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José Selgas y Carrasco: El análisis y la disección

enero 9, 2019
Selgas
No me cabe duda de que el análisis es un procedimiento de averiguación científica, y que, aplicado, por ejemplo, a la química, conduce al conocimiento de los simples y de los compuestos.
Descomponer una sustancia para averiguar los elementos de que se compone, equivale a contarse los dedos de la mano para saber positivamente que son cinco.
En anatomía, la disección es absolutamente necesaria si hemos de saber la estructura interna de esta cárcel de carne y huesos en que vivimos prisioneros.  En gramática y en retórica, conviene analizar las partes de la oración y los miembros del discurso, para que podamos enterarnos del secreto íntimo de sus mutuas relaciones. Por último, en filosofía, es permitido separar las ideas para ordenarlas, porque el orden es la lógica de las ciencias.
Pero, ¿y el arte? ¿Qué cosa es el arte? Su fin, ¿es la belleza?  Y, ¿qué es la belleza? “El esplendor del orden”. Y la literatura propiamente dicha, ¿qué otra cosa es que una expresión del arte? Ahora bien : ¿cabe justamente en los términos del arte encargado de embellecer lo bueno, el análisis que descompone y la disección que destroza?
Nada más analítico que la corrupción, porque ella es la descomposición completa. Vamos : no he podido convencerme todavía de que se puede embellecer una rosa deshojándola.
De esta terquedad de mi entendimiento nace la antipatía que me inspira el realismo repugnante del arte actual, y las groseras disecciones a que se entrega la corrupción literaria de nuestros tiempos ; y por eso condeno esa literatura analítica que todo lo despoetiza, lo desflora y lo diseca, lo mismo las más bellas ideas que los más nobles sentimientos. Cuando yo analice, desflore y diseque de esa manera le ruego a Vd.  encarecidamente y por todos los Santos del cielo, (le dice a su interlocutor), que me tire un buen tirón de la manga.
No confundamos la descripción con el análisis. El poeta que pinte los campos de Rozas, o cualquiera de los cuadros que ofrecen esas regiones, si lo traza con los colores propios, habrá hecho en dos casos una obra de arte relatando la verdad del paisaje ; pero si los falsifica, no serán sus cuadros más que obras imaginarias. Los tres conceptos del arte son : lo verdadero, lo bueno y lo bello.  Dante no analiza el infierno, lo describe con sus propios colores, y el horror que infunde es el triunfo de su genio.
Creo que divago queriendo explicar el sentido relativo de mis palabras  al condenar el espíritu analítico y demoledor de la filosofía positivista de que se halla informada la literatura que nos infesta, y que, analizando y disecando, ha llegado por arriba a negar a Dios, y por abajo a negar la virtud humana. La verdad, como que no es nuestra, la debemos a todos, y el que la oculta la roba, y el que la mezcla con la mentira la falsifica.
Mas si esto es así en cuanto a las verdades religiosas y morales, hay también un orden de tristísimas verdades que deben ocultarse, y en este punto es en el que la literatura analítica y demoledora de nuestros días encuentra complacencia descubriéndolas.
Me incita Vd. a que tome la defensa de los corazones inocentes, y lo hace Vd. con tal oportunidad, que cabalmente me encuentra con las manos en la masa. Hágase Vd. cuenta que tengo una hija que se halla en ese momento de encantadora confusión en que el análisis de la vida no ha hecho todavía la desconsoladora distinción entre la mujer y la niña, entre la inocencia y la malicia. Imagínese si me inspirará interés la felicidad de esta alma que sonríe bajo la sombra de mi cariño.
Pues bien : ¿cuál dirá Vd. que es el sistema de defensa que he emprendido? Consiste sencillamente en apartar de sus ojos todos esos cuadros de degradación humana que la depravación literaria moderna arroja diariamente como pasto a la curiosidad pública. Me he propuesto que ignore todo lo que no debe saber, como la primera garantía de su inocencia. 
Lo primero que hay que evitar es que el hombre se engañe a sí mismo, porque ese es el más triste de los engaños, y ennoblecido y confortado por los nobles sentimientos, puede hacer frente a los engaños del mundo. Después de todo, la caída del hombre no tuvo otra causa que el ciego empeño de querer saber. 
Yo no conozco más civilización verdadera que la del Evangelio, ni más derecho de conquista que el de la Cruz, ni más conquistador legítimo que el sacerdote.  Calcule Vd. si yo habría de negar mis débiles fuerzas a la heroica empresa de enriquecer el mundo con los tesoros de la fe, única fuente de perfección moral.
En cuanto al desarrollo de los bienes materiales, debo confesarle que soy poco aficionado al estudio de las ciencias económicas. Aquí, en esta vieja Europa, veo levantarse la cuestión pavorosa del capital y el trabajo, de la miseria y del lujo, del pobre y del rico.
Desventurado el pueblo donde penetre esta lucha desesperada, abierta en la sociedad moderna por el ciego utilitarismo de la economía política sin Dios, de la ganancia sin moral, de la riqueza sin caridad y de la pobreza sin virtud.
Yo no puedo abrir cátedra de nada ; cuento únicamente con la ligereza de mi estilo, bajo el que deslizo suavemente mi profundo amor a lo verdadero, a lo bello y a lo bueno ; y si alguna vez logro inculcar en alguien mi propio sentimiento, me doy por satisfecho.
“La única semilla que fructifica en todos los terrenos, es la semilla de los beneficios. Siembra y cogerás, porque es cosecha que nunca se pierde”. Si alguna vez oye decir que no hay Dios, y es posible que lo oiga, procure  averiguar que interés puede tener el que lo dice en que no lo haya.
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3 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    enero 9, 2019 11:19 am

    Al igual que Selgas , una no reconoce más verdad que la del Evangelio, ni más derecho de conquista que el de la Cruz, ni nadie más digno , ni más merecedor de respeto y de la mayor consideración, que el Sacerdote, ni más Dogmas que los contenidos en el Credo, o aprobados por el Magisterio de la Iglesia, mi más Mandamientos que los de la Ley de Dios.

    Porque quien ama y respeta todo eso, está en paz con Dios, consigo mismo, con sus semejantes, con las autoridades temporales legítimamente constituidas, y con todos los hombres en lo que de su parte depende.

  2. Inés. permalink
    enero 9, 2019 11:29 pm

    Si D. José Selgas pudiese ver toda la basura de todo tipo que se difunde las veinticuatro horas del día por la casi totalidad de los canales de TV de cualquier parte del mundo, donde toda inmoralidad y toda bajeza tienen su asiento, se quedaría no sólo anonadado, sino consternado. Y eso sin añadir todo lo que se edita en papel y se airea en las emisoras de Radio.

    Ante la eficacia de todo eso, la antigüedad pagana se queda en pañales. Y, ¿quién se autodisciplina y pone coto a los ojos y a los oídos? ¿Quién piensa que no todo se puede ver, ni todo se puede leer, ni todo se puede oir?

    A mi entender, ésa, entre otras, es la ascética que exige de nosotros los tiempos en que vivimos, completamente compatible con la antigua.

    Y vuelvo a decir que Satanás, esclavo eterno de sí mismo, no pudo haber inventado mejor predicador, ni maestro para atraer y pervertir a sus víctimas desde las primeras edades de la vida.

    “Nos aterra ver una pistola en manos de un niño, decía Selgas, y no nos asusta ver a un niño en manos de un maestro impío”.

  3. Inés. permalink
    enero 9, 2019 11:45 pm

    Y añadía Selgas en otra parte :

    “Nuestra civilización se distingue principalmente por un espíritu de tolerancia que viene a ser como el refinamiento de la cultura moderna. Elevando la consideración, se ve que la moral, la virtud y las leyes están tan altas que todo puede pasar por debajo de ellas”.

    “Tolerancia es esa ilustrada precaución con que se tolera todo lo que se prohíbe.
    !TOLERANCIA! Esta palabra oculta un sentido civilizador más hondo del que parece a primera vista. No se atreve a decirlo, pero quiere decir : “LA MORAL, LA VIRTUD Y LAS LEYES SON YA INÚTILES”.

    “No hay marido en el mundo que se atreva a decir : “Yo tolero que mi mujer sea honrada”. Un marido tolerante ya sabemos todos lo que es, y eso precisamente queremos que sean la moral, la virtud y las leyes. La lógica es feroz : PARA QUE EL HOMBRE SEA BUENO, SON NECESARIAS LAS LEYES, LA VIRTUD Y LA MORAL. Mas para que el hombre sea libre, SOBRAN LA MORAL, LA VIRTUD Y LAS LEYES”.

    “La tolerancia no es más que un anticipo que nos hace la libertad que nos han prometido. !Qué verdad nos parece todo aquello que tenemos interés en que no sea mentira! MUCHO BUENO, Y POCO MALO, SON DOS COSAS IGUALMENTE IMPOSIBLES, PORQUE LO BUENO NO PUEDE SER NUNCA MUCHO, NI LO MALO ES POCO JAMÁS”.

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