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«Clérigos de origen judío ayudaron a impulsar las reformas del Vaticano II»

octubre 6, 2018

Johannes Oesterreicher, autor del documento conciliar Nostra Aetate. Nacido en 1904 en el hogar del veterinario hebreo Nathan y su esposa, Ida, en Stadt-Liebau, una comunidad de habla alemana al norte de Moravia.

(Texto transcrito de la revista hebrea Forward/ traducción de Foro Católico)

Los conversos que cambiaron la iglesia

Hace 50 años: El Vaticano II cambió la postura del Vaticano en asuntos clave, incluyendo las enseñanzas de la Iglesia respecto a los judíos. Muchas de las fuerzas intelectuales detrás de las reformas pertenecían a conversos del judaísmo.

Por John Connelly

Publicado el 30 de julio de 2012, número de agosto 3, 2012

Hace cincuenta años, los obispos católicos se reunieron en roma para un concilio que “actualizaría” a la iglesia haciéndola hablar más directamente al mundo moderno. Después de tres años de deliberación, los obispos votaron y aceptaron declaraciones que permitían a los fieles asistir a misas en sus propias lenguas, alentaban la lectura de la escritura por parte de los laicos y suplicaba a los católicos que pensaran en otras religiones como fuentes de verdad y gracia. El concilio se refería a la iglesia como el “pueblo de Dios” y sugería un orden más democrático en las relaciones entre los obispos y el papa. También se aprobó una declaración sobre las religiones no cristianas, conocido por su título en latín, Nostra Aetate (“En nuestros tiempos”). La parte cuatro de su declaración, la declaración sobre los judíos, resultó ser muy polémica, y en varias ocasiones estuvo a punto de ser rechazada por la oposición de los obispos conservadores.

Nostra Aetate confirmó que Cristo, su madre y los apóstoles eran judíos, y que la iglesia tenía su origen en el Antiguo Testamento. Negaba que los judíos fueran los responsables de la muerte de Jesucristo, y condenaba todas las formas de odio, incluyendo el antisemitismo. Citando la Carta de San Pablo a los romanos, Nostra Aetate llamó a los judíos los “muy amados” por Dios. Hoy en día estas palabras parecen provenir del sentido común, pero representaban una revolución en la enseñanza católica.

A pesar de la oposición dentro de sus filas, los obispos sabían que no podían permanecer en silencio en relación a los judíos. Cuando el documento se diseñó en mayo de 1965, uno de ellos explicó por qué debían seguir adelante con él: “El contexto histórico: 6 millones de judíos muertos. Si el concilio, que tenía lugar 20 años después de esos acontecimientos, guardaba silencio al respecto, evocaría inevitablemente la reacción expresada por Hochhuth en ‘El Vicario’”. Este obispo se refería a la obra de teatro de Rolf Hocchuth, donde se habla sobre el silencio y el desinterés de Pío XII en lo concerniente al Holocausto. Esa ya no era la iglesia en la que esos obispos querían vivir.

El problema ahí estaba, ellos no habían poseído una lengua propia en la que pudieran romper el silencio. Más que muchas de las disciplinas académicas, la teología es un complejo matorral con cada rama protegida por un círculo de expertos. Aquellos que querían entender las complejidades en las relaciones de la iglesia con los judíos tenían que estudiar escatología, soteriología y patrística, el Antiguo y el Nuevo Testamento, y la historia de la iglesia a través de todos sus periodos. Entonces, los obispos se encontraron confiando en un pequeño grupo de expertos que se habían preocupado lo suficiente para reunir las inusuales calificaciones intelectuales para esta tarea.

Tal y como lo descubrí durante la investigación para mi libro más reciente, “From Enemy to Brother: The Revolution in Catholic Teaching on the Jews, 1933-1965[1]”, dichos expertos no empezaron su trabajo en los años sesenta. Desde sus puestos en Austria y Suiza, varios habían intentado formular los argumentos católicos contra el antisemitismo bajo la sombra del nazismo tres décadas antes. Eran sumamente contrarios al catolicismo, tanto como uno pueda imaginar; no sólo eran centroeuropeos lo suficientemente valientes para contradecir a Hitler en su tiempo, además cabe mencionar que no habían nacido como católicos. Los católicos que ayudaron a la iglesia a reconocer la santidad permanente del pueblo judío eran conversos, en su gran mayoría de familias judías.

Uno de los más importantes fue Johannes Oesterreicher, nacido en 1904 en el hogar del veterinario judío Nathan y su esposa, Ida, en Stadt-Liebau, una comunidad de habla alemana al norte de Moravia. De niño, formó parte del movimiento scout sionista y fue elegido para fungir como representante de los judíos en su escuela preparatoria, pero entonces, por razones aún inexplicables (aunque más adelante el diría que “se enamoró de Cristo”), Oesterreicher se interesó en escritos cristianos (cardenal Newman, Kierkegaard y los Evangelios), y con la influencia de un sacerdote que después sería martirizado por los Nazis (Max Josef Metzger) se convirtió al catolicismo y luego se hizo sacerdote. A principios de los años treinta, tomó la iniciativa de la Diócesis de Viena para convertir a los judíos, esperando poder convertir a familiares y amigos. En esto, tuvo poco éxito, en cambio, en donde tuvo un gran impacto fue en reunir otros pensadores católicos que se opusieran al racismo nazi. Para su sorpresa, Oesterreicher se topó con este racismo entrando en el trabajo de liderar a estos pensadores católicos, quienes pensaban que los judíos estaban dañados racialmente y no podían recibir la gracia del bautismo. Sus amigos en esta tarea incluían a otros compañeros conversos como el filósofo Dietrich von Hildebrand, el teólogo Karl Thieme, y el filósofo político Waldemar Gurian. En 1937, Gurian, Oesterreicher y Thieme redactaron la declaración católica sobre los judíos, alegando, contra los racistas, que los judíos llevaban consigo una santidad especial. A pesar de que constituía una enseñanza ortodoxa, no hubo un sólo obispo que lo firmara (ya no digamos el Vaticano).

Oesterreicher escapó de Austria cuando entraron los nazis, en 1938, y continuó su trabajo desde París, transmitiendo sermones en alemán hacia el Reich, informando a los católicos que Hitler era un “espíritu sucio” y el “antípodo en forma humana”, y describiendo los crímenes nazis cometidos contra los judíos y los polacos. En la primavera de 1940, a penas y se escapó de un equipo de avanzada de agentes de la Gestapo, y por medio de Marsella y Lisboa, se abrió camino hacia Nueva York y finalmente a la Universidad Seton Hall, donde se constituyó en experto de relaciones entre judíos americanos y la Iglesia Católica.

De forma gradual, Oesterreicher abandonó el enfoque misionero hacia los judíos para llamar, cada vez con más frecuencia, “ecuménico” a su trabajo. Tanto él como otros cristianos que pensaban igual que él, intentaron descubrir cómo aterrizar su creencia en la continua vocación del pueblo judío en la escritura Cristiana. Si la batalla antes de la guerra se libró contra las suposiciones superfluas del racismo nazi, la batalla después de la guerra se libró contra las arraigadas creencias de antijudaísmo cristiano. En el periodo anterior, los conversos alegaban que, sí, los judíos pueden bautizarse”. En el segundo periodo, aun cuando continuaban creyendo que los judíos debían bautizarse para escapar a la maldición de negar a Cristo, estos pensadores empezaron a considerar la naturaleza de esta supuesta maldición.

Si la historia constituía una serie de pruebas enviadas para castigar a los judíos por no haber acepado a Cristo, entonces ¿qué significado debía tener Auschwitz? ¿Acaso eran los nazis instrumentos de la voluntad de Dios, cuyo propósito era hacer que los judíos volvieran su rostro a Cristo? Responder sí a esta pregunta resultaba obsceno, pero esa era la respuesta que daba la teología católica en 1945. En los años posteriores, los conversos tuvieron que orquestar una revolución en una Iglesia que se declaraba inmutable. Lo lograron orientando la enseñanza de la Iglesia conforme a la carta de Pablo a los Romanos, capítulos 9-11, en donde el Apóstol, sin hablar de bautismo o conversión proclama que los judíos seguían siendo “amados por Dios” y que “todo Israel se salvará”.

Al igual que Oesterreicher, los pensadores dedicados al trabajo intelectual de preparar esta revolución eran judíos conversos. Poco después de la guerra, Thieme se reunió con la sobreviviente de campo de concentración, Gertrud Luckner para publicar Freiburger Rundbrief en el sudoeste de Alemania, donde hicieron avances cruciales en materia de teología en el camino de conciliación con los judíos. En París, el R.P. Paul Démann, judío húngaro converso, empezó a publicar la reseña Cahiers Sioniens y, con la ayuda de sus compañeros conversos Geza Vermes y Renée Bloch, refutó el anti-judaísmo en los catecismos de escuelas católicas.

En 1961, Oesterreicher fue convocado para trabajar en el comité del Vaticano II encargado de la “cuestión judía”, que se convertiría en el asunto más difícil para los obispos. En un momento crítico, en octubre de 1964, los sacerdotes Gregory Baum y Bruno Hussar se unieron a Oesterreicher para ensamblar lo que se convertiría en el texto final del decreto conciliar sobre los judíos, sobre el cual votarían los obispos un año más tarde. Al igual que Oesterreicher, Baum y Hussar eran conversos con antecedentes judíos.

Todos conservaron una tendencia que provenía del Primer Concilio Vaticano en 1870, cuando los hermanos Lehmann— judíos convertidos a catolicismos y ordenados sacerdotes— presentaron una declaración sobre las relaciones entre la iglesia y los judíos, enunciando que los judíos “siempre son amados por Dios” por sus padres y porque Cristo había salido de entre ellos “de acuerdo con la sangre”. Sin los conversos al catolicismo, todo parece indicar, la Iglesia Católica nunca habría encontrado la salida a los retos del antijudaísmo racista.

El gran porcentaje de judíos conversos como Oesterreicher entre los católicos que se oponían al antisemitismo tiene sentido, pues en los años treinta todos eran objeto del racismo nazi que no habían podido evitar el racismo que había penetrado en la iglesia. En oposición a éstos, ellos estaban dirigiendo a la Iglesia a su propio universalismo; pero al retomar los tan olvidados pasajes de San Pablo en su carta a los Romanos, también abrieron la mente de la Iglesia para una nueva apreciación del pueblo judío.

¿Cuáles fueron los motivos detrás de su compromiso en esta guerra? En una reseña generosa de mi libro en La Nueva República, Peter Gordon sugiere que la voluntad de los conversos para abogar por los otros tuvo su origen en una preocupación por el yo. Habían conservado un sentido de sí mismos como judíos aún en el seno de la Iglesia Católica. Gordon nos recuerda el escepticismo de Sigmund Freud acerca de la posibilidad de amar a otros. El verdadero amor, según Freud, conllevaba narcisismo: no es el otro a quien yo amo, sino a mí mismo, o al menos sólo amo esa cualidad del otro que me recuerda a mí o la persona que yo era”. Pero en Oesterreicher vemos una permanente solidaridad con la comunidad a la que alguna vez perteneció, más específicamente, con su familia. En 1946, reflexionó sobre la fe de su padre, que había muerto de neumonía en Theresienstadt (su madre sería asesinada más tarde en Auschwitz). Contrario a la antigua idea cristiana de que fuera de la iglesia no hay salvación, Oesterreicher no sufrió por su padre. Nathan Oesterreicher había sido un hombre justo, a quien se podía aplicar la “bienaventuranza de los pacíficos”. Si Oesterreicher hijo hubiera sido un verdadero narcisista, se habría contentado con la creencia de que era salvo gracias al bautismo. En cambio, un intenso amor y una profunda añoranza por su padre judío abrieron la mente de Oesterreicher a la posibilidad de que los judíos podían salvarse como judíos.

El obsequio perdurable de los conversos que colaboraron en la reformulación de la enseñanza católica sobre los judíos extendería su sentido familiar de solidaridad hacia nosotros, hacia judíos y cristianos. En 1964, Oesterreicher escribió personalmente esa parte de Nostra Aetate, según la cual la iglesia ya no habla sobre la misión de los judíos sino que está ansiosa de que llegue el día en que “todos los pueblos se dirigirán al señor con una sola voz y ‘le servirán hombro con hombro’”. (La última frase se tomó de Sofonías 3:9). Con esta enseñanza nueva, la Iglesia cejó en su empeño de convertir al otro en católico, y después de este punto, los católicos involucrados en el diálogo cristiano-judío tienden a no ser conversos. Ahora se vive con el entendido de que los judíos y los cristianos son hermanos. Los conversos cruzaron la frontera pero en cierto modo siguieron siendo los mismos, pero reconociendo la legitimidad, la bendición, de hecho, de nuestras diferencias, ayudaron a derribar el muro que separaba a judíos y cristianos.

John Connelly es profesor en la Universidad de California, Berkeley, y el autor de “From Enemy to Brother: the Revolution in Catholic Teaching on the Jews, 1933-1965,” (Harvard University Press,2012).


[1] Sin título disponible en español. Su traducción literal sería: “De enemigo a hermano: la revolución en la enseñanza católica respecto a los judíos, 1933-1965”.

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23 comentarios leave one →
  1. agosto 9, 2012 12:09 am

    El problema judío es que no quieren abandonar el Judaísmo. La verdadera conversión es total y consiste en aceptar íntegramente el Cuerpo Místico de Cristo que es la Santa Madre Iglesia Católica que nos dejó Pío XII.

    • E. Mario permalink
      agosto 9, 2012 12:06 pm

      Wulfrano.

      ¿Cuántas veces te lo tiene que repetir FC?

      NO HAY PROBLEMA JUDÍO, ya que los verdaderos judíos se convirtieron hace más de 20 siglos.

      EL PROBLEMA SÍ ES TEOLÓGICO, pero contra las serpientes hebreas de la Sinagoga de Satanás que USURPARON el nombre “JUDAÍSMO”. Las mismas serpientes que cometieron deicidio y declararon una guerra a muerte contra la Iglesia católica.

      Si hubiera un problema judío, ¿para qué los católicos reivindicamos a los patriarcas y reyes judíos Moisés, Abraham, David, Salomón y demás precursores del cristianismo?

      Con respecto al presente post:

      ¡¡¡TODO ES HEBRAÍSMO!!! 👿 😈

      LA SALETTE

      • agosto 9, 2012 7:05 pm

        @ Mario. El que no entiende eres tú. El término “judíos” A SECAS se refiere a los judíos inconversos talmúdicos anticristianos que son casi todos. Los conversos son judíos convertidos, o sea, judíos católicos.

      • E. Mario permalink
        agosto 10, 2012 7:52 am

        Wulfrano.

        ¡¡¡NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER!!!

        Tal es tu caso con este tema. Y FC ya te lo aclaró.

        LA SALETTE

      • LAQ permalink
        agosto 2, 2015 8:50 am

        Wlfrano Ruiz Sainz, los judios son “judios”, hasta ahi bien. Los judios “anticristianos”, no estoy de acuerdo. Me quedo con lo que dijo SS Francisco.

        • agosto 3, 2015 3:10 pm

          LAQ

          Los judíos ya no existen. Existen los hebreos cabalistas anticristianos.

          Escucha al verdadero Papa San Pío X:

          Los judíos que debían haber sido los primeros en reconocer a Jesucristo, no lo han hecho hasta hoy.

          Unidad en la Verdad

    • octubre 6, 2018 10:27 am

      Wulfrano, usted cae en el mismo error que los protestantes pretribulacionistas al confundir el falso israel moderno con el Verdadero Israel, que es la Iglesia de Cristo, el pueblo de los redimidos, los hijos de la Promesa, aquella Iglesia que Dios compró con su propia sangre (Hechos 20: 28).
      De por cierto quisiera saber su opinión sobre el Antiguo Testamento. En el mundo “tradicionalista” he detectado desde hace tiempo una suerte de neo-marcionismo que me parece muy peligroso. ¿Cuál es su opinión sobre él? Especialmente teniendo en cuenta su simpatía (demostrada en los libros que usted promovía en CAM) con el movimiento Deutsche Christen y los católicos colaboracionistas con ellos.
      Saludos,

  2. La Verdad permalink
    agosto 9, 2012 5:55 pm

    Aparte de lo elocuente del título, es de destacar que el artículo ilustra muy bien cómo se manipula la información para beneficio de ciertos propósitos.

    Si es cierto que según la enseñanza de la Iglesia, los judíos estaban condenados y no podían recibir lasa aguas del bautismo, ¿cómo hicieron Oesterreicher y compañía para “convertirse”?
    ¡Qué absurdo!

    Por otra parte, tengo mis dudas con respecto a la cita que hacen de San Pablo, ¿alguien podría aclarar a qué se refiere ese pasaje?

    • agosto 9, 2012 7:42 pm

      Verdad.

      Es mentira que los hebreos no podían recibir el santo bautismo, es claro.

      Sobre el Gran San Pablo, no debemos olvidar que él, como docto hebreo, conoció bien la diferencia de los hebreos cabalistas, a quienes Nuestro Señor llamó hijos de Lucifer, y los hebreos judíos devotos, como los apóstoles y otros santos.

      Cuando habla del amor de Dios a sus hijos judíos no miente, simplemente reconoce que no todos fueron dignos y por ello los castigó por siglos, como enseña la Iglesia, hasta que algún día, “cuando todos los pueblos hayan entrado (al Cristianismo)”, también entrarán los hebreos.

      Así lo explica muy bien el R.P. Julio Meinvielle en El Judío en el misterio de la historia.

      Unidad en la Verdad

  3. adolf degrelle permalink
    agosto 10, 2012 12:27 am

    La infiltración del guetto es pasmosa la verdad, y todavía hay perplejos que no le dan credibilidad a los Protocolos de los Sabios de Sión……!!! Como hace falta de veras la Santa Inquisición.
    Santa María, ruega por nosotros.

    • agosto 10, 2012 6:12 pm

      @ Mario. FC escribe: “… los hebreos judíos devotos, como los apóstoles y otros santos.” Exacto. Los hebreos judíos devotos son los cristianos católicos. Los hebreos judíos impíos, como los Ashkenazi y Sefarditas inconversos, son enemigos de Nuestro Señor.

  4. Inés permalink
    agosto 10, 2012 2:31 am

    ¿Fueron , o son, muy amados de Dios aquellos a quienes el Bautista llamó nada menos que raza de víboras y de los que Nuestro Señor afirmaba que no eran hijos de Abraham puesto que no hacían las obras de Abraham. (Jn. 8, 39).?

    “Vosotros tenéis por padre al diablo, que es homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad porque la verdad no estaba en él”, (Jn. 8, 44). Y les dijo algo tan malo como eso , o tal vez más : “Moriréis en vuestro pecado” .

    Esas palabras no fueron dichas para los verdaderos convertidos a la fe de todos los siglos, sino a los que rechazaron a Cristo para adorar a Mammon, que es muy, pero que muy distinto.

    • agosto 10, 2012 6:22 pm

      @ Inés. En Cristo, todos somos hermanos, judíos y no judíos.

      • agosto 11, 2012 1:19 pm

        Wulfrano.

        Los cristianos no somos hermanos de los enemigos de la Iglesia, ni siquiera primos incómodos…

        Unidad en la Verdad

      • E. Mario permalink
        agosto 11, 2012 2:30 pm

        Foro Católico.

        Coincido plenamente con tu respuesta a Wulfrano.

        LA SALETTE

      • octubre 6, 2018 10:33 am

        Wulfrano, San Pablo le responde: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal 3: 28-29) Los cristianos somos cristianos y los verdaderos descendientes de Abraham, los otros son la Sinagoga de Satanás y nada en común tenemos con las tinieblas (2 Cor 6: 14)

  5. Inés permalink
    agosto 10, 2012 10:09 am

    En uno de sus Abecedarios, el VI, Cap. XXXVII, dice Fco. de Osuna :

    “Ya no hay seno de Abraham después que se abrió el seno de Cristo”.

    “Aquí, en Cristo, se da lo que allá esperaban los justos. El unigénito Hijo de Dios está en el seno del Padre, a donde todos hemos de ir a parar si somos lo que debemos”.

    No todos los descendientes de antepasados ilustres lo son a su vez si no hacen lo que sus antepasados hicieron . Muchos tuvieron descendientes detestables. Y por la misma razón no todos los que descendían de Abraham según la carne eran hijos de Abraham.

    Lo único que heredamos , tras la caída, es el pecado original.

  6. Inés permalink
    agosto 10, 2012 10:13 am

    Atención al “si somos lo que debemos”……

  7. Héctor Adrián permalink
    agosto 11, 2012 12:14 pm

    Gloria al Padre y al Hijo y al Espiritu Santo como era en El principio

    El Pueblo de Dios desde la Encarnación de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad nuestro Señor Jesucristo ES la Iglesia Católica conformada por todos los fieles bautizados que conservaron, conservan y conservarán la única Fe Verdadera integramente, independientemente si son santos o pecadores, de si salvan o se condenan(quedando definitivamente fuera de la Iglesia eterna) por sus obras, palabras, pensamientos u omisiones.

    Repitiendo lo anterioir por lo tanto como bien enseña la misma Iglesia el Pueblo Elegido por Dios se continua ahora en la Iglesia Católica, sin embargo no entiendo bajo lo anterior la forma de que exista en el colectivo imaginario y que muchos de ustedes realmente crean la idea que el pueblo actual llamado como de Israel se tiene que convertir al final de los tiempos para cubrir la Profecia, concepto que realmente nubla el entendimiento profético Divino pues todo tiene que encajar con esta supuesta realidad cuando la profecía esta cumpliendo enfrente de nosotros.

    Bajo el mismo sentido de la idea principal sobre el Pueblo de Dios la conversión del fin de los tiempos no aplica al pueblo hebreo sino al Pueblo Elegido (Judío ahora Católico) que sin duda son los millones de bautizados de BUENA VOLUNTAD que viven en el más trágico suceso de la histoia del hombre, el engaño y la guerra más grande espiritual,(ME APUNTO COMO UN CONVERTIDO DE ESTE FIN DE LOS TIEMPOS POR LA PREDICACION DE LA VERDAD POR CATÓLICOS QUE SE MATUVIERON FUERTES EN LA FE) la apostasía universal y por la Fuerza de Dios está conversión del “Pueblo Judio” debe ser el cometido de nuestras palabras y nuestras obras o ejemplos. Por la Caridad que es el Amor a Dios

    FIAT

    • agosto 11, 2012 1:18 pm

      Dice San Pablo:

      “Si la caída de los Judíos, exclama, ha sido la riqueza del mundo, y si su mengua ha sido la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más lo será su plenitud [esto es, su adhesión total]?… Si su repudio ha sido reconciliación del mundo, ¿qué será su acogida [en la Iglesia] sino un retornar de muerte a vida?” (Rom. 11 12, 15)

      “No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio: que el encallecimiento ha sobrevenido parcialmente a Israel, hasta que la totalidad de las naciones haya entrado; y entonces todo Israel será salvo” (Rom. 11 25).

      Unidad en la Fe

    • agosto 11, 2012 5:25 pm

      @ FC. Los judíos convertidos a Cristo Nuestro Señor son nuestros hermanos.

      “No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio: que el encallecimiento ha sobrevenido parcialmente a Israel, hasta que la totalidad de las naciones haya entrado; y entonces todo Israel será salvo” (Rom. 11 25).”

      • Jorgito Clarín permalink
        agosto 3, 2015 4:30 pm

        Wulfrano:

        Tú dices: “Los judíos convertidos a Cristo Nuestro Señor son nuestros hermanos.”

        Respuesta: Los judíos ya no existen. Sin embargo, si la conversión de hebreos es sincera, entonces, sí son nuestros hermanos.

  8. Paulina permalink
    agosto 4, 2015 11:17 am

    “…con esta enseñanza nueva, la “Iglesia” cejó en su empeño de convertir al otro en católico….”

    ¿En donde quedó el ” Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”?

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