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JUAN NIEREMBERG S.J.: DE LAS SEÑALES DE MORIR EN GRACIA Y DE SER UNO PREDESTINADO

octubre 31, 2017

JUAN E.  NIEREMBERG, S. J.

1595-1658

 APOSTOLADO DE LA PRENSA

DE SU OBRA, “APRECIO DE LA DIVINA GRACIA”

DE LAS SEÑALES DE MORIR EN GRACIA Y DE SER UNO PREDESTINADO

QUINTA PARTE


El morir en gracia es bien tan grande que, habiendo revelado Dios a S. Francisco que él había de ser uno de los que habían de alcanzar aquella dicha, todo lleno de gozo y contento que no le cabía en el corazón, decía a voces:  Mi Dios sea alabado; a Él sea la honra y la gloria sin fin. Y por ocho días continuos quedó tan ocupado en este gozo, y arrebatado el pensamiento de nueva tan dichosa, que no podía pensar en otra cosa. Aun las horas canónicas no podía rezar, teniendo esto sólo en la boca y repitiéndolo infinitas veces decía: “El Señor sea alabado; el Señor sea alabado”.

Verdaderamente cualquier fiel, aunque no tenga revelación de su predestinación, porque no le convendrá, con todo esto, no se debía consolar más que cuando ve que va por los pasos y virtudes que los santos señalan por argumento y testimonio en que está uno predestinado.

Con razón dice S. Bernardo: “¿Cuándo dejó Dios a sus escogidos sin algún testimonio? ¿O qué consolación pueden ellos tener, vacilando entre miedo y esperanza, si no mereciesen tener algún testimonio de su elección?”.

“El Señor conoce quienes son los suyos; sólo Él sabe los que escogió desde el principio; pero de los hombres, ¿quién sabe si es digno de amor o de odio? ¿Qué descanso puede tener nuestro espíritu mientras no tiene algún testimonio de su predestinación? Por lo cual se nos han dado algunas señales e indicios de nuestra salvación, para que sea cosa indudable que es del número de los escogidos aquel en quien perseveraren“. Todo esto es de S. Bernardo.

Estas señales de morir en gracia, y de ser uno predestinado, sacadas de la Sagrada Escritura, se reducen a doce.

La primera es tener una fe viva, constante y verdadera. Y así, se dice que creyó Abraham, que le fue imputada a justicia y santidad, por lo cual se salvó, como también Noé.

Esta fe se ha de echar de ver por el deseo de que se extienda el reino de Cristo por todo el mundo, por el aborrecimiento de las herejías, por la estima y respeto del culto divino, por los dictámenes que son conformes con el Evangelio y contrarios al mundo, por las buenas obras conformes con la doctrina de Cristo. Mire cada uno cómo le va en estas cosas, y procure esmerarse en ellas.

La segunda señal es la guarda perfecta de los Mandamientos, conservándose sin cometer pecado grave, y andando delante de Dios en verdad. El mismo Cristo dijo: “Si quieres entrar en la vida, guarda los Mandamientos”.

La tercera señal es padecer tribulaciones. El mismo Salvador, que fue cabeza de los predestinados, dijo que “convino que padeciese de esta manera para entrar en su gloria”. Es grande señal de la benevolencia divina ser los buenos afligidos en esta vida, por lo cual dice el Apóstol que Dios azota a quien tiene por hijo. Y el mismo Señor dice, (Ap. 15): “Yo reprendo a los que quiero bien”.  Cela Dios mucho a los suyos porque los ama.

La cuarta señal es dar limosnas y ejercitar la caridad y la misericordia, a las cuales están prometidos en la Escritura el perdón de los pecados y el alcanzar de Dios misericordia. “La limosna libra de la muerte, se dice en el libro de Tobías, limpia los pecados y hace hallar la vida eterna”. Huélgase Dios de usar de misericordia con los que la tienen de sus hermanos.

La quinta señal es la pobreza de espíritu, despegando el corazón de los bienes de la tierra; y así, a la primera de las bienaventuranzas se promete el reino de los cielos. Cristo escogió en este mundo a los pobres, y contra los ricos pronunció notables y temerosas sentencias. A un mancebo desechó porque tenía ricas posesiones y el corazón pegado a ellas.

La sexta señal es la humildad, con la cual consuela S. Bernardo a sus monjes: “Quién sabe si los nombres de todos los que aquí veo están escritos en el cielo y anotados en el libro de los predestinados; porque me parece que veo algunas señales de vuestra vocación en el trato de tanta humildad”.

San Gregorio dice: “Evidentísima señal de los réprobos es la soberbia, como lo es la humildad de los escogidos“. E Isaías dice que, “no descansará el Espíritu del Señor sino sobre el humilde”. Y al contrario dice S. Agustín: “Al que vieres soberbio, no dudes sino que es hijo del diablo”.

La séptima señal es la caridad de Dios y del prójimo; porque el Salvador del mundo dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros”. Y en la oración que nos enseñó, puso por condición de perdonarnos Dios nuestros pecados, si perdonáremos nosotros a los que nos injuriaren.

La octava señal es frecuentar devotamente los sacramentos de la Confesión y Comunión; y así dijo Cristo:  “El que come este pan vivirá eternamente”.

La novena señal es gustar de la palabra de Dios, meditando frecuentemente sus verdades y los misterios divinos.  “El que es de Dios, dice Cristo, oirá la palabra de Dios”.  Y así, San Gregorio y San Bernardo dicen que es señal de predestinación oír de buena gana las pláticas de Dios, como es de los réprobos no gustar de ellas.

La décima señal es estar resignado en las manos de Dios y pronto para hacer su divina voluntad, guardando las leyes del verdadero amor, que es tener un mismo querer y no querer, con lo cual seremos fieles siervos de su divina Majestad.  Y así dice San Agustín: “Es muy buen siervo tuyo aquel que no atiende más de oír de Ti lo que quiere, sino antes mira querer lo que de Ti oyere”.

A estas señales añaden algunos otra, con que son once, y es haber hecho algún acto heroico de virtud nacido de caridad y santo celo, lo cual obliga mucho a Dios.  Y así, Abraham, por un acto de estos, le dijo el Señor: “Porque hiciste tal cosa y no perdonaste a tu unigénito, te bendeciré y te multiplicaré como las estrellas del cielo”.  Otro acto heroico de Finees, con que purgó la maldad de Israel, le fue imputado a justicia de generación en generación.

Grande acto y muy heroico es el que hicieron los Apóstoles dejando todo por seguir a Cristo. Y así, les dijo el mismo Señor: “Vosotros, que dejasteis todas las cosas y me seguisteis, recibiréis cien doblado y poseeréis la vida eterna”.

La última señal, con que se cumplen doce, es la devoción amorosa y verdadera con la Madre de Dios. San Anselmo dice: “A quien fuere concedido pensar muchas veces de la Virgen con dulce cuidado, echo de ver que tiene grande indicio de alcanzar su salvación”.  San Bernardo habla así con la Madre de Dios: “Acordáos, oh piadosísima Virgen, que no se ha oído en todos los siglos que quien se acogió a vuestro amparo implorando vuestros auxilios haya sido desechado“.

Estas son las señales de dicha tan grande, como es morir en gracia. Examine cada uno si las tiene, y en qué grado las tiene.  Si no se halla que va de camino de predestinado, póngase en él, y con buenas obras haga cierta su gracia y su elección, y con actos continuos de estas virtudes asegure su salvación.

Estas señales de vida y salud no dependen sino del mismo que las ha de obrar. Bendito sea Dios que no puso la salvación en cosas imposibles, ni en cosas que dependan de la voluntad ajena, sino de la nuestra.  Conserve la gracia quien la tiene, pues nada tiene que pedir a otro para tenerla.

Si no tiene las señales de salud, procure las virtudes dichas, para que así, muriendo en gracia, goce el reino de la gloria para la que fue criado, por eternidad de eternidades.

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5 comentarios leave one →
  1. Gonzalo permalink
    octubre 31, 2017 6:28 pm

    Redacción ¿Podríais explicar qué hace un libro de Juan E. Nieremberg en el Index?

    INDEX LIBRORVM PROHIBITORVM

    Nieremberg, Juan Eusebio – “Vida de s. Ignacio de Loyola, resumida y añadida de la bula y relaciones de su canonizacion y de otros graves autores. Donec corrig. (1642)”.

    https://forocatolico.wordpress.com/index-librorvm-prohibitorvm-1948-la-ultima-edicion/

    Gracias anticipadas.

    • noviembre 1, 2017 8:28 am

      Gonzalo.

      No tenemos ese libro. Suponemos que algún o algunos errores de esa edición fueron prohibidos en 1642, como ha sucedido con un importante número de autores a quienes se les prohibe un libro y se les aprueban otros. La presente obra fue publicada en diversas ocasiones con censura eclesiástica y con Real Privilegio como la publicada aquí.

      Unidad en la Verdad

  2. Inés. permalink
    noviembre 1, 2017 12:59 am

    Claro es que los que no tienen en sí estas señales de predestinación de las que habla el P. Juan E. Nieremberg es porque no quieren lo que Dios quiere, ni aman lo que Dios ama, ni aborrecen lo que Dios aborrece.

    Y como dice San Bernardo no basta tenerlas si no se persevera en ellas.

    El joven rico del Evangelio llevaba buen camino, es verdad, pero en cuanto se le dijo que tenía que dejarlo todo dió la media vuelta y se apartó de Cristo.

    De qué manera tan diferente actuaron el publicano Mateo, los Apóstoles, y Zaqueo…..

  3. Inés. permalink
    noviembre 1, 2017 1:28 pm

    Me consta, porque poseo un ejemplar, que esta obra del P. Juan E. Nieremberg, “Aprecio de la divina gracia” fue publicado por el Apostolado de la Prensa con las debidas licencias eclesiásticas.

  4. Inés. permalink
    noviembre 2, 2017 12:07 am

    Y aunque en ese ejemplar no se indica la fecha de su publicación, algunas fuentes señalan como más probables las de 1920-1922 . Lo que si sé es que fue editada en Madrid. Y los datos son :

    ADMINISTRACIÓN DE LA BIBLIOTECA DEL APOSTOLADO,
    CALLE DE CAMPOMANES, NÚM. 12
    MADRID.

    A. AVRIAL, IMPRESOR DEL APOSTOLADO DE LA PRENSA
    C/ SAN BERNARDO, 92 . MADRID

    CON LICENCIA ECLESIÁSTICA.

    TOMO SEGUNDO. TERCERA SERIE.

    Idénticos datos de edición figuran en la obra del P. Nieremberg, que también poseo : “DIFERENCIA ENTRE LO TEMPORAL Y LO ETERNO Y CRISOL DE DESENGAÑOS”

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