Skip to content

“No ha conocido la herejía mayor enemigo que Tomás”

marzo 7, 2017

En el registro superior preside la escena Santo Tomás (Doctor Angélico) flanqueado por los cuatro Padres de la Iglesia. En un plano más elevado aparece el Espíritu Santo con Cristo y la Virgen a la izquierda y San Pablo y Santo Domingo a la derecha.

7 de marzo, fiesta de Santo Tomás de Aquino

(Resumen del Año Cristiano, de Juan de Croisset, 1862) 

Habiéndose desenfrenado contra las sagradas religiones ciertos ingenios malignos, y habiéndose declarado contra la Silla Apostólica algunos herejes de aquel tiempo, hizo enmudecer a los unos, y confundió con sus escritos el orgullo de los otros, con tanta viveza y con tan victoriosa eficacia que, desde entonces le miraron y le temieron como su mayor azote, así los disolutos como los enemigos de la Iglesia.

El que un hombre semejante poseyese ciencia tan profunda y obrase tantas maravillas en obsequio y en defensa de la Religión armó la indignación de todos los herejes contra nuestro Santo.

Como a este Doctor admirable se debe aquel método regular que reina en las escuelas, a cuyo fervor se desembarazan de toda confusión las opiniones, se quita la máscara del error, sale la verdad a la luz del mediodía, y se explican los dogmas de la fe con purísima limpieza, según la verdadera inteligencia de la Iglesia y de los Padres, NO HA CONOCIDO LA HEREJÍA MAYOR ENEMIGO QUE TOMÁS PORQUE NINGÚN HERESIARCA HA PODIDO DEFENDERSE CONTRA LA SOLIDEZ, Y SI ES LÍCITO HABLAR ASÍ, CONTRA LA CASI INFABILIDAD DE SU DOCTRINA‘.

Confesor y Doctor, de la orden de los predicadores en el monasterio de Fosa-Nova, junto a Terracina; ilustre en nacimiento, en santidad y en  el particular conocimiento de la Teología.

Santo Tomás, ornamento grande del estado religioso, una de las más brillantes lumbreras de todo el mundo, y uno de los mayores Santos y de los más esclarecidos doctores de la Iglesia.

Todas sus inclinaciones iban derechas a la piedad; y para cultivarlas mejor, a los cinco años le enviaron sus padres a que se criase entre la nobilísima juventud que estaba a cargo de los monjes en el Monte Casino. Anticipase a las instrucciones su inclinación genial a la virtud. Nada le divertía sino el estudio y la oración; lo que advertido por el abad, le movió a aconsejar a su padre, que, sin perder tiempo le trasladase a alguna universidad.

Después de pasar más de dos años en la estrecha prisión de la torre del castillo familiar, le enviaron a Roma, de donde el general de la orden, Fr. Juan Alemán, le hizo partir a París, y desde allí le destinaron a Colonia, donde a la sazón se hallaba enseñando teología Alberto magno, el más acreditado doctor que en aquel tiempo tenía el sagrado Orden de los Predicadores.

Bajo la disciplina de tan insigne maestro hizo Tomás asombrosos progresos en la más sagrada de todas las facultades; pero también disimilados entre el velo de la modestia y un profundo silencio que sus condiscípulos le llamaban el buey mudo: mas no le valió el cuidado con que procuraba confirmar la opinión menos ventajosa que se tenía de sus talentos, porque se traslucía su ingenio a pesar de su humildad; y aquel imaginado buey mudo dentro de poco tiempo fue el oráculo del mundo y el ángel de las escuelas.

En vano se resistió a tomar el grado de doctor en la célebre universidad de parís, porque se vió precisado a reducirse a la obediencia. A penas recibió la borla cuando le mandaron a explicar al Maestro de las Sentencias; lo que hizo con tanto aplauso que en poco tiempo igualó su crédito al de su maestro Alberto Magno, y excedió al de todos los demás maestros. La gran vivacidad de su ingenio desenmarañó lo más intrincado de las ciencias, aquella facilidad en aclarar las dificultades más oscuras, aquella felicidad en desatarlas; la penetración, la erudición y el método que se admiraba en todas sus obras, acredita lo que el Papa Juan XXII afirma en la bula de su canonización: “que su doctrina tuvo más de infusa que de adquirida”.

Siempre daba principio al estudio por la oración, confesando él mismo que en las dudas que se le ofrecían su principal oráculo era el crucifijo. Enseñó en Bolonia, en Fondi, en Pisa, en Orbieto con la misma reputación que en parís; en todas partes dejó tanta memoria de su heroica santidad, como de su milagrosa sabiduría.

Esta doctrina verdaderamente angélica, en cuyos elogios se han empleado tan dignamente las soberanas plumas de tantos oráculos del Vaticano, esta es la que el grande san Pío V reconoce por una de las reglas más ciertas y claras de la fe, habiéndole valido muchos sagrados concilios de las mismas palabras de Tomás para la disposición de sus sacrosantos cánones. ¿Qué herejía, dice el mismo iluminado Papa, qué herejía no se vió vergonzosamente desarmada por la doctrina de este santo Doctor? ¿Qué error puede jamás suscitarse en la Iglesia, cuyo contra veneno no se encuentre en su portentosa Suma? Cada artículo de esta obra, dice el papa Juan XXII, es un milagro. El que sigue la doctrina de Tomás, dice Inocencio V, apenas podrá errar: el que se desvía de ella a gran peligro se expone de precipitarse.

Pero el mayor elogio de este gran Doctor y de su asombrosa doctrina es lo que le sucedió hallándose en Nápoles a tiempo en que trabajaba la tercera parte de su milagrosa Suma. Hallábase en oración en la capilla de san Nicolás delante de un crucifijo, cuando arrebatado en dulce éxtasis oyó una voz clara y distinta que salía del mismo crucifijo, y le decía estas palabras: “ Tomás, bien has escrito de Mí, ¿con qué quieres que te premie? A lo que el santo respondió: “ Señor, con ninguna otra cosa sino con Vos mismo”; favor que se dice le repitió el Cielo otras dos veces, una en Orbieto cuando componía el Oficio del Santísimo Sacramento, y otra en París cuando explicaba lo que nos enseña la fe acerca de este misterio.

Fue su dichosa muerte miércoles 7 del año 1274, teniendo solos cincuenta años de edad, pero tan llenos de gloria como colmados de merecimiento.

Así por los muchos milagros que obró en vida, que por los que se continuaron en su sepulcro después de su felicísima muerte; pero mucho mas por el mayor de todos los milagros, que fue su asombrosa vida, le canonizó el papa Juan XXII , el año de 1323, á los cuarenta y nueve después de muerto; y en el de 1567 mandó San Pio V que en todo el mundo católico se rezase el oficio de Santo Tomás , como de doctor de la Iglesia.

Anuncios
2 comentarios leave one →
  1. Inés permalink
    marzo 9, 2012 1:00 am

    Y precisamente porque había “escrito bien de Él”, de Nuestro Señor, fue expulsado Sto. Tomás de Aquino de todos los centros de enseñanza católicos, Universidades, Seminarios, etc.

    !Qué bien se cumplen las palabras de San Pablo! : “Llegará día en que no soportarán la sana doctrina” .

    Toda clase de heresiarcas se han sentado en la Cátedra de San Pedro, pero no para edificar, sino para carcomer, destruir, descomponer y derribar.

    “No creáis de ninguna manera lo que enseñan ni hagáis lo que hacen” , nos dice hoy el Señor. “Mirad que os lo he advertido”……

  2. Inés permalink
    marzo 10, 2012 1:53 am

    ¿Alguien puede decirme por qué todos los comentarios aparecen hoy en mayúsculas?

    También aparece en mayúsculas todo lo que está a la derecha de la pantalla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: