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Agosto 20. San Bernardo, patrono de la defensa de la Iglesia y el Papado

San Bernardo predicando la Segunda Cruzada

San Bernardo de Claraval fue la luz del cristianismo en el siglo XII

Insigne representante de una noble familia de santos, pocos cristianos han tenido tan grande repercusión en la Iglesia, en la santa devoción mariana, en la reforma moral de las órdenes monásticas, el fervor de los pueblos, en la defensa del Papado y en la política de todo el orbe cristiano. Fue un gran intercesor de portentosos milagros, habilísimo apologista enemigo de los herejes, gran organizador y general que expandió por occidente los benedictinos blancos, la regla cisterciense. Fue el gran predicador de la Santa Cruzada, el autor del amoroso título mariano Notre Dame, fundador de las órdenes de caballería cristiana.

Pero hoy en día, a pocos santos se les ha tratado de ignorar y ocultar tanto como al humilde San Bernardo; la razón, su valiente y exitosa defensa del Papado en contra de la Sinagoga de Satanás, contra la infiltración de los hebreos en la Santa Iglesia.

En ciertas épocas la Providencia hace surgir hombres providenciales que marcan todo su siglo, como San Bernardo, el Doctor Melifluo, cantor de la Virgen, gran predicador de cruzadas, extirpador de cismas y herejías, pacificador eximio y uno de los mayores místicos de la Iglesia.

En una familia privilegiada, de gran fortuna y poder, nació Bernardo en 1090. Su mayor riqueza, sin embargo, era una arraigada fe católica. Su padre, el venerable Tecelín Barba Morena, gran señor y caballero, era bueno y piadoso, y su madre, la beata Alicia, hija del Conde de Montbar, sería venerada como bienaventurada por la Iglesia en Francia. Cuando nació Bernardo, el tercero de siete hijos, además de ofrecerlo a Dios, como hizo con toda su prole, ella lo consagró al servicio de la Iglesia.

Casa natal de la familia que alcanzó a Cristo

Además de buena apariencia física, tenía Bernardo una inteligencia viva y penetrante, elegancia en su dicción, suavidad de carácter, rectitud natural de alma, bondad de corazón, una conversación atrayente y llena de encanto. Una modestia y una propensión al recogimiento lo hacían parecer tímido.

Radicalidad en la práctica de la pureza

Con tantas cualidades naturales y una posición social envidiable, al crecer podría fácilmente ser desviado hacia el mundanismo. Pero Bernardo probó que la alta condición social, si es vivida con Fe, puede ayudar a la práctica de la virtud.

A los 19 años era alto, bien proporcionado, con profundos ojos azules que iluminaban un rostro varonil, encuadrado por una rubia cabellera. Su porte era al mismo tiempo noble y modesto.

Un día, en una recepción social, la figura de una joven lo atrajo y lo perturbó. Inmediatamente, para apartar aquella visión que fue casi obsesiva, se lanzó en un estanque de agua fría y allí permaneció hasta que lo sacaron. Hizo entonces el propósito de consagrarse totalmente a Dios.

Entrada a la Abadía de Cister

En el año 1098 San Roberto, San Alberico y San Esteban Harding fundaron, en un valle llamado Cister, una rama reformada de la famosa abadía benedictina de Cluny, ya entonces en decadencia. La severidad de su regla fue apartando a los candidatos, mientras que los primeros monjes iban muriendo. San Esteban Harding, sucesor de San Alberico, dudaba si debería modificar la estricta observancia de la abadía cuando un día treinta nobles caballeros aparecieron y pidieron entrar en la Orden. Eran Bernardo con sus hermanos, un tío y sus nobles compañeros de caballería, la flor del ducado de Borgoña.

Beata Humbelina de Fontaines, hermana de San Bernardo

Era tan intenso el don de persuasión que poseía ese hombre lleno de amor de Dios que, al predicar, las mujeres ocultaban a sus maridos y las madres escondían a sus hijos, por miedo que lo siguiesen tal y como fue con su hermano mayor Guy, quien se alejó de su esposa Isabel de Forez y su hija pequeña para “alcanzar a Cristo”. Igualmente sucedió a su hermana Humbelina de Fontaines, quien luego de su matrimonio con Guy de Marcy, obtuvo de éste el amoroso sacrificio y le permitió convertirse en monja, al lado de su cuñada Isabel. Al final todos ellos alcanzaron a Cristo y con sus hermanos Gerardo, Bartolomé, Andrés y Nivardo, todos fueron beatificados.

Comunicación continua con Dios

Bernardo se entregó a la práctica de la regla como monje consumado. Puesto que en los caminos de la virtud hay varias vías para alcanzar la santidad, Bernardo se empeñó con total radicalidad en aquella para la cual se sentía llamado por Dios.

Dominó de tal manera sus sentidos, que comía sin sentir el sabor, oía sin oír. Dominó el paladar a tal punto, que una vez bebió sin percibir un vaso de aceite en vez de agua. Formó para sí un claustro interior en el cual vivía tan recogido que, después de dos años, no sabía si el techo de la abadía era abovedado o liso, y si había ventanas en la capilla. Su comunicación con Dios era continua, de forma tal que mientras trabajaba no perdía su recogimiento interior.

Fundador de Claraval, atrae las almas a Dios

Dos años después de su entrada en el Cister, es enviado por San Esteban como superior de un grupo de monjes para fundar la abadía de Claraval. Bernardo tenía apenas 25 años.

La nueva abadía quedaba en un lugar inculto y agreste. De ahí el nombre de Valle del ajenjo. No obstante San Bernardo lo transformó en Valle Claro o Claraval, difundiendo su fama por toda Europa. En aquella época la fama de los hombres corría por su santidad y heroísmo, no por su vileza y corrupción.

Bernardo había alcanzado un grado supremo de amor a Dios y de unión con la voluntad divina, pero le faltaba aún comprender la debilidad de sus subordinados. Tenía escrúpulos de dirigirlos por la palabra, creyendo que Dios les hablaría en lo profundo del alma mucho mejor que él. Estaba con esa tentación, cuando un día se le apareció un niño envuelto en una luz divina. Con gran autoridad, le ordenó que dijera todo cuanto le viniese al pensamiento, porque sería el propio Espíritu Santo que hablaría por su boca. Al mismo tiempo, Bernardo recibió la gracia especial de comprender las debilidades de los otros y de acomodarse al espíritu de cada uno, para ayudarlos y vencer sus miserias.

Imán de vocaciones

El modo como Bernardo atraía vocaciones para Claraval era milagroso; por ejemplo, cuando todo un grupo de nobles –que por curiosidad quisieron conocerlo– entraron de novicios. Actuaba como si fuese un poderoso imán para atraer almas a Dios.

Enrique de Francia, hermano del Rey Luis VII, fue a Claraval a tratar de un asunto importante con San Bernardo. Cuando iba a salir, pidió ver a todos los monjes, a fin de recomendarse a sus oraciones. Bernardo le dijo que muy pronto experimentaría la eficacia de esas oraciones. El mismo día Enrique se sintió tocado por la gracia al punto que, olvidando que era sucesor al Trono, quiso quedarse en Claraval. Con el tiempo fue Obispo de Beauvais y después Arzobispo de Reims.

Claraval creció tanto que, habitualmente, allí había de 600 a 700 monjes. Pese a ello, cada uno mantenía su aislamiento interior y silencio, como si estuviesen solos. Jamás un monje estaba inactivo, todos tenían un trabajo manual que hacer, cuando no se dedicaban a la oración en el coro o en sus celdas.

Con el tiempo y con el número crecientede vocaciones, Bernardo pudo fundar 160 casas de su Orden, no sólo en Francia sino también en otros países de Europa.

Extirpador de cismas

La misión pública de San Bernardo casi no tuvo similar en la Historia. Fue, por ejemplo, llamado a combatir el cisma del antipapa Anacleto II. Recorrió toda Europa, conquistando rey y reinos para la causa justa. Fue el alma de los Concilios de Letrán, de Troyes y de Reims, convocados por el Papa para tratar asuntos de la Iglesia.

La prédica de San Bernardo era en general acompañada por un gran número de milagros. Liberaba a posesos del demonio, restituía la vista a ciegos, los paralíticos caminaban, los mudos hablaban, los sordos oían.

Prácticamente no podía transitar sin ser seguido por una multitud de enfermos y de sanos que lo querían tocar. Para protegerse, se veía obligado a hablar a la multitud desde una ventana.
Por todos lados el santo era llamado “el padre de los fieles, Columna de la Iglesia, apoyo de la Santa Sede y Ángel tutelar del pueblo de Dios”.

Aniquilador de herejías y predicador de la II Cruzada

Bernardo fue el protector de la Fe contra las herejías de Pedro Abelardo y Arnaldo de Brescia, que querían renovar los antiguos errores de Arrio, Nestorio y Pelagio. Combatió también los errores de Gilberto de la Porée, Obispo de Poitiers.

Pero la principal herejía que el santo combatió fue la de un monje apóstata llamado Enrique, que en el Languedoc llevaba a cabo una guerra cruel contra la Iglesia, atacando los Sacramentos y los sacerdotes fieles.

El santo abad fue también llamado a predicar la II Cruzada, lo que hizo con la fuerza de su elocuencia y el poder de los milagros. Cuenta su secretario que en Alemania curó, en un solo día, nueve ciegos, diez sordos o mudos, diez paralíticos. En Mayence, la multitud que lo rodeó fue tan grande, que el Rey Conrado debió tomarlo en sus brazos para sacarlo de la iglesia.

La defensa de la Iglesia y el Papado contra la infiltración judía

Inocencio II y Rogerio de Sicilia

El Abad de Claraval se esforzó asimismo en la reforma de la Iglesia por medio de su acción e influencia, pero uno de los aspectos que más llama la atención en este sentido es la misión y el combate en 1130-1138, en pro de su unidad, frente al “Cisma de Anacleto”.

A la muerte de HONORIO II en 1130, se produjo una doble elección para sucederle: GREGORIO PAPARESCHI, quien tomó el nombre de INOCENCIO, y PEDRO DE LEONE, de una rica familia de origen judío, que pasó a llamarse ANACLETO II. Con la división del Colegio Cardenalicio se produjo también la del pueblo romano, siempre muy inmiscuido (por el intervencionismo de sus familias principales) en las elecciones y la política pontificia.

A San Bernardo no le importó que el hebreo Pierleoni (Anacleto II) hubiese sido electo por la mayoría de los cardenales, ni que el usurpador estuviese sentado en la Sede Romana; tampoco le importó que el asustado Inocencio II se desterrara y escondiera en Francia.

Para resolver el problema, el rey LUIS VI de Francia, “el Gordo”, llevo a cabo una reunión de un concilio en Étampes, donde la figura clave fue SAN BERNARDO, quien se decantó por los derechos del primero. A PARTIR DE AHÍ, se empeñó en obtener para él los apoyos del propio monarca francés, de ENRIQUE I de Inglaterra y del emperador LOTARIO, realizando numerosos viajes por Francia, Alemania e Italia, donde estuvo tres veces y consiguió que Pisa y Génova en 1133, y Milán en 1135, se adhiriesen igualmente.

El Doctor MELIFLUO en 1137 trató de ganarse además a ROGERIO II de Sicilia, hacia quien antes había tenido muchas reticencias por su enfrentamiento con varias ciudades italianas y con el emperador y el papa. Su labor en este tiempo consistió, por lo tanto, en viajes, entrevistas, predicaciones y cartas a diversos personalidades de la Iglesia y de la política, todo culminó con éxito, pues la muerte de VÍCTOR IV en 1138, elegido sucesor del recién fallido ANACLETO II, cerró definitivamente el asunto.

 

San Bernardo de Claraval, defensor del Papado, rogad por nosotros

Unidad en la Fe

4 comentarios leave one →
  1. agosto 20, 2014 9:25 am

    Felisidades por el dia de san ernardo que sigasumemoria y sabiduria en la iglesia y zobretodo a la madre de dios amen

    • zuny permalink
      agosto 21, 2014 12:50 pm

      gracias a San Bernardo, conocí mas de la Virgen María

  2. Miguel permalink
    agosto 20, 2014 9:47 pm

    Hacen falta varios hombres como éste Santo para dar frente a las múltiples herejías del CVII.

  3. Silvia Ramirez permalink
    diciembre 25, 2014 11:29 am

    Que dicha poder por este medio saber un poco de la vida de mi Santo Patrono. Me gustaria saber si hay alguna oracion para rezarle.

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