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SOBRE LA HUIDA Y ABOMINACIÓN DEL MUNDO Y LA NECESIDAD DE SEPARARSE DE ÉL

mayo 22, 2016

“SOBRE LA HUIDA Y ABOMINACIÓN DEL MUNDO Y  LA NECESIDAD DE SEPARARSE DE ÉL”

fariseos

MEDITACIONES ESPIRITUALES

LUIS DE LA PUENTE, S. J.

POR EL P. FCO. GARZÓN

AÑO 1900

TOMO I

Considera que es imposible salvarse sin desasirse del mundo, y que es muy difícil desasirse sin separarse de él. “Salid de en medio del mundo corrompido, dice San Pablo, y separáos si queréis ser hijos de Dios”, esto es, verdaderos cristianos.  La gracia, pues, que nos hace cristianos, es una gracia de separación del mundo, y así, cuando recibimos el carácter de cristianos en el bautismo, nos obligamos al mismo tiempo a renunciar y separarnos del mundo. Por eso San Pablo llama su vocación a la ley de Cristo “separación”.

La predestinación es una separación que Dios hace de la masa de perdición. Lo que distingue a los verdaderos cristianos, según San Agustín, es el apartamiento del mundo corrompido, y esto mismo es lo que constituye a los verdaderos penitentes.  Si la gracia de ser cristiano es una gracia de separación de todo lo malo, no podemos corresponder a ella sino apartándonos del mundo.  Hay, para luchar, gracias a las cuales se corresponde luchando ; gracias de precaución, a las que se corresponde temiendo ; pero a la gracia de separación no se puede corresponder sino huyendo.

Esta separación, al menos con el espíritu, es necesaria por los mil peligros que el mundo encierra. Si el aire es contagioso, ¿cómo se puede estar en él mucho tiempo sin inficionarse?  Es muy difícil también estar en el mundo sin apegarse a él.  Porque todos los bienes que el mundo nos propone son sensibles, y por eso hacen vivísima impresión en nuestros sentidos, fomentan nuestras pasiones y ganan nuestro corazón. La separación del mundo, según esto, es necesaria a todo cristiano, pero difícil.   Es menester romper enteramente con el mundo corrompido, esto es, con las personas de vida desarreglada cuyas conversaciones deshonestas, máximas impías e ideas criminales, son ocasión de envenenar los corazones y perder las almas.

El escándalo de este siglo, (y de todos los siglos), no es que todas las personas sean malas y corrompidas; es que se transige con ellas, se las atiende y agasaja, y el que se llama fervoroso cristiano y persona devota no tiene valor para negar su trato, su casa y su conversación al libertino, al adúltero, al impío, a aquel al que no debía ni saludar, si realmente tuviese fe viva y celo por la gloria de un Dios ofendido. Es menester evitar todo lo posible el mundo peligroso, esto es, todo género de espectáculos adonde se ven reinar las pompas del siglo a las que se renunciaron por el bautismo. Es menester moderar y esquivar el trato con el mundo vano y frívolo.

Debemos, además, aborrecer el mundo, porque es enemigo de Jesucristo, esclavo y partidario del demonio, tirano de la virtud, señor, padre y protector de todos los vicios. El que ama el mundo, cree en las máximas del mundo; y no lo amaría si creyese en las del Evangelio, que le es contrario, y así, aunque cristiano de nombre, es infiel de corazón.  Los demonios creen en Dios, y esta creencia los hace estremecer. El mundano cree en Dios lo mismo que  cree el demonio, pero no cree en Dios de modo que obedezca sus divinos mandamientos, y en esto es peor que el demonio; porque Satanás cree y tiembla, como dice Santiago, mas el mundano cree en Dios y se burla de Él; en una palabra, el que es amigo del mundo se declara enemigo de Dios.  ¿Qué partido tomas?  ¿Quieres ser enemigo de Jesucristo o del demonio?

Es necesario huir del mundo con el espíritu, con el corazón, y si es posible con el cuerpo. Su compañía es peligrosa, sus máximas detestables, sus costumbres corrompidísimas, sus ejemplos escandalosos, su comunicación contagiosa, y sus partidarios soberbios, avaros, sensuales, llenos de vicios y enemigos de Dios.

El mundo ya está juzgado, condenado, maldecido y excomulgado por Jesucristo ; preciso es, pues, apartarse de su compañía y no amarla bajo ningún pretexto. Más vale ser aborrecido que amado por el mundo, porque dice Nuestro Señor, si eres del mundo, morirás en tu pecado.  ¿Por qué quieres amar el mundo?   ¿Es el mundo quien te ha criado, quien te ha redimido y quién te ha de salvar?  Jesús dice que no es de este mundo, y tú dices que eres de este mundo ; luego no eres discípulo de Jesucristo.

¿No has renunciado ya al mundo en el bautismo? Así pues, saca de todo esto que la primera virtud del cristiano es despreciar el mundo, y que el mundo le desprecie.

“Cuando viniere el divino Espíritu argüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”.  Mucho hay que reprender en el mundo; se cometen pecados sin número y se vive bajo el dominio del demonio, que es su príncipe y su tirano, y que ya está juzgado y condenado.  !Cuántos pecados se cometen en el mundo!  Vive sólo en el mal y por el mal; lo compone la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. Todas sus opiniones son falsas; todas sus máximas contrarias a las del Evangelio; impiedad todas sus costumbres; injusticias sus leyes; crímenes sus deseos y escándalos sus acciones.  ¿Y tú amas el mundo?  ¿Y quieres ser de este mundo?

No se hace ningún bien espiritual en el mundo; no se adora a Dios en espíritu y en verdad; sólo se habla de Dios para blasfemarle; se desprecia su palabra; se profanan sus templos; no se hace penitencia, y sólo se piensa en el placer, aunque esté prohibido por Dios y por la Iglesia;  no se mortifica la carne, ni se combaten las pasiones.   La Religión pasa por una superstición, la piedad por una insensatez, el Evangelio por una locura; se tiene por necedad la inocencia y por cobardía la humildad y la mansedumbre. Están desacreditadas todas las virtudes y canonizados todos los vicios. ¿Y tú quieres ser de este mundo?

El mundo ya está juzgado y condenado porque lo está Lucifer, que es su príncipe.  Jesús por su misma boca ha maldecido al mundo, y le ha separado de su Iglesia no dándole lugar en sus oraciones; se ha declarado su enemigo, y amenaza a los que siguen al mundo con una muerte de reprobación y una pena eterna.  ¿Y con todo, aun amas al mundo, y quieres ser suyo?  No es posible que sea así, si te glorías de ser cristiano y no enemigo de Jesucristo.

¿Para qué fin estoy en el mundo?  ¿Qué quietud se puede tener sirviendo al mundo?  ¿Qué querré haber hecho a la hora de mi muerte?  ¿Me tiene cuenta condenarme por los bienes y deleites mundanales?   Si pierdo mi alma, ¿de qué me servirá haber ganado todo el mundo?

 

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2 comentarios leave one →
  1. saulo permalink
    mayo 24, 2016 2:42 pm

    Foro Católico me pueden dar su correo por favor ?? (quería preguntarles algo)

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