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8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

diciembre 8, 2016

Inmaculada

Por San Alfonso María Ligorio

Grande fue la ruina que el pecado de Adán trajo a los seres humanos, pues al perder la gracia o amistad con Dios se perdieron también muchísimos bienes que con la gracia iban a venir, y en cambio llegaron muchos males.

Pero quiso Dios hacer una excepción y librar de la mancha del pecado original a la Santísima Virgen a la que Él había destinado para ser madre del segundo Adán, Jesucristo, el cual venía a reparar los daños que causó el primer Adán.

Veamos cómo convenía que Dios librara de la mancha del pecado original a la Virgen María. El Padre como a su Hija preferida. El Hijo como a su Madre Santísima, y el Espíritu Santo como a la que había de ser Sagrario de la divinidad.

PUNTO I: Convenía al Padre Celestial preservar de toda mancha a María Santísima, porque Ella es su hija preferida.

Ella puede repetir lo que la Sagrada Escritura dice de la Sabiduría: “yo he salido de la boca del Altísimo” (Ecl. 24, 3).

Ella fue la predestinada por los divinos decretos para ser la madre del Redentor del mundo. No convenía de ninguna manera que la Hija preferida del Padre Celestial fuera ni siquiera por muy poco tiempo esclava de Satanás. San Dionisio de Alejandría dice que nosotros mientras tuvimos la mancha del pecado original éramos hijos de la muerte, pero que la Virgen María desde su primer instante fue hija de la vida.

San Juan Damasceno afirma que la Virgen colaboró siendo mediadora de paz entre Dios y nosotros y que en esto se asemeja al Arca de Noé: en que los que en ella se refugian se salvan de la catástrofe; aunque con una diferencia: que el Arca de Noé solo libró de perecer a ocho personas, mientras que la Madre de Dios libra a todos los que en Ella busquen refugio, aunque sean miles de millones.

San Atanasio llama a María: “nueva Eva, y Madre de la vida”, en contraposición a la antigua Eva que nos trajo la muerte. San Teófilo le dice: “Salve, tú que has alejado la tristeza que Eva nos había dejado”. San Basilio la llama “pacificadora entre Dios y los seres humanos” y San Efrén la felicita como: “pacificadora del mundo”.

Pero el pacificador no debe ser enemigo del ofendido ni estar complicado en el delito u ofensa que se le ha hecho. San Gregorio dice que si para aplacar a un ofendido llamamos a uno que es su enemigo, en vez de aplacarlo lo irritamos más. Siendo que María iba a colaborar con Cristo a conseguir la paz entre Dios y nosotros, no convenía que ella fuera una pecadora o enemiga de Dios sino todo lo contrario: una mujer con el alma totalmente libre de toda mancha de pecado.

Convenía que María no tuviera la mancha del pecado original porque ella estaba destinada a llevar entre sus brazos al que iba a pisar la cabeza del enemigo infernal, según la promesa que Dios hizo en el Paraíso terrenal, cuando le dijo a la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su descendencia y la tuya, y la descendencia de Ella te pisará la cabeza” (Génesis 3). Si María iba a ser la mujer fuerte que traería al que iba a aplastar la cabeza de Lucifer, convenía que Ella no estuviera ni siquiera por poco tiempo manchada con el pecado con el cual Lucifer manchó el alma de nuestros primeros padres. La que nos iba a ayudar a librarnos de toda mancha de pecado convenía que no tuviera ninguna mancha de pecado.

San Buenaventura dice: “Convenía que María que venía a librarnos de la vergüenza de estar manchados con el pecado, lograra verse libre de las derrotas que el demonio proporciona”.

Pero la razón principal por la cual convenía que el Padre Celestial librara a María de todo pecado es porque la tenía destinada a ser Madre de su Santísimo Hijo. San Bernardino decía que si no hubiera otros motivos bastaría este: que por el honor de su Hijo que es Dios, al Padre Celestial le convenía librar a María de toda mancha de pecado.

Santo Tomás enseña que lo que se consagra totalmente a Dios debe ser santo y libre de toda mancha. ¿Y qué creatura humana ha sido consagrada más perfectamente a Dios que la Virgen María? El rey David decía que un templo no se destina para los seres humanos solamente, sino sobre todo para Dios (1 Crónicas 29) y así también el Creador que formó a la Santísima Virgen con un fin principal: ser Madre de su Santísimo, seguramente adornó su alma con los más bellos adornos, y entre todos, el mejor: el estar libre de toda mancha de pecado, para que fuera digna morada donde iba a vivir nueve meses el Salvador del mundo.

San Dionisio afirma: “Dios preparó a su Hijo la más santa y bella morada en ese mundo: el alma de su Madre Santísima, libre de toda mancha”.

Y algo parecido dice la liturgia de la Iglesia cuando reza esta oración: “Oh Dios Omnipotente que por medio del Espíritu Santo has preparado el cuerpo y el alma de María como digna morada de tu Hijo, concédenos a los que la invocamos, vernos libres de todo mal. Amén”.

Gloria de los hijos es proceder de padres de intachable conducta. El libro de los Proverbios dice: “La gloria de los hijos son sus padres” (Prov. 17, 6). La gente llega a aceptar que los demás digan que sus padres eran pobres o ignorantes, pero lo que no desean de ninguna manera es que puedan afirmar que sus padres no eran gente buena. ¿Y cómo nos pudiéramos nosotros imaginar que Dios pudiendo hacer que su Hijo naciera de una mujer libre de toda mancha de pecado, hubiera permitido que Ella hubiera estado manchada por el pecado, y que Lucifer pudiera afirmar que aunque fuera por poco tiempo, había logrado esclavizar con el pecado a la Madre de Dios? No, esto nunca lo iba a permitir el buen Dios.

Por eso la Iglesia griega en uno de sus himnos dice: “Por especial Providencia hizo Dios que la Santísima Virgen desde el principio de su vida fuera tan totalmente pura cuanto convenía a su dignidad de Madre de Dios”.

Los santos dicen que a ninguna otra creatura le concede Dios alguna virtud o cualidad espiritual que no le haya dado antes a la Madre de su Hijo. San Bernardo afirma: “Las cualidades o virtudes que a otros santos da Dios, no se las negó a la Madre del Redentor”. Santo Tomás de Villanueva dice: “Esas cualidades y virtudes y privilegios que Dios les ha concedido a otros santos, ya antes los había regalado a la Santísima Virgen, y aún mucho mayores”. Y San Juan Damasceno se atreve a exclamar: “Entre las virtudes de la Santísima Virgen y las de los santos hay tanta diferencia como del cielo a la tierra”, y Santo Tomás explica que Ella es la Madre y los demás santos son simplemente “siervos”, y que se le acostumbra conceder más privilegios a la Madre que a los siervos.

San Anselmo se pregunta: ¿Pudo Dios preservar a ciertos ángeles de toda mancha de pecado, y no podía preservar a su propia Madre? ¿Pudo Dios crear a Eva sin mancha de pecado y no iba a poder crear el alma de María sin esa mancha? Y si pudo hacerlo y le convenía hacerlo, ¿por qué no iba a hacerlo?

Y continúa el gran doctor San Anselmo: “Era verdaderamente justo que a la Virgen a la cual tenía Dios reservada para ser Madre de su Hijo, la adornara con tan gran pureza que no sólo aventajara a los seres humanos y a los ángeles sino que también se pudiera decir de Ella que en pureza sólo le gana Dios”.

San Juan Damasceno exclama: “Dios vigilaba cerca de la Santísima Virgen, para que fuera totalmente pura, porque Ella iba a albergar por nueve meses al Salvador del mundo y lo iba a acompañar en todos sus 33 años sobre la tierra. La que iba a estar junto al más puro de todos los habitantes de la tierra, debía ser también totalmente Inmaculada y libre de toda mancha de pecado”.

De María se pueden repetir las palabras del Cantar de los Cantares: “Eres como un lirio entre espinas” (C. 2, 2). Todos fuimos manchados y somos como espinas, y Ella como un lirio blanquísimo, permaneció Inmaculada, sin mancha de pecado.

PUNTO II: Convenía al Hijo de Dios preservar a su Santísima Madre de toda mancha de pecado.

No se concede a los hijos poder escoger a su propia madre ni elegir qué tan santa debe ser. Pero si ello se nos permitiera, nosotros no iríamos a escoger por madre a quien no fuera bien santa y bien amiga de Dios. ¿Y Jesús que fue el Único Hijo que pudo escoger a su propia Madre y crearla según su parecer, no iba a hacer que la que le diera su naturaleza humana y lo acompañara cariñosamente durante toda su vida mortal fuera una mujer extraordinariamente pura y totalmente libre de toda mancha de pecado?

Cuando el Creador determinó que su Hijo naciera de una mujer, escogió a la que más convenía a su Altísima dignidad, dice San Bernardo. Y siendo conveniente que la Madre de un Redentor Purísimo fuera Ella también totalmente pura, así la hizo Nuestro Señor.

La Carta a los Hebreos dice: “Tal convenía que fuera nuestro Pontífice: santo, inocente, sin mancha de pecado, apartado de los pecadores” (Hebr. 7, 26). ¿Y la Madre de este Pontífice Supremo no convenía que fuera también Santa, inocente, sin mancha? ¿Y cómo se hubiera podido afirmar que Jesucristo estaba “apartado delos pecadores” si hubiera tenido una Madre pecadora?

San Ambrosio enseña: “Jesucristo eligió a María por Madre, no en la tierra, sino ya desde el cielo, y para morar en Ella y nacer de Ella y vivir acompañado por Ella, la llenó totalmente de santidad y de pureza”. Y este santo se atreve a llamar a María ‘Mansión Celestial’, no porque Ella no fuera humana, sino porque el Señor la adornó con cualidades celestiales para ser mansión donde viviera el Hijo de Dios.

Santa Brígida dice que en una revelación oyó que María superaba a los ángeles en santidad por estar destinada a traer al mundo al Redentor.

Y la misma santa añade: “María fue concebida sin mancha del pecado original, para que de Ella naciera el Hijo de Dios, también sin mancha alguna. Jesús no quiso permitir que la Madre de la cual iba a nacer, tuviera ni siquiera por breve tiempo, la mancha del pecado en su alma.

Los santos dicen que Dios libró a la Virgen María de padecer la podredumbre de un sepulcro, porque hubiera sido una deshonra para Jesucristo que su Madre se pudriera en una tumba. Pues si hubiera sido deshonroso para Jesucristo que su Madre sufriera la podredumbre de un sepulcro, mucho más deshonroso hubiera sido para Él que María hubiera tenido en su alma, aunque fuera por poco tiempo, la podredumbre del pecado. Hubiera sido verdaderamente deshonroso para Cristo encarnarse en una madre manchada por el pecado, y esclava de los enemigos del alma.

María no sólo fue Madre, sino digna Madre del Redentor, como la han llamado infinidad de santos. San Bernardo le dice: “Sólo tú has sido digna de que el Rey Celestial te eligiera para Madre suya”. Santo Tomás de Villanueva afirma: “Si la escogió Dios para madre de su Hijo, es porque estaba bien preparada para este oficio sublime”. La misma Iglesia Católica en una de sus oraciones dice: “La Santísima Virgen, cuyas entrañas merecieron llevar al Salvador del mundo”. Y Santo Tomás de Aquino lo explica así: “Decimos que Ella mereció llevar en sus entrañas al Salvador del mundo, no porque Ella mereciera por sí misma la Encarnación, sino porque recibió de Dios todo el grado de pureza y de santidad, que eran convenientes para ser Madre del Salvador”. Y San Pedro Damián añade: “María recibió de Dios tal grado de santidad que mereció el singular privilegio de ser la única digna de ser elegida como Madre del Redentor”.

Santo Tomás enseña que cuando Dios elige a una persona para un oficio especial le concede las gracias y cualidades que necesita para este oficio. Y deduce de esto que si escogió a María para Madre del Redentor, seguramente le concedió a Ella todas las gracias y cualidades que este sublime oficio exigía. Y es que el ángel le dijo: “No temas María, que has hallado gracia delante de Dios” (S. Lucas 1, 30). Si María hubiera tenido mancha de pecado, no hubiera hallado esa gracia y simpatía delante de Dios. Para Jesús habría sido un verdadero desdoro haber tenido por madre a una mujer manchada de pecado.

San Agustín cuando habla de la Santísima Virgen dice: “aquí ni siquiera me atrevo a nombrar el pecado, porque Ella por la excelsa condición de estar destinada a ser Madre de Cristo, tenía que estar libre de todo pecado. María que concibió y dio a luz al que no tuvo la más mínima mancha de pecado, debía estar ella también libre de esa mancha, y recibió gracias especialísimas para vencer en todo el pecado” (De Nat y grat. L.C. 36 Nº 42).

De todo esto teneos que concluir que el Hijo de Dios se escogió por Madre a una mujer tan pura que nunca tuviera que avergonzarse de estar manchada con pecado alguno.

San Proclo exclama: “Para Jesús nunca fue deshonroso que lo llamaran el hijo de María. Pero sí le habría sido deshonroso que los demonios le hubieran podido decir: ‘Tu madre fue pecadora en otro tiempo y esclava nuestra'”.

Dios que es la Sabiduría misma supo fabricarse muy sabiamente en la tierra a la que había de ser morada de su Hijo. Y si el profeta anunció: “La sabiduría no morará con gusto en cuerpo manchado por el pecado” (Sap. 1, 4) ¿cómo podríamos imaginar que el Hijo de Dios, Sabiduría Infinita, hubiera escogido habitar en su encarnación, a una mujer que no estuviera absolutamente libre de toda mancha de pecado?

Un autor sagrado decía: Dios no encontró otro palacio más bello ni más puro que la Virgen María, para que su Hijo Santísimo viniera a habitar y nacer.

San Cirilo afirma: ¿Qué tal que uno construyera una hermosa morada para sí mismo y después se la diera a un enemigo suyo para que la habitara? ¿Y qué diríamos de Dios, que habiendo formado a la Virgen Santísima para orada y nacimiento de su Hijo, le dejara luego esa santa morada al pecado para que la habitase?

Ningún hijo amó ni amará jamás a su propia madre con un amor tan grande como el de Jesús a María. ¿Y podríamos decir que la amaba verdaderamente si la dejaba esclava del pecado? ¿Si la honra como ningún otro hijo ha honrado a la propia madre, podría permitir que quedara deshonrada con la mancha del pecado? Pregunta Gerson.

San Agustín dice que hay dos modos de redimir: uno, levantando a quien ya cayó en pecado, y otro, evitando que la persona caiga en pecado. Pues a María la redimió de este modo, superior al otro: la libró de toda mancha de pecado, y de caer en pecado.

San Buenaventura en un sermón decía que el Espíritu Santo en vez de tener que liberar después a María Santísima del pecado original, la preservó de este pecado desde el momento mismo de su Inmaculada Concepción.

Y el Cardenal Cussano dice algo muy parecido: “A María, la gracia de Dios la preservó de toda mancha de pecado, mientras que a las demás creaturas lo que hace la gracia es liberarlas de las manchas del pecado que ya tienen. A Ella el Redentor la preservó de mancharse el alma con el pecado, mientras que a los demás el Redentor los libera de esa mancha de pecado cuando ya la han contraído”.

Hugo de San Víctor exclama: “El fruto declara qué tal es el árbol que lo produjo. Si el fruto del vientre de la Virgen María fue Jesús, el totalmente puro, el Inmaculado y Santísimo, así la Madre que lo engendró debió ser totalmente pura, inmaculada y santísima. Sólo María fue digna de ser Madre de tal Hijo, y sólo Jesús fue digno de ser hijo de tal Madre”.

San Ildefonso le dice: “porque eres perfecta y totalmente pura, por eso fuiste elegida para ser Madre del Creador”.

PUNTO III: Convenía al Espíritu Santo que María fuera totalmente libre de toda mancha de pecado.

Santo Tomás llama a María: “Sagrario del Espíritu Santo”. Varios santos la llaman “Templo del Espíritu Santo”. Pues bien, el Espíritu Santo estaría más contento y más satisfecho si el Sagrario o el templo donde iba a habitar era totalmente libre de toda mancha de pecado. Por eso Dios libró a María de toda mancha pecaminosa.

En el Cantar de los Cantares se dice algo que le corresponde muy bien a María Santísima: “Eres totalmente hermosa y en ti no hay mancha alguna ni defecto” (Cant. 4, 7) y también: Tu eres como un huerto cerrado a donde no han llegado los enemigos a hacer mal, y eres como una fuente sellada que nadie ha podido contaminar (Cant. 4, 12). San Bernardo dice que el Espíritu Santo que es el autor principal de la Sagrada Biblia, afirmó esto de la Santísima Virgen. Y en el Libro Sagrado sigue diciendo: “Las jóvenes son muchas, pero una sola es mi paloma, la perfectamente pura” (Cant. 6, 7).

Por eso el Ángel le dijo al saludarla “Salve, llena de gracia”. San Sofronio dice que a las demás creaturas les concede Dios mucha gracia y bendición, pero que a María la llenó totalmente de su gracia. Y si estaba llena de gracia de Dios no podía tener mancha de pecado en su alma.

San Pedro Damián afirma: “La que Dios eligió para ser Madre de su Hijo debía tener su alma totalmente llena del Espíritu Santo”. Y por lo tanto sin sitio para la mancha del pecado.

Los Santos afirman: “María estuvo siempre llena de luz espiritual en el alma, y nunca tuvo tinieblas de pecado en su espíritu”. – “Dios que creó pura a la Madre carnal de los seres humanos, también podía crear totalmente pura a María, la Madre espiritual de todos los creyentes” – .

San Bernardino afirma: “No es aceptable que Jesús quisiera nacer de una madre manchada por el pecado, pudiendo nacer de una madre totalmente pura y santa”.

Si el ángel le dice: “Has hallado gracia delante de Dios” puede significar que en su alma no había ninguna mancha de pecado que la hiciera antipática ante Nuestro Señor.

Ya en el año 1661 solamente entre los Padre Dominicos (que eran los más reacios) se habían contabilizado 136 escritores de esa Orden religiosa que proclamaban que María no tuvo ni la más mínima mancha de pecado en su alma. Y las Universidades más famosas de entonces: la de La Sorbona en París, las de Colonia y Nápoles en Italia, las de Salamanca y Alcalá en España y la de Maguncia en Alemania, declararon solemnemente estar totalmente de acuerdo con la idea de que María Santísima fue preservada de toda mancha de pecado. Si tan altos intelectuales lo han proclamado, ¿por qué no proclamar esto mismo todos los fieles sencillos de la Iglesia Católica?

La Iglesia Católica ha celebrado desde muy antiguo la fiesta de la Inmaculada Concepción, en recuerdo de que María fue concebida sin pecado original, y esta fiesta la han aprobado los Sumos Pontífices y los obispos de todo el mundo.

La Iglesia celebra también el 8 de septiembre la fiesta del nacimiento de la Virgen María. Santo Tomás enseña que la Iglesia católica no acostumbra celebrar el nacimiento de sus santos, pero que a María sí le celebra el nacimiento porque Ella fue totalmente santa ya desde antes de nacer (Summa. T. 3, q. 27 a 1).

ORACIÓN: Inmaculada Madre Mía, me alegro contigo al verte enriquecida con tanta pureza por parte de Dios y quiero dar gracias al Creador por haberte preservado de toda mancha de pecado, como lo creo firmemente. Y estoy siempre dispuesto a defender la gran verdad de que has sido concebida sin mancha de pecado original.

Quisiera que todo el mundo te admirara y te alabara, como la Aurora que anuncia la llegada del Sol, que es Jesucristo; como el Arca de la Nueva Alianza, que se salvó del naufragio de la mancha del pecado original, como la Paloma sin mancha y blanquísima, como el Huerto cerrado al cual no han logrado llegar los enemigos del alma, como la Fuente Sellada que no ha sido contaminada, como el blanco lirio que floreció entre las espinas, pues en medio de tantas gentes manchadas con el pecado, tu naciste y te conservaste siempre blanca, pura y completamente amiga del Divino Creador.

Permíteme que te alabe con las palabras pronunciadas por el mismo Dios: “Toda hermosa eres tú, y en ti no hay mancha alguna”. Oh amabilísima e Inmaculada María: tu que eres tan bella ante los ojos de Dios, no dejes de mirar con compasión a las asquerosas llagas de mi pobre alma. Mírame con compasión y ayúdame a curarme de las llagas de mis pecados. Tú que eres un imán que atrae los corazones, atráeme también a mí hacia tu corazón maternal. Tú que desde el primer momento de la vida apareciste tan completamente pura y tan agradable a Dios, ruega por mi que no sólo nací con la mancha del pecado original sino que durante toda mi vida he venido manchando mi alma con tantas culpas y pecados. Dios que te eligió como Hija predilecta del Padre, y Madre Santísima del Hijo y Sagrario del Espíritu Santo, y por eso te libró de toda mancha de pecado y te demostró más amor que a toda otra creatura, ¿qué favor o gracia que pidas para nosotros te podrá negar? Virgen Inmaculada: ¡tienes que ayudarme a salvarme! Por eso te digo con San Felipe Neri: haz que yo siempre me acuerde de Ti, y Tú nunca te olvides de mí. Me parece que faltaran mil años todavía para poder contemplar tu hermoso rostro maternal en el cielo, para empezar a amarte y alabarte en el Paraíso como a la más buena de las madres, mi madrecita, mi Reina, mi gran benefactora, la más bella, la más amable, la más pura, la siempre Inmaculada Virgen María. Amén.

Papa Pío IX

Papa Pío IX

Pío IX, el papa de la Inmaculada Concepción

Antecedentes de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, que «será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los días más gloriosos de la Historia» — extractos de la obra «Pío IX», del Prof. Roberto de Mattei *

El 2 de febrero de 1849, el Pontífice —que el 1º de julio del año anterior había nombrado una comisión de teólogos para examinar la posibilidad y la oportunidad de la definición— dirigía a todos los obispos del mundo la encíclica Ubi primum nullis, a fin de pedir el parecer de todo el episcopado católico sobre el mérito de la definición.

Las respuestas favorables de los obispos a la encíclica fueron 546 —de un total de 603— es decir, más del 90%. Confortado, así, por el apoyo del episcopado, además de los pareceres emitidos por una congregación cardenalicia y una comisión teológica, expresamente constituidas para ese fin, y de laCompilación redactada por otra comisión, dirigida por el cardenal Raffaele Fornari, conargumentos para servir al redactor de la Bula dogmática, Pío IX anunció, finalmente, el 1º de diciembre de 1854, al Sagrado Colegio reunido en consistorio secreto, la inminente proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, prevista para el día 8 del mismo mes.

La Bula Ineffabilis Deus fue, así, el resultado de nueve esquemas sucesivamente elaborados, a través de la consulta hecha a diversas comisiones encargadas del trabajo de preparación.

*     *     *

Viernes, 8 de diciembre de 1854. Desde las seis de la mañana, las puertas de San Pedro estuvieron abiertas y, a las ocho, la inmensa basílica ya estaba repleta de pueblo. En la capilla Sixtina, donde estaban reunidos 53 cardenales, 43 arzobispos y 99 obispos, llegados de todo el mundo, tuvo inicio una gran procesión litúrgica que se dirigió hacia el altar de la Confesión, en la basílica del Vaticano, donde Pío IX celebró la Misa solemne.

Al terminar el canto del Evangelio en griego y latín, el cardenal Macchi, decano del Sacro Colegio, asistido por el miembro de mayor edad del episcopado latino, por un arzobispo griego y uno armenio, vino a postrarse a los pies del Pontífice a implorarle, en latín y con voz sorprendentemente enérgica para sus 85 años, el decreto que habría de ocasionar alegría en el Cielo y el mayor entusiasmo en toda la Tierra. Después de entonar el Veni Creator, el Papa se sentó en el trono y, portando la tiara sobre la cabeza, leyó con tono grave y voz fuerte la solemne definición dogmática.

*     *     *

Desde el momento en que el cardenal decano hizo la súplica para la promulgación del dogma hasta el Te Deum, que fue cantado después de la Misa, a la señal dada por un tiro de cañón desde el Castillo de Sant’Angelo —durante una hora, de las once al mediodía— todas las campanas de las iglesias de Roma tocaron festivamente para celebrar aquel día que, como escribe Mons. Campana, “será hasta el fin de los siglos recordado como uno de los más gloriosos de la historia. […] La importancia de este acto no puede pasar inadvertida por nadie. Fue la solemne afirmación de la vitalidad de la Iglesia, en el momento en que la impiedad desenfrenada se vanagloriaba de haberla casi destruido”.1
Todos los presentes afirman que, en el momento de la proclamación del dogma, el rostro de Pío IX, bañado en lágrimas, fue iluminado por un haz de luz que bajó de lo alto.2 Mons. Piolanti, que estudió los testimonios dejados por los fieles que presenciaron el hecho, afirma, a la luz de su amplia experiencia en la basílica del Vaticano, que en ningún periodo del año, mucho menos en diciembre, es posible que un rayo de sol entre por una de las ventanas para iluminar cualquier punto del ábside donde se encontraba Pío IX,3 y concuerda con la descripción hecha por la madre Julia Filippani, de las Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús, presente en San Pedro con su familia en el momento de la definición, según la cual no era posible explicar naturalmente el extraordinario fulgor que iluminó el rostro de Pío IX y todo el ábside: “Aquella luz —declara ella— fue atribuida por todos a una causa sobrenatural”.4

La definición del dogma de la Inmaculada Concepción suscitó un extraordinario entusiasmo en el mundo católico y reveló la vitalidad de la fe católica, en un siglo agredido por el racionalismo y por el naturalismo. “Después de la definición del Concilio de Éfeso sobre la divina maternidad de María —escribe aún el teólogo Campana— la historia no puede registrar otro hecho que haya suscitado tan vivo entusiasmo por la Reina del Cielo como la definición de su total exención de culpa”.5

Entre los numerosísimos recuerdos de la solemne definición que permanecieron hasta nuestros días, se conserva aún la columna de la Inmaculada, en la Plaza de España, en Roma, erguida el 18 de diciembre de 1856 y bendecida por Pío IX el 8 de septiembre de 1857.

*     *     *

El primer gran acto del Pontificado de Pío IX —la definición del dogma de la Inmaculada— es mucho más que la pública expresión de aquella profunda devoción a la Santísima Virgen, que desde la infancia había caracterizado la espiritualidad de Giovanni María Mastai Ferretti. Manifiesta su profunda convicción en la existencia de una relación entre la Madre de Dios y los acontecimientos históricos, y, de modo particular, de la importancia del privilegio de su Inmaculada Concepción, como antídoto para los errores contemporáneos, cuyo punto de apoyo está precisamente en la negación del pecado original.

El fundamento de este privilegio mariano está en la absoluta oposición existente entre Dios y el pecado. Al hombre concebido en pecado se contrapone María, concebida sin pecado. Y a María, en cuanto Inmaculada, le fue reservado vencer al mal, los errores y las herejías que nacen y se desarrollan en el mundo a consecuencia del pecado. De María la Iglesia canta la alabanza: Cun ctas haereses sola interemisti in universo mundo.6

El privilegio de la Inmaculada debe ser considerado, pues, no de manera abstracta y estática, sino en su proyección histórica y social. La Inmaculada no es, en verdad, una figura aislada de las otras naturalezas humanas que fueron, que son y que serán: “Toda la historia humana es iluminada y ennoblecida por esta excelsa criatura, la única que, en perfección, es inferior solamente a Dios”.7

*     *     *

En el cuadro teológico de la Ineffabilis Deus, la Santísima Virgen se nos presenta, pues, como la vencedora gloriosa de las herejías de la cual hablan todos los Pontífices. Y es a la oposición entre la Virgen toda bella e Inmaculada y la crudelísima serpiente, que nos remite, como a sus primeros y fundamentales agentes, el antagonismo radical entre la Iglesia y aquella Revolución de los tiempos modernos, que tiene sus gérmenes más activos y profundos en el desorden de las pasiones, fruto del pecado del hombre decaído.8

La Revolución —organización social del pecado— está destinada a ser vencida por la gracia, don divino concedido a los hombres en la Cruz por Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen Dolorosa, Regina Martyrum, fue asociada a esta obra redentora, a los pies de la Cruz, por haber sufrido sobre el Calvario, en unión con su Hijo, el mayor de los martirios. Es en la Cruz que se funda la mediación universal y omnipotente de María, verdad que constituye la mayor razón de esperanza para todos aquellos que combaten la Revolución. Si la serpiente, cuya cabeza fue aplastada por la Virgen Inmaculada, es la primera revolucionaria, María, dispensadora y tesorera de todas las gracias, es, en verdad, el canal a través del cual los católicos alcanzarán las gracias sobrenaturales necesarias para combatir y aplastar a la Revolución en el mundo.

La lucha entre la serpiente y la Virgen, entre los hijos de la Revolución y los hijos de la Iglesia, se delinea, pues, como la lucha total e irreconciliable entre dos “familias espirituales”, como lo había profetizado en el siglo XVIII San Luis María Grignion de Montfort, el santo al cual se debe la lectura tal vez más inspirada y luminosa del pasaje del Génesis que constituye el punto de apoyo de la Ineffabilis Deus“Pondré enemistades entre ti y la Mujer; y entre tu raza y la descendencia suya, Ella quebrantará tu cabeza, y tú andarás asechando a su calcañar” (Gen. 3, 15).

“Dios —comenta San Luis María— no puso solamente una enemistad, sino enemistades, y no solamente entre María y el demonio, sino también entre la posteridad de la Santísima Virgen y la posteridad del demonio. En otras palabras, Dios puso enemistades, antipatías y odios secretos entre los verdaderos hijos y siervos de la Virgen María y los hijos y esclavos del demonio. ¡No hay entre ellos la menor sombra de amor, ni correspondencia íntima existe entre unos y otros!” 9 La oposición entre estas dos familias espirituales está destinada a dividir implacablemente la humanidad, hasta el fin de la historia. Sobre este fondo de cuadro se sitúa la lucha entre la Iglesia y la Revolución.   

Notas.-

(*) Roberto de Mattei, Pío IX, Librería Editora Civilización, Oporto, pp. 191-213.
1. Emilio Campana, María nel dogma cattolico, Marietti, Turín-Roma, 1936, pp. 598-599.
2. Positio, pp. 24, 129, 503, 1004, etc.
3. Mons. Antonio Piolanti, L´Immacolata Stella del Pontificato di Pío IX, in revista “Pío IX”, nº1 Enero-Abril, 1988), p. 42.
4. Positio, p. 129.
5. E. Campana, op. cit. p. 600.
6. Comm. Fest. B. M. V. ad Matut., ant. 7.
7. Luigi Bogliolo, Pío IX y l´Immacolata, en la revista “Pío IX” nº 3, (Setiembre-Diciembre, 1982), p. 326.
8. Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, Revolución y Contra-Revolución, Buenos Aires, 1999.
9. San Luis María Grignion de Montfort, Trattato della vera devozione a María, Centro Mariano Monfortiano, Roma, 1976, p. 53.

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13 comentarios leave one →
  1. diciembre 8, 2012 4:44 pm

    Santísima Virgen de Luján, ¡ruega por nosotros!

    LA SALETTE

  2. diciembre 9, 2012 10:03 am

    Esto fue lo que me dijo a mi el Sr. Logan en un post en este blog:
    octubre 12, 2011 6:52 pm
    Joha.

    “…la máxima aberración, que a Nuestra Señora también la bautizaron con agua… (después de la muerte y resurrección de Nuestro Señor)… “…lo que está entre paréntesis lo inventó usted, porque yo en ningún momento dije que la Virgen fue bautizada luego de la muerte y resurrección de Nuestro Señor; lo que si dije fue que ella fue bautizada en agua.

    Sr. Logan, tenga la humildad de corregir “la aberración” que yo dije, recién vaticanocatolico ha homenajeado a Nuestra Señora el día de ayer, exponiendo las pruebas según la Sagrada Tradición, de que la Santísima Virgen, si fue bautizada en agua por Nuestro Señor y luego a San Pedro; como seguramente luego también a los demás Apóstoles. Me extraña que usted siendo tan investigador y llamarse “católico” no se haya tomado la molestia de investigar más para conocer la verdad. Aquí tiene la prueba central:

    “El sacramento del bautismo, lo recibió la Virgen de manos del mismo Cristo nuestro Señor, como lo dice [San] Eutimio por estas palabras: Algunos de los muy cercanos a los tiempos de los Apóstoles, escriben que Cristo bautizó a la Virgen su Madre y a San Pedro, y San Pedro a los demás Apóstoles: lo cual fue así conveniente a su dignidad; porque no quedase [la Virgen] en este privilegio inferior a San Pedro, ni a San Juan Bautista, habiéndoles sido tan superior en todos los demás.” (si gusta vea el vídeo, hay más detalles sobre el Santo Sacramento del Bautismo de la Virgen)

    Si usted se toma la molestia de investigar más, encontrará que no solo en este libro hay más pruebas, conseguirá otros también. Bueno espero que por la gloria de Dios y la salvación de las almas saque de su error a los lectores.

    • diciembre 16, 2012 11:52 pm

      Joahny.

      ¿Sabes qué son los evangelios apócrifos?, son versiones o leyendas sobre la vida de Nuestro Señor Jesucristo que no fueron aprobadas por la Iglesia dado su contenido herético o al menos incierto. Varios de estos escritos tuvieron su origen en ciertos grupos judíos, cristianos o sectarios en momentos específicos de la historia.

      Hemos sufrido fracaso tras fracaso intentando localizar los supuestos escritos de San Eutimio quien según los Dimond sería una fuente -apócrifa- de que algunos antiguos -no dicen quiénes- señalaban que Cristo en persona bautizó a su Madre y a San Pedro, que éste último bautizó a los demás apóstoles…

      Sabemos con seguridad de que en ninguna parte de los cuatro Evangelios canónicos o del Magisterio de la Igesia se menciona ni una peuqeñísima pista de un hecho tan gravemente importante, si fuese cierto… además nos resulta muy extraño que Jesús sólo bautizara a Pedro y ¡no a los demás apóstoles!, siendo que cuando les dio la comunión, o les lavó los pies, lo hizo con todos ellos.

      Pero lo que tenemos muy claro, es que los santos del Antiguo Testamento entraron al Cielo luego de la Redención, y que murieron mucho antes de que el santo Bautismo por agua fuese instituido por Cristo.

      Así que los laicos Dimond hacen el ridículo cuando se erigen como pontífices y anatematizan a quienes sostienen como verdadera la doctrina del Bautismo de Deseo, incluidos varios papas desde el propio San Pedro, luego concilios como Trento y algunos santos padres y doctores como San Agustín y Santo Tomás de Aquino.

      Sobre esa extraña pintura que mencionan los Dimond en tus referencias, sabemos que nada tiene que ver con las Sagradas Escrituras, y ni siquiera con algún evangelio apócrifo, también nos enteramos de que esa obra fue pintada por un tal Antonio de Torres en México.

      También supimos que esa pintura estaba en la parroquia de TECAMACHALCO, una de las más marranizadas y exclusivas de América hispana, donde acuden casi puros fieles de origen hebreo, de la élite financiera y política de México. Luego supimos que la obra fue elaborada antes de la proclamación por Pío IX de la Inmaculada Concepción en 1854, dogma que confirma que la Santísima Virgen nació sin el pecado original y obviamente no requería el Sacramento del Bautismo, ya que era santísima antes de su nacimiento.

      Un escritor italiano afirma en su presentación que esa obra es una simple “pintura devocional”, con “contenido herético”, pero él la disculpa “por ser anterior” a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción.

      Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum

  3. Paco permalink
    diciembre 16, 2012 4:06 pm

    Felicidades! F.C. Gracias a Dios que les inspira hablar tan hermoso de nuestra Madre, la Santisima Virgan Maria, Dios los siga llenando de bendiciones.

  4. diciembre 8, 2013 7:03 pm

    Rosa Mística, Torre de David, Arca de la Alianza, Ruega por Nosotros!!!!!

  5. Candela permalink
    diciembre 9, 2013 4:49 am

    Tota pulchra es, Maria.
    Et macula originalis non est in te.
    Tu gloria Ierusalem.
    Tu laetitia Israel.

    Toda hermosa es nuestra amada Madre del Cielo: ¡y que bellísima foto de la Santísima Virgen de Lourdes!

    Y, tantos cantores ha tenido, María, quizá el más ‘tierno’ sea San Alfonso María de Ligorio.
    Y, otro de sus caballeros, San Bernardo, nos dice, con la fuerza de su santidad y de su fina inteligencia: “No eres más santo, porque no eres más devoto de María”.

    ¡Santa María rogad por nosotros!

    Ave María Purísima, sin pecado concebida.

    • Omar permalink
      diciembre 10, 2013 9:37 pm

      Esta es la version completa de Tota pulchra es, Maria.

      V. Tota pulchra es, Maria.
      R. Tota pulchra es, Maria.
      V. Et macula originalis non est in te.
      R. Et macula originalis non est in te.
      V. Tu gloria Ierusalem.
      R. Tu laetitia Israel.
      V. Tu honorificentia populi nostri.
      R. Tu advocata peccatorum.
      V. O Maria.
      R. O Maria.
      V. Virgo prudentissima.
      R. Mater clementissima.
      V. Ora pro nobis.
      R. Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.
      V. In conceptione tua, Immaculata fuisti.
      R. Ora pro nobis Patrem cuius Filium peperisti.
      V. Domina, protege orationem meam.
      R. Et clamor meus ad te veniat.
      Oremus
      SANCTA Maria, regina caelorum, mater Domini nostri Iesu Christi, et mundi domina, quae nullum derelinquis, et nullum despicis: respice me, domina, clementer oculo pietatis, et impetra mihi apud tuum dilectum Filium cunctorum veniam peccatorum: ut qui nunc tuam sanctam et immaculatam conceptionem devoto affectu recolo, aeternae in futurum beatitudinis, bravium capiam, ipso, quem virgo peperisti, donante Domino nostro Iesu Christo: qui cum Patre et Sancto Spiritu vivit et regnat, in Trinitate perfecta, Deus, in saecula saeculorum. Amen.

  6. pepe pecas permalink
    diciembre 10, 2013 4:36 pm

    Me da nostalgia ver la fortaleza que mostraba la Santa Iglesia en aquellos días, en los que un verdadero Papa dirigia el rebaño de Nuestro Señor Jesucristo; pero tambien siento la esperanza que nos da Cristo Nuestro Señor al vivir en estos tiempos, porque nos esta permitiendo luchar por su causa, lo cual nos permitirá ganar el premio celestial. Claro está que solo lo ganaremos si perseveramos hasta el último suspiro!

  7. Candela permalink
    diciembre 11, 2013 4:05 pm

    Omar.

    Mejor está, tal como lo ha publicado Usted.
    Gracias.

    Ave María Purísima, sin pecado concebida.

  8. Empera permalink
    diciembre 11, 2014 1:21 am

    En Honor a nuestra Santísima Madre para defender el honor en contra de las blasfemias de Bergoglio de Halagar el Corán y comparar a la Santísima Virgen María con la falsa diosa del Corán . http://gloria.tv/media/3muAEu9B6VK

  9. Rosa Blanca permalink
    diciembre 11, 2014 7:09 am

    ¿Alguien podría decirme de donde es esta bellísima imagen de Nuestra Señora de Lourdes? Yo he estado en ese santo lugar varias veces,y la imagen de mármol que colocaron en la pequeña hendidura donde Ella se apareció me pareció siempre muy fría. Muestra a nuestra Madre la Virgen con un rostro muy inexpresivo en el frio mármol.

    • diciembre 11, 2014 11:59 am

      Sra. Carvajal.

      Ya nos has dicho muchas veces que has estado en Lourdes algunas veces. Demasiado lo anuncias para las cinco horas de camino que te separan del lugar.

      No coincidimos contigo en cuanto a la “frialdad” de una estatua como la de la Gruta de Lourdes, al aire libre. Pero tienes razón en cuanto a la belleza de la estatuilla de este cuadro, la cual seguramente está en alguna gruta de una capilla o santuario.

      Unidad en la Verdad

      • Rosa Blanca permalink
        diciembre 11, 2014 3:27 pm

        No hace falta ser tan despreciativo con mi comentario. Esta debe ser la tercera vez que digo que he estado en Lourdes. No creo que decirlo tres veces sea decirlo demasiado.

        FC: lo has dicho en cuatro ocasiones. Y con dos ya era suficiente. ¿no crees?.

        Y no,no estoy a 5 horas de Lourdes,señor redactor.

        FC: Donde tú vives está a una distancia que se cubre en cinco horas en auto.

        Me guardo el tiempo que tardamos voluntarios y peregrinos en ir,superior a su cálculo.

        Y en ningún caso,estas tres veces como máximo que he dicho que voy a Lourdes lo he dicho para pasarlo por las narices de nadie. Es una responsabilidad con el Santuario y sus peregrinos que me impuse voluntariamente,y aunque he visto maravillas ,no siento vanidad ni orgullo. No es mi estilo.

        Simplemente,como como con todo,doy gracias al Señor.

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