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Apuntes del Gran San Atanasio, Santa Elena y Constantino, comentados por Ernest Hello en “Fisonomía de los Santos”

octubre 2, 2017
Atanasio, Obispo de Alejandría

El Gran San Atanasio, defensor de la Fe.

(Comentarios de Foro Católico con los apuntes de Hello)

Hombres como Ernest Hello, o como el Santo Cura de Ars, o como San Atanasio, o como el gran Papa Hildebrando, o como San Bernardo, entran pocos en quintal  por siglo, y puede que haya siglos en que no nazca ninguno de ese temple y, posiblemente, el nuestro es uno de ellos. Esta esterilidad, que salta a la vista, es más que reveladora del estado espiritual del mundo.

Hello respecto al Emperador Constantino en el capítulo XXIV, dedicado a su madre Santa Elena, pone el dedo en la llaga sobre la más que deficientísima conversión de su hijo, rotura de paño ésta cogida con alfileres y llaga nunca cerrada del todo por lo que después pasó con San Atanasio.  Pareciera que el Emperador nunca llegó a estar convertido del todo y que  Hello, a juzgar por lo que dice de él,  pensaba lo mismo.

“Constantino vio el Lábaro : “Hoc signo vinces”, dice Hello. La cruz se presenta por sí misma, aparece como señal de victoria y se convierte en estandarte de las naciones. ¿Qué hubiera sucedido si Constantino hubiese permanecido siempre fiel ; si la Historia, en vez de Constantino, hubiese podido escribir San Constantino; si la palabra que canoniza se hubiera posado sobre aquel hombre extraño?.  La faz del mundo abría sido otra. Los siglos siguientes se habrían visto bañados en una aureola que ahora no tienen.

De todos modos, el primer Emperador cristiano había de ser grande ; era menester que el cristianismo se apoderara de él, que le formara cristiano, y que él formara cristiano el imperio, y todo esto era posible. Pero Constantino no estuvo a la altura de la inmensidad de su situación.

Santa Elena

El Emperador Constantino y su madre, Santa Elena.

Como primer emperador cristiano debía a la Historia un ejemplo que no supo darle ; debía a su familia humana una herencia que no le legó ; debía a la memoria de las generaciones un tesoro de recuerdos que se extinguió antes de nacer ; se disipó antes de formarse.

Y así como el cristianismo de Constantino fue exterior, superficial, incompleto, así él formó un mundo exteriormente, superficialmente, incompletamente cristiano.  Entonces pudo decirse : “Regis ad exemplar totus componitur orbis, es decir : “El ejemplo del rey es ley sobre la tierra”.

Y el cristianismo superficial de aquel mundo superficial no tuvo virtud para dar forma al porvenir ; y hasta en la hora presente quizás, y sin quizás, Europa padece por las infidelidades de su infancia. El Oriente y el Occidente padecen por las faltas de un hombre que tuvo en su mano soberana y frágil, por un instante,  el terrible poder de reconciliarles. Poder terrible, en efecto, para aquel que no supo servirse del mismo sino imperfectamente.

Santa Elena usó toda su influencia sobre el Emperador y el Imperio; pero diríase que Constantino, que la obedeció algunas veces, la obedecía más cuando se trataba de elevar templos materiales, templos de piedra. Esto, ciertamente, era ya entonces mucho, pero no bastaba.

Entonces apareció Arrio, el sofista por excelencia, el hombre sutil, engañoso, el enemigo personal, íntimo de la verdad. Se congregaron los Obispos en Nicea y la gran voz de San Atanasio dio el gran testimonio que los siglos repiten todavía: los labios humanos aprendieron su Credo.

Constantino se presentó en el Concilio. Atanasio, que entonces no era más que diácono, alcanzó sobre los arrianos la victoria inmortal que le valió, entre tantos honores, el odio implacable de sus  enemigos. Este odio instó al Emperador a que persiguiera al teólogo.  Atanasio, que había sido llamado ya a la sede de Alejandría, fue acusado ante Constantino. Y Constantino, primer Emperador cristiano, Constantino, que en el Concilio de Nicea había oído las palabras de la verdad eterna, recogiéndolas de la boca de Atanasio, Constantino, hijo de Santa Elena, cedió.

arrio

Arrio de Alejandría, el hebreo heresiarca.

Atanasio, al verse acusado, solicitó audiencia y no pudo obtenerla.  Los arrianos habían hecho suyos los guardias del palacio, que impidieron al santo acercarse al Emperador. Atanasio, destituido y condenado por sus calumniadores, esperó al Emperador en una calle, y saltándole al paso, le dijo: 

“Señor, una sola cosa os pido : que aquellos que me han condenado comparezcan ante vuestra majestad para que yo les confunda en vuestra presencia”.

Pero Constantino estaba ya seducido, y condenó a San Atanasio al destierro.  “El Señor, dijo el santo, juzgará entre vos y yo”.  Y el Señor ha juzgado. Las palabras de San Atanasio han quedado perennes, y el imperio de Constantino, ¿dónde está?.  San Antonio desde el fondo de su desierto escribió al Emperador en favor de San Atanasio ; todo fue inútil. Constantino hizo traición a su destino, y esta traición pesó sobre el mundo entero.

La Cruz había reemplazado a las águilas en las banderas imperiales, se veía acuñada en las monedas, y después de la derrota de Magencio, Constantino se hizo representar teniendo en la mano un globo de oro con la Cruz encima.

El reconocimiento de Constantino por la Cruz, que le había dado la victoria,  era sincero, pero limitado ; era el reconocimiento que podemos llamar bárbaro, porque se concretaba en pomposas exterioridades.

Este reconocimiento, que no le preservó de cometer injusticias, no había penetrado en el fondo de su alma ni de su gobierno.

Santa Elena es una gran figura histórica. Elevada al trono del mundo, sin que pudiera esperarlo, tuvo el señalado honor de sentar a su lado en él y por vez primera al cristianismo. Su nombre ilustre y venerado habría marcado una gran fecha si Constantino hubiese permanecido fiel.

Para concluir, dice Hello, repito que nadie puede saber qué cambio habría sufrido el destino de los Imperios si los pintores modernos pudiesen poner una aureola en torno  de la cabeza de Constantino; si el nombre del Emperador hubiese podido ser consagrado, como el de su madre, por la palabra que canoniza.

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2 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    octubre 2, 2017 12:45 am

    A ESTE MÁS QUE BRILLANTE COMENTARIO DE E. HELLO NO SE LE PUEDE PONER LA MENOR TACHA.

    SÍ, TENÍA RAZÓN, Y MUCHA. OTRO HUBIERA SIDO EL ESTADO ESPIRITUAL DE EUROPA, Y PUEDE QUE DEL MUNDO, SI EL EMPERADOR HUBIESE DADO LA TALLA QUE DESDE LO ALTO SE ESPERABA DE ÉL.

    PERO GRACIAS A DIOS LA DIÓ SAN ATANASIO.

  2. Inés. permalink
    octubre 6, 2017 12:43 am

    CONSTANTINO OYÓ DE LABIOS DE SAN ATANASIO “LA VOZ DE LA VERDAD ETERNA”, PERO SE HIZO EL SORDO. Y SIN EMBARGO PRESTÓ OÍDOS AL “MENTIROSO ETERNO”.

    LA SANTA CRUZ, EL LÁBARO QUE LE DECÍA “CON ESTE SIGNO VENCERÁS”, LE DEBIÓ PARECER UNO DE TANTOS AMULETOS CON LOS QUE ESTABA ACOSTUMBRADO A CONVIVIR…… POR ESO NO ESCUCHÓ NI A SU MADRE NI A SAN ATANASIO.

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