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Jaculatoria del Santo Rosario; ¿Cuál fue la oración dictada por la Virgen a los tres pastorcitos en Fátima?

mayo 19, 2018
TresPastorcitos_DanielIbaez_240417

¿Solo una mala traducción o alteración insidiosa?

Foro Católico: El español Pedro Rizo, quien se destaca filo lefebvriano y se ha visto cercano a declarar “sede vacante”,  realiza un análisis a la jaculatoria que se reza en el Santo Rosario por las almas de los pecadores y que fue dictado por la Santísima Virgen María en su tercera aparición en Fátima, el 13 e julio de 1917. 

De acuerdo a Pedro Rizo la oración fue torpemente traducida al castellano con las palabras “todas las almas”, sin embargo, existen muchas versiones en portugués -incluida la del sitio de la FSSPX- que presentan la versión que Rizo deplora:

“Ó meu Jesus, perdoai-nos, livrai-nos do fogo do inferno, levai as almas todas para o Céu, e socorrei principalmente as que mais precisarem”.

FSSPX PortugalOración de Fátima

(Texto transcrito de Pedro Rizo/ Plano Picado)

Sugiero a mi lector considerar el error en que caemos los españoles al seguir, muy mal, la jaculatoria que se propuso en Fátima para el final del Rosario, hace ya un siglo. Se trata de la que malinterpretamos diciendo esta tontería:

¡Oh, Jesús mío! Perdonad nuestros pecados, libradnos del fuego del infierno, llevad a todas las almas al cielo, especialmente las más necesitadas de vuestra misericordia.

Tal traducción, hecha quizás por un marciano, está pidiendo un absurdo: ni a Jesús, el Redentor, hay que instarle a hacer lo que Él quiere, ni todos los que vivimos en este mundo merecemos el cielo. Con esta jaculatoria los rezadores españoles desmontamos la vigencia de los Evangelios y mandamos a la porra toda la doctrina de salvación. Además, si se supone que todos podemos “librarnos del fuego del Infierno” ¿para qué el Bautismo, por ejemplo? Esto no es sólo una ñoñería sino una maldad muy bien introducida para destruir nuestra religión. Es la adopción de los postulados masónicos de los que se entiende que nadie va al infierno eterno, porque “tal cosa no es comprensible de un Dios amoroso”.

Contra esta afición de falso bien es que debemos ser fieles a lo que se dice en portugués.

O meu Jesus, perdoai-nos e livrai-nos do fogo do inferno! Aliviai as alminhas especialmente as mais abandonadas.

[¡Oh, Jesús mío! Perdónanos y líbranos del fuego del Infierno! (Primera petición) Aliviad las Ánimas del Purgatorio (segunda), especialmente las más abandonadas. (Tercera, las almas que más sufren o por la cuales nadie reza.]
—————
Alminhas es como se llama en portugués a nuestras “Ánimas benditas del Purgatorio”

¿Tiene sentido pedirle a Jesús que lleve todas las almas al cielo, con la tácita inclusión en ese “todas” de las que no le creen ni le siguen, sino que le niegan o le persiguen? Porque, entendámonos, esas almas “todas” no están en el Purgatorio. En el Purgatorio están solamente las almas ya salvadas, en antesala purificadora para volver al Padre. Por eso podemos pedirle que acelere esa “cuarentena”.

ASÍS no es un estornudo

Es curioso este buenismo que hace innecesarias todas las religiones. Poco a poco, a partir del Concilio Vaticano II, todos los dioses se han convertido en “emanaciones del mismo Dios” no importando las contradictorias diferencias respecto a sus atributos. Y con la misma base de bondades subnormales, el suponer o afirmar que todas las almas, crean en quien crean o hayan obrado como lo hicieran, son merecedoras del cielo. Inclusive las que no creen en nada. Ya, ya sabemos… Es obvio que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad… y etcétera, pero… En los Evangelios, los de siempre, se nos enseña que no hay bajo el cielo otro nombre que el de Jesús por el que podamos salvarnos de la muerte. (Hch 4, 12) ¿Salvarnos?

Qué generosos somos con la pólvora del rey proponíendo como efecto universal la intención antecedente, sin detenernos en la realidad consecuente de la respuesta de cada criatura. Que aun siendo “muchos los llamados ─en el corazón de Cristo─ son muy pocos los elegidos”. (Mt 22, 14). Más claro todavía si leemos:

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la puerta y qué angosto el camino que lleva a la Vida –“que lleva a la Vida”, luego la Vida no es la que se consume sino la que dura siempre y, por eso, verdadera-; y cuán pocos son los que la encuentran! (Mt 7, 13-14)

Contrariamente a los textos ininteligibles, en repetidos pasajes de los Evangelios se nos advierte de la existencia del Infierno. Leánse las citas Mt 5, 22.29; 13, 42.50; Mc 9, 43-48. Lo que nos importa ─debería decir lo que “me importa a mí”, porque es cada “mí” el que decide el “nos”─ no es el hecho de que exista el infierno sino que está destinado para los que, teniendo noticia de que Cristo existió, deciden ignorarle. Contra esto los “doctores de la misericordia” nos arguyen: “Dios no puede ser tan cruel con sus criaturas que mande al infierno a las que, por error invencible, le rechazaron.” Mas, no somos nosotros los que ponemos las reglas pues que tendemos a la parcialidad de nuestro egoismo: “Ahora hago lo que me gusta y quiero; después ya veremos.”

Los que niegan al de Nazaret su divinidad, lógicamente se enfrentan o menosprecian a los que le aman. Colocados en la increencia con mimética religiosidad, la otra religión del ateo, se vuelcan en todo lo contrario. Blasfeman y persiguen a muerte a Cristo, a los cristianos y a su civilización aún viva, de cuyas riquezas se aprovechan. Es estupendo para muchos de sus “intelectuales” argüir la bondad divina en favor de la conversión de sus propios enemigos (!), pero, tal bondad se vuelve imposible si vulnera la justicia… Y la justicia de Dios no contradice su infinita bondad. ¿No fue Sócrates quien dijo que la Justicia es hija del Bien?

El infierno es una realidad.

La cruda verdad expresada por Jesús, el Mesías, en cuya persona se justifica toda la Ley y los Profetas (cf Maimónides), es que solo por Él se va al Padre (Jn 14, 6). Más claro, que a quienes en su oportunidad prefirieran rechazarlo les advirtió que enviaría a sus ángeles para arrojarles al horno ardiente: los cuales recogerán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran la iniquidad y los arrojarán al horno de fuego; allá será el llanto y el rechinar de dientes. (Mt 13, 41-42) Estas palabras deberían ser recordadas como regla periódica de predicación.

Por supuesto, agarrado cada cual a la gratitud de lo recibido, decirle con el místico: (¡Oh, mi Jesús!) “no me mueve el infierno, tan temido, para dejar por eso de ofenderte (pues) que, aunque no hubiera cielo yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera.” Pero, darle preferencia al Dios del perdón y de la misericordia soy de la opinión de que nos desvía gravemente hacia la hueca sensiblería. Cosa mona de esta era es imponernos la loca doctrina de que todos los humanos merecemos por igual el Paraíso, no importando si en vida servimos al mal porque sus “consejos” siempre son: “todo esto te daré si me adoras” (Mt 4, 9).

El Purgatorio como bendición

Valga esta disquisición para terminar en ese Segundo Infierno de que se habló en las canónicas apariciones de Fátima. Es decir, en el Purgatorio. Sobre esto será bueno echar mano del Catecismo de Trento (cf. Catecismo Romano, del 5º Artículo ─”Descendió a los infiernos…”─, Cap. VI, 3):

En conclusión, existe un fuego propio del Purgatorio ─atención, ‘un fuego’ es otro fuego diferente─, en donde se purifican las almas de los justos. ─Atención, ‘de los justos’─ las sometidas a purificación durante tiempo limitado para que se les pueda franquear la entrada en la patria eterna, donde nada manchado entra.

Por cierto, oigamos a San Pablo y engordemos nuestra esperanza:

(Nosotros) predicamos la sabiduría recóndita, la cual preparó Dios antes de todos los siglos para gloria nuestra; sabiduría que ninguno de los príncipes de este mundo ha entendido: que si la hubiesen entendido nunca habrían crucificado al Señor de la gloria, de la que está escrito que ni ojo alguno vió, ni oreja oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para aquellos que le aman… (1 Co 7-9)

Retomo que estoy hablando de la jaculatoria referida a las alminhas. La que procede de las apariciones de Fátima dicha y entendida en portugués, en referencia a las que en España llamábamos “Ánimas Benditas del Purgatorio”. Sabiendo esto, busqué y vi documentos emitidos por la autoridad apostólica de Portugal, contemporánea de la vidente Lucía. Desde luego mucho antes de los mensajes de 1973-75, en Akita, Japón, que los refrenda. También encontré la que el hispanista y converso William T. Walsh le hizo en 1946. Justo en esa ocasión Lucía le repitió su texto, que ya transcribí y ahora repito:

O meu Jesus, perdoai-nos e livrai nos do fogo do inferno! Levai as alminhas todas para o Ceu, principalmente aquellas que mais precisarem!

Es dogma la existencia del Purgatorio

Para cerrar este post reforzaré, pues, el dogma del Purgatorio y sus “alminhas”. Y para rectificar que no pedimos, porque no se puede, para que vayan al cielo todas las almas del mundo, indiscriminadas e incluidas las del Infierno y la increencia. Esa idea no tiene nada que ver con nuestra fe, ni con los Apóstoles ni con la religión cristiana. En la jaculatoria del rosario se pide por aquellos deudos nuestros que murieron en su fe cristiana y esperan purificarse en el Purgatorio para gozar en la compañía de Dios. Siempre habíamos rezado por ellos, hasta que llegamos a este tiempo de atorrante laicismo.

No distraigamos, pues, la realidad del Infierno, que es dogma de nuestra santa religión apoyado en las palabras del Salvador: “Por eso os digo: todo otro pecado y blasfemia se perdonará a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y quien dijere palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; mas quien la dijere contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero.” (Mt 12, 31-32; Mc 3, 28-30)

De lo que se deriva entender que algunos pecados pueden ser perdonados después de la muerte y, por ende, que el Purgatorio existe. Y entendamos también que el pecar contra el Espíritu Santo no es común a todos los fieles sino en sentido estricto cosa de pontífices pervertidos .

— — —
NOTA.- Agradezco vivamente al Dr. Luiz Sena su ayuda, por el visionado de documentos de la época y sus ricos comentarios, sin los cuales estas indagaciones no habrían obtenido tan claras evidencias.

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3 comentarios leave one →
  1. Carlos permalink
    mayo 19, 2018 7:03 am

    Buena información, ahora sabemos la verdadera jaculatoria. Otra aclaración: Debemos rezar, al menos, 5 misterios del Rosario al día, porque hay gente que piensa que debemos rezar los 15 misterios todos los días. En Fátima la Virgen dijo “Rezem o terço todos os dias” Terço, quiere decir un Tercio del Rosario (5 misterios) el que desee rezar los 15 todos los días, está bien, pero no es una obligación de la Virgen o algo así.

    • mayo 20, 2018 9:05 am

      Carlos.

      Una corona está muy ben, el Rosario completo es mucho mejor.

      Unidad en la Verdad

  2. julio 20, 2018 11:57 am

    Reblogueó esto en Laus Deo.

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