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Hortelano: el cura hebreo que antes de morir reveló la infiltración en la Iglesia y que publicaría un libro que nunca se dio a conocer

junio 1, 2018

Hortelano

Foro Católico: Antonio Hortelano Alcázar, nació el 21 de agosto de 1921 en Irún y murió el 16 de octubre de 2009 en Madrid. Sefardita infiltrado en la Curia Roma, trabajó bajo las órdenes de Pablo VI hasta Juan Pablo II, y confirmó la realidad de la Nueva Iglesia Conciliar: la infiltración hebrea en el Vaticano, los agentes de la Sinagoga de Satanás. 

Este testimonio libre, sin parcialidad “antijudía”, brinda al lector un argumento contundente para abrir los ojos ante la verdad que, desde hace varias décadas, padece la actual Roma Anticristiana. Hizo para Beneicto XVI una hoja de ruta recomendando una Iglesia «más equilibrada y más femenina». Con curas casados y mujeres sacerdotes. Con obispos elegidos por un período de 9 años y la supresión del colegio cardenalicio. Porque al Papa lo elegiría «una representación de todo el pueblo de Dios». Y, por último, le pide que «promueva la integración de la Iglesia con el judaísmo».

Al final de sus días habla sobre la publicación de su autobiografía “El Abuelete” donde cuenta su vida como espía del Mossad en el vaticano, pero no llegó a publicarse.

CONFESIONES DE UN CURA ESPÍA DEL

MOSSAD ISRAELÍ: LO CUENTA TODO

(Transcrito del periódico El Mundo.es (02.08.2009)/ José Manuel Vidal)

Religioso redentorista, especialista en Moral. Trabajó como espía para los principales servicios de inteligencia. Los médicos le han diagnosticado un cáncer terminal de pulmón. Sus memorias. Está escribiendo «El abuelete», un libro donde cuenta, con toda su crudeza, su experiencia como ESPÍA DEL VATICANO Y DE ISRAEL.

«Soy espía y no lo niego», reconoce a sus 90 años sin rubor. Y lo cierto es que, según revela a Crónica, perteneció a los servicios secretos vaticanos, fue miembro del Mossad israelí, quiso ficharlo la CIA y estuvo detenido por el KGB. Parece el retrato de un 007, pero Antonio Hortelano Alcázar es un religioso redentorista, especialista en Moral y con un extraordinario recorrido evangelizador a sus espaldas. Y una historia de película. Porque el cura espía vivió de cerca, directa o indirectamente, todos los grandes acontecimientos de los últimos tiempos y se codeó con los grandes personajes que han pasado o pasarán a la Historia. Desde Golda Meir o Moshe Dayan a Salvador Allende o monseñor Romero. Y, por supuesto, los papas de las últimas décadas.

Pelo blanco, nariz aguileña («de judío», dice con orgullo), encorvado por el peso de los años, el padre Hortelano sigue conservando una mente absolutamente lúcida, una gran capacidad dialéctica y pedagógica y unos ojos azules que las vieron de todos los colores. Hasta la radiografía de su propia muerte, que le diagnosticaron hace unos meses, de improviso. «Como llegaba de México, me llevaron al Carlos III y me hicieron todo tipo de análisis para ver si tenía la gripe A. Cuando terminaron, el médico me dijo: ‘Tengo que darle dos noticias. Una buena y otra mala. La buena es que no tiene la gripe A. La mala, que tiene un cáncer de pulmón en fase terminal’». Pero hasta eso asume con una enorme dignidad. «Me muero. Me quedan unos dos meses de vida. Pero no he querido quimio ni radio. Sólo cuidados paliativos».

-¿Sin miedo a la muerte?

-Ninguno.

-¿Por qué?

-Porque tengo fe y creo en el más allá.

-¿Cómo le gustaría morir?

-Con una sonrisa en los labios.

-¿Y de epitafio?

-La frase de Zubiri: «Pienso, luego existo y existo, no colgado de la nada, sino de Dios».

Son las 10 de la mañana del miércoles 29 de julio. El padre Hortelano nos recibe en su habitación del convento redentorista de la calle Félix Boix de Madrid. Un cuarto pequeño y tan humilde como el de un monje. Una camita a la izquierda, una mesa de escritorio, llena de libros; dos estanterías y una puerta que da a un servicio, también pequeño. Huele a desprendimiento y austeridad. Se sienta en su sillón, se pone su mantita en las rodillas y se prepara para anticiparnos parte de un libro de memorias que ya está casi terminado. Se va a titular El abuelete.

-Un título poco comercial.

-Sí, pero como voy a contar en él cosas duras, prefiero revestirlo de un halo de ternura. Como algo entrañable y familiar.

-Su testamento.

-Mi verdad y una mirada a lo mucho que he vivido.

En general, el padre Hortelano dice no tener mucho de qué arrepentirse. «A veces, no he tenido demasiadas vivencias religiosas y, en ocasiones, he sido egoísta y muy terco». En cualquier caso, no teme al juicio de Dios en absoluto. «Dios cuenta con eso. Pronto llegaré ante él y le diré: ‘Aquí está Antonio reportándose’». Además, en su vida también hubo infinidad de cosas buenas. «De lo que más orgulloso me siento es de lo que he trabajado por los demás».

Una vida entregada y repleta de penas y tristezas, como corresponde. Al echar la vista atrás, recuerda que nació en el número 80 del paseo de Colón de Irún. «A 500 metros de donde vivíamos estaba Francia». En el seno de una familia acomodada. De las fuerzas vivas del pueblo. «Mi abuelo materno, Antonio, murió a los 96, siendo el farmacéutico más viejo de España». A los 7 años, la familia de Antonio se traslada a Madrid. «Mi padre tenía leucemia y mi madre pensaba que en Madrid sería más fácil atenderlo. Le dieron un tratamiento de rayos X y fue un éxito para aquella época, pues duró hasta principios de 1931».

Y en Madrid vivió, de niño huérfano, la época de la República. «En el instituto, donde fui compañero de Fernando Fernán Gómez, los jóvenes católicos llevábamos una cruz en la solapa y los rojos, un diablo con cuernos y rabo». Después vino la Guerra Civil y en su casa, se celebraban «eucaristías clandestinas con el padre Ibarrola».

El padre Hortelano echa pestes de Rafael Alberti: «Metía a los prisioneros en cabinas de teléfonos con las paredes electrificadas con alta tensión». Y de Santiago Carrillo, que mandó fusilar a su tío. En cambio, alaba «la genialidad estratégica de Franco».

Excelente estudiante, Antonio Hortelano profesa en los redentoristas el 24 de agosto de 1939. Y con sus extraordinarias dotes humanas y religiosas, pronto se convierte en una de las estrellas de la congregación. Alto, delgado y bien parecido, con sus gafas de pasta, parecía intelectual. Y lo era. Brillante, dicen que hablaba muy bien, que predicaba mejor y que daba clases como los ángeles. «Siempre fui muy popular entre los alumnos, porque, en mis clases, nunca leía. Siempre era esquemático, corto y creativo». Y, encima, sabía seis lenguas. Entre ellas, el alemán a la perfección.

ESPÍA DEL VATICANO

En la Curia romana se fijaron en él y entró a formar parte de los servicios secretos vaticanos. «Con misiones especiales y de una forma eventual», dice. Pero la verdad es que el propio cardenal Montini, entonces secretario de Estado del Vaticano y futuro Papa Pablo VI, le encomienda muchas misiones especiales. Un día le llama al Vaticano y le dice: «Sospechamos que el cardenal Mindszenty de Budapest ha sido drogado y, por eso, ha hablado por radio a la población a favor del comunismo. Queremos mandar orientaciones a los responsables de la Iglesia. Sabemos que es valiente y arrojado y quiero saber si podemos contar con usted para esta misión».

Aceptó de mil amores, a pesar de los riesgos que corría. Viajó con pasaporte italiano a la Hungría comunista y cumplió su misión. Pero cuando va a coger el tren de vuelta a Viena, lo detectan los espías del KGB, lo detienen, lo someten a un interrogatorio de horas y lo acusan de espionaje. Pero, a las 48 horas y «tras tocar los palillos adecuados, me soltaron y pude regresar». Los palillos son el Vaticano e Israel, los dos Estados para los que trabajaba.

– HE TRABAJADO INCLUSO MÁS CON EL MOSSAD QUE CON EL VATICANO.

-¿Por qué con los judíos?

-Se ve claro en mi cara: soy descendiente de judíos.

-¿Se casa bien el sacerdocio católico con el ser un espía judío?

-Perfectamente. Jesús fue judío de raza y de religión. Y nunca se salió del judaísmo. No se puede ser cristiano sin ser judío.

A través de Roma y del Mossad recibió información privilegiada. Mucha y muy abundante. Cuenta, por ejemplo, que el almirante Canaris, jefe del espionaje de Hitler, era «descendiente de judíos sefarditas expulsados de España en 1492, que se refugiaron en Salónica. Se infiltró en los servicios secretos alemanes y le dictó a Franco la estrategia a seguir en el famoso encuentro con Hitler en Hendaya».

Un encuentro del que también tiene información privilegiada. Por el Mossad y porque el traductor que acompañaba a Franco, Antonio Tovar, era amigo íntimo de los Hortelano. Canaris había convencido a Franco de que «sería un desastre para todos que Hitler ganase la guerra, y le aconsejó lo siguiente: ‘Usted dígale amén a todo, pero pídale lo que no tiene. Es decir, cañones de costa para defenderse de los ingleses, petróleo y alimentos. Como es muy orgulloso, no le dirá que no lo tiene, pero no lo obligará a entrar en la guerra’. Y Franco, con esa estrategia, nos salvó de la guerra».

Para hacer frente al comunismo que amenazaba con extenderse por toda Europa y, sobre todo, a Latinoamérica, Hortelano se dedica a «aprender las técnicas subversivas». De la mano del ex agitador francés G. Sauge. A su lado, se infiltra en las juventudes comunistas alemanas y austriacas y vive, en París, la revolución de mayo del 68, donde conoce al que después sería cardenal de París, Jean-Marie Lustiger, el primer purpurado católico de origen judío.

Por sus contactos descubre, asimismo, que, «para conquistar Latinoamérica, los soviéticos iban a aplicar la teoría de Gramsci: ni bombas ni elecciones, sino infiltraciones en la Universidad y en la Iglesia. Y de ahí nace la Teología de la Liberación».

-¿Una teología marxista?

-En la Teología de la Liberación hay gente buena, como el cardenal Pironio o Helder Cámara. Pero otros, como Hugo Assman, son totalmente marxistas y partidarios de la lucha armada.

-¿Y Gustavo Gutiérrez, el llamado padre de esa teología?

-Cambió y ahora somos amigos.

-¿Y Leonardo Boff?

-Es un bluf, que preconizaba el comunismo científico.

Una idea muy extendida entre las bases católicas más comprometidas. Cuenta el Padre Hortelano que una vez se le acercó una monja en Bolivia y le dijo: «Los problemas de Latinoamérica se arreglan con la Biblia en una mano y con la metralleta en la otra». Y el religioso le contestó: «Cómo se nota que no ha estado usted en la guerra, porque la metralleta hay que agarrarla con las dos manos y no queda mano libre alguna para la Biblia». Y, tras la anécdota, concluye: «es encomiable la opción por los pobres de la Teología de la Liberación, pero su pecado ha sido coquetear con el comunismo y la violencia».

Por tenerlo así de claro, lo quiso fichar la CIA. «El jesuita Veeckmans se me acercó para contratarme para la CIA con un importante sueldo. Pensaron que era el candidato ideal para denunciar a los teólogos radicales. Mandé a la CIA por el tubo de desagüe, con lo que me gané muchos enemigos». Eso sí, pasó más de 30 años paseándose por Latinoamérica, uno de los principales teatros de operaciones del cura espía. Y participando en todos los grandes acontecimientos del continente.

Vivió, por ejemplo, todo el proceso que condujo al asesinato de monseñor Romero, obispo de San Salvador. «Había dos candidatos para el arzobispado salvadoreño: Rivera Damas, abierto, y Romero, conservador. Roma eligió al conservador, que pronto se pasó con armas y bagajes a la izquierda». Además, «sus misas se convirtieron en auténticos mítines revolucionarios contra el gobierno militar y por eso lo mataron».

De ahí que Hortelano crea que monseñor Romero «nunca será canonizado». Y añade: «Como tampoco subirán a los altares Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas de la UCA. Demasiada política de por medio». (FC: se equivocó Hortelano, Bergoglio canonizará al comunista hebreo Romero en octubre).

Hortelano estuvo en Chile desde la llegada de Allende al poder hasta su derrocamiento y asesinato. Recuerda que a su toma de posesión «llegaron Castro y los demás dirigentes de la izquierda marxista leninista del continente». El redentorista español, sentado al lado del cardenal Silva Henríquez, carismático arzobispo de Santiago de Chile, le comentó:

-Monseñor, debe de ser muy interesante ser cardenal de Santiago en estos momentos.

-Ojalá, padre Hortelano, no lo fuese tanto. Replicó el purpurado.

El cura español sostiene que «el Chile de Allende se fue convirtiendo en el imán de todos los revolucionarios del continente y, cuando estalló el golpe de Pinochet, mi impresión es que el 70% de los chilenos estaba a favor. Eso sí, creían que los militares iban a poner orden y se irían, pero se instalaron en el poder, tras cometer muchas atrocidades». Estuvo en el estadio «donde había más de 5.000 personas detenidas» y recuerda que, en medio de la atroz dictadura, «la Iglesia fue la voz de los que no la tenían y organizó la Vicaría de la Solidaridad, presidida durante un tiempo por mi alumno el sacerdote Juan de Castro».

Hortelano se relacionaba con todos los bandos. Tanto civiles como eclesiásticos. Fue amigo de Camilo Torres, el cura revolucionario colombiano. Pero también tuvo trato con dictadores como Fujimori o Videla. «Un día, el entonces presidente de la Junta Militar argentina asistía a una boda que celebraba yo y se acercó a comulgar. En el convite me tocó a su lado y le pregunté a bocajarro»:

-Presidente, ¿cómo se atreve a comulgar?.

-No sea ingenuo, padre Hortelano. Si Rusia ataca con bombas atómicas, Estados Unidos responde con bombas atómicas. Si los montoneros nos atacan con el tiro en la nuca, nosotros les respondemos con el tiro en la nuca. Ustedes, en cambio, dentro de 30 años seguirán soportando a los asesinos de la ETA con el tiro en la nuca.

-¿Qué haría usted para acabar con ETA ?

-Cinco por uno, incluidas mujeres y niños y el embargo de sus bienes.

Como cura que es, el padre Hortelano no está de acuerdo con el cinco por uno de Videla. Pero propone una «receta» cuando menos sorprendente para acabar con la banda terrorista: «Llevaría a todos los presos de ETA a Fuerteventura. Nada de acercamientos. Y si la banda comete atentados materiales, los presos aislados a agua y bananos. Y si mata a alguien, a pan y agua durante cuatro meses».

Hortelano admira a los vascos. Aunque dice que él es un «vasco cósmico», asegura que el pueblo vasco «siempre ha sido un pueblo triunfador, hasta que perdió las guerras carlistas». Pero se muestra muy crítico con los obispos vascos y con la Iglesia católica del País Vasco. «ETA la fundó la Iglesia. Y, tras tantos años de terrorismo, es lamentable que no haya muerto ni un solo cura. Mientras ETA no mate a un cura, no creo en los curas ni en los obispos ni en la jerarquía vasca». Lo dice el cura al que el entonces obispo de San Sebastián, Jacinto Argaya, quería que fuese su obispo auxiliar. Y se lo propuso en una reunión secreta que celebraron en el santuario de Loyola.

-Quiero que seas mi auxiliar con derecho a sucesión

-No puedo, Don Jacinto. No sé vasco y, además, no soy sacerdote diocesano.

-Eso no importa. El vasco se aprende. Y eres el único que puede parar la sangría de mis curas, que se están pasando a los abertzales y a ETA.

-Lo siento mucho, monseñor, pero no puedo aceptar. No soy la persona idónea.

Don Jacinto le confiesa, entonces, que «la alternativa es Setién». Y Hortelano precisa: «Entonces, Setién tenía fama de conservador y daba clases en Salamanca. Pero el conservador Setién les salió abertzale».

-¿Qué tal se lleva con monseñor Setién?

-Fatal, cada vez que me ve me mira con ojos de hiena.

El padre Hortelano aprovecha el caso para criticar la política de nombramientos episcopales de la Iglesia. «Se hacen muy malos nombramientos de obispos. Por eso son tan malos y tan grises los que tenemos. Además, deberían elegirse sólo para nueve años. Lo que no se hace en ese tiempo, ya no se hace».

Profundo conocedor de los entresijos más ocultos de la Santa Sede, Hortelano habla sin pelos en la lengua de los papas.

-¿Su Papa preferido?

-Juan XXIII.

-¿Qué opina de Benedicto XVI?

-Es un profesor de teología sin chispa ni carisma.

-¿Y de Juan Pablo II?

-Teológicamente, era malísimo y, además, relegó a los religiosos.

Pero también reconoce los méritos de Wojtyla. «El Muro de Berlín cayó gracias a Juan Pablo II, aliado con Reagan». Y desvela un secreto de su pontificado. En su intento por acabar con el comunismo, «el presidente de los EEUU y el Papa se intercambiaban a diario todos los informes más reservados que cada uno de ellos recibía. Todas las mañanas, Reagan mandaba sus informes al Papa y éste le enviaba la información más caliente que recibía de todas las nunciaturas». A juicio del sacerdote-espía, «ése fue un gran error de Juan Pablo II».

SECRETOS VATICANOS

Y sobre todo le reprocha el escándalo del IOR, el Banco del Vaticano y el haber confiado las finanzas de la Iglesia a monseñor Marcinckus. «Se lo ofreció el arzobispo de Baltimore, pero ya en USA Marcinckus estaba relacionado con la mafia. Por eso, cuando se produjo la quiebra del Banco Ambrosiano, que dejó un agujero en el IOR de más de mil millones de dólares, Marcinckus quiso taparlo negociando la deuda con la mafia. Al final, tras varios muertos, el Vaticano pidió a los religiosos que se hiciesen cargo de la deuda. Aceptaron pero con la condición de quedarse con la gestión de las finanzas vaticanas. El Papa no quiso y, entonces, apareció el Opus Dei que, a través de Rumasa, tapó el agujero de Roma a cambio de la prelatura personal y de la canonización del fundador de la Obra». (FC: de ahí surge la “canonización” del hebreo José María Escrivá de Balaguer).

Pasadas esas turbulencias y desde su atalaya de hombre de Iglesia, el padre asegura que la institución «necesita cambios estructurales, pero sin dinamitarla». Es decir, «hay que hacer lo mismo que con las viejas catedrales: limpiarlas, pero conservando todo lo demás».

En esta clave se atreve a escribir una «última carta al Papa». En ella le propone «con humildad» una serie de consejos concretos para reformar la Iglesia. Le pide una Iglesia «más equilibrada y más femenina». Con curas casados y mujeres sacerdotes. Con obispos elegidos por un período de 9 años y la supresión del colegio cardenalicio. Porque al Papa lo elegiría «una representación de todo el pueblo de Dios». Y, por último, le pide que «promueva la integración de la Iglesia con el judaísmo».

ROTA, GIBRALTAR Y LAS MEMORIAS

Torrente inagotable de informaciones, el padre Hortelano deja la Iglesia y pasa a asuntos de la actualidad. Y asegura que «Gibraltar, ahora de moda por el viaje de Moratinos, es una bobada, que se solucionaba haciendo esperar ocho horas diarias en la frontera a los llanitos que pasan a España, donde suelen vivir». A su juicio, el problema es la base de Rota.

-¿Por qué?

-Porque Rota es un enorme almacén de bombas nucleares, por si estalla una guerra atómica en Oriente Medio.

-¿Con qué datos asegura eso, padre?

-Con las bases documentales del Vaticano y del Mossad, y con la información privilegiada de muchos servicios secretos.

Posa con paciencia para las fotos, nos estrecha la mano y nos dice, a guisa de despedida: «Como seguramente no os vuelva a ver, que Dios os bendiga». Y se vuelve a su cuarto apoyado en su andador. El cura espía ha testado y su testamento saldrá pronto en forma de libro de memorias. Porque, como le gusta decir, «sólo la verdad nos hace libres». Y para conseguir algo de dinero para la niña de sus ojos: el kibutz que fundó, hace años, en Querétaro, México (llamado comunidades EAS).

ANTONIO HORTELANO ALCÁZAR
– Religioso redentorista, especialista en Moral.- Trabajó como espía para los principales servicios de inteligencia.Los médicos le han diagnosticado un cáncer terminal de pulmón. Sus memorias. Está escribiendo «El abuelete», un libro donde cuenta, con toda su crudeza, su experiencia como espía del Vaticano y de Israel. Falleció el 15 de octubre de 2009, ver esquela.
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Se gradúa (2014) tesorero de Fellay, en ceremonia cabalista, en la New York and London Business School

mayo 31, 2018
Otra vez en Londres... ¿qué no hay otro lugar donde los enemigos de la Iglesia se preparen?.

Maximilian Krah, tesorero de la FSSPX se graduó en las más hebraicas escuelas cabalistas de negocios (usureros) de Nueva York y Londres … ¿qué no hay otro lugar donde los jefes lefebvrianos se preparen?

ESTA CEREMONIA, EL ISRAELÍ OREN HEIMAN, ÍNTIMO DE MAXIMILIAN KRAH, DICTA UN DISCURSO ESOTÉRICO. EN PRIMERA FILA Y MUY SONRIENTE APARECE EL CABALISTA ABOGADO-TESORERO DE LA FSSPX 

ESCUCHE AL NERVIOSO BERNARD FELLAY, SUPERIOR DE LA FASSPX, DEFENDER AL SIONISTA MAXIMILIAN KRAH, COMO SI FUERA SU PADRE

 

Oren Heiman, el mejor alumno de la clase, e íntimo del lefebvriano Maximilian Krah, implora a sus compañeros que nunca olviden el “poder de los 72”:

“Antes de bajar de este glorioso podio, les pido, les imploro no olvidar la herramienta que se nos ha inculcado, la madre de todas las herramientas, la fuente de poder de los negocios globales, de influencia y de la habilidad de hacer el bien (sic) en el mundo. Nos hemos referido constantemente a esta herramienta como el poder de los 72.

El "mejor de la clase", el hebreo cabalista Oren Heiman, agente del Mossad y amigazo de Max Krah, el tesorero de la FSSPX y vínculo de Fellay con los Rotschild.

El “mejor de la clase 2014”, el hebreo cabalista Oren Heiman, agente del Mossad e íntimo de Max Krah, tesorero de la FSSPX y vínculo de Fellay con los Rothschild.

Max Krah y Oren Heiman, íntimos amigos y socios.

Max Krah y Oren Heiman, íntimos amigos y compañeros de filiación pro-israelí.

¿QUIÉN ES OREN HEIMAN?

(Transcrito de Jewish Agency/ traducción de Foro Católico)

Oren Heiman se describe a sí mismo como una doble persona “200 por ciento”. Como socio director de la oficina de Nueva York de una gran firma de abogados con sede en Tel Aviv, viaja a Israel por lo menos una vez al mes. Pero su doble identidad va mucho más allá.

Nacido en Cincinnati de padres israelíes, Heiman, de 45 años, se mudó a Israel cuando tenía nueve años y luego a Nueva York en la treintena. Sus vidas en Israel y los EE.UU. están tan entrelazados que él dice que el sentimiento de su colchón es a veces la única manera que sabe dónde está cuando se despierta por la mañana. Y él no cambiaría su estilo de vida para nada.

“Yo soy un abogado estadounidense-israelí, con una licencia israelí-estadounidense, la práctica de la ley israelí-estadounidense para clientes americano-israelíes”, dice Heiman. “Estoy 100 por ciento israelí y el 100 por ciento de Estados Unidos. Me sale el 200 por ciento de la vida, que es algo que quiero que mis hijos tengan también “.

Heiman dirige una organización llamada Moatza, formada por un grupo de líderes de la comunidad israelí-estadounidense en el área de Nueva York.

Heiman dirige una organización llamada Moatza, formada por un grupo de líderes de la comunidad israelí-estadounidense en el área de Nueva York.

  QUÉ ES EL PODER DE LOS 72 INVOCADO POR HEIMAN:

 

“Lo quiere el Papa”… Annibale Bugnini a los enemigos del Novus Ordo Misae

mayo 30, 2018

DiesIrae1

(Transcrito de Sandro Magister/ Infovaticana)

“Lo quiere el Papa”. Es así como monseñor Annibale Bugnini (1912-1982), el artífice de la reforma litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II, acallaba siempre a los expertos que cuestionaban una u otra de sus innovaciones más desconsideradas.

El Papa era Pablo VI que, efectivamente, había confiado precisamente a Bugnini el papel de secretario y factótum del consejo para la reforma de la liturgia, presidida por el cardenal Giacomo Lercaro.

Bugnini gozaba de pésima reputación entre algunos de los componentes del consejo. “Perverso y melifluo”, “manipulador”, “sin cultura ni honestidad”: así lo definió en sus “Memorias” el gran teólogo y liturgista Louis Bouyer (1913-2004), muy estimado por Pablo VI.

Al final, este Papa estuvo a punto de hacer cardenal a Bouyer y castigó a Bugnini exiliándolo como nuncio en Teherán cuando se dio cuenta de los daños que había ocasionado y de la falsedad de ese “Lo quiere el Papa” en el que el réprobo se escudaba.

Sin embargo, en los decenios siguientes los herederos de Bugnini dominaron el campo. Su secretario personal Piero Marini fue el maestro de las ceremonias pontificias de 1983 a 2007. Y recientemente se han publicado libros sobre Bugnini que exaltan su papel.

Pero volviendo a Pablo VI, ¿cómo vivió la reforma litúrgica? Los defensores de la liturgia preconciliar le señalan como el responsable último de todas las innovaciones.

En realidad, entre Pablo VI y la reforma que lentamente tomaba cuerpo no había esa sintonía que los críticos le reprochan.

Más bien al contrario, en no pocas ocasiones Pablo VI sufrió por lo que veía que se estaba llevando a cabo y que era lo opuesto de su cultura litúrgica, su sensibilidad, del espíritu con el que él mismo celebraba.

 

Hay un pequeño volumen, publicado hace unos días, que arroja nueva luz precisamente sobre este sufrimiento personal del Papa Giovanni Battista Montini en relación a una reforma litúrgica sobre la que no compartía muchas cosas:

“Paolo VI. Una storia minima”, por Leonardo Sapienza, Ediciones VivereIn, Monopoli, 2018.

En este libro monseñor Sapienza –desde 2012 regente de la Prefectura de la Casa Pontificia– recoge varias páginas de los “Diarios” redactados por quien fue el maestro de las ceremonias pontificias con Pablo VI: Virgilio Noè (1922-2011), hecho cardenal en 1991.

Con estos “Diarios” Noè prolongó una tradición que se remonta al “Liber notarum” del alemán Johannes Burckardt, ceremoniero de Alejando VI. En el resumen de cada celebración Noè anotaba también todo lo que Pablo VI le había dicho antes y después del rito, incluidos sus comentarios a algunas novedades de la reforma litúrgica experimentados por primera vez en esa ocasión.

Por ejemplo, el 3 de junio de 1971, después de la misa de conmemoración de la muerte de Juan XXIII, Pablo VI comentó:

“¿Cómo es posible que en la liturgia de los difuntos ya no se hable de pecado y expiación? Falta totalmente la imploración a la misericordia del Señor. También esta mañana, para la misa celebrada en las Grutas [vaticanas], aun teniendo textos hermosísimos, faltaba en ellos el sentido del pecado y el sentido de la misericordia. ¡Pero tenemos necesidad de esto! Y cuando llegue mi última hora, ¡pedid misericordia para mí al Señor, porque la necesito!”.

Y en 1975, después de otra misa en memoria de Juan XXIII:

“Ciertamente, en esta liturgia faltan los grandes temas de la muerte, del juicio…”.

La referencia no es explícita, pero Pablo VI se lamentaba, entre otras cosas, de la exclusión de la liturgia de los difuntos de la grandiosa secuencia “Dies irae” que, efectivamente, en la actualidad no se recita ni se canta en las misas, sobreviviendo sólo en los conciertos, con música de Mozart, Verdi y otros compositores.

En otra ocasión, era el 10 de abril de 1971, al finalizar la vigilia pascual reformada, Pablo VI comentó:

“Ciertamente, la nueva liturgia ha aligerado mucho la simbología. Pero la simplificación exagerada ha eliminado elementos que, antes, prendían en el ánimo de los fieles”.

Y le preguntó a su ceremoniero: “¿Esta liturgia de la vigilia pascual es definitiva?”.

A lo que Noè respondió: “Sí, Santo Padre, ya se han impreso los libros litúrgicos”.

“Pero, ¿se podrá cambiar algo?”, insistió el Papa, claramente nada satisfecho.

Otra vez, el 24 de septiembre de 1972, Paolo VI replicó a su secretario Pasquale Macchi, que se lamentaba de lo largo que era el canto del “Credo”:

“Pero debe haber algún punto en común en el que todos se encuentren: por ejemplo, el ‘Credo’, el ‘Pater noster’ en gregoriano…”.

El 18 de mayo de 1975, tras haber observado en más de una ocasión que durante la distribución de la comunión, en la basílica o en la plaza de San Pedro, había quién pasaba de mano en mano la hostia consagrada, Pablo VI comentó:

“¡El pan eucarístico no puede ser tratado con tanta libertad! Los fieles, en estos casos, se comportan como… ¡infieles!”.

Antes de cada misa, mientras se revestía con los paramentos sagrados, Pablo VI siguió recitando las oraciones previstas en el misal antiguo “cum sacerdos induitur sacerdotalibus paramentis”, también después de que fueran abolidas. Y un día, el 24 de septiembre de 1972, le preguntó sonriendo a Noè: “¿Está prohibido recitar estas oraciones mientras se ponen los paramentos?”.

“No, Santo Padre: se pueden recitar, si uno quiere”, le respondió el ceremoniero.

Y el Papa: “Pero estas oraciones ya no están en ningún libro y en la sacristía ya no hay carteles… Así, ¡se perderán!”.

Son pequeñas ocurrencias, expresivas de la sensibilidad litúrgica del Papa Montini y de su incomodidad ante una reforma que preveía proceder sobre medida, como el mismo Noè ha anotado en sus “Diarios”:

“La impresión es que el Papa no está totalmente satisfecho de lo que se ha llevado a cabo en relación a la reforma litúrgica. […] No siempre sabe todo lo que se ha hecho a este respecto. Tal vez en alguna ocasión algo se le ha escapado en el momento de la preparación y de la aprobación”.

También esto deberá ser recordado de él, cuando el próximo otoño Pablo VI sea proclamado santo.

*

A título de documentación, he aquí a continuación –en latín y en lengua vernácula– las oraciones que los sacerdotes recitaban mientas se vestían con los paramentos sagrados y que Pablo VI siguió recitando incluso después de que fueran eliminadas de los actuales libros litúrgicos.

Cum lavat manus, dicat:
Al lavarse las manos, diga:

Da, Domine, virtutem manibus meis ad abstergendam omnem maculam: ut sine pollutione mentis et corporis valeam tibi servire.

Purifica, Señor, de toda mancha mis manos con tu virtud, para que pueda yo servirte con limpieza de cuerpo y alma. Amén.

Ad amictum, dum ponitur super caput, dicat:
Al ponerse el amito, diga:

Impone, Domine, capiti meo galeam salutis, ad expugnandos diabolicos incursus.
Pon, Señor, sobre mi cabeza el yelmo de salvación, para rechazar los asaltos del enemigo. Amén.

Ad albam, cum ea induitur:
Al revestirse con el alba:

Dealba me, Domine, et munda cor meum; ut, in sanguine Agni dealbatus, gaudiis perfruat sempiternis.
Hazme puro, Señor, y limpia mi corazón, para que, santificado por la Sangre del Cordero, pueda gozar de las delicias eternas. Amén.

Ad cingulum, dum se cingit:
Al ajustar el cíngulo:

Praecinge me, Domine, cingulo puritatis, et extingue in lumbis meis humorem libidinis; ut maneat in me virtus continentiae et castitatis.
Cíñeme, Señor, con el cíngulo de tu pureza, y borra en mis carnes el fuego de la concupiscencia, para que more siempre en mí la Virtud de la continencia y la castidad. Amén.

Ad manipulum, dum imponitur bracchio sinistro:
Al colocar el manípulo sobre el brazo izquierdo:

Merear, Domine, portare manipulum fletus et doloris; ut cum exsultatione recipiam mercedem laboris.
Merezca, Señor, llevar el manípulo del llanto y del dolor, para poder recibir con alegría el premio de mis trabajos. Amén.

Ad stolam, dum imponitur collo:
Al poner la estola sobre el cuello:

Redde mihi, Domine, stolam immortalitatis, quam perdidi in praevaricatione primi parentis: et, quamvis indignus accedo ad tuum sacrum mysterium, merear tamen gaudium sempiternum.
Devuélveme, Señor, la estola de la inmortalidad, que perdí con el pecado de mis primeros padres, y aun cuando me aceptas sin ser digno a celebrar tus Sagrados Misterios, haz que merezca el gozo eterno. Amén.

Ad casulam, cum assumitur:
Al vestir la casulla:

Domine, qui dixisti: Iugum meum suave est, et onus meum leve: fac, ut istud portare sic valeam, quod consequar tuam gratiam. Amen.
Señor, que has dicho, mi yugo es suave y mi carga liviana, haz que la lleve a tu manera y consiga tu gracia. Amén.

Cómo una joven campesina cambió el destino de su Patria, y la salvó de sus enemigos

mayo 30, 2018

Fue juzgada por un poder extranjero en su propia patria. Sus enemigos decidieron que no debía quedar el menor vestigio de su cuerpo, y que aun su memoria fuera destruida. Por eso, una vez que la muchacha cayó cautiva en sus manos, desistieron de ejecutarla de inmediato, porque —pensaban—, eso podía volverse como un búmeran en su contra, pues no haría sino catapultarla y ensalzar su fama.

En su lugar, y a pesar del miedo que les producía la posibilidad de que la prisionera se les pudiese escapar, prefirieron simular un proceso legal en el que su condena estuviera asegurada antes de comenzar el juicio, y al cabo del cual fuera desenmascarada como mentirosa digna del suplicio. Una bruja, una hechicera, una embaucadora que había engañado a muchos pretextando escuchar voces procedentes del Cielo, cuando en realidad —a esta conclusión debían arribar— no se había tratado sino de influencias demoníacas.

En realidad, el asunto religioso en sí les importaba un rábano. Necesitaban matar a joven para saciar su deseo de venganza por una parte, y por otra, por motivos políticos. El odio contra ella era tremendo, pues aquella jovencita los había dejado en ridículo con tan solo 17 años. Una aldeana analfabeta que en su vida había salido de su pueblito de apenas cuarenta casas, se había convertido de la noche a la mañana en jefa de un ejército. Ni siquiera una mujer. Apenas una jovencita vestida como varón que se movía a sus anchas por el campo de batalla montada en su caballo blanco, portando un gran estandarte, venerada por capitanes y soldados, obedecida por todos, audaz y resuelta, distinguida por un singular genio militar que dejaba patitiesos a los experimentados jefes militares cada vez que daba a conocer su estrategia, la cual resultaba desconcertante por la osadía o extrema peligrosidad que representaba.

Cuando los jefes del ejército, perplejos al escuchar el plan de la recién llegada, resistieron sus órdenes por lo descabelladas que les resultaban, y recibieron una terminante respuesta, tal como era su estilo de pocas palabras, pero palabras de acero: «Ustedes han tenido su consejo, yo tengo el mío; y crean que el consejo de mi Señor se cumplirá y triunfará y que el vuestro fracasará».

Eran momentos dramáticos, pues, tras la ciudad, caería el reino que se encontraba sin rey, y postrado, derrotado militar, política y moralmente. Venía arrastrando una larga y penosa contienda, machacados una y otra vez por sus enemigos, que pretendía apoderarse de la corona que reclamaba para sí, y que creía ya tener casi en su puño. Por si fuera poco, sus compatriotas se habían enfrascado en una guerra civil, y alguna región,  había hecho alianza con los invasores. Cansados de tanta lucha, de perder tanto y durante tanto tiempo, malquistados unos con otros, habían bajado la cabeza, y habían aceptado el yugo del ejército invasor. El caos político auspiciaba el pillaje y favorecía la suerte de los bandidos. La capital estaba con los invasores, y la famosa Universidad del reino se había involucrado hasta los tuétanos, por el que se había declarado herederos del trono al rey invasor y a sus sucesores.

De este modo, el destino del errante, debilitado y cobardón príncipe heredero se presentaba más que negro. Para poder despejarles todavía más el camino a los enemigos, su propia madre lo tachó de bastardo, y de esta manera, lo dejaba fuera de toda aspiración a convertirse en rey. Reducido casi a la nada, zangoloteado por tantas calamidades, el príncipe deambulaba de aquí para allá con la breve esperanza de diferir al menos el golpe fatal, moviéndose sigiloso de un punto a otro para no caer en la ratonera, mortificado por la duda de si gozaba siquiera de los derechos legítimos sobre la corona. No solo no tenía certezas de adónde ir, sino, tampoco, de dónde venía. El que creía su padre había muerto desquiciado por la locura; la que creía su madre lo traicionaba.

Solo una pequeña aldea, que desde hacía siete meses libraba solitaria una resistencia feroz y desesperada, mantenía la llama encendida de quienes aún aguardaban la milagrosa liberación del reino. Fue en esta hora precisa y sonada que se cruzó en el camino del príncipe una campesina que decía estar asistida por la voz de Dios que le ordenaba liberar a su Patria y coronar como rey al desanimado heredero. Y este detalle trastornará el plan que los enemigos de su Nación creían ya consumado. Y estos mismos enemigos la llevarán a la hoguera. No solo para perder su cuerpo, sino también su crédito. Pues desopinar a Juana de Arco era quitarse de encima a Carlos VII, cuyo acceso al trono se fundaba en la voluntad de Dios, quien, contrariando la calumnia materna, defendía la legitimidad del delfín.

Juana de Arco

Una aldeana analfabeta que en su vida había salido de su pueblito de apenas cuarenta casas, se había convertido de la noche a la mañana en jefa de un ejército.

Max Krah, tesorero de la FSSPX, también era vicepresidente de una ONG del Mossad

mayo 29, 2018

 

Max Krah, titular de las cuentas bancarias de Bernard Fellay y Franz Schmidberger, también maneja los dineros de espías israelíes en Alemania. Para que luego digan que los lefebvrianos de la FSSPX no son sionistas...

Max Krah, titular de las cuentas bancarias de Bernard Fellay y Franz Schmidberger, también maneja los dineros de espías israelíes en Alemania. Para que luego digan que los lefebvrianos de la FSSPX no son sionistas…

Alemania-Israel

Sobran las argumentaciones… ¿quién le tendría tanta confianza a Max Krah para liderar una asociación vinculada al Mossad hebreo.

Krah con su madre Sibylle y su mujer Constanze Schönberg.

Krah con su madre Sibylle y su hermana Constanze Krah de Schönberg.

La corrupción florece entre los Boy Scouts; homosexualismo al abordaje

mayo 28, 2018
Scouts gays de México

Scouts gays en México

A la pregunta, “¿puede un católico ser miembro de los Boy Scouts?, la respuesta es un NO definitivo.

(Transcrito de Traditio/ traducción de Foro Católico)

La organización ya no se puede considerar “moralmente heterogénea” desde que admitió homosexuales en 2014 y bisexuales en 2017. En la reglamentación anunciada para el World Scout Jubilee 2019 (Jubileo Mundial Scout 2019) los condones deben ser “gratis y fácilmente accesibles para todos los participantes”.

Se les permitirá a los líderes Scouts que se embriaguen en presencia de los niños y adolescentes, así como consumir productos de tabaco. Es una triste derrota para la que fuera una organización distinta. Los padres católicos ya no pueden permitirse nada que ver con esta, ahora, organización inmoral.

madonna_gay

Scouts Madona

Ahora, Madonna, ícono gay, se enorgullece de ser Scout.

Cuando surgieron los Boy Scouts, a principios del siglo XX, era una organización muy diferente de lo que es hoy. Los católicos entonces se unían condicionalmente, pero, al igual que en organizaciones como la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) y la Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes (YWCA), ya era implícitamente sincretista (“todos adoramos al mismo dios”, “todos las religiones son igualmente verdaderas”). Por esa razón, los padres católicos tuvieron que ejercer una cuidadosa vigilancia y precaución sobre la participación de sus hijos en sus actividades.

Ahora, sin embargo, a la pregunta, “¿puede un católico ser miembro de los Boy Scouts?, la respuesta es un NO definitivo.

En 2014, los Boy Scouts se convirtieron en una organización diferente a la original. En ese año, comenzó a dar la bienvenida a los miembros abiertamente homosexuales y “transexuales”. En 2015, la organización también aceptó a líderes adultos, abiertamente homosexuales. En 2017, la organización se transformó en unisex, permitiendo coincidir a niños y niñas, adolescentes, hombres y mujeres.

Las regulaciones para el Jamboree Scout Mundial de Boy Scouts 2019 fueron anunciadas, y son totalmente inmorales. El artículo 7.3 establece:

Los condones deben ser “gratis y accesibles para todos los participantes”. Los líderes Boy Scouts deben asegurarse de que esta disponibilidad sea bien conocida por los niños y adolescentes.

Los líderes de Boy Scouts podrán consumir alcohol “en áreas confinadas”.

Este entorno no solo es un mal ejemplo para los niños y adolescentes (¿no pueden los adultos abstenerse de consumir alcohol durante todo el festival? De no ser así, son alcohólicos y no deberían ser líderes), sino también la tentación de dejar el “confinado”.

El área para la actividad sexual con los niños y niñas será una tentación para algunos líderes embrutecidos. ¿Los Boy Scouts, varios de cuyos líderes han sido acusados ​​de delitos de pedófilo, no aprendieron nada?.

Los líderes Boy Scouts en el jamboree podrán fumar tabaco “en áreas confinadas”.

Una vez más, ¿qué clase de ejemplo moral es el ambiente de los Boy Scouts para niños y adolescentes?.

Debido a la reorganización de los Boy Scouts, los padres católicos ahora deben prohibir que sus hijos se conviertan en miembros de asociación. No hacerlo sería una cooperación formal (complicidad) en el pecado. Los padres, por lo tanto, deben:

  • Evitar que sus hijos asistan a los Boy Scouts
  • Evitar trabajar o promover a los Boy Scouts
  • No donar dinero a los Boy Scouts
  • No participar en eventos de recaudación de fondos de Boy Scout, incluida la compra o venta de galletitas

Para los verdaderos católicos, es un triste fallecimiento para una gran organización. Boy Scouts promueve abiertamente el comportamiento pecaminoso. Por lo tanto, los padres deben sacar a sus hijos de la organización y no tener nada que ver con la asociación ahora moralmente corrupta.

Los católicos tienen una maravillosa “oportunidad de enseñanza” para explicarles a sus hijos por qué la organización de Boy Scouts es inmoral y por qué ningún católico puede ser parte de ella, de lo contrario ofendería a Dios. Hay otras organizaciones morales para el enriquecimiento escolar, intelectual, musical, artístico y de otro tipo.

Rius Facius denunció desde 1981 el “vuelco teológico” de Marcel Lefebvre y su secreta alianza con la Sinagoga

mayo 27, 2018
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Marcel Lefebvre firmando los protocolos con la Neo Iglesia conciliar el 5 de mayo de 1988.

Lefebvre busca acomodo en la nueva iglesia, dijo Rius Facius en 1981

(Transcrito de la revista Proceso -enero de 1981-/Carlos Fazio)

Con el advenimiento de Karol Wojtyla a la silla de San Pedro, Marcel Lefebvre dio un giro de 180 grados Sufrió una metamorfósis teológica que lo llevó a adoptar una proyección conciliar y conciliatoria La tregua con el Vaticano quedó establecida Y esta sustancial mutación en monseñor, dio paso a un arreglo negociado: hoy Lefebvre busca oficializar la disidencia integrista ante Roma, como ya está oficializada la disidencia progresista.

Antonio Rius Facius que fuera presidente del comité de recepción del frustrado viaje de Lefebvre a México en 1977, dice en una entrevista:

“La dualidad ideológica actual de monseñor, su postura ambivalente, le ha restado fuerza entre sus antiguos amigos en México. Subestimó la firmeza de sus antiguos seguidores y la tozudez de los neomodernistas. Sufrió el destino de los que se pasan al enemigo: no son aceptados por éste, y a la vez, son rechazados por los que fueron sus amigos”

Historiador, apologista del presbítero Joaquín Sáenz Arriaga, este hombre que dice querer ser un buen católico practicante y carecer de todo vínculo orgánico con movimiento o grupo tradicionalista alguno en México, señaló hace tres años y medio a esta revista que “la divina providencia ha dispuesto que un obispo, M. Lefebvre, acaudille las huestes cristianas en la reconquista del reino de Dios”.

La pregunta surge fácil: ¿Qué ha pasado: cambió Marcel Lefebvre o cambió Antonio Rius Facius?

“Lefebvre fue el único obispo que públicamente se inconformó con los errores derivados del Vaticano II, mostró una santa intransigencia a los cambios que afectaba la doctrina de la Iglesia, desafió la autoridad de Paulo VI, denunció errores que podría considerarse que tocaban la herejía misma. Confiado en el poder de la obediencia, el Papa Montini le suspendió a divinis, pero no se aventuró, como lo hicieron algunos jerarcas mestizos —se refiere al cardenal Darío Miranda, quien excomulgó a Sáenz Arriaga— a fulminar la excomunión contra el defensor de la tradición y el magisterio anterior.

`Monseñor no se atrevió, a su vez, a denunciar la ilegitimidad de Paulo VI; las escaramuzas dialécticas que se cruzaron entre ambos no desembocaron en un rompimiento definitivo. Midieron fuerzas y se resignaron a conservar, cada quien, el terreno ocupado.

“A la muerte de Montini, y tras de la ascención al trono pontificio de Juan Pablo I y su posterior fallecimiento, Lefebvre guardó prudente silencio. Cuando un nuevo cónclave proclamó Papa al polaco Karol Wojtyla, monseñor tomó contacto con él y desde el primer momento se hizo evidente el cambio de su anterior postura. La tregua quedó establecida Lefebvre se permitió advertir que la misa del nuevo orden podía ser válida, aunque seguíase negando a celebrarla, simplemente por ser ambigua, con lo que, evidentemente, invalidaba su limpia trayectoria anterior Pero fue más allá: dijo que Paulo VI había sido liberal, pero no hereje, y por lo tanto, admitía la validez pontificia de Juan Pablo II.

Esta sustancial mutación de su inconmovible ortodoxia descubrió un presumible arreglo negociado para que la Hermandad de San Pío X y los seminarios establecidos gozasen del beneplácito vaticano”.

“Así, explicó, no el cambio de Antonio Rius Facius, sino la transformación parcialmente doctrinal de monseñor Lefebvre. Parcialmente doctrinal y, por una parte sigue sostendiendo la firmeza de los principios teológicos cuando defiende la misa tridentina o critica el antropocentrismo y la libertad de creencias. Por otra parte trata de integrarse a la nueva Iglesia, formando lo que podríamos llamar el ala conservadora de la misma. Conserva la ortodoxia de sus principios, pero transige y negocia con los que representan esa Iglesia que para él y para muchos, resultaba no solamente cismática en sí misma, sino herética”.

De la oportunidad de la visita de Lefebvre a México, Rius Facius dice que “llegó en el momento en que el horno no está para bollos” No da a ello una connotación política —”lejos estamos de una confrontación Estado-Iglesia en estos momentos”—, se refiere a la situación de “crisis interna gravísima” que vive la Iglesia. Crisis no sólo de autoridad, sino de doctrina.

Habla del Papa: “De todos es reconocida la simpatía, la prestancia, la agradable disposición humana, el deportivismo de Juan Pablo II. Se ha ganado las simpatías universales, a pesar de que ha restado valor sustancial al magisterio seguido por la Iglesia a través de 2 mil años. Magisterio que a partir de Paulo VI fue modificado y en algunos aspectos, traicionado, Juan Pablo II ha seguido la misma trayectoria Ha dicho que Paulo VI fue su maestro”.

“En una situación de desorientación religiosa como la que existe en México después de la visita de Juan Pablo II, la llegada de Lefebvre sin una preparación previa, es perjudicial para la misma Iglesia No había un ambiente propicio, tanto por lo que a él le atañe, por su ambivalencia actual, como por el dominio que hoy ejercen las autoridades eclesiásticas a nivel nacional”.

Rius Facius reflexiona y señala una dualidad: “El gobierno favorece, auspicia, protege, cubre los gastos inclusive de la estancia de Juan Pablo II en México. Yo me pregunto, si en lugar de Wojtyla viviese Pío XII, ¿hubiera observado la misma actitud el gobierno?” Y luego, otra:

“Hace tres años se le prohibe la entrada a México a Lefebvre, lo que hubiera significado el rompimiento, la división del pueblo católico. Ahora se le favorece, se le ayuda, se le deja entrar y actuar con la misma libertad con que se dejó actuar a Juan Pablo II ¿No habrá algún valor entendido?”.

Una cosa lleva a la otra

Grupos definidos como de derecha, tradicionalistas o integristas han cuestionado o condenado la visita de Lefebvre: los Caballeros de Colón, Juventud por la Vida, Movimiento Familiar Cristiano, Círculo José Vasconcelos, la Gran Alianza Mundial “Pro Ecclesia Romana Catholica” ¿Quién está detrás de Lefebvre? ¿Quién lo trajo a México?.

Rius Facius hace una interpretación de los motivos: “Ante el presumible compromiso con el Vaticano, ¿cómo borrar su predicación anterior? ¿Cómo tender un puente de entendimiento entre la Iglesia tradicional y la nueva Iglesia de la que había dicho no era más la verdadera? Juan Pablo II había sido recibido en México: ¿por qué no intentar aquí mismo la reconciliación con el Papa?.

Se insiste: ¿Quién está detrás? Y se le cita textual la frase final de un desplegado aparecido en la prensa, del “Círculo José Vasconcelos”, dirigido a Lefebvre: “Cuando defendíais la ortodoxia católica no pudísteis entrar a México. Ahora si os fuera posible, ahora que buscáis un arreglo con los herejes.

El escritor Antonio Rius Facius ha planteado la interrogante: ¿quién está tras de vuestra visita? ¿El nuevo sol que alumbra la UNAM desde la rectoría, sol que es opusdeísta? ¿No os protegen los juristas de la UNAM?”.

—¿Entonces, se le pregunta a Rius Facius, es el Opus Dei? ¿Es el rector Rivero Serrano y sus juristas de la UNAM?

“Carezco de conocimiento No sé quienes son”, responde el entrevistado Y platica cómo se enteró de la visita de Marcel Lefebvre a México: “Hace cosa de un mes, un sacerdote de la Hermandad San Pío X escribió a una persona de las que formaban parte del comité de recepción anterior. Decía que Lefebvre pensaba venir a México y pedía se le preparase su arribo al país. Reunidos estos señores —a mi no me invitaron—, estudiaron la conveniencia o no de que viniera y llegaron a la conclusión de que de ninguna manera era, ni oportuna, ni conveniente, su visita al país. Mucho menos tomando en cuenta sus últimas declaraciones: el reconocimiento a Juan Pablo II. Contestaron por carta su decisión. Estaban a la espera de una respuesta, cuando se presentaron aquí dos enviados de Lefebvre diciendo que vendría para unos ejercicios espirituales, lo cual, evidentemente, era un pretexto. De buenas a primeras, uno de estos enviados comunicó que viajaría a Veracruz a ver a un grupo de tradicionalistas, lo cual extrañó porque no se conocía grupo organizado allí. El señor iba a recibir a Lefebvre. La llegada de monseñor fue totalmente ocultada a personas y grupos de los llamados tradicionalistas. De ahí que me hace sospechar a mí que su viaje a México tiene más trascendencia para él de lo que aparentemente pudiera parecer”.

—¿Qué piensa de la actitud del Episcopado Mexicano y de la Delegación Apostólica en torno a la vista de Lefebvre?.

“Estos señores de la jerarquía oyen campanas sin saber dónde están tocando. Han hecho críticas reiterativas acerca de la desobediencia de monseñor Lefebvre, de lo que ellos llaman rebeldía de la autoridad vaticana. No se dan cuenta que esa rebeldía, actualmente, no existe. Lo único que pretende monseñor en estos momentos, y eso es lo doloroso, es ser admitido dentro de esas institución dominante que usurpa el nombre de Iglesia Católica, oficializar la disidencia integrista ante Roma, como está oficializada la disidencia progresista”.

—¿Entrarían ellos en el juego de la legitimación de una ala tradicionalista por el Vaticano?

“Eso sólo ellos lo pueden saber, porque todas estas negociaciones son secretas”.

—¿Y el silencio del cardenal Corripio, cómo lo interpreta?.

“De Corripio le podría decir lo siguiente, que podría explicar su actitud. Corripio fue un hombre muy ortodoxo, calificado dentro de la Iglesia mexicana. Cuando estuvo en Colombia, en el Congreso Eucarístico al que asistió Paulo VI, y donde se dio la comunión a los protestantes, vino francamente escandalizado. Después empezó a cambiar. Asumió el papel que han asumido la casi totalidad de los obispos: subordinó su conciencia a la obediencia. Eso es dramático, tan dramático es, que cada vez que veo una fotografía de Corripio me da pena, porque comprendo que no se puede ser feliz renunciando a los dictamenes de una conciencia para plegarse a las exigencias de una obediencia.

“Ahora, si es que hay negociaciones entre Lefebvre y el Vaticano, como son presumibles, indudablemente Corripio ha de conocerlas. De ahí su discreción para no comprometerse ni comprometer al mismo monseñor Lefebvre”.

—¿Quién va a capitalizar todo esto?.

“Pienso, aunque no soy profeta, que será la nueva Iglesia, en la cual Lefebvre está buscando acomodo. No creo que monseñor obre de mala fe, por consiguiente, está en un punto propicio para reafirmarse en sus posturas tradicionales. Quizá la actitud de los católicos mexicanos le haga reflexionar sobre los pasos equivocados que está dando; pasos que, aunque dados con un sentido táctico, son peligrosos al fin y al cabo”

Bergoglio proclama el feminismo y desprecia a varones: “La Iglesia es femenina, es madre” y no puede ser “una Iglesia de solterones”

mayo 26, 2018
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Sinagoglio practicaba toda clase de herejías antes de ser seleccionado para usurpar la Cátedra de San Pedro.

(Transcrito de Vatican News)

En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el (pseudo)Santo Padre, en la primera memoria de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, recordó que la primera virtud de una mamá es la ternura

“La Iglesia es femenina”, “es madre” y cuando falta este rasgo que la identifica se convierte “en una asociación de beneficencia o en un equipo de fútbol”. En cambio, cuando “es una Iglesia masculina”, se convierte, tristemente, “en una Iglesia de solterones”, “incapaces de amor, incapaces de fecundidad”.

Es la reflexión que ofreció el (falso)Pontífice esta mañana en concomitancia con la memoria litúrgica del día que se celebra, por primera vez, tras la publicación – del pasado 3 de marzo – del Decreto “Ecclesia Mater” de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

En efecto, por voluntad del mismo (anti)Pontífice, esta fiesta se celebra el lunes después de Pentecostés, para “favorecer el crecimiento del sentido materno de la Iglesia en los pastores, en los religiosos y en los fieles, junto a la genuina piedad mariana”.

El carácter “maternal” de María

En su homilía, el (anti)Papa Bergoglio precisó que María, en los Evangelios, suele ser indicada como “Madre de Jesús”, y no como “la Señora” o “la viuda de José”. Y esto porque su carácter maternal recorre todas las Sagradas Escrituras, desde la Anunciación hasta el fin. Una especificidad que han comprendido desde el principio los Padres de la Iglesia. Sí, porque se trata de una dote que alcanza y rodea a la Iglesia.

“La Iglesia es femenina, porque es ‘iglesia, ‘esposa’: es femenina. Y es madre, da a la luz. Esposa y madre. Y los Padres van más allá y dicen: ‘También tu alma es esposa de Cristo y madre’. Y en esta actitud que viene de María, que es Madre de la Iglesia; de esta actitud podemos comprender esta dimensión femenina de la Iglesia que cuando falta, hace que la Iglesia pierda su verdadera identidad y se convierta en una asociación de beneficencia o en un equipo de fútbol, o en cualquier cosa, pero no en la Iglesia”.

No a una Iglesia de solterones

Sólo una Iglesia femenina podrá tener “actitudes de fecundidad” según las intenciones de Dios, que “ha querido nacer de una mujer para enseñarnos este camino de mujer”.

“Lo importante es que la Iglesia sea mujer, que tenga esta actitud de esposa y de madre. Cuando olvidamos esto, es una Iglesia masculina, sin esta dimensión, y tristemente se convierte en una Iglesia de solterones, que viven en este aislamiento, incapaces de amor, incapaces de fecundidad. Sin la mujer la Iglesia no va adelante, porque ella es mujer. Y esta actitud de mujer le viene de María, porque Jesús así lo ha querido”.

La ternura de una mamá

La virtud que más distingue a una mujer – reafirmó Francisco – es la ternura, como María que “dio a la luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre”. Y añadió que ocuparse, con docilidad y humildad, son las cualidades fuertes de las mamás.

Una Iglesia que es madre va por el camino de la ternura. Conoce el lenguaje de tanta sabiduría de las caricias, del silencio, de la mirada que sabe de compasión, que sabe de silencio. Y, asimismo, un alma, una persona que vive esta pertenencia a la Iglesia, sabiendo que también es madre debe ir por el mismo camino: una persona dócil, tierna, sonriente y llena de amor”.

La verdad de Lefebvre: nunca se alejó en definitiva del Novus Ordo Missae

mayo 26, 2018

Lefebvre entre obispos conciliares

  Hay innumerables pruebas y testimonios de que Marcel Lefebvre nunca abandonó del todo la costumbre de rezar y recomendar la Nueva Misa Montiniana, la “misa” confeccionada por un masón hebreo (Aníbal Bugnini) y seis ministros protestantes, la “misa bastarda” como la llamó Lefevre en diversas ocasiones.

  Naturalmente que participar activamente en ese tipo de celebraciones sacrílegas y heréticas, tienen un gran ingrediente de escándalo, el cual en el caso de un prelado, podría alcanzar hasta la excomunión.

  Y como expresó un lefebvriano:

 ¿Qué pensarían los fieles si se les sugiriese hoy, en 2011, asistir a la Misa Nueva, a la “Misa bastarda de Pablo VI”, porque Monseñor Lefebvre lo aconsejaba?

  Los responsables de la NeoFSSPX pueden encontrar textos de Monseñor Lefebvre para justificarlo, por ejemplo:

Procuren hacer todo lo posible para tener la Misa de San Pío V, pero ante la imposibilidad de encontrarla a cuarenta kilómetros a la redonda, si hay un sacerdote piadoso que diga la misa nueva y la haga lo más tradicional que se pueda, es conveniente que asistan a ella para cumplir con el precepto dominical.

  Claro está que ese texto es del 10 de diciembre de 1972…

  Pero se podría objetar que en 1975 Monseñor Lefebvre volvió a aceptar una “asistencia ocasional” a la nueva misa cuando hay temor de quedarse mucho tiempo sin comulgar…

  En 1977, sin embargo, ya se había vuelto casi absoluto: Teniendo en cuenta la evolución que se produce, poco a poco, en el espíritu de los sacerdotes, (…) debemos evitar, yo diría incluso de manera radical, toda asistencia a la nueva misa.

  Se puede leer todo esto, y mucho más, en la biografía escrita por Tissier de Mallerais el biógrafo lefebvriano oficial y autorizado; entre otras, en las páginas 514-515.

La reforma de Bergoglio ya la escribió Martin Lutero: Sandro Magister

mayo 25, 2018
95 tesis martin lutero

Lutero, enemigo del papado hasta la muerte.

Mucho se ha escrito al trazar el balance de los primeros cinco años del pontificado de Francisco y de su “revolución”, verdadera o imaginaria. 

Pero raramente, o nunca, se ha hecho con la agudeza y la amplitud de miras del análisis publicado a continuación.

El autor, Roberto Pertici, 66 años, es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Bérgamo y ha dedicado sus estudios más importantes a la cultura italiana del siglo XIX y XX, prestando una atención especial a la relación entre Estado e Iglesia.

Este ensayo es inédito y se publica por primera vez en Settimo Cielo.

*

¿EL FIN DEL “CATOLICISMO ROMANO”?

por Roberto Pertici

1. En este punto del pontificado de Francisco creo que se puede sostener, de manera razonable, que él mismo marca el ocaso de esa imponente realidad histórica que se puede definir como “catolicismo romano”.

Entendámonos bien: esto no significa que la Iglesia católica está en su punto final, sino que está decayendo la manera en la que ha sido estructurada y autorrepresentada históricamente en los últimos siglos.

De hecho, me parece evidente que éste es el proyecto al que conscientemente apunta el grupo de expertos que rodea a Francisco: un proyecto entendido como respuesta extrema a la crisis de las relaciones entre la Iglesia y el mundo moderno y, también, como premisa para un recorrido ecuménico renovado en común con las otras confesiones cristianas, sobre todo las protestantes.

*

 

2. Por “catolicismo romano” entiendo esa gran construcción histórica, teológica y jurídica que se pone en marcha a partir de la helenización (en el aspecto filosófico) y la romanización (en el aspecto político-jurídico) del cristianismo primitivo, y que se basa en el primado de los sucesores de Pedro, tal como emerge de la crisis del mundo tardo-antiguo y de la disposición teórica de la época gregoriana (“Dictatus Papae”).

En los siglos sucesivos, la Iglesia se ha concedido, además, un propio derecho interno, el derecho canónico, que tiene al derecho romano como modelo. Y este elemento jurídico ha contribuido a plasmar de manera gradual una compleja organización jerárquica con normas internas precisas, que regulan la vida de la “burocracia de los célibes” (la expresión es de Carl Schmitt) que la gestiona y, también, de los laicos que forman parte de ella.

El otro momento decisivo de formación del “catolicismo romano” es, por último, la eclesiología elaborada por el concilio de Trento, que confirma la centralidad de la mediación eclesial de cara a la salvación, en contraste con las tesis luteranas del “sacerdocio universal” y que, por consiguiente, fija el carácter jerárquico, único y central de la Iglesia; su derecho de controlar y, si fuera necesario, condenar las posiciones que contrastan con la formulación ortodoxa de las verdades de fe, y su papel en la administración de los sacramentos.

Dicha eclesiología encuentra su sello en el dogma de la infalibilidad pontificia proclamado por el concilio Vaticano I, puesto a prueba ochenta años más tarde con la afirmación dogmática de la Asunción de María al cielo (1950) que, junto a la precedente proclamación dogmática sobre su Inmaculada Concepción (1854), confirma también la centralidad del culto mariano.

Sin embargo, sería restrictivo limitarnos a cuanto hemos dicho hasta ahora. Porque existe o, mejor, existía también un difundido “sentir católico”, formado por:

– una actitud cultural basada en un realismo a propósito de la naturaleza humana, a veces desencantada y dispuesta a “comprenderlo todo” como premisa de “perdonarlo todo”;
– una espiritualidad no ascética, que incluía ciertos aspectos materiales de la vida, que no estaba dispuesta a despreciar;
– un compromiso en la caridad cotidiana hacia los humildes y necesitados, sin la necesidad de idealizarlos o de hacer de ellos nuevos ídolos;
– una disposición a representarse también en la propia magnificencia y, por lo tanto, disponible también a las razones de la belleza y de las artes como testimonio de una Belleza suprema a la que el cristiano tiende;
– una sutil indagación de los movimientos más recónditos del corazón, de la lucha interior entre el bien y el mal, de la dialéctica entre “tentaciones” y respuesta de la conciencia.

Se podría decir, por lo tanto, que en lo que llamo “catolicismo romano” se entrelazan tres aspectos, además del claramente religioso: el estético, el jurídico y el político. Se trata de una visión racional del mundo que se hace institución visible y compacta, y que entra fatalmente en conflicto con la idea de representación que emerge en la modernidad y que está basada en el individualismo y en una concepción del poder que,
subiendo desde abajo, acaba poniendo en discusión el principio de autoridad.

*

3. Este conflicto está considerado de maneras distintas, a menudo opuestas, por quienes lo han analizado. Carl Schmitt dirigía una mirada admirada a la “resistencia” del “catolicismo romano”, considerado como la última fuerza capaz de frenar las fuerzas disolutivas de la modernidad. Otros lo criticaron duramente: en esta lucha, la Iglesia católica habría resaltado, de manera ruinosa, sus características jurídico-jerárquicas, autoritarias y externas.

Más allá de las valoraciones opuestas, lo que sí es cierto es que en los últimos siglos el “catolicismo romano” se ha visto obligado a estar a la defensiva. Lo que ha puesto en discusión de manera progresiva su presencia social ha sido, sobre todo, el nacimiento de la sociedad industrial y el consiguiente proceso de modernización, que ha puesto en marcha una serie de cambios antropológicos que aún están en curso. Como si el “catolicismo romano” fuera “orgánico” (expresándolo con el lenguaje vetero-marxista) a una sociedad agraria, jerárquica, estática basada en la penuria y el miedo y que no tiene relevancia, en cambio, en una sociedad “afluente”, dinámica, caracterizada por la movilidad social.

El concilio ecuménico Vaticano II (1962-1965) dio una primera respuesta a esta situación de crisis. Según el Papa Juan XXIII, que lo había convocado, éste debía llevar a cabo una “actualización pastoral”; es decir, debía mirar con nuevo optimismo al mundo moderno. En resumen, bajar, por fin, la guardia: ya no se trataba de llevar adelante un duelo secular, sino de abrir un diálogo y realizar un encuentro.

El mundo, en esos años, estaba atravesando cambios extraordinarios y un desarrollo económico inédito: probablemente la revolución más sensacional, rápida y profunda de la condición humana de la que tengamos noticia en la historia (Eric J. Hobsbawm). El concilio contribuyó a este cambio, pero, a su vez, fue arrollado por él: el ritmo de las “actualizaciones” –favorecido también por la vertiginosa transformación ambiental y la convicción general, cantada por Bob Dylan, que “the times they are a-changin”– se le fue de las manos a la jerarquía o, por lo menos, a esa parte que quería llevar a cabo una reforma, no una revolución.

Así, entre 1967 y 1968 se asistió al “cambio” de Pablo VI, que se expresó en un análisis preocupado de las turbulencias del mayo del 68 y, después, de la “revolución sexual”, contenido en la encíclica “Humanae vitae” de julio de 1968. El pesimismo al que llegó durante los años sesenta ese gran pontífice fue tal que, conversando con el filósofo Jean Guitton, se preguntaba y le preguntaba, recordando un inquietante pasaje del Evangelio de Lucas: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. Y añadía: “Lo que me asombra, cuando considero el mundo católico, es que a veces dentro del catolicismo parece predominar un tipo de pensamiento no católico y puede suceder que este pensamiento no católico dentro del catolicismo se convierta, mañana, en el predominante”.

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4. Es sabido cuál fue la respuesta de los sucesores de Pablo VI a esta situación: conjugar cambio y continuidad; llevar a cabo, en relación a algunas cuestiones, las oportunas correcciones (memorable, desde este punto de vista, la condena de la “teología de la liberación”); buscar un diálogo con la modernidad que fuera, al mismo tiempo, un desafío: sobre los temas de la vida, la racionalidad del hombre, la libertad religiosa.

Benedicto XVI, en el que fue el verdadero texto programático de su pontificado (el discurso a la curia pontificia del 22 de diciembre de 2005), confirmó un punto firme: que las grandes decisiones del Vaticano II tenían que ser leídas e interpretadas a la luz de la tradición precedente de la Iglesia y, por lo tanto, también de la eclesiología que surgió de los concilios de Trento y Vaticano I. También por la simple razón que no se puede hacer un desmentido formal de la fe creída y vivida por generación tras generación sin introducir un “vulnus” irreparable en la autorrepresentación y en la percepción difundida de una institución como la Iglesia católica.

Es sabido el enorme rechazo que causó esta línea no sólo “extra ecclesiam”, manifestada en una agresión mediática e intelectual contra el Papa Benedicto absolutamente sin precedentes, sino también –de manera nicodemítica y en la murmuración inherente al mundo clerical– en el cuerpo eclesiástico, que fundamentalmente dejó sólo a este Papa en los momentos más críticos de su pontificado. Ésta, creo, fue la causa de su renuncia en febrero de 2013 que, más allá de las interpretaciones tranquilizadoras, fue y es un acontecimiento histórico cuyas razones e implicaciones a largo plazo hay aún que profundizar.

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5. Ésta fue la situación heredada por el Papa Francisco. Me limito sólo a mencionar los aspectos biográficos y culturales que hacían “ab initio” a Jorge Mario Bergoglio ajeno en parte a lo que he llamado el “catolicismo romano”:

– el carácter periférico de su formación, profundamente arraigada en el mundo latinoamericano y que le dificulta encarnar la universalidad de la Iglesia o que, por lo menos, lo empuja a vivirla de manera nueva, arrinconando la civilización europea y la norteamericana;
– su pertenencia a una orden como la Compañía de Jesús que, en el último medio siglo, ha llevado a cabo uno de los más clamorosos reposicionamientos político-culturales del que se tenga noticia en la historia reciente, pasando de una posición “reaccionaria” a una diferentemente “revolucionaria” y, por lo tanto, dando prueba de un pragmatismo, en muchos aspectos, digno de reflexión;
– su ser ajeno al elemento estético propio del “catolicismo romano”, su ostentada renuncia a cualquier representación de dignidad del cargo (los apartamentos pontificios, la muceta roja y el habitual aparato pontificio, los coches de representación, la residencia de Castel Gandolfo) y a lo que él llama “costumbres de príncipe renacentista” (empezando por el retraso y, después, ausencia de un concierto de música clásica en su honor al inicio del pontificado).

Intentaría, más bien, resaltar lo que puede ser, en mi opinión, el elemento unificador de los múltiples cambios que el Papa Francisco está introduciendo en la tradición católica.

Lo hago basándome en un pequeño libro de un eminente hombre de Iglesia, considerado habitualmente el teólogo de referencia del pontificado actual y que fue citado con elocuencia por Francisco en su primer Ángelus, el del 17 de marzo de 2013, cuando dijo: “En estos días he podido leer un libro de un cardenal –el cardenal Kasper, un teólogo competente, un buen teólogo– sobre la misericordia. Y este libro me ha causado un gran bien, pero no penséis que hago publicidad a los libros de mis cardenales. No es así. Pero me ha hecho mucho bien, mucho bien”.

El libro de Walter Kasper al que me refiero lleva por título: “Martín Lutero. Una perspectiva ecuménica”, y es la versión reelaborada y ampliada de una conferencia que el cardenal pronunció el 18 de enero de 2016 en Berlín. El capítulo sobre el que quiero llamar la atención es el sexto: “Actualidad ecuménica de Martín Lutero”.

Todo el capítulo está construido sobre una argumentación binaria, según la cual Lutero fue inducido a profundizar la ruptura con Roma a causa principalmente del rechazo del Papa y de los obispos a llevar a cabo una reforma. Fue sólo ante la sordera de Roma, escribe Kasper, que el reformador alemán, “sobre la base de su comprensión del sacerdocio universal, tuvo que contentarse con un ordenamiento de emergencia. Sin embargo, él continuó confiando en el hecho que la verdad del Evangelio se impondría por sí misma y dejó, así, la puerta fundamentalmente abierta para un posible entendimiento futuro”.

Pero también por parte católica, al principio del siglo XVI, quedaban muchas puertas abiertas; en resumen, había una situación fluida. Escribe Kasper: “No había una eclesiología católica estructurada de manera armónica, sino únicamente enfoques, que eran más una doctrina sobre la jerarquía que una verdadera eclesiología. La elaboración sistemática de la eclesiología se llevará a cabo en la teología de la controversia, como antítesis a la polémica de la Reforma contra el papado. El papado se convierte, así, de una manera sutil y entonces desconocida, en la marca de identidad del catolicismo. Las respectivas tesis y antítesis confesionales se condicionaron y bloquearon mutuamente”.

Por lo tanto, según el significado total de la argumentación de Kasper, actualmente es necesario proceder a una “desconfesionalización” de las confesiones reformadas y, también, de la Iglesia católica, a pesar de que ésta no se haya considerado nunca una “confesión”, sino la Iglesia universal. Se debe volver a algo similar a la situación que precedió el estallido de los conflictos religiosos del siglo XVI.

Mientras en ámbito luterano esta “desconfesionalización” ya se ha llevado a cabo ampliamente (con la secularización impulsada por esas sociedades, por lo que los problemas que estaban a la base de las controversias confesionales han pasado a ser irrelevantes para la gran mayoría de los cristianos “reformados”), en ámbito católico aún hay mucho por hacer debido a la supervivencia de aspectos y estructuras de lo que he llamado “catolicismo romano”. Por lo tanto, la invitación a la “desconfesionalización” está dirigida sobre todo al mundo católico. Kasper la invoca como un “redescubrimiento de la catolicidad originaria, no restringida a un punto de vista confesional”.

Para ello sería necesario superar definitivamente la eclesiología tridentina y la del Vaticano I. Según Kasper, el concilio Vaticano II abrió el camino, pero su acogida fue controvertida y para nada linear. De aquí el papel del actual pontífice: “El Papa Francisco ha inaugurado una nueva fase en dicho proceso de acogida al resaltar la eclesiología del pueblo de Dios, el pueblo de Dios en camino, el sentido de la fe del pueblo de Dios, la estructura sinodal de la Iglesia; y, para la comprensión de la unidad pone en juego un interesante enfoque nuevo. Describe la unidad ecuménica no con la imagen de los círculos concéntricos alrededor del centro, sino con la imagen del poliedro, es decir, de una realidad con más caras; no un puzle unido desde el exterior, sino un todo que, comparado a una piedra preciosa, es un todo que refleja la luz que lo golpea de manera maravillosamente múltiple. Refiriéndose a Oscar Cullmann, el Papa Francisco retoma el concepto de diversidad reconciliada”.

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6. Si reconsideramos brevemente bajo esta luz los comportamientos de Francisco que han suscitado más impacto, comprendemos mejor la lógica unitaria:

– su poner en evidencia, desde el día de su elección, su cargo como obispo de Roma, más que de pontífice de la Iglesia universal;
– su desestructuración de la figura canónica del pontífice romano (su celebérrimo: “¿Quién soy yo para juzgar?”), a la base de la cual, por lo tanto, no sólo hay los motivos caracteriales mencionados antes, sino una razón más profunda, de carácter teológico;
– la pérdida de potenciación práctica de algunos de los sacramentos más característicos del “sentir católico” (la confesión auricular, el matrimonio indisoluble, la eucaristía), realizada por razones pastorales de “misericordia” y “acogida”;
– la exaltación de la “parresía” en el interior de la Iglesia, de la confusión presuntamente creadora, a la que se vincula una visión de la Iglesia casi como una federación de Iglesias locales, dotadas de amplios poderes disciplinarios, litúrgicos y, también, doctrinales.

Hay quien está escandalizado por el hecho que en Polonia tendrá vigor una interpretación de “Amoris Laetitia” distinta de la que tendrán Alemania o Argentina en relación a los divorciados que se han vuelto a casar. Pero Francisco podría responder que se trata de caras distintas de ese poliedro que es la Iglesia católica, al que se podrán añadir antes o después –¿por qué no?– también las Iglesias reformadas post-luteranas, en un espíritu, precisamente, de “diversidad reconciliada”.

Es fácil prever que los próximos pasos de este camino serán un replanteamiento de la catequesis y de la liturgia en sentido ecuménico; también en este caso, considerando los puntos de partida, el camino que le espera a la parte católica es mucho más arduo que el de la parte “protestante”; también habrá una pérdida de potenciación del orden sagrado en su aspecto más “católico”, es decir, en el celibato eclesiástico, con el que la jerarquía católica dejará también de ser la schmittiana “burocracia de célibes”.

Se comprende mejor, entonces, la verdadera exaltación de la figura y la obra de Lutero por parte de los vértices de la Iglesia católica en ocasión de los quinientos años de 1517, hasta el discutido sello conmemorativo que le dedicó el servicio de Correos Vaticano, con él y Melanchthon a los pies de Jesús en la cruz.

Personalmente, no tengo duda que Lutero sea uno de los gigantes de la “historia universal”, como se solía decir antes, pero “est modus in rebus”: sobre todo las instituciones deben tener una especie de pudor cuando obran cambios de estas dimensiones, so pena de quedar en ridículo: el mismo que sentíamos en el siglo XX cuando veíamos a los comunistas de entonces rehabilitar al unísono y por ordeno y mando a los “herejes” condenados y combatidos valerosamente hasta el día antes: el “¡Contraorden, compañeros!” de las viñetas de Giovannino Guareschi.

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7. Si, por consiguiente, ayer el “catolicismo romano” era considerado un cuerpo ajeno a la modernidad, ajenidad que no le era perdonada, es natural que su ocaso sea saludado hoy con alegría por el “mundo moderno” en sus instituciones políticas, mediáticas y culturales y que, por lo tanto, el actual pontífice sea visto como la persona que sana esa fractura entre los vértices eclesiásticos y el mundo de la información, de las organizaciones y de los “grupos de expertos” internacionales que, iniciada en 1968 con la “Humanae vitae”, se había hecho más profunda con los pontificados sucesivos.

Y es también natural que grupos y ambientes eclesiásticos que ya en los años sesenta deseaban la superación de la Iglesia tridentina, leyendo en esta perspectiva el Vaticano II, tras haber vivido ocultos en los últimos cuarenta años, hayan salido al descubierto y que, con sus herederos laicos y eclesiásticos, figuren entre los componentes de ese “brain trust” al que aludía al principio.

Sin embargo, algunas preguntas que necesitarían ulteriores y difíciles reflexiones siguen abiertas.

La operación puesta en marcha por el Papa Francisco y su “séquito”, ¿tendrá un éxito duradero o acabará encontrando resistencias dentro de la jerarquía y de lo que queda del pueblo católico, mayores de las marginales que han surgido hasta ahora?

¿A qué tipo de nueva realidad “católica” dará vida en la sociedad occidental?

Y, de manera más general: ¿qué consecuencias tendrá sobre el conjunto del ámbito cultural, político y religioso del mundo occidental el cual, aunque ha llegado a un nivel amplio de secularización, ha tenido uno de sus pilares precisamente en el “catolicismo romano”?

Es preferible que los historiadores no hagan profecías y se contenten con comprender algo, si lo consiguen, de los procesos en marcha.

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