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Rivanera Carlés: Montini y el Juramento Antimodernista

marzo 21, 2019
RONCALLI-MONTINI2

Roncalli y Montini conspirando contra la Iglesia.

Giovanni Montini, sucesor y muy amigo de Juan XXIII, elegido el 21-VI-1963, y coronado nueve días más tarde, estaba lejos de la ortodoxia. Figura principal del Vaticano II, al que hizo continuar y cuyas resoluciones promulgó. Su protagonismo en el concilio empieza desde su preparación, cuando era arzobispo de Milán, hasta el punto de que Cremona observa que “aunque Montini no hubiera sido elegido, habría sido considerado como el gran artífice del Concilio, al lado de Juan XXIII”.​ Desde joven, dice Cremona, no tuvo “ni una sombra de integrismo. El 29-III-1933 debió renunciar a su puesto de Asistente Eclesiástico General de la Federación Universitaria Católica Italiana, debido, entre otras cosas, a que sus sugerencias para la preparación de la Pascua fueron halladas heterodoxas, y en las graves censuras que se le hicieron se hace notar que ellas se inspiran en “métodos propios de las aulas protestantes, ofensivos para la piedad católica y, de modo particular, para la piadosa práctica del Rosario”. Por ello, el Cardenal Vicario de Roma, Francesco Marchetti Selvaggiani, lo denunció ante el Secretario de Estado Eugenio Pacelli, quién citó al acusado en febrero de 1933.

“Después, recuerda Montini, el Emm. Cardenal Pacelli me hizo llamar y, muy amablemente me dio cuenta de los cargos que había presentado el Card. Vicario contra mí. Tampoco él estaba bien informado acerca de la circular para la Pascua… . Me llamó la atención sobre algunos puntos”.

Cuán “heterodoxo” era Montini se apreció en su discurso inaugural de la Misión de Milán, que se llevó a cabo el 24-11-1957 : “Si fuera posible hacer llegar una palabra hasta vosotros, hijos alejados, la primera sería la enderezada amistosamente “a pediros perdón”. Sí, nosotros a vosotros, “antes que a Dios”. Cuando se acerca alguien que estaba alejado, no puede dejar de sentirse remordimiento…. Ha juzgado a través de nuestros defectos…. Ha llegado a sentir hastío, a despreciar, a odiar la religión… Los alejados son a menudo personas a quienes hemos dado una mala impresión… Su anticlericalismo oculta un indignado respeto hacia las cosas sagradas, que les perecen envilecidas por nosotros”.

Montini envió a Mauricio Blondel, en nombre de Pío XII, en 1945 una carta “en la que se le tributaban los más vivos elogios por su labor. Tras referirse al “venerado” y famoso nombre de Mons. Duchesne, Pablo VI manifestó “la esperanza de que esta noble figura de sacerdote francés y romano, pueda ser para nuestra época y para las épocas futuras, especialmente para cuantos se dedican al estudio de la historia de la Iglesia, un ejemplo y un maestro”. Zizola escribe que “esto era casi una rehabilitación”. Pablo VI “absolvía, pues, a Duchesme de las acusaciones por las que Pío X le había condenado”. El hecho es gravísimo porque ni siquiera se cubrieron las formas revisando la condena de la “Historie”, refrendada, asimismo por un santo. También ponderó al hebreo Bergson : “!Magnífico espíritu el de Bergson!, dice Montini en su diálogo con Guitton ; juicio insólito sobre un autor condenado por la Iglesia, quien en una de sus obras más afamadas, “Las dos fuentes de la moral y de la religión”, manifiesta que la religión es al misticismo lo que la vulgarización a la ciencia. Bergson proclamó su “adhesión moral” al catolicismo, pero se negó a convertirse.

También es conocida la influencia de Pascal y de la judía Simone Weil sobre Montini. Pese a sus ambiguas ponderaciones del catolicismo, ésta nunca se convirtió y se mostró hostil a la Iglesia Católica : “La Iglesia, sostuvo, ha producido demasiados frutos malos como para pensar que no ha habido un error de partida… Opuesta a la verdades fundamentales de la Fe, v. g. , a la inmortalidad del alma, la nombrada mostró gran odio al Imperio Romano Cristiano . Es conocida su afición al catarismo y a la defensa del maniqueísmo. La postura cabalista se advierte en su ida de la Creación, donde utiliza, sin nombrarla, la doctrina del “simsum” : “Dios no ha podido crear sino ocultándose. Él mismo, creador, “se ha retirado para dejarnos pasar”.

Cuando estalló la Guerra Civil Española se alistó en las Brigadas Internacionales rojas, pero estuvo poco tiempo. Su apartamiento del comunismo no fue tal, pues, como buena judía, “a pesar de su aversión al comunismo, deseaba ir a Rusia en el momento en que este país sangraba bajo la bota alemana”.

Durante casi cuarenta años el cripto judío modernista Montini se desempeñó en la Secretaria de Estado vaticana. A poco de reemplazar a su amigo y cómplice Roncalli, abolió la Inquisición y la Congregación del Índice ; suprimió el “Index Librorum Prohibitorum”, y al año siguiente hizo otro tanto con el Juramento Antimodernista, instituído por San Pío X en 1910, por el Motu Propio “Sacrorum antistium”, tantas veces citado, más poco conocido, que anatematiza precisamente doctrinas sustentadas por la Iglesia Postconciliar :

“Yo, N. N. abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el Magisterio inerrante de la Iglesia, principalmente aquellos puntos de doctrina que directamente se oponen a los errores de la época presente”.

“Y en primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas, “puede ser ciertamente conocido”, y por tanto, también demostrado, como la causa por sus efectos, por la luz natural de la razón mediante las cosas que han sido hechas, es decir, por las obras visibles de la Creación”.

“En segundo lugar : admito y reconozco como signos certísimos del origen divino de la religión cristiana los argumentos externos de la Revelación, esto es, hechos divinos, y en primer término, los milagros y las profecías, y sostengo que son sobremanera acomodados a la inteligencia de todas las edades y de los hombres, aun los de este tiempo”.

“En tercer lugar : Creo firmemente con fe firme que la Iglesia, guardiana y maestra de la palabra revelada, fue próxima y directamente instituída por el mismo, verdadero e histórico Cristo mientras vivía entre nosotros, y fue edificada sobre Pedro, príncipe de la jerarquía apostólica, y sus sucesores para siempre”.

“Cuarto : Acepto sinceramente la doctrina de la fe transmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos “siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia ; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas”, que pasarían de un sentido a otro, diverso del que primero mantuvo la Iglesia ; igualmente condeno todo error, por el que el depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, lentamente formada por el esfuerzo de los hombres y que en adelante ha de perfeccionarse por el progreso indefinido”.

“Quinto : Sostengo con toda certeza y sinceramente profeso “que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconsciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero sentimiento del entendimiento a la verdad recibida de fuera por el oído, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por Dios personal, creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz”.

“También me someto con la debida reverencia y de todo corazón me adhiero a las condenaciones, declaraciones y prescripciones todas que se contienen en la carta Encíclica Pascendi y en el decreto Lamentabili, particularmente en lo relativo a la que llaman historia de los dogmas. Asimismo repruebo el error de los que afirman que la fe propuesta por la Iglesia puede repugnar a la historia, y que los dogmas católicos en el sentido en que ahora son entendidos, no pueden conciliarse con los más exactos orígenes de la religión cristiana”.

“Condeno y rechazo también la sentencia de aquellos que dicen que el cristiano erudito se reviste de doble personalidad, una de creyente y otra de historiador, como si fuera lícito al historiador sostener lo que contradice a la Fe del creyente, o sentar premisas de las que se siga que los dogmas son falsos y dudosos, con tal que éstos no se nieguen directamente”.

“Repruebo igualmente el método de juzgar e interpretar la Sagrada Escritura que, sin tener en cuenta la Tradición de la Iglesia, la analogía de la Fe y las normas de la Sede Apostólica, sigue los delirios de los racionalistas y abraza no menos libre que temerariamente la crítica del texto como regla única y suprema”.

“Rechazo, además, la sentencia de aquéllos que sostienen que quien enseña la historia de la Teología, o escribe sobre esas materias, tiene que dejar antes a un lado la opinión preconcebida, ora sobre el origen sobrenatural de la Tradición católica, ora sobre la promesa divina de una ayuda para la conservación perenne de cada una de las verdades reveladas, y que además los escritos de cada uno de los Padres han de interpretarse por los solos principios de la ciencia, excluída toda autoridad sagrada, y con aquella libertad de juicio con que suelen investigarse cualquiera monumentos profanos”.

“De esta manera general, finalmente, me profeso totalmente ajeno al error por el que los modernistas sostienen que en la sagrada Tradición no hay nada divino, o, lo que es mucho peor, lo admiten en el sentido panteístico, de suerte que ya no quede sino el hecho escueto y sencillo, que ha de ponerse al nivel de los hechos comunes de la historia, a saber : unos hombres que por su industria, ingenio y diligencia continúan en las edades siguientes la escuela comenzada por Cristo y sus Apóstoles”.

Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, todos los cardenales, Obispos y sacerdotes que los secundaron han faltado a ese juramento. Son estos perjuros los que han fundado la Iglesia Postconciliar”.

La catástrofe producida por el Vaticano II y algunos hechos negativos ocurridos en el anterior, dan la plena razón al Papa Carafa, firmemente contrario a reunir un concilio, habida cuenta de que eran muy distintos los tiempos y los hombres de los sínodos fundacionales. Para efectuar la reforma católica no estimaba apropiado continuar el de Trento sino valerse de la Inquisición. En enero de 1556 decidió iniciar la reforma eclesiástica con el reordenamiento de la Curia, para lo cual creó una congregación especial compuesta de sesenta y dos miembros, entre los que había varios cardenales y el comisario del Santo Oficio, Miguel Ghislieri, el futuro San Pío V. El 20 de ese mes, en la Sala Constantiniana, inauguró el Pontífice los trabajos con un discurso donde expresó que “como toda reforma había de fundarse en la total supresión de la herejía simoníaca, que formaba el mal principal, se debía aplicar aquí la segur sin contemplación alguna…”. La Cabeza de la Iglesia tenía que extirpar la simonía, tanto más cuanto los calumniadores y los herejes señalaban ésta casi como la única causa de que hasta entonces no se hubiese podido efectuar reforma alguna.

En conversación con el embajador de la Serenísima, el 13-III-1556, manifestó el Santo Padre “que empleaba tanto tiempo en la reforma para que saliera bien, y que en negocio tan importante de ningún modo quería obrar según su propio parecer, sino oír también a otros, pues quería escuchar la verdad. Acerca de la simonía expresó que durante años se había espantado al comprobar que las dignidades de Obispos y cardenales se cotizaban en metálico. “Luego que Dios nos confirió esta dignidad sin procurarla de nuestra parte, nos dijimos a nosotros mismos : sabemos lo que el Señor exige de nosotros. Hemos de ir a las obras y extirpar de raíz este mal. Si no lo hicimos en seguida, la causa fue que quisimos primero nombrar cardenales que fuesen idóneos para ayudarnos en esta obra. Ahora queremos poner en ejecución la reforma, “aún con peligro de nuestra vida”… Es un milagro, señor embajador, cómo esta Santa Sede se ha mantenido “a pesar de que nuestros predecesores nada dejaron de hacer para arruinarla”. Pero está fundada sobre una roca tal que nada hay que temer. Si tampoco a nosotros nos hubiera de tocar en suerte un entero éxito, estaríamos contentos con limpiar este lugar santificado por Dios y después morir. Y para decíroslo todo, “la nueva congregación tendrá el poder de un concilio”.

La guerra con España demoró al plan de la reforma integral que tanto ansiaba el Pontífice. No obstante, el gran Papa tomó medidas drásticas de enorme importancia, que constituyen el basamento sobre la que se pudo realizar posteriormente la misma. A comienzos de Febrero de 1558 Paulo IV se refirió nuevamente a la realización de un concilio en Roma para la reforma católica. Todo indica que el Tribunal del Santo Oficio, que desde septiembre de 1557 integraban quince cardenales, elevaría sus dictámenes a la aprobación del sínodo, el cual, bajo su firme autoridad, funcionaría rápida y ordenadamente. Pastor afirma que es “inconcebible cómo Paulo IV podía someter también a la Inquisición los asuntos de la reforma”. Lo inconcebible es que él no advierta la conveniencia de ello.

Era lógico el proceder del Papa Carafa, porque para que un concilio resulte eficaz y provechoso, debe estar integrado, mayoritariamente al menos, por hombres de intachable vida y ortodoxia. Y aunque había realizado una gran depuración, y los nuevos cardenales y obispos pertenecían a esta clase, todavía había muchos que estaban lejos de cumplir tales requisitos. En cambio, los miembros de la Inquisición sí eran los hombres adecuados y de su confianza plena, ya que aparte del inquisidor mayor y perpetuo, San Pío V, de hallaban los grandes teatinos.

Podrá objetarse que, no obstante, el Concilio de Trento se pudo terminar, pero recuérdese que si bien sus resoluciones fueron dogmáticamente inobjetables, las correspondientes a otras cuestiones trascendentales pecaron de heterodoxas y muy perjudiciales, v. g. , sobre la publicación del Talmud y la literatura judía, así como la reforma del Índice, a lo que hay que agregar su oposición a la Inquisición, la defensa de Carranza, etc. Como ya dije, los serios inconvenientes que debieron sortearse en el Vaticano I y, por supuesto, el funesto Vaticano II, dan la razón a Paulo IV.

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2 comentarios leave one →
  1. marzo 22, 2019 6:48 pm

    Foro, ¿podéis publicar el RADIOMENSAJE «BENIGNITAS ET HUMANITAS» DE SU SANTIDAD PÍO XII EN LA VÍSPERA DE NAVIDAD del 24 de diciembre de 1944?

  2. Wulfrano Ruiz Sainz permalink
    abril 7, 2019 4:15 am

    Par de demonios (Porky Roncalli y Diablo Montini) en la foto.

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