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“Hoy he perdido mi Premio Nobel”: Jérome Lejeune, padre de la genética moderna, al oponerse al aborto

diciembre 13, 2017

Dr. Jérome Lejeune, padre de la genética moderna

Fue acusado de querer imponer su fe católica en el ámbito de la ciencia y le negaron el Premio Nobel. No faltaron miembros de la Iglesia que lo rechazaran. Le cortaron los fondos para sus investigaciones. De repente se convirtió en un paria.

Jérôme Lejeune es reconocido, hasta en la Neo Iglesia, por su fidelidad a la Iglesia Católica así como por su excelencia como científico. A los 33 años de edad, en 1959, publicó su descubrimiento sobre la causa del síndrome de Down, la trisomía 21.

En 1962 fue designado como experto en genética humana en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y en 1964 fue nombrado Director del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia y en el mismo año se crea para él en la Facultad de Medicina de la Sorbona la primera cátedra de Genética fundamental.

El profesor Lejeune era reconocido por todos. Se esperaba que recibiera el Premio Nobel. Pero en 1970 se opone firmemente al proyecto de ley de aborto eugenésico de Francia. Esto causa que caiga en “desgracia” ante el mundo. Prefirió mantenerse en gracia ante la verdad y ante Dios: matar a un niño por estar enfermo es un asesinato. Siempre utilizó argumentos racionales fundamentados en la ciencia. 

Llevó la causa pro vida a las Naciones Unidas.  Se refirió a la Organización Mundial de la Salud diciendo: “he aquí una institución para la salud que se ha transformado en una institución para la muerte”. Esa misma tarde escribe a su mujer y a su hija diciendo: “Hoy me he jugado mi Premio Nobel”.  Tenía razón. No se lo dieron. No querían a un científico que se opusiera a la agenda abortista.

LeJeune también rechazó los conceptos ideológicos que se utilizan para justificar el aborto, como el de “pre-embrión”.

ENTREVISTA A LA HIJA DEL DR. LEJEUNE

En 2011, Clara Lejeune-Gaymard, hija del doctor Lejeune, concedió una entrevista a Carrie Gress, con motivo de la publicación del libro “Life is a blessing: Biografía de Jérôme Lejeune”, cuya autora es Clara.

– Su padre fue el renombrado científico de genética de Francia, quien viajó por el mundo dando a conocer sus numerosos descubrimientos científicos, incluyendo el origen genético del Síndrome de Down. ¿Por qué su nombre no es muy conocido por su importante trabajo?

Clare Lejeune: Es una buena pregunta.

Cuando él hizo el descubrimiento de la trisomía 21 lo podría haber llamado “Lejeune” como hacen muchos científicos cuando realizan descubrimientos. Pero él no era ese tipo de hombre y pretendía realizar dos cosas.

La primera tenía que ver con todas las cosas humillantes que se decían sobre los niños con síndrome de Down, como que la madre había tenido un mal comportamiento sexual o que su herencia familiar era mala.

Estos niños eran escondidos, especialmente en Francia o el resto de Europa. Él quiso devolver su dignidad a estos niños y a sus padres diciéndoles que estaba en su código genético y que no venía de familia ni de un mal comportamiento.

También fue la primera vez que se descubrió que una enfermedad podía venir del código genético, de manera que se abría la puerta a la medicina genética y a la comprensión de que un cromosoma podía ser la causa de una enfermedad.
Sólo seis meses antes del descubrimiento, se decía que era imposible que el código genético pudiera causar una enfermedad. Así que él consiguió la prueba de lo contrario.

Y la segunda cosa que quería era proteger a los no nacidos.

Era muy conocido en Francia y muy conocido también en la comunidad científica porque ayudó a construir la primera cátedra conocida en genética en Israel y en España y trabajó con científicos en Estados Unidos. En Francia participó siempre como columnista en la prensa sobre cuestiones genéticas.

En 1969, comenzó la campaña del aborto en Europa, Francia y Estados Unidos. Y desde que él se declaró en contra, se le cerraron todas las puertas. Ya no formó parte de la actualidad. Nadie lo quiso entrevistar cuando realizó su descubrimiento.

Creo que en 1971fue a Estados Unidos y realizó un discurso en el National Institute for Health y después de esto mandó un mensaje a mi madre diciendo: “Hoy he perdido mi Premio Nobel”. En el discurso él habló sobre el aborto, diciendo, “ustedes están transformando su instituto de salud en un instituto de muerte”. Y esto no fue bien acogido.

– El libro sobre la vida de su padre es una serie de instantáneas de la vida de su familia que ilumina no sólo el trabajo científico de su padre, también su profunda fe.

¿Qué le hizo decidir escribir sobre él con este estilo?

Clare Lejeune: Yo estaba embarazada cuando él estaba enfermo, esperando a mi sexto hijo, y durante este tiempo esperaba que él pudiese vivir lo suficiente para poder conocer a mi hija. Él murió el 3 de abril y ella nació el 13 de abril, así que nunca llegó a conocer a su abuelo.

Antes de morir le pregunté si me daba permiso para escribir un libro sobre él. Aunque temía que dijese que no ya que era un hombre muy humilde, sin embargo él contestó: “Haz lo que quieras. Si quieres dar testimonio de la vida del niño con síndrome de Down, haz lo que quieras”.

Tenía claro que quería escribir algo para mi pequeña. Al principio escribí treinta hojas y cuando fuimos de vacaciones con un periodista le conté que estaba escribiendo un libro para que mi hija pudiese conocer a su abuelo. Él las leyó y me dijo que debería escribir un libro.

El modo en que quería escribirlo no era el de la biografía cronológica, sino como retratos diferentes de una persona. Hay un capítulo sobre nuestra vida en Dinamarca, uno sobre él como médico, otro como cristiano.

Cada capítulo es una pieza diferente del puzzle y al final te encuentras con el retrato de la persona entera.

– Su padre sufrió mucho en su carrera por su postura pro-vida. ¿Se basaban sus convicciones sólo en su fe o también se apoyaba en su investigación científica?

Clare Lejeune: Principalmente en que era médico, no en su fe. Cuando eres médico has jurado el Juramento Hipocrático de no hacer daño. Y él siempre decía que el respeto a la vida no tenía nada que ver con la fe, aunque, por supuesto, está en la fe el respetar la vida.

Por eso fue tan odiado por los partidarios del aborto. Era difícil luchar contra él porque sus argumentos eran de base científica.

Quiso explicar que la vida comenzaba en la concepción, él quiso contar una historia que fuese inteligible para todos, como Pulgarcito. Esta es una historia para niños o una leyenda, pero es una realidad.

Es muy raro que la humanidad haya sido capaz de contar una historia así sin saber si era verdad, porque cuando se escribió no había fotos de bebés en el útero.

La vida comienza en el mismo instante de la concepción cuando los genes de la madre y los del padre se unen para formar un nuevo ser humano que es absolutamente único.

Todo el patrimonio genético está ya allí. Es como la música de Mozart en la partitura. La vida entera está ya ahí.

A los dos meses, el embrión lo tiene todo, las manos, los ojos, el cuerpo. Es un cuerpo muy pequeño, pero después de dos meses lo único que hace es crecer. Si se pudiese coger el mismo dedo pequeño, se podría observar su huella dactilar.

Muchos investigadores mantienen distancias con aquellos cuya vida afecta a su trabajo. Su padre parecía tener un enfoque distinto. ¿Cómo era su relación con los pacientes y sus familias? 

Clare Lejeune: Cuando él se convirtió en doctor, su primer trabajo fue en un hospital donde él vio a un niño con síndrome Down. 

Entonces fue cuando decidió que quería saber por qué tenían una cara especial y todo lo demás. Se podría decir que esta fue realmente su vocación. Realmente quería encontrara una manera de tratarlos y a esto dedicó su investigación. 

El hizo este descubrimiento porque amaba a estos niños y a sus familias y quería ayudarles.

No fue consecuencia de este descubrimiento el querer cuidar a los niños de síndrome Down, sino que fue al revés, porque él quería cuidar a estos niños, realizó este descubrimiento. Y esto explica su relación con ellos.

Después de su muerte, su familia creó una fundación para continuar su trabajo, especialmente el de encontrar una cura para el Síndrome Down. ¿Qué hace esta fundación y cómo trabaja? 

Clare Lejeune: Mi padre quiso crear esta fundación cuando todavía estaba vivo, porque él sabía que tendría que retirarse y quería que su investigación continuase.

Al principio fue su proyecto. 

El día antes de morir, fui a verlo y me dijo que estaba muy triste por sus pacientes, porque ellos no entenderían que los había tenido que dejar. Dijo: “los estoy abandonando y ellos no van a entender porque ya no estaré con ellos nunca más”. 

Yo le contesté: “Ellos lo entenderán. Lo entenderán mejor que nosotros”. 

Y me dijo: “No, ellos no lo entenderán mejor, pero si más profundamente”. Y después de esto, cuando él murió, nosotros pensamos que podríamos hacer algo más por ellos. 

Después de año y medio pusimos en marcha una fundación dedicada al la investigación y tratamiento no sólo del síndrome Down sino también de otros síndromes de enfermedades mentales de origen genético. 

Creamos un centro en Francia de investigación genética y tenemos un comité que distribuye las ayudas a los diferentes grupos que están en todo el mundo. 

Hemos fundado 60 proyectos con 32 equipos en los Estados Unidos, y estamos en proceso de comenzar una fundación en los Estados Unidos que se encargará de más investigación y tratamiento. 

El tratamiento real no existe en la actualidad, ya que los investigadores están trabajando en solucionar este problema genético. El patrimonio genético de los niños es correcto, simplemente se repite como un disco rallado. Mi padre siempre decía que un niño con síndrome Down es más niño que otros; es como si no estuviese acabado del todo. Así que si ese gen pudiese ser silenciado el niño podría ser normal. 

Y este es realmente el futuro de la medicina, reparar el código genético. Por tanto no es descabellado que podamos tratarlos algún día. 

La dificultad estriba en que se gasta mucho dinero en realizar el diagnóstico y en matarlos, hasta tal punto que si pudiéramos tener sólo un 10% de este dinero para investigación, podríamos ya haber conseguido la cura. 

Su padre fue amigo de Juan Pablo II, sirviendo muchos años como miembro de la Academia Pontificia de Ciencias y como el primer presidente de la Academia Pontificia para la Vida.

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El Nican Motecpana, Juan Diego y la Virgen de Guadalupe. El Códice 1548

diciembre 12, 2017
Códice Escalada.

Códice Escalada o Códice 1548.

Códice 1548 o códice Escalda, una muestra de la historicidad de las apariciones.

Códice 1548 o códice Escalda, una muestra de la historicidad de las apariciones.

Es de Sahagún la firma que aparece en el Códice 1548

(Transcrito de La Crónica de hoy -diciembre 7 del 2002-)

En el marco de la polémica entre apricionistas y no aparicionistas, en 1995 fue descubierto el Códice 1548, también llamado Códice Escalada, el cual vino a aportar un elemento para documentar históricamente las apariciones.

Dadas las críticas en el sentido de que el códice no era auténtico se inició su análisis, para lo cual se emplearon métodos modernos. Bajo la coordinación del P. Xavier Escalada S.J., se reunieron en mayo de 1995 diversas instituciones y estudiosos para intentar probar científicamente la autenticidad del Códice 1548. A pesar de las pruebas a que fue sometido dicho códice, la polémica continúa.

Ante la proximidad de un aniversario más de la Virgen de Guadalupe, presentamos aquí el punto de vista de una de las partes y la probable historia de este códice.

La fuente principal para determinar si la imagen guadalupana estuvo en Lepanto, es un libro de Antonio Domenico Rossi, titulado La B.V. di Guadalupe e S. Stefano d´Aveto. Note i Documenti, publicado por Tipografía Artística Colombo en 1910.

La fuente principal para determinar si la imagen guadalupana estuvo en Lepanto, es un libro de Antonio Domenico Rossi, titulado La B.V. di Guadalupe e S. Stefano d´Aveto. Note i Documenti, publicado por Tipografía Artística Colombo en 1910.

Los orígenes del códice.

Los alumnos del Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelolco, escucharon de Juan Diego la narración de las apariciones, posteriormente elaboraron el manuscrito, y pidieron a su maestro Fray Bernardino de Sahagún que firmara el Códice, despues pasó a manos de Fernando de Alba Ixtlixóchitl, quien lo prestó a Luis Becerra Tanco y este heredó sus papeles a su hijo Juan, quien lo cede a don Carlos de Sigüenza y Góngora.

La fuente consultada omite el tránsito del Códice hasta nuestros días, y refiere que en la investigación organizada para celebrar el Primer Centenario de la Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe (12 de octubre de 1895), con objeto de editar una Enciclopedia Guadalupana se encontró un viejo documento “cuyo valor era desconocido para sus mismos dueños”.

Descripción del Códice 1548.

Se trata de un documento arrugado de piel sin pelo de 20 por 13.3 cm, cubierto con una pátina amarillenta después de sobrevivir mas de 450 años. Los trazos son de un color entre sepia y negro, que ha cambiado a rojizo en algunas zonas, debido a las sustancias empleadas en el curtido. Presenta la fecha 1548; dos apariciones de la Virgen (la cuarta, al pie del Cerro, en tamaño grande y la primera, en la cumbre, de tamaño pequeño), en la que se aprecia la figura de Juan Diego y algo difusa la de la Virgen; contiene el glifo del Juez Antonio Valeriano y la firma de Fray Bernardino de Sahagún; además, varias inscripciones en náhuatl, con letras latinas, según el estilo de los alumnos del Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelolco, formados por Sahagún.

La imagen de la Virgen de Guadalupe capitaneó la Batalla de Lepanto en 1571.

La imagen de la Virgen de Guadalupe capitaneó la Batalla de Lepanto en 1571.

Autenticidad de la firma de Sahagún.

El Dr. Charles E. Dibble, Catedrático de la Universidad de Utah (traductor junto con el Dr. Arthur Anderson del Códice Florentino), en carta del 12 de junio de 1996 concluyó, categóricamente, que la firma que aparece en el códice 1548 es la de Fray Bernardino de Sahagún por diferentes rasgos que enumera: las tres cruces, la forma de escribir “fray” y las letras “d” y “b”, estimando que la fecha probable en la que se firmó debe ser entre 1550 y 1560. 

Don Alfonso M. Santillana Rentería, jefe de la Oficina de Documentoscopía y Fotografía del Banco de México, a quien recurre también la PGR y la PJDF, concluyó en su informe de septiembre de 1996: “…la firma cuestionada, atribuida a Fray Bernardino de Sahagún, que aparece en el Códice 1548, fue hecha por su puño y letra; por lo tanto es auténtica”.

Investigaciones en la UNAM.

El Instituto de Física de la UNAM, en coordinación con expertos del Taller de restauración del Museo de Churubusco, INAH, revisaron ambas caras fotografiándolas directamente y bajo el microscopio óptico con diferentes aumentos utilizando luz artificial reflejada; se usaron las técnicas denominadas espectroscopía al infrarrojo y espectroscopía “PIXE” (Particle Induced X-ray Emision), así como luz ultravioleta.

Estos estudios concluyeron que el documento no fue alterado o modificado y que la tinta usada correspondía a las usadas en la época de elaboración del códice.

Contenido del Códice

En su parte central superior se lee el año 1548. Escrito en náhuatl en caracteres latinos, se lee: “También en 1531 . . . se hizo ver la amada madrecita, nuestra niña, Guadalupe de México. “Murió con dignidad Cuauhtlatoatzin”. Glifo-dibujo del juez Antonio Vareliano. Firma grande y legible de Fray Bernardino de Sahagún. “Murió dignamente Cuauhtlactoatzin, “En 1548 murió Cuauhtlactoatzin”. Cuauhtlactoatzin, según Carlos de Sigüenza y Góngora, era el nombre de Juan Diego antes de su Bautizo; se sabe que murió en 1548.

El dibujo en la parte central izquierda es un indígena hincado portando el ayate, con la vista hacia una imagen de la Virgen en medio de nubes, sin corona, ni rayos, ni ángel. Esto ocurre en la falda de un cerro rocoso. En la parte superior, se observa una figura que se identificó como un indígena, también con ayate y muy borrada una imagen pequeña de la Virgen.

Según texto de Fernando Alba Ixtlaxóchitl
(párrafos referidos a Juan Diego)

Vida santa de Juan Diego. La Virgen comenzó a hacer milagros en el Tepeyac, y «toda la gente se admiró mucho y alabó a la inmaculada Señora del Cielo, Santa María de Guadalupe, que ya iba cumpliendo la palabra que dio a Juan Diego, de socorrer siempre y defender a estos naturales y a los que la invoquen.

«Según se dice, este pobre indio se quedó desde entonces en la bendita casa de la santa Señora del Cielo, y se daba a barrer el templo, su patio y su entrada…

«Estando ya en su santa casa la purísima y celestial Señora de Guadalupe, son incontables los milagros que ha hecho, para beneficiar a estos naturales y a los españoles y, en suma, a todas las gentes que la han invocado y seguido. A Juan Diego, por haberse entregado enteramente a su ama, la Señora del Cielo, le afligía mucho que estuvieran tan distantes su casa y su pueblo, para servirle diariamente y hacer el barrido; por lo cual suplicó al señor obispo, poder estar en cualquiera parte que fuera, junto a las paredes del templo y servirle. Accedió a su petición y le dio una casita junto al templo de la Señora del Cielo; porque le quería mucho el señor obispo».

«Inmediatamente se cambió y abandonó su pueblo: partió, dejando su casa y su tierra a su tío Juan Bernardino. A diario se ocupaba en cosas espirituales y barría el templo. Se postraba delante de la Señora del Cielo y la invocaba con fervor; frecuentemente se confesaba; comulgaba; ayunaba; hacía penitencia; se disciplinaba; se ceñía cilicio de malla; se escondía en la sombra, para poder entregarse a solas a la oración y estar invocando a la Señora del Cielo».

«Era viudo [en 1529, a los 55 años]: dos años antes de que se le apareciera la Inmaculada, murió su mujer, que se llamaba María Lucía. Ambos vivieron castamente: su mujer murió virgen; él también vivió virgen; nunca conoció mujer. Porque oyeron cierta vez la predicación de fray Toribio de Motolinía, uno de los doce frailes de San Francisco que habían llegado poco antes, sobre que la castidad era muy grata a Dios y a su Santísima Madre; que cuanto pedía y rogaba la señora del Cielo, todo se lo concedía; y que a los castos que a Ella se encomendaban, les conseguía cuanto era su deseo, su llanto y su tristeza».

«Viendo su tío Juan Bernardino que aquél servía muy bien a Nuestro Señor y a su preciosa Madre, quería seguirle, para estar ambos juntos; pero Juan Diego no accedió. Le dijo que convenía que se estuviera en su casa, para conservar las casas y tierras que sus padres y abuelos les dejaron; porque así había dispuesto la Señora del Cielo que él solo estuviera».

En 1544 hubo peste, y murió Juan Bernardino, a los ochenta y seis años, especialmente asistido por la Virgen. Fue enterrado en el templo del Tepeyac.

«Después de diez y seis años de servir allí Juan Diego a la Señora del Cielo, murió, en el año mil quinientos cuarenta y ocho, a la sazón que murió el señor Obispo [Zumárraga]. A su tiempo, le consoló mucho la Señora del cielo, quien le vio y le dijo que ya era hora de que fuese a conseguir y gozar en el Cielo cuanto le había prometido. También fue sepultado en el templo. Andaba en los setenta y cuatro años. La Purísima, con su precioso hijo, llevó su alma donde disfrutara de la Gloria Celestial».

El «Nican Mopohua», o la historia de Nuestra Señora de Guadalupe, narrada por el indígena Don Antonio Valeriano

diciembre 11, 2017

“No hizo nada igual con ninguna otra nación” (Non fecit taliter omni nationi) fueron las palabras de Benedicto XIV cuando se le  presentó la imagen de la Virgen de Guadalupe y admirando su belleza aprobó las obras del patronato de Guadalupe en México. La aparición de la Virgen de Guadalupe está documentada en un libro escrito en náhuatl por Antonio Valeriano llamado Nican Mopohua (Aquí se narra), escrito en la época de las apariciones.

“No hizo nada igual con ninguna otra nación” (Non fecit taliter omni nationi) fueron las palabras de Benedicto XIV cuando se le presentó la imagen de la Virgen de Guadalupe y admirando su belleza aprobó las obras del patronato de Guadalupe en México. La aparición de la Virgen de Guadalupe está documentada en un libro escrito en náhuatl por Antonio Valeriano llamado Nican Mopohua (Aquí se narra), escrito en la época de las apariciones.

El Nican Mopohua

Antonio Valeriano

-Sábado 9, diciembre 1531

En el Tepeyac, madrugada.

«Diez años después de tomada la ciudad de México, se suspendió la guerra y hubo paz en los pueblos, así como empezó a brotar la fe, el conocimiento del verdadero Dios, por quien se vive. A la sazón, en el año de mil quinientos treinta y uno, a pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un pobre indio, de nombre Juan Diego, según se dice, natural de Cuautitlán. Tocante a las cosas espirituales, aún todo pertenecía a Tlatilolco.

«Era sábado, muy de madrugada, y venía en pos del culto divino y de sus mandados. Al llegar junto al cerrillo llamado Tepeyácac, amanecía; y oyó cantar arriba del cerrillo: semejaba canto de varios pájaros preciosos; callaban a ratos las voces de los cantores; y parecía que el monte les respondía. Su canto, muy suave y deleitoso, sobrepujaba al del coyoltótotl y del tzinizcan y de otros pájaros lindos que cantan.

«Se paró Juan Diego a ver y dijo para sí: ¿por ventura soy digno de lo que oigo? ¿quizás sueño? ¿me levanto de dormir? ¿dónde estoy? ¿acaso en el paraíso terrenal, que dejaron dicho los viejos, nuestros mayores? ¿acaso ya en el cielo? Estaba viendo hacia el oriente, arriba del cerrillo, de donde procedía el precioso canto celestial; y así que cesó repentinamente y se hizo el silencio, oyó que le llamaban de arriba del cerrillo y le decían: Juanito, Juan Dieguito. Luego se atrevió a ir adonde le llamaban; no se sobresaltó un punto; al contrario, muy contento, fue subiendo el cerrillo, a ver de dónde le llamaban. Cuando llegó a la cumbre, vio a una señora, que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara. Llegado a su presencia, se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que posaba su planta, flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas; y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que allí se suelen dar, parecían de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro. Se inclinó delante de ella y oyó su palabra, muy blanda y cortés, cual de quien atrae y estima mucho.

«Ella le dijo: Juanito, el más pequeño de mis hijos, ¿a dónde vas? El respondió: Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor. Ella luego le habló y le descubrió su santa voluntad; le dijo: Sabe y ten entendido, tú el más pequeño de mis hijos, que yo soy la Siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive; del Creador cabe quien está todo; Señor del cielo y de la tierra. Deseo vivamente que se me erija aquí un templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre, a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos y remediar todas sus miserias, penas y dolores. Y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que aquí en el llano me edifique un templo; le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has oído. Ten por seguro que lo agradeceré bien y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo. Mira que ya has oído mi mandato, hijo mío el más pequeño; anda y pon todo tu esfuerzo.

«Al punto se inclinó delante de ella y le dijo: Señora mía, ya voy a cumplir tu mandato; por ahora me despido de ti, yo tu humilde siervo. Luego bajó, para ir a hacer su mandado; y salió a la calzada que viene en línea recta a México».

Primera entrevista con el señor Obispo, de mañana.

 «Habiendo entrado en la ciudad, sin dilación se fue en derechura al palacio del obispo, que era el prelado que muy poco antes había venido y se llamaba don fray Juan de Zumárraga, religioso de San Francisco. Apenas llegó, trató de verle; rogó a sus criados que fueran a anunciarle; y pasado un buen rato, vinieron a llamarle, que había mandado el señor obispo que entrara.

«Luego que entró, se inclinó y arrodilló delante de él; en seguida le dio el recado de la Señora del cielo; y también le dijo cuanto admiró, vio y oyó. Después de oir toda su plática y su recado, pareció no darle crédito; y le respondió: Otra vez vendrás, hijo mío, y te oiré más despacio; lo veré muy desde el principio y pensaré en la voluntad y deseo con que has venido. El salió y se vino triste, porque de ninguna manera se realizó su mensaje».

Tarde

«En el mismo día se volvió; se vino derecho a la cumbre del cerrillo, y acertó con la Señora del cielo, que le estaba aguardando, allí mismo donde la vio la vez primera. Al verla, se postró delante de ella y le dijo: Señora, la más pequeña de mis hijas, Niña mía, fui adonde me enviaste a cumplir tu mandato: aunque con dificultad entré adonde es el asiento del prelado, le vi y expuse tu mensaje, así como me advertiste; me recibió benignamente y me oyó con atención; pero en cuanto me respondió, pareció que no lo tuvo por cierto; me dijo: Otra vez vendrás; te oiré más despacio; veré muy desde el principio el deseo y voluntad con que has venido.

«Comprendí perfectamente en la manera como me respondió, que piensa que es quizás invención mía que tú quieres que aquí te hagan un templo y que acaso no es de orden tuya; por lo cual te ruego encarecidamente, Señora y Niña mía, que a alguno de los principales, conocido, respetado y estimado, le encargues que lleve tu mensaje, para que le crean; porque yo soy un hombrecillo, soy un cordel, soy una escalerilla de tablas, soy cola, soy hoja, soy gente menuda, y tú, Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, me envías a un lugar por donde no ando y donde no paro. Perdóname que te cause gran pesadumbre y caiga en tu enojo, Señora y Dueña mía.

«Le respondió la Santísima Virgen: Oye, hijo mío el más pequeño, ten entendido que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se cumpla mi voluntad. Mucho te ruego, hijo mío el más pequeño, y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al obispo. Dale parte en mi nombre y hazle saber por entero mi voluntad: que tiene que poner por obra el templo que le pido. Y otra vez dile que yo en persona, la Siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, te envía.

«Respondió Juan Diego: Señora y Niña mía, no te cause yo aflicción; de muy buena gana iré a cumplir tu mandato; de ninguna manera dejaré de hacerlo ni tengo por penoso el camino. Iré a hacer tu voluntad; pero acaso no seré oído con agrado; o si fuere oído, quizás no se me creerá. Mañana en la tarde, cuando se ponga el sol, vendré a dar razón de tu mensaje con lo que responda el prelado. Ya de ti me despido, Hija mía la más pequeña, mi Niña y Señora. Descansa entre tanto. Luego se fue él a descansar en su casa».

-Domingo 10

En misa, de mañana. «Al día siguiente, domingo, muy de madrugada, salió de su casa y se vino derecho a Tlatilolco, a instruirse de las cosas divinas y estar presente en la cuenta11, para ver en seguida al prelado. Casi a las diez, se aprestó, después de que se oyó Misa y se hizo la cuenta y se dispersó el gentío».

Segunda entrevista con el señor Obispo.

«Al punto se fue Juan Diego al palacio del señor obispo. Apenas llegó, hizo todo empeño por verle: otra vez con mucha dificultad le vio; se arrodilló a sus pies; se entristeció y lloró al exponerle el mandato de la Señora del Cielo; que ojalá que creyera su mensaje, y la voluntad de la Inmaculada, de erigirle su templo donde manifestó que lo quería.

«El señor obispo, para cerciorarse, le preguntó muchas cosas, dónde la vio y cómo era; y él refirió todo perfectamente al señor obispo. Mas aunque explicó con precisión la figura de ella y cuanto había visto y admirado, que en todo se descubría ser ella la Siempre Virgen, Santísima Madre del Salvador Nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, no le dio crédito y dijo que no solamente por su plática y solicitud se había de hacer lo que pedía; que, además, era muy necesaria alguna señal, para que se le pudiera creer que le enviaba la misma Señora del Cielo. Así que lo oyó, dijo Juan Diego al obispo: Señor, mira cuál ha de ser la señal que pides; que luego iré a pedírsela a la Señora del cielo que me envió acá. Viendo el obispo que ratificaba todo sin dudar ni retractar nada, le despidió».

Los espías del señor Obispo.

«Mandó inmediatamente a unas gentes de su casa, en quienes podía confiar, que le vinieran siguiendo y vigilando mucho a dónde iba y a quién veía y hablaba. Así se hizo. Juan Diego se vino derecho y caminó por la calzada; los que venían tras él, donde pasa la barranca, cerca del puente del Tepeyácac, le perdieron; y aunque más buscaron por todas partes, en ninguna le vieron.

«Así es que regresaron, no solamente porque se fastidiaron, sino también porque les estorbó su intento y les dio enojo. Eso fueron a informar al señor obispo, inclinándole a que no le creyera: le dijeron que nomás le engañaba; que nomás forjaba lo que venía a decir, o que únicamente soñaba lo que decía y pedía; y en suma discurrieron que si otra vez volvía, le habían de coger y castigar con dureza, para que nunca más mintiera ni engañara».

En el Tepeyac, tarde

«Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor obispo; la que oída por la Señora, le dijo: Bien está, hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará; y sábete hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has impendido; ea, vete ahora; que mañana aquí te aguardo».

-Lunes 11

Enfermedad de Juan Bernardino.

«Al día siguiente, lunes, cuando tenía que llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. Porque cuando llegó a su casa, a un tío que tenía, llamado Juan Bernardino, le había dado la enfermedad, y estaba muy grave. Primero fue a llamar a un médico y le auxilió; pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. Por la noche, le rogó su tío que de madrugara saliera y viniera a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, porque estaba muy cierto de que era tiempo de morir y que ya no se levantaría ni sanaría».

-Martes 12

Frente al manantial del Pocito, de madrugada. «El martes, muy de madrugada, se vino Juan Diego de su casa a Tlatilolco a llamar al sacerdote; y cuando venía llegando al camino que sale junto a la ladera del cerrillo del Tepeyácac, hacia el poniente, por donde tenía costumbre de pasar, dijo: Si me voy derecho, no sea que me vaya a ver la Señora, y en todo caso me detenga, para que lleve la señal al prelado, según me previno: que primero nuestra aflicción nos deje y primero llame yo de prisa al sacerdote; el pobre de mi tío lo está ciertamente aguardando.

«Luego dio vuelta al cerro; subió por entre él y pasó al otro lado, hacia el oriente, para llegar pronto a México y que no le detuviera la Señora del Cielo. Pensó que por donde dio la vulta, no podía verle la que está mirando bien a todas partes. La vio bajar de la cumbre del cerrillo y que estuvo mirando hacia donde antes él la veía. Salió a su encuentro a un lado del cerro y le dijo: ¿Qué hay, hijo mío el más pequeño? ¿a dónde vas?Se apenó él un poco, o tuvo vergüenza, o se asustó. Se inclinó delante de ella; y la saludó, diciendo: Niña mía, la más pequeña de mis hijas, Señora, ojalá estés contenta. ¿Cómo has amanecido? ¿estás bien de salud, Señora y Niña mía? Voy a causarte aflicción: sabe, Niña mía, que está muy malo un pobre siervo tuyo, mi tío; le ha dado la peste, y está para morir. Ahora voy presuroso a tu casa de México a llamar uno de los sacerdotes amados de Nuestro Señor, que vaya a confesarle y disponerle; porque desde que nacimos, vinimos a aguardar el trabajo de nuestra muerte. Pero sí voy a hacerlo, volveré luego otra vez aquí, para ir a llevar tu mensaje. Señora y Niña mía, perdóname; tenme por ahora paciencia; no te engaño, Hija mía la más pequeña; mañana vendré a toda prisa.

«Después de oír la plática de Juan Diego, respondió la piadosísima Virgen: Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿no estás bajo mi sombra? ¿no soy yo tu salud? ¿no estás por ventura en mi regazo? ¿qué más has menester? No te apene ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá ahora de ella: está seguro de que ya sanó. (Y entonces sanó su tío, según después se supo).

«Cuando Juan Diego oyó estas palabras de la Señora del cielo, se consoló mucho; quedó contento. Le rogó que cuanto antes le despachara a ver al señor obispo, a llevarle alguna señal y prueba, a fin de que le creyera. La Señora del Cielo le ordenó luego que subiera a la cumbre del cerrillo, donde antes la veía. Le dijo: Sube, hijo mío el más pequeño, a la cumbre del cerrillo; allí donde me viste y te di órdenes, hallarás que hay diferentes flores; córtalas, júntalas, recógelas; en seguida baja y tráelas a mi presencia.

«Al punto subió Juan Diego al cerrillo; y cuando llegó a la cumbre, se asombró mucho de que hubieran brotado tantas variadas exquisitas rosas de Castilla, antes del tiempo en que se dan, porque a la sazón se encrudecía el hielo: estaban muy fragantes y llenas del rocío de la noche, que semejaba perlas preciosas. Luego empezó a cortarlas; las juntó todas y las echó en su regazo.

«La cumbre del cerrillo no era lugar en que se dieran ningunas flores, porque tenía muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites; y si se solían dar hierbecillas, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come y echa a perder el hielo.

«Bajó inmediatamente y trajo a la Señora del Cielo las diferentes rosas que fue a cortar; la que, así como las vio, las cogió con su mano y otra vez se las echó en el regazo, diciéndole: Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ellas mi voluntad y que él tiene que cumplirla. Tú eres mi embajador, muy digno de confianza. Rigurosamente te ordeno que sólo delante del obispo despliegues tu manta y descubras lo que llevas. Contarás bien todo; dirás que te mandé subir a la cumbre del cerrillo, que fueras a cortar flores, y todo lo que viste y admiraste, para que puedas inducir al prelado a que dé su ayuda, con objeto de que se haga y erija el templo que he pedido.

«Después que la Señora del Cielo le dio su consejo, se puso en camino por la calzada que viene derecho a México: ya contento y seguro de salir bien, trayendo con mucho cuidado lo que portaba en su regazo, no fuera que algo se le soltara de las manos, y gozándose en la fragancia de las variadas hermosas flores».

Tercera entrevista con el señor Obispo.

«Al llegar al palacio del obispo, salieron a su encuentro el mayordomo y otros criados del prelado. Les rogó que le dijeran que deseaba verle; pero ninguno de ellos quiso, haciendo como que no le oían, sea porque era muy temprano, sea porque ya le conocían, que sólo los molestaba, porque les era importuno; y, además, ya les habían informado sus compañeros, que le perdieron de vista, cuando habían ido en sus seguimiento. Largo rato estuvo esperando. Ya que vieron que hacía mucho que estaba allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada por si acaso era llamado; y que al parecer traía algo que portaba en su regazo, se acercaron a él, para ver lo que traía y satisfacerse. Viendo Juan Diego que no les podía ocultar lo que traía, y que por eso le habían de molestar, empujar o aporrear, descubrió un poco, que eran flores; y al ver que todas eran diferentes rosas de Castilla, y que no era entonces el tiempo en que se daban, se asombraron muchísimo de ello, lo mismo de que estuvieran frescas, y tan abiertas, tan fragantes y tan preciosas. Quisieron coger y sacarle algunas; pero no tuvieron suerte las tres veces que se atrevieron a tomarlas: no tuvieron suerte, porque cuando iban a cogerlas, ya no veían verdaderas flores, sino que les parecían pintadas o labradas o cosidas en la manta.

«Fueron luego a decir al señor obispo lo que habían visto y que pretendía verle el indito que tantas veces había venido; el cual hacía mucho que por eso aguardaba, queriendo verle. Cayó, al oírlo, el señor obispo, en la cuenta de que aquello era la prueba, para que se certificara y cumpliera lo que solicitaba el indito. En seguida mandó que entrara a verle. Luego que entró, se humilló delante de él, así como antes lo hiciera, y contó de nuevo todo lo que había visto y admirado, y también su mensaje.

«Dijo: Señor, hice lo que me ordenaste, que fuera a decir a mi Ama, la Señora del Cielo, Santa María, preciosa Madre de Dios, que pedías una señal para poder creerme que le has de hacer el templo donde ella te pide que lo erijas; y además le dije que yo te había dado mi palabra de traerte alguna señal y prueba, que me encargaste, de su voluntad. Condescendió a tu recado y acogió benignamente lo que pides, alguna señal y prueba para que se cumpla su voluntad. Hoy muy temprano me mandó que otra vez viniera a verte; le pedí la señal para que me creyeras, según me había dicho que me la daría; y al punto lo cumplió: me despachó a la cumbre del cerrillo, donde antes yo la viera, a que fuese a cortar varias rosas de Castilla. Después que fui a cortarlas, las traje abajo; las cogió con su mano y de nuevo las echó en mi regazo, para que te las trajera y a ti en persona te las diera. Aunque yo sabía bien que la cumbre del cerrillo no es lugar en que se den flores, porque sólo hay muchos riscos, abrojos, espinas, nopales y mezquites, no por eso dudé; cuando fui llegando a la cumbre del cerrillo, miré que estaba en el paraíso, donde había juntas todas las varias y exquisitas rosas de Castilla, brillantes de rocío, que luego fui a cortar. Ella me dijo por qué te las había de entregar; y así lo hago, para que en ellas veas la señal que pides y cumplas su voluntad; y también para que aparezca la verdad de mi palabra y de mi mensaje. Helas aquí: recíbelas.

Casa del Obispo, de mañana. Aparición de la imagen. 

«Desenvolvió luego su blanca manta, pues tenía en su regazo las flores; y así que se esparcieron por el suelo todas las diferentes rosas de Castilla, se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la Siempre Virgen Santa María, Madre de Dios, de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyácac, que se nombra Guadalupe. Luego que la vio el señor obispo, él y todos lo que allí estaban, se arrodillaron: mucho la admiraron; se levantaron a verla; se entristecieron y acongojaron, mostrando que la contemplaron con el corazón y el pensamiento. El señor obispo con lágrimas de tristeza oró y le pidió perdón de no haber puesto en obra su voluntad y su mandato.

«Cuando se puso en pie, desató del cuello de Juan Diego, del que estaba atada, la manta en que se dibujó y apareció la Señora del Cielo. Luego la llevó y fue a ponerla en su oratorio. Un día más permaneció Juan Diego en la casa del obispo, que aún le detuvo. Al día siguiente, le dijo: ¡Ea!, a mostrar dónde es voluntad de la Señora del Cielo que le erijan su templo. Inmediatamente se convidó a todos para hacerlo».

-Miércoles 13

En la casa de Juan Bernardino, en Tulpetlac. «No bien Juan Diego señaló dónde había mandado la Señora del Cielo que se levantara su templo, pidió licencia para irse. Quería ahora ir a su casa a ver a su tío Juan Bernardino; el cual estaba muy grave, cuando le dejó y vino a Tlatilolco a llamar un sacerdote, que fuera a confesarle y disponerle, y le dijo la Señora del Cielo que ya había sanado. Pero no le dejaron ir solo, sino que le acompañaron a su casa. Al llegar, vieron a su tío que estaba muy contento y que nada le dolía.

«Se asombró mucho de que llegara acompañado y muy honrado su sobrino, a quien preguntó la causa de que así lo hicieran y que le honraran mucho. Le respondió su sobrino que, cuando partió a llamar al sacerdote que le confesara y dispusiera, se le apareció en el Tepeyácac la Señora del Cielo; la que, diciéndole que no se afligiera, que ya su tío estaba bueno, con que mucho se consoló, le despachó a México, a ver al señor obispo, para que le edificara una casa en el Tepeyácac. Manifestó su tío ser cierto que entonces le sanó y que la vio del mismo modo en que se aparecía a su sobrino; sabiendo por ella que le había enviado a México a ver al obispo».

El título de Guadalupe. 

«También entonces le dijo la Señora que, cuando él fuera a ver al obispo, le revelara lo que vio y de qué manera milagrosa le había ella sanado y que bien la nombraría, así como bien había de nombrarse su bendita imagen, la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe.

«Trajeron luego a Juan Bernardino a presencia del señor obispo; a que viniera a informarle y atestiguar delante de él. A entrambos, a él y a su sobrino, los hospedó el obispo en su casa algunos días, hasta que se erigió el templo de la Reina en el Tepeyácac, donde la vio Juan Diego.

«El señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la santa imagen de la amada Señora del Cielo. La sacó del oratorio de su palacio, donde estaba, para que toda la gente viera y admirara su bendita imagen. La ciudad entera se conmovió: venía a ver y admirar su devota imagen, y a hacerle oración. Mucho le maravillaba que se hubiese aparecido por milagro divino; porque ninguna persona de este mundo pintó su preciosa imagen».

Descripción de la imagen. 

«La manta en que milagrosamente se apareció la imagen de la Señora del Cielo, era el abrigo de Juan Diego: ayate un poco tieso y bien tejido. Porque en este tiempo era de ayate la ropa y abrigo de todos los pobres indios; sólo los nobles, los principales y los valientes guerreros, se vestían y ataviaban con manta blanca de algodón. El ayate, ya se sabe, se hace de ichtli, que sale del maguey. Este precioso ayate en que se apareció la Siempre Virgen nuestra Reina es de dos piezas, pegadas y cosidas con hilo blando.

«Es tan alta la bendita imagen, que empezando en la planta del pie, hasta llegar a la coronilla, tiene seis jemes y uno de mujer.

«Su hermoso rostro es muy grave y noble, un poco moreno. Su precioso busto aparece humilde: están sus manos juntas sobre el pecho, hacia donde empieza la cintura. Es morado su cinto. Solamente su pie derecho descubre un poco la punta de su calzado color de ceniza. Su ropaje, en cuanto se ve por fuera, es de color rosado, que en las sombras parece bermejo; y está bordado con diferentes flores, todas en botón y de bordes dorados. Prendido de su cuello está un anillo dorado, con rayas negras al derredor de las orillas, y en medio una cruz.

«Además, de adentro asoma otro vestido blanco y blando, que ajusta bien en las muñecas y tiene deshilado el extremo. Su velo, por fuera, es azul celeste; sienta bien en su cabeza; para nada cubre su rostro; y cae hasta sus pies, ciñéndose un poco por en medio: tiene toda su franja dorada, que es algo ancha, y estrellas de oro por dondequiera, las cuales son cuarenta y seis. Su cabeza se inclina hacia la derecha; y encima sobre su velo, está una corona de oro, de figuras ahusadas hacia arriba y anchas abajo.

«A sus pies está la luna, cuyos cuernos ven hacia arriba. Se yergue exactamente en medio de ellos y de igual manera aparece en medio del sol, cuyos rayos la siguen y rodean por todas partes. Son cien los resplandores de oro, unos muy largos, otros pequeñitos y con figuras de llamas: doce circundan su rostro y cabeza; y son por todos cincuenta los que salen de cada lado. Al par de ellos, al final, una nube blanca rodea los bordes de su vestidura.

«Esta preciosa imagen, con todo lo demás, va corriendo sobre un ángel, que medianamente acaba en la cintura, en cuanto descubre; y nada de él aparece hacia sus pies, como que está metido en la nube. Acabándose los extremos del ropaje y del velo de la Señora del Cielo, que caen muy bien en sus pies, por ambos lados los coge con sus manos el ángel, cuya ropa es de color bermejo, a la que se adhiere un cuello dorado, y cuyas alas desplegadas son de plumas ricas, largas y verdes, y de otras diferentes. La van llevando las manos del ángel, que, al parecer, está muy contento de conducir así a la Reina del Cielo».

Versos con los cuales el diablo se vio obligado a alabar a la Inmaculada Virgen María

diciembre 11, 2017

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Foro Católico: La Iglesia enseña que el poder de María, en virtud de su Misión y Gracia,  es tan grande que toda la naturaleza creada, incluidos los demonios, están bajo su autoridad; y que los espíritus inmundos no se atreven a desobedecer a los exorcistas cuando les ordenan en Nombre de Cristo a decir la verdad acerca de la Virgen Santísima.

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(Transcrito de Aleteia)

El 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX promulga el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

25 de marzo de 1858: en la fiesta de la Encarnación del Verbo, la Santísima Virgen se aparece en Lourdes a Santa Bernadette y confirma el dogma diciendo: “Soy la Inmaculada Concepción”.

Pero ya treinta años antes, otro hecho sobrenatural y sorprendente confirmó la Inmaculada Concepción de la Virgen Madre de Dios. Y quien la confesó fue alguien que jamás esperaríamos que lo hiciese. Un episodio que relata el p. Gabriele Amorth.

Era el ano 1823. El diablo había poseído a un joven analfabeto de apenas 12 años de edad, residente en la actual provincia italiana de Avellino, en la región de Apulia. Estaban en la ciudad dos religiosos dominicos, el p. Gassiti y el p. Pignataro, ambos autorizados por el obispo a realizar exorcismos.

Los sacerdotes hicieron una serie de preguntas al diablo que poseía al muchacho, entre ellas, una sobre la Inmaculada Concepción.

El diablo confesó que la Virgen de Nazaret jamás había estado bajo su poder: ni siquiera desde el primer instante de su vida, pues ella ya fue concebida “llena de gracia” y toda de Dios.

Aunque sea el “padre de la mentira”, el diablo puede ser obligado en el exorcismo a decir la verdad, incluso en materia de fe. Fue así que los dos sacerdotes exorcistas le obligaron a reverenciar a la Virgen y a alabar su Concepción Inmaculada en forma de versos.

Humillado, el diablo se vio forzado en nombre de Cristo a cantar la gloria de María, y lo hizo mediante un soneto en italiano, ¡perfecto en construcción y en teología!

Reproducimos el original italiano y, a continuación, la traducción al español:

En italiano:

Vera Madre son Io d’un Dio che è Figlio

e son figlia di Lui, benché sua Madre;

ab aeterno nacqu’Egli ed è mio Figlio,

in tempo Io nacqui e pur gli sono Madre.

Egli è mio creator ed è mio Figlio,

son Io sua creatura e gli son Madre;

fu prodigo divin l’esser mio Figlio

un Dio eterno, e Me d’aver per Madre.

 

L’esser quasi è comun tra Madre e Figlio

perché l’esser dal Figlio ebbe la Madre,

e l’esser dalla Madre ebbe anche il Figlio.

Or, se l’esser dal Figlio ebbe la Madre,

o s’ha da dir che fu macchiato il Figlio,

o senza macchia s’ha da dir la Madre.

En español:

Soy verdadera madre de un Dios que es Hijo,

Y soy su hija, aún al ser su madre;

El desde la eternidad existe y es mi Hijo,

Y yo nací en el tiempo y soy su Madre.

Él es mi Creador y es mi Hijo,

Y yo soy su criatura y su Madre;

Fue divino prodigio ser mi Hijo

Un Dios eterno y tenerme a mi por Madre.

El ser de la Madre es casi el ser del Hijo,

Visto que el Hijo dio el ser a la Madre

Y fue la Madre la que dio el ser al Hijo;

Si, pues, del Hijo tuvo el ser la Madre,

O hay que decir que está manchado el Hijo

O hay que decir Inmaculada a la Madre.

La milagrosa traslación de la Casa de la Sagrada Familia de Nazaret a Loreto

diciembre 10, 2017

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La Casa Santa de la Sagrada Familia, trasladada milagrosamente a Loreto.

(Agencias)

Este 10 de diciembre se celebra a la Patrona de la Aviación, Nuestra Señora de Loreto. Muchos saben que es conocida como la Madre protectora de los Aviadores y demás personal aeronáutico, pero pocos conocen el origen tan milagroso de su historia.

La Santa Casa de Loreto es la misma casa de Nazaret que visitó el Arcángel Gabriel en la Anunciación a la Santísima Virgen María. Es allí donde el Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros. Allí también vivió la Sagrada Familia a su regreso de Egipto y donde Jesús
pasó nada más y nada menos que 30 de sus 33 años junto a La Virgen y San José. Pronto  la Santa Casa se convirtió en lugar de reunión para la celebración de la Santa Misa de los primeros Cristianos.

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Basílica de la Casa Santa de Nazaret en Loreto, Italia. 

La Santa Casa está situada dentro de la Basílica que para ella se construyó en Loreto, Italia. Dentro de La Casa se venera la pequeña estatua de La Virgen de Loreto. La Santa Casa en Nazaret tenía 2 partes: una parte era una pequeña gruta y la 2ª parte una pequeña estructura de ladrillos que se extendía desde la entrada de la gruta. La estructura de ladrillos tenía tres paredes, ya que un lado pegaba con la pared de la gruta.

¿Cómo llegó la casa de Nazaret a Loreto? Hay varias tradiciones. Una de ellas habla de Ángeles que transportaron la casa por los aires.

EL INTENTO DE DESTRUCCIÓN DE LA SANTA CASA

La Casa de Loreto es Sagrada debido a quien la ha habitado. Muchos consideran la Santa Casa como uno de los lugares más sagrados del mundo y Dios no quiso que esta casa fuese profanada o destruida, sino preservada para siempre. El demonio, los hombres, y el mundo usualmente van contra todo lo que Dios quiere y con esta bendita casa no fue diferente. En 1291, los Sarracenos conquistaron la Tierra Santa. Quisieron acabar con toda la historia del cristianismo y la mejor forma para ellos era destruyendo todos los lugares sagrados.

Cuando llegaron a las proximidades de Nazaret, La Santa Casa no tenía defensa humana. Los enemigos decían: “Nunca más los cristianos celebrarán aquí la Anunciación”.

La Basílica construida sobre la Santa Casa fue destruida 2 veces antes. La 1ª vez fue en 1090 pero la casa quedó intacta. Los Cruzados reconstruyeron la Basílica, pero en 1263 fue destruida de nuevo. Una vez más la Santa Casa fue protegida. Esta vez los cruzados no pudieron reconstruir la Basílica y la Santa Casa se quedó sin protección.

LA TRADICIÓN DEL TRASLADO ANGELICAL

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El 10 de Diciembre de 1294, unos pastores de Loreto vieron una casa volando sobre la mar, sostenida por ángeles.

En 1291, cuando los Cruzados perdían control sobre la Tierra Santa, Dios decidió enviar a los Ángeles a proteger su Santa Casa y les dio la orden de que movieran La Casa a un lugar seguro. “–Llévense la Santa Casa a un lugar seguro, lejos del odio de mis enemigos de esta tierra donde nací. Elévenla sobre los aires, donde no la puedan alcanzar. Que no la vean.”

El 12 de Mayo de 1291, los Ángeles trasladaron La Casa hasta un pequeño pueblo llamado Tersatto, en Croacia. Muy temprano en la mañana la descubrieron los vecinos y se asombraron al ver esta Casa sin cimiento y no se explicaban cómo llegó ahí. Se adentraron y vieron un altar de piedra. En el altar había una estatua de cedro de la Virgen María, que tenía al Niño Jesús en sus brazos. El Niño Jesús tenía sus dos dedos de la mano derecha extendido como bendiciendo. Con su mano izquierda sostenía una esfera de oro representando al mundo. Ambos estaban vestidos como con unas batas y tenían coronas de oro.

Unos días más tarde, la Virgen María se le apareció a un sacerdote de ese lugar y le explicó de dónde venía La Casa. Ella dijo: “Debes saber que la casa que recientemente fue traída a tu tierra es la misma Casa en la cual yo nací y crecí. Aquí, en la Anunciación del Arcángel Gabriel, yo concebí al Creador de todas las cosas. Aquí, el Verbo se hizo carne. El altar que fue trasladado con la Casa fue consagrado por Pedro, el Príncipe de los Apóstoles. Esta casa ha venido de Nazaret a tu tierra por el poder de Dios, para el cual nada es imposible. Ahora, para que tú puedas dar testimonio de todo esto, sé sanado. Tu curación inesperada y repentina confirmará la verdad que yo te he declarado hoy.”

El sacerdote, que estuvo enfermo mucho tiempo, sanó inmediatamente y anunció al pueblo el milagro que había ocurrido. Comenzaron las peregrinaciones a la Santa Casa. Después de 3 años y 5 meses de estar La Casa en este pueblo, la noche del 10 de  Diciembre de 1294, la Casa desapareció de Tersatto para siempre.

LA SANTA CASA ES LLEVADA A ITALIA

El 10 de Diciembre de 1294, unos pastores de la región de Loreto en Italia dijeron que  habían visto una casa volando sobre la mar, sostenida por Ángeles. Había un Ángel vestido con una capa roja (San Miguel) que dirigía a los otros y la Virgen María con el Niño Jesús estaban sentados sobre la casa. Los Ángeles bajaron La Casa en un lugar llamado Banderuola.

La Santa Casa no se quedaría aquí por mucho tiempo. Es trasladada de nuevo a otro cerro y la colocan en el medio del camino. Ese es el lugar que ocupa hace ya 700 años.

Los fieles se acordaron entonces de una profecía de san Francisco de Asís: “Loreto será uno de los lugares más sagrados del mundo. Allí será construida una Basílica en honor a Nuestra Señora de Loreto“. De hecho, la basílica erguida alrededor de la casa se convirtió en uno de los mayores santuarios de Europa.

INVESTIGACIÓN DE LOS EXPERTOS

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Los expertos verificaron que las paredes eran de color rojizo y cerca de 16 pulgadas de ancho. Descubrieron que la réplica medía exactamente igual que la de Loreto, 31 ¼ pies de largo por 13 pies con 4 pulgadas de ancho por 28 pies de alto. Tenía una sola puerta de 7 pies de alto y 4,5 de ancho. Tenía también una ventana. Todo coincidía.

En Nazaret: descubrieron que de verdad era la casa de la Virgen. Las medidas eran exactas a las de Loreto. Después de 6 meses regresaron a Loreto y declararon la autenticidad de la Santa Casa. Encontraron monedas bajo La Casa del área de Nazaret, del período en que la casa estuvo en Nazaret. Las piedras y tierra utilizada para el relleno de la casa era idéntica a las que se usaban en Nazaret en ese tiempo.

La casa no tiene cimientos porque se quedaron en Nazaret.

ANÉCDOTAS DE LA CASA DE LORETO

Muchos peregrinos iban a este santuario y el Papa Clemente VII mandó que se cerrara la puerta original y se construyeran 3 puertas, ya que solo había una puerta y las personas se peleaban para entrar y salir. Solo había un problema y era que nadie le había pedido permiso a la Virgen María para las alteraciones. Cuando el arquitecto cogió su martillo para comenzar, su mano se marchitó y comenzó a temblar. Enseguida se fue de Loreto y nadie más quiso hacer el trabajo. Tiempo después un clérigo llamado Ventura Barino aceptó hacer el trabajo, pero primero se arrodilló y rezó a la Virgen. Este le dijo que no era su culpa, sino la orden del Papa, que si ella estaba enojada que lo tomara contra el Papa y no contra él. El clérigo pudo completar el trabajo.

Traslación

HECHO MILAGROSO

A petición de la Iglesia, se han realizado varios estudios por ingenieros, arquitectos, físicos, historiadores y expertos, que, cuanto más analizan el caso, más comprueban el carácter inexplicable del surgimiento de esa casa:

1. Se yergue del suelo sin ninguna base de sustentación y es posible pasar una barra de hierro por debajo de ella sin ningún impedimento.

2. Las piedras de la construcción no existen en Italia: solamente en la región de Nazaret, en Tierra Santa.

3. Su puerta es de cedro, madera que tampoco existe en Italia, sino que se encuentra en Palestina.

4. Las piedras de las paredes fueron levantadas con una especie de cemento hecho de sulfato de calcio y polvo de carbón, mezcla usada en la Palestina de los tiempos de Jesús, pero desconocida en Italia cuando la casa surgió en Loreto. No hay restos posteriores de argamasa que sugieran una reconstrucción medieval.

5. Las medidas de la casa corresponden perfectamente a las de la base que permaneció en Nazaret.

6. La casa, pequeña y sencilla, sigue el estilo nazareno de la época de Jesús.

El fenómeno de la aparición de la casa de Nuestra Señora en Loreto nunca ha sido explicado por los científicos que la han estudiado. No es casualidad que la Virgen de Loreto sea la patrona de la aviación, en recuerdo del milagroso traslado.

Autoriza Bergoglio las 40 mil “apariciones” de Medjugorje… pero… neo obispo de Mostar dictamina que son falsas

diciembre 9, 2017

Foro Católico: en plena festividad de la Inmaculada Concepción, y sin más pruebas que el deseo del antipapa Bergoglio y su enviado Henryk Hoser, la Vaticueva adelante la aprobación al culto a las apariciones de Medjugorje, en la diócesis de Mostar, ex Yugoslavia. Dicha aprobación se opone al reciente dictamen de su propio neo obispo, Ratko Peric, quien confirmó -apenas en febrero pasado- lo que venían denunciando todos los neo obispos de Mostar, desde hace 35 años: LA VIRGEN MARÍA NUNCA SE APARECIÓ EN MEDJUGORJE.

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Neo obispo de Mostar en febrero: “La Virgen María no se apareció en Medjugorje”

(Transcrito de ACI Prensa del 28 de febrero de 2017

Mons. Ratko Peric, Obispo de Mostar-Duvno, la diócesis en Bosnia-Herzegovina que incluye Medjugorje, manifestó en un artículo su opinión sobre lo que ocurre en su jurisdicción, escribió que “la Virgen María no se apareció en Medjugorje” y dio una serie de puntos para respaldar su postura.

El Prelado hizo esta declaración dos semanas después de que el Papa Francisco nombrara a Mons. Henryk Hoser, Arzobispo-Obispo de Warszawa-Praga (Polonia), como “enviado especial” a Medjugorje con un objetivo pastoral.

En un extenso artículo, Mons. Peric se refirió a las supuestas apariciones, no reconocidas oficialmente por la Iglesia Católica y cuya historia comenzó en 1981 en este pueblo de la antigua Yugoslavia, donde seis niños dijeron haber visto a la Virgen María.

El entonces sacerdote Tomislav Vlasic, hoy retirado del estado clerical, se presentó como el director espiritual de los “videntes” y señaló que la Virgen los ha visitado por lo menos unas 40 mil veces (¡¡¡!!!).

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Medjugorje: Una siniestra aparición, rodeada d simbolismo esotérico y, según  Ratko Peric, con un extraño comportamiento, ajeno a la modestia y majestad de la Virgen María.

El Obispo de Mostar-Duvno, que ya en 2009 prohibió a los párrocos promocionar estas “apariciones”, recordó las investigaciones realizadas por la Iglesia local y la Santa Sede, desde la llevada a cabo entre 1982 y 1984 por una comisión diocesana de Mostar, hasta el estudio encargado por la Comisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe entre 2010 y 2014 y la valoración de la misma congregación entre 2014 y 2016, establecida por Benedicto XVI.

“Creemos que todo fue entregado en las manos del Santo Padre Papa Francisco”, expresó, y añadió que “la posición de esta curia por todo este periodo fue clara y resuelta: no se trata de verdaderas apariciones de la Santa Virgen María”.

El Prelado indicó que “aunque a veces se ha dicho que las apariciones de los primeros días podrían ser auténticas y que después sería añadida una superestructura por otros motivos, en prevalencia no religiosos, esta Curia ha promovido la verdad también referente a estos primeros días”. Además, siempre ha buscado “informar a la Santa Sede, en particular a los Sumos Pontífices San Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco”.

En ese sentido, con el fin de sustentar su posición, el Obispo de Mostar-Duvno presentó en el texto “sucintamente una serie de puntos inherentes a los primeros días de las ‘apariciones’, por los cuales estamos profundamente convencidos de cuanto hemos dicho”.

En el primero de los puntos, el texto advirtió que era “una figura ambigua”; una figura femenina que “se comporta de manera muy diferente de la verdadera Virgen”. “Se ríe de manera extraña, a ciertas preguntas desaparece y después de nuevo retorna; obedece a los ‘videntes’” y “no se sabe con seguridad por cuánto tiempo aparecerá”, indicó.

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Mirjana Dragicevi es la última vidente fiel a Medjugorje… pero no sabe explicar por qué no hay un mensaje específico de la Gospa… ¡después de 40 mil apariciones!…

Además, uno de los videntes, Ivan Dragicevi, dijo haber percibido en el primer día “un temblor” en las manos de la aparecida. “¿Cuál temblor? Tal percepción puede suscitar no solo una fuerte sospecha, sino también una profunda convicción de que no se trata de una auténtica aparición de la Virgen María aunque, se dice, se presentó como tal en el cuarto día”, indicó.

El Obispo también dijo que los mensajes de Medjugorje son “extraños”, pues “no se ve algún objetivo de las así llamadas apariciones, no se justifica la aparición, no se deja algún mensaje específico ni para los ‘videntes’, ni para los frailes, más allá de la invitación a creer en toda la aparición, ni para los fieles de la parroquia, ni para el mundo”.

Medjugorje a Mirjana

Peric: los mensajes de Medjugorje son “extraños”… nada específico.

Además, Mons. Peric critica que haya dicho a los “videntes” que aparecerá cuantas veces ellos deseen.

Asimismo, dijo que de acuerdo a las investigaciones sucedió una “cosa muy inusitada y grave: la aparecida permite no solo que algunos de la multitud pisoteen su velo extendido en la tierra, sino también que toquen su cuerpo”.

“Tales historias de tocamientos del cuerpo de la Virgen, de su vestido, del pisoteo de su velo crean en nosotros una sensación y convicción que se tratan de algo indigno, inauténtico y escandaloso. ¡Aquí no entra la Virgen católica!”, expresó.

Mons. Peric dijo que “teniendo en cuenta todo lo que fue examinado y estudiado por esta Curia diocesana, incluso el estudio de los primeros siete días de las presuntas apariciones, se puede afirmar pacíficamente: ¡La Virgen no se apareció en Medjugorje! Esta es la verdad que sostenemos y creemos en la palabra de Jesús, según la cual la verdad nos hará libres”.

medjugorje

Sitio de las “apariciones”… digno de una película siniestra y oscura.

En una carta de mayo de 1998 de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces secretario, Cardenal Tarcisio Bertone, respondió a unas preguntas de Mons. Gilbert Aubry, Obispo de Saint-Denis de la Réunion (Francia) sobre la posición de la Santa Sede y de Mons. Peric acerca de las llamadas apariciones, peregrinaciones y trabajo pastoral con los fieles que van a Medjugorje.

El Purpurado dijo que, sobre la credibilidad de las apariciones, el dicasterio respeta lo que dijeron los obispos de la antigua Yugoslavia en la Declaración de Zadar en 1991, de que “sobre la bases de la investigación que se ha hecho, no es posible establecer que hubo apariciones o revelaciones sobrenaturales”.

Asimismo, sobre la posición de Mons. Peric contraria a las supuestas apariciones en Medjugorje, el Cardenal Bertone dijo que “debería ser considerada la expresión de la convicción personal del Obispo de Mostar, que tiene el derecho de expresar como Ordinario del lugar, pero que es y sigue siendo su opinión personal”.

Actualmente, el Papa tiene en sus manos el informe de la Comisión de Investigación sobre Medjugorje presidida por el Cardenal Camillo Ruini, nombrada durante el pontificado de Benedicto XVI para investigar este asunto. El informe concluyó su proceso en la Congregación para la Doctrina de la Fe y ahora espera la decisión de Francisco.


Medjugorje estrella

Así son las peregrinaciones “multitudinarias” a Medjugorje… rocas y soledad.

El culto oficial en Medjugorje está autorizado, confirma enviado de Bergoglio

(Trascrito de Aleteia, de diciembre 8 de 2017)

El culto en Medjugorje está permitido. No está prohibido y no debe hacerse en secreto. Mi misión es precisamente analizar la situación pastoral y sugerir mejoras”, afirma monseñor Henryk Hoser, arzobispo de Varsovia-Praga en Polonia, enviado especial del papa Francisco para la pastoral del santuario de Medjugorje, en Bosnia y Herzegovina, lugar de las apariciones marianas que atrae a millones de personas desde 1981.

“Hoy, las diócesis y otras instituciones pueden organizar peregrinaciones oficiales. No hay ningún problema “, dijo el arzobispo en una entrevista con Aleteia en su residencia ubicada en un barrio de Varsovia.

“El papa Francisco ha pedido recientemente a un cardenal de Albania dar su bendición a los fieles presentes en Medjugorje”, explica.

“Estoy completamente admirado por el trabajo están haciendo allí los franciscanos. Cuentan con un equipo relativamente pequeño – son una docena- y hacen un enorme trabajo de acogida a los peregrinos. Todos los veranos organizan un festival juvenil. Este año hubo 50.000 jóvenes de todo el mundo, con más de 700 sacerdotes”.

“Las confesiones son masivas. Tienen alrededor de cincuenta confesionarios, y no son suficientes. Estas son confesiones muy profundas “.

“Este es un fenómeno. Y lo que confirma la autenticidad del lugar es la gran cantidad de instituciones de caridad que existen alrededor del santuario. Y, otra dimensión a tener en cuenta: el gran esfuerzo que se está haciendo a nivel de formación cristiana. Organizan cada año congresos de distinto nivel para diferentes públicos (sacerdotes, doctores, padres, jóvenes, parejas …) ”

“El decreto de la antigua conferencia episcopal de la ex Yugoslavia, que antes de la guerra de los Balcanes desaconsejaba las peregrinaciones organizadas por los obispos en Medjugorje, ya no es relevante”.

Hay otros casos de lugares de apariciones, como Kibeho, en Ruanda, donde el obispo diocesano primero dio culto, y luego continuó el análisis para el reconocimiento de las apariciones.

Hoy, el culto de Medjugorje se extiende a 80 países, su red es enorme.

El arzobispo reveló que la Comisión para el análisis de las apariciones de Medjugorje, que Benedicto XVI había confiado al cardenal Camillo Ruini, parece ser favorable.

“Lo que encuentro conmovedor es que todos los videntes han optado por la vida familiar. En el momento en que vivimos, la familia es de enorme importancia. Todos viven con la familia. Las que eran adolescentes en ese momento ya son abuelas. ¡Han pasado 37 años! ”

“Pero esta decisión tendrá que ser tomada por el Papa”. El archivo está ahora en la Secretaría de Estado. Creo que la decisión final se tomará, concluyó el obispo Hoser.

8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

diciembre 8, 2017

Inmaculada

Por San Alfonso María Ligorio

Grande fue la ruina que el pecado de Adán trajo a los seres humanos, pues al perder la gracia o amistad con Dios se perdieron también muchísimos bienes que con la gracia iban a venir, y en cambio llegaron muchos males.

Pero quiso Dios hacer una excepción y librar de la mancha del pecado original a la Santísima Virgen a la que Él había destinado para ser madre del segundo Adán, Jesucristo, el cual venía a reparar los daños que causó el primer Adán.

Veamos cómo convenía que Dios librara de la mancha del pecado original a la Virgen María. El Padre como a su Hija preferida. El Hijo como a su Madre Santísima, y el Espíritu Santo como a la que había de ser Sagrario de la divinidad.

PUNTO I: Convenía al Padre Celestial preservar de toda mancha a María Santísima, porque Ella es su hija preferida.

Ella puede repetir lo que la Sagrada Escritura dice de la Sabiduría: “yo he salido de la boca del Altísimo” (Ecl. 24, 3).

Ella fue la predestinada por los divinos decretos para ser la madre del Redentor del mundo. No convenía de ninguna manera que la Hija preferida del Padre Celestial fuera ni siquiera por muy poco tiempo esclava de Satanás. San Dionisio de Alejandría dice que nosotros mientras tuvimos la mancha del pecado original éramos hijos de la muerte, pero que la Virgen María desde su primer instante fue hija de la vida.

San Juan Damasceno afirma que la Virgen colaboró siendo mediadora de paz entre Dios y nosotros y que en esto se asemeja al Arca de Noé: en que los que en ella se refugian se salvan de la catástrofe; aunque con una diferencia: que el Arca de Noé solo libró de perecer a ocho personas, mientras que la Madre de Dios libra a todos los que en Ella busquen refugio, aunque sean miles de millones.

San Atanasio llama a María: “nueva Eva, y Madre de la vida”, en contraposición a la antigua Eva que nos trajo la muerte. San Teófilo le dice: “Salve, tú que has alejado la tristeza que Eva nos había dejado”. San Basilio la llama “pacificadora entre Dios y los seres humanos” y San Efrén la felicita como: “pacificadora del mundo”.

Pero el pacificador no debe ser enemigo del ofendido ni estar complicado en el delito u ofensa que se le ha hecho. San Gregorio dice que si para aplacar a un ofendido llamamos a uno que es su enemigo, en vez de aplacarlo lo irritamos más. Siendo que María iba a colaborar con Cristo a conseguir la paz entre Dios y nosotros, no convenía que ella fuera una pecadora o enemiga de Dios sino todo lo contrario: una mujer con el alma totalmente libre de toda mancha de pecado.

Convenía que María no tuviera la mancha del pecado original porque ella estaba destinada a llevar entre sus brazos al que iba a pisar la cabeza del enemigo infernal, según la promesa que Dios hizo en el Paraíso terrenal, cuando le dijo a la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la tuya, y la descendencia de Ella te pisará la cabeza” (Génesis 3). Si María iba a ser la mujer fuerte que traería al que iba a aplastar la cabeza de Lucifer, convenía que Ella no estuviera ni siquiera por poco tiempo manchada con el pecado con el cual Lucifer manchó el alma de nuestros primeros padres. La que nos iba a ayudar a librarnos de toda mancha de pecado convenía que no tuviera ninguna mancha de pecado.

San Buenaventura dice: “Convenía que María que venía a librarnos de la vergüenza de estar manchados con el pecado, lograra verse libre de las derrotas que el demonio proporciona”.

Pero la razón principal por la cual convenía que el Padre Celestial librara a María de todo pecado es porque la tenía destinada a ser Madre de su Santísimo Hijo. San Bernardino decía que si no hubiera otros motivos bastaría este: que por el honor de su Hijo que es Dios, al Padre Celestial le convenía librar a María de toda mancha de pecado.

Santo Tomás enseña que lo que se consagra totalmente a Dios debe ser santo y libre de toda mancha. ¿Y qué creatura humana ha sido consagrada más perfectamente a Dios que la Virgen María? El rey David decía que un templo no se destina para los seres humanos solamente, sino sobre todo para Dios (1 Crónicas 29) y así también el Creador que formó a la Santísima Virgen con un fin principal: ser Madre de su Santísimo, seguramente adornó su alma con los más bellos adornos, y entre todos, el mejor: el estar libre de toda mancha de pecado, para que fuera digna morada donde iba a vivir nueve meses el Salvador del mundo.

San Dionisio afirma: “Dios preparó a su Hijo la más santa y bella morada en ese mundo: el alma de su Madre Santísima, libre de toda mancha”.

Y algo parecido dice la liturgia de la Iglesia cuando reza esta oración: “Oh Dios Omnipotente que por medio del Espíritu Santo has preparado el cuerpo y el alma de María como digna morada de tu Hijo, concédenos a los que la invocamos, vernos libres de todo mal. Amén”.

Gloria de los hijos es proceder de padres de intachable conducta. El libro de los Proverbios dice: “La gloria de los hijos son sus padres” (Prov. 17, 6). La gente llega a aceptar que los demás digan que sus padres eran pobres o ignorantes, pero lo que no desean de ninguna manera es que puedan afirmar que sus padres no eran gente buena. ¿Y cómo nos pudiéramos nosotros imaginar que Dios pudiendo hacer que su Hijo naciera de una mujer libre de toda mancha de pecado, hubiera permitido que Ella hubiera estado manchada por el pecado, y que Lucifer pudiera afirmar que aunque fuera por poco tiempo, había logrado esclavizar con el pecado a la Madre de Dios? No, esto nunca lo iba a permitir el buen Dios.

Por eso la Iglesia griega en uno de sus himnos dice: “Por especial Providencia hizo Dios que la Santísima Virgen desde el principio de su vida fuera tan totalmente pura cuanto convenía a su dignidad de Madre de Dios”.

Los santos dicen que a ninguna otra creatura le concede Dios alguna virtud o cualidad espiritual que no le haya dado antes a la Madre de su Hijo. San Bernardo afirma: “Las cualidades o virtudes que a otros santos da Dios, no se las negó a la Madre del Redentor”. Santo Tomás de Villanueva dice: “Esas cualidades y virtudes y privilegios que Dios les ha concedido a otros santos, ya antes los había regalado a la Santísima Virgen, y aún mucho mayores”. Y San Juan Damasceno se atreve a exclamar: “Entre las virtudes de la Santísima Virgen y las de los santos hay tanta diferencia como del cielo a la tierra”, y Santo Tomás explica que Ella es la Madre y los demás santos son simplemente “siervos”, y que se le acostumbra conceder más privilegios a la Madre que a los siervos.

San Anselmo se pregunta: ¿Pudo Dios preservar a ciertos ángeles de toda mancha de pecado, y no podía preservar a su propia Madre? ¿Pudo Dios crear a Eva sin mancha de pecado y no iba a poder crear el alma de María sin esa mancha? Y si pudo hacerlo y le convenía hacerlo, ¿por qué no iba a hacerlo?

Y continúa el gran doctor San Anselmo: “Era verdaderamente justo que a la Virgen a la cual tenía Dios reservada para ser Madre de su Hijo, la adornara con tan gran pureza que no sólo aventajara a los seres humanos y a los ángeles sino que también se pudiera decir de Ella que en pureza sólo le gana Dios”.

San Juan Damasceno exclama: “Dios vigilaba cerca de la Santísima Virgen, para que fuera totalmente pura, porque Ella iba a albergar por nueve meses al Salvador del mundo y lo iba a acompañar en todos sus 33 años sobre la tierra. La que iba a estar junto al más puro de todos los habitantes de la tierra, debía ser también totalmente Inmaculada y libre de toda mancha de pecado”.

De María se pueden repetir las palabras del Cantar de los Cantares: “Eres como un lirio entre espinas” (C. 2, 2). Todos fuimos manchados y somos como espinas, y Ella como un lirio blanquísimo, permaneció Inmaculada, sin mancha de pecado.

PUNTO II: Convenía al Hijo de Dios preservar a su Santísima Madre de toda mancha de pecado.

No se concede a los hijos poder escoger a su propia madre ni elegir qué tan santa debe ser. Pero si ello se nos permitiera, nosotros no iríamos a escoger por madre a quien no fuera bien santa y bien amiga de Dios. ¿Y Jesús que fue el Único Hijo que pudo escoger a su propia Madre y crearla según su parecer, no iba a hacer que la que le diera su naturaleza humana y lo acompañara cariñosamente durante toda su vida mortal fuera una mujer extraordinariamente pura y totalmente libre de toda mancha de pecado?

Cuando el Creador determinó que su Hijo naciera de una mujer, escogió a la que más convenía a su Altísima dignidad, dice San Bernardo. Y siendo conveniente que la Madre de un Redentor Purísimo fuera Ella también totalmente pura, así la hizo Nuestro Señor.

La Carta a los Hebreos dice: “Tal convenía que fuera nuestro Pontífice: santo, inocente, sin mancha de pecado, apartado de los pecadores” (Hebr. 7, 26). ¿Y la Madre de este Pontífice Supremo no convenía que fuera también Santa, inocente, sin mancha? ¿Y cómo se hubiera podido afirmar que Jesucristo estaba “apartado delos pecadores” si hubiera tenido una Madre pecadora?

San Ambrosio enseña: “Jesucristo eligió a María por Madre, no en la tierra, sino ya desde el cielo, y para morar en Ella y nacer de Ella y vivir acompañado por Ella, la llenó totalmente de santidad y de pureza”. Y este santo se atreve a llamar a María ‘Mansión Celestial’, no porque Ella no fuera humana, sino porque el Señor la adornó con cualidades celestiales para ser mansión donde viviera el Hijo de Dios.

Santa Brígida dice que en una revelación oyó que María superaba a los ángeles en santidad por estar destinada a traer al mundo al Redentor.

Y la misma santa añade: “María fue concebida sin mancha del pecado original, para que de Ella naciera el Hijo de Dios, también sin mancha alguna. Jesús no quiso permitir que la Madre de la cual iba a nacer, tuviera ni siquiera por breve tiempo, la mancha del pecado en su alma.

Los santos dicen que Dios libró a la Virgen María de padecer la podredumbre de un sepulcro, porque hubiera sido una deshonra para Jesucristo que su Madre se pudriera en una tumba. Pues si hubiera sido deshonroso para Jesucristo que su Madre sufriera la podredumbre de un sepulcro, mucho más deshonroso hubiera sido para Él que María hubiera tenido en su alma, aunque fuera por poco tiempo, la podredumbre del pecado. Hubiera sido verdaderamente deshonroso para Cristo encarnarse en una madre manchada por el pecado, y esclava de los enemigos del alma.

María no sólo fue Madre, sino digna Madre del Redentor, como la han llamado infinidad de santos. San Bernardo le dice: “Sólo tú has sido digna de que el Rey Celestial te eligiera para Madre suya”. Santo Tomás de Villanueva afirma: “Si la escogió Dios para madre de su Hijo, es porque estaba bien preparada para este oficio sublime”. La misma Iglesia Católica en una de sus oraciones dice: “La Santísima Virgen, cuyas entrañas merecieron llevar al Salvador del mundo”. Y Santo Tomás de Aquino lo explica así: “Decimos que Ella mereció llevar en sus entrañas al Salvador del mundo, no porque Ella mereciera por sí misma la Encarnación, sino porque recibió de Dios todo el grado de pureza y de santidad, que eran convenientes para ser Madre del Salvador”. Y San Pedro Damián añade: “María recibió de Dios tal grado de santidad que mereció el singular privilegio de ser la única digna de ser elegida como Madre del Redentor”.

Santo Tomás enseña que cuando Dios elige a una persona para un oficio especial le concede las gracias y cualidades que necesita para este oficio. Y deduce de esto que si escogió a María para Madre del Redentor, seguramente le concedió a Ella todas las gracias y cualidades que este sublime oficio exigía. Y es que el ángel le dijo: “No temas María, que has hallado gracia delante de Dios” (S. Lucas 1, 30). Si María hubiera tenido mancha de pecado, no hubiera hallado esa gracia y simpatía delante de Dios. Para Jesús habría sido un verdadero desdoro haber tenido por madre a una mujer manchada de pecado.

San Agustín cuando habla de la Santísima Virgen dice: “aquí ni siquiera me atrevo a nombrar el pecado, porque Ella por la excelsa condición de estar destinada a ser Madre de Cristo, tenía que estar libre de todo pecado. María que concibió y dio a luz al que no tuvo la más mínima mancha de pecado, debía estar ella también libre de esa mancha, y recibió gracias especialísimas para vencer en todo el pecado” (De Nat y grat. L.C. 36 Nº 42).

De todo esto teneos que concluir que el Hijo de Dios se escogió por Madre a una mujer tan pura que nunca tuviera que avergonzarse de estar manchada con pecado alguno.

San Proclo exclama: “Para Jesús nunca fue deshonroso que lo llamaran el hijo de María. Pero sí le habría sido deshonroso que los demonios le hubieran podido decir: ‘Tu madre fue pecadora en otro tiempo y esclava nuestra'”.

Dios que es la Sabiduría misma supo fabricarse muy sabiamente en la tierra a la que había de ser morada de su Hijo. Y si el profeta anunció: “La sabiduría no morará con gusto en cuerpo manchado por el pecado” (Sap. 1, 4) ¿cómo podríamos imaginar que el Hijo de Dios, Sabiduría Infinita, hubiera escogido habitar en su encarnación, a una mujer que no estuviera absolutamente libre de toda mancha de pecado?

Un autor sagrado decía: Dios no encontró otro palacio más bello ni más puro que la Virgen María, para que su Hijo Santísimo viniera a habitar y nacer.

San Cirilo afirma: ¿Qué tal que uno construyera una hermosa morada para sí mismo y después se la diera a un enemigo suyo para que la habitara? ¿Y qué diríamos de Dios, que habiendo formado a la Virgen Santísima para orada y nacimiento de su Hijo, le dejara luego esa santa morada al pecado para que la habitase?

Ningún hijo amó ni amará jamás a su propia madre con un amor tan grande como el de Jesús a María. ¿Y podríamos decir que la amaba verdaderamente si la dejaba esclava del pecado? ¿Si la honra como ningún otro hijo ha honrado a la propia madre, podría permitir que quedara deshonrada con la mancha del pecado? Pregunta Gerson.

San Agustín dice que hay dos modos de redimir: uno, levantando a quien ya cayó en pecado, y otro, evitando que la persona caiga en pecado. Pues a María la redimió de este modo, superior al otro: la libró de toda mancha de pecado, y de caer en pecado.

San Buenaventura en un sermón decía que el Espíritu Santo en vez de tener que liberar después a María Santísima del pecado original, la preservó de este pecado desde el momento mismo de su Inmaculada Concepción.

Y el Cardenal Cussano dice algo muy parecido: “A María, la gracia de Dios la preservó de toda mancha de pecado, mientras que a las demás creaturas lo que hace la gracia es liberarlas de las manchas del pecado que ya tienen. A Ella el Redentor la preservó de mancharse el alma con el pecado, mientras que a los demás el Redentor los libera de esa mancha de pecado cuando ya la han contraído”.

Hugo de San Víctor exclama: “El fruto declara qué tal es el árbol que lo produjo. Si el fruto del vientre de la Virgen María fue Jesús, el totalmente puro, el Inmaculado y Santísimo, así la Madre que lo engendró debió ser totalmente pura, inmaculada y santísima. Sólo María fue digna de ser Madre de tal Hijo, y sólo Jesús fue digno de ser hijo de tal Madre”.

San Ildefonso le dice: “porque eres perfecta y totalmente pura, por eso fuiste elegida para ser Madre del Creador”.

PUNTO III: Convenía al Espíritu Santo que María fuera totalmente libre de toda mancha de pecado.

Santo Tomás llama a María: “Sagrario del Espíritu Santo”. Varios santos la llaman “Templo del Espíritu Santo”. Pues bien, el Espíritu Santo estaría más contento y más satisfecho si el Sagrario o el templo donde iba a habitar era totalmente libre de toda mancha de pecado. Por eso Dios libró a María de toda mancha pecaminosa.

En el Cantar de los Cantares se dice algo que le corresponde muy bien a María Santísima: “Eres totalmente hermosa y en ti no hay mancha alguna ni defecto” (Cant. 4, 7) y también: Tu eres como un huerto cerrado a donde no han llegado los enemigos a hacer mal, y eres como una fuente sellada que nadie ha podido contaminar (Cant. 4, 12). San Bernardo dice que el Espíritu Santo que es el autor principal de la Sagrada Biblia, afirmó esto de la Santísima Virgen. Y en el Libro Sagrado sigue diciendo: “Las jóvenes son muchas, pero una sola es mi paloma, la perfectamente pura” (Cant. 6, 7).

Por eso el Ángel le dijo al saludarla “Salve, llena de gracia”. San Sofronio dice que a las demás creaturas les concede Dios mucha gracia y bendición, pero que a María la llenó totalmente de su gracia. Y si estaba llena de gracia de Dios no podía tener mancha de pecado en su alma.

San Pedro Damián afirma: “La que Dios eligió para ser Madre de su Hijo debía tener su alma totalmente llena del Espíritu Santo”. Y por lo tanto sin sitio para la mancha del pecado.

Los Santos afirman: “María estuvo siempre llena de luz espiritual en el alma, y nunca tuvo tinieblas de pecado en su espíritu”. – “Dios que creó pura a la Madre carnal de los seres humanos, también podía crear totalmente pura a María, la Madre espiritual de todos los creyentes” – .

San Bernardino afirma: “No es aceptable que Jesús quisiera nacer de una madre manchada por el pecado, pudiendo nacer de una madre totalmente pura y santa”.

Si el ángel le dice: “Has hallado gracia delante de Dios” puede significar que en su alma no había ninguna mancha de pecado que la hiciera antipática ante Nuestro Señor.

Ya en el año 1661 solamente entre los Padre Dominicos (que eran los más reacios) se habían contabilizado 136 escritores de esa Orden religiosa que proclamaban que María no tuvo ni la más mínima mancha de pecado en su alma. Y las Universidades más famosas de entonces: la de La Sorbona en París, las de Colonia y Nápoles en Italia, las de Salamanca y Alcalá en España y la de Maguncia en Alemania, declararon solemnemente estar totalmente de acuerdo con la idea de que María Santísima fue preservada de toda mancha de pecado. Si tan altos intelectuales lo han proclamado, ¿por qué no proclamar esto mismo todos los fieles sencillos de la Iglesia Católica?

La Iglesia Católica ha celebrado desde muy antiguo la fiesta de la Inmaculada Concepción, en recuerdo de que María fue concebida sin pecado original, y esta fiesta la han aprobado los Sumos Pontífices y los obispos de todo el mundo.

La Iglesia celebra también el 8 de septiembre la fiesta del nacimiento de la Virgen María. Santo Tomás enseña que la Iglesia católica no acostumbra celebrar el nacimiento de sus santos, pero que a María sí le celebra el nacimiento porque Ella fue totalmente santa ya desde antes de nacer (Summa. T. 3, q. 27 a 1).

ORACIÓN: Inmaculada Madre Mía, me alegro contigo al verte enriquecida con tanta pureza por parte de Dios y quiero dar gracias al Creador por haberte preservado de toda mancha de pecado, como lo creo firmemente. Y estoy siempre dispuesto a defender la gran verdad de que has sido concebida sin mancha de pecado original.

Quisiera que todo el mundo te admirara y te alabara, como la Aurora que anuncia la llegada del Sol, que es Jesucristo; como el Arca de la Nueva Alianza, que se salvó del naufragio de la mancha del pecado original, como la Paloma sin mancha y blanquísima, como el Huerto cerrado al cual no han logrado llegar los enemigos del alma, como la Fuente Sellada que no ha sido contaminada, como el blanco lirio que floreció entre las espinas, pues en medio de tantas gentes manchadas con el pecado, tu naciste y te conservaste siempre blanca, pura y completamente amiga del Divino Creador.

Permíteme que te alabe con las palabras pronunciadas por el mismo Dios: “Toda hermosa eres tú, y en ti no hay mancha alguna”. Oh amabilísima e Inmaculada María: tu que eres tan bella ante los ojos de Dios, no dejes de mirar con compasión a las asquerosas llagas de mi pobre alma. Mírame con compasión y ayúdame a curarme de las llagas de mis pecados. Tú que eres un imán que atrae los corazones, atráeme también a mí hacia tu corazón maternal. Tú que desde el primer momento de la vida apareciste tan completamente pura y tan agradable a Dios, ruega por mi que no sólo nací con la mancha del pecado original sino que durante toda mi vida he venido manchando mi alma con tantas culpas y pecados. Dios que te eligió como Hija predilecta del Padre, y Madre Santísima del Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, y por eso te libró de toda mancha de pecado y te demostró más amor que a toda otra creatura, ¿qué favor o gracia que pidas para nosotros te podrá negar? Virgen Inmaculada: ¡tienes que ayudarme a salvarme! Por eso te digo con San Felipe Neri: haz que yo siempre me acuerde de Ti, y Tú nunca te olvides de mí. Me parece que faltaran mil años todavía para poder contemplar tu hermoso rostro maternal en el cielo, para empezar a amarte y alabarte en el Paraíso como a la más buena de las madres, mi madrecita, mi Reina, mi gran benefactora, la más bella, la más amable, la más pura, la siempre Inmaculada Virgen María. Amén.

Papa Pío IX

Papa Pío IX

Pío IX, el papa de la Inmaculada Concepción

Antecedentes de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que «será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los días más gloriosos de la Historia» — extractos de la obra «Pío IX», del Prof. Roberto de Mattei *

El 2 de febrero de 1849, el Pontífice —que el 1º de julio del año anterior había nombrado una comisión de teólogos para examinar la posibilidad y la oportunidad de la definición— dirigía a todos los obispos del mundo la encíclica Ubi primum nullis, a fin de pedir el parecer de todo el episcopado católico sobre el mérito de la definición.

Las respuestas favorables de los obispos a la encíclica fueron 546 —de un total de 603— es decir, más del 90%. Confortado, así, por el apoyo del episcopado, además de los pareceres emitidos por una congregación cardenalicia y una comisión teológica, expresamente constituidas para ese fin, y de laCompilación redactada por otra comisión, dirigida por el cardenal Raffaele Fornari, conargumentos para servir al redactor de la Bula dogmática, Pío IX anunció, finalmente, el 1º de diciembre de 1854, al Sagrado Colegio reunido en consistorio secreto, la inminente proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, prevista para el día 8 del mismo mes.

La Bula Ineffabilis Deus fue, así, el resultado de nueve esquemas sucesivamente elaborados, a través de la consulta hecha a diversas comisiones encargadas del trabajo de preparación.

*     *     *

Viernes, 8 de diciembre de 1854. Desde las seis de la mañana, las puertas de San Pedro estuvieron abiertas y, a las ocho, la inmensa basílica ya estaba repleta de pueblo. En la capilla Sixtina, donde estaban reunidos 53 cardenales, 43 arzobispos y 99 obispos, llegados de todo el mundo, tuvo inicio una gran procesión litúrgica que se dirigió hacia el altar de la Confesión, en la basílica del Vaticano, donde Pío IX celebró la Misa solemne.

Al terminar el canto del Evangelio en griego y latín, el cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, asistido por el miembro de mayor edad del episcopado latino, por un arzobispo griego y uno armenio, vino a postrarse a los pies del Pontífice a implorarle, en latín y con voz sorprendentemente enérgica para sus 85 años, el decreto que habría de ocasionar alegría en el Cielo y el mayor entusiasmo en toda la Tierra. Después de entonar el Veni Creator, el Papa se sentó en el trono y, portando la tiara sobre la cabeza, leyó con tono grave y voz fuerte la solemne definición dogmática.

*     *     *

Desde el momento en que el cardenal decano hizo la súplica para la promulgación del dogma hasta el Te Deum, que fue cantado después de la Misa, a la señal dada por un tiro de cañón desde el Castillo de Sant’Angelo —durante una hora, de las once al mediodía— todas las campanas de las iglesias de Roma tocaron festivamente para celebrar aquel día que, como escribe Mons. Campana, “será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los más gloriosos de la historia. […] La importancia de este acto no puede pasar inadvertida por nadie. Fue la solemne afirmación de la vitalidad de la Iglesia, en el momento en que la impiedad desenfrenada se vanagloriaba de haberla casi destruido”.1
Todos los presentes afirman que, en el momento de la proclamación del dogma, el rostro de Pío IX, bañado en lágrimas, fue iluminado por un haz de luz que bajó de lo alto.2 Mons. Piolanti, que estudió los testimonios dejados por los fieles que presenciaron el hecho, afirma, a la luz de su amplia experiencia en la basílica del Vaticano, que en ningún periodo del año, mucho menos en diciembre, es posible que un rayo de sol entre por una de las ventanas para iluminar cualquier punto del ábside donde se encontraba Pío IX,3 y concuerda con la descripción hecha por la madre Julia Filippani, de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, presente en San Pedro con su familia en el momento de la definición, según la cual no era posible explicar naturalmente el extraordinario fulgor que iluminó el rostro de Pío IX y todo el ábside: “Aquella luz —declara ella— fue atribuida por todos a una causa sobrenatural”.4

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción suscitó un extraordinario entusiasmo en el mundo católico y reveló la vitalidad de la fe católica, en un siglo agredido por el racionalismo y por el naturalismo. “Después de la definición del Concilio de Éfeso sobre la divina maternidad de María —escribe aún el teólogo Campana— la historia no puede registrar otro hecho que haya suscitado tan vivo entusiasmo por la Reina del Cielo como la definición de su total exención de culpa”.5

Entre los numerosísimos recuerdos de la solemne definición que permanecieron hasta nuestros días, se conserva aún la columna de la Inmaculada, en la Plaza de España, en Roma, erguida el 18 de diciembre de 1856 y bendecida por Pío IX el 8 de septiembre de 1857.

*     *     *

El primer gran acto del Pontificado de Pío IX —la definición del dogma de la Inmaculada— es mucho más que la pública expresión de aquella profunda devoción a la Santísima Virgen, que desde la infancia había caracterizado la espiritualidad de Giovanni María Mastai Ferretti. Manifiesta su profunda convicción en la existencia de una relación entre la Madre de Dios y los acontecimientos históricos, y, de modo particular, de la importancia del privilegio de su Inmaculada Concepción, como antídoto para los errores contemporáneos, cuyo punto de apoyo está precisamente en la negación del pecado original.

El fundamento de este privilegio mariano está en la absoluta oposición existente entre Dios y el pecado. Al hombre concebido en pecado se contrapone María, concebida sin pecado. Y a María, en cuanto Inmaculada, le fue reservado vencer al mal, los errores y las herejías que nacen y se desarrollan en el mundo a consecuencia del pecado. De María la Iglesia canta la alabanza: Cun ctas haereses sola interemisti in universo mundo.6

El privilegio de la Inmaculada debe ser considerado, pues, no de manera abstracta y estática, sino en su proyección histórica y social. La Inmaculada no es, en verdad, una figura aislada de las otras naturalezas humanas que fueron, que son y que serán: “Toda la historia humana es iluminada y ennoblecida por esta excelsa criatura, la única que, en perfección, es inferior solamente a Dios”.7

*     *     *

En el cuadro teológico de la Ineffabilis Deus, la Santísima Virgen se nos presenta, pues, como la vencedora gloriosa de las herejías de la cual hablan todos los Pontífices. Y es a la oposición entre la Virgen toda bella e Inmaculada y la crudelísima serpiente, que nos remite, como a sus primeros y fundamentales agentes, el antagonismo radical entre la Iglesia y aquella Revolución de los tiempos modernos, que tiene sus gérmenes más activos y profundos en el desorden de las pasiones, fruto del pecado del hombre decaído.8

La Revolución —organización social del pecado— está destinada a ser vencida por la gracia, don divino concedido a los hombres en la Cruz por Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen Dolorosa, Regina Martyrum, fue asociada a esta obra redentora, a los pies de la Cruz, por haber sufrido sobre el Calvario, en unión con su Hijo, el mayor de los martirios. Es en la Cruz que se funda la mediación universal y omnipotente de María, verdad que constituye la mayor razón de esperanza para todos aquellos que combaten la Revolución. Si la serpiente, cuya cabeza fue aplastada por la Virgen Inmaculada, es la primera revolucionaria, María, dispensadora y tesorera de todas las gracias, es, en verdad, el canal a través del cual los católicos alcanzarán las gracias sobrenaturales necesarias para combatir y aplastar a la Revolución en el mundo.

La lucha entre la serpiente y la Virgen, entre los hijos de la Revolución y los hijos de la Iglesia, se delinea, pues, como la lucha total e irreconciliable entre dos “familias espirituales”, como lo había profetizado en el siglo XVIII San Luis María Grignion de Montfort, el santo al cual se debe la lectura tal vez más inspirada y luminosa del pasaje del Génesis que constituye el punto de apoyo de la Ineffabilis Deus“Pondré enemistades entre ti y la Mujer; y entre tu raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza, y tú andarás asechando a su calcañar” (Gen. 3, 15).

“Dios —comenta San Luis María— no puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no solamente entre María y el demonio, sino también entre la posteridad de la Santísima Virgen y la posteridad del demonio. En otras palabras, Dios puso enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y siervos de la Virgen María y los hijos y esclavos del demonio. ¡No hay entre ellos la menor sombra de amor, ni correspondencia íntima existe entre unos y otros!” 9 La oposición entre estas dos familias espirituales está destinada a dividir implacablemente la humanidad, hasta el fin de la historia. Sobre este fondo de cuadro se sitúa la lucha entre la Iglesia y la Revolución.   

Notas.-

(*) Roberto de Mattei, Pío IX, Librería Editora Civilización, Oporto, pp. 191-213.
1. Emilio Campana, María nel dogma cattolico, Marietti, Turín-Roma, 1936, pp. 598-599.
2. Positio, pp. 24, 129, 503, 1004, etc.
3. Mons. Antonio Piolanti, L´Immacolata Stella del Pontificato di Pío IX, in revista “Pío IX”, nº1 Enero-Abril, 1988), p. 42.
4. Positio, p. 129.
5. E. Campana, op. cit. p. 600.
6. Comm. Fest. B. M. V. ad Matut., ant. 7.
7. Luigi Bogliolo, Pío IX y l´Immacolata, en la revista “Pío IX” nº 3, (Setiembre-Diciembre, 1982), p. 326.
8. Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, Buenos Aires, 1999.
9. San Luis María Grignion de Montfort, Trattato della vera devozione a María, Centro Mariano Monfortiano, Roma, 1976, p. 53.

Radio Sefarad: Cristianos desconocen que sus villancicos de Navidad fueron compuestos por hebreos

diciembre 7, 2017

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Foro Católico: Los hebreos despojaron poco a poco a la Natividad de Cristo de su sentido espiritual con sus campañas sentimentales que celebran el clima, los regalos y falsas creencias como Santa Claus y el árbol de navidad.

Así lo expresan ellos mismos: 

“Los autores judíos de villancicos, como John Ellan Yavitz, intentaron centrarse en los aspectos menos religiosos de la Navidad”.

Mucha gente desconoce que las más famosas canciones de Navidad de EE.UU. fueron compuestas en música y/o letra por judíos, destacando en ellas más el ambiente festivo, climatológico y sentimental que el puramente religiosa. Repasamos las más importantes.

Para escuchar el reportaje completo de Radio Sefarad haga click en:

Villancicos de autores judíos

El verdadero San Nicolás; la historia de la bofetada al heresiarca Arrio y el verdadero Credo de Nicea

diciembre 6, 2017
San Nicolás de Bari abofeteando a Arrio

San Nicolás abofeteó al heresiarca Arrio, y fue castigado injustamente.   

Foro Católico: En la cultura modernista, se ha representado y comercializado la figura de San Nicolás de Bari a través de una burla, de la mofa que representa el Santa Claus de la compañía refresquera Coca Cola. 

Se le muestra como un duende regordete vestido de rojo y larga barba blanca, ridiculizando sus ropajes episcopales, y quien hoy en día se dedica en Navidad a regalar juguetes “a los niños que se portan bien”.

Además del objetivo comercial, santa Claus representa una blasfema y grosera burla contra el gran San Nicolás de Bari,  gran defensor de la Divinidad de Jesucristo y ejemplar obispo católico.

De igual forma, en casi ningún devocionario se encuentra la VERDADERA FÓRMULA DEL CREDO DE NICEA (el cual añadimos al final), ya que en diferentes sitios han sustituido la fórmula CONSUBSTANCIAL AL PADRE por la expresión “de la misma naturaleza que el Padre”. ése fue precisamente el conflicto que tuvo San Nicolás con Arrio, el heresiarca cripto judío quien pretendía que Jesucristo era de una naturaleza divina, pero no el mismo y único Dios.

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Antiguo mural de San Nicolás abofeteando al heresiarca cripto-hebreo Arrio.

(Transcrito de Aleteia)

San Nicolás de Bari defensor de la ortodoxia, obispo de Myra y confesor. 6 de diciembre † hacia el año 346 en Mira Taumaturgo.

Su nombre significa “Protector y defensor de pueblos”. Participó en el Concilio de Nicea, condenando las doctrinas de Arrio, quien se negaba a admitir el dogma de la Divinidad de Cristo.

San Nicolás participó en el Concilio de Nicea, convocado en el año 325 por el emperador Constantino. Allí habría de encontrarse no sólo con más de trescientos obispos que habrían llegado a debatir la naturaleza de la Santísima Trinidad sino, además, con Arrio, que aseguraba que la naturaleza del Hijo no era igual a la del Padre.

Arrio defendía su argumento vigorosamente, mientras que los obispos escuchaban. Todos, menos Nicolás, que perdió la paciencia y abofeteó a Arrio en medio del concilio. Por su conducta, Nicolás fue llevado ante Constantino, quien determinó que eran los obispos quienes debían decidir qué castigo se aplicaría a Nicolás.

Así, le quitaron sus vestimentas obispales y le encerraron en la cárcel. Esa misma noche, cuenta la historia, Nicolás tuvo una visión en la que Jesús le entregaba las Escrituras y María le devolvía sus vestimentas. Al día siguiente, cuando el carcelero fue a llevarle la comida, se consiguió a Nicolás leyendo las Escrituras, vestido como un obispo.

Al enterarse, Constantino exigió que lo liberaran. Eventualmente, el concilio terminó dándole la razón a Nicolás, decidiendo así la cuestión contra Arrio, y redactando el que hoy conocemos como el Credo Niceno-Constantinopolitano.

Verdadera Ortodoxia

Más pinturas de la controversia entre San Nicolás y el heresiarca Arrio en el Concilio de Nicea.

En aquella época en la Iglesia había disturbios a raíz de la herejía de Arrio, quien negaba la Divinidad de Jesucristo. El Concilio Ecuménico condenó al arrianismo y fueron compuestos los primeros siete artículos del Símbolo de nuestra Fe, en el cual se expuso en palabras exactas la fe ortodoxa, la fe en Jesucristo, quien es el Hijo de Dios, tiene la misma naturaleza de Dios Padre (consubstancial al Padre) y no es “su mejor criatura” como proponía el hereje Arrio.

VERDADERO CREDO DEL CONCILIO DE NICEA

Creo en un solo Dios, Padre todo poderoso, criador del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles.

Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, y nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no hecho; CONSUBSTANCIAL AL PADRE;  por quien todas las cosas fueron hechas.

El cual por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó de los Cielos. (Dobla la rodilla).

Y por obra del Espíritu Santo encarnó de María Virgen: Y SE HIZO HOMBRE.

Crucificado también por nosotros; bajo el poder de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado.

Y resucitó al tercer día,  conforme a las Escrituras. 

Y subió al Cielo, y está sentado a la diestra del Padre. Y ha de venir otra vez con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; y Su Reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, señor y vivificador, el cual procede del Padre y del Hijo; quien con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado; el cual habló por los profetas.

Creo en una Iglesia, Santa, Católica y Apostólica.

Confieso un solo bautismo para el perdón de los pecados. Y espero la resurrección de los muertos + y la vida del siglo venidero. Amén.”

 

Mañana inauguran el pagano árbol del bien y del mal, introducido en la Vaticueva por Juan Pablo II en 1981

diciembre 6, 2017

Como cada año desde 1981…

Árbol Vaticuevaarbol-de-navidad-iglesia-tziritzicuaroVisitors look around the Christmas Tree Festival at St Mary's Parish Church in Melton Mowbray

Foro Católico: Hasta los propios agentes de la Neo Iglesia reconocen el significado del árbol navideño, popularizado por el hereje Martín Lutero, comparándolo con el significado del árbol del bien y del mal del Edén:

“Las esferas representan el pecado original y también los pecados capitales”.

(Transcrito de RomeReports.com)

Este es el momento en el que el árbol de Navidad se levanta en el Vaticano. Acaba de llegar tras un viaje por Europa de 12 días y 2000 km. Viene desde Polonia. Es un regalo de la archidiócesis de Elk y tiene un valor especial para ellos: recuerdan que hace 20 años se colocó en San Pedro el anterior árbol polaco, a petición de Juan Pablo II.

Monika Rybka se ha encargado del transporte del abeto. Ha vivido el proceso de primera mano porque lo acompañaba en el camión.

MONIKA RYBKA

Organizadora del transporte

“La última vez que se trajo un árbol desde Polonia fue hace 20 años. Ahora nuestro árbol está aquí otra vez. Nuestro Papa, Juan Pablo II, inició esta tradición trayendo el árbol de Navidad, y por eso es especial para nosotros”.

El abeto mide 28 metros de alto, pesa 7 toneladas. Procede de una frondosa región conocida por sus árboles y sus lagos.

Este año, será decorado por niños de varios hospitales a través del proyecto de rehabilitación de la Fundación Lene Thun.

El árbol es un símbolo navideño porque representa la vida que nace en medio del frío invierno. Pero no es este su único significado.

“Tiene el sentido de la presencia de Cristo vivo que está entre nosotros, que nace. Las esferas representan el pecado original y también los pecados capitales. Las luces representan la luz de Cristo, que ilumina nuestras sombras, que ilumina nuestros pecados para que después caigan”.

El tradicional árbol de Navidad ya está en la Plaza, justo delante de la Basílica de San Pedro. Acompañará a un pesebre que también se instalará en los próximos días. Ahora el abeto luce así, pero a partir del 7 de diciembre, sus luces y adornos brillarán en todo su esplendor.

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