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El Códice Calixtino narra 22 milagros de Santiago Apóstol. (Del séptimo al noveno)

noviembre 25, 2017
Santiago-Matamoros

La Neo Iglesia se avergüenza del Santo Apóstol Santiago, combatiendo a los sarracenos en la Batalla de Clavijo.

Foro Católico: el Código Calixtino es considerado como uno de los libros europeos más antiguos. Bello manuscrito que narra, entre otras verdades, 22 milagros del Apóstol Santiago. En esta ocasión presentamos otras tres narraciones. 

VII. Del marinero Frisono, a quien vestido con su casco y escudo sacó el Apóstol de lo profundo del mar

En el año mil ciento uno de la encarnación del Señor, cuando cierto marino llamado Frisono conducía navegando por el mar una nave cargada de peregrinos (1) al sepulcro del Señor en Jerusalén, deseoso de ir allá a hacer oración, vino contra él a atacarle cierto sarracenos llamado Avito Maimón (2), que pretendía llevar cautivos a la tierra de los moabitas a todos los peregrinos. Y habiéndose abordado las dos naves, la de los sarracenos y la de los cristianos, y peleado duramente, cayó Frisono, vestido de loriga de hierro, casco y escudo, por entre ellas al fondo del mar. Mas dándole fuerzas la misericordia de Dios, empezó a invocar en su corazón a Santiago, diciendo: 

“Grande y gloriosísimo Santiago, apóstol más piadoso que cuanto decirse puede, cuyo altar besé una vez con mi boca indigna, dígnate librarme con todos estos cristianos a ti encomendados”.

Al instante se le apareció el santo Apóstol en lo profundo del mar y, tomándole de la mano, le volvió a la nave sano y salvo. Y además, oyéndole todos, dijo el Apóstol al sarraceno: “Si no dejas esa navecilla de cristianos, te entregaré a ti con tu galera en su poder”. Y respondió Avito: “¿Quieres decirme, ilustre caballero, por qué te opones en él a mi gente?” Más le replicó el Apóstol: “No soy el Dios del mar, sino un siervo del Dios del mar, que auxilio a los que en peligro me llaman, tanto en el mar como en la tierra, según Dios quiere”. Y enseguida, por el poder de Dios y los auxilios de Santiago, la fuerte nave de los sarracenos empezó a peligrar en medio de una tempestad, y la de los cristianos, bajo la divina guía de Santiago, llegó al puerto deseado; y Frisono, una vez visitado el sepulcro del Señor, en el mismo año acudió a Santiago de Galicia. Esto fue realizado por el Señor y es admirable a nuestro ver. Honor y gloria al Rey de reyes, Jesucristo nuestro Señor por los siglos de los siglos. Así sea.

Del obispo que, salvado del peligro del mar, compuso un responsorio de Santiago

En el año mil ciento dos de la encarnación del Señor, cuando cierto prelado que regresaba de Jerusalén, sentado en la nave junto a la borda, cantaba con el salterio abierto, vino una fuerte ola del mar y le arrastró con algunos otros pasajeros. Y cuando ya estaban casi a sesenta codos de la nave, flotando sobre la ola y a viva voz invocaron a Santiago, se le presentó enseguida el santo Apóstol. Y en pie, con las plantas secas sobre las aguas del mar, junto a ellos que en peligro clamaban, les dijo:”No temáis, hijitos míos”. Y al momento ordenó al mar que devolviese a la nave a quienes había arrebatado de ella injustamente, y a los marineros, llamado desde lejos, que detuviesen la nave. Y así ocurrió. Detuvieron la nave los marineros, y el agua del mar, gracias a los auxilios de Santiago, devolvió a aquélla a todos los que había asaltado malamente, nada mojados y abiertos aún el códice donde el sacerdote leía, y el Apóstol desapareció al instante. Esto fue realizado por el Señor y es admirable a nuestro ver.

Después, aquel venerable prelado del Señor, arrancando a los peligros marinos por el auxilio de Santiago, acudió al gloriosísimo Apóstol en tierras de Galicia, y en su honor dijo este responsorio (3), cantando alegre en el primer tono del arte musical: “¡Oh tú de siempre auxiliador, de los apóstoles honor, de los gallegos esplendor, de peregrinos defensor, Santiago, de los vicios suplantador, de las cadenas de las culpas suéltanos y al puerto de la salvación condúcenos”. Y dijo así en un versículo: “Tú que ayudas a los que a ti claman en peligro, tanto en el mar como en la tierra, socórrenos ahora y en peligro de muerte”. Y repitió de nuevo: “Al puerto de la salvación condúcenos”. Lo cual se digne concedernos Jesucristo nuestro Señor que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina Dios por los infinitos siglos de los siglos. Así sea.

Del soldado de Tabaria a quien dio el Apóstol poder para vencer a los turcos y le libró de una enfermedad y del peligro del mar

En el año mil ciento tres de la encarnación del Señor, cierto ilustre caballero de linaje francés, famosísimo en Tabaria (1), en tierras de Jerusalén, hizo voto de ir al sepulcro del apóstol Santiago, si éste le daba fuerza para vencer y destruir a los turcos en la guerra. Y tanto poder le confirió el Apóstol por concesión de Dios, que venció a todos los sarracenos que con él combatieron. Más como todo hombre se dice que es falso, el caballero da al olvido lo que había ofrecido al Apóstol; por lo cual cayó merecidamente enfermo de muerte. Así, pues, cuando por su enfermedad no podía ya hablar, se apareció Santiago a su escudero en éxtasis, diciéndole que si su señor cumpliese lo que había prometido el Apóstol, tendría enseguida remedio. El caballero, al saber esto de labios de su escudero, hizo al momento seña con la mano a los sacerdotes que estaban presentes para que le diesen el báculo de peregrino y el morral bendito. Y recibido esto, escapó a la enfermedad que le dominaba y al punto emprendió el viaje a Santiago, una vez provisto de lo necesario.

Estando ya embarcado, una terrible tempestad vino a poner la nave en peligro, tanto que interrumpiendo ya en ella las olas del mar, todos los pasajeros quedaban ahogados. Inmediatamente todos los peregrinos, clamando a una voz: “Santiago, ayúdanos”, prometieron ir unos a su sepulcro y ofrecieron otros dar cada cual una moneda para la obra de su basílica. Y habiendo recogido enseguida estas monedas dicho caballero, se les apareció al momento en la nave el santo Apóstol en forma humana, y en su angustia les dijo: “No temáis, hijos míos, pues aquí estoy yo, a quien llamáis. Tened confianza en Cristo y os vendrá la salvación ahora y en adelante”. Y enseguida él mismo bajo las cuerdas de la vela, echó las anclas, calmó la nave y dio ordenes a la tempestad, y apaciguado al punto el mar, desapareció. Tenía él una figura tal, a saber, agradable y distinguida, como ninguno de ellos antes ni después creía haber visto. Esto fue realizado por el Señor y es admirable a nuestro ver. Luego, con un viaje tranquilo, el barco llegó al puerto deseado, en Apulia (2), con los peregrinos, a la basílica de Santiago en tierras de Galicia, y echó en el arca del santo para la obra de su iglesia la colecta de dinero (3) que había hecho. Honor y gloria al Rey de reyes por los siglos de los siglos. Así sea.

(1) Este milagro y los tres siguientes enlazan la peregrinación a Compostela con los Santos Lugares, que entonces estaban en poder de los cristianos latinos, desde la toma de Jerusalen por la primera cruzada (15-VII-1099). López-Aydillo apunta como una posible competencia entre Santiago y Jerusalen, apoyada especialmente por estas intervenciones del Apóstol en favor de los romeros de Tierra Santa, que luego en agradecimiento acuden a Compostela; si bien puede decirse que tales favores entran en la protección general de los fieles por Santiago contra infieles, malhechores y peligros, y no podía serle ajena la peregrinación a Jerusalén y a la vez fomentaba la suya.

(2) Los Beni-Maimón saquearon las costas del Mediterráneo como almirantes de los almorávides, que nuevamente son aquí los moabitas, y llegaron con sus devastaciones a las de Galicia, donde les hicieron frente las naves del arzobispo Gelmírez y de Iria. El más famoso fue Alí-ben Maimón, que mandaba la flota de Cádiz. El nombre Avito es la forma española del árabe Abbâd con imâla o cambio de â en i, propio del árabe hispano. Avito Maimón quizá fuera un capitán del almirante. Los dos nombres se repiten como de otros personajes musulmanes en el capítulo IX del Libro IV (Turpín).

(3) Comp. Libro I capítulo XXIII. P. David cree obra de un refundidor la atribución del responsorio al obispo, porque la fórmula general de conclusión del milagro va antes.

(4) Tabaria es la antigua ciudad de Tiberíades, situada junto al lago de su nombre o de Genesaret en la ribera occidental.

(5) Los puertos de Apulia en el extremo SE de Italia son Bari, Bríndisi y Tarento, pero el primero era el de mayor tráfico por entonces.

(6) Como bien informa P. David, este relato da una idea de cómo se recaudarían los enormes fondos necesarios para la edificación de la basílica, que debió de iniciarse en 1074 o 1075 (Libro V Capítulo IX: De los canteros de la Iglesia etc., y capítulo X).

 

 

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One Comment leave one →
  1. Lauburu permalink
    noviembre 26, 2017 5:30 am

    “En el testimonio de Pedro de Fonseca, mandado por los inquisidores a petición del Padre Díaz, para que escuchara junto a la puerta de la cárcel la conversación sostenida por el sacerdote con el hebreo Luis de carvajal, afirmó que pudo escuchar, en la hora fijada por el Padre Luis Díaz, entre otras cosas, lo siguiente:

    (editado por blasfemo)

    Estos eran los hebreos que la Inquisición, con la autoridad de la Santa Iglesia, relajaba a la justicia y brazo secular para ser ajusticiados. Sólo la ignorancia de los que es la secta religiosa del hebraísmo, puede hacer que gentes de buena fe acusen a la Santa Iglesia de intolerancia por tales motivos. En realidad, se requiere mucha ignorancia o mala fe, para asegurar a los cristianos que puede haber un convenio entre la Santa Iglesia y la Sinagoga de Satanás; ya que, si es imposible concebir un pacto o entendimiento entre el catolicismo y el comunismo o entre aquél y la masonería, tanto más imposible es un pacto entre la Santa Iglesia y el hebraísmo satánico, que es la cabeza del comunismo y la masonería, impregnados –por los hebreos- de ese odio diabólico a Cristo, a María Santísima y a la Cristiandad.”

    Complot contra la Iglesia

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