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RITO DEL MATRIMONIO SEGÚN EL RITUAL TOLEDANO

mayo 6, 2017
Bodas

Bodas de Santa María y San José.

RITO DEL MATRIMONIO SEGÚN EL RITUAL TOLEDANO

“MISA POR EL ESPOSO Y LA ESPOSA”

  1. REMIGIO  VILARIÑO, S. J.

II

INTROITO.-  (Tob. 7, 15 y 8, 19)

El Dios de Israel os una, y  el que se compadeció de dos hijos únicos sea con vosotros; y ahora, Señor, haz que te bendigan ellos más plenamente.- (Salmo 127).  Dichosos los que temen al Señor y andan en sus caminos. Gloria al Padre, etc.

ORACIÓN.-  Escúchanos, omnipotente y misericordioso Dios, para que lo que por nuestro oficio se administra, se cumpla mejor por tu bendición. Por Nuestro Señor Jesucristo que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

LECCIÓN DE LA EPÍSTOLA DE SAN PABLO APÓSTOL A LOS EFESIOS, (5, 22-23) :

Hermanos: Las mujeres estén sujetas a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, Él que es salvador del cuerpo. Así, pues, como la Iglesia está sujeta a Cristo, estén también las mujeres a sus maridos en todo. Los hombres amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella para santificarla, limpiándola en el baño del agua de la palabra de vida, con el fin de presentarse Él mismo a sí mismo la Iglesia gloriosa sin tener mancha ni arruga, ni nada de esto. Así también los hombres deben amar a sus mujeres como a sus cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.

Porque nadie jamás aborreció su carne, sino que la sustenta y regala como también Cristo a la Iglesia, porque somos miembros de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se adherirá a su mujer y serán los dos una sola carne.  Este misterio es grande; pero yo digo en Cristo y en la Iglesia.  Sin embargo, también cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.

GRADUAL,-  (Sal. 127,3)

Tu esposa será como una vid fecunda en los muros de tu casa. Tus hijos serán como renuevos de olivo alrededor de tu mesa.

Aleluya, aleluya. (Sal. 9, 3). El Señor os envíe auxilio del santuario, y desde Sion os proteja. Aleluya.

SECUENCIA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO.- (19, 3-6):

En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos tentándole y diciéndole: ¿Acaso es lícito a un hombre repudiar a su mujer por alguna causa?  Y Él respondiendo, dijo: ¿No habéis leído que quien hizo al hombre al principio los hizo varón y hembra?, y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre, y se adherirá a su mujer, y serán los dos para una carne. De modo que no non dos sino una carne. Lo que, pues, Dios juntó, no lo separe el hombre.

OFERTORIO.-  (Sal. 30, 15-16): Lo dije, en ti espero, Señor; tú eres mi Dios, en tus manos está mi suerte.

SECRETA.-  Te rogamos, Señor, que aceptes el obsequio que te ofrecemos por la sagrada ley del matrimonio, y dirige bien esta obra que tú instituiste. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

Muéstrate, Señor, propicio a nuestras súplicas, y asiste benigno con tu gracia a este Sacramento que has instituido para la propagación del género humano, haciendo se conserve con tu asistencia lo que une con tu autoridad.  Por Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

!Oh Dios! que con la fuerza de tu poder criaste todo de la nada, y que dispuestos ya los principios de todas las cosas, después de haber hecho al hombre a tu imagen, le diste por ayuda inseparable la mujer, formando el cuerpo femenino de la misma carne del hombre, para enseñarnos que no es permitido separar jamás lo que tú quisiste formar de uno. 

!Oh Dios! que has consagrado el matrimonio por medio de un misterio tan excelente, que a la alianza nupcial hiciste figura de la unión santa de Jesucristo con su Iglesia.

!Oh Dios! por quien la mujer se une al varón, y das a la sociedad ordenada desde el principio la única bendición de que no hemos sido despojados, ni por el castigo del pecado original, ni por la sentencia del diluvio.  Mira benignamente a tu sierva, que debiendo unirse a su marido, implora el auxilio de tu protección; haz que su yugo sea un yugo de amor y de paz; que casta y fiel se case con Jesucristo; que viva imitando los ejemplos de las mujeres santas; que sea amable a su marido como Raquel, prudente como Rebeca, longeva y fiel como Sara.

Que el autor del pecado no usurpe ninguno de sus actos; que permanezca firme en la fe y en tus Mandamientos, unida sólo a su marido; huya de todo contacto ilegítimo; fortalezca su debilidad con la fuerza del recato, sea grave por su modestia, venerable por su pudor, instruida en celestiales doctrinas.

Sea fecunda en sus hijos; sea pura e inocente y llegue al reposo de los santos y al reino de los cielos; que ambos consortes vean a los hijos de sus hijos hasta la tercera y cuarta generación, y merezcan llegar a una dichosa ancianidad. Por el mismo Jesucristo…

COMUNIÓN.-  (Sal. 127, 4 y 6) :

Ved cómo será bendecido todo hombre que respete al Señor; que veas los hijos de tus hijos, y la paz sobre Israel.

POSTCOMUNIÓN

Te rogamos, Omnipotente Dios, que acompañaste con tu benigno favor esta institución de tu providencia, para que a los que unes en sociedad legítima los conserves en prolongada paz, por Nuestro Señor Jesucristo….

Después del “Benedicamus Domino o Ite missa est, vuelto el sacerdote, dice: 

El Dios de Abraham, el Dios de Israel, el Dios de Jacob sea con vosotros y os colme de bendiciones, para que veáis a los hijos de vuestros hijos hasta la tercera y cuarta generación, y que después lleguéis a poseer la vida eterna con el auxilio y gracia de Nuestro Señor Jesucristo, que con Dios Padre y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por todos los siglos de los siglos. Así sea. 

Después de quitar la banda a los esposos, les dirige estas palabras:

Ya que habéis recibido las bendiciones según la costumbre de la Iglesia, lo que os amonesto es que os guardéis lealtad el uno al otro, y en tiempo de oración, y mayormente de ayunos y festividades, tengáis castidad.  El marido ame a la mujer, y la mujer al marido, y que permanezcáis en el temor de Dios.

Les echa agua bendita, da la bendición y dice el último Evangelio, concluido el cual, entrega de la mano la esposa al esposo, diciendo:

Compañera te doy y no sierva; amadla como Cristo ama a su Iglesia.

 

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One Comment leave one →
  1. Inés. permalink
    mayo 7, 2017 1:25 am

    PRECIOSA LA RECOMENDACIÓN A LOS ESPOSOS DE GUARDAR CONTINENCIA EN TIEMPO DE AYUNOS Y FESTIVIDADES.

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