Skip to content

Fray Luis de Granada: Sobre las diversas vocaciones

noviembre 13, 2016

vocaciones

FRAY LUIS DE GRANADA

GUÍA DE PECADORES

LIBRO II

CAP. XXI

(De las diversas maneras de vidas que hay en la Iglesia.)

Es de saber que como sean muchas las virtudes que se requieren para la vida cristiana, unos se dan más a unas, y otros a otras.  Como todas las obras virtuosas sean medios para alcanzar la gracia, unos la procuran más por un medio, y otros por otro.  Porque unos la buscan con ayunos, y disciplinas, y asperezas corporales; otros con limosnas u obras de misericordia; otros con lecturas y meditaciones continuas, en el cual medio hay tanta variedad, cuantos modos hay de orar y meditar ; porque unos se hallan bien con un linaje de oraciones y meditaciones, otros con otras ; y así como hay muchas cosas que meditar, así hay muchos modos de meditación, entre los cuales es mejor para cada uno aquel en que halla mayor devoción y más provecho. 

Pues acerca desto suele haber un muy común engaño entre personas virtuosas: y es, que los que han aprovechado por alguno destos medios, piensan que como ellos medraron por allí, no hay otro camino para medrar con Dios, sino aquel, y ese querrían enseñar a todos ; y tienen por errados a los que por allí no van, pareciéndoles que no hay más de un solo camino para el cielo.

El que se da mucho a la oración, piensa que sin esto no hay salud. El que se da mucho a ayunos, parécele que todo es burla, sino ayunar. El que se da a la vida contemplativa, piensa que todos los que no son contemplativos, viven en grandísimo peligro; y toman esto tan al cabo, que algunos vienen a tener en poco la vida activa.

Por el contrario los activos, como no saben por experiencia lo que pasa entre Dios y el ánima en aquel suavísimo ocio de la contemplación, y ven el provecho palpable que se sigue de la vida activa, deshacen cuanto pueden la vida contemplativa, y apenas pueden aprobar vida contemplativa pura, si no es compuesta de la una y de la otra; como si  esto fuese fácil de hacer a quien quiera. Asimismo, el que se da a la oración mental, parécele que toda otra oración sin esta es infructuosa; y el que a la vocal, dice que esta es de mayor trabajo, y que así será de mayor provecho. De suerte que cada buhonero alaba sus agujas; y así cada uno con una tácita soberbia e ignorancia se alaba a sí mismo, engrandeciendo aquello en que él tiene más caudal. Y así viene a ser el negocio de las virtudes como el de las ciencias, en las cuales cada uno alaba y levanta sobre los cielos aquella ciencia en que él reina, apocando y deshaciendo todas las otras.

El orador dice que no hay otra arte en el mundo que iguale con la elocuencia; el astrólogo, que no la hay tal como la que trata del cielo y de las estrellas; el filósofo dice otro tanto; el que se da a la Escritura divina dice mucho más, y con mayor razón; el que al estudio de las lenguas, (porque sirven para la Escritura), dice lo mismo; el teólogo escolástico no se contenta con el lugar de en medio, si no pone su silla sobre todos. Y a ninguno le  faltan razones, y grandes razones, para creer que su ciencia es la mejor y más necesaria.

Pues esto que se halla en las ciencias tan descubiertamente, se halla en las virtudes, aunque más disimuladamente; porque cada uno de los amadores de las virtudes, por un cabo desean acertar en lo mejor, y por otro busca lo que más arma a su naturaleza; y de aquí nasce que lo que a él está mejor, cree que es mejor para todos, y el zapato que a él le viene justo, cree que también le vendrá a todos los otros.

Pues desta raíz nascen los juicios de las vidas ajenas, y las divisiones y cismas espirituales entre los hermanos, creyendo los unos de los otros que van descaminados porque no van por el camino que ellos van. Cuasi en este engaño vivían los de Corinto, los cuales habiendo recibido muchos y diversos dones de Dios, cada uno tenía el suyo por mejor ; y así se anteponían unos a otros, prefiriendo unos el don de lenguas, otros el de la profecía, otros el de interpretación de las Escrituras, otros el hacer milagros, y así todos los demás. Contra este engaño no hay otra medicina mejor que aquella de que el Apóstol San Pablo usa en esta epístola contra esta dolencia. Porque aquí iguala todas las gracias y dones en su origen, diciendo que todos ellos son arroyos de nascen de una misma fuente, que es el Espíritu Santo, y que por esta parte todos participan de una misma igualdad en su causa, aunque entre sí sean diversos.

Desta manera, dice el Apóstol que todos en el bautismo recibimos un mismo espíritu de Cristo, para que mediante él todos fuésemos miembros de un mismo cuerpo. Y así en cuanto a esto todos participamos de una misma dignidad y gloria, pues todos somos miembros de una misma cabeza. Por donde añade luego y dice: “Si dijere el pie: Yo no soy mano, y por eso no soy del cuerpo, ¿dejará por eso de ser del cuerpo?  Y si dijere el oído: Porque no soy ojo, no soy deste cuerpo, ¿dejará por ese de ser deste cuerpo?” Así que por esta parte en todos hay igualdad, para que en todos haya unidad y hermandad.

Esta variedad nasce en parte de la naturaleza, y en parte de la gracia. Porque hay unos hombres naturalmente sosegados y quietos, que según esto son más aparejados para la vida contemplativa; otros más coléricos y hacendosos, son más hábiles para la vida activa; otros, más robustos y sanos, son más aptos para los trabajos de la penitencia. En lo cual resplandesce maravillosamente la bondad y misericordia de nuestro Señor, que no quiso que hubiese un solo camino para esto, sino muchos y diversos, según la diversidad de las condiciones de los hombres; para que el que no tuviese habilidad para ir por uno, fuese por otro. La segunda causa desta variedad es la gracia; porque el Espíritu Santo, que es el autor della, quiere que haya esa variedad en los suyos para mayor perfección y hermosura de la Iglesia.

Pues en las obras de naturaleza es cosa maravillosa ver cuánta variedad puso aquel artífice soberano, y como repartió las habilidades y perfecciones en todas las criaturas. El pavón es muy hermoso de ver, mas no es dulce para oír.  El ruiseñor es dulce para oír, mas no es hermoso para ver.  Los árboles fructuosos son buenos para comer, mas no para edificar; los silvestres, por el contrario, son buenos para edificar, mas no lo son para fructificar. Desta manera en todas las cosas juntas se hallan todas las cosas repartidas, para que así se conserve la variedad y hermosura en el universo, y se conserven también las especies de las cosas, y se enlacen las unas con las otras, por la necesidad que tienen unas de otras.

La misma variedad vemos en las Órdenes Religiosas, que aunque todas caminan para Dios, cada una lleva su propio camino. Unas van por el camino de la pobreza, otras por el de la penitencia, otro por el de las obras de la vida contemplativa, otras de la activa. Y por esto unas buscan lo público, otras lo secreto ; unas procuran rentas para su instituto, otras aman la pobreza ; unas quieren los desiertos, y otras las plazas y los poblados.

Y en una misma Orden y monasterio veréis esta misma variedad; porque unos están en el coro cantando, otros en sus oficios trabajando, otros en sus celdas estudiando, otros en la iglesia confesando, y otros fuera de casa negociando.  Pues, ¿qué es esto? Muchos miembros en un cuerpo, y muchas voces en una música, para que así haya hermosura, proporción y consonancia en la Iglesia. Porque por esto hay en una  vihuela muchas cuerdas, y en unos órganos muchos caños, porque así puede haber consonancia y armonía de muchas voces. Esta es aquella vestidura que el patriarca Jacob hizo a su hijo José de diversos colores; y estas aquellas cortinas del tabernáculo que mandó Dios pintar con maravillosa variedad y hermosura.

Pues siendo esto así, (y siendo necesario que sea así para el orden y hermosura de la Iglesia), ¿por qué nos andamos comiendo unos a otros, y juzgando y sentenciando unos a otros porque no hacen unos lo que hacen otros? Eso es destruir el cuerpo de la Iglesia; eso es destruir la vestidura de José; eso es querer que los miembros de la Iglesia sean todos pies, o todos manos, o todos ojos. Pues si todo el cuerpo fuese ojos, ¿dónde estarían los oídos?, ¿dónde estarían los ojos?  Por donde parece aun más claro cuán grande yerro sea condenar a otro porque no tiene lo que tengo yo, o porque no es para lo que soy yo.  ¿Cuál sería si los ojos despreciasen a los pies porque no ven, y los pies murmurasen de los ojos porque no andan y los dejaran a ellos con toda la carga?

Porque realmente así es necesario: que trabajen los pies, y descansen los ojos, y que los unos anden arrastrados por tierra, y los otros estén en lo alto limpios de polvo y paja. Y no hacen menos los ojos descansando, que los pies caminando; así como en el navío no hace menos el piloto que está par del gobernalle con la aguja en la mano, que los otros que suben a la gavia, y trepan por las cuerdas, y extienden las velas, y limpian la bomba; antes, el que parece que menos hace, es realmente el que más hace. Porque no se mide la excelencia de las cosas con el trabajo, sino con el valor e importancia dellas, si no queremos decir que más hace en la república el que cava y el que ara, que el que la gobierna con su consejo y prudencia.

Pues quien esto atentamente considerare, dejará a cada uno en su llamamiento; esto es, dejará al pie, ser pie; y mano, a la mano; y no querrá que todos sean piés, ni todos manos.  Esto es lo que tan largamente pretendió persuadir el Apóstol  en la Epístola a los corintios, (1 Cor. 12), y esto mismo es lo que nos aconseja cuando dice: “El que no come no menosprecie al que come. Porque por ventura aquel que come tendrá, por una parte, necesidad de comer, y por otra, quizá tendrá otra virtud más alta que esa que tú tienes, de que tú carecerás; por donde en lo uno no tendrá culpa, y en lo otro le hará ventaja”.

Porque así como no menos sirven al canto los puntos que están en regla, que los que están en espacio, así no menos sirve a la consonancia y música espiritual de la Iglesia el que come, que el que no come, y el que parece que está ocioso, que el que está ocupado, si en su ocio trabaja por alcanzar con qué pueda después edificar a su prójimo.

Esto mismo nos encomienda muy encarecidamente San Bernardo, avisando que, excepto aquellos a quienes es dado ser jueces y presidentes en la Iglesia, nadie se entremeta en querer escudriñar ni juzgar la vida de nadie, ni comparar la suya con la de nadie.

2 comentarios leave one →
  1. noviembre 13, 2016 3:23 pm

    Reblogueó esto en Laus Deo.

  2. Inés. permalink
    noviembre 14, 2016 12:27 am

    Todo es bueno, si contribuye a la gloria de Dios y bien de las almas sea cual sea el puesto que ocupemos en la vida. Es bueno todo lo que une, y terriblemente malo todo lo que separa del camino de la salvación y de la verdad.

    Tan necesario es el maestro de escuela como el zapatero remendón, el buen periodista como el agricultor que mire más al cielo que a la tierra.

    Y en estos tiempos de desorden moral, de desconcierto, de vacío espiritual, de ese no saber a dónde volverse de millones de personas, más necesario que ningún otro es el sacerdote, médico de las almas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: