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“LA ALTA EDAD MEDIA”

junio 12, 2018
“LA  ALTA  EDAD  MEDIA”
II
JULIO VALDEÓN
CATEDRÁTICO DE HISTORIA MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE VALLADOLID
Cluny church
“LOS  MONJES  NEGROS DE CLUNY”
El año 910 tuvo lugar la fundación de la abadía de Cluny. La iniciativa partió del duque Guillermo de Aquitania, el cual ostentaba además otros títulos, entre ellos el de conde de Maconnais, región en donde se localizaba Cluny.
“Por amor de Dios y de nuestro Salvador Jesucristo hago tradición, (o donación), de bienes de mi propio derecho a los santos Apóstoles Pedro y Pablo, a saber: la villa de Cluny con una corte y manso dominical y una capilla consagrada a la Virgen y a San Pedro, con todo lo que depende de ella, pueblos, capillas, siervos de ambos sexos, viñas, campos, prados, bosques, aguas y cursos de agua, molinos, entradas y salidas, tierras cultivadas e incultas sin ninguna restricción….”.
“Dono todas estas cosas a condición de que se construya en Cluny un monasterio regular en honor de los Apóstoles Pedro y Pablo y que en él se congreguen monjes que vivan bajo la regla de San Benito….”.
Cluny suponía, en efecto, el punto de partida de una reforma del monacato benedictino.
 El trabajo manual, importante en la regla del fundador, quedaba prácticamente abandonado, potenciándose en cambio la dedicación de los monjes al Oficio divino y, en general, al cultivo del espíritu:
“Nos ha placido también hacer constar en este acta que, desde hoy, dichos monjes no estarán sometidos al yugo de ningún poder  terrestre, ni nuestro, ni de nuestros parientes, ni de la grandeza regia….”.
El poder del Abad de Cluny sobre todos aquellos monasterios que aceptaban la reforma era inmenso.  Este carácter centralizador, así como la relación directa con los Papas, convirtió a los “monjes negros”, expresión que se utiliza a propósito de los cluniacenses, en instrumento idóneo para llevar adelante la política unificadora de los pontífices. Paralelamente, los monasterios cluniacenses impulsaron la actividad intelectual a través de sus escuelas. 
Los “monjes negros” desempeñaron un papel trascendental en la vida cultural y en la política eclesiástica de Europa desde principios del siglo X. De Cluny salió, por ejemplo, Urbano II, el Papa que promovió la primera cruzada, en el siglo XI.
El siglo X fue testigo de importantes cambios en el mapa político de Occidente. El descrédito de la dinastía carolingia era enorme antes de concluir el siglo IX, y el título imperial, aunque formalmente subsistió hasta el año 924, era una mera ficción.
A mediados de la décima centuria hubo las condiciones apropiadas para restablecer en toda su plenitud la dignidad imperial. Pero en esta ocasión los beneficiarios fueron los reyes de Alemania, pertenecientes a la dinastía sajona, que desde el año 918 había desplazado del trono a la viaja familia carolingia ; se trataba de los Otones.
El monarca de Germania, Otón I el Grande, (912-973), doblegó a los grandes duques del territorio alemán, y el año 951 se proclamó rey de Italia en Pavía ; detuvo a los húngaros en el año 955, y fue llamado por el Papa de la época, Juan XII, con el propósito de que le ayudara frente a sus enemigos.
Una vez en Roma, Otón fue coronado emperador por el pontífice el 2 de Febrero del año 962. Fue el primer emperador del Sacro Imperio Germánico.
En los últimos años del siglo X el título imperial fue ocupado por un personaje singular, Otón III, enamorado de la tradición romana y gran amigo del Papa Silvestre II.
De él se sabe que tenía una gran curiosidad intelectual y un profundo interés por las letras clásicas. Sin duda se sentía más próximo a la tradición romana que a su misma condición de alemán.
Coetáneo de Otón III fue el monje Gerberto de Aurillac, famoso por sus conocimientos científicos, adquiridos en buena parte en tierras hispanas. “Gerberto era de nación aquitana y monje de la iglesia de San Geraldo de Aurillac, y se convirtió en el pontífice Silvestre II, cabeza de la Iglesia Católica, precisamente el año mil”. 
La coordinación entre la espada temporal y la espiritual, tantas veces proclamada, funcionaba cuando concluía el primer milenio de la era cristiana. Otón III murió a los 21 años sin dejar descendencia.
El siglo X ofrece, en resumidas cuentas, un balance positivo ; progresos económicos, éxito de la reforma cluniacense, restauración del Imperio…. También en el terreno de la cultura y del arte se registró una obra notable.
Hacia la primera mitad del siglo XI el cronista Raúl Glaber nos ha transmitido una imagen terrorífica de la situación que vivió la Cristiandad europea el año 1033 a consecuencia del hambre, motivada por las pésimas cosechas :  “En la época siguiente comenzó a desarrollarse el hambre por toda la superficie de la tierra, y se llegó a temer la desaparición del género humano…. Lluvias incesantes habían empapado el suelo tan completamente que en el espacio de tres años no se abrió un surco que se pudiera sembrar…”.
Los precios de los alimentos subieron escandalosamente. La moral se resquebrajaba por doquier. “Da horror, decía Glaber, contar ahora la corrupción a que llegó entonces el género humano”.
A pesar de todo, en los años medios del siglo XI, Europa caminaba con más seguridad que dos o tres siglos antes ; atrás habían quedado las invasiones y el Imperio estaba bien asentado. Poco a poco se recuperaba la economía. Estaban puestas las bases para la gran expansión europea de la Baja Edad Media.
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