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Mari Cruz desmintió Garabandal: “Yo nunca vi a la Virgen ni tampoco al ángel”

marzo 24, 2017
Garabandal7

Las “videntes” a menudo estaban mirando la “aparición” en direcciones diferentes.

(Tomado de El País/ Víctor Guijón – Domingo, 17 de junio de 1984)

“Nunca vi a la Virgen en los pinos ni a ningún personaje celestial. Creo que si aquella tarde del 18 de junio Conchita no hubiera estado con nosotras en la finca del maestro, la historia no se habría montado y San Sebastián de Garabandal hubiera seguido por los siglos de los siglos su vida rutinaria y tranquila”.Mari Cruz González, 34 años, casada desde hace 14 y con cuatro hijos, es la única de lasniñas videntes que reside actualmente en España y la primera, hasta el momento, que ha confesado públicamente lo que ya dijera ante la comisión creada por el obispo de Santander al principio de las supuestas apariciones de la Virgen y del arcángel san Miguel: “Yo nunca vi a la Virgen ni tampoco al ángel”.

Mari Cruz González tenía 11 años cuando en el verano de 1961 se produjeron los hechos que transformarían radicalmente la vida de la localidad cántabra de Garabandal. En sus manifestaciones, 23 años más tarde, Mari Cruz señala a Conchita, que actualmente reside en Nueva York y está casada con un ciudadano americano, al igual que Mari Loli y Jacinta, como la inductora de las visiones.

De repente se puso en éxtasis”, recuerda Mari Cruz, “y hasta nos dio miedo aquella especie de comedia, y pensamos que podría haberse puesto mala. Nos metió a las tres en la cabeza que había visto al ángel”. Insiste Mari Cruz González en que sus declaraciones de ahora coinciden con las realizadas en su día ante la comisión episcopal creada al efecto, pese a lo cual, y con la única excepción de Vicente Puchol, obispo de Santander, muerto prematuramente en accidente automovilístico, las reacciones de la Iglesia fueron siempre contemporizadoras ante las supuestas apariciones.

La presión ambiental a la que se vieron sometidas las niñas videntes fue un factor determinante para que se prolongaran durante casi tres años las concentraciones para asistir a las supuestas apariciones. “Se nos acosaba para que viéramos al ángel y luego a la Virgen, y aquellos fanáticos no se detuvieron hasta tener redactado incluso un mensaje, como había acontecido siempre en otras apariciones, como en Lourdes o en Fátima”. Mari Cruz confiesa su oposición frontal hacia quienes han hecho de Garabandal centro de peregrinación: “Siempre que tengo ocasión, aunque nunca la busco, así lo hago saber, pero no desean escuchar esa verdad”.

Acuerdo Roma-FSSPX: ¿Habrá diferencia con los protocolos de Sión firmados por Lefebvre en 1988?

marzo 23, 2017
Thuc a Lefebvre

Texto transcrito del sitio Einsicht

Pero Lefebvre prefirió seguir unido a la Vaticueva…

Por todas partes (Logia Lefebviana y Logia Vaticana) se habla de que solamente falta la firma del Acuerdo que dotaría de una “regularización” a la secta lefebvriana.

Peguntas que nos llaman la atención:

¿Habrá diferencias clave entre el acuerdo firmado en 1988 por Marcel Lefebvre y el actual?

¿Se permitirá a los FSSPX seguir diciendo que el Vaticano Segundo es herético?

¿Estarán, como el Opus Dei, directamente bajo la obediencia de Roma?

lefebvre-5-maio-1988-protocolo-assinado-e-abandonado

Marcel Lefebvre firmando los acuerdos con la Neo Iglesia conciliar el 5 de mayo de 1988.

TEXTO DEL ACUERDO DE 1988:

Yo, Marcel Lefebvre, arzobispo-obispo emérito de Tulle, junto con los miembros de la Sociedad Sacerdotal de San Pío X, que fundé:

1. Nos comprometemos a ser siempre fieles a la Iglesia Católica y al Romano Pontífice, su Pastor Supremo, el vicario de Cristo, el sucesor del bienaventurado Pedro en el primado y la cabeza del cuerpo de los obispos.

2. Declaramos que aceptaremos la doctrina contenida en el número 25 de la constitución dogmática del Concilio Vaticano II, “Lumen Gentium”, respecto al magisterio eclesiástico y la adhesión que al mismo debemos.

3. En cuanto a ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II, respecto de las posteriores reformas de la liturgia y las leyes que parecen difíciles de conciliar con la tradición, nos comprometemos a una actitud positiva de estudio y de comunicación con la Sede Apostólica, evitando toda polémica.

4. Declaramos, además, que vamos a reconocer la validez del sacrificio de la Misa y de los sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia y de acuerdo con los ritos en las ediciones típicas del misal y los rituales de los sacramentos, promulgada por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II.

5. Por último, nos comprometemos a respetar la disciplina común de la Iglesia y las leyes eclesiásticas, particularmente las contenidas en elCódigo de Derecho Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II, a excepción de la disciplina especial concedida a la Fraternidad por ley particular.


Anexo II. Cuestiones jurídicas

Teniendo en cuenta el hecho de que la Sociedad Sacerdotal San Pío X se ha formado durante 18 años como una sociedad de vida común – y en base a un estudio de las sugerencias de Mons. Lefebvre y las conclusiones de la visita realizada por Su Eminencia el Cardenal Gagnon – el modelo canónico más adecuado es el de una sociedad de vida apostólica.

1. Sociedad de Vida Apostólica.

Es una solución canónicamente posible, con la ventaja de la posibilidad de sumar a los laicos en la sociedad clerical de vida apostólica (por ejemplo, hermanos coadjutores). De acuerdo con el Código de Derecho Canónico promulgado en 1983, los cánones 731-746, esta sociedad tiene plena autonomía, se pueden formar a sus miembros, puede incardinar a los sacerdotes y asegura la vida común de todos sus miembros. En sus propios estatutos, con la flexibilidad y posibilidad creativa, a la luz de los modelos conocidos de estas sociedades de vida apostólica, uno se anticipa a una exención determinada en lo que respecta a los obispos diocesanos (cf. Canon 591) en lo que concierne al culto público, la “cura animarum »y otras actividades de apostolado, teniendo en cuenta los cánones 679-683. En cuanto a la jurisdicción sobre los fieles que buscan a los sacerdotes de la sociedad, se les confiere a los Ordinarios del lugar o por la Sede Apostólica.

2. La Comisión Romana.

Será establecida por la Santa Sede una comisión para coordinar las relaciones entre los diversos dicasterios y los obispos diocesanos, así como para resolver los eventuales problemas y contiendas  y dadas las facultades necesarias para el tratamiento de las cuestiones antes indicadas (por ejemplo, el establecimiento, a petición de los fieles de un lugar de culto en un lugar donde no hay casa de la sociedad, “ad mentem,” Canon 383.2).

3. Condición de las personas vinculadas a la Sociedad.

3.1 Los miembros de la sociedad clerical de vida apostólica (sacerdotes y hermanos coadjutores laicos): Se rigen por los estatutos de la sociedad de derecho pontificio.

3.2 Los hombres y las mujeres oblatos, con o sin los votos privados, y los miembros de la Tercera Orden vinculada a la sociedad: pertenecen a una asociación de fieles vinculados a la sociedad en términos de canon 303, y colaborar con ella.

3.3 Las hermanas (es decir, la congregación fundada por el Arzobispo Lefebvre) que hacen votos públicos: Se constituirá un instituto de verdad de la vida consagrada, con su propia estructura y autonomía, aun cuando se prevé una cierta relación por la unidad de la espiritualidad con la superior de la sociedad. Esta congregación – por lo menos al principio – se encargará a la Comisión romano en lugar de la Congregación para los Religiosos.

3.4 Los miembros de las comunidades que viven en el estado de diversos institutos religiosos (carmelitas, benedictinos, dominicos, etc) y moralmente vinculado a la sociedad: Es justo que se les conceda, caso por caso, un estado en particular la regulación de sus relaciones con su respectivo orden .

3.5 Los sacerdotes que como individuos moralmente vinculados con la hermandad recibirá un estatuto personal, teniendo en cuenta sus aspiraciones, y, al mismo tiempo, las obligaciones resultantes de su incardinación. Otros casos particulares de este tipo serán examinados y resueltos por la Comisión Romana. 

En lo que respecta laicos que buscan la ayuda pastoral de las comunidades de la sociedad: ellos permanecen bajo la jurisdicción de los obispos diocesanos – sobre todo para los ritos litúrgicos de las comunidades de la sociedad – y pueden mirar a estas comunidades para la administración de los sacramentos (para el sacramentos del bautismo, la confirmación y el matrimonio, con la previa y necesaria notificación a su propia parroquia; cánones 878, 896, 1122).

NOTA: No hay razón para considerar la complejidad particular:

1. De la cuestión de la recepción por parte de los laicos de los sacramentos del bautismo, confirmación, matrimonio, en las comunidades de la sociedad. 

2. De la cuestión de las comunidades que practican -sin estar conectado a ellos- el estado de tal o cual instituto religioso. 

Corresponde a la Comisión Romana resolver estos temas.

4. Ordenaciones.

Para ordenaciones, es necesario distinguir dos fases:

4.1 Inmediatamente: Para las ordenaciones previstas en breve, el Arzobispo Lefebvre estaría autorizado para conferir o, si no podía, otro obispo ordenado a por él.

4.2 Una vez establecida, la sociedad de vida apostólica:

4.2.1 Cuando sea posible, en la sentencia dictada por el Superior General, sigue el procedimiento normal: la transferencia de los dimisorias a un obispo que está de acuerdo para ordenar a los miembros de la sociedad.

4.2.2 Debido a la situación particular de la fraternidad (cf. infra): se realizará la ordenación de un obispo de la sociedad que, entre otras tareas, tendría la de continuar con las ordenaciones.

5. Problema de un obispo.

5.1 En el plano doctrinal (eclesiológico), la garantía de la estabilidad y el mantenimiento de la vida y la actividad de la sociedad está asegurada por su construcción como una sociedad de vida apostólica de derecho pontificio y la aprobación de sus estatutos por el Santo Padre.

5.2 Sin embargo, por razones prácticas y psicológicas, la consagración de un miembro de obispo de la sociedad parece útil. Por esta razón, en el contexto de la doctrina y la solución jurídica de la conciliación, vamos a sugerir al Santo Padre que nombre un obispo elegido en la sociedad, propuesto por el Arzobispo Lefebvre. 

Como una consecuencia del principio indicado anteriormente (5,1), este obispo no es general normalmente superior de la sociedad. Pero sería bueno que sea un miembro de la Comisión Romana.

6. Los problemas particulares de resolver por Decreto o Declaración.

Levantar el ‘suspensio a divinis “de Mons. Lefebvre y dispensación de las irregularidades en que incurrió a través de las ordenaciones. – La anticipación de una “amnistía” y un acuerdo para las casas de la sociedad y lugares de culto erigido – o usado – hasta ahora sin la autorización de los obispos.

PROHIBICIONES OFICIALES DE LA JERARQUÍA SOBRE GARABANDAL. Acusan a los adictos a Garabandal de pretender desfigurar las resoluciones

marzo 22, 2017

Autor y Editor: Obispado de Santander.

Palacio Episcopal. Santander

Imprenta: Graficas Bedia. Africa, 5. Santander.

Deposito Legal: SA. 80-70

PRESENTACION.

Son numerosas las peticiones de informes que llegan a este Obispado, en relación con supuestos acontecimientos maravillosos acaecidos en San Sebastián de Garabandal.

Desde 1961, año en que se iniciaron las pretendidas apariciones, varios documentos oficiales se han producido a este propósito, tanto por parte de los sucesivos obispos de Santander como por parte de la S. Congregación para la Doctrina de la Fe. Con el fin de poder presentar en conjunto tales documentos y facilitar con ello las respuestas que se nos piden, este Obispado ha querido reunirlos y ofrecer una visión completa del dictamen auténtico pronunciado por la Iglesia.

Cuando se preparaba esta edición, el Sr. Obispo de Santander ha recibido un ejemplar fotocopiado de la carta que remitía la S. Congregacion para la Doctrina de la Fe al Sr. Arzobispo de Nueva Orleans, respondiendo a preguntas y aclarando dudas que este Prelado proponía a la Santa Sede sobre el lema de las supuestas apariciones. Aunque el destinatario directo de dicha carta no es el Obispo de Santander, el hecho de haberla este recibido de la propia Sagrada Congregación, nos induce a incluir su texto,como apéndice, dentro de la presente colección. Ella contribuye a la correcta interpretación de los restantes documentos, confirma las líneas fundamentales del comunicado del Sr. Obispo de Santander a sus Hermanos en el Episcopado y aporta nueva luz sobre EL CRITERIO DE LA SANTA SEDE, QUE REITERADAMENTE SE HA PRETENDIDO DESFIGURAR.

COMUNICACIÓN DE MONS. CIRARDA, OBISPO DE SANTANDER, A SUS HERMANOS EN EL EPISCOPADO, SOBRE LAS SUPUESTAS APARIClONES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN EN SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL

Razón de esta comunicación.

Son muchos los Excmos. Sres. Obispos que consultan al Obispado de Santander sobre las pretendidas apariciones de la Santísima Virgen María en el pueblo de San Sebastián de Garabandal, de esta diócesis. Alguno ha llegado a escribirme anunciando su llegada a Santander, al frente de una peregrinación de su diócesis para visitar Garabandal.

En reciente visita a Roma, he sabido también que llegan allí igualmente consultas sobre el mismo tema, según me ha sido comunicado en la Secretaria de Estado de Su Santidad y en la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe.

Por otra parte, los adictos a las citadas pretendidas apariciones vienen publicando libros y artículos, en que siguen defendiendo:

a) la veracidad de dichas apariciones;

b) la falta de autoridad del Obispo de Santander para juzgar sobre su verdad o falsedad, porque es cosa que toca a la Santa Serle, dada la pretendida naturaleza profética que dicen dichas apariciones;

c) una supuesta contradicción entre la Santa Sede y la Curia de Santander, como si aquella aprobara, al menos implícitamente con su silencio o con su complacencia, las dichas apariciones.

Fundados en esas razones, los adictos a Garabandal se niegan a sentir con las repetidas declaraciones de los Obispos de Santander. Y lo grave es que algunas de sus publicaciones aparezcan en libros o revistas que cuentan con la aprobación eclesiástica.

En consecuencia, previa consulta a la Santa Sede, ha parecido oportuno dar esta comunicación a todos los Hermanos en el Episcopado, aclarando el verdadero estado de la cuestión, para que no se dejen sorprender por noticias falsas.

Se hace la comunicación con carácter general, porque el tema de las citadas pretendidas apariciones no tiene ningún interés especial en la propia diócesis de Santander, donde sacerdotes y fieles han demostrado en este punta una pronta y filial obediencia a sus Obispos con excepción de un pequeñísimo grupo sociológicamente insignificante, pero las consultas, incluso de Prelados, llegan a Santander desde distintos países de Europa, de América y aún de Asia y de Oceanía.

Primeras decisiones de los Obispos de Santander.

Las supuestas apariciones comenzaron en San Sebastián de Garabandal, el 18 de junio de 1961 (FC: la fecha 18 de junio, es igual a tres veces seis, del sexto mes y según los testimonios la primera visión fue a las 18 horas, otra vez, tres veces seis), y se prolongaron con frecuencia grandísima durante muchos meses.

Regía, por aquel entonces, la diócesis Mons. Doroteo Fernández, como Administrador Apostólico. lnmediatamente atendió al estudio del problema, creando una comisión especial para ello; y tuvo informada a la Santa Serle de la marcha de los acontecimientos dado el volumen y la publicidad que alcanzaron muy prontamente. Lo mismo hizo Mons. Beitia tras su toma de posesión como Obispo de la diócesis en 1962.

Cuatro notas publicaron dichos Prelados entre 1961 y 1965, coincidentes las cuatro en sus elementos fundamentales. De ellas destacan dos proposiciones:

a) que en el supuesto mensaje, que se dice comunicado por la Santsima Virgen, no hay nada contra el dogma y la moral.

b) que ello, no obstante, no constaba que los fenómenos acaecidos en San Sebastián de Garabandal pudieran presentarse ni ser tenidos con fundamento serio como sobrenaturales, pues tenían una explicación natural.

Confirmación de Ottavianni a la conclusión del obispo Mons. Puchol 

Mons. Puchol sucedió a Mons. Beitia en el Obispado de Santander en agosto de 1965. Tras un largo estudio de todo el problema, cerró el expediente sabre las citadas supuestas apariciones de la Santisima Virgen con una nota publicada el 17 de marzo de 1967. Todo el expediente y el texto de la nota fueron enviados a la S. Congregación el 27 de octubre de 1966. El Card. Ottaviani acusó recibo de toda la documentación con carta del 7 de marzo de 1967, en que decía: La S. Congregación examinó atenta y cuidadosamente todos los documentos, y otros venidos de distinta procedencia, Y POR FIN LLEGÓ A LA CONCLUSIÓN DE QUE LA CUESTIÓN HA SIDO YA DISCUTIDA Y DEFINIDA POR S. E., POR LO CUAL NO HAY RAZON PARA QUE ESTA S. CONGREGACIÓN PROCEDA EN ESTE ASUNTO (Carta del 7-111-67). La nota de Mons. Puchol (1) pasaba no consta de la sobrenaturalidad de sus predecesores al consta de la no sobrenaturalidad, pues decía textualmente:

“NO HA EXISTIDO NINGUNA APARICIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, NI DEL ARCÁNGEL SAN MIGUEL, NI DE NINGÚN OTRO PERSONAJE CELESTIAL; NO HA HABIDO NINGÚN MENSAJE; TODOS LOS HECHOS ACAECIDOS EN DICHA LOCALIDAD TIENEN EXPLICACIÓN NATURAL.”

Al tomar posesión un servidor de la diócesis de Santander, vacante por fallecimiento de Mons. Puchol, los adictos a las apariciones citadas hicieron pública, incluso en escritos varios, su esperanza de que al cambiar de obispo traería una actitud diferente de la Jerarquía. Por eso, tras estudiar el amplio expediente y vista el sólido fundamento del juicio de mi predecesor, de venerable memoria, reafirmo su posición con una nota publicada por mi Secretaria de Cámara y Gobierno, el 9 de octubre de 1968.

La Santa Sede y Garabandal.

Dicho que los defensores de la veracidad de las apariciones en cuestión apelan a la Santa Sede contra el juicio firme de los obispos de Santander, y aún alegan una discrepancia de Roma con la Curia Santanderina en este punto.

Claro es que tal alegación es falsa. El Obispado de Santander, como queda dicho, tuvo siempre perfectamente informada a la Santa Sede sobre este problema. Un servidor mismo ha estado dos veces en Roma – en enero de 1969 y en febrero de este ano de 1970- tratando del asunto en la Sagrada Congregacion para la Doctrina de la Fe, en la Secretaría de Estado de Su Santidad, y con el propio Santo Padre; y en 1969 se cruzaron cartas entre el Card. Seper y un servidor con fechas de 31 de enero y 10 de marzo.

En consecuencia puedo y debo comunicar lo que sigue:

a) tanto Mons. Puchol como yo mismo rogamos en su día a la S. Congregación que estudiara si procedía reservarse el juicio sabre el problema de las supuestas apariciones de San Sebastián de Garabandal, habida cuenta de la agitación de sus adictos en distintos lugares del mundo, al paso que el tema no tiene especial interés en la diócesis de Santander.

b) la S. Congregación, como me dice el Card. Seper en su carta del 10 de marzo de 1969, ha estudiado el problema mas de una vez, y de nuevo con ocasión de su carta (se refiere a la mía del 31-1-69); y piensa que al no existir nuevos elementos, no hay ninguna razón para que la S. Congregación para la Doctrina de la Fe interfiera ahora directamente en el problema, porque, como V. E. sabe muy bien, esta S. Congregación no ha querido sustituir hasta hoy a la autoridad a la que pertenece en primer lugar el examen y el juicio en esta clase de cuestiones, ni ha querido poner sus manos en el problema.

c) Lo único que ha hecho dicho Dicasterio -sigue diciendo el Card. Seper en la misma carta -ha sido alabar la prudencia y la solicitud pastoral de esa curia (de Santander), sin dar nunca juicio con la autoridad de la Santa Sede.

e) de palabra y por escrito se me ha dicho en la S. Congregación que el motivo por el que la S. Congregación no quiere dar ningún juicio es porque, de decidirse a hacerlo, tendría que reservarse la causa retirando al obispo de Santander la autoridad que Ie compete en esta materia, porque, como me dice el propio Card. Seper en la carta citada, no se puede olvidar que si la S. Congregacion para la Doctrina de la Fe ve las cosas con su propia autoridad, todas ellas quedan reservadas y son discutidas en su seno, lo que en el caso presente se ha pensado que no debe hacerse.

f) de aquí que la S. Congregación no quiere que se diga que ella ha declarado nada en este problema, y par esto Mons. Philippe replicó en La Documentation Catholique del 15 de febrero de 1970 a la noticia de que la S. Congregación había dado una nota sabre el tema el 10 de mayo de 1969, según el mismo me declaró a mí personalmente en nuestra conversación del 24 de febrero de este mismo año. La nota en cuestión fue una respuesta dada en la S. Congregacion, pero no por la S. Congregación, a una consulta llegada a Roma desde Norteamérica.

e) los adictos a las dichas apariciones, suelen atreverse incluso en libros y artículos a alegar cierta supuesta complacencia del Papa Pablo VI por ellas. Apelan para ello al argumento risible, si no fuera triste, de presentar unas bendiciones dadas en Roma a unos o a otros para concederles indulgencia plenaria “in articulo mortis”, en cuyo texto preparado, como se sabe, par unos amanuenses dedicados a ello, habían puesto el nombre del solicitante con la advertencia de pertenecer a la Legion de Garabandal, base sobre la cual se han llegado a publicar estampas diciendo que el Papa había bendecido las apariciones de S. Sebastián de Garabandal en la data de una de esas citadas bendiciones. Pero afirman además dichos adictos a estas apariciones que el propio Papa había expresado personalmente su afección a las mismas. Debidamente informado, puedo manifestar a los Hermanos con firme certeza que ninguna de estas alegaciones tiene fundamento, porque el Santo Padre esta identificado en su todo con su S. Congregacion y deja el juicio del problema en manos del Obispo de Santander, a quien toca, mientras no se haga una reserva de la Santa Sede, que expresamente se niega, segun queda dicho antes.

Prohibición de todo culto fundado en las pretendidas apariciones.

PARA TERMINAR, DEBO COMUNICARLES QUE EN LA DIÓCESIS DE SANTANDER, COMO CONSECUENCIA DE CUANTO QUEDA DICHO, ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDA TODA MANIFESTACIÓN DE PIEDAD QUE SE FUNDAMENTE EN LAS SUPUESTAS APARICIONES DE SAN SEBASTIÁN DE GARABANDAL, PROHIBICIÓN QUE CONCULCAN QUIENES ALLÍ LLEGAN EN PEREGRINACIONES, COMO LOS QUE, CONTRADICIENDO ORDEN EXPRESA DEL OBISPADO, ERIGIERON UNA CAPILLA EN HONOR DE SAN MIGUEL EN DICHO LUGAR. DE OTRO LADO ESTA PROHIBIDO A TODOS LOS SACERDOTES, DIOCESANOS O EXTRADIOCESANOS, EL SUBIR AL CITADO PUEBLO SIN PERMISO ESPECIAL, CONDICIONANDO A ELLO EL USO DE LAS LICENCIAS MINISTERIALES EN TODA LA DIÓCESIS. ELLO NO OBSTANTE, HAY SACERDOTES PEREGRINOS QUE LLEGAN DE VARIOS LUGARES DEL MUNDO, QUE CELEBRAN ALLÍ LA EUCARISTÍA EN EL CAMPO O EN CASAS PARTICULARES CONTRAVINIENDO LAS DISPOSICIONES EPISCOPALES.

Por lo que se refiere a la prohibición de las manifestaciones de piedad citadas, la S. Congregación desea igualmente que se mantenga en todas partes, de acuerdo con lo dispuesto par el obispo de Santander, como dice el Card. Seper con las siguientes palabras terminantes:

El decreto dado par la autoridad del Ordinaria Diocesano, a quien corresponde par derecho, debe ser también argumento suficiente para todos los Ordinarios del Lugar, a fin de apartar a sus fieles de las peregrinaciones y ejercicios de piedad, que se fundamenten en las citadas supuestas apariciones y comunicaciones. (Carta del Card. Seper del 10 de marzo de 1969).

Quiera el Señor que esta comunicación sirva para aclarar todo el estado de la cuestión en este enojoso problema de las pretendidas apariciones de la Santísima Virgen en San Sebastián de Garabandal, cortando brotes de falsas piedades y de actitudes contrarias a lo dispuesto por la Jerarquía, al paso que conseguimos crecer siempre en una auténtica piedad filial hacia nuestra Madre amantísima, la Virgen María, con una verdadera devoción que, come dice el Concilio, -no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio, ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, y nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la limitación de sus virtudes.

 (L. G. 67).

Jose María, Obispo de Santander

Santander, 25 de abril de 1970

(1)  NOTA OFICIAL DE MONS. PUCHOL:

SAN SEBASTIAN DE GARABANDAL.

NOTA OFICIAL.

En los días 30 de agosto, 2, 7 y 27 de setiembre y 11 de octubre de 1966, Nos mismo, acompañado del Sr. Vicario General, del Provisor del Obispado y del Párroco de San Sebastián de Garabandal, y a petición de las interesadas, hecha al referido Párroco, hemos procedido a tomar declaracián a Conchita González González, Mari Loli Mazón González, Jacinta González González y Mari Cruz Gonzalez Madrazo, sabre los hechos acaecidos en San Sebastián de Garabandal, a partir del día 18 de junio de 1961.

De las declaraciones de las interesadas resulta:

1) Que no ha existido ninguna aparición, ni de la Santísima Virgen, ni del Arcángel San Miguel, ni de ningún otro personaje celestial.

2) Que no ha habido ningún mensaje.

3) Que todos los hechos acaecidos en dicha localidad tienen explicación natural.

Al dar la presente Nota no podemos menos de felicitar al Clero y fieles de la diócesis de Santander, que en todo momento y con filial obediencia han seguido las indicaciones de la Jerarquía. Lamentamos que este ejemplo no haya sido seguido por otras personas que han sembrado con su imprudente conducta la confusión y la desconfianza hacia la Jerarquía, impidiendo con una tremenda presión social que lo que había comenzado como un inocente juego de niñas pudieran desvanecerlo SUS mismas autoras.

Una vez más es bueno recordar que los verdaderos mensajes del cielo nos vienen a través de las palabras del Evangelio, de los Papas y Concilios y del Magisterio Ordinaria de la Iglesia.

Santander, 17 de marzo de 1967.

VICENTE, Obispo de Santander.

(Del Boletín O. del Obispado, enero-marzo 1967, p. 35).

(2) CARTA DEL CARDENAL OTTAVIANI, PREFECTO DE LA S. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE AL OBISPO DE SANTANDER.

Roma, 7 marzo 1967.

Excmo. y Rvdmo. Señor:

Par carta del mes de Octubre del pasado año V. E. hizo llegar a esta Sagrada Congregación los documentos redactados par la Comisión diocesana, así como las normas dadas par V. E. acerca de las apariciones que se decía habían tenido lugar en GARABANDAL.

Esta Sagrada Congregación ha examinado cuidadosa y atentamente toda la documentación, incluso la que ha sido enviada desde otros lugares, y finalmente ha llegado a la conclusión de que esta cuestión había sido ya examinada minuciosamente y decidida par V. E. y que par tanto no hay razón para que esta Sagrada Congregación intervenga en ella.

Mas aun, doy las gracias a V. E. par la discreción y prudencia que ha mostrado en la resolución de este asunto y aprovecho gustoso la ocasión para expresar a V. E. mi gran estima y manifestarme

de V. E. Rvdma. afectisimo

A. Card. Ottaviani

Pro-Prefecto

San Bernardo, voz de la Europa Cristiana: “es una afrenta a Cristo, un vástago judío en el Trono de San Pedro”

marzo 21, 2017

Los hebreos Ratzinger-Tauber y Montini-Alghisi (y las extrañas cruces)

  Cuando San Bernardo de Claraval tuvo noticias de los infaustos acontecimientos ocurridos en Roma, tomó una resolución que muchos se resisten a tomar, o sea, la de dejar la vida apacible y tranquila del Convento, para lanzarse a una lucha dura, llena de incomodidades, sufrimientos y peligros, que además a todos se antojaba perdida, ya que el supuesto Papa cripto-judío dominaba por completo la situación con su oro y con el apoyo que seguía recibiendo, mientras que INOCENCIO II, abandonado y fugitivo, excomulgado por ANACLETO, parecía tenerlo todo perdido, debilitado todavía más sus pretensiones una elección que, según el decir de teólogos e historiadores eclesiásticos de peso, no era muy canónica.

   Sin embargo San Bernardo tomó en sus manos la causa ya casi liquidada, sólo porque tenía la convicción de que era la buena, de que la Santa Iglesia no podía en tal forma caer en las garras de su peor enemigo: el Judaísmo.

  Prescindiendo del problema de que la mayoría de 23 Cardenales había votado por Anacleto en contra de seis que votaron por INOCENCIO y haciendo caso omiso de la forma en que había sido electo éste, consideró la cuestión desde el punto de vista en que debía considerarse. En carta dirigida al Emperador LOTARIO de Alemania, decía entre otras cosas:

“Es una afrenta para Cristo que “un vástago judío ocupe el Trono de San Pedro”. Con ello ponía el Santo Doctor de la Iglesia el dedo en la llaga y diagnosticaba la situación en toda su gravedad, pues no podía ser posible en realidad, que un judío, enemigo de la Santa Iglesia, fuera papa. Decía también en dicha carta al Emperador que: “la reputación de Anacleto era baja e incluso entre sus amigos, mientras que INOCENCIO estaba al abrigo de toda sospecha”.

El antipapado de los hebreos cabalistas

  En 1963, tras la muerte de Angelo Roncalli/Juan 23º muy pocos, fuera de los jerarcas  de la Logia Vaticana, se imaginaban que el cripto-judío Batista Montini Alghisi, sería electo. Descendiente de rabinos, hijo de una hebrea recién bautizada, ordenado sin haber cursado completo el canónico seminario, consagrado obispo por el modernista Tisserant  (ante la negativa de Pío XII, se afirma que por enfermedad), alejado del Vaticano tras el oscuro episodio del caso Tondi (agente de la Sinagoga que siendo empleado de Montini transmitió nombres y ubicación de los eclesiásticos que trabajaban en secreto tras el Muro de Berlín). Recién elevado a cardenal por Roncalli, sería electo por la mayoría modernista, infiltrada en el Cónclave.

  Muchos años después de su elección, se conoció realmente su ascendencia hebrea, por su madre “conversa” Judith Alghisi, miembro de una familia de terroristas hebreos de Brescia, comunistas, protegidos del cabalista “cardenal” Rampolla. Igualmente su padre Giorgio Montini, legislador de la modernista Democracia Cristiana y descendiente de familia rabínica.

Pablo VI (Montini Alghisi) con el amuleto de sumo sacerdote hebreo

  Cuando a la muerte de Montini Alghisi en 1978 se eligió al enigmático Karol Wojtyla como Juan Pablo 2º, parte del orbe católico se esperanzó en que al fin el nuevo pontífice regresaría a la Iglesia por la senda de la ortodoxia, de la sana doctrina cristiana y de la milenaria tradición apostólica.

  De inmediato se vio la realidad y luego de las reformas al Código de Derecho Canónico en 1983 en favor de la masonería, del gran impulso al modernismo, del primer aquelarre de Asís en 1986; el enigma acera de quién era realmente Wojtyla despareció y se reveló la filiación hebreo-cabalista del modernista pontífice. Finalmente se reveló su ascendencia materna (Emilia Katczarowa Schulze), cuidadosamente reservada por la Logia Vaticana. Wojtyla provenía de una simiente hebrea de varias generaciones por el lado materno.

  A su muerte, otro personaje hebreo arribó al antipapado, el cabalista Joseph Alois Ratzinger Peintner (Tauber), conocido como Benedicto XVI, descendiente de un antiquísimo linaje israelita en el cual se incluyen una docena de rabinos, líderes de la realeza negra del la región de Moravia y Praga, entre quienes figuran el mítico mago luciferino, el Maharal, Judá Ben Bezalel, cuya tribu y Gran Rabinato conserva desde hace siglos la misión de controlar a la Iglesia.

La perfidia hebrea y el odio a la Iglesia

ENTENDER L«CUESTIÓN JUDÍA»

 Cuando el pueblo hebreo rechazó y asesinó al Mesías, fue adoptado por Satanás y convertido en su instrumento de lucha contra el Redentor y la Iglesia fundada por Él.

  Durante siglos, los hebreos hilaron su manto secreto para ir penetrando en las altas esferas de la jerarquía eclesiástica, pero por la actuación de decididos cristianos, su proyecto se iba deteniendo. Es famosa la narración bíblica de Simón el Mago, quien con su oro quiso comprar los poderes apostólicos a San Pedro y sus hermanos obispos.

  En ocasiones, los hebreos lograron infiltrar a sus hijos y posicionarlos como sacerdotes (por ejemplo Arrio) y hasta como obispos (Pablo de Santa María, obispo de Burgos). Pero el caso más grave en toda la historia antes del siglo XX fue la del criptojudío Pedro Pierleoni.

  Antes de la llegada de Pierleoni, la elección de un papa había provocado, con harta frecuencia, verdaderos dramas. El decreto del año 1059 se propuso resolver el problema reservando esa tarea sólo a los cardenales. La sucesión de Honorio II vino a demostrar, sin embargo, que la cuestión no se había arreglado todavía.

  Cuando Honorio yacía en su lecho de muerte, Pierleone pudo contar con los votos de 23 de los cardenales, respaldados por el apoyo del populacho mercenario y por todas las familias nobles romanas, excepto los Corsi y los Frangipani. La pars senior del Sacro Colegio eran solo 16, dirigidos por el enérgico canciller Haymaric y el cardenal obispo de Ostia. Los squadronisti, como se les habría llamado después, resolvieron rescatar el papado de manos indignas con un coup d’état (golpe de estado). Aunque en una minoría sin esperanza. Para asegurarse la libertad de acción, trasladaron al enfermo pontífice del Lateranense a San Gregorio, cerca de las torres de los Frangipani.

  Honorio murió la noche del 13 de febrero, lo enterraron precipitadamente a la mañana siguiente, y obligaron a un reacio cardenal de San Jorge, Gregorio Papareschi, bajo amenaza de excomunión, a que aceptara el manto pontifical. Tomó el nombre de Inocencio II. Más tarde ese mismo día el partido de Pierleone se reunió en la iglesia de San Marcos y lo proclamaron Papa con la más estricta sujeción a la normativa vigente., el cual tomó el nombre de Anacleto II. Ambos fueron consagrados el mismo día 23 de febrero, Anacleto en la Sede de San Pedro e Inocencio en Santa María Nuova.

Anacleto II (Pedro Pierleoni)

Anacleto II con mayoría y en la sede, pero…

  Por ser descendiente de judíos Voltaire le llamó irónicamente “el Papa Judío”. Anacleto II (Pedro Pierleoni) tuvo que enfrentarse a la oposición.

  Según la Enciclopedia Judaica Castellana, un antecesor de Anacleto II, de nombre Baruch, a mediados del siglo undécimo se había enriquecido durante las luchas entre la nobleza romana  y el papado otorgando préstamos a ambos bandos. Su ambición lo llevó a abrazar el cristianismo tomando el nombre de Benedicto (…).

  Baruch / Benedicto se casó con una dama perteneciente a la aristocracia de Roma. Su hijo León de Benedicto obtuvo un importante rango en la corte papal tras haber ganado el conflicto contra el partido imperial.

  El hijo de León y nieto de Benedicto, Petrus Leonis, del que tomarían el apellido sus descendientes, se dedicó personalmente a formar a su hijo (del mismo nombre) para que se convirtiera en sacerdote (y Papa). Vivió para verle usar el capelo cardenalicio.  Sin embargo, Pierleoni no se convertiría en pontífice hasta después de la muerte de su ambicioso padre.

  Después de terminar su educación en París, se hizo monje en el monasterio de Cluny, pero enseguida el Papa Pascual II lo llamó a Roma y lo creó cardenal-diácono de los Santos Cosme y Damián. Acompañó al Papa Gelasio en su huida a Francia y fue empleado por sucesivos pontífices en asuntos importantes, incluyendo legaciones a Francia e Inglaterra. Si podemos creerle a sus enemigos, deshonró tan alto oficio por su crasa inmoralidad y por su avaricia en acumular riquezas. Sea cual sea la exageración que pueda haber en estas como en otras acusaciones, no puede haber duda de que estaba determinado a comprar o conseguir por la fuerza la silla papal.

Inocencio II y Rogerio de Sicilia

Su Oponente- Inocencio II

 Pierleoni fue electo papa como Anacleto II en 1130, por una facción mayoritaria de Roma, mientras que la otra facción eligió a Inocencio II.

  Al subir al pontificado, Pierleoni recibió gran apoyo en Roma y se quedó con la Sede Papal, mientras que Inocencio II fue apoyado por los Concilios de Reims y Pisa,  y por la mayoría del clero católico fuera de Roma -el cual, al parecer, no podía perdonar su ascendencia judía- asimismo fue acumulando el apoyo de la realeza Europea, con las excepciones de Rogelio de Sicilia, cuñado de Pierleoni, y el Duque de Aquitania.

  El Emperador de Alemania Lotario II vagaba en la indecisión, Anacleto mantuvo hasta el final su autoridad en la capital gracias a la liberalidad y magnanimidad de la población romana. La oposición a Anacleto se basó en la oposición de Bernardo de Claraval, quien fue el más celoso defensor de Inocencio II en Francia, y quien en una vehemente carta dirigida a Lotario, declaró la verdad que prevalecía:

Es una afrenta para Cristo que un vástago judío ocupe el Trono de San Pedro”.

San Bernardo somete el duque de Aquitania

Anacleto II acusado de hebraísmo y simonía

  Además del calificativo de “pontífice judío”, los antagonistas de Anacleto difundieron las más vergonzosas acusaciones, lo acusaron del robo sistemático de capillas e iglesias – otorgando el botín a los judíos para que acrecentarán sus propiedades-.

  En resumen, el consenso general le veía no solamente como un mal hombre, sino peor: como un judío.  Y fue un hecho que los judíos estuvieron del lado de Anacleto durante el cisma que duró hasta su muerte en el año de 1138.

  En Roma se adoptó una política de obediencia hacia Anacleto con el interés de conservar la seguridad sin cuestionar su soberanía. A pesar de todo, Bernardo de Claraval, con su infatigable celo y elocuencia, como los gobernantes de Francia y Alemania, quienes ganaron la causa de Inocencio, y los habitantes de Roma, por lo general contrarios a los judíos, condenaron su persecución y opresión repetidamente. Y así lo reconocen los propios hebreos.

  No obstante, en cuanto a Anacleto, su relación ancestral con los judíos sirvió sin duda, para acrecentar los problemas en el cisma, ya que ofrecen a sus antagonistas un motivo adicional. Es muy probable que se tenga un vago recuerdo histórico de Anacleto – su origen judío, su lucha eclesiástica, su actitud amistosa hacia los judíos- sin embargo, con el tiempo, se daría forma a la leyenda mítica medieval, muy extendida en relación al Papa judío. (1)

  En 1137, Lotario, que por fin había derrotado a los insurgentes Hohenstaufens, volvió a Italia a la cabeza de un ejército formidable; pero como el propósito principal de su expedición era castigar a Roger, se le encomendó la conquista de Roma a las labores misioneras de San Bernardo. La elocuencia del santo fue más efectiva que las armas imperiales. Cuando Anacleto murió, la preferencia de los romanos por Inocencio fue tan pronunciada que el antipapa Víctor IV, que había sido elegido como su sucesor, pronto se hizo penitente ante San Bernardo y fue llevado por él a los pies del Papa. Así terminó, tras un período de ocho años, un cisma que amenazó con serios desastres a la Iglesia.

 

(1) Güdemann,Gesch. des Erziehungswesens und der Cultur der Juden in Italien, pp.76et seq.;VogelsteinandRieger,Gesch. d. Juden in Rom,i. 214et seq., and index;compareZöpffel,Die Doppelwahl des Jahres 1130, Göttingen,1871;Göttinger Gelehrte Anzeigen,1876, pp.257, 304;Gregorovius,Gesch.

Fuente: Loughlin, James. “Anacletus II.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <http://www.newadvent.org/cathen/01447a.htm>.

Para Raúl Miguel de Sursum Corda

marzo 21, 2017

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Visto el texto de Gustavo Daniel Corbi, publicado por Raúl Miguel en su blog Sursum Corda, Foro Católico presenta a continuación una serie de razonamientos con el propósito de encontrar la verdad acerca del indigno texto. Y solicita a Raúl Miguel reproducir nuestra respuesta.

INSIDIA: Engaño oculto o disimulado para perjudicar a alguien. Sinónimo: acechanza. San Miguel Arcángel, líbranos de la acechanzas del demonio. 

En el blog de Raúl Miguel leemos:

1° “CONSAGRACIÓN”    C I S M Á T I C A   de su CONSAGRADOR   C A R M O N A:

Las fechas son inequívocas y no dejan lugar a argucias rabínicas:

17-10-81: Thuc hace “obispo” a Carmona.

25-2-82:  Thuc proclama la sedevacancia, pero contradictoriamente,   porque en otros documentos posteriores a esta fecha, se sigue denominando “arzobispo titular de BULLA REGIA”, es decir, reconociendo a PABLO VI, que lo desposeyó en 1978 del arzobispado de HUÉ.

Es decir: THUC, cuando  “consagra” a Carmona, estaba “UNA CUM” con el hereje, apóstata, idólatra y perjuro WOJTYLA, el “disc-jockey” Juan Pablo II, gurú de la secta conciliar.     Por consiguente: CARMONA fue “consagrado” por un “obispo”  de la secta conciliar herética, ya que THUC estaba en ese momento EN COMUNIÓN con el antipapa Wojtyla.

Respuesta de Foro Católico: miente Corbi, Montini desposeyó a Monseñor Thuc en 1968, no en 1978. No hay adhesión a Wojtyla, sino rechazo y combate. ¿Cisma de qué o por qué?

De inicio y aunque le pese a Corbi y a los lefebvrianos, Monseñor Ngo Dinh Thuc no tiene una sola sombra de duda de su propia consagración episcopal, recibida de los obispos católicos Drapier, Dumortier y Ho Ngoc Cân el 4 de mayo de 1938. Consagración que tanto lefebrvianos, como dimonianos y conciliares dan por válida y lícita.

Tampoco se puede ser cismático si desde los años setentas se desconoció al antipapa Pablo VI como legítimo y por ende se rechazó estar “una cum” con el heresiarca. Ni qué decir de el sucesor Juan Pablo II… Hasta Corbi y los lefebvrianos saben que Monseñor Thuc se retiró lejos de la secta conciliar y su líder una década o más antes de 1982. Incluso el propio Corbi señala que a monseñor Thuc fue “desposeído” como obispo titular de  Hué en 1978. Pero fue en 1968.  ¿Corbi no sabe sumar ni restar o miente abiertamente?… ¿Y Raúl Miguel?.

Thuc-Roch-Dinn

Reunión de monseñor Thuc en Acapulco (1982).

2° “CONSAGRACIÓN”     H E R É T I C A:

Todas las “consagraciones” thucistas, al carecer de la MISSIO CANONICA, son heréticas, por ir  CONTRA  UN  DOGMA  DE  FE  DIVINA  Y  CATÓLICA,               solemnemente  D E F I N I D O   en TRENTO:

+”Si alguno dijere que los obispos (…) que no han sido LEGÍTIMAMENTE ordenados     y      ENVIADOS    (“missi”) POR LA POTESTAD ECLESIÁSTICA Y CANÓNICA sino que proceden  DE OTRA PARTE, son LEGÍTIMOS ministros de la palabra y de los SACRAMENTOS, SEA ANATEMA”. (D.967)

+ “[Esos obispos] deben ser tenidos  NO POR MINISTROS DE LA IGLESIA, sino por  “ladrones y salteadores que ”NO HAN ENTRADO POR LA PUERTA” (Jo.10,1)”.   (D.960)

O sea: la necesidad de la MISSIO CANONICA es un  D O G M A  de fe divina y católica. Un obispo SIN misión canónica  es un MERCENARIO, porque ha sido consagrado CONTRA un DOGMA CATÓLICO.

Y contra un dogma de fe  NO HAY EPIQUEYA ni “ESTADO DE NECESIDAD”  lefebvrista que valgan.

SAÚL invocaba “ante litteram” el seudo–“estado de necesidad” lefebvrista: “NECESSITATE compulsus, obtuli holocaustum” (1 Sam. 13,12).

Pero SAMUEL  anatematizó para siempre, “per saecula saeculorum”, esta excusa lefebvrista de invocar una seudo–“necesidad” para INFRINGIR LA SANTA LEY DE DIOS, cuando le respondió a Saúl:

+“Stulte egisti, nec custodisti mandata Domini Dei tui, quae praecipit tibi”(1  Sam. 13,13).

+ “Quare ergo non audisti vocem Domini…?”(1 Sam.15,19).

+ “Et ait SAMUEL: Numquid vult Dominus holocausta et victimas, et NON POTIUS UT          OBOEDIATUR VOCI DOMINI?  MELIOR enim est  OBOEDIENTIA QUAM VICTIMAE”

(1 Sam. 15, 22).

Respuesta de Foro Católico: se contradice Corbi, si hubiera adhesión a Wojtyla (una cum), ¿Cómo sería contrario a su missio canonica?. Corbi igualmente desconoce u oculta la historia del interregno prolongado en el siglo XIII, además tergiversa el sentido de los cánones.

Primero Corbi no explica cómo se puede ser fiel a la MISSIO CANONICA sin haber papa, Monseñor Thuc vivió ¡un periodo ocho veces más prolongado que el interregno entre la muerte de Clemente IV y la elección de Gregorio X!. 

En aquella crisis de tres años (entre 1268 y 1271) y “con el fin de que los sacerdotes y fieles no quedasen sin pastores, se eligieron y consagraron obispos para llenar las sedes vacantes. En este tiempo hubo veintiún elecciones y consagraciones en varios países”. 

Se explica claramente en Il Nuovo Osservatore Cattolico de Stephano Filiberto, quien posee un doctorado en historia eclesiástica:

Lo más importante de este precedente histórico es que todas estas consagraciones episcopales fueron ratificadas por el papa Gregorio X, y, por consiguiente, afirmó su licitud.

He aquí algunos obispos consagrados durante la vacancia de la Sede Apostólica:

  1. en Avranches (Francia): Radulfus de Thieville, en noviembre de 1269;

    en Aleria (Córcega): Nicolaus Forteguerra, en 1270;

  2. en Antivari (Epiro, noroeste de Grecia): Caspar Adam, O.P., en 1270;

  3. en Auxerre (Francia): Erardus de Lesinnes, en enero de 1271;

  4. en Cagli (Italia): Jacobus, el 8 de septiembre de 1270;

  5. en Le Mans (Francia): Geoffridus d’Asse, en 1270;

  6. en Cefalu (Sicilia): Petrus Taurs, en 1269;

  7. en Cervia (Italia): Theodoricus Borgognoni, O.P., en 1270.

Corbi mutila y altera los cánones de la Iglesia. Trento, refiriéndose a los sacerdotes -no a los obispos como mal intencionadamente acota para tratar de hacer ver culpable a Monseñor Thuc-   confirma en el Canon VII del Sacamento del Orden que:

“quien afirme que los que no han sido debidamente ordenados, ni enviados por potestad eclesiástica, ni canónica, sino que vienen de otra parte, son ministros legítimos de la predicación y Sacramentos; sea excomulgado”.

Esta norma es aplicable a los sacerdotes de las sectas y cismáticos, pero no es aplicable a los católicos, como en el caso del citado interregno de 1268 a 1271 .

Además, en la historia de la Santa Iglesia Primitiva y durante la época Patrística, era común que un obispo consagrara a otro sin permiso del Papa, particularmente en aquellos casos de comunidades alejadas de Roma. Así se narra de San Atanasio el Grande, San Ambrosio, San Agustín, y San Juan Crisóstomo quienes “fueron consagrados en obispos sin ser preconizados de los papas”. (Colección de dispensas matrimoniales y otros puntos de disciplina esclesiástica, Juan Antonio Llorente) 

Providencialmene, Monseñor Thuc, como algunos obispos misioneros, recibió extraordinarios poderes patriarcales del papa Pío XI el 15 de marzo de 1938. Por medio de estas facultades, podía consagrar legítimamente obispos sin el usual mandato de Roma. El papa Pío XII renovó estas facultades el 8 de diciembre de 1939 y nunca fueron rescindidas. En virtud de ese mandato, Monseñor Thuc podía consagrar obispos sin aprobación de su caso particular. Igualmente sucedió con obispos misioneros en África y Oceanía. Incluso los lefebrvianos afirman que Marcel Lefebvre poseía esos poderes cuando fue misionero en África.

3° “CONSAGRACIÓN” DUDOSAMENTE   V Á L I D A:

Por una serie de argumentos teológicos, expuestos longe lateque por el abbé ZINS  en  “Sub Tuum Praesidium” y por el P. Clarence KELLY en “The Bulletin”, las “consagraciones” episcopales de Thuc son altamente dudosas.

Existe una duda OBJETIVA, PRUDENTE Y POSITIVA sobre las “consagraciones” clandestinas de THUC, POR DOS RAZONES:

+por la notoria FALTA  DE  PRUEBA   documental  y   testimonial  que   requiere       la

Iglesia;

+y por los interrogantes sobre EL ESTADO MENTAL DE THUC, que en la época de la  “consagración” de Carmona tenía 84 años y 11 días (n. 6-10-1897).

Ahora bien, todos los teólogos moralistas enseñan UNÁNIMEMENTE, que se debe ser TUCIORISTA, es decir, que es obligatorio seguir siempre la sentencia MÁS SEGURA, entre otros casos, en:

1)el uso de los medios necesarios para salvarse (D. 1154 y 1171)

y

2) en lo referente a LA VALIDEZ DE LOS SACRAMENTOS (D.1151).

(cfr.ROYO MARÍN: “Teología moral para seglares”, BAC, 1964, t.1, p.153)

El que no sigue el camino MÁS SEGURO en materia de SACRAMENTOS, comete un pecado MORTAL de SACRILEGIO contra la religión, y a veces además, contra la caridad y la justicia.

Por consiguiento, TODO CATÓLICO está obligado a seguir el viejo efato:

PAPA DUBIUS, PAPA NULLUS; EPISCOPUS DUBIUS, EPISCOPUS NULLUS;

SACERDOS DUBIUS, SACERDOS NULLUS.

O sea que, en la práctica, las “consagraciones” thucistas, al ser dudosas, son INVÁLIDAS.

Y ante todos estos “obispos” cafeínicos – es decir, “instantáneos”-,  ya sean lefevbristas, thucistas o guérardianos, como en realidad son seudo-obispos (San Pío X dixit) u “obispos Tamagotchis”, por ser simples laicos o por ser “dudosos”, la conducta a seguir por todo católico celoso de su Santa Fe, es absolutamente clara: EL RECHAZO TOTAL.

Respuesta de Foro Católico: se contradice Corbi al llamar Padre al lefebrviano Clarence Kelly, quien en forma insidiosa calumnia a Monseñor Thuc. Es falsa la ausencia de pruebas documentales de las consagraciones de Monseñor Thuc. Igualmente es una burda insidia poner en duda la sanidad mental de un prelado y decir que más tarde estaba en plenitud de facultades.

¿Cómo pasa Corbi de “dudosa” a “absolutamente nula” respecto a la misma consagración si no es por malicia manifiesta?

Y ¿cómo Corbi se basa en el “Padre Kelly” , a quien él mismo no considera siquiera sacerdote por haber sido ordenado por Lefebvre?.

La “notoria falta de prueba documental” fue plenamente desmontada con las fotografías y testimonios canónicos de los doctores Heller y Hiller en las consagraciones de  los monseñores Des Lauriers, Carmona y Zamora. Además existen los testimonios de otras personas prudentes y de los mismos asistentes.

Thuc, Carmona y Zamora

Obispos Zamora, Carmona y Thuc en la consagración del 17 de octubre de 1981.

Thuc-Germ-Pont

Consagración episcopal de Monseñor Des Lauriers.

De forma similar, el acusador Corbi pone en duda la mente sana de Monseñor Thuc tan solo por su edad (84 años en 1981) pero reconoce que meses más tarde el mismo obispo redactó una declaración contra la sede usurpada por el cabalista Wojtyla (declaración de Munich de febbrero 25 de 1982). ¿Cómo se recuperó entonces la mente del obispo vietnamita?.

Si Monseñor Thuc realmente no hubiese aportado pruebas ni testimonios de las consagraciones, efectivamente la Neo Iglesia Conciliar no hubiese excomulgado al obispo vietnamita por consagrar obispos sin permiso del (anti)Papa, y el neo cardenal Pío Laghi tampoco hubiese expresado en nombre de la Vaticueva de herejes que las dichas consagraciones eran válidas “pero ilícitas” para la Neo Iglesia:

LEER LA NOTIFICACIÓN
POR LA QUE SE DECLARAN DE NUEVO LAS PENAS CANÓNICAS
EN LAS QUE HAN INCURRIDO LOS OBISPOS
QUE ORDENARON ILÍCITAMENTE OTROS OBISPOS

Continúa Corbi:

 4° “CONSAGRACIÓN” DE UN NO-CATÓLICO, MIEMBRO DE UNA    S  E  C  T  A:

  1. LA SECTA   DE    S  P  O  K  A  N  E (SMRI; Monte San Miguel) El fundador de  Spokane, el ex-seminarista de 1er año (!!!) Francis Konrad Schuckardt, fue “ordenado” y ”consagrado” el 31 de octubre y 1° de noviembre de 1971 por el apóstata Daniel Q. BROWN, de la “Iglesia Viejo-Católica Romana Norteamericana”.
  1. SCHUCKARDT, a través de una línea ininterrumpida de seudo-obispos cismáticos ( BROWN; ROGERS, CARFORA, DE LANDES-BERGHES), recibe sus “órdenes” del apóstata y cismático MATHEW.
  1. El sacerdote apóstata y “seudo-obispo” (San Pío X dixit) Arnold Harris  M A T H E W, fue a causa de sus “crímenes sacrílegos” condenado como “CISMÁTICO” y ”excomulgado y anatematizado” “nominatim” (nominalmente) y como “VITANDO” (que debe ser evitado) por SAN PÍO X (carta “Gravi Iamdiu Scandalo”, del 11-2-1911, AAS, III, 1911, pp. 53-54).
  1. MATHEW había sido hecho “obispo viejo-católico” de Inglaterra en 1908, por G U L, “arzobispo” de la secta jansenista de Utrecht, cisma que se remonta hasta 1718:  ¡280 años!
  1. Por consiguiente, los seudo-obispos de la línea de MATHEW descienden A LA VEZ de la “Iglesia” jansenista de Utrecht  y de los “Viejos Católicos”.
  1. Las “órdenes”  de la secta de Spokane no tienen, pues, un origen católico-romano apostólico, sino CISMÁTICO, ¡desde hace más de 280 años! ¿Quién puede asegurar que           EN 280 AÑOS estos cismáticos visceralmente ANTICATÓLICOS, NO HAN MODIFICADO EL RITO, haciendo por consiguiente INVÁLIDAS sus “consagraciones”???
  1. Por ello, además de CISMÁTICAS, estas “consagraciones” son altamente DUDOSAS: la prueba está en que muchos de estos seudo-obisposDUDABAN ELLOS MISMOS de sus consagraciones, y así, por ejemplo:

+BROWN le pidió a Lefebvre que lo reconsagrara;

+BROTHERS, que en 1962 se hizo reconsagrar en la Iglesia Ortodoxa Rusa, había sido         hecho “obispo” en 1916 por  DE LANDES-BERGHES, quien al mismo tiempo “consagró” a CARFORA. Y Carfora a ROGERS, Rogers a BROWN, Brown a SCHUCKARDT …

  1. SCHUCKARDT aparece, hacia 1978, como el “PAPA ADRIANO VII”, habiendo sido supuestamente coronado por la Virgen de Guadalupe en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma…
  1. Los sucesores de SCHUCKARDT en SPOKANE fueron sucesivamente Denis CHICOINE (1984-1989) y Mark PIVARUNAS (1989-1991).
  1. P   I   V   A   R   U   N   A   S:

Antes, durante y después de su “consagración” en 1991, PIVARUNAS era, es y sigue siendo miembro conspicuo de la secta de SPOKANE.

Del propio curriculum de PIVARUNAS  –“ordenado” por Musey el 27-6-1985 y “consagrado”    por Carmona el 24-9-91-   se desprende que:

+ fue miembro de la secta cismática de SPOKANE desde 1974;

+ fue rector del seminario de la secta entre 1985 y 1989;

+ fue el superior general de la secta fundada por Schuckardt, y su sucesor, desde    agosto de 1989 hasta setiembre de 1991: dos años y un mes.

+  fue durante DIEZ AÑOS (1974-1984) súbdito de SCHUCKARDT, el antipapa Adriano  VII;

+ sigue siendo,como “obispo”, un miembro protector de la secta cismática de SPOKANE.

Respuesta de Foro Católico: se contradice nuevamente Corbi al señalar primero que Monseñor Pivarunas es descendiente sacramental de los “Vetero-católicos”, pero enseguida reconoce que realmente no es así, al afirmar que fue ordenado por el obispo católico George Musey y consagrado por el obispo católico Moisés Carmona. Igualmente confunde sucesos de Idaho con Spokane y oculta la verdad de Schuckardt.

Por nada del mundo el insidioso Corbi escribe la verdad de Francis Konrad Schuckardt, quien se vio inclinado a aceptar la extravagancia de una ordenación sacramental de un supuesto obispo “vetero-católico” que se “habría reconciliado con la Iglesia Católica” y abjurado de sus errores.

Nunca en todo este embrollo de argumentos falsos, Corbi señala que Schuckardt jamás estuvo de acuerdo con los veteros, ni aceptó sus errores, por lo cual no quiso recibir las órdenes de Brown hasta que éste se separó de los cismáticos, recibió la absolución e hizo una profesión de Fe y abjuración de los errores y cismas de los sectarios “viejocatólicos”. 

Pero ni aún bajo esta realidad, Mark Anthony Pivarunas estuvo sometido en ningún punto a los errores de los veteros, y luego de su ingreso a la CMRI en 1974, estuvo como religioso hasta 1985, cuando fue ordenado por un obispo auténtico (Monseñor George Musey, quien había sido consagrado por Monseñor Moisés Carmona).

Y finaliza Corbi a manera de conclusión (con premisas falsas como ya se ha demostrado):

5° “CONSAGRACIÓN”    CON    COMMUNICATIO   IN SACRIS:

La “communicatio in sacris” (comunión en las cosas sagradas) con los herejes y cismáticos es un pecado MORTAL, prohibido por LEY  D I V I N A  y representa de hecho una APOSTASÍA:

+ “Semper est graviter prohibita. Nam (…) est saltem IMPLICITA APROBATIO CULTUS FALSI …”. Regatillo-Zalba (Theol.Mor. I, n.816).

+ “La communicatio in sacris (…) equivale alla PROFESSIONE DI UNA FALSA RELIGIONE e per conseguenza AL RINNEGAMENTO DELLA FEDE CATTOLICA”.

Enciclopedia Cattolica ( sub voce “Comm. in sacris”).

+ Los que comunican in sacris, además de cometer un pecado mortal, se hacen SOSPECHOSOS DE HEREJÏA  (canon 2316).

PIVARUNAS no puede, por consiguiente, escapar a los   anatemas que la Santa Iglesia Católica lanza contra los que se hacen ordenar o consagrar por  ministros CISMÁTICOS.

Participar en sus oficios es cometer el horrible sacrilegio de la “communicatio in sacris” y hacerse culpable del pecado mortal de cisma.

En efecto, todos los Santos Padres nos aseguran que quien se une a un cismático en las cosas sagradas (misa; sacramentos) PARTICIPA DE SU CISMA, SE SEPARA DE LA IGLESIA y compromete su salvación eterna.

Son los modernos SUICIDAS ESPIRITUALES: con el pretexto de no perder hipotéticamente su alma por la falta de sacramentos, LA PIERDEN DE HECHO por la recepción ILÍCITA DE SACRAMENTOS DE MANOS DE CISMÁTICOS.

Porque no es lícito procurarse un bien –la gracia– por un MEDIO PECAMINOSO: la complicidad y la “communicatio in sacris” con los CISMÄTICOS.

LA FIDELIDAD A LA FE ES MÁS IMPORTANTE QUE LA RECEPCIÓN DE LOS SACRAMENTOS.

B  I  B  L  I  O  G  R  A  F  Í  A

Conviene leer y releer la sucinta bibliografía siguiente, ya que no se puede hablar de una cuestión sin haberla ESTUDIADO.

Se supone que todas estas publicaciones mencionadas deben hallarse en un autodenominado “seminario” sedevacantista. Porque el alma de un seminario es su biblioteca, y un seminario sin biblioteca es más bien, como decía el P.CASTELLANI, un “semi-asnario”.

“La ciencia sin la caridad hincharía. LA CARIDAD SIN LA CIENCIA INDUCIRÍA A ERROR”.  San Bernardo (cit. in Grosez, “Santoral”, 14 de julio).

Pese a su brevedad, la BIBLIOGRAFÍA elencada demuestra, con documentos, hechos y pruebas, en forma lógica, y según los principios de la teología católica, la RADICAL              NO-CATOLICIDAD DE LOS DENOMINADOS “OBISPOS THUCISTAS”.

I.Sobre THUC Y LA ILICITUD E INVALIDEZ DE SUS CONSAGRACIONES:

+Gorostiaga: “Roma” n° 110, octubre 1989, pp. 1-12.

+P.Kelly :       “Firmes en la Fe” n° 2, invierno 1994, 26 pp.

+Britons Catholic Library: “ What All Catholics Must Know…”, Letter n° 9, October 1992,  pp.5-11.

  1. Sobre      S P O K A N E:

+Britons Catholic Library: “A Second Catalogue of Poisonous Priests”, Supplement to Letter n° 4, July, 1985, pp. 54-61.

+Abbé Zins: “Collusions des guérardo-thucistes avec des sectes” (“Sub Tuum Praesidium” n° 31-32, Octobre 1992, 87 pp.)

III.Sobre la “COMMUNICATIO IN SACRIS” y EL SUQUISMO (Johas-Gorostiaga):

+ Abbé Zins: “Un homérique Don Quichotte brésilien”

(“Sub Tuum Praesidium” n° 33-35, avril, mai, août 1993, 204 pp.)

+ G.D.Corbi: “Un tomista que no sabe leer a Santo Tomás”, dic.1992, 22 pp.

+ G.D.Corbi: “El gran deshonesto. El falsario HP vs. Noldin, SJ”, julio 1994, 18 pp.

C O N C L U S I Ó N

Ante los hechos y pruebas que toda esta documentación nos presenta, la ACTITUD CIENTÍFICA es:

–          o refutarlos, si se puede;

–          o SOMETERSE A ELLOS.

Es decir: si están equivocados, se los refuta. Pero si son verdaderos, hay que someter nuestra inteligencia a la VERDAD PRESENTADA. Porque, para poder obrar CON CONCIENCIA CIERTA, primero hay que refutar; si se puede, los argumentos y pruebas QUE HEMOS PRESENTADO, y QUE HASTA AHORA NO HAN SIDO REFUTADOS.

Porque los HECHOS tienen una manía: SON TESTARUDOS. Siguen proclamando SU EVIDENCIA. LA EVIDENCIA DE LA VERDAD.

Gustavo Daniel  C  O  R  B  I

                                                                Buenos Aires, 16-2-98

Respuesta de Foro Católico: cúmulo de claras contradicciones de Corbi, da consejos basado en el hereje depuesto y condenado Leonardo Castellani, culpable de promover al milenarista Lacunza.

Por los primeros cuatro puntos expuestos insidiosamente por Corbi, no representa dificultad concluir que sus afirmaciones son insidias, cuyo objeto no es más que el de sembrar desconfianza e incertidumbre basado en injustas mentiras y evidentes contradicciones que lo manifiestan como malintencionado. 

17 de marzo. San Patricio, Apóstol de Irlanda

marzo 17, 2017
San Patricio, flagelo de hechiceros druidas y amoroso padre de los primeros cristianos irlandeses.

San Patricio, flagelo de hechiceros druidas y amoroso padre de los primeros cristianos irlandeses.

“Enviaré heraldos de mi palabra a  Grecia, Italia y hasta en las islas más remotas, a los que no han oído hablar de mí y nunca han visto mi gloria.”
Isaías. LXVI, 19.

“Yo soy Patrick, un pecador, muy pocos instruido y el menor de todos los fieles y muy despreciado por muchos.”
“Y yo caminaba con  la fuerza de Dios que dirige mi camino”
Confesión de San Patricio.

Sigue texto del Año Cristiano del P. Juan Croisset, S.J.

San Patricio, apóstol de Irlanda, nació en Escocia en el territorio de la ciudad de Aclud, hoy Dumbrinton, hacia el año 377 del nacimiento de Cristo. Llamábase su padre Calfurnio, y su madre Conquesa, pariente de San Martin, arzobispo de Tours, los cuales le criaron con tanta piedad, y le educaron tan desde luego en los principios de la religión, así con su doctrina como con sus ejemplos, que el niño Patricio en nada hallaba gusto sino en la oración.

A los diez y seis años de su edad le secuestraron unos salteadores de caminos, irlandeses, juntamente con una hermana suya llamada Lupita, y le llevaron cautivo á Irlanda. Vendiéronle á un ciudadano, y en los cinco ó seis años que duró su cautiverio aprendió la lengua y las costumbres del país.

Por las muchas visiones que tuvo en este tiempo, conoció que le llamaba Dios á trabajar en la conversión de los pueblos de Irlanda, y desde luego hizo ánimo de dedicarse á ella. Después de mil vicisitudes que se le presentaron, fue ordenado de sacerdote por el obispo de Pisa, quien le aconsejó que se fuese á echar á los pies del papa Celestino I, para recibir de su mano el destino de aquella misión. Recibióle el Pontífice con mucha benignidad, alabó su celo, aprobó su ánimo; pero, como acababa de enviar á San Paladio á aquel país, le pareció conveniente suspender la ejecución, y así le mandó que esperase.

Volvió por Auxerre el nuevo apóstol, y, recibiendo allí las saludables instrucciones que le dio San Germán para desempeñar felizmente su misión, pasó á Irlanda el año 432. Las milagrosas conversiones que hizo desde luego en el país de Cambra y Cornuaille le determinaron á entrarse en la provincia de Lagenia, donde San Paladio no había hecho fruto alguno. Apenas predicó en ella la fe, cuando tuvo el consuelo de ver convertidas en menos de un año más de las dos terceras partes de la provincia.

Aumentándose la mies, fue preciso que se aumentasen los obreros. Jamás ha habido nación que mostrase mayor ardor por abrazar la fe de Jesucristo. Apenas se dejaba Patricio ver en alguna ciudad ó en algún pueblo, cuando los mismos gentiles se daban prisa á echar por tierra los templos que ellos mismos habían levantado, compitiéndose á porfía en hacer pedazos los ídolos.

Leogar, el príncipe más poderoso del país, y el más encaprichado en las supersticiones paganas, empleó todas sus fuerzas y se valió de todos los artificios de los magos para detener los rápidos progresos de la fe, y para poner límites á las victorias que nuestro Santo conseguía cada día del paganismo; pero todos sus artificios no sirvieron más que para hacer más floreciente la religión cristiana, y más célebre el nombre de San Patricio. Un numeroso ejército de gentiles, que venía á echarse sobre los cristianos congregados por el Santo en una espaciosa llanura, fue enteramente disipado por los truenos y por los rayos que cayeron sobre él, estando el cielo muy sereno. Deshizo todos los embustes y prestigios de los hechiceros; obedecían á su voz los vientos y las tempestades; desvanecíanse las dolencias en haciendo sobre los enfermos la señal de la cruz, y sus discípulos gozaban el mismo don: para Patricio no había cosa secreta; y hasta la misma muerte soltaba la presa á la voz de su oración.

Pero, creciendo cada día inmensamente el número de los fieles, era menester proveer de nuevos pastores al nuevo rebaño; lo que obligó al Santo á hacer otro viaje á Roma el año 444. Recibióle el gran pontífice San León como lo merecía un apóstol.

Vuelto á Irlanda con la recluta de nuevos operarios, los distribuyó en las provincias de Langenia, de Media, de Connacia, de Momonia, y ordenó gran número de obispos para las nuevas diócesis de Laghlin, de Fernes, de Douna, de Kilmor, de Gallovay, de Limerik, de Media, de Cashel, de Toam, de Wateford, y, volviendo á Ultonia, levantó la célebre iglesia de Armagh, erigiéndola en Silla metropolitana y primada de toda Irlanda. Pasó después á las islas adyacentes, y todas las conquistó para Jesucristo. Hizo cuarto viaje á Roma para obtener de la Silla Apostólica la confirmación y distribución de los obispos que había erigido, los títulos y privilegios de las iglesias como los había arreglado, y á su vuelta de este viaje celebró en Armagh el primer Concilio.

Apenas fuera creíble que nuestro Santo pudiese obrar tantas maravillas, ó no rendirse al peso de tantos trabajos, si no se supiera que para los hombres apostólicos están reservadas gracias muy particulares y auxilios muy extraordinarios. Pero lo que se hace más inverosímil, siendo con todo eso muy verdadero, es que tantas y tan portentosas fatigas no bastaron á saciar el ardiente deseo que tenía de padecer por Jesucristo, ni pudieron satisfacer la amorosa ansia que tenía por la penitencia.

Traía siempre un áspero cilicio, ayunaba rigurosamente todo el año, hacía á pie todos los viajes; y, aunque oprimido de la solicitud pastoral y del gobierno de todas las iglesias de Irlanda, todos los días rezaba el Salterio entero con más de doscientas oraciones, y se postraba trescientas veces cada día para adorar á Dios, haciendo cien veces la señal de la cruz en cada hora canónica. Tenía distribuida la noche en tres tiempos diferentes. El primero le empleaba en rezar cien salmos y en hacer doscientas genuflexiones. El segundo le ocupaba en rezar cincuenta salmos metido en un estanque de agua helada hasta la garganta, y lo restante estaba destinado para tomar un poco de reposo sobre una dura piedra. Estos fueron los principales medios de que se valió San Patricio para ganar á Jesucristo tantos pueblos, y para convertir los pecadores y los idólatras.

Pero no sólo convirtió á la fe á aquellos pueblos, sino que también los cultivó, los pulió, los civilizó. Halló Patricio en aquella isla unos pueblos tan necios y tan groseros, que apenas sabían hablar, y ninguno de ellos sabía escribir; el Santo los enseñó, los industrió, y en poco tiempo los hizo capaces de aprender, no solamente las más bellas artes, sino también las más elevadas ciencias.

En fin, colmado de merecimientos, respetado aun de los mismos gentiles, y lleno de alegría, viendo el floreciente estado en que dejaba en Irlanda el Reino de Jesucristo, á los ochenta y cuatro años de su edad (aunque algunos historiadores le dan ciento treinta), pasó á recibir en el Cielo la corona de sus trabajos el año 460 ó 461. Murió en su monasterio de Saball, habiendo edificado trescientas sesenta y cinco iglesias, consagrado otros tantos obispos en los veinticinco ó treinta años que él lo fue, y ordenado casi tres mil presbíteros. Fue sepultado en la iglesia de la ciudad de Douna, donde fue honrado de los pueblos que concurrían en tropas á venerar su sepulcro, haciéndole muy célebre el Señor con innumerables milagros; hasta que en tiempo de Enrique VIII, rey de Inglaterra, fue destruida la iglesia de Douna por Leonardo Grey, marqués de Dorset y virrey de Irlanda, el cual pagó el delito de su sacrilegio sobre un cadalso, en que le cortaron la cabeza el año 1541.

La Misa en honra de San Patricio, la oración es la que sigue:

¡Oh Dios, que te dignaste enviar al bienaventurado Patricio, tu confesor y pontífice, para que anunciase tu gloria á los gentiles! Concédenos que con tu gracia, y por su intercesión y merecimientos, cumplamos fielmente todo lo que Tú nos mandas. Por Nuestro Señor Jesucristo, etc.

La Epístola es del cap. 44y 45 de la Sabiduría.

REFLEXIONES

Ves aquí un gran sacerdote. Ni los grandes títulos, ni las gruesas rentas forman los grandes prelados. La grandeza de los ministros de Jesucristo tiene origen más noble y nace de otros principios. Agradó á Dios mientras vivió; fue justo, y ninguno observó con mayor exactitud la ley del Altísimo. Esta es la base, éste el cimiento de la verdadera grandeza; agradar á Dios sin interrupción; cumplir dignamente todas las obligaciones de la justicia; obedecer con la más exacta fidelidad los preceptos del Altísimo. Busca otros títulos, ni más completos, ni más antiguos, de una nobleza más sólida y más real. Esta es la única nobleza que pasa en la otra vida. Ostentoso aparato de títulos y de grandes nombres, puestos elevados, dignidades eminentes, vosotros brilláis, no hay duda. Pero ¿cómo? Como relámpagos fugitivos, que apenas lucen cuando desaparecen. La muerte pone de nivel á todos los hombres. Todo se entierra con nosotros, menos la santidad. Las más bellas prendas de cuerpo y alma sin virtud, son nombres vacíos; las que sólo se fundan en fortuna estruendosa y rentas crecidas, son poco respetables; muchas veces sólo sirven de hacer más visible la pobreza de la persona. Sola la virtud vale más que todos los títulos; y ¿qué son todos los títulos sin la virtud?

El Evangelio es del cap. 25 de San Mateo.

En aquel tiempo dijo Jesús á sus discípulos esta parábola: Un hombre que debía ir muy lejos de su país, llamó á sus criados y les entregó sus bienes. Y á uno dio cinco talentos, á otro dos, y á otro uno, á cada cual según sus fuerzas, y se partió al punto. Fue, pues, el que había recibido los cinco talentos á comerciar con ellos, y ganó otros cinco; igualmente, el que había recibido dos, ganó otros dos; pero el que había recibido uno hizo un hoyo en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Mas después de mucho tiempo vino el señor de aquellos criados, les tomó cuentas, y, llegando el que había recibido cinco talentos, le ofreció otros cinco, diciendo:

Señorcinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco que he ganado. Díjole su señor: Bien está, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, te daré el cuidado de lo mucho; entra en el gozo de tu señor. Llegó también el que había recibido dos talentos, y dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos más que he granjeado. Díjole su señor: Bien está, siervo bueno y fiel; porque has sido fiel en lo poco, te daré el cuidado de lo mucho; entra en el gozo de tu señor.

MEDITACIÓN

De los medios que tenemos para salvarnos.

Punto pkimero.—Considera que uno de los más crueles, de los más desesperados tormentos de los condenados, es la viva y eterna memoria, es la clara, la menuda representación de los medios fáciles y seguros que tuvieron para salvarse. ¡Pude ser santo, Dios lo quería, pero á mí no me dio gana de serlo! Comprende bien toda la fuerza de esta reflexión; pero considera también todo el acíbar de su amargura.

No hay ni una sola criatura que, mirada en sí misma, no nos presente, no nos sirva de medio para conocer á Dios y para amarle; si alguna nos sirve de estorbo, es precisamente porque nosotros abusamos de ella. Los bienes y males de esta vida, hasta los mismos trabajos de que se vale Dios para castigar nuestras culpas, todo puede servir para nuestra salvación.

Las riquezas son como la moneda con que se compra el Cielo por medio de las limosnas; la pobreza es carta de recomendación para salvarnos. Las honras y la prosperidad pueden ofrecer grandes ocasiones para hacer grandes sacrificios; las desgracias y las adversidades abren el camino real para la gloria. Si la salud es don de Dios, no lo es menos la enfermedad; padecer mucho por Dios, aun es de mayor mérito que hacer mucho por El. Si el ingenio es un talento, la simplicidad es una virtud; porque Dios tiene gusto especial en comunicarse á las almas simples y sencillas.

En una palabra, se puede decir que no hay cosa que no se pueda mirar como talento. Hasta de nuestras mismas faltas, una vez cometidas, se puede y se debe sacar mucho provecho. No hay mayor enemigo de nuestra salvación que el demonio; y, con todo eso, sus mismos artificios, sus mismas tentaciones pueden conducir para conseguirla. ¡Qué abundancia de medios, qué multitud de tantas industrias! Todas las cosas, dice el Apóstol, cooperan al mayor bien de los que aman á Dios.

Punto segundo.—Considera que, además de los medios comunes á todos los cristianos, cada cual encuentra en su propio estado y en su misma condición medios particulares para ser santo. Ha dispuesto de tal manera todas las cosas la Divina Providencia y tiene arregladas todas las condiciones con tal economía, que todos son caminos derechos para llegar con seguridad á nuestro último fin.

No hay que envidiar ni el retiro de los unos ni la tranquilidad de los otros; cada uno de nosotros, dentro de su propio estado, puede coger los mismos frutos, ó, á lo menos, otros equivalentes y tan buenos. No seamos siervos inútiles ni obreros ociosos; y pocas tierras habrá que no puedan rendir ciento por uno, pocos talentos que no puedan duplicarse y multiplicarse, como se sepa emplearlos y manejarlos bien.

No hay estado, no hay condición en el mundo, no hay edad en la vida, de la cual no haya habido grandes santos; y estos santos de nuestra misma edad y de nuestro mismo estado no fueron á buscar otros medios para serlo que aquellos que nos ofrece á nosotros nueatro estado y nuestra edad. Y aun nosotros tenemos más medios que ellos; porque al fin logramos el de los buenos ejemplos que ellos mismos nos dejaron. ¡Será posible, Dios mío, que todas las cosas me prediquen y me faciliten mi salvación, y que al mismo tiempo todas ellas me reprendan mi irresolución y aun mi insensibilidad!

JACULATORIAS

Ya no viviré, Señor, sino para emplearme en tus alabanzas; por­que hallo mi fuerza y mi socorro en todo lo que has hecho por mí.— Ps. 118.

Siempre estás cerca de mi, y todos los estados de la vida pueden ser caminos seguros que me conduzcan á Ti.—Ps. 118.

PROPÓSITOS

1. Todos los  estados son otros tantos caminos diferentes que, según el orden de la Divina Providencia, nos guían á nuestro último fin. Es tentación imaginar que se viviría mejor en otro estado que en el que cada uno profesa. Pernicioso error ocupar el pensamiento en lo que se haría en otra profesión y no pensar en cumplir con las obligaciones de aquella en que se está. Pocos artificios hay que le salgan mejor al enemigo de nuestra salvación que el de esta engañosa inquietud. Por ahora sólo te quiere Dios en el estado de vida en que te hallas; conque sólo has de pensar en desempeñar bien sus obligaciones. Desprecia como ilusión perniciosísima todas esas inconstancias del corazón y del ánimo que consume inútilmente el alma con vanos arrepentimientos y con frívolos deseos, una vez que ya abrazaste un estado. Aplícate únicamente á dar el debido lleno á sus obligaciones, examinando hoy en particular cuáles son éstas, y cuáles son también aquellas en que tú te descuidaste más.

2. Es devoción utilísima la de rezar todas las mañanas alguna oración particular, pidiendo á Dios gracia para cumplir con las obligaciones del estado de cada uno; y es admirable para este efecto la oración siguiente, que decía Santo Tomás:

«Oh Dios lleno de misericordia, dame gracia para que examine diligentemente, conozca verdaderamente, desee ardientemente y cumpla perfectamente todo lo que á Ti te agrada, y que todo sea para mayor honra y gloria tuya. Dispón todas las cosas en el estado en que me has puesto, y dame á conocer aquello que quieres que yo haga, ayudándome á cumplirlo como conviene para el mayor bien de mi alma. Concédeme, Dios y Señor mío, que ni las prosperidades me envanezcan, ni las adversidades me acobarden, y que ni unas ni otras me atropellen, no alegrándome sino de lo que me acerca á Ti, no entristeciéndome sino de lo que de Ti me aparta, no permitas que aspire á complacer, ni que tema desagradar á otro que á Ti sólo. Sean despreciables para mí todas las cosas caducas, y solamente las ame todas por Ti; pero á Ti sobre todas. Cáuseme tedio toda alegría que sea sin Ti, y fuera de Ti nada apetezca. Finalmente, Dios y Señor mío, concédeme que de tal manera me aproveche en esta vida de tus beneficios por tu gracia, que merezca gozar en la Patria celestial las delicias de la gloria. Por Nuestro Señor Jesucristo…

Prepara Bergoglio entrada de casados al neo-sacerdocio

marzo 15, 2017

“Debemos tener en cuenta si ‘viri probati’ podría ser una posibilidad”

(Transcrito de Emol) 

ROMA.- El (anti)Papa Francisco afirmó que está abierto a que los hombres casados se conviertan en sacerdotes para combatir la escasez de clero de la Iglesia Católica Romana.

Según consigna CNN, en una entrevista con el periódico alemán Die Zeit, el (anti)Papa dijo que la falta de sacerdotes era un “enorme problema” para la Iglesia católica, indicando que estaría abierto a un cambio en las reglas que rigen la elegibilidad para el sacerdocio.

“Debemos tener en cuenta si ‘viri probati’ podría ser una posibilidad”, enfatizó. “Si es así, tendríamos que determinar qué funciones se podrían llevar a cabo, por ejemplo, en comunidades remotas”. “Viri probati” es el término latino proveniente del Concilio Vaticano II, al cual el derecho canónico de la iglesia católica se refiere a los hombres casados, de vida cristiana madura y contrastada, a los que, de modo extraordinario, se admite la ordenación sacerdotal (como diáconos, presbíteros u obispos).

La opción permitiría a los hombres que ya están casados a ser ordenados como sacerdotes. Pero a los solteros que ya forman parte del clero no se les permitiría casarse. “Celibato voluntario no es una solución”, dijo. Una medida ya utilizada La Iglesia Católica ya permite excepcionalmente a algunos hombres casados a ser ordenados sacerdotes.

Estos son los protestantes que se convierten al catolicismo, los cuales pueden casarse y ser un religioso católico, siempre que tengan el permiso de sus esposas. Asimismo, las iglesias católicas orientales que están en comunión con la Iglesia Católica Romana también pueden mantener su tradición de sacerdotes casados.

El Vaticano cree que sus religiosos no deben casarse de acuerdo a ciertos pasajes de la Biblia, y porque creen que el sacerdote actúa “in persona Christi” (en la persona de Cristo) y por lo tanto debe ser célibe, como el hijo de Dios. Esta enseñanza fue reafirmada por “San” Juan Pablo II y Benedicto XVI. El (anti)Papa Francisco, en su libro “El cielo y la tierra”, dijo que “por el momento, estoy a favor de mantener el celibato con los pros y los contras que tiene, ya que ha sido diez siglos de buenas experiencias con más frecuencia de la insuficiencia”.

La infalibilidad del Papa, divina promesa de salvaguarda contra el error doctrinal (III)

marzo 14, 2017
Papa Pío XII, Eugenio Pacelli

Papa Pío XII, Eugenio Pacelli

ESTUDIO DE LA INFALIBILIDAD SEGÚN LAS ENCÍCLICAS PONTIFICAS EN SU INTRODUCCIÓN DOGMÁTICA

(Segunda parte) (ver aquí la primera parte)

Este escrito se tomó de la Colección Completa de Encíclicas Pontificias 1830-1950 Tomo I. Preparada por las Facultades de Filosofía y Teología de San Miguel (Rep. Argentina) Editorial Guadalupe- Buenos Aires, 1952.

EL OBJETO DEL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO

El objeto del Magisterio Eclesiástico no es proponer nuevas doctrinas o nuevas revelaciones, sino defender y exponer el depósito de la fe, es decir, las verdades reveladas por Dios a los Apóstoles y por ellos trasmitidas a toda la Iglesia, tanto en la Sagrada Escritura, como en la Tradición oral. Realmente Cristo al enviar a los Apóstoles con la misión de enseñar a las naciones, les había encomendado que enseñaran todo lo El les había dicho; y al prometerles el Espíritu Santo había afirmado que Este les enseñaría todas la verdades. Por tanto el objeto del Magisterio de la Iglesia es todo lo que Jesús enseñó a los Apóstoles, por sí o por el Espíritu Santo: a la muerte del último Apóstol la revelación pública quedaba ya cerrada, el depósito de la fe ya estaba completo.

Es este depósito el que San Pablo entrega a Timoteo, como los otros Apóstoles a sus sucesores, recomendándoles que evitaran todas nuevas doctrinas y que fundaran toda su predicación sobre los cimientos de los Apóstoles y Profetas.

Y desde el principio la preocupación constante de la Iglesia fue mantenerse fiel a esta consignación apostólica, considerando como falsa toda innovación en materia de fe.

Por lo tanto, las revelaciones hechas por Dios después de los Apóstoles, no pertenecen al depósito de la fe; tienen un carácter estrictamente particular.

En gran parte lo que consideran las encíclicas pontificias, son las verdades contenidas en la revelación pública. Hay verdades que son por si mismas objeto de la revelación, y hay verdades que sólo accidentalmente son reveladas, como las circunstancias de tiempo y de lugar, ciertos datos históricos, genealógicos, etc. Hay también verdades formalmente reveladas, es decir, que se encuentran en términos explícitos o implícitos en las fuentes de la revelación, que son la Sagrada Escritura y la Tradición. Y hay verdades virtualmente reveladas que no se encuentran ellas mismas en las fuentes de la revelación, pero que se deducen inmediatamente de otra verdad formalmente revelada. No debemos confundirlas con las verdades implícitamente reveladas, las cuales, aunque a veces necesiten de un raciocinio expositorio para hacerlas resaltar en el texto revelado, tienen por premisas verdades explícitamente reveladas.

Al determinar el objeto del Magisterio Eclesiástico, se debe distinguir un objeto directo y primario, y un objeto indirecto y secundario.

El objeto primario y directo está constituido por todas aquellas verdades formalmente reveladas en términos explícitos o implícitos, que son por sí mismas objeto de la revelación, porque son necesarias a la salvación o con ella estrictamente ligadas. Pues es exactamente éste el fin que tuvo Cristo al instituir el magisterio de la Iglesia.

El objeto secundario e indirecto es no solamente lo formalmente revelado, que accidentalmente y por concomitancia se encuentra en las fuentes de la revelación, sino también todo lo virtualmente revelado y todo lo que sea necesario para custodiar, explicar y definir las verdades directamente contenidas en el depósito de la fe. Realmente si la Iglesia no fuera infalible también al definir lo que constituye el objeto secundario de su Magisterio, no podría cumplir la misión que le confió su Divino Fundador de enseñar a todos los pueblos la verdad y guiarlos a la salvación. Por eso la Iglesia, consciente del sentido y de alcance de su misión, así lo entendió y lo cumplió desde sus primeros siglos de existencia, no solamente determinado el Canon de los libros inspirados o definiendo los dogmas y condenando las herejías, sino también defendiéndola espiritualidad e inmortalidad del alma, la unión substancial del alma y del cuerpo, y otras verdades naturales, pero íntimamente conexas con la revelación.

CONCLUSIONES TEOLÓGICAS Y HECHOS DOGMÁTICOS

Dentro de lo que constituye el objeto secundario del magisterio Pontificio, merecen especialmente nuestra atención las conclusiones teológicas y los hechos dogmáticos.

Conclusiones teológicas son aquellas verdades que arriba llamamos virtualmente reveladas; es decir, son conclusiones lógicas de un raciocinio en que una de las premisas es formalmente revelada y la otra es naturalmente conocida. Una proposición así deducida se llama teológicamente cierta, y su contradictoria, errónea. Si  ella misma es definida por el Magisterio Eclesiástico, se dirá que es de fe eclesiástica, terminología que después se explicará.

Hecho dogmático es todo hecho totalmente ligado al dogma que sea necesario para conocer, defender o explicar el mismo dogma. Puede ser un hecho histórico, como la legítima elección de un Papa, o la convocación de un concilio. Puede ser un hecho doctrinal, como el sentido de algún libro relativo a la fe o a las costumbres. Puede ser, por fin, un hecho que algunos llaman hagiográfico, es decir, relativo a la canonización de algún santo.

Que la Iglesia se infalible relativamente a los hechos que se llaman históricos se deduce de todo lo que se ha visto sobre el Magisterio Eclesiástico, pues de nada valdría saber en abstracto que la Iglesia es infalible, si fuera posible dudar de la legitimidad de los Concilios y de las elecciones pontificias.

Cuando se dice que el magisterio de la Iglesia pertenece juzgar el sentido de algún libro, se habla del sentido obvio que las palabras tienen según el uso corriente, y no del sentido puramente subjetivo del autor. El juicio del Magisterio podrá decidir si tal doctrina defendida es conforme o no a la fe, y si realmente tal doctrina está contenida o no en el libro en cuestión. Así lo hizo la Iglesia con el “Augustinus” de Jansenio. Pues si la potestad de la Iglesia no llegará hasta eso, le sería a ella imposible defender al pueblo cristiano de los ataques del error, divulgado por tales libros.

También en las canonizaciones, según el sentir común y cierto de los teólogos, la Iglesia es infalible. En las Canonizaciones se proponen al pueblo cristiano de todo el orbe los ejemplos de un siervo de Dios, al cual se le tributa un culto público y oficial. También en eso no puede errar la Iglesia, sin arrastrar al error y al pecado el rebaño de Cristo.

Por eso Cristo Nuestro Señor ha dicho que estaría con Pedro y con su Iglesia hasta el fin de los siglos, y Cristo no puede estar con error.

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EN MATERIA DE COSTUMBRES Y DE DISCIPLINA ECLESIÁSTICA

Lo que hasta ahora se a tratado se refiere más expresamente a la fe. pero la Iglesia es infalible, no solamente con respecto a la fe, sino también a lo que se relaciona con las costumbres de todo el pueblo cristiano, al que debe conducir al puerto de salvación. Evidentemente, en este punto, como sucede en las cuestiones dogmáticas, sólo cuando se dirigen a la Iglesia Universal goza de plena infalibilidad el Magisterio eclesiástico, en el sentido que esas enseñanzas o leyes eclesiásticas nunca podrán contener nada contrario a la fe y a las  buenas costumbres. Si la Iglesia mandara algo contrario a la fe y a las buenas costumbres, erraría en su misión de guía del pueblo cristiano, dejaría de ser santa y en vez de llevar las almas a la salvación, las conduciría a la perdición eterna. Pero todo eso contradice a las divinas promesas de Cristo respecto de su Iglesia. pues, la asistencia que el Divino Maestro prometió a sus Apóstoles, no se refiere sólo a la interpretación dogmática de la revelación, sino también a su interpretación práctica y correcta que se realiza exactamente por medio de las leyes eclesiásticas. Ese ha sido siempre el sentir de la Iglesia, revelado tanto en la convicción del pueblo cristiano, como en la enseñanza, no solamente de los Padres y Teólogos, sino también de los Concilios y de los Romanos Pontífices.

En el campo de las costumbres y leyes eclesiásticas podemos incluir la solemne aprobación de las órdenes religiosas. En esas aprobaciones la Iglesia recomienda las constituciones de una determinada orden religiosa como camino seguro para adquirir la perfección cristiana. Hay aprobaciones solemnes y aprobaciones no solemnes o comendaticias, en que solamente se hablaba de determinado instituto religioso. Solamente  en la aprobación  solemne es infalible la Iglesia, pues solamente entonces habla con toda la plenitud de potestad.

LAS CONGREGACIONES ROMANAS

En el gobierno de la Universal Iglesia, el Sumo Pontífice es ayudado por las Congregaciones Romanas, organismos formados por un grupo de Cardenales asistidos por cierto número de Oficiales de la Curia Romana. Los decretos de estas Congregaciones tienen mayor o menor valor, según sean aprobados por el Sumo Pontífice en forma solemne o en forma común.

En el primer caso, es decir, si reciben aprobación solemne, los decretos de la Congregaciones son promulgadas a nombre del mismo Pontífice, que los hace suyos; pueden por lo tanto ser infalibles, si se verifican las otras condiciones de la infalibilidad.

La aprobación en forma solemne se reconoce fácilmente por las cláusulas usadas: “Ex motu propio, ex certa scientia…, de Apostolicae auctoritatis plenitudine declaramus, statuimus…”

Pero si la aprobación es indicada por “Facto verbo cum Sanctissimo”, o “Ex audientia Sanctissimi”,  es que se trata de una aprobación en forma común. En tal caso el Pontífice no hace suyo el decreto de la Congregación, y a pesar del valor moral y jurídico que le da tal aprobación pontificia, el decreto queda acto propio de la Congragación; en tal manera que sí por algún vicio de forma o de fondo, el decreto fuera nulo, la confirmación pontificia no lo hará válido.

Evidentemente los decretos aprobados es esa forma no pueden ser infalibles: la infalibilidad es un carisma personal del Papa, que él no puede comunicar a otros. Puesto que el decreto es de la Congregación y no del Papa, no podrá ser infalible.

Un ejemplo célebre de decretos aprobados en forma ordinaria son los decretos de la Congragación del Índice contra Galileo.

Todo eso no quiere decir que tales documentos no tengan valor; aunque no infalibles, son declaraciones autenticas del Magisterio supremo de la Iglesia de Cristo. Por tales decretos una determinada doctrina o costumbre  es declarada segura o no segura, es decir, conforme o no conforme a la fe y a las buenas costumbres. Y por lo mismo hecho de tal declaración, la doctrina en cuestión viene a ser segura o no segura.

OTROS DOCUMENTOS PONTIFICIOS

Además de las definiciones ex cathedra, hay otros documentos pontificios que son actos personales del Papa, pero que no gozan del privilegio de la infalibilidad, puesto que, o no se dirigen a toda la cristiandad, o en ellos el Romano Pontífice no habla con toda la plenitud de su potestad suprema.

Estos documentos pontificios se distinguen en varias especies según su forma y contenido.

Ocupan el primer lugar las llamadas Constituciones Apostólicas. Son leyes eclesiásticas promulgadas por el Romano Pontífice algo permanente para toda la Cristiandad o para una parte de ella;  difieren de los Estatutos en que, o no son permanentes, o se dirigen a personas particulares.

Encíclicas son aquellos documentos que el Romano Pontífice dirige a toda la Iglesia Católica o varias Iglesias particulares en la persona de sus Ordinarios. Las más solemnes se llaman Letras Encíclicas; son enviadas a los obispos de todo el mundo o de toda una región y llevan la inscripción siguiente: “A los Venerables Hermanos Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y a los otros Ordinarios en paz y comunión con la Sede Apostólica, etc.”. Las menos solemnes se llaman Epístolas Encíclicas; se dirigen generalmente a los Obispos de una determinada nación.

Los documentos que el Papa dirige en forma de Encíclicas, pero no a los Obispos, se llaman Letras Exhortatorias; por ej., las que dirigió Benedicto XV a todos los fieles católicos en 1914 para la paz.

Por la forma, los documentos pontificios reciben diferentes denominaciones.

Bulas son los más solemnes: son expedidas para las canonizaciones de los Santos, aprobación de Ordenes religiosas,  creación de nuevas Diócesis, etc. Como vemos, pueden ser documentos del Magisterio infalible, pero no siempre ni en toda su extensión. El nombre de “Bula” les viene del sello ordinariamente del plomo que llevaban; fueron por tanto llamadas “literae bullantae”, literae sub plumbo” y después sencillamente “Bullae”. Algunas veces el sello era de oro, y entonces el documento se llamaba “Bulla Aurea”.

Breves o “Litterae in forma Brevis” son documentos menos solemnes No llevan el sello de plomo, sino solamente el sello colorado con la imagen de San Pedro, “sub anulo Piscatoris”. Se usan para concesiones de indulgencias, favores apostólicos y otros negocios de menor importancia.

Quirógrafos se llaman las letras apostólicas escritas a mano por el mismo Papa.

Motu Propio designa los decretos o documentos dados por el Papa espontáneamente, o por consejo de los Cardenales, sin instancia de nadie, y empiezan siempre con estas palabras: “Motu propio”.

Alocuciones son los discursos que  el Papa pronuncia, especialmente en los consistorios.

Oracula vivae vocis” son las aprobaciones, exhortaciones, enseñanzas del Sumo Pontífice en audiencias privadas. Pero para que consten jurídicamente, deben ser atestiguadas. A este efecto son competentes los Cardenales, y, en las cosas relativas a sus congregaciones, los secretarios de la Congragaciones Romanas.

ASENTAMIENTO DEBIDO A LAS DECISIONES DOGMÁTICAS Y DISCIPLINARES DE LA SANTA SEDE

Que en general, debamos obediencia y sumisión a las decisiones de la Santa Sede, consta claramente por el Primado que Cristo entregó al Pontífice Romano en la persona de Pedro.

Pero el asentimiento que debemos a estas decisiones de la Santa Sede difieren proporcionalmente a al índole de los documentos pontificios.

Según la diferente naturaleza de éstos podemos distinguir un triple asentimiento: el asentimiento de la fe divina; el asentimiento de la fe eclesiástica; y el asentimiento simplemente religioso.

a)El primero entre todos, por la firmeza de su adhesión y por la excelencia de su objeto formal, es el asentimiento de la fe divina.

Este asentimiento tiene por objeto formal inmediato y motivo de su adhesión la autoridad del mismo Dios, que reveló la verdad en cuestión. Según lo define el Concilio Vaticano, debemos creer con fe divina y católica todo lo que fue revelado por Dios y como tal propuesto por la Iglesia, sea con una definición solemne, sea por medio del ordinario y universal Magisterio eclesiástico. El que negara con pertinacia tales verdades, sería hereje.

La primera condición para que una verdad pueda ser objeto de fe divina y católica es que sea revelada por Dios, es decir, que sea contenida en el depósito de la fe. Pero además debe ser como tal propuesta por la Iglesia: ésta podrá hacerlo en el magisterio, si por toda la Iglesia universal se enseña alguna verdad como fe. comúnmente la Iglesia propone estas verdades de fe por medio de definiciones solemnes, las cuales, sin embargo, no están adscriptas a ninguna fórmula especial.

Podrá hacerlo en forma de cánones o de anatematismos, como es costumbre hacerlo en los Concilios desde la más remota antigüedad. Podrá hacerlo en forma de capítulos, como lo hizo el Concilio Vaticano y el de Trento en varias de su sesiones. Los Papas muchas veces lo han hecho en forma de Bula, como para la inmaculada Concepción y la célebre “Unam Sanctam” de Bonifacio VIII. Unas veces se define directamente la verdad de fe, otras se anatematiza el error contrario, otras ambas cosas juntamente.

Sea cual fuere la fórmula utilizada, el juicio de la Iglesia es infalible en lo que es estrictamente definición; quedan fuera del privilegio de la infalibilidad—a no ser que el texto conste expresamente la intención contraria—los argumentos aducidos como demostración, e igualmente lo que se dice de paso, o en las reuniones previas a la definición o en las sesiones de los Concilios fuera de los cánones y de los capítulos dogmáticos.

b) Pero si la definición no se refiere a alguna verdad formalmente revelada, sino a alguna verdad contenida en lo constituye el objeto secundario del Magisterio Eclesiástico, ya el asentimiento debido no será de fe divina, sino un asentimiento de fe eclesiástica, puesto que el motivo del nuestro acto de fe ya no es inmediatamente la autoridad divina, sino la autoridad de la Iglesia que define tal verdad. A tal asentimiento le llaman algunos autores de fe mediatamente divina, en cuanto a la razón que nos mueve a creer en la Iglesia es que el mismo Dios nos reveló su indefectible asistencia  a la Iglesia en su Magisterio.

Quien negara a tales verdades definidas por la Iglesia el asentimiento de fe eclesiástica, cometería evidentemente un gravísimo pecado, pero no sería propiamente hereje, por no tratarse de verdades reveladas.

c) Pero, como se ha dicho, las verdades definidas, sean ellas reveladas o no, son relativamente muy pocas. La mayoría de los actos pontificios no son definiciones , y muchísimos Papas no han definido en sus enseñanzas cosa ninguna. ¿Cuál será el asentimiento debido a estos actos pontificios?

A todas las decisiones doctrinales no infalibles, pero con carácter universal, dadas por el Sumo Pontífice o por las Congregaciones Romanas, debemos nuestro asentimiento religioso interno.

No basta un “obsequioso silencio”, se requiere una sincera adhesión interna, cuyo motivo formal es la autoridad suprema de la Iglesia en materia religiosa. Adhesión interna, es decir, de la mente y de la voluntad a la decisión del Papa o de la Congregación. Asentimiento religioso, porque sagrada es la autoridad de la Iglesia que se  resuelve en la autoridad del mismo Dios. Asentimiento firme, porque, como explica el Card. Franzelin, “aunque en estas declaraciones no se encuentre la verdad infalible de la doctrina, porque por hipótesis no se pretende dar una definición dogmática, hay en ellas, sin embargo, una infalible seguridad. Un tanto objetiva de la doctrina declarada… como subjetiva, en cuanto abrazarlas  es para todos “tutum” (es decir, conforme a la fe o las buenas costumbres) y no es “tutum” el rehusar admitirlas, ni puede hacerse sin violación de la debida sumisión a un Magisterio instituido por Dios” (De Divina Traditione et Scriptura, ed. 4, p. 118).

Todo ello es deducción inmediata de la Suprema autoridad de que goza el Romano Pontífice, y de la divina asistencia del Espíritu Santo a su Iglesia, asistencia que no se agota con el carisma de la infalibilidad de las definiciones pontificias.

Aun considerando las cosas humanamente, si debemos obediencia a todas las autoridades, que por la misma ley natural tienen el lugar de Dios, mayor obediencia debemos a esta suprema autoridad que  en el curso de tanto siglos ha sabido guiar tantos pueblos en el camino de la verdad y de la verdadera civilización. ¡Cuánta autoridad tiene, ante los ojos profanos, la Santa Sede con sus tradiciones multiseculares, las Congregaciones Romanas compuestas de personas tan eminentes y prudentes, los Sumos Pontífices hacia los cuales se dirigen los mismos incrédulos en busca de luz y de verdad!

Es por eso que dice San Pió X en su Motu Propio “Praestantia”: “Por tanto Nos parece deber declarar y mandar, como ahora expresamente lo mandamos, que todos sin distinción están obligados en conciencia a someterse a las decisiones de la Comisión Pontificia “de re bíblica”, tanto las ya emanadas, como las que emanaran en lo futuro, como también a los decretos de las Sagradas Congregaciones, pertenecientes a la doctrina y aprobados por el Pontífice; y que no pueden escapar a la nota de denegada obediencia y de temeridad, y que por lo tanto no están exentos de culpa grave, toda vez que por palabra o por escrito impugnen tales sentencias” (Denz. B., 2113).

Esa obediencia no impide a alas personas competentes el proponer a la Santa Sede con respeto y reverencia las dificultades que contra tales sentencias tengan. Pero eso no los exime del firme asentimiento religioso interno, que deben todos los fieles, sin distinción, a todos los actos de la Santa Sede hasta que ella misma explicita o implícitamente los revoque.

Eso es lo que llaman los Santos, “sentire cum Ecclesia”

La infalibilidad del Papa, divina promesa de salvaguarda contra el error doctrinal (II)

marzo 13, 2017

San-Pietro

ESTUDIO DE LA INFALIBILIDAD SEGÚN LAS ENCÍCLICAS PONTIFICAS EN SU INTRODUCCIÓN DOGMÁTICA

(Primera parte)

Este escrito se tomó de la Colección Completa de Encíclicas Pontificias 1830-1950 Tomo I. Preparada por las Facultades de Filosofía y Teología de San Miguel (Rep. Argentina) Editorial Guadalupe- Buenos Aires, 1952.

EL MAGISTERIO DE LOS APÓSTOLES

El poder de jurisdicción que Cristo confirió a los Apóstoles supone y exige el poder de enseñar a los fieles el camino que deben seguir para alcanzar su salvación; sin eso seria un poder ciego y peligroso. Jesús había dicho que si un ciego guía a otro ciego. Ambos caerán en algún pozo. Por eso después de su última cena les dijo Jesús a sus Apóstoles:

“Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros eternamente; a saber. Al Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conoceréis: porque morará con vosotros, y estará dentro de vosotros…; os lo enseñará todo y os recordará cuantas cosas os tengo dichas… Cuando empero venga el Espíritu de verdad, él os enseñará todas las verdades” (Juan XIV, 16-17; XVI, 13).

Y después de su resurrección les repitió la promesa:

“Recibiréis, sí, la virtud de Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros, y me serviréis de testigos en Jerusalén, y en toda la Judea y Samaria, y hasta el cabo del mundo” (Hech., I, 8).

Lo que Jesús promete, no puede dejar de cumplir, y así lo atestiguan los Evangelistas; poco antes de subir al cielo el Divino Maestro confirió a sus Apóstoles todo el poder:

¡A mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra: Id pues e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado” (Mat., XXVIII, 18-20).

No es una sencilla habilitación para la enseñanza; es la colación de un verdadero poder de magisterio, com lo expresa más claramente el texto griego; más que “enseñad”, es “haced discípulos”. Todos los hombres deberán someterse como discípulos, y los Apóstoles enseñarán la verdad de una manera auténtica y eficaz, pues Cristo estará con ellos hasta el fin de los signos: “Yo estaré continuamente con vosotros hasta la consumación de los siglos” (Mat., XXVIII, 19). Y “el que creyere y se bautizare, se salvará: pero el que no creyere, se condenará” (Marc., XVI, 16).

Papa Pío XI

Papa Pío XI

LA INFALIBILIDAD DEL MAGISTERIO

Para que el Magisterio de los Apóstoles cumpla la misión que les consignó su Divino Maestro, es necesario que los Apóstoles, al enseñar la divina palabra, no se equivoquen ni puedan equivocarse, es decir, que sean infalibles.

La Infalibilidad no es ni impecabilidad, ni omnisciencia; es el privilegio de no errar. Hay una infalibilidad esencial, exigida por la misma esencia del ser: y ésta sólo compete a Dios; y hay una infalibilidad participada, que Dios concede a alguna creatura en vista de determinados fines: de ésta hablamos (el no discernir bien estos conceptos, ha llevado algunos a cometer el error de dotar al Papa de una Infalibilidad esencial, cual si fuera Dios). Hay también una infalibilidad activa—enseñar—, y una infalibilidad pasiva—en creer—de cual prescindimos.

La infalibilidad que recibieron los Apóstoles es, pues, una infalibilidad participada, activa y al mismo tiempo restringida a la enseñanza de la Divina palabra. No debemos de confundirla con la Inspiración que recibían los Apóstoles y los Evangelistas al escribir las páginas de las Sagradas Escrituras. La inspiración es un don personal en que Dios usa del hombre, como instrumento de su revelación.

La infalibilidad es, al contrario, una prerrogativa inherente a la misión de los Apóstoles, y como ésta se hereda, se trasmite a los sucesores, así también se hereda y se trasmite la infalibilidad del Magisterio.

Todo esto es una verdad tan clara y evidente, que hasta el siglo XVI no había sido negada por ningún hereje. Fueron los protestantes los primeros que negaron el Magisterio auténtico de la Iglesia y de su infalibilidad. Más tarde los Jansenistas y el Conciliábulo de Pistoia volvieron a negarla, admitiendo solamente la infalibilidad pasiva del pueblo cristiano. Lo mismo repitieron los Modernistas, condenados por San Pío X.

Contra los errores hablan claramente las páginas del Evangelio. Fue a los Apóstoles y a sus sucesores a quienes dijo Cristo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos”. Y Cristo no puede estar sino con la verdad. Fue a los Apóstoles y a sus sucesores a quienes envió Cristo a instruir a todas las naciones. A los demás sólo conminó con estas palabras: “El que creyere y fuere bautizado se salvará; el que no creyere será condenado”.

Así lo entendieron los Apóstoles, como lo indican claramente los Hechos y las Epístolas. A ellos y no a otros había entregado el ministerio de la palabra; a ellos y a sus sucesores, como Timoteo y Tito, había sido entregado el depósito de la fe, que sabrían conservar inviolado hasta la segunda venida del Divino Maestro. Oyendo sus palabras los fieles estarán seguros de oír la misma voz de su Buen Pastor.

Todo esto realmente lo podemos deducir de la naturaleza misma de la Iglesia, instituida por Cristo para conducir a la vida eterna a todos los fieles de todos los tiempos hasta la consumación de los siglos.

EL SUJETO DEL MAGISTERIO ECLESIÁSTICO

A Pedro y a los Apóstoles entregó Cristo el poder de enseñar a todas las naciones, poder no personal sino inherente al cargo apostólico y por lo tanto trasmisible a los sucesores legítimos. Así pues el sujeto del magisterio infalible entregado por Cristo a su Iglesia no puede ser otro sino los sucesores de Pedro y de sus Apóstoles, es decir el Romano Pontífice y los Obispos unidos con él.

Ya hemos visto que los Protestantes negaron tan fundamental doctrina, al negar la misma existencia del Magisterio. Los Galicanos atacaron directamente los derechos del Romano Pontífice, y con ocasión del Gran Cisma Occidental, proclamaron al Concilio superior al Papa.

Esta doctrina, inventada por Pedro de Aliaco y J. Gersón, fue aprobada por el Concilio de Constanza en su 4ª. Sesión, condenada posteriormente por el Sumo Pontífice. Después fue nuevamente divulgada por los Galicanos del siglo XVII, siendo incluida en 1682 en la Declaración del Clero Galicano. A ellos se siguieron los Josefistas, los Regalistas y, después del Concilio Vaticano, los Viejos Católicos de Döllinger.

Contra estos errores es bien clara la doctrina católica, compendiada por el Concilio Vaticano es esta magistral declaración: Enseñamos y declaramos como dogma revelado por el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, es decir, cuando en calidad de pastor y doctor de todos los Cristianos, con su suprema autoridad Apostólica, define que alguna doctrina relativa a la fe o las costumbres debe ser abrazada por toda la Iglesia, en virtud de la asistencia a él prometida en la persona de San Pedro, posee aquella misma infalibilidad, con que el divino Redentor quiso armar su Iglesia, para definir una doctrina relativa a la fe o a las costumbres; y que por lo tanto estas definiciones del Romano Pontífice son irreformables por sí mismas y no en virtud del consentimiento de la Iglesia” (Denz. B., 1737).

Vemos pues que tanto el Papa por sí, como sucesor de San Pedro, como la Iglesia Docente, es decir, los Obispos, sucesores de los Apóstoles, constituyen el sujeto del Magisterio infalible de la Iglesia. pero no igualmente.

Los Obispos, considerados aisladamente, cada uno en su diócesis, tienen un Magisterio auténtico, pero no infalible, de las verdades cristianas. Lo mismo podemos decir de los Obispos en Concilios provinciales (reunión de los Obispos de varias provincias eclesiásticas, presidida por un Legado Pontificio). Sólo cuando están reunidos en un Concilio Ecuménico son infalibles los Obispos, pero aún entonces entre ellos debe de estar el Pontífice Romano, no sólo porque a él pertenece el derecho de presidir el Concilio (generalmente por medio de uno o más Legados) sino porque las definiciones del Concilio no son infalibles y definitivas sino después de la confirmación personal del Romano Pontífice.

También son infalibles los Obispos cuando, aunque dispersos por el mundo, enseñan juntamente con el Romano Pontífice, alguna verdad como doctrina de fe.

LA INFALIBILIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE

Ya sabemos que el Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, goza de la misma infalibilidad que Cristo dio a su Iglesia, y a Pedro en particular, al entregarle la suprema autoridad des su Iglesia. Pero no todo lo que el Papa dice o enseña es infalible, sino solamente cuando habla ex cathedra.  

Para que el Romano Pontífice hable ex cathedra, se requieren varias condiciones:

a) El privilegio de la infalibilidad puédese decir personal del Romano Pontífice porque todos los sucesores de Pedro lo heredan y lo poseen independientemente del consentimiento de la Iglesia; pero para ser infalible, el Papa debe hablar como Pastor y Doctor de todos los cristianos. No es infalible, por tanto todo lo que el Papa dice como doctor privado o como simple Obispo.   

b) Además se requiere que hable con la plenitud de su suprema autoridad Apostólica, porque, aún hablando como Pastor Supremo, puede no usar de toda la plenitud de su potestad.

 c)  Debe también claramente constar su intención de definir, es decir, de dar un juicio definitivo e irreformable, obligatorio para toda la Iglesia. Eso no quiere decir que deba usar una determinada fórmula.

d) Por fin se requiere que se trate de alguna doctrina relativa a la fe y las costumbres; por lo tanto no solamente las verdades reveladas pueden ser objeto de la definición pontificia, sino también todo lo que halla necesariamente conexo con la revelación.

PRUEBAS DE LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA

De la misma naturaleza del Primado de Pedro podemos deducir la infalibilidad del Romano Pontífice. En virtud de su primado el Papa es jefe supremo de aquella Iglesia a la que Cristo dio el privilegio de la infalibilidad en materia de fe y de costumbres. Si el Papa pudiera errar al hablar ex cathedra, o la Iglesia  sería llevada al error, y por tanto dejaría de ser infalible, o el Papa dejaría de ser jefe supremo de la Iglesia. Lo uno como lo otro contradicen la palabra divina de Cristo.

Cristo constituyó a Pedro fundamento de su Iglesia (Mat., XVI, 16), es decir, principio eficiente de su firmeza y de su unidad. Si Pedro, pues, errará, toda la Iglesia perdería su unidad y su firmeza.

Cristo  afirmó que el poder del infierno no prevalecería contra su Iglesia, fundada sobre Pedro; con mayor razón no prevalecerá contra Pedro, pues, si este fuera inducido a error, arrastraría toda la Iglesia fundada sobre él.

Cristo constituyó a Pedro como Pastor Universal (Juan, XXI, 15), a quien todos, fieles y obispos, deben seguir como ovejas y corderos. Y Cristo no puede obligar a que la Iglesia universal siga el camino del error.

El mismo Primado de Pedro, pues, exige y supone la infalibilidad del Romano Pontífice.

Pero además la Sagrada Escritura nos da pruebas directas de la infalibilidad pontificia.

En San Lucas XXI, 31-32: leemos estas palabras: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos, como el trigo. Más yo he rogado por ti a fin de que tu fe no perezca; y tú, cuando te arrepientas, confirma a tus hermanos”.

Aunque poco antes Jesús había hablado a todos los Apóstoles, en las palabras que acabamos de citar se dirigen exclusivamente a Pedro, como lo indica claramente el texto: “Simón, Simón…, por ti…, tu fe…, tú…, tus hermanos”. Y en esas palabras se le promete a Pedro la infalibilidad perpetua (más no absoluta) en el ejercicio de su Magisterio Supremo. Infalibilidad—porque su fe no perecerá y confirmará la fe de sus hermanos. Infalibilidad perpetua—porque Cristo no pone ninguna limitación a su promesa: porque esa infalibilidad proviene de su Primado que es perpetuo, como fundamento que es de la Iglesia. en el ejercicio del Magisterio Supremo—porque se le encarga a Pedro confirmar en la fe a todos sus hermanos, sean ellos simples fieles. Sean ellos obispos, reunidos o no en concilio, esto es, en otras palabras, el ejercicio del Magisterio Supremo.

La infalibilidad del Papa, divina promesa de salvaguarda contra el error doctrinal (I)

marzo 12, 2017

Cátedra de San Pedro

  Ningún dogma en la Religión católica es quizás tan mal comprendido ni provoca en ocasiones tan gran oposición por parte de los no católicos, y algunos que se dicen católicos, como el dogma de la infalibilidad de la Iglesia, en cuanto está representado por el Papa. Al examinar este punto sólo pedimos calma y serenidad a los aludidos. Haciéndolo así, estamos seguros que pronto se percatarán de que su oposición no es contra la infalibilidad papal, que la Iglesia sostiene, sino contra una caricatura de ella, que existe sólo en la propia fantasía en los no católicos y como premisa para los lefebvrianos para tratar de justificar su contradicción teológica.

  Para probar la verdad y racionalidad de esta doctrina, no apelaremos a la autoridad de la Iglesia, sino a las palabras mismas de Nuestro Salvador, y al tribunal del sentido común.

  En primer lugar, vengamos a considerar lo que no es la infalibilidad papal.

  Muy por el contrario de lo que piensan  muchas personas, esta infalibilidad no significa que el Papa esté inspirado. Los Apóstoles y los Evangelistas recibieron este don, y sus escritos son aceptados como palabra inspirada por Dios. Más la Iglesia no afirma que el Papa esté inspirado, o que reciba alguna revelación divina, estrictamente hablando. Así, el Concilio Vaticano I  declara:

“Porque el Espíritu Santo no les fue prometido a los sucesores de Pedro, a fin de que ellos propaguen una nueva doctrina revelada, sino que, bajo la asistencia del Divino Espíritu, puedan preservar incólume, y explicar con toda fidelidad la revelación o depósito de la fe, trasmitido por los apóstoles”.

SE CONFUNDE CON LA IMPECABILIDAD

  En segundo lugar, la infalibilidad no quiere decir que el Papa sea impecable o incapaz de culpabilidad moral. Muchos individuos tienen el hábito de referirse a algún pontífice cuyo carácter no se halla enteramente libre de faltas de esta naturaleza, diciendo: “he ahí un Papa que ha sido culpable de una mala acción. Eso prueba que él no era infalible y, por tanto, que ningún Papa es infalible”, pero los admirable es que los lefrevrianos atacan de esto mismo al mismo San Pedro, primero con la triple negación de S. Pedro a Jesús antes de la Pasión; aunque después de la Resurrección el mismo Señor, lo perdonó, preguntándole tres veces “Pedro me amas” a lo cual San Pedro contestó afirmativamente, y ante tal respuesta Jesús, lo confirmó como visible cabeza de su rebaño, diciéndole primero apacienta mis corderos y después apacienta mis corderos y por último apacienta mis ovejas y mis corderos.

  Pero claro está, que cuando se dio esa triple negación todavía no tenía San Pedro la Infalibilidad papal, sino después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, pero aun así siguen necios los lefebvrianos, diciendo que también S. Pedro se equivocó después de Pentecostés, puesto que él mismo fue reprendido por San Pablo, por no hacer la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo; cabe señalar que ésta supuesta duda de S. Pedro no afecta a su infalibilidad, por una sencilla razón: la costumbre de la circuncisión, heredada por los apóstoles, debió ser dejada de lado, toda vez que no era necesaria para la salvación.

  Todas estas objeciones que hacen los no católicos, no aciertan ni de lejos el significado de la infalibilidad o exención de todo error y culpa.

  De hecho, los Papas han sido, con pocas excepciones, hombres de mucha virtud, veintinueve de los primeros treinta murieron como mártires por la fe. y de los 260 que han ocupado la silla de Pedro, 69 son honrados en los altares como santos, a causa de sus eminentes virtudes. Solamente 6 han podido ser acusados de graves culpas. Esta es una proporción bastante pequeña si consideramos que de los doce Apóstoles escogidos directamente por Cristo, uno fue Judas Iscariote.

  Con todo aún cuando una gran mayoría de los Pontífices hubieran sido malos, esto no habría menoscabado la prerrogativa de su infalibilidad; porque ésta les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para precaverlos de error en la enseñanza de la religión.

  Tenemos, por ejemplo, que un juez ha sido revestido por las leyes de nuestro país con cierto poder y autoridad. Si en su vida privada este juez comete alguna falta de orden moral, esto no quita la validez de sus decisiones judiciales. Su autoridad no depende del carácter de su vida privada. Se le ha conferido por virtud del cargo que desempeña, en bien de la comunidad. Del mismo modo la infalibilidad fue conferida al oficio del Papado, en provecho de la sociedad, y no depende para nada de la conducta privada del Papa.

RECONOCE SUS FRAGILIDADES

  El Papa reconoce tener las mismas debilidades a que están sujetos todos los demás hombres. Todas las mañanas al principiar la Misa, dice humildemente al pie del altar: “Yo pecador me confieso a Dios a Dios todopoderoso… que pequé gravemente en pensamiento, palabra y obra”. Asimismo, al ofertorio de la Misa, ora: “Recibe Padre santo, Dios omnipotente y eterno, esta Hostia inmaculada, que yo indigno siervo tuyo, te ofrezco por mis innumerables pecados, ofensas y omisiones”.

  A pesar de su alto ministerio no pretende el Papa estar exento de la fragilidades y tentaciones que afligen al común de la humanidad. Ni se atribuye por un solo instante la impecabilidad, por virtud de la infalibilidad que está vinculada a su oficio.

  En vista de todo esto, ¿no es extraño que los ministros protestantes traten de denigrar el dogma de la infalibilidad papal diciendo a sus seguidores que han habido malos Papas?; pero lo más terrible, es la herejía lefebvriana que denigra este dogma, en su afán de defender lo indefendible, en la búsqueda de justificar las herejías de los falsos Papas del Vaticano II, confunden maliciosamente la impecabilidad con la infalibilidad papal, porque una cosa muy diferente es la debilidad y fragilidad humana que están presentes en San Pedro y sus sucesores, y otra es la prerrogativa de la infalibilidad papal, que les fue otorgada, no para mantenerlos en la virtud, sino para preservarlos fuera del error en la enseñanza de la Revelación Divina.

NO SE TRATA DE CIENCIAS

  En tercer lugar, la infalibilidad no significa que el Papa no pueda equivocarse tratándose de ciencias naturales, como física, geología, astronomía, o medicina, cosas que nada tienen que ver con el depósito de la Verdad Revelada. Tampoco se refiere la infalibilidad a cuestiones de política, tales como la forma de gobierno que una nación debe de tener, o los candidatos que han de sostener los católicos. Por tanto, no restringe la libertad de la ciencia, ni se arroga la autoridad civil del estado.

  Por último, la infalibilidad no quiere decir que el Papa esté inmune de error cuando habla como un maestro privado. En esto puede errar, aún cuando hable de fe y de moral. Por ejemplo, si un Papa, como Benedicto XIV, escribiese un tratado sobre derecho canónico, su obra estaría sujeta a crítica, lo mismo que la de cualquiera otro doctor de la Iglesia.

VERDADERO SIGNIFICADO

  ¿Qué es lo que significa entonces la infalibilidad realmente? Esto, nada más: cuando el Papa, oficialmente y con toda la autoridad de sucesor de San Pedro y como cabeza de la Iglesia universal, define para toda la Iglesia una doctrina de fe o de moral, entonces no comete error. Tres condiciones se exigen, como se ve:

  1. El Papa debe hablar ex cátedra, es decir, como sucesor de San Pedro y todos los demás papas, en su capacidad oficial.
  2. Su decisión debe de aplicarse y obligar a toda la Iglesia.
  3. Debe referirse a materias de fe o de moral (costumbres de la Iglesia).

  El Papa no tiene autoridad de establecer una nueva doctrina (como es el caso de los cinco falsos Papas del Vaticano II). No es el autor de la Revelación, sino su infalible intérprete y expositor. No tiene autoridad para quebrantar la ley divina o cambiar un solo ápice de la Escritura. Sus funciones se limitan a trasmitir incólume a los hombres el divino depósito de la fe.

CRISTO TIENE EL PODER DE DAR ESTA INFALIBILIDAD

  Nuestro Señor Jesucristo es el Fundador de la Iglesia Católica y del supremo tribunal de la infalibilidad papal, y al dotar a este tribunal de poder para imponer obligatoriamente y sin apelación sus fallos, le otorgó esa irrevocabilidad que tales fallos en realidad exigen: verdadera  infalibilidad.

  Así, pues, del carácter irrevocable y obligatorio de los fallos del Papa. Cuando habla oficialmente como Papa, se deduce necesariamente la infalibilidad; con lógica  ineludible.

CRISTO PREMIA LA FIDELIDAD DE PEDRO

  Veamos ahora si por ventura, a voz de la razón, tiene apoyo en la historia; esto es, si en realidad Cristo confirió al primer Pontífice de la Iglesia, a Pedro, esa prerrogativa.

  Pedro acaba de hacer aquella memorable profesión de fe en la divinidad de Cristo, diciendo: “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo”. El Maestro lo ha recompensado en la siguiente forma:

“Bienaventurado eres, Simón Bar-Joná, porque no te ha revelado eso la carne y la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y que sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré la llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos”.

  Esa solemne promesa de conferir a Pedro la primacía Apostólica y la autoridad de enseñar y regir a la Iglesia está concebida en términos peculiarmente arameos, y abunda en giros y metáforas características del pueblo judío. Vertido al español ese pasaje pierde mucha de su fuerza original. Así, la palabra “Kepha” se usa tanto por “Pedro” como por “piedra” en el lenguaje que hablaba Nuestro Señor, y lo que realmente dijo Cristo fue:

“Tú eres piedra (kepha) y sobre esta piedra (kepha) edificaré Mi Iglesia”.

  La expresión “puertas del infierno” significa los poderes de la muerte o del mal.

  Dar las llaves es una metáfora común entre los judíos para significar la concesión de autoridad. Aún en nuestros días, la llave es un símbolo de autoridad y jurisdicción. Cuando un distinguido visitante arriba a alguna gran ciudad, los funcionarios le entregan una llave como símbolo de su autoridad para gobernar la ciudad durante aquel día. Traduciendo en llano español el lenguaje figurado y simbólico que nuestro Señor hablaba, lo que, efecto, vino a decir fue esto:

  “Tú eres el sólido cimiento sobre el cual edificaré mi Iglesia. Yo te aseguro que los poderes de la muerte y del mal no prevalecerán contra ella. Te doy la autoridad de gobernar la Iglesia, de atar y de desatar; de determinar lo que es bueno y lo que es malo,  lo que es lícito y lo que es ilícito; y tus decisiones son ratificadas por Dios mismo”.

CRISTO PROMETE SU ASISTENCIA

Pierre-Corneille

San Pedro definió infaliblemente que los gentiles podían ser bautizados sin necesidad de circuncisión.

  En el día memorable de la Ultima Cena, Cristo le dijo a San Pedro: “Simón, Simón, mira que Satanás va tras de vosotros para zarandearos, como trigo: Más yo he rogado por ti a fin de que tu fe no perezca; y tú, cuando te conviertas, confirma a tus hermanos” (Mat. XVI, 17-19). Aquí de nuevo el Salvador le asegura a Pedro que los poderes del mal no prevalecerán contra él, y le autoriza a guiar y confirmar en la fe a sus hermanos.

  Después de su Resurrección, cuando Cristo había obtenido de Pedro la firme promesa de amor y de lealtad, le dijo: “apacienta mis corderos… apacienta mis corderos… apacienta mis ovejas” (Juan 21, 15-17). En estas palabras, nuestro Señor autoriza a Pedro a dar el nutritivo alimento de la verdad, no sólo a los miembros seglares del rebaño, sino también a los presbíteros, a los discípulos y a los Apóstoles.

  La concesión de esta autoridad docente infalible a la Iglesia y a Pedro, como cabeza visible de ella, resulta asimismo evidente de las palabras que Cristo dirigió a todos los Apóstoles: “A mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos” (S. Mateo, 28, 18-20). La expresión “yo estaré siempre con vosotros”, ocurre cerca de noventa veces en el Antiguo y Nuevo Testamento, y siempre significa aquel divino auxilio especial que garantice el éxito de la misión encomendada. Cristo es la verdad. Donde Cristo está, no puede haber error. Por lo tanto, es la garantía segura de que la Iglesia en su ministerio de enseñar a las naciones la religión de Cristo, no podrá inducirlas al error.

Yo,  la Eterna Verdad, –dice en substancia Cristo a sus Apóstoles—residiré con vosotros, a través de vosotros hablaré y enseñaré, y seré vuestro sostén y guía constante”.

CRISTO PROMETE EL ESPÍRITU DE VERDAD

  De la misma explícita manera promete Cristo enviar el Espíritu Santo sobre los Apóstoles:

“Y yo rogaré al Padre, y os daré otro Consolador, para que esté con vosotros eternamente, el Espíritu de Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni le conoce; pero vosotros le conoceréis, porque morará con vosotros, y estará dentro de vosotros… Mas el Consolador, el Espíritu Santo, que mi Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo, y os recordará cuantas cosas os tengo dichas” (Juan XIV: 16-17,26).

   Por estas palabras Cristo da segura garantía de la presencia constante del Espíritu Santo en su Iglesia, que la guiará en su misión docente. Esta garantía de la inquebrantable fidelidad con que la Iglesia enseñará las doctrinas de su divino Maestro, es prueba de lo que nosotros llamamos la Infalibilidad de la Iglesia, que cristaliza en su Jefe supremo, el Papa, sucesor de Pedro.

  Muchas otras expresiones de Cristo podríamos citar, en que asegura su constante asistencia a la Iglesia y a su Jefe, en la divina empresa de enseñar a todas las naciones; pero las mencionadas son bastante prueba para convencer a cualquier espíritu desapasionado.

  Nos resta ahora considerar algunas cuestiones: “Con las pruebas abundantes de la S. Escritura ya expuestas acerca de Cristo garantizó a Pedro y a sus hermanos los Apóstoles una guía segura, que los preservará del error en sus enseñanzas.  Podremos preguntarnos: ¿Pero no existe un abismo inmenso entre Pedro y el último Papa Verdadero? ¿Qué pruebas tenemos de que este Papa goza de la misma inmunidad que Pedro en la primera centuria?.

  A lo cual se contesta: la misión que Cristo dio a Pedro y a los Apóstoles fue la de enseñar a todas las naciones. Esta misión tiene que perdurar hasta el fin del mundo. Mas Pedro y sus compañeros eran hombres mortales, destinados a morir con la generación a que pertenecían. Así pues, la asistencia de Cristo debía continuar en los sucesores de los Apóstoles. Esto se deduce claramente de las mismas palabras  de Cristo: “Y estad ciertos que yo estaré con vosotros, hasta la consumación de los siglos”, luego esta promesa se refiere a ellos y lo mismo a sus sucesores, hasta la consumación de los siglos.

  La lógica de este razonamiento sólo puede ser negada por aquellos que creen que Cristo se interesaba sólo en salvar a los que vivían cuando él vino al mundo, pero esto ningún verdadero cristiano puede sostenerlo.

  Necesariamente ha de haber ordenado que sus enseñanzas se trasmitiesen a la humanidad entera, en todos los tiempos. Esto sólo es posible mediante una autoridad docente que esté divinamente preservada de todo error. Por tanto, el último Papa verdadero y todos sus sucesores gozarán del mismo privilegio que le fue conferido a Pedro.

  Segunda cuestión: Un pastor protestante decía en una predicación en contra de la infalibilidad papal: “Yo por mi parte, tengo una Biblia infalible, y ésta es la única infalibilidad que yo necesito”. Aunque a primera vista esta idea parezca idónea, no podrá resistir el menor examen de la razón…

  Contestemos con estas bondadosas palabras a este pastor y a todos los que comparten su parecer: u otra persona, estás infaliblemente cierto de que tu propia interpretación de la Biblia es la correcta, o no estás. Si dices que sí, entonces te atribuyes una infalibilidad personal, –y no muy lógicamente podrá negar la misma infalibilidad a todos los que lean la Biblia- infalibilidad que niegas al Papa, y que nosotros afirmamos ser exclusiva de él.

  De acuerdo con este parecer, cada uno de los millones de lectores de la Biblia viene a ser un papa, y el único a quien se niega el derecho de serlo, es al mismo Papa. Por no aceptar la infalibilidad del Papa, se hacen papas a todos los lectores de la Biblia.

  Si no estás infaliblemente cierto de que tu interpretación de la Biblia es correcta, ¿entonces de qué te aprovecha tener una Biblia infalible sin un intérprete infalible? En cualquiera de los dos casos, esta afirmación cae por tierra.

  El hecho cierto es que una Biblia infalible sin un intérprete infalible es inútil. La infalibilidad no pasa de las páginas a la mente del lector. Las cientos de divisiones que existen en el Protestantismo, nos dan la prueba.

  Tercera y última cuestión. ¿No es la doctrina de la infalibilidad pontificia una violación de la libertad intelectual? ¿No se ve así el católico estorbado en la investigación de la verdad científica por la degradante y ciega obediencia a los arrogantes dictados de una Iglesia Infalible?

  Aquí se impone una distinción. Hay una libertad legítima y otra que no lo es. La primera es la libertad de creer la verdad. La segunda es la libertad de creer en el error, lo cual de hecho es un abuso de la libertad y constituye una anarquía intelectual.

  Nadie tiene libertad de creer en el error, así como nadie tiene el derecho a obrar el mal. La libertad de creer que dos más dos son cinco es la libertad de los alienados. Existe una obligación ineludible, de parte de todos los seres racionales, de creer en la verdad.

  Esta es la única obligación que impone la doctrina de la infalibilidad. No es una limitación de la libertad intelectual, sino más bien su complemento. Pues la aceptación de la verdad siempre ensancha el dominio del intelecto. “Y conoceréis la verdad, dijo Cristo, y la verdad os hará libres” (San Juan 8, 32).

  El católico no obedece ciegamente a un maestro falible que le exija aceptar sin examen todo cuanto diga. Ni la Iglesia inventa nuevas doctrinas, sino solamente define en términos explícitos las que ya existían de modo implícito en el depósito de la fe.

  Tampoco impide esta doctrina el que un católico se dedique libremente a la investigación de la verdad científica, o que acepte cualquier conclusión plenamente demostrada de la ciencia. La verdad nunca puede contradecir a la verdad. Ni puede una verdad servir de obstáculo a la aceptación de otra verdad, sino solamente de estímulo.

  Lo que es el compás para el marino, cuya frágil nave es sacudida por tempestuosas olas en medio de la oscura noche, en la inmensa soledad del mar, eso significa la infalibilidad para el peregrino que va en busca de la verdad, en medio de las densas tinieblas del error. Es el faro luminoso que le ha de conducir al seguro puerto de la verdad. Es la salvaguardia que un Padre munificente ha dado para la trasmisión fiel de la verdad revelada a todos sus hijos. Por tanto, la infalibilidad pontificia no es sólo enteramente razonable, sino absolutamente necesaria para preservar intacto el depósito de la fe y trasmitirlo sin error a los hombres de todos los tiempos.

Unidad en la Fe

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