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El poder eclesiástico no puede estar sometido al poder temporal: San Gregorio VII, Papa

abril 29, 2018
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San Gregorio VII, Papa.

“He amado la justicia, dijo al morir el 25 de mayo de 1085, he aborrecido la iniquidad, y he aquí por qué muero en el destierro”.
 
“Señor, le contestó uno de los Obispos presentes, vos no morís en el destierro, porque como Vicario de Cristo y sucesor de los Apóstoles, habéis recibido por herencia los pueblos de la tierra y por patrimonio el mundo”. 
“LA GRAN CUESTIÓN DE LAS INVESTIDURAS”
HISTORIA DE LA IGLESIA
POR JUAN ALZOG

DOCTOR EN TEOLOGÍA Y

PROFESOR DE Hª ECLESIÁSTICA
EN EL SEMINARIO DE POSEN
BARCELONA
LIBRERÍA RELIGIOSA
1852
CON LICENCIA ECLESIÁSTICA
S. GREGORIO VII
“EL GRAN PAPA HILDEBRANDO”, BENEDICTINO
(1073-1085)
(Nacido en Toscana hacia el año 1020.  Muerto en Salerno en 1085)
Apenas enterrado el Papa difunto, Alejando II, cuando el clero y el pueblo romanos exclamaron a una voz: “Hildebrando, Hildebrando es el que S. Pedro elige por sucesor”. Los cardenales, para no oponerse a los decretos de Nicolás II, aprobaron la elección del pueblo.
Mas Hildebrando, a quien su posición y sus frecuentes viajes políticos habían dado a conocer todas las dificultades de gobernar la Iglesia, se resistió a su elevación sin fingir humildad y rogó al rey Enrique IV, como Obispo electo de Roma, que no confirmase su elección, llegando hasta el punto de amenazarle con que si la confirmaba, no había de dejar impunes ni un solo día, ni sus vicios ni sus crímenes. El rey, sin embargo, ratificó lo que se había hecho, Y esta fue la última confirmación de un Papa por el poder temporal. 
Fiel aún después de su muerte a su maestro Gregorio VI, tomó Hildebrando el nombre de Gregorio VII. Se dedicó con más actividad que nunca a la reforma de la Iglesia, cuyos escándalos deplora en sus cartas de una manera amarga:  “He rogado muchas veces a Dios, dice, o que me libre de la vida presente, o que me haga útil a nuestra común madre; no me ha librado de mis penas y mi vida no ha podido ser beneficiosa, como deseaba, a la tierna Madre por quien más suspiro”.
“La Iglesia de Oriente ha abandonado la verdadera fe, y la atacan por todas partes los infieles. Vuélvanse los ojos al Occidente, al Norte, o al Mediodía: ¿dónde hay Obispos que hayan obtenido su dignidad por vías legales, y estén animados exclusivamente del amor a Jesucristo, y no de una ambición mundana?”
“¿Dónde hay príncipes que prefieran la gloria de Dios a la suya, que no sacrifiquen la justicia a sus intereses personales?  Los hombres entre quienes vivo, y se lo he dicho muchas veces, los romanos, los lombardos, los normandos, son peores que los judíos y paganos”.
Empezó Gregorio en un Concilio celebrado en Roma en 1074 por renovar los antiguos Cánones relativos a la observancia del celibato. Para que este objeto se llenase completamente, convenía desarraigar con la incontinencia del clero la simonía que manaba de ella, y que nacía en gran parte del uso de las investiduras.
Un segundo Concilio, celebrado en el año 1075, decretó : “Qué cualquiera que aceptase de manos de un  lego un obispado, una abadía o una dignidad eclesiástica cualquiera, sería destituido; que todo príncipe que diese la investidura de tales dignidades sería excluído de la comunión de los fieles”.
“Esto, decía Gregorio, no es una innovación, sino uno de los más antiguos derechos de la Iglesia”.
Convenía, pues, determinar las relaciones y los límites de las dos potestades, es decir, resolver uno de los dos problemas más difíciles del mundo.
Gregorio “no trató”, como se ha dicho a menudo, de fundar una monarquía universal, en que todos los príncipes y reyes fuesen vasallos del Papa; porque hasta cuando después de la muerte de Rodolfo exigió al nuevo rey de Alemania que se iba a elegir, el juramento de que serviría en la milicia del Papa, “no pretendió hacer del rey un vasallo, sino obligarle a garantizar a la Iglesia sus posesiones y sus derechos”.
Neander, escritor protestante, y por consiguiente del todo imparcial en esta cuestión, ha refutado muy bien la acusación tantas veces dirigida a Gregorio VII en cuanto al origen del poder temporal:  “Encontramos en Gregorio el desarrollo de una idea, según la cual el poder del sacerdocio es el único verdaderamente instituído por Dios y capaz de hacer entrar en orden todos los poderes”.
“El poder de los príncipes, dice Hildebrando”, tiene por origen la arbitrariedad y el crimen; el bandidaje, el asesinato y las pasiones más violentas han elevado sobre sus semejantes a los que en un principio violaron la igualdad entre sus hermanos”.
Esta opinión debía restaurar necesariamente el valor y la dignidad de los hombres, encorvados durante la Edad Media bajo el peso de la tiranía.  Gregorio reconoció, sin embargo, que el poder real era también de institución divina, que tiene sus límites legítimos, y debe estar subordinado al poder pontificio que los domina a todos.
Los dos poderes, según la expresión de Hildebrando, son como el sol y la luna en la naturaleza, como los ojos en el cuerpo humano; juicio plenamente confirmado por las expresiones en que el Papa demuestra la necesidad de la unión y el concurso de los dos poderes: “El poder temporal, dice, se aumenta, y la vida de la Iglesia se consolida en cuanto es más íntima la armonía y la unión entre el sacerdocio y el imperio”.
Creemos dar una idea exacta de este gran Pontífice diciendo: “Al ver Gregorio el mal estado del mundo, y conociendo que sólo el Papa podía salvarle, concibió el vasto proyecto de una teocracia universal que abrazase en su seno todos los reinos cristianos, y tuviese los Mandamientos de la Ley de Dios por base de su política. El Papa debía presidir esta teocracia”.
“Su poder espiritual debía ser para el poder real lo que el sol para la luna; debía darle luz y calor, pero nunca destruirlo ni usurpar a los príncipes su soberanía.  Sin embargo, éstos debían inclinarse necesariamente ante la suprema soberanía de Dios, de quien tienen sus reinos. Si el príncipe rehusase hacerlo, debía excluírsele de la alianza teocrática, y declarársele de ser el representante de Dios entre los pueblos cristianos”.
Juzgando por esta idea las acciones de Gregorio todo se explica, todo se presenta coordinado. Su plan, que consistía en fundar la vida política de los Estados sobre los principios del Cristianismo, se nos presenta en toda su grandeza.
Concebimos fácilmente que tal idea debió obtener el asentimiento de los espíritus generosos, que en estos tiempos de violencias sentían vivamente la necesidad de una autoridad moral capaz de dominar y domar la fuerza de los poderes temporales.
Para este sabio Pontífice el Cristianismo estaba mucho más alto que ningún Estado político, y deducía de esto la necesidad de que el Estado estuviese sujeto a la Iglesia.
Gregorio VII reunía todas las cualidades necesarias para la realización de esta idea: Una voluntad firme que no podían contrarrestar las penas más violentas; una inteligencia superior que comprendía los negocios más difíciles; un carácter vigoroso, sin presunción ni mezcla de jactancia.
Sus palabras y sus acciones siempre estuvieron llenas de dignidad, sin estar envanecido de su propio mérito, y hasta sus enemigos hacían justicia a la pureza de sus costumbres y a su vida irreprensible.  Dio la prueba más evidente de su sincero desinterés en su contestación a la piadosa Matilde, reina de Inglaterra, que le ofrecía todos los bienes que pidiese:
“Prefiero al oro, a los diamantes y a todos los tesoros de este mundo una vida casta, caritativa para con los pobres y llena de amor a Dios y al prójimo”. 
Gregorio era, al fin,  tan piadoso como libre de las preocupaciones de su siglo; y por eso suplicó al rey de Dinamarca que impidiese con todas sus fuerzas la persecución dirigida en sus Estados contra pobres inocentes mujeres, acusadas de hechicería, y a las que atribuían todas las tempestades y epidemias que azotaban a aquellos pueblos.
Buscando en todas partes instrumentos capaces de ayudarle, muchas veces sacó de la soledad de los claustros a los hombres más austeros y prudentes para ponerlos en lugar en que brillasen a la faz del mundo.  Resuelto a realizar la idea que era como la vida de su pensamiento, no tardó Gregorio en dar con los más violentos obstáculos en la persona de Enrique IV, cuya viciosa y deplorable educación le había hecho irresoluto, fantástico, libertino y déspota.
Ningún otro príncipe miraba con tanto interés como él las investiduras.

Enrique IV había nombrado a casi todos los canónigos de Goslar, entre los que acostumbraba habitar, y de los que había hecho con sus costumbres disolutas cortesanos corrompidos. Tomó Gregorio, por de pronto, un tono bondadoso, y dirigió al rey algunos avisos paternales. Mas Enrique, aunque prometió humildemente corregirse, no cumplió su palabra.

A poco vió en Papa reinstalados en su cargo a los consejeros imperiales, que había desterrado por simoníacos Alejandro II; vió adornadas a las queridas de Enrique con la pedrería robada a las iglesias; vió oprimidos indignamente a los sajones por sus vencedores, y no pudiendo resistir tanto escándalo, levantó la voz, habló en tono amenazador, y citó a Roma al impudente príncipe para que se justificase.
Contestó Enrique al Papa haciéndole deponer en una Dieta compuesta de cobardes y serviles Obispos, que reunió en Worms el 24 de enero de 1076. Adalberto, Obispo de Wurtburgo, y Hermann, obispo de Metz, fueron los únicos que se pronunciaron contra este acto inaudito y contrario a los Cánones.
“Prueba evidente, dice Leander, de la necesidad de un jefe que gobierne la Iglesia y pueda impedir que los Obispos y los Abades lleguen a ser ciegos instrumentos del poder temporal”.
Las faltas que estos Obispos imputaron al Papa eran ridículas e injustas; pero Enrique se gozó en reproducirlas en la carta que dirigió a Gregorio encabezándola con estas palabras:  “Enrique a Hildebrando, no Papa, sino monje apóstata”.  Pronunció Gregorio a su vez un anatema terrible contra Enrique en presencia de 110 Obispos que juraron morir por el Papa y su dignidad menospreciada.
Se formaron entonces diversos partidos que no tardaron en combatir entre sí.  Los partidarios de Enrique echaron en cara al Papa como un crimen inaudito el haberse sobrepuesto a toda ley divina y humana.  “El poder de los príncipes es de institución divina, decían, apoyándose en los textos del Nuevo testamento, que hacen un deber de la obediencia a esos poderosos personajes. Ninguna autoridad puede atribuirse en la tierra el derecho de romper ese vínculo sagrado, cuando los mismos Apóstoles se han sujetado a los emperadores paganos y han recomendado esa obediencia”.
Admitían los partidarios del Papa la santidad del juramento, y decían que éste pierde su fuerza obligatoria desde el momento en que se refiere a cosas contrarias a la ley divina.  “Jamás, decían, puede un juramento obligar a obedecer al príncipe cuando trata de levantarse contra el que ha sido puesto por Dios a la cabeza de la Cristiandad entera”.
Ante esto, el enérgico Pontífice recordó la conducta del gran San Ambrosio con respecto a Teodosio, y la del Papa Zacarías, cuando dispensó a los francos de cumplir el juramento de fidelidad que habían prestado a Childerico.  “Y qué, dijo, ¿acaso ha hecho Cristo alguna excepción en favor de los príncipes al dar a Pedro la misión de apacentar a su rebaño, y el poder de atarlo y desatarlo?”
Ante el anatema de Gregorio pronto se vió Enrique enteramente abandonado. Los sajones cobraron nuevas fuerzas, le desampararon los grandes de Alemania, y hasta los mismos Obispos que le habían secundado servilmente se sujetaron a Roma, dando manifiestas pruebas de arrepentimiento.
La Dieta de Tribur, tenida en Octubre de 1076, obligó a Enrique a abstenerse de la administración del reino, y a hacer levantar por todo aquel año el anatema del Papa. Profundamente humillado, Enrique emprendió, con su amiga Berta, su hijo y un amigo fiel, la peregrinación a Canosa  para hacer penitencia. Mas Gregorio, confiando poco en el carácter irresoluto del rey, no quiso de pronto oírle, ni consintió en alzarle la excomunión.
Las dudas del Papa con respecto a Enrique no eran sino muy fundadas. Seducido el emperador por las lisonjeras promesas de los señores lombardos y de algunos Obispos de Italia, olvidó bien pronto sus juramentos.
Pero irritados por este perjurio, los príncipes alemanes eligen al duque Rodolfo de Suabia pese a la oposición de Gregorio. El arzobispo de Maguncia coronó al nuevo electo, a quien reconoce toda Alemania.  Enrique toma las armas, y es excomulgado de nuevo por Gregorio, que, después de haber vacilado durante largo tiempo, reconoce a Rodolfo en 1077. 
Desea, sin embargo el Papa oir en un concilio celebrado en Roma en 1078 a los diputados de los dos partidos que desgarran y ensangrientan Alemania. Redoblan las quejas contra Enrique. Y mientras el Papa le excomulga por tercera vez, el partido de Enrique elige por su lado al antipapa Clemente III, (Giberto, arzobispo de Rávena), que anatematiza a su vez a Rodolfo.
Enrique sitia Roma repetidas veces desde el año 1081 al 1084. Gregorio, refugiado en el castillo de San Angelo, permanece firme e invencible en medio del peligro.  Acude Roberto Guiscardo al socorro de Gregorio, y después de haberlo libertado, se lo lleva a Salerno, donde en otro sínodo renueva el papa la excomunión contra Enrique, y dirigiéndose por última vez a la Cristiandad, exclama:
“Todo está levantado y conjurado contra mí porque he debido resolverme a quebrantar el yugo de la servidumbre que pesaba sobre la Iglesia.  !Qué!  ¿Es lícito a la más infeliz mujer casarse según su voluntad y las leyes de su pueblo, y no ha de poder permanecer unida con su Esposo esa Esposa de Cristo y madre nuestra, la Iglesia?”
“No; jamás he podido consentir en que hombres herejes y perjuros la sujetasen a su poder, y la manchasen con su deshonra y con sus crímenes”.
“He amado la justicia, dijo al morir el 25 de mayo de 1085, he aborrecido la iniquidad, y he aquí por qué muero en el destierro”.
“Señor, le contestó uno de los Obispos presentes, vos no morís en el destierro, porque como Vicario de Cristo y sucesor de los Apóstoles, habéis recibido por herencia los pueblos de la tierra y por patrimonio el mundo”. 
Vencido en la apariencia Gregorio, en realidad murió triunfando porque su pensamiento le sobrevivió por entero, y la Iglesia no pensó ya sino en librarse de todo poder temporal por medio de la independencia de los Obispos. Los altares fueron pronto un asilo contra las violencias del trono ; y poco a poco las ciudades, instruídas con las lecciones de Gregorio, se fueron emancipando.
El que exalta a Gregorio se exalta a sí mismo; el que le alaba funda su propia gloria, y he aquí por qué  los más nobles espíritus de su época y las altas inteligencias de todos los tiempos le han apreciado en su justo valor y le han admirado como merece por la inmensidad de sus altos pensamientos.
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7 comentarios leave one →
  1. leoncillo57 permalink
    abril 30, 2018 4:22 am

    Pensar que las palabras y hechos de Francisco son Alpha y Omega es darle el lugar no de Pedro si no de Jesucristo, aún sabiendo que hay una lista muy grande de herejias dichas por Bergoglio, si las cayamos somos cómplices, pero si la decimos nos acusan de herejes y de juzgarlo, aunque en realidad los que apoyan a Bergoglio son los que emiten juicio a favor de que siga con sus herejias, polémicas y contrariedades y que además usan las profecias a favor de la sinverguenzura y el despotismo de Jorge Mario Bergoglio (Francisco) estan destruyendo la Verdad de la Iglesia Católica echándola por tierra y pisoteándo, la verdad por la que tantos mártires han derramado su sangre y que de se embriagan y la adulteran con engaños y mentiras simpatizando con la ciudad de los hombres (el mundo) e incluso lucrándose, la causa del cisma son ellos mismos y no los que defienden la verdad hasta dar si es presiso la vida en testimonio de dicha verdad. (¿Así o más claro?)

  2. Inés. permalink
    mayo 1, 2018 1:04 am

    SI EL ACTUAL USURPADOR NÚMERO SEIS, (Y LOS CINCO QUE LE PRECEDIERON) , FUESE LO QUE DICE SER, ( QUE NO LO ES) , HABRÍA ACABADO, HABRÍAN ACABADO TODOS ELLOS COMO EL GRAN SAN GREGORIO MAGNO, COMO HAN ACABADO TANTÍSIMOS MILLONES DE MÁRTIRES A LO LARGO DE LOS SIGLOS ; PERSEGUIDOS, ACOSADOS, HUMILLADOS , DESTERRADOS Y DESACREDITADOS.

    ¿Y QUÉ BULA TIENEN LOS USURPADORES ACTUALES PARA NO PADECER LO QUE PADECIÓ SAN GREGORIO VII? LA ÚNICA QUE VALE PARA EL PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO : LA TRAICIÓN, LA IMPIEDAD Y LA PREVARICACIÓN, QUE ES LO MISMO QUE DECIR EL NEGAR A CRISTO, QUE ES LO MISMO QUE VENDER EL ALMA A CAMBIO DE……. NADA.

    LA TACHA Y EL BALDÓN DE IGNOMINIA QUEDARÁN ESTAMPADOS PARA SIEMPRE SOBRE LA CONCIENCIA DE CUANTOS CONTRIBUYERON A SU DESTIERRO, EMPEZANDO POR ENRIQUE IV Y POR CUANTOS LE APOYARON.

  3. Inés. permalink
    mayo 1, 2018 11:27 pm

    NO CABE DUDA QUE SAN GREGORIO VII, EL GRAN PAPA HILDEBRANDO, TENÍA MUY CLARO UNA GRANDÍSIMA VERDAD QUE A LOS HOMBRES NO LES CONVIENE RECORDAR : QUE TANTO LA SOBERANÍA COMO SU EJERCICIO, ES DECIR, TODA CLASE DE PODER, VIENEN DE DIOS Y QUE SÓLO EN SU NOMBRE LA PUEDEN DETENTAR LEGÍTIMAMENTE. ES POR ESO POR LO QUE CUANDO LA EJERCEN EN CONTRA DE SUS LEYES Y MANDAMIENTOS, SE HACEN INDIGNOS DE ELLA.

    Y EN ESOS CASOS ES CUANDO HAY QUE OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES, COMO BIEN LES DIJO SAN PEDRO A LOS MIEMBROS DEL SANEDRÍN. DE AHÍ VIENE EL QUE SEA LEGÍTIMO EL NEGARLES LA OBEDIENCIA DEBIDA CUANDO PRETENDAN IR MÁS ALLÁ DE SUS ATRIBUCIONES, QUE LO PRETENDEN, LO HAN PRETENDIDO Y LO PRETENDERÁN SIEMPRE.

    • mayo 2, 2018 12:28 pm

      Y precisamente esa enseñanza es la que resuelve el problema de los gobiernos actuales.

      La mayoría son ilegítimos y prevaricadores.

      Unidad en la Verdad

  4. Inés. permalink
    mayo 2, 2018 11:55 pm

    REDACCIÓN : ASÍ ES.

    TODOS SE HAN HECHO INDIGNOS DE EJERCER EL PODER TEMPORAL , PUES TODOS EJERCEN ESA SOBERANÍA EN CONTRA DE LAS LEYES Y MANDAMIENTOS DE DIOS. NO CONOZCO NINGUNA NACIÓN QUE SE GOBIERNE POR ELLOS, QUE LOS DEFIENDA, Y QUE LOS ANTEPONGA A TODAS LAS DEMÁS LEYES Y CÓDIGOS..

    SE RECONOZCA O NO SE RECONOZCA, TODA SOBERANÍA VIENE DE DIOS, QUE TRAS CREAR AL HOMBRE A SU IMAGEN Y SEMEJANZA NI REMOTAMENTE, NI DE LEJOS, NI DE CERCA, NI DE NINGUNA MANERA LE CONCEDIÓ EL PODER DE SOJUZGAR, EXPLOTAR, ENVILECER, ESCLAVIZAR Y TIRANIZAR A LOS DEMÁS HOMBRES. TODO LO CONTRARIO.

    LOS BENDIJO, ESO SÍ, LES LLENÓ DE SU GRACIA, LES DOTÓ DE LIBRE ALBEDRÍO, COMO NO PODÍA SER MENOS, Y LES DIJO : “CRECED Y MULTIPLICÁOS, HENCHID LA TIERRA Y SOMETEDLA, DOMIDAD SOBRE LOS PECES DEL MAR Y SOBRE LAS AVES DEL CIELO, SOBRE LOS GANADOS Y SOBRE TODO CUANTO VIVE.

    LES DIJO QUE DOMINARAN A TODAS LAS BESTIAS CREADAS, NO QUE ESCLAVIZASEN A SUS HIJOS, NI A LOS HIJOS DE SUS HIJOS, NI DOMINASEN CON VIOLENCIA , Y A SANGRE Y FUEGO A NINGUNO DE SUS SEMEJANTES, NI INJUSTAMENTE TIRANIZASEN A NINGUNA OTRA NACIÓN Y MENOS QUE MENOS, QUE SE MATASEN ENTRE SÍ.

    NO HUBIERAN HECHO TALES COSAS NUESTROS PRIMEROS PADRES DE HABER PERSEVERADO EN EL ESTADO DE GRACIA EN QUE FUERON CREADOS, PERO SU CAÍDA TODO LO DESBARATÓ………..

  5. Inés. permalink
    mayo 3, 2018 9:34 am

    NO OLVIDEMOS ALGO QUE NO SE SUELE TENER EN CUENTA, Y ES QUE EN ESTA BATALLA ESPIRITUAL CONTRA EL IMPERIO QUE SOSTUVO LA IGLESIA CATÓLICA DEL S. XI EN DEFENSA DE UNAS ATRIBUCIONES QUE HABÍA RECIBIDO DE CRISTO, SAN GREGORIO MAGNO NO SE ESTABA DIRIGIENDO A UN PAGANO, SINO A UN BAUTIZADO, Y CONTENDÍA CON UN HOMBRE, ENRIQUE IV, QUE SE CONSIDERABA MIEMBRO DE ESA IGLESIA Y DE LA CRISTIANDAD, Y POR TANTO OBLIGADO, COMO TAL, A OBEDECER Y ACATAR SUS DISPOSICIONES.

    PERO NO SOLO LAS DESOYÓ, SINO QUE FUÉ PERJURO, BLASFEMO Y APÓSTATA, PUES QUE PREFIRIÓ SU GLORIA A LA DE DIOS. Y HASTA DONDE SABEMOS, NUNCA SE RETRACTÓ NI SE DESDIJO DE SU SOBERBIA , ASÍ QUE NO ES DESCABELLADO PENSAR QUE PUDO MORIR IMPENITENTE.

  6. Inés. permalink
    mayo 4, 2018 9:51 am

    ENTRE LOS QUE LE RODEABAN ALQUIEN DEBIÓ DECIRLE A ENRIQUE IV LO QUE AQUEL GRAN SEÑOR Y MEJOR PADRE LE DIJO A SU HIJO ANTES DE MORIR, Y QUE CUENTA SELGAS EN SU NOVELA PÓSTUMA “NONA” :

    “NO OLVIDES NUNCA QUE ERES CRISTIANO, Y QUE ESE NOMBRE TE OBLIGA A SER MEJOR QUE LOS DEMÁS HOMBRES, Y QUE LA LEYE DIVINA NOS OBLIGA MÁS QIE LAS LEYES HUMANAS”.

    ENRIQUE IV PENSÓ LO CONTRARIO, Y A NADIE ESCUCHÓ MÁS QUE A SU DESATINADA AMBICIÓN DE PODER Y DOMINIO. ÉL PASÓ, LOS QUE ALENTARON SUS AMBICIONES PASARON, PASARÁN LOS QUE AHORA DOMINAN TIRÁNICAMENTE A LAS NACIONES, QUE SON TODOS, PORQUE TODOS LEGISLAN EN CONTRA DE LA LEY DE DIOS Y DE SUS MANDAMIENTOS, UNA Y OTRA VEZ PISOTEADOS POR SUS LEYES INICUAS E INFAMES, Y LA IGLESIA PERMANECE Y PERMANECERÁ HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS.

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