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¿Será el hebreo Marx el sucesor de Bergoglio?, desde ya propone reformas

enero 2, 2019
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El influyente hebreo Reinhard Marx es uno de los “cardenales” más ultramodernistas (herejes).

(Transcrito de RD/Cameron Doody)

El Código de Derecho Canónico “no es un manual para un Estado absolutista”. El cardenal Reinhard Marx ha abogado por lo que ha llamado la “separación de poderes” en la Iglesia, para combatir los abusos del poder y el clericalismo que, según él, han sido una de las principales causas de la crisis de la pederastia.

Ha habido una “codeterminación” en la Iglesia compartida por clérigos y laicos “desde hace tiempo”, pero los fieles tienen la sensación de que ésta no ha aterrizado del todo, defendió Marx este jueves en un discurso en el Club de Prensa de Múnich, Alemania, ciudad de la que es arzobispo. De acuerdo con lo publicado por katholisch.de, web de los obispos germanos, el purpurado explicó que “desde luego” sería posible que el Papa y los obispos cedieran su poder, para que un laico o una laica llegara a hacerse cargo de un Dicasterio vaticano o que fieles no ordenados tomaran asiento en tribunales eclesiásticos. El liderazgo en la Iglesia “no va de consagración, sino de competencia”, afirmó el cardenal.

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Marx, sucesor de Ratzinger en el neo obispado de Münich, logró que en lugar de recordar a Fátima en 2017 se homenajeara a Martín Lutero.

El también presidente de la Conferencia Episcopal alemana asimismo dio a entender que otra posible respuesta a la crisis de abusos podría ser una relajación de la moral sexual católica, con la que, a su juicio, el Papa Francisco “no está tan comprometido”. Por otro lado, el purpurado consideró que no servirá de nada achacar el problema de la pederastia a la presencia de homosexuales entre el clero, quienes en términos de cometer abusos “no están más en riesgo que otros”. Más bien, le preocupan al cardenal por simplistas “las fuerzas que creen que no tener curas homosexuales arreglaría el problema de los abusos”.

El cardenal Marx también se refirió en su intervención a otros temas de actualidad en la Iglesia, como la condena del cardenal Pell o la intercomunión con protestantes en determinados casos.

En lo referido al primero, el integrante del ‘gabinete’ de cardenales del pontífice ahora conocido como el C6 afirma que el purpurado australiano hallado culpable de pederastia “ya no tiene influencia en Roma” por estar ahora “prácticamente inactivo” desde que le fue concedida su excedencia en el verano de 2017. Y en cuanto al segundo tema, Marx predijo que, pese al “espectáculo” que ha ofrecido la jerarquía por estar dividida en cuanto a la idea de que los esposos protestantes de fieles católicos comulguen en ciertos casos, la práctica pronto será habitual. “Se hará de todas formas”, afirmó el cardenal.

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Nos asusta la muerte, pero no la condenación

diciembre 31, 2018
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GARRIGOU-LAGRANGE, O. P.
“LAS  TRES  EDADES DE LA VIDA INTERIOR”
(Nos  asusta la muerte, pero no la condenación.)
“Hace unos días me comentaba una persona su gran preocupación por tantas enfermedades que nos atacan, y que, angustiada por ello, había acudido inmediatamente al médico para hacerse un reconocimiento, una valoración de su organismo.  Sin duda, cuidar nuestro cuerpo es una obligación, pero no nos causan el mismo desasosiego  las enfermedades del alma. Buscamos la medicina de la inmortalidad, que no existe, y rechazamos el tratamiento que nos permite estar en Gracia de Dios, los Sacramentos, y la vida de Piedad. Hoy en día, aunque parezca una paradoja, vivimos preocupados por vivir”.
“Una gripe nos llena de angustia. Un pecado nos da igual. Un poco de tos, nos hace tomar inmediatamente un antibiótico; acumular faltas y pecados lo consideramos tema para beatos. Nos asusta la muerte pero no la condenación. Curioso….  ¿Nuestra esperanza está fundada en la vida terrenal, o en la vida eterna?”
“Nos vamos a operar, y nos entran unos miedos absurdos a morir, como si el superar una operación nos garantizara la inmortalidad. Sin embargo, no vamos a confesarnos y a comulgar antes de entrar en el quirófano, y si alguien nos lo sugiere, respondemos con mala disposición”.
“Cuando hay un enfermo en una casa, o en un hospital, se llama al médico ante cualquier pequeña variación en la temperatura corporal, pero al sacerdote sólo se le llama cuando ya no está consciente, o incluso cuando ya ha fallecido. ¿Qué sacramentos puede recibir uno después de muerto?  Ninguno.”
“Es una falta de Fe lo que quita el valor de avisar a los enfermos de que la muerte está cerca, y es gran perjuicio engañarles e impedir así que se preparen.  Bonísima cosa es ponerse de acuerdo con un amigo para advertírselo mutuamente”.
“Nuestras conversaciones están llenas de angustias absurdas. Todo el mundo enferma, y todo el mundo muere, y lo que hay que hacer es preocuparse de cómo será ese final. Nuestros miedos sólo revelan una absoluta falta de Fe.  Recomendamos restaurantes, libros, películas, y no hacemos  lo mismo con los sacramentos ; ¿nos preocupamos los católicos de cuidar de nuestra alma, tal y como hacemos con nuestro cuerpo? ¿Acaso no es importante el beneficio que nos supone vivir en gracia de Dios?”
“Si el médico nos recomienda ir a un gimnasio, no sólo vamos aunque no nos apetezca, sino que animamos a otros a que nos acompañen. ¿Por qué no hacemos lo mismo cuando acudimos a la Santa Misa?  ¿Por qué no invitamos a otras personas a venir con nosotros, en vez de citarnos al terminar?”
“Muchas veces se acude a la Eucaristía dominical como un mero cumplimiento, deseando que el sacerdote no se alargue ni un minuto más de lo estipulado ; ponemos impedimento a que las vitaminas de la gracia penetren en nuestro interior.  ¿Y a diario? La Misa del día, ni muchísimo menos es una meta para nadie. El que trabaja, argumenta que sus obligaciones le impiden perder veinte minutos.  !Cómo resplandecería nuestra alma si se frecuentara todos los días la Santa Misa!  En términos de medicina, el doctor nos diría que la analítica es perfecta, pero por lo visto, esto preocupa poco, por no decir que da exactamente igual.”
“¿A cuántas personas acercamos diariamente al Sacramento de la Confesión? La respuesta es la misma. La gente no se confiesa, y mucho menos, lógicamente, invita a otros a hacerlo. Ni siquiera el clero anima a ello. Los confesonarios sin luz y sin cura sólo indican una cosa : que el médico del alma está “ausente por vacaciones”.  ¿Qué resultado obtendríamos si pudiéramos ver nuestro análisis mensual sobre nuestra vida espiritual? Posiblemente, muy flojo.  No frecuentamos los sacramentos, y cuando lo hacemos, es de cualquier manera ; el mejor ejemplo es que llegamos a Misa, tarde, mal y arrastro, como el que toma una medicina a deshora y pretende que le haga efecto”.
“Nos sentamos a ver la televisión, acudimos a ver un espectáculo, vamos al cine, al gimnasio….. , pero no dedicamos ni media hora a una lectura espiritual. Trabajamos, comemos, dormimos, y dejamos de lado lo más importante : nuestra relación con Dios”
“Los Sagrarios abandonados, y las cafeterías llenas… Es cierto que hay crisis, pero de Fe. Nuestra agenda está llena de obligaciones que no hablan de Dios. Las parroquias están repletas de actividades, que en muchas ocasiones son más propias de un centro municipal que de una Iglesia ; de ocupaciones que no llevan asociado ningún crecimiento espiritual ; teatro con representaciones que nada aportan a la vida de un católico ; coros, donde se ensayan canciones más propias de una velada musical que de una Iglesia, yoga, meditación budista, y un largo etc.”
“¿Dónde están los retiros, meditaciones, rezo del Ángelus, Exposición del Santísimo, Hora Santa, Formación de Adultos….?”
“Descuidamos el preparar nuestras almas para el Juicio Final, y es ahí donde debería preocuparnos de verdad el que el “reconocimiento médico” sea perfecto, ya que si no hemos tomado la medicina a tiempo, después ya no habrá remedio. La vida interior del cristiano supone el estado de gracia, que es lo contrario del pecado mortal.”
“Y en el plan actual de la Providencia, toda alma está, o en estado de gracia, o en estado de pecado mortal. Con otras palabras : O está de cara a Dios, último fin sobrenatural, o está de espaldas a Él”.

James Martin, “jesuita” como Bergoglio: “Hay miles de sacerdotes gay que llevan vidas santas”. Y además,¿cuántos no “santos”?

diciembre 30, 2018

Foro Católico: Transcribimos esta repugnante entrevista con el propósito de abrir los ojos a quienes con fuerza los cierran ante la verdad de quiénes son los lobos con piel de oveja que dirigen la Neo Iglesia conciliar.

(C. Doody/J. M. Vidal)

El jesuita James Martin acaba de publicar en España su libro ‘Tender un puente’ (GC Loyola). Una invitación a la Iglesia a tratar a las personas LGBT “no como leprosos”, como ha venido haciendo, “sino como hijos amados de Dios”. En esta entrevista, el religioso también tacha de “falso” el relato de que los curas gays no puedan vivir vidas célibes o que sean la raíz de la crisis de los abusos de menores en la Iglesia.

¿Qué pretende con su libro?

Espero que ‘Tender un puente’ ayude a iniciar una conversación en la Iglesia sobre cómo podemos tratar a nuestros hermanos y hermanas LGBT no como leprosos, tal y como la Iglesia ha hecho en el pasado, sino como hijos amados de Dios. El Catecismo es el que mejor lo expresa: estamos invitados a aceptarlos con “respeto, compasión y sensibilidad”.

¿Le agrada o le molesta haberse convertido en icono de la lucha de los derechos LGTBI en el seno de la Iglesia?

Bueno, no me considero así. Más bien, me veo a mí mismo como un jesuita que está haciendo lo que los jesuitas siempre han hecho, y que todos los Papas recientes les han pedido que hagan: acompañar a las personas que están en los márgenes, o en las “periferias”, como dijo el Papa Francisco. Y no hay nadie en la Iglesia católica más marginado que las personas LGBT.

¿Le duele que los rigoristas le ataquen tan duramente?

Sólo unos pocos me han atacado abiertamente. Muchos más han estado abiertos a la discusión, después de haber leído el libro o haber escuchado una de mis conferencias. De hecho, muchos de los ataques provienen de personas que no han leído el libro.

Pero la mayor parte de estos ataques provienen de sitios web supuestamente católicos que provocan odio y homofobia, cuando deberían promover el amor y el respeto. También es importante decir que ‘Tender un puente’ cuenta con la aprobación oficial de mis superiores jesuitas, que ha sido respaldado por muchos cardenales, arzobispos y obispos, que se basa en los Evangelios y que no contradice en absoluto la doctrina de la Iglesia.

Así que los ataques a veces son desconcertantes. En general, el vilipendio personal y los ataques injustos solían molestarme, pero ahora ya no lo consiguen. Porque, ¿qué tipo de jesuita sería, si permitiera que algunas personas odiosas y homofóbicas online me impidieran amar a los marginados?

¿Hay homofobia en la Iglesia? ¿Más o menos que en las demás instituciones?

Lamentablemente, hay mucha. La mayor parte proviene del miedo: el miedo a las personas que son diferentes, el miedo a escuchar algo nuevo y, a menudo, el miedo a la propia sexualidad complicada.

Probablemente hay más homofobia en la Iglesia católica que otras instituciones porque algunos católicos sienten, erróneamente, que su religión lo justifica. Pero el odio nunca es justificado por el cristianismo. De hecho, Jesús amaba sobre todo a los más marginados.

Pero ese odio está disminuyendo a medida que cada vez más personas se sinceran  respeto a su sexualidad. Y a medida que cada vez más personas se abren o “salen” del armario, la gente empieza a reconocerlos como sus hermanos y hermanas, tías y tíos, sobrinas y sobrinos, y amigos y compañeros de trabajo. El encuentro disminuye el miedo.

¿Le parece justa la ley vaticana que prohibe la entrada en los seminarios de jóvenes con “arraigadas tendencias homosexuales”?

El Vaticano dice que los hombres con “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” no deben ingresar en el seminario. Pero los obispos han interpretado esto de tres maneras. Primero, ningún hombre gay debería entrar. Segundo, ningún hombre para quien su sexualidad sea la parte más importante de su personalidad debe ingresar. En tercer lugar, ningún hombre gay que no pueda vivir el celibato debe entrar. Todo lo que puedo decir es que conozco a muchos sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas en la Iglesia.

¿Los sacerdotes y obispos homosexuales que hay en la Iglesia (al parecer, muchos) son capaces de cumplir con sus obligaciones de mantener el celibato?

Sí, ¿por qué no lo serían? Ser gay no significa que tengas que ser sexualmente activo. Tenemos que ser claros: es simplemente falso decir que los sacerdotes homosexuales no pueden vivir el celibato. La mejor prueba de ello es el hecho de que hay cientos, si no miles, de sacerdotes gays célibes y miembros castos de órdenes religiosas que llevan vidas entregadas y de servicio a Dios y a la Iglesia.

¿Qué le parece la aseveración de que la homosexualidad es la causa principal del abuso sexual de menores en la Iglesia?

Tenemos que decir que la mayoría de los casos son hombres que se aprovechan de niños y jóvenes varones. Pero esto no significa que todos los sacerdotes gays, o incluso la mayoría, sean abusadores. Es un argumento falso. Solo porque lo sean algunos no significa que todos o la mayoría lo sean. Además, la mayoría de los abusos sexuales ocurre en las familias, y nadie dice que todos los hombres heterosexuales, todos los padres o todos los hombres casados son abusadores. Una vez más, es un estereotipo peligroso que hay que cuestionar.

¿Es verdad que una parte importante de la jerarquía de la Iglesia estadounidense no comulga con el Papa Francisco y está esperando que su pontificado pase como una tormenta de verano?

Es cierto que cierta parte de la jerarquía de los Estados Unidos no favorece las políticas del Papa Francisco. Y a veces me sorprende lo estridente que son algunos de estos obispos. La ironía es que algunos de estos mismos obispos que, durante los pontificados de Juan Pablo y Benedicto, dijeron que nunca se podría estar en desacuerdo con un Papa, ahora estén en desacuerdo constantemente. Es una triste ironía.

 

 

¿Por qué no somos… y no queremos parecer… lefebvrianos?; Williamson nos ayuda a explicarlo

diciembre 28, 2018
Los cuatro obispos lefebvrianos durante misa sacrílega en la Basílica subterránea-esotérica de la Barca Invertida, consagrada por Roncalli en 1958. Williamson en medio, y de blanco...

Los cuatro obispos lefebvrianos durante misa sacrílega en la Basílica subterránea-esotérica de la Barca Invertida, consagrada por Roncalli en 1958. Williamson en medio, y de blanco…

El converso Richard Williamson, ciudadano distinguido de La City e hijo de gnóstica y de ministro protestante empleado de Rothschild, nos ofrece en su reiterativa prevaricación sobre la infalibilidad, y nos da la muestra de cómo los lefebvrianos y sus adyacentes procuran de toda forma posible marear la perdiz y hacer el truco de la bolita para que los perplejos -que abundan en las filas lefebvrianas- queden sedados y nos puedan conectar a con b.

En azul añadimos los comentarios de Foro Católico.

(Transcrito de Eleison CCCLIX)

El liberalismo es la guerra a Dios y es la disolución de la verdad. Dentro de la Iglesia de hoy en día lisiada por el liberalismo, el sedevacantismo es una reacción comprensible pero sin embargo atribuye a la autoridad demasiado poder por sobre la verdad.

FC: en materia de Fe no hay medias tintas como insinúa Williamson… el sedevacantismo o es herético o es correcto.  Por eso los católicos no debemos adoptar nombres y apodos ajenos al ser católico. Y continúa Williamson:

El mundo moderno ha perdido la verdad natural, más aún la verdad sobrenatural, y aquí está el corazón del problema.

FC: el mundo, moderno o antiguo, en el sentido banal nunca ha estado con la Verdad, sino con el mundo, el demonio y la carne: los tres enemigos del alma de los que nos previene el catecismo.

Para nuestros propósitos podríamos dividir toda la enseñanza Papal en tres partes. En primer lugar, si el Papa enseña como Papa, sobre Fe o moral, definitivamente y como para obligar en conciencia a todos los Católicos, entonces tenemos su Magisterio Extraordinario (ME para acortar), necesariamente infalible. En segundo lugar, si él no compromete todas las cuatro condiciones pero enseña en conformidad con lo que la Iglesia ha enseñado siempre y en todo lugar, y ha impuesto a los Católicos para que crean, entonces él está participando de lo que es llamado el “Magisterio Ordinario Universal” (MOU para acortar) de la Iglesia, también infalible.

FC: Williamson, como el lefebvriano Calderón Robello, pretende diferenciar la infalibilidad del papa en dos tipos o clases diferentes. El Papa es infalible en ambos magisterios, ordinario y extraordinario, ES LA MISMA INFALIBILIDAD por que es el Papa y porque en ambos casos habla ex cathedra, tal y como lo enseña Pío IX en la Constitución Dogmática Pastor Aeternus  “define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia… dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables”…  y no porque requiera de la aprobación o concordancia con otros papas. 

Los lefebvrianos confunden causa con efecto; el Papa es la causa próxima (la remota es el Espíritu Santo) de la infalibilidad, no la consecuencia. Así como la causa del hijo es la madre, no al revés. Según los lefebvrianos, y Williamson en particular, presentan la infalibilidad papal como si fuera en dos tipos o clases, y no como la única; y además afirman que el Papa es infalible por LA RAZÓN O CAUSA de que habla conforme al Magisterio Ordinario Universal tal y como sentencia el londinense enseguida: 

En tercer lugar, tenemos el resto de su enseñanza que, si no está en línea con la Tradición, no solamente es falible sino falsa.

FC: un Papa no puede estar contra (adversa a) la Tradición, porque él es el portador vivo y maestro infalible de esa Tradición. “Yo he rogado para que tu fe no falle”… y esa promesa de Jesucristo se cumplió íntegra, milagrosamente, con 260 papas continuos, sin interrupciones, a pesar de persecuciones, tentaciones y corruptela de la Curia, ¿acaso iba a fallar de pronto, y con seis papas en forma continua…?. ¿Dónde quedó la promesa de la infalibilidad, y dónde la continuidad en esa infalibilidad?

A esta altura debería ser claro que el ME es al MOU como la capa de nieve es a la montaña. La capa de nieve no hace a la cima de la montaña, meramente la hace más visible. ME es a MOU como el sirviente es al amo. ME existe para servir al MOU volviendo claro de una vez y por todas lo que pertenece al MOU y lo que no pertenece. Pero lo que hace que el resto de la montaña sea visible, por así decirlo, es que se puede rastrear hacia atrás, hasta Nuestro Señor y sus Apóstoles, en otras palabras, la Tradición. Esa es la razón por la cual cada definición de ME debe esforzarse para demostrar que lo que está siendo definido siempre fue previamente parte de la Tradición. Fue montaña antes que ésta fuera cubierta por la nieve.

FC: vuelve a sujetar al Papa a la Tradición, cuando no necesita de ésta, porque él es quien la enseña. La Tradición es la que necesita al Papa, contrariamente a lo que enseguida enseña el lefebvriano:

A esta altura también debería ser claro que la Tradición le dice a los Papas que enseñar, y no a la inversa. He aquí la base sobre la cual Monseñor Lefebvre fundó el movimiento Tradicional, no obstante es la misma base que, con todo debido respeto, los liberales y los sedevacantistas fallan en asir.

FC: al primer papa, Pedro, ninguna Tradición le dijo qué enseñar acerca de la circuncisión, del bautismo de los gentiles, del primado, de la Inmaculada Concepción, de la consubstancialidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No había Tradición que enseñara aún esas verdades. 

Él definió  como Papa que los gentiles debían serbautizados sin necesidad de circuncidarse. Y entonces formó parte de la Sagrada Tradición, no antes, como afirman los herejes lefebvrianos. 

Esa herejía tradicionalista, de la que Marcel Lefebvre es heredero, proviene del cardenal hebreo de Praga, Jacobo Von Schwarzenberg, líder secreto de los véteros, quien en 1870 sostenía que la infalibilidad papal no era enseñada como dogma en la Tradición  y por tanto no debía ser dogma de Fe (absurda falacia).

Ciertamente, la infalibilidad papal no era enseñada por la Tradición en forma categórica y unánime, ni se había declarado obligatoria su creencia, y hasta  que el Papa lo hizo no fue vinculante. No estaba en la enseñanza de la Tradición, porque se opusiera a ésta, sino porque era un misterio poco comprendido y estudiado, como lo es el dogma de la Inmaculada Concepción. 

Simplemente lean en el Evangelio de San Juan cuan a menudo Nuestro Señor mismo, como hombre, declara que lo que El está enseñando proviene no de El mismo sino de su Padre, por ejemplo: “Mi doctrina no es mía, sino del que me envió” (VII,16), o, “Yo no he hablado por Mí mismo, sino que el Padre, que me envió, me prescribió lo que debo decir y enseñar” (XII,49). Por supuesto nadie en la tierra está más autorizado que el Papa para decirle a la Iglesia y al mundo lo que está en la Tradición, pero él no puede decirle a la Iglesia o al mundo que hay en la Tradición lo que no hay.

FC: entonces surge la gran pregunta… y ¿si lo hace… si enseña que en la Tradición de la Iglesia hay falsedades y herejías?… entonces, o no puede hacer eso, o no es papa… 

Lo que hay en la Tradición es objetivo, ahora de 2,000 años de edad, está por arriba del Papa y le establece límites a lo que el Papa puede enseñar, tanto como el precepto del Padre establecía límites a lo que Cristo como hombre enseñaría.

FC: si así fuera, entonces ¿el dogma de la Inmaculada Concepción es falso?. Donde está el versículo donde Cristo o los apóstoles enseñaron esa verdad. No lo hay, se sabe que es verdad porque el Hijo de Dios necesitaba proceder del cuerpo de una mujer purísima, y en razón de esa necesidad, Dios libró a la Virgen Santísima del pecado original por su infinito poder. De lo contrario Cristo ¡hubiese nacido con el pecado original…!

Entonces, ¿cómo pueden liberales y sedevacantistas a la par reclamar, en efecto, que el Papa es infalible aún fuera de ambos, ME y MOU? Porque ambos exageran el valor de la autoridad en relación a la verdad y entonces ellos no ven más a la autoridad de la Iglesia como el sirviente sino como el amo de la verdad. ¿Y porqué es ello? Porque ambos son hijos del mundo moderno donde el Protestantismo ha desafiado a la Verdad y el liberalismo desde la Revolución Francesa ha estado disolviendo la verdad objetiva.

FC: claramente Williamson evade llamar por su nombre a la Sinagoga de Satanás, verdadera ama y maestra de los modernistas y de sus padres. También lanza una fatalista mentira de que el liberalismo -no dice la Sinagoga o al menos la masonería- está eliminando  la verdad, es mentira porque la verdad no sucumbe ante lo que no es. 

Y, si ya no hay más ninguna verdad objetiva, entonces por supuesto la autoridad puede decir cualquier cosa, lo cual es lo que observamos todo alrededor nuestro, y no queda nada para parar a un Pablo VI o a un Monseñor Fellay de devenir más y más arbitrarios y tiránicos en el proceso.

Santa Madre de Dios, obtén para mí amar, discernir y defender esa Verdad y ese orden provenientes del Padre, ambos sobrenaturales y naturales, a los cuales tu propio Hijo estaba sujeto como hombre, “hasta la muerte y muerte de Cruz”.

FC: nóte el lector la egocéntrica y farisaica oración. OBTÉN PARA MÍ. Así pediría el fariseo que antes dijo: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano…”

Kyrie eleison

La pérdida de la verdad objetiva en profundidad explica

Las dificultades sedevacantistas y liberales en la Iglesia.

La resistencia francesa al servicio de la Inteligencia Británica: Vatican Insider

diciembre 27, 2018

René Lefebvre en Sonnenburg

(Transcrito de Museo del Holocausto)

En enero de 1942 se fundó el Ejército Judío (Armeé Juive) en Francia. Éste hizo pasar la frontera con España y Suiza a centenares de judíos, y ejecutó ataques contra el ejército alemán en el norte y sur de Francia. Entre sus múltiples acciones atacó a informantes y agentes de la Gestapo y contrabandeó fondos desde Suiza para las organizaciones de rescate judías en Francia. Centenares de combatientes de la Armeé Juive cayeron combatiendo a los alemanes. Sus soldados participaron en el levantamiento general francés de agosto de 1944, luchando en París, Lyon y Toulouse.

Un consejo representativo del judaísmo francés fue establecido en 1944, como un intento de crear un cuerpo representativo que coordine las acciones de rebeldía de las organizaciones judías. Fue este un esfuerzo conjunto de los líderes de esas organizaciones de elevarse por sobre las diferencias ideológicas, con el propósito de reforzar las actividades en pro de la comunidad judía y contribuir al movimiento clandestino francés en general.

En junio de 1944 los Aliados occidentales invadieron Normandía, liberando París en agosto. Sin embargo los trenes que conducían judíos de Francia a los campos de exterminio continuaron saliendo hasta el verano de 1944. El último tren que transportaba judíos partió tres días antes de la liberación de París.

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El papel de la resistencia francesa tiene una gran consonancia con los servicios de inteligencia británicos

La «desobediencia civil» y el papel de la Iglesia gala durante la Shoah en la investigación de Yagil Limore. La estudiosa visita Turín por la Jornada de la Memoria

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Francia es uno de los países ocupados de la Europa del oeste en los que la comunidad judía pudo sobrevivir mejor ante el exterminio nazi: mientras tres cuartos de los judíos de los Países Bajos fueron deportados a los campos de exterminio, corrió con la misma suerte tan solo (si pudiéramos osar decirlo así) un cuarto de los judíos franceses, es decir 76.000 de 310.000». Parte de esta paradoja el estudio de Yagil Limore, historiadora e investigadora israelí, que trabaja en la Sorbona de París. Es la autora de tres potentes volúmenes titulados «Chrétiens et Juifs sous Vichy, sauvetage et désobéissance civile», en los que, con base en nuevos documentos de diferentes archivos, analiza las formas en las que pudieron salvarse los judíos franceses. La estudiosa estuvo en Turín el miércoles 23 de enero para presentar sus investigaciones durante un congreso que se llevó a cabo en el Palazzo lascaris. Vatican Insider ha tenido la suerte de entrevistarla antes de su llegada a Italia. 

¿Cómo se explica la exepción del caso francés? 

«Efectivamente, se trata de una paradoja, porque, al contrario de lo que sucedió en Italia, la población francesa fue acusada de haber sufrido una enorme influencia antisemítica durante los años treinta. Además, es necesario considerar las leyes antisemíticas que introdujo el régimen de Vichy, que participó activamente en la deportación de los judíos. Gracias a mis investigaciones surgió un elemento común que vincula las historias de salvamento de los judíos: una notable capacidad de desobediencia civil. En concreto se trató de la ayuda a las personas perseguidas con la prevención de los arrestos, ofreciéndoles documentos falsos, nuevas identidades y falsos certificados de bautismo. Los niños judíos fueron acogidos en las familias y en los conventos, y los perseguidos recibieron ayuda para llegar a las fronteras con Suiza o España. 

En el campo de concentración de Sonnenburg, Polonia, se inmortalizó a René Lefebvre, padre de Marcel Lefebvre, quien pertenecía a la Inteligencia Británica y por cuyas acciones fue deportado a cargo de la Gestapo.

En el campo de concentración de Sonnenburg, Polonia, se inmortalizó a René Lefebvre, padre de Marcel Lefebvre, quien pertenecía a la Inteligencia Británica y por cuyas acciones fue deportado a cargo de la Gestapo.

¿Cuáles características tenía este fenómeno de la “desobediencia civil”?

Más que un fenómeno político, fue un fenómeno moral, basado en los criterios de la consciencia individual. Muchas personas decidieron desobedecer las leyes y a las autoridades para seguir sus consciencias. Este fenómeno hay que distinguirlo claramente de la resistencia o de la lucha patriótica por la liberación. He tratado de reconstruir el cuadro general del fenómeno de los salvamentos de los judíos de 1939 a 1944 en toda Francia. Además de las familias de muchísimas poblaciones, me gustaría recordar el aporte del personal médico, pero también el de los artistas (por ejemplo Jacques Prévert, Maurice Chevalier, Alfred Cortot, Sacha Guitry, Serge Lifar) y el de prefectos y viceprefectos, gendarmes y policías: servidores del estado que desobedecieron las leyes para salvar inocentes. Sin el aporte de estos hombres no sería posible explicar los salvamentos, por ejemplo en el Loria. 

¿Qué surgió con respecto a la conducta de la Iglesia católica francesa?

El catolicismo francés puso a disposición de los judíos sus conventos, sus colegios religiosos, sus casas en las poblaciones rurales. El silencio de un buen número de obispos de Francia no nos debe hacer perder de vista que ellos ayudaron personalmente o animaron las diferencias iniciativas de salvamento de los judíos en sus diócesis. No se pueden entender estas actividades solo con la tradicional acogida de la Iglesia católica. El estudio que he llevado a cabo en 45 de las 80 diócesis francesas de la época nos permite afirmar que desde 1940 los obispos animaron las acciones de salvamento de los judíos. Los obispos estaban al corriente de las diferentes iniciativas de los sacerdotes; si no aprobaban la resistencia de algunos sacerdotes al “poder establecido” de Vichy, al mismo tiempo animaban la ayuda para los judíos.

¿Cómo reaccionaron individualmente los obispos a las deportaciones?

El 22 de julio de 1942, el cardenal Suhard envió una carta en nombre del episcopado al mariscal Pétain para protestar en contra de los arrestos de los judíos. El 19 de agosto, el cardenal Gerlier expresó su preocupación al mismo Pétain por el trato que sufrieron los judíos arrestados y deportados, pues no se reconocían los «derechos esenciales del ser humano ni las reglas fundamentales de la caridad». A partir de esa fecha, las protestas públicas en contra de la deportación de los judíos se difundieron y repercutieron en las parroquias: mons. Saliège (Toulouse) el 23 de agosto de 1942, mons. Théas (Montauban) el 30 de agosto, mons. Delay (Marsella) el 6 de septiembre, mons. Moussaron (Albi) y mons. Vanteenberghe (Bayona) el 20 de septiembre. No hay que olvidar las valientes acciones de otros obispos y arzobispos, que decidieron actuar en silencio y con discreción, como mons. Rémond en Niza, mons. Piguet en Clermont-Ferrand, (ambos fueron reconocidos como “Justos entre las Naciones”); mons. Rodie en Agen, mons. Bernard en Perpignan, mons. Chevrier en Cahors, mons. Virgile Béguin en Auch, mons. Challiol en Rodez, mons. Llobet en Avignone, mons. Cesbron en Annecy, mons. Pic en Valence etc. Fueron en total 45 obispos.

Jesucristo es Rey de la Iglesia y de todo lo creado, y Su Reino no es de este mundo

diciembre 26, 2018
Y Jesús le contestó a Pilatos

Y Jesús le contestó a Pilatos “Mi Reino no es de este mundo”

CARTA ENCÍCLICA
QUAS PRIMAS
DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XI
SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

En la primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género humano.

Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

La «paz de Cristo en el reino de Cristo»

1. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.

2. Entre tanto, no dejó de infundirnos sólida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, única que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde podía colegirse que muchos que hasta entonces habían estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberanía, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.

Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del Año Santo, digno todo de perpetua memoria y recordación, ¿acaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo?

«Año Santo»

3. Porque maravilla es cuánto ha conmovido a las almas la Exposición Misional, que ofreció a todos el conocer bien ora el infatigable esfuerzo de la Iglesia en dilatar cada vez más el reino de su Esposo por todos los continentes e islas —aun, de éstas, las de mares los más remotos—, ora el crecido número de regiones conquistadas para la fe católica por la sangre y los sudores de esforzadísimos e invictos misioneros, ora también las vastas regiones que todavía quedan por someter a la suave y salvadora soberanía de nuestro Rey.

Además, cuantos —en tan grandes multitudes— durante el Año Santo han venido de todas partes a Roma guiados por sus obispos y sacerdotes, ¿qué otro propósito han traído sino postrarse, con sus almas purificadas, ante el sepulcro de los apóstoles y visitarnos a Nos para proclamar que viven y vivirán sujetos a la soberanía de Jesucristo?

4. Como una nueva luz ha parecido también resplandecer este reinado de nuestro Salvador cuando Nos mismo, después de comprobar los extraordinarios méritos y virtudes de seis vírgenes y confesores, los hemos elevado al honor de los altares, ¡Oh, cuánto gozo y cuánto consuelo embargó nuestra alma cuando, después de promulgados por Nos los decretos de canonización, una inmensa muchedumbre de fieles, henchida de gratitud, cantó el Tu, Rex gloriae Christe en el majestuoso templo de San Pedro!

Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la eterna bienaventuranza del reino celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra.

5. Asimismo, al cumplirse en el Año Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta, y la celebramos Nos mismo en la Basílica Vaticana, cuanto que aquel sagrado concilio definió y proclamó como dogma de fe católica la consustancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de que, al incluir las palabras cuyo reino no tendrá fin en su Símbolo o fórmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo.

Habiendo, pues, concurrido en este Año Santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deber apostólico si, atendiendo a las súplicas elevadas a Nos, individualmente y en común, por muchos cardenales, obispos y fieles católicos, ponemos digno fin a este Año Jubilar introduciendo en la sagrada liturgia una festividad especialmente dedicada a Nuestro Señor Jesucristo Rey. Y ello de tal modo nos complace, que deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar después a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey; de esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producirá en adelante, y ya desde el primer momento, los más variados frutos.

I. LA REALEZA DE CRISTO

6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque Él es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de Él y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en Él la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(1) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino(2); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

a) En el Antiguo Testamento

7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.

Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob(3); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra(4). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud(5).

Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz… y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra(6).

8. A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre(7). Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá elvástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra(8). Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido…, permanecerá eternamente(9); y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible(10). Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas(11), ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento

9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.

En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin(12), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey(13) y públicamente confirmó que es Rey(14), y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra(15). Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra(16), y que Él mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan(17). Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas(18), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos(19).

c) En la Liturgia

10. De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.

Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.

d) Fundada en la unión hipostática

11. Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza(20). Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.

e) Y en la redención

12. Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha(21). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado porprecio grande(22); hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo(23).

II. CARÁCTER DE LA REALEZA DE CRISTO

a) Triple potestad

13. Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer(24). Los santos Evangelios no sólo narran que Cristo legisló, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad(25). El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo(26). En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.

b) Campo de la realeza de Cristo

a) En Lo espiritual

14. Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalrnente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efecto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimisrno, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?

b) En lo temporal

15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confiríó un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales(27). Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano(28).

c) En los individuos y en la sociedad

16. El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos(29).

El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones:porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos(30). No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que… hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido»(31).

17. En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres(32).

18. Y si los príncípes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.

¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre(33).

III. LA FIESTA DE JESUCRISTO REY

20. Ahora bien: para que estos inapreciables provechos se recojan más abundantes y vivan estables en la sociedad cristiana, necesario es que se propague lo más posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada será más dtcaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey.

Las fiestas de la Iglesia

Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los íntimos goces del espíritu, mucho más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio.

Estas sólo son conocidas, las más veces, por unos pocos fieles, más instruidos que los demás; aquéllas impresionan e instruyen a todos los fieles; éstas —digámoslo así— hablan una sola vez, aquéllas cada año y perpetuamente; éstas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Además, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habrán de conmover necesariamente las solemnidades externas de los días festivos, que por la variedad y hermosura de los actos litúrgicos aprenderá mejor las divinas doctrinas, y convirtiéndolas en su propio jugo y sangre, aprovechará mucho más en la vida espiritual.

En el momento oportuno

21. Por otra parte, los documentos históricos demuestran que estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hacía falta robustecerlo contra un peligro común, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herejía, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoción algún misterio de la fe, o algún beneficio de la divina bondad. Así, desde los primeros siglos del cristianismo, cuando los fieles eran acerbísimamente perseguidos, empezó la liturgia a conmemorar a los mártires para que, como dice San Agustín, las festividades de los mártires fuesen otras tantas exhortaciones al martirio(34). Más tarde, los honores litúrgicos concedidos a los santos confesores, vírgenes y viudas sirvieron maravillosamente para reavivar en los fieles el amor a las virtudes, tan necesario aun en tiempos pacíficos. Sobre todo, las festividades instituidas en honor a la Santísima Virgen contribuyeron, sin duda, a que el pueblco cristiano no sólo enfervorizase su culto a la Madre de Dios, su poderosísima protectora, sino también a que se encendiese en más fuerte amor hacia la Madre celestial que el Redentor le había legado como herencia. Además, entre los beneficios que produce el público y legítimo culto de la Virgen y de los Santos, no debe ser pasado en silencio el que la Iglesia haya podido en todo tiempo rechazar victoriosamente la peste de los errores y herejías.

22. En este punto debemos admirar los designios de la divina Providencia, la cual, así como suele sacar bien del mal, así también permitió que se enfriase a veces la fe y piedad de los fieles, o que amenazasen a la verdad católica falsas doctrinas, aunque al cabo volvió ella a resplandecer con nuevo fulgor, y volvieron los fieles, despertados de su letargo, a enfervorizarse en la virtud y en la santidad. Asimismo, las festividades incluidas en el año litúrgico durante los tiempos modernos han tenido también el mismo origen y han producido idénticos frutos. Así, cuando se entibió la reverencia y culto al Santísimo Sacramento, entonces se instituyó la fiesta del Corpus Christi, y se mandó celebrarla de tal modo que la solemnidad y magnificencia litúrgicas durasen por toda la octava, para atraer a los fieles a que veneraran públicamente al Señor. Así también, la festividad del Sacratísimo Corazón de Jesús fue instituida cuando las almas, debilitadas y abatidas por la triste y helada severidad de los jansenistas, habíanse enfriado y alejado del amor de Dios y de la confianza de su eterna salvación.

Contra el moderno laicismo

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

La fiesta de Cristo Rey

25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad. Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.

Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.

Continúa una tradición

26. ¿Y quién no echa de ver que ya desde fines del siglo pasado se preparaba maravillosamente el camino a la institución de esta festividad? Nadie ignora cuán sabia y elocuentemente fue defendido este culto en numerosos libros publicados en gran variedad de lenguas y por todas partes del mundo; y asimismo que el imperio y soberanía de Cristo fue reconocido con la piadosa práctica de dedicar y consagrar casi innumerables familias al Sacratísimo Corazón de Jesús. Y no solamente se consagraron las familias, sino también ciudades y naciones. Más aún: por iniciativa y deseo de León XIII fue consagrado al Divino Corazón todo el género humano durante el Año Santo de 1900.

27. No se debe pasar en silencio que, para confirmar solemnemente esta soberanía de Cristo sobre la sociedad humana, sirvieron de maravillosa manera los frecuentísimos Congresos eucarísticos que suelen celebrarse en nuestros tiempos, y cuyo fin es convocar a los fieles de cada una de las diócesis, regiones, naciones y aun del mundo todo, para venerar y adorar a Cristo Rey, escondido bajo los velos eucarísticos; y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoración, en común, del augusto Sacramento públicamente expuesto y de solemnísimas procesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con razón podría decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiración divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jesús a quien los impíos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llevándole como a un triunfador por las vías públicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos.

Coronada en el Año Santo

28. Ahora bien: para realizar nuestra idea que acabamos de exponer, el Año Santo, que toca a su fin, nos ofrece tal oportunidad que no habrá otra mejor; puesto que Dios, habiendo benignísimamente levantado la mente y el corazón de los fieles a la consideración de los bienes celestiales que sobrepasan el sentido, les ha devuelto el don de su gracia, o los ha confirmado en el camino recto, dándoles nuevos estímulos para emular mejores carismas. Ora, pues, atendamos a tantas súplicas como los han sido hechas, ora consideremos los acontecimientos del Año Santo, en verdad que sobran motivos para convencernos de que por fin ha llegado el día, tan vehementemente deseado, en que anunciemos que se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano.

29. Porque en este año, como dijimos al principio, el Rey divino, verdaderamente admirable en sus santos, ha sido gloriosamente magnificado con la elevación de un nuevo grupo de sus fieles soldados al honor de los altares. Asimismo, en este año, por medio de una inusitada Exposición Misional, han podido todos admirar los triunfos que han ganado para Cristo sus obreros evangélicos al extender su reino. Finalmente, en este año, con la celebración del centenario del concilio de Nicea, hemos conmemorado la vindicación del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya como en su propio fundamento la soberanía del mismo Cristo sobre todos los pueblos.

Condición litúrgica de la fiesta

30. Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.

Este año, sin embargo, queremos que se renueve el día 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagración se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni más convenientemente el Año Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, más amplio testimonio de nuestra gratitud —con lo cual interpretamos la de todos los católicos— por los beneficios que durante este Año Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe católico.

31. No es menester, venerables hermanos, que os expliquemos detenidamente los motivos por los cuales hemos decretado que la festividad de Cristo Rey se celebre separadamente de aquellas otras en las cuales parece ya indicada e implícitamente solemnizada esta misma dignidad real. Basta advertir que, aunque en todas las fiestas de nuestro Señor el objeto material de ellas es Cristo, pero su objeto formal es enteramente distinto del título y de la potestad real de Jesucristo. La razón por la cual hemos querido establecer esta festividad en día de domingo es para que no tan sólo el clero honre a Cristo Rey con la celebración de la misa y el rezo del oficio divino, sino para que también el pueblo, libre de las preocupaciones y con espíritu de santa alegría, rinda a Cristo preclaro testimonio de su obediencia y devoción. Nos pareció también el último domingo de octubre mucho más acomodado para esta festividad que todos los demás, porque en él casi finaliza el año litúrgico; pues así sucederá que los misterios de la vida de Cristo, conmemorados en el transcurso del año, terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad de Cristo Rey, y antes de celebrar la gloria de Todos los Santos, se celebrará y se exaltará la gloria de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos. Sea, pues, vuestro deber y vuestro oficio, venerables hermanos, hacer de modo que a la celebración de esta fiesta anual preceda, en días determinados, un curso de predicación al pueblo en todas las parroquias, de manera que, instruidos cuidadosamente los fieles sobre la naturaleza, la significación e importancia de esta festividad, emprendan y ordenen un género de vida que sea verdaderamente digno de los que anhelan servir amorosa y fielmente a su Rey, Jesucristo.

Con los mejores frutos

32. Antes de terminar esta carta, nos place, venerables hermanos, indicar brevemente las utilidades que en bien, ya de la Iglesia y de la sociedad civil, ya de cada uno de los fieles esperamos y Nos prometemos de este público homenaje de culto a Cristo Rey.

a) Para la Iglesia

En efecto: tríbutando estos honores a la soberanía real de Jesucristo, recordarán necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige —por derecho propio e imposible de renuncíar— plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie.

Más aún: el Estado debe también conceder la misma libertad a las órdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valiosísimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo con la observación de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más perfecta, merced a la cual aquella santidad que el divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta como nota característica de ella, resplandece y alumbra, cada día con perpetuo y más vivo esplendor, delante de los ojos de todos.

b) Para la sociedad civil

33. La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes.

A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectítud de costumbres. Es, además, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditación de estas cosas podrán sacar los fieles para modelar su espíritu según las verdaderas normas de la vida cristiana.

c) Para los fieles

34. Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad; si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía. Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos; es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo,como armas de justicia para Dios(35), deben servir para la interna santificación del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección.

35. Haga el Señor, venerables hermanos, que todos cuantos se hallan fuera de su reino deseen y reciban el suave yugo de Cristo; que todos cuantos por su misericordia somos ya sus súbditos e hijos llevemos este yugo no de mala gana, sino con gusto, con amor y santidad, y que nuestra vida, conformada siempre a las leyes del reino divino, sea rica en hermosos y abundantes frutos; para que, siendo considerados por Cristo como siervos buenos y fieles, lleguemos a ser con El participantes del reino celestial, de su eterna felicidad y gloria.

Estos deseos que Nos formulamos para la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, sean para vosotros, venerables hermanos, prueba de nuestro paternal afecto; y recibid la bendición apostólica, que en prenda de los divinos favores os damos de todo corazón, a vosotros, venerables hermanos, y a todo vuestro clero y pueblo.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, año cuarto de nuestro pontificado.

El 25 de diciembre se fijó desde el año 221, gracias al cronista cristiano Sexto Julio Africano

diciembre 25, 2018

Sexto Julio

Los cristianos ya tenían bastante establecida la fecha de nacimiento de Cristo al menos medio siglo antes de que el emperador Aureliano inventase su fiesta romana del Sol Invicto en el año 274 (el cristiano Sexto Julio Africano ya coloca la Encarnación en un 25 de marzo en sus Chronographiai del año 221, por lo que la Navidad ha de ser 9 meses después, el 25 de diciembre).

Sexto Julio Africano vivió cerca de 160 a cerca de 240; su nombre completo es Sexto Iulio Africano, Griego Sextos Ioulios Aphrikano.

Julio Africano es el padre de la cronografía cristiana. Se sabe poco de su vida y queda poco de sus obras. Él es importante principalmente por su influencia sobre Eusebio, sobre todos los escritores de historia eclesiástica posteriores, entre los Padres, y sobre toda la escuela griega de cronistas. Su nombre dice que era africano; Suidas lo llama “un filósofo libio”. Gelzer (“S. Julio Africano”, pp. 4, 5) piensa que el era descendiente de romanos. El conocía el griego (lenguaje en el cual escribía), latín y hebreo. Una vez fue soldado y había sido pagano; escribió todas sus obras como cristiano. Tillemont deduce que fue sacerdote del hecho de que se dirigía al sacerdote Orígenes (en su carta a él) como “querido hermano” (“Mémoires pour servir à l’histoire ecclésiastique”, III, Paris, 1693, 254). Gelzer (op. cit., 9) señala que un laico cristiano amigable podría haber usado tal saludo. La afirmación de que Julio Africano fue un obispo no aparece sino hasta el siglo IV. Probablemente es un error. El fue a Alejandría a estudiar, atraído por la fama de su escuela catequética, posiblemente cerca del año 215 (Eusebio, Historia de la Iglesia VI.31).

Todas las fechas de su vida son inciertas. Una tradición lo coloca bajo el emperador Gordiano (238-244; Gelzer, p. 7), otro lo menciona bajo Alejandro Severo (222-235; id., p. 6). Parece que él conoció a Abgar VIII, el rey cristiano de Edesa (176-213); en su Cronografía él lo llama un “hombre sagrado” (Gelzer, p. 3). Eusebio en su Crónica (ad a. Abr., 2239, ed. Schoene, II, Berlín, 1875, 178), dice que bajo Alejandro Severo la ciudad de Emaús en Palestina fue restaurada y llamada Nicópolis bajo la dirección de “Julio Africano el escritor de la Crónica”. Parece que vivió allí por un tiempo (Bardenhewer, “Patrologie”, Freiburg, 1894, p. 173). Él muestra en su Crónica que conocía la topografía de Palestina (Gelzer, p. 10). Parece haber estado en Grecia; fue a Roma alrededor del año 221 (id., 11). Bardenhewer (op. Cit., p. 173) coloca su muerte cerca del año 237. Preuschen (en Harnack, “Gesch. der altchristlichen Litteratur”, p. 507) dice que él murió “después del 221” y añade “bajo Gordiano 238.244?”. Harnack (“Realenc. für prot. Theol. u. Kirche”, Leipzig, 1901, IX, 627) dice, “después de 240”.

Las obras de Julio Africano son:

1. La “Crónica” (Gk. Chronographiai) en cinco libros, la cual cubre el tiempo desde la Creación (5499 a.C en su cálculo) hasta el tercer año de Eliogábalo (221 d.C.) Gelzer piensa que él escribió esta obra entre 212 y 221 (op. Cit., 12). Es un intento de combinar el relato en la Biblia y la historia secular (romana y griega) conocida por el autor, con especial atención a la cronología. Desde el tercer libro en adelante el orden es estrictamente cronológico. Julio usa como fuentes primero la Biblia, luego las historias griegas, romanas y judías, especialmente Justo de Tiberias, quien depende de Josefo. El también fue influenciado por la “Stromata” de Clemente de Alejandría (Gelzer, 19-24). Esta obra es de gran importancia como el primer intento cristiano de una historia universal, y como la fuente de toda la cronografía cristiana posterior. Eusebio basó su Crónica en ella. Es la fuente de todos los escritos históricos bizantinos posteriores, de modo que por siglos la cristiandad aceptó las fechas y épocas calculadas por Julio. Actualmente sólo existen fragmentos de sus obras.

2. Los “Bordados” (Griego Kestoi; compare el título de Clemente de Alejandría: stromata), también llamados “rompecabezas” (Griego, Paradoxa), es una especie de enciclopedia de ciencias—matemáticas, botánica, medicina, etc.—llena con toda clase de anécdotas e ilustraciones curiosas. Se ha pensado que el autor de esta obra fue un pagano, Sexto Africano, diferente del cristiano Julio Africano. Eusebio contradice esto directamente en su “Crónica” (Historia de la Iglesia VI.31): “Africano (el autor de la Cronografía), escritor de los Bordados” (Griego ho ton epigegrammenon keston syggrapheus). Gelzer (2-3) ha demostrado que el autor del kestoi fue un cristiano (él cita el Salmo 34(33),9) y que no hay razón para dudar de la declaración de Eusebio. Además de esta obra, constantemente citada y muy estimada por los Padres griegos, sobreviven sólo unos pocos fragmentos sobre la agricultura y la guerra. (Gelzer, 13-16). Originalmente constaba de veinticuatro libros. Es del kestoi, donde el autor diserta sobre magia, adivinación y medicina, que surge la opinión de que él era médico.

3. Se conocen dos cartas de Julio, una a Orígenes, en la cual él disputa la autenticidad de la historia de Susana, señalando que el juego de palabras en el texto griego (prinos, encina, y prio, aserrar en dos; schinos, un almácigo y schizo, rajar: Daniel 13,54-55, 58-59) no podía existir en hebreo o arameo. Por su forma de hablar en esta carta (Kyrié mou kai huié) parece haber sido un anciano cuando la escribió. Orígenes se la contestó. Ambas cartas están incluidas en las obras de Orígenes (e.g., ed. of De la Rue, I, Paris, 1733, 10). Esta carta es la única obra de las de Julio Africano que existe completa. Su criticismo le ha ganado gran respeto entre los escritores modernos. J. G. Rosenmüller (Historia Interpretationis, III, 161) considera que estas pocas líneas contienen más exégesis verdadera que la que se pueda hallar en todas las obras de Orígenes. Gelzer (p. 17) señala que la “Cronografía” y especialmente el “kestoi” muestran que Julio no merece su reputación como crítico. La otra carta está dirigida a un tal Arístides. En ella él propone la que es todavía la explicación favorita de los dos genealogías de Nuestro Señor (Mt. 1,2-19; Lc. 3,23-38), a saber, que los dos padres de San José, Jacob (Mt. 1,16) y Helí (Lc. 3,23), eran medio hermanos de la misma madre, que Helí murió sin hijos, y Jacob tomó a su esposa para darle descendencia a su hermano según la ley del Levirato (Dt. 25,5-6). De esta carta se conserva un fragmento en Eusebio (Historia de la Iglesia, I.7), otro fragmento se halla en un epítome de Eusebio “Quæstiones de differ. Evang.”, publicado por Angelo Mai (“Nova Patrum bibliotheca”, IV, Roma, 1852). Julio también tradujo al griego el “Apologeticum” de Tertuliano (Harnack in “Texte und Untersuchungen”, VIII, 4).

Escritores sirios posteriores mencionan obras que han desparecido. Dionisio Bar-Salibi habla de un comentario sobre los Evangelios (Assemani, “Bibliotheca Orientalis”, II, Rome, 1721, 158), Ebed-Jesu de comentarios sobre el Nuevo Testamento (Hebediesu, “Catalogus librorum chaldæorum”, Roma, 1633, p. 15). Obras apócrifas son las Actas de Santa Sinforosa (Ruinart, “Acta primorum martyrum”, Ratisbona, 1859, 70), una versión Latina de la “Historia de los Apóstoles” de Abdías (“Historiæ apostolicæ, auctore Abdia”, Cologne, 1576, que a través de toda ella afirma, incluso en el título, que fue traducida del hebreo por Julio Africano) y una sorprendente semi-pagana “Interpretación de las cosas que sucedieron en Persia a través de la Encarnación de Nuestro Señor y Dios y Salvador, Jesucristo” (ed. by Ignaz von der Hardt en J. C. von Aretin’s “Beiträge zur Gesch. u. Litter.”, II, Munich, 104, 52-69). San Jerónimo en su “de Viris illustribus” (no. 63) incluye: “Julio Africano, de quien existen cinco libros de temporibus [=la Cronografía], aceptó una misión para la restauración de la ciudad de Emaús, luego llamada Nicópolis, bajo el emperador Marco Aurelio Antonino, quien sucedió a Macrino.

Hay una carta a Orígenes sobre el tema de Susana en la cual él dice que está fábula no está en el hebreo, ni tampoco apo tou prinou prisai kai apo tou schisou schisai agree con etimología hebrea; contra quien Orígenes escribió una carta muy ilustrada. Existe también otra carta de él a Arístides donde discute extensamente el desacuerdo que parece haber en la genealogía del Salvador, en Mateo y Lucas.” Excepto por la fecha errónea (M. Aurelio) este relato, tomado de Eusebio, representa razonablemente lo que conocemos sobre Africano.

Bibliografía: Fragmentos de las obras en ROUTH, Reliquiæ sacræ, II (2nd ed., Oxford, 1846-48), 219-509; P.G., X, 35-108; GELZER, Sextus Julius Africanus und die Byzantinische Chronographie (Leipzig, 1898); HARNACK, Geschichte der alt-christlichen Litteratur bis Eusebius, I (Leipzig, 1893), 507-513; SPITTA, Der Brief des Julius Africanus an Aristides (Halle, 1877).

Fortescue, Adrian. “Julius Africanus.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 8. New York: Robert Appleton Company, 1910. <http://www.newadvent.org/cathen/08565a.htm>.

Traducido por Luz María Hernández Medina.

Paganos copiaron el 25 de diciembre a los católicos, no al revés; la verdadera historia

diciembre 25, 2018
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San Francisco de Asís, inició la tradición de los belenes o nacimientos

El 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas.

(Transcrito de forumlibertas.com/ William J. Tighe ) 

No fueron los cristianos quienes asumieron una fiesta pagana, sino al revés. Recuperamos un artículo muy útil en estas fechas.

Muchos cristianos creen que el cristianismo celebra el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre porque los padres de la Iglesia se apropiaron de la fecha de un festival pagano. Casi nadie da importancia a este hecho, excepto algunos grupos marginales de evangélicos americanos, que parecen interpretar que ello convierte a la Navidad en un festival pagano.

Sin embargo, resulta interesante saber que la opción del 25 de diciembre es el resultado de los intentos realizados por los primeros cristianos para averiguar la fecha de nacimiento de Jesús, basándose en cálculos de calendario que nada tenían que ver con los festivales paganos.

Fue más bien al contrario, ya que el festival pagano del “Nacimiento del Sol Invicto”, instituido por el emperador romano Aurelio el 25 de diciembre de 274, fue casi con toda certeza un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de cierta importancia para los cristianos romanos. Así pues, “los orígenes paganos de la Navidad” son un mito sin fundamento histórico.

Un error

La idea de que la fecha fue sacada de los paganos se remonta a dos estudiosos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas “paganizaciones” del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado, como una de las muchas “degeneraciones” que habían transformado el cristianismo apostólico puro en catolicismo.

Dom Jean Hardouin, un monje benedictino, intentó demostrar que la Iglesia católica había adoptado festivales paganos para fines cristianos sin paganizar el Evangelio. En el calendario juliano, creado en el año 45 a.C. bajo Julio César, el solsticio de invierno caía en 25 de diciembre y, por tanto, a Jablonski y a Hardouin les pareció evidente que esa fecha debía haber contenido obligatoriamente un significado pagano antes de haber sido cristiano.

Pero, en realidad, la fecha no había tenido ningún sentido religioso en el calendario festivo pagano en tiempos anteriores a Aurelio, y el culto al sol tampoco desempeñaba un papel importante en Roma antes de su llegada.

Había dos templos del sol en Roma. Uno de ellos (mantenido por el clan en el que nació o fue adoptado Aurelio) celebraba su festival de consagración el 9 de agosto, y el otro el 28 de agosto. Sin embargo, ambos cultos cayeron en desuso en el siglo II, en que los cultos solares orientales, como el mitraísmo, empezaron a ganar adeptos en Roma. Y en cualquier caso, ninguno de estos cultos, antiguos o nuevos, tenían festivales relacionados con solsticios o equinoccios.

Lo que ocurrió realmente fue que Aurelio, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil al cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del “Nacimiento del Sol Invicto” como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del “renacimiento” anual del sol. Lideró un imperio que avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Al crear esa nueva festividad, su intención era que el día 25, en el que comenzaba a alargarse la luz del día y a acortarse la oscuridad, fuera un símbolo del esperado “renacimiento” o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero. Y si podía solaparse con la celebración cristiana, mejor aún.

Una consecuencia

Es cierto que la primera prueba de una celebración cristiana en 25 de diciembre como fecha de la Natividad del Señor se encuentra en Roma, algunos años después de Aurelio, en el año 336 d.C., pero sí hay pruebas del Este griego y del oeste latino donde los cristianos intentaban averiguar la fecha del nacimiento de Cristo mucho antes de que lo empezaran a celebrar de una forma litúrgica, incluso en los siglos II y III. De hecho, las pruebas indican que la atribución a la fecha de 25 de diciembre fue una consecuencia de los intentos por determinar cuándo se debía celebrar su muerte y resurrección.

¿Y cómo ocurrió todo esto? Parece haber una contradicción en la fecha de la muerte del Señor entre los Evangelios Sinópticos y el Evangelio de Juan. Los sinópticos la situarían en la Pascua de los judíos (después de la Última Cena la noche anterior), mientras que Juan la describiría en la Víspera de la Pascua, en el momento en que los corderos eran sacrificados en el Templo de Jerusalén para el ágape que tendría lugar después de la salida del sol ese mismo día.

La solución a esta cuestión implica contestar a la pregunta de si la Santa Cena fue un ágape pascual o una cena que tuvo lugar un día antes, lo cual no estudiaremos aquí. Basta con decir que la primitiva Iglesia siguió a Juan y no a los sinópticos y, por tanto, creyó que la muerte de Cristo había tenido lugar el 14 Nisán, de acuerdo con el calendario lunar judío.

Por cierto, los estudiosos modernos se muestran de acuerdo con que la muerte de Cristo podría haber tenido lugar en el año 30 o en el 33 d.C., ya que éstos son los únicos años de esa época en los que la Vigilia de Pascua podían haber caído en viernes. Las posibilidades son, por tanto, el 7 de abril del 30 o el 3 de abril del 33.

Sin embargo, dado que la Iglesia primitiva fue forzosamente separada del judaísmo, entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua. Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran “desviando” hacia meses inapropiados.

Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos.

El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.

Estas divergencias eran interpretadas de distintas maneras entre los cristianos griegos de la parte oriental del imperio y los cristianos latinos en la parte occidental del mismo. Parece ser que los cristianos griegos quisieron encontrar una fecha equivalente a su 14 Nisán en su propio calendario solar y, dado que el Nisán era el mes en el que tenía lugar el equinoccio de primavera, eligieron el día 14 de Artemision, el mes en el que el equinoccio de primavera caía invariablemente en su propio calendario.
Alrededor del 300 d.C., el calendario griego fue solapado por el romano y, como las fechas de principio y final de los meses en estos dos sistemas no coincidían, el 14 Artemision se convirtió en el 6 de abril.

No obstante, parece que los cristianos latinos del siglo II en Roma y África del norte querían establecer la fecha histórica en la que murió Jesús. En la época de Tertuliano [c.155 -220 d.C.] habían concluido que murió en viernes, 25 de marzo del 29. Como nota aparte, debo hacer constar que ello es imposible: el 25 de marzo del 29 no cayó en viernes, y la Víspera de Pascua judía en el 29 d.C. no caía en viernes ni en 25 de marzo, ni siquiera en el mes de marzo.

Edad Integral

Así pues, en el este, tenemos el 6 de abril y, en el oeste, el 25 de marzo. Llegados a este punto, debemos introducir una creencia que parece ser que se propagó en el judaísmo en el tiempo de Cristo, pero la cual, como no aparece en la Biblia, no han tenido presente los cristianos. Se trata de la “edad integral” de los grandes profetas judíos: la idea de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las supuestas fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción o nacimiento. Existe alguna prueba fugaz de que al menos algunos cristianos en los siglos I y II consideraron el 25 de marzo y el 6 de abril como la fecha del nacimiento de Cristo, pero rápidamente prevaleció la asignación del 25 de marzo como la fecha de la concepción de Cristo.

Y es en este día, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento la Palabra de Dios (“Luz de Luz, Dios verdadero del Dios verdadero, nacido del Padre antes de todos los tiempos”) se encarnó en su vientre. ¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

La Navidad (el 25 de diciembre) es una fiesta de origen cristiano occidental. Parece que en Constantinopla fue introducida en el año 379 ó 380. De un sermón de San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, parece que ahí la fiesta se celebró por primera vez el 25 de diciembre del 386. Desde esos centros, se esparció por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432, mientras que en Jerusalén se asumió un siglo o un poco más después. Los armenios, solos entre las Iglesias cristianas antiguas, nunca la adoptaron, y hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero.

Por su parte, las Iglesias occidentales fueron adoptando gradualmente la celebración de la Epifanía del este el 6 de enero, y Roma lo hizo entre el 366 y el 394. Pero en Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Una fiesta cristiana

Así pues, parece que el 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Cristo no está en absoluto en deuda con las influencias paganas en las prácticas de la Iglesia durante o después del tiempo de Constantino. Es totalmente improbable que fuera la fecha exacta del nacimiento de Cristo, pero surgió estrictamente de los esfuerzos de los primeros cristianos latinos para averiguar la fecha histórica de la muerte de Cristo.

En cambio, la fiesta pagana que instituyó el emperador Aurelio en esa fecha, en el año 274, no sólo fue un esfuerzo para utilizar el solsticio de invierno con el objetivo de hacer una declaración política, sino que, casi con toda certeza, fue también un intento de dar un sentido pagano a una fecha ya importante para los cristianos romanos. A su vez, los cristianos podrían más tarde volver a adoptar la fiesta del “Nacimiento del Sol Invicto” para referirse, en memoria del nacimiento de Jesús, a la ascensión del “Sol de la Salvación” o el “Sol de la Justicia”.

La Santísima Natividad y el Último Evangelio de la Misa (San Juan 1:1-18)

diciembre 24, 2018

Murillo. La adoración de los pastores

Y EL VERBO SE HIZO CARNE, Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS; y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad. (S. Juan 1, 14)

La Santísima Natividad es el día más festejado en todo el orbe. Pero también ha sido de los más tergiversados y confundidos por los impíos.

Es el gran amor del Verbo Divino entregado a los padecimientos de la carne, para sacrificarse por quienes creyeran en su nombre y lograr así su salvación eterna. 

Y ¿quién lo explicó mejor que el Espíritu Santo a través de San Juan, el discípulo amado?. Nadie. 

La Nueva Misa Montiniana alteró diversas partes de la Santa Misa Católica, pero la parte que quiso destruir y no dejar huella, fue las oraciones al final de la Misa, especialmente la oración a San Miguel Arcángel compuesta por el Papa León XIII y el Último Evangelio, el Misterio de la Encarnación y la Redención, explicados por el Espíritu Divino por medio de San Juan.

En este Evangelio, el Espíritu Santo, a través del discípulo amado, San Juan, precisó como nunca nadie ha podido precisar el Misterio de la Encarnación, y el significado de la llegada al mundo de nuestro Salvador, así como el rechazo de el pueblo hebreo, el cual le rechazó (pero las tinieblas no la han recibido).

Asimismo, este Evangelio habla con claridad del hecho de que la salvación fue reservada para aquellos que creen en su Nombre, los verdaderos cristanos, a quienes dio la potestad de llegar a ser hijos de Dios; “no de la carne ni de la sangre” como ferozmente sostienen los hebreos cabalistas; a quienes Él vino, aunque “los suyos no le recibieron”. 

Salvo en los misales y demás textos católicos (VULGATA LATINA), la mayoría de antes del Vaticano II, es muy difícil encontrar el verdadero texto y la correcta traducción del ÚLTIMO EVANGELIO.

La Sagrada Familia. Murillo

(Texto y traducción tomados del Ordinario de la Misa anterior a 1962)

1. En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios.

In principio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum.

2 Él estaba en el principio en Dios.

Hoc erat in principio apud Deum.

3 Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas.

Ómnia per ipsum facta sunt, et sine ipso factum est nihil quod factum est.

4 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres,

In ipso vita erat, et vita erat lux hóminum,

5. y esta luz resplandece en las tinieblas, pero las tinieblas no la han recibido.

et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt.

6 Hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan.

Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Joannes.

7 Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que por él todos creyesen.

Hic venit in Testimonium, ut Testimonium perhibéret de Lumine, ut omnes créderent per illum.

8 No era él la Luz, sino el que había de dar testimonio de la Luz.

Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de Lúmine.

9 (El Verbo) era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.

Erat lux vera quae Illuminat omnem hominem veniéntem in mundum hunc.

10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por Él; ¡mas el mundo no le conoció!.

In mundo erat, et mundus por ipsum factus est, et mundus eum no cognóvit.

11 ¡Vino a los suyos!, y los suyos no le recibieron.

In propria venit, et sui eum no recepérunt,

12 Pero a los que le recibieron, que son los que creen en su Nombre, dióles potestad de llegar a ser hechos hijos de Dios;

quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem Filios Dei fieri, his qui credunt in nomine ejus

13 los cuales nacen, no de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de voluntad de varón, sino que nacen de Dios.

ex qui no sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt.

14 Y EL VERBO SE HIZO CARNE, Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS; y nosotros hemos visto su gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Et Verbum caro factum est, et habitávit in nobis: et gloriam ejus Vidimus, gloriam quasi Unigéniti a Patri, plenum gratiae et veritatis.

15 Juan dio testimonio de Él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.

Iohannes testimonium perhibet de ipso et clamat dicens hic erat quem dixi vobis qui post me venturus est ante me factus est quia prior me erat

16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia.

et de plenitudine eius nos omnes accepimus et gratiam pro gratia

17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

quia lex per Mosen data est gratia et veritas per Iesum Christum facta est

18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Deum nemo vidit umquam unigenitus Filius qui est in sinu Patris ipse enarravit

Deo Gratias

Tornielli revolucionará Vaticueva; crisis de imagen decide a Sinagoglio a fichar al “vaticanista senior”

diciembre 24, 2018
Andrea_Tornielli

Andrea Tornielli, autor de la columna “Vatican Insider” era reconocido como el vaticanista más cercano a los secretos de la ex “santa” sede.

(Transcrito de RD/Jesús Bastante)

El Papa Francisco revoluciona los medios de la Santa Sede. Si hace unos meses nombraba a Paolo Ruffini como el primer prefecto laico de un dicasterio vaticano, el de la Comunicación, este mediodía ha ido más allá, designando al vaticanista Andrea Tornielli nuevo director editorial de los ‘media’ del Vaticano.

“Como dijo el Papa, no debemos tener miedo de esta palabra, reforma“, declaraba Paolo Ruffini al anunciar este nombramiento, al que se suma el de Andrea Monda como director de L’Osservatore Romano, mientras que Gianni Maria Vian conservará el puesto de ‘director emérito’.

Para Ruffini, la reforma “no es para encubrir cosas, sino para organizarlas de otra manera” apostando por dos periodistas que “miran más allá de la apariencia de las cosas, que saben profundizar, que saben escuchar. Ambos son constructores de puentes”.

A partir de ahora, Tornielli será el encargado de coordinar todos los medios del Vaticano, con “una guía segura, de autoridad y con visión de futuro”, mientras que, con Andrea Monda, L’Osservatore “seguirá comprometido con su historia secular, y nuevos proyectos”, añadía Ruffini, quien destacaba que el diario de la Santa Sede “es uno de los pilares de nuestra comunicación”.

Por su parte, Andrea Tornielli mostró su agradecimiento al Papa Francisco y a Paolo Ruffini “por pensar en mí”, subrayando que “estoy convencido de que hay una creciente necesidad de que el periodismo cuente los hechos antes de comentarlos”.

Por ello, apostó por un periodismo que “en la era de los lemas, sea capaz de analizar la realidad teniendo en cuenta todos sus factores”. Respecto al futuro, apuntó que “trataré de ponerme al servicio de la estructura de información de la Santa Sede para ayudar a comunicar, con todos los medios y utilizando todas las plataformas, de manera simple y directa, la enseñanza del Papa”.

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