 13 de noviembre de 1906 había fijado su residencia en la Abadía de Bouhay (de donde volvió dos veces a Italia en 1908 y 1912), donde celebró el 50º y el 60º aniversario de su ordenación sacerdotal. En esta ocasión recibió la bendición de San Pío X. Su último deseo, morir en Italia, no pudo ser atendido. ….La guerra impidió la realización del proyecto y es casi nonagenario que el R.P. Pío Mortara expira cristianamente el 11 de marzo de 1940 en la Abadía de Bouhay en Bélgica (la abadía fue vendida recientemente y el cuerpo de Mortara reposa en el cementerio de Bressaux Liége, en la sepultura de los Canónigos Regulares de Letrán, n.d.r.)” (11).

Notas

1) DEUTCH, Mortara case, in “The Jewish Enciclopedia”, vol. IX, Nueva York, Funk an Wagnalls Comp., 1905, pp. 35-36.

SCHMIDT, Mortara, in Lexicon fur Theologie und Kirche, VII, Freiburg in Breisgau 1935, p.33.

A. NAVAROTTO, L’affare Mortara nell’incubazione della guerra austro-franco-italiana, Vita e Pensiero, n. s. XXVI (1940), p. 269-273.

S. FURLANI, Mortara, in Enciclopedia Cattolica, vol. VIII, p. 1427.

2) P.M. MORTARA C.R.L., Une page de ma vie dédiée aux personnes pieuses, Strasbourg 1893.

G.L. MASETI ZANNINI, Nuovi documenti sul caso Mortara”, in Revista di storia della Chiesa in Italila, 1959 pp. 239-259.

Don P.E. MORTARA, El niño Mortara y Pío IX. Narración autógrafa, sine loco et data.

V. MESSORI, Le cose della vita, S. Paolo, Milán 1995, pp. 322-326.

3) S.R.C. Summarium super introductionem Causae Beatificationis et Canonizationis Servus Dei Pii IX Summi Pontificis, Roma 1954, pp. 511-523.

4) N.L. FERRARIS, Bibliotheca canonica juridica moralis theologica, nº 69, tome IV, Venetiis 1772, p. 294: “Inquisitores libere procedere possunt contra judaeos si nutrices christianas retinuerint” (Nicolás IV).

5) Déposition du R.P. Pio Edgardo Mortara C.R.L. au procés pour la béatification et la canonisation du Serviteur de Dieu Pie IX, Roma 1954, pp. 511-516.

6) Il piccolo neofito Edgardo Mortara, “La Civiltá Cattolica” IX, serie III, vol. 12, 1858, p. 387.

7) Actes du Procés… f. 22 in F. JUSSI, Studi e ricordi del foro criminale, Bologna 1884, pp. 282.

8) Archives de l’Etat de Bologne, Atti del processo… feuilles 36-41.

9) F. CECCARELLI, 1870 – La riconsegna del giovinetto Coen alla famiglia, L’Urbe, XII, 1949, nº 5.

10) Déposition du R.P. Pio Edgardo Mortara C.R.L. au procés…, pp. 516-523.

11) G.L. MASETTI ZANNINI, op. cit., pp. 258-259.

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