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El cuento o fábula de Catafilo, el judío errante

diciembre 17, 2016

judio-errante

Por el Padre Fray Benito Jerónimo Feijóo

Le preguntó cuándo sería la segunda venida (de Cristo), a lo que respondió Zerib que cuando varones y hembras se mezclasen sin distinción de sexos; cuando la abundancia de víveres no aminorase su precio; cuando los pobres no hallasen quien los socorriese por estar enteramente extinguida la caridad; cuando no hiciesen irrisión de la Sagrada Escritura, poniendo sus misterios en ridículas coplillas; cuando los templos dedicados al verdadero Dios fuesen ocupados por los ídolos, entonces estaría próximo el Juicio Final ; y dicho esto, desapareció.

Muy señor mío : La especie del “Judío Errante”, que vuestra merced me pregunta si se encuentra en algún autor clásico, y qué fe merece, no se halla en un autor solo, sino en varios, y clásicos algunos de ellos, aunque con alguna variedad en una u otra circunstancia.

El primero que, según yo entiendo, la dio al público en historia formada, fue el célebre historiador benedictino Anglicano, Mateo de París, al año de 1229. Según éste, vino por aquel tiempo, (vivía en él el mismo historiador que lo refiere), un Obispo armenio a Inglaterra, recomendado por el Papa, para que le mostrasen las reliquias de los santos que había en aquel reino y le diesen las demás noticias que él solicitase pertenecientes al culto divino que se practicaba en él. Sobre la especie del Judío Errante, ya entonces algo vulgarizada, y que éste andaba por las regiones orientales, pareciendo a varios curiosos, que este prelado, por tener su patria, habitación y diócesis en una de ellas, no podía menos que estar instruido en el asunto, le hicieron sobre él diferentes preguntas ; y no sólo a él, mas también a sus domésticos ; esto es, si había realmente tal Judío Errante, si vivía aún, por dónde andaba, qué hombre era, y qué decía de sus sucesos. Respondió el prelado que dicho Judío realmente existía y que andaba entonces por  Armenia.  Pero de sus sucesos, quién dio más específica noticia fue un doméstico del prelado, acaso porque podía explicarse mejor con los ingleses, o en idioma del país o en latín.

Éste refería que el Judío Errante, antes de su conversión se llamaba “Catafilo”, y había sido portero en la casa de Pilatos, con cuya ocasión, cuando sacaron a Cristo Nuestro Señor del Pretorio para crucificarle, y para que saliese más prontamente le dio una puñada en las espaldas, a lo cual el Redentor, volviendo el rostro, le dijo: “El Hijo del Hombre se va, pero tú esperarás a que vuelva”. El portero se convirtió después, y fue bautizado por Ananías, que le puso el nombre de José. El sentido de la profecía de Cristo era que este judío no había de morir hasta que Él viniese a juzgar a vivos y muertos; la que en efecto en este sentido se estaba verificando, pues llevaba ya más de mil y doscientos años de vida, aunque padeciendo a cada cien años unos amagos de muerte, porque a este plazo una gravísima enfermedad le dilataba hasta representarle moribundo; pero luego sanaba y se rejuvenecía restituyéndose al vigor y apariencia de treinta años de edad, que era la que tenía cuando Cristo murió.

Añadía el familiar del Obispo, que este judío José era muy conocido de su amo, y había sido convidado por él, y huésped suyo poco antes de emprender su peregrinación. El historiador citado dice que este hombre respondía puntualmente, y con severo y grave modo, a las preguntas que le hacían en orden a cosas antiguas, como de los difuntos que resucitaron cuando Cristo murió, y de las historias de los apóstoles; que mostraba siempre un gran temor de que estuviese cerca el Juicio Final, por ser éste el plazo de su vida, y se horrorizaba cuando hacía memoria del sacrílego desacato que había cometido con el Redentor, aunque esperaba ser perdonado por la mucha parte que en él había tenido su ignorancia.

Jacobo Basnage, autor protestante, en su “Historia de los judíos”, cuenta tres judíos errantes. El primero, el más antiguo, llamado Samer, en pena de haber fundido el becerro en tiempo de Moisés; otro el Catafilo, gentil y portero de Pilatos; el tercer judío llamado Asuero, y zapatero en Jerusalén. De éste dice que en el año de 1547 apareció en Hamburgo, y que publicaba de sí, aunque variando nombre y tal cual otra circunstancia, lo mismo que los armenios, del que decían haber conocido en su tierra.  Éste refería que antes de su conversión se llamaba Asuero, y ejercía el oficio de zapatero a la puerta de Jerusalén por donde Cristo salió para el Calvario; en cuya ocasión, queriendo el Salvador, por sentirse muy fatigado, reposar en momento en su tienda, él dándole un golpe, le repelió, y entonces Cristo le dijo : “Yo luego descansaré, pero tú andarás sin cesar hasta que Yo vuelva”; que dese aquel punto empezó el cumplimiento del vaticinio, y se fue continuando siempre, porque siempre andaba peregrinando, sin parar en provincia alguna. Era de buena estatura, representaba la edad de cincuenta años y prorrumpía en frecuentes gemidos, que los circunstantes atribuían a la tristeza que le causaba la memoria de su delito.

Nuestro gran expositor Agustín Calmet, en su “Diccionario bíblico”, testifica tener en su poder una carta escrita desde Londres por la señora Hortensia Mancini, sobrina del Cardenal Mazarini, a la duquesa  de Bullon, en la cual se refiere que por aquel tiempo arribó un extranjero con la misma cantilena. Decía que había servido en Jerusalén cuando Cristo fue sentenciado a muerte, y pareciéndole que no salía con la prisa que él deseaba, le dio un gran empellón, diciéndole: “Despacha, sal cuanto antes, ¿por qué te detienes?”. La respuesta del Señor es la misma que se dijo arriba. Éste aseguraba que había conocido a todos los apóstoles, y describía las facciones y vestido de cada uno; que había peregrinado por todas las regiones del orbe, y que no dejaría de peregrinar hasta el fin del mundo. Se jactaba de que con el tacto curaba a los enfermos. Sabía muchas lenguas, y refería con tanta exactitud los sucesos de todos los siglos, que todos le oían con admiración. Apenas se le nombraba algún personaje famoso en los anteriores siglos a quién no afirmase haber conocido. Habiendo un caballero insignemente erudito habládole en lengua arábiga, al momento le respondió en el mismo idioma. Decía que se había hallado en Roma cuando fue incendiada por Nerón; que había tratado con Mahoma y conocido a su padre; visto a Saladino, al Tamerlán, a Bayaceto, a Solimán el Magnífico. Se añade en la carta que la gente simple le atribuía muchos prodigios, pero los prudentes le tenían por impostor.

El autor del “Espion turco”, sea el que fuere, (que aún pienso que no está averiguado),  en varias cartas hace memoria del Judío Errante.  En la epístola XXXIX del tomo II, escrita a Ibrahin, y que corresponde al año 1643, se ocupa en referir que en París vió a dicho judío, conversó con él, y le hizo mil preguntas de cosas antiguas. Le dijo que su nombre era Michob-Ader, que había sido portero en Jerusalén, y todo lo demás que Calmet cita de la duquesa sobrina de Mazarini; que había andado muchas tierras, leído mucho, y sabía muchas lenguas. Con todo, el “Espion” hizo juicio de que era loco o impostor. El mismo autor, en el tomo V, epístola L, escrita a Nathan-Ben Saddi, judío, el año de 1666, le cuenta todo lo que el Judío Errante le había dicho en París referente a los judíos de Asia Septentrional, y que cree que son reliquias de las diez tribus dispersas. Él mismo, en el tomo VI, epístola VI, del año 1672 a Guillelmo, le dice al final que por todas partes se habla de un Judío Errante, y que en aquel tiempo estaba en Astrakán, y allí predicaba que el cristianismo sería reformado en el año 1700. Y en la epístola VII, escrita a Codabafrad-Kheik, mahometano,  el mismo año de 1672, le da cuenta de todo lo que el Judío Errante predicaba y vaticinaba en Astrakán. Dice que había allí un pariente del “Espion” llamado Fousi, gran viajero y mercader, y que de él había recibido poco antes una carta con las noticias del Judío Errante.

Vaticinaba, dice el “Espion”, que hacia el año de 1700 de la égira de los cristianos los otomanos inundarían Europa, o toda la cristiandad de la tierra firme; que los cristianos recurrirían a Inglaterra como asilo, y allí se levantaría un gran personaje que, hecho caudillo de los cristianos conquistaría Jerusalén; que entonces los judíos abrirían los ojos y reconocerían a Jesucristo por el  verdadero Mesías. Pero el “Espion” lo refiere, pero no lo cree.

Finalmente, el Padre Luis Babenstuber, benedictino alemán, en un tomo dividido en tres libros, que imprimió en Ausburgo el año de 1724 en que trata de cincuenta y una cuestiones “Quodlibeticas” curiosas, en la cuestión XVI del tercer libro propone la cuestión de  “si, fuera de Elías y Enoch, hay en el mundo algún hombre de mayor edad o más larga vida que Matusalén”.  En ella, después de tratar de Elías y Enoch, entra en la especie del Judío Errante, en que habiendo referido casi lo mismo que Jacobo Basnage, añade lo siguiente: 

“Visus est autem hic Judaeus ab innumeris mortalibus in multis Europeae partibus, nempe anno Christi 1547 Hamburgi, anno 1575 Matriti in Hispania, anno 1599 Viennae in Austria, anno 1610 Lubecae, anno 1634 in Moscovia. Alia plura sciens praetereo”.

Estas son todas las noticias que pude adquirir del Judío Errante. Por las cuales tiene vuestra merced que este hombre, de dos modos peregrino,  apareció en Inglaterra el año de 1229; el año de 1547, en Hamburgo; en el 1575, en Madrid; el de 1599, en Viena de Austria; el de 1610, en Lubeck; el de 1654, en Moscovia; el de 1643, en París; el de 1672, en Astrakán, y pocos años después, en Londres.

¿Pero podemos dar alguna fe a estas noticias?  Juzgo que ninguna; moviéndome al disenso, no tanto la variedad de los escritores en algunas circunstancias, pues esto sucede también a no pocas verdades históricas muy calificadas, cuanto que el que da la noticia más antigua, que se halla en los historiadores, es del año 1229, fecha sin duda muy reciente para un hecho tan antiguo.  ¿Cómo es creíble que de un suceso de tan extraña magnitud, tan peregrino, tan único en su especie, tan oportuno para apoyar la verdad de la religión cristiana contra los gentiles, no hiciesen memoria ninguno de los Padres de los primeros siglos?  Aún prescindiendo de esta gravísima importancia, porque añade un brillante de muy singular hermosura a la gloriosa Pasión del Salvador, era digno el caso, no sólo de las plumas de los Padres, más aún de los evangelistas.

Mas, ¿cuál será el origen de esta fábula? Nunca me fatigaré mucho en inquirir el origen de las fábulas, porque ordinariamente es un trabajo inútil, ya porque, aunque la tengan en algún suceso verdadero que no ha llegado a nuestra noticia, ya porque frecuentísimamente las fábulas no tienen más principio que la inventiva de un embustero a quien se antojó fabricarlas. Y esto es comunísimo cuando el embustero tiene algún interés en ser creído, lo que sin duda sucede en nuestro caso: Un hombre muy hábil y sagaz, bien instruído en noticias históricas y en ocho o nueve lenguas, ¿qué vida más gustosa podría elegir que la de tunante, fingiendo ser el judío de que hablamos? Podría discurrir por todos los reinos de la cristiandad, con acceso libre aún a los solios de los príncipes, no sólo socorridos en lo necesario, más aún en lo superfluo por personas de todas las condiciones, estimuladas para ello de la curiosidad y de la piedad. ¿Qué mas motivo, pues, es menester que éste para que fingiese esta patraña el primero que la practicó, y para que después le imitasen otros bribones que quisieron hacer el mismo papel?

Pero si vuestra merced quiere algo más que este común principio de infinitas fábulas, digo algún principio particular de la del Judío Errante, le diré que ésta pudo tener origen remoto en un hecho verdadero, y el próximo en otra fábula que desfiguró aquel hecho verdadero.  El hecho verdadero, como conforme a la Sagrada Escritura, a la tradición, y apoyado por los Santos Padres, es la conservación del profeta Elías sobre la tierra hasta el fin del mundo.  Sobre este verdadero fundamento fabricaron los mahometanos una fábula que refiere Bartolomé Herbelot en su Biblioteca Oriental, página 932, verbo “Zerib”, citando al autor del “Nighiaristan”.

En el sexto de la Hégira, después que los árabes tomaron la ciudad de Holvan o Hulvan, en Siria,  trescientos caballeros que volvían de aquella empresa, al acabarse el día, vinieron a acampar entre dos montañas de aquella región. Su caudillo, llamado Fadhilah, intimó a la tropa hiciese la oración vespertina, según el rito mahometano, que empieza: “Dios es grande”. Pero no bien lo hizo, cuando las oyó repetir de un sitio donde no aparecía persona alguna. Pensó al principio que fuese el eco. Mas prosiguiendo la repetición clara y distinta de todas las palabras al punto que iba prosiguiendo su oración, vino a caer en que algún personaje invisible era el repetidor.

Por lo cual dirigiéndose a él, le dijo: “Tú, que me respondes, si eres del orden de los ángeles, el Señor sea contigo; y si eres del género de los otros espíritus, te conjuro para que te vayas; mas si eres hombre como yo, hazte presente a mis ojos para que yo goce de tu vista y conversación”.  Al acabar de decirlo apareció ante él un viejo calvo con un báculo en la mano que tenía todo el aire de un derviche, o religioso mahometano; el cual preguntado de su nombre y estado, le respondió que se llamaba Zerib-Bar-Elia, y que habitaba en ese sitio por orden de Jesucristo, que le había dejado en este mundo para vivir en él hasta su segunda venida. Le preguntó cuándo sería la segunda venida, a lo que respondió Zerib que cuando varones y hembras se mezclasen sin distinción de sexos; cuando la abundancia de víveres no aminorase su precio; cuando los pobres no hallasen quien los socorriese por estar enteramente extinguida la caridad; cuando no hiciesen irrisión de la Sagrada Escritura, poniendo sus misterios en ridículas coplillas; cuando los templos dedicados al verdadero Dios fuesen ocupados por los ídolos, entonces estaría próximo el Juicio Final ; y dicho esto, desapareció.

Este cuento envuelve un manifiesto trastorno de lo que dice el sagrado texto del rapto de Elías, y de lo que, consiguientemente a él y a otros lugares de la Escritura, sienten, uniformes, cristianos y judíos de la conservación de aquel profeta en la tierra hasta el fin del mundo.  Elías tuvo  aquel destino cerca de novecientos años antes de la venida de Cristo, y el cuento mahometano atribuye a Cristo esta disposición.  !Horrendo anacronismo!, pero nada extraña en la crasa ignorancia de los mahometanos, los cuales, con su mismo falso profeta, en la inteligencia de la Escritura confunden tiempos y personas con la mayor extravagancia imaginable.

En el capítulo III del Corán identifica Mahoma en una misma persona a María, hermana de Moisés y Aarón, con María, madre de Jesús, Señora nuestra, siendo aquella mucho más anterior a ésta que Elías a Cristo.

Y en el capítulo XVII, según explica su famoso comentador Gelaledín, la invasión de Goliat y su ejército contra los israelitas, fue castigo de haber muerto éstos a Zacarías, padre del Bautista, y la de Nabucodonosor, de haber muerto al mismo Bautista.  A vista de estos y otros trastornos monstruosos de la Escritura, tanto del Viejo como del Nuevo Testamento, muy frecuentes en el Corán y en sus comentadores, se me ha ocurrido como verosímil, que algunos mahometanos, confundiendo un Juan con otro, el Bautista con el evangelista, aplicasen a una misma persona dos dichos de Cristo; uno respectivo al Bautista, otro al evangelista. Dijo Cristo del Bautista: “Ipse est Elias, qui venturus est”, (Matth. cap. XI). Y del evangelista, (Jn. cap. XXI) : “Sic eum volo manere, donec veniam” ; lo que entendieron los demás discípulos como un decreto de Cristo para la conservación de su vida hasta el juicio final.

La persuasión, pues, de ser Elías de quien pronunció Cristo : “Sic eum volo manere, donec veniam”, abrió puerta al cuento mahometano del Nighiaristan. Y este cuento, divulgado, excitó a algún pícaro, (mahometano acaso), la especie de atribuirse a sí mismo la disposición de Cristo para vivir hasta el fin del mundo, armado para esto con la narración que arriba se dijo del Judío Errante.

Pero vuestra merced aténgase en todo caso a lo dicho arriba; que no es menester buscar en historias desfiguradas el origen de infinitas fábulas. La imaginación del hombre tiene una actividad tan prodigiosa para tales invenciones, que es capaz de criar el “todo de la mentira”, del “nada de la verdad”.

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8 comentarios leave one →
  1. Rufo permalink
    diciembre 20, 2016 3:38 am

    El jesuita Masiá niega públicamente el dogma católico de la virginidad de María

    http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=28082

  2. diciembre 20, 2016 9:20 am

    ¿SINCERICIDIO O BRUTAL HONESTIDAD INTELECTUAL? ¡QUÉ IMPORTA!

    IMPRESIONANTE, SUMAMENTE IMPRESIONANTES REFLEXIONES DEL RABINO YOSEF BEN PORAT SOBRE ADOLF HITLER, RICHARD WAGNER, EL COMUNISMO, LEÓN TROTSKI, LA KGB, EL ARTE ALEMÁN, EL VENENO HEBREO, ETC..

    ES IMPRESCINDIBLE Y OBLIGATORIO PARA TODO CRISTIANO (Y NO CRISTIANO) VER EL PRESENTE VIDEO:

    ¡¡¡ SORPRENDENTE, VINIENDO DE UN HEBREO ULTRA ORTODOXO !!!

  3. diciembre 20, 2016 10:02 am

    MUNDO HEBRAICO 👿 😈

    La influencia Judía en Argentina


  4. Restaurador permalink
    diciembre 22, 2016 2:39 pm

    Foro Católico:

    ¿Qué opinión te merece la película mexicana “LA DICTADURA PERFECTA” (2014), dirigida y producida por Luis Estrada? Muchas gracias.

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