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LOS JESUITAS Y LA TRAICIÓN A LA IGLESIA CATÓLICA: MALACHI MARTIN

marzo 8, 2018

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“Dos fuerzas, el bien inteligente y el mal inteligente, personificados por Dios y por Lucifer, están empeñadas, trabadas en una lucha a vida o muerte por ganar al género humano.”

(P. Malachi Brendan Martin, El Jesuita)

LA COMPAÑÍA DE JESÚS Y LA TRAICIÓN

A LA IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA ROMANA

(I)

El Papado y la orden Jesuita, la Compañía de Jesús, para mencionar dicha orden por su nombre oficial, están en estado de guerra. Esa guerra señala los cambios más letales que se han producido en las filas del clero católico en los últimos mil años.  Y, como sucede en todos los acontecimientos importantes dentro de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, afecta a los intereses, la vida y el destino de millones de personas.

Puesto que los dirigentes de esa guerra eran los superiores de la Orden, fue muy sencillo colocar hombres de sus propias ideas al frente de los órganos de poder, autoridad y comunicación en toda la organización. Logrado esto, la gran masa de jesuitas no tuvo mucho que decir acerca de las extraordinarias decisiones que se adoptaron.

Para entonces ya estábamos en la década de los años sesenta, y la guerra se libraba desde hacía casi diez años. En realidad, dada la estricta obediencia a que se sujetan los jesuitas, los miembros de la Orden no tuvieron más remedio que acatar los cambios que, según otro jesuita, “nos quitaron la Compañía de Jesús que nos servía de base y la transformaron en una entidad monstruosa con el pretexto de los buenos propósitos”.

Todas las guerras tienen como causa el poder. En el caso de la que se libra entre el Papado y la Compañía, el poder fluye a lo largo de dos cuestiones fundamentales y concretas. La primera, “la autoridad”: ¿Quién está al mando de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, extendida por todo el mundo? La segunda cuestión se refiere “al propósito”: ¿Cuál es el propósito de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana en este mundo?

Para el papado, las respuestas a ambas cuestiones son claras: la autoridad para mandar y para enseñar desciende, por su estructura jerárquica, del Papa a los Obispos, a los sacerdotes y a los laicos. Y el exclusivo propósito de la Iglesia en este mundo es asegurarse de que cada persona disponga de los medios para alcanzar la vida eterna con Dios después de la muerte. Se trata de un propósito exclusivamente ultraterreno. Para muchos jesuitas, la autoridad centralizada que posee la Iglesia, la estructura a través de la cual se ejerce esa autoridad, así como su propósito, son inaceptables hoy día.

En vez del propósito ultraterreno de la Iglesia tradicional, la Compañía de Jesús ha adoptado la lucha por la liberación de una clase de personas de nuestra sociedad actual, los millones de seres que sufren a causa de la injusticia social, económica y política.  La nueva misión de la Compañía los coloca, ni más ni menos, en una alianza con los marxistas y su lucha de clases.

Para el jesuita Arthur F. McGovern, convencido apologista del nuevo anticapitalismo, el Jesús que nos presenta el Evangelio de San Lucas es el parangón de la revolución. El de San Lucas es “un Evangelio social”, dice, y cita las palabras de Jesús para sustentar su causa : “Yo he venido para predicar la buena nueva a los pobres, para liberar a los oprimidos, para redimir a los cautivos”. Es obvio, por tanto, que Jesús se percató de la “lucha de clases” y aprobaba la “revolución”. 

Consciente o inconscientemente, McGovern se ha desembarazado con éxito de catorce siglos de una interpretación católica de la Biblia, de una interpretación auténticamente cristiana. Ha reinterpretado el Evangelio y la misión salvífica del Hijo de Dios en un sentido económico, en un sentido terreno, ajeno a lo sobrenatural…, en un sentido no católico.

Para los jesuitas, la única contienda que parece tener importancia para la Compañía de Jesús en este último cuarto del siglo XX, es la que se libra alrededor del marxismo-leninismo soviético y el capitalismo occidental.  Y si bien la Compañía misma no se ha declarado oficialmente marxista, los jesuitas que se proclaman marxistas no son expulsados de la Compañía, ni se les censura, ni se les silencia. Antes bien, se hace lo indecible para protegerlos de todo ataque.

La guerra entre el papado y los jesuitas es en realidad una guerra acerca de la existencia misma del Espíritu. Es una guerra acerca de lo sobrenatural como el elemento que define nuestra existencia y nuestro mundo. Los nuevos conceptos de los jesuitas acerca de la autoridad de la Iglesia y de su propósito en el mundo representan un cambio de naturaleza muy hondo.

Para la Compañía de Jesús, la autoridad última en materia de creencias y de moral ya no radica en la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, con su papado y su jerarquía mundial, sino en el pueblo de Dios. Los resultados de este cambio son que, a la fecha, no hay un solo dogma, ni una sola ley moral capital del catolicismo romano que no haya sido desafiada ni negada por determinados jesuitas, empezando por algunos del más alto rango y de la máxima categoría intelectual.

El maestro de teología en esta guerra es el hombre aceptado y celebrado como el mayor teólogo jesuita de los últimos cien años, Karl Rahner, S. J., que dedicó una vida de esfuerzos a cambiar la fe católica. Rahner dirigió la artillería pesada de su lógica y su enorme reputación hacia la sacrosanta autoridad de los Papas.  Eligió como blanco las fórmulas de fe aceptadas desde tiempo inmemorial.

Rahner se negó rotundamente a defender las enseñanzas de la Iglesia Católica acerca de la prevención de la natalidad, y lo mismo sucedió con todos los demás dogmas y reglas de la Iglesia Católica que había jurado defender.

En su libro “La unidad de las iglesias: una posibilidad real”, Rahner puso de manifiesto de manera clarísima la nueva actitud jesuita acerca del papado y los dogmas definidos de su Iglesia. Con el imprimatur de los superiores de su Orden, presentó una propuesta arrolladora y anti-romana. Según él, para alcanzar la unidad cristiana era necesario abandonar toda insistencia en el dogma de la infalibilidad del Papa, así como otras doctrinas acerca del Romano Pontífice y el catolicismo romano, definidas y propuestas por los Papas desde el siglo IV.

Lo que Rahner proponía era que la Iglesia Católica suprimiera todo el cuerpo de doctrina concerniente a la fe y la moral, desarrolladas y enseñadas por ella durante dieciséis siglos, y lo desvinculara de la existencia diaria. El matrimonio, la homosexualidad, la ética comercial, la libertad humana, la piedad…, todas las esferas de la vida del hombre deberían quedar a la deriva de las cambiantes mareas de la redefinición. Pero, los dogmas de fe serían los primeros en desaparecer. Aquello que la Iglesia ha definido como fundamental y obligatorio para la fe católica, se convertía, según el plan de Rahner, en algo optativo.

La integridad de la persona de Cristo, el significado y valor de los siete Sacramentos, la existencia del Cielo y del Infierno, el carácter divino de la autoridad de los Obispos, la veracidad de la Biblia, la primacía e infalibilidad del Papa, el carácter del sacerdocio, la Inmaculada Concepción y la Asunción de María, la madre de Cristo…, todo quedaría a merced de la rebatiña ecuménica. Pero por encima de todo, Rahner quería ver desmantelada la autoridad papal y la Iglesia Católica, Apostólica Romana, con su jerarquía, reducida a una más de las expresiones del mensaje de Cristo. En el plano meramente personal, cabe suponer que perdió totalmente su fe católica.

Rahner fue el hombre indicado para encabezar la autodestrucción del catolicismo. Fue el maestro que enseñó a varias generaciones cómo consumir su propia fe a base de lógica, escepticismo y desobediencia. Jamás superior jesuita alguno en su propio país o en Roma, trató de frenarlo. Habiendo sido la prueba viviente de la extraña corrupción que se había introducido en la Compañía, Rahner murió como había vivido, honrado y admirado por sus colegas y superiores.

Ignacio de Loyola fundó su “Compañía de Jesús”, tal como él la llamaba, con un solo propósito: defender a la Iglesia y al papado. El Papa que dio existencia real a la Orden en el siglo XVI decidió que fuera ése el propósito y la misión de la Compañía y la razón de su existencia. Como institución siempre ha estado ligada al papado. Sus miembros profesos siempre han estado ligados al Papa con un voto sagrado de obediencia.

Durante 425 años, estuvieron del lado del Papa, pelearon sus batallas, enseñaron sus doctrinas, sufrieron sus derrotas, defendieron sus posiciones, fueron atacados por sus enemigos, y los muchos y extraordinarios privilegios otorgados por los Papas eran como demostraciones de la confianza que el papado tenía en la Compañía.

Puede decirse que nunca la Compañía de Jesús se desvió de esta misión, hasta 1965. En ese año Pedro Arrupe fue elegido vigésimoséptimo  Padre General de los jesuitas. El rápido y completo cambio de la Compañía en relación con su misión y con su razón de existir no fue un accidente ni una casualidad. Fue un acto deliberado, al cual el Padre General Arrupe dio inspiración, entusiasmo y dirección.

La reputación ganada por la Compañía a lo largo de cuatro siglos fue el mejor camuflaje tras el cual pudieron construir una Compañía nueva y diferente, y ha hecho presente al mundo sus nuevos puntos de vista como la última y más fina expresión de la espiritualidad y de la lealtad ignacianas.

Por encima de esta guerra entre el papado y la Compañía, dos fuerzas, el bien inteligente y el mal inteligente, personificados por Dios y por Lucifer, están empeñadas, trabadas en una lucha a vida o muerte por ganar al género humano.

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9 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    marzo 8, 2018 12:33 pm

    Tengo entendido que Malachi Martin murió en extrañas circunstancias, nunca aclaradas. Era un testigo incómodo, no cabe duda…….

  2. Rafael permalink
    marzo 8, 2018 3:16 pm

    ESO ES EN LO QUE TOCA A LA COMPAÑIA DE JESUS; YO LE SPUEDO PLATICAR QUE LO QUE TOCA A LA ORDEN DE LOS PREDICADORES, YA QUE YO ESTUDIE EN ESA ORDEN HASTA TERMINAR LA FILOSOFIA, Y ESTUVE CON ELLOS DESDE 1978 A 1985, AÑOS EN QUE PARA INGRESAR A CAPACITACION DE 6 MESES PARA INICIAR LA TEOLOGIA, Y YA PARA PREPARARSE PARA LOS VOTOS SOLEMNES, FUE CUANDO DE VERDAD SE COMENZO LA GUERRA AL INTERIOR, SE FORMARON DOS BANDOS ENTRE LOS FRAILES Y ESTUDIANTES, UNOS CON LA IDEA DE SEGUIR CON LO QUE LA IGLESIA DESDE SIEMPRE SEGUIA, Y SEGUN ELLOS CON LAS NUEVAS DIRECTRICES DE DEL VATICANO II, Y EL OTRO BANDO PROMARXISTA, DE LUCHA DE CLASES, CON LA TEOLOGIA DE LA LIBERACION, DONDE NOS OBLIGABAN A ASISTIR A ESAS CLASES O DE LO CONTRARIO REPROBAR LAS MATERIAS.
    LA DESBANDADA DE ALGUNOS FRAILES O LA SALIDAD DE MUCHOS ESTUDIANTES QUE NO ACEPTARON LAS NUEVAS CONSIGNAS COMENZO DESDE 1985 AÑO EN QUE YO ME SALI.
    PERO DE VERDAD COMENZO CON QUITAR HORAS DE ORACION EN LA LITURGIA DE LAS HORAS, SOLO QUEDARIA LAUDES Y VISPERAS Y MISA Y QUEDAN EN OPTATIVOS EL RESO DE ROSARIO, MEDITACION Y PIADOSAS.
    Y SE QUITO EL USO OBLIGATORIO DEL HABITO, SOLO QUEDABA COMO USO EN ESAS HORAS DE REZO, TODO EL TIEMPO RESTANTE ESE ESTABA VISTIENDO COMO CIVIL, LO MISMO AL SALIR A LA CALLE.
    SE PERMITIA EL LIBRE SALIR E INGRESAR AL CONVENTO SIMPRE QUE CUMPLIERAS CON LA OBLIGACION DE ESTUDIOS, Y LA LIBERTAD DE ASISTIR A CINES, TEATROS ETC.
    ASI QUE LAS COMUNIDADES RELIGIOSAS (CONVENTOS) SE VOLVIERON PELEAS CAMPALES, ENTRE “TRADICIONALISTAS” Y “MODERNISTAS” DENTRO.
    JUZGUEN USTEDES, ESO FUE CUANDO YO ME SALI EN 1985 A LA FECHA NO SE COMO SE ENCUENTREN PUES YO PERDI TODO CONTACTO CON EX COMPAÑEROS Y EX SUPERIORES POR MI CALIDAD DE COMBATIVO Y REBELDE A LA AUTORIDAD.

    • marzo 9, 2018 1:20 pm

      Muchas gracias por brindar un claro ejemplo de lo que muchos vivimos, en diferente dimensión, durante los cambios operados desde la Iglesia verdadera a la Neo Iglesia conciliar.

      En aquella época (1980-1985) era normal que pocos sospecharan lo que realmente estaba sucediendo, no había Internet, y solamente algunos (no más allá de 50 mil católicos en el orbe) con mente clara y sana conciencia advertían lo que realmente estaba sucediendo, y sólo unos pocos entendían la verdadera causa de esta traición: “Pinay”, en primer término; luego Sáenz y Arriaga, Thuc, Carmona, González Flores, Disandro, Kellner, Heller, Riestra, Homero Johas y algunos más.

      Unidad en la Verdad

      • marzo 10, 2018 6:45 pm

        @Redaccion.

        Luego de la aplastante derrota acá en mí país El Salvador por parte de la ex guerrilla marxista devenida en oficialismo politico el FMLN, el antipapa Francisco , declara súbitamente “santo” al difunto marxista arzobispón Oscar Arnulfo Romero, para seguir engañando a los confundidos conciliares en mí país.

        Bergoglio se inventó la mesa de dialógo en Venezuela, aca se inventa “santos” para el marxismo salvadoreño.

      • Juan Matamoros permalink
        abril 10, 2018 3:13 am

        ¿Malachi Martin fue un católico tradicional? No.

        http://www.vaticanocatolico.com/iglesiacatolica/malachi-martin/#.WsxyHi5ubIU

        • abril 10, 2018 6:08 am

          Juan.

          Tenemos muy claro que los laicos Dimond son una fuente heterodoxa, alejada de la Fe, farisaica y contradictoria; que hasta condena o contradice Papas y santos doctores, como al mismísimo Doctor Común, a Santo Tomás de Aquino. Y a quien no comulga con sus aberraciones, lo sentencian de hereje, apóstata y condenado al infierno.

          Sin embargo nos quedamos con un testimonio que ellos mismos trascriben mediante una carta de un amigo cercano de Malachi Martin:

          “Estimado Hermano Dimond,

          En efecto nosotros pretendemos ordenar los 7 DVD, etc., en el futuro, información que no se obtiene en ninguna otra parte en la época de la Gran Apostasía… También debo agregar con honestidad que sus lectores y sus propios comentarios sobre Malachi Martin tienen poco soporte de sus muchas virtudes, generosamente distribuidas a mi persona, como describí, y a muchos otros. Una vez que él dejó Roma y la orden Jesuita, se inició una campaña de difamación y grosería viciosas, y continuó hasta su muerte. “No ponga su fe en príncipes”, a menudo me decía, y algunas veces él lo hizo, en detrimento suyo. Esto no es elevar a Malachi a los altares, si tal hecho fuera merecido, y esto sólo Dios lo sabe. Pero historias de segunda mano sobre su embriaguez y lamentable lenguaje son inadmisibles en la corte, y sin nombres ni fechas, yo les doy poca credibilidad. Que en otro tiempo haya bebido y maldecido es probable sin duda. Yo mismo compartí una copa de vino con él en Nueva York. Nunca le escuché hablar lenguaje incivilizado de su boca, pero como ustedes, he hablado con otros que sí lo han escuchado; entonces sí pudo haber sido burdo.

          Sin embargo, tengan en cuenta dos aspectos: uno es que Malachi ya ha recibido su juicio por su Creador, para mal o (espero mucho) para bien. El otro es que él participó durante veinte años en 200 exorcismos mayores y menores, un campo de trabajo que la mayoría de sacerdotes evitan y no tocarían, como Malachi diría, “no me le acerco ni por equivocación”. Más hacia el punto, un elemento básico del exorcismo mayor, es que en su lucha a muerte con el más perverso, el exorcista puede esperar que su mismo pecado no confesado sea expuesto, cada error revelado, cada secreto al descubierto por su enemigo. Yo propongo que si alguien se expone a sí mismo al funesto odio de los secuaces de Lucifer en un estado de pecado mortal sería imprudente más allá de la razón, y pronto pagaría el precio final y eterno por tal error grave.

          En resumen, personalmente no reclamo santidad para mi más querido amigo, que ya no lo veré, pero tengo poca paciencia con aquellos que destruyen alegremente su reputación, más probablemente para elevar su propio valor a los ojos de otros, una práctica deplorable que noto más especialmente en las filas de los católicos tradicionales que se halagan a sí mismos de ser potífices [sic] privados para los demás en su círculo de conocidos. Sé que tal tendencia es probable, dado el caos de autoridad que reina actualmente, pero yo sostengo con mi nombre a San Pablo en esos asuntos: ante todo, caridad… P.W.”

  3. Inés. permalink
    marzo 9, 2018 1:35 am

    Desde 1965, (y antes, incluso), la Compañía de Jesús, las demás Órdenes Religiosas, y una grandísima parte “del clero y jerarquía conciliar” ordenados tras el Vaticano II no son más que cadáveres ambulantes que creen que está vivos….. , pero Dios sabe muy bien que no lo están.

    Podrán engañar a los hombres, pero no a Dios : “Tienes nombre de vivo, pero estás muerto”, dice el Apocalipsis, (Ap. 3, 1).

  4. Matamoros permalink
    marzo 13, 2018 5:32 pm

    EL NEO SACERDOTE JOSE ANTONIO FORTEA AFIRMA QUE BERGOGLIO NO ES UN HEREJE

  5. Inés. permalink
    marzo 13, 2018 10:33 pm

    cristosvincit :

    Cualquier día de estos veremos “canonizado” a Satanás, que por cierto paga mal, muy mal, a sus adoradores.

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