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La historia del Santo Cáliz de Valencia

mayo 9, 2016

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(Visto aquí)

Se trata de un vaso ovalado invertido del mismo color que la copa. Reforzada con armadura de oro, adornada con dos rubíes, dos esmeraldas y veintiséis perlas, en vez de las veintiocho que tenia antes, pues se perdieron dos. Sus dimensiones son; 14,5 cm. en el eje mayor, 9,7 cm. en el menor y 5 cm. de altura.

Los tirantes del pie y reborde perforado del mismo son obra de muy inferior calidad, fechada en la segunda mitad del siglo XIV. Lo más seguro es que haya sido puesta con posterioridad al nudo y a las asas para asegurar mejor la unión de la copa con el pie. También puede ser de la misma fecha que el resto de la orfebrería, pero de otra mano menos hábil.

La base es de piedra tallada en calcedonia, con reborde de oro, originaria quizás de un taller cordobés, o tal vez fatimita y fechable entre los siglos X al XII. Es muy probable que fuera usada como incensario antes de acabar como base ornamental para el cáliz. En una de las vertientes del pie y en el lazo izquierdo aparece esgrafiada una inscripción árabe en caracteres cúficos que dice “para la más floreciente” en alusión a la ciudad cordobesa de Medina Azahara (Antonio Beltrán).

Todo el conjunto tiene una altura de 17 centímetros.

Historia

Según análisis científicos, se ha podido datar la copa entre el siglo IV a.c. y el I d.c. y determinar su origen oriental, de algún lugar entre Egipto y Palestina. El pie es un añadido posterior, hacia el siglo XIV y se trata de un vaso califal del siglo XI. Las piedras y perlas preciosas que lo adornan debieron ser engarzadas durante su estancia en el monasterio de San Juan de la Peña. A esta conclusión llegó el profesor y catedrático de arqueología Antonio Beltrán que en 1960 publicó un libro con el resultado de los estudios que había realizado sobre el Santo Cáliz y que hasta la fecha es el único que se ha realizado de un modo científico.

Los primeros documentos históricos que se conservan en el que se menciona el Santo Cáliz de la Última Cena, datan del año 1399, y son dos cartas que escribe el rey de Aragón Martín el Humano (* Gerona 1356 † Barcelona 1410) en las cuales solicita al prior del Monasterio de San Juan de la Peña le haga entrega del Cáliz de Nuestro Señor. La primera carta lleva fecha 29 de agosto de 1399. El segundo escrito lleva fecha del 23 de Septiembre de 1399. En esta última, el rey Martín el Humano reitera al monasterio de San Juan de la Peña que le ceda esta joya. Los monjes decidieron acceder a los deseos del rey y el Santo Cáliz pasó a ser venerado en la Capilla del Palacio de la Aljaferia en Zaragoza, residencia del monarca, el 26 de septiembre de 1399. El documento de donación se conserva en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona y en él se hace constar que el Santo Cáliz fue remitido desde Roma con una carta de San Lorenzo, carta que no se conserva y que parece ser solo se recoge en la tradición oral. En esta época el cáliz ya tenía el actual aspecto que hoy podemos observar.

En el nombre de Dios, dejad que todos sepan que, como el más excelente príncipe y señor don Martín, por la gracia de Dios Rey de Aragón, Valencia, Cerdeña y Córcega y Conde de Barcelona, Rosellón y Cerdeña, ha deseado y procurado afanosamente tener en su capilla real ese Cáliz de piedra en el que nuestro Señor Jesucristo, en su santa cena, consagró su preciosa sangre, y que el bendito Lorenzo que lo recibió de San Sixto, sumo Pontífice a la sazón, que era su discípulo y diácono de Santa María in Dominit, la envió y entregó con una carta suya al monasterio y convento de San Juan de la Peña, situado en las montañas de Jaca del Reino de Aragón, con cuyo Cáliz, los abades, priores y sacerdotes del monasterio se acostumbraron después de consagrar; y para tener éste Cáliz el antes mencionado Rey envió al reverendo en Cristo Padre Antonio, arzobispo de los atenienses, su ministro, a este mismo monasterio. Finalmente, el viernes 26 de septiembre del año del nacimiento del Señor 1399, que ese reverendo arzobispo y el religioso fray Bernardo, prior de ese monasterio, declararon al Rey en su capilla menor del Palacio de la Aljaferia de la ciudad de Zaragoza, que cuando el documento de él fue explicado a los sacerdotes del monasterio, todos los priores y religiosos que estaban reunidos en capítulo, en relación con la entrega del Sagrado Cáliz, decidieron por unanimidad dárselo al Rey y entregar en sus manos el Cáliz de piedra; y el Rey, que recibió en su manos el Cáliz, queriendo dar las gracias por ello al monasterio, dio y puso en manos del prior, para servicio del monasterio, un Cáliz de oro de su capilla, de cinco marcas, de Zaragoza, más una onza de peso en el que se han encontrado las siguientes señales: tres esmeraldas, dos emblemas y un Cristo crucificado y en asa, o sea en el medio, seis esmeraldas, dos con las armas de Aragón, dos con los emblemas de los Reyes y dos imágenes de San Jorge con una cruz, y en la patena esmaltado con el Padre Eterno. El Rey donó este cáliz de oro al monasterio con la condición de que el abad más antiguo y los priores del mismo monasterio no puedan vender ni empeñar ese cáliz en ningún tiempo, para que sirva al monasterio y sea destinado sólo a su servicio. Y el abad y los priores actuales, lo mismo que los futuros, deben jurar que no venderán ni empeñarán ese cáliz. El prior, después de recibir del Rey el cáliz de oro con la patena, prometió, dando las gracias, el mencionado pacto de no venderlo ni empeñarlo, y conservar el cáliz, mientras estuviera en su posesión. Y en la entrega que había hecho al monasterio, obligarse a la observación de ese acto, como se describe más arriba.

Posteriormente el rey Martín el Humano marcha a residir a Barcelona y allí se llevó el Santo Cáliz. Quedó depositado en la Capilla del Palacio Real de Barcelona puesta bajo la advocación de Santa Águeda. A la muerte del rey Martín en 1410 el Santo Cáliz queda en poder su esposa Margarita de Prades. Finalmente en 1422 el rey Alfonso V el Magnánimo recupera el Santo Cáliz para el relicario Real y nuevamente queda depositado en la Capilla Real de Barcelona. En 1424 la corte aragonesa se traslada a Valencia y el 6 de abril de 1432 las reliquias quedan guardadas en la capilla del Palacio del Real de Valencia que se encontraba bajo la titularidad de Santa Catalina.

El rey Alfonso el Magnánimo recibió un préstamo de 136.430 sueldos para sufragar los gastos de las campañas militares en Nápoles, poniendo como garantía de devolución la totalidad de las reliquias que disponía la Corona de Aragón, depositadas en el Palacio del Real, entre ellas el Santo Cáliz. Al llegar el vencimiento del préstamo y ante la imposibilidad del rey de abonar la cantidad prestada, entregó el Santo Cáliz a la Catedral de Valencia el 18 de marzo de 1437, expidiéndose para ello el documento correspondiente. La entrega fue realizada por Joan el hermano de Alfonso el Magnánimo que ostentaba el titulo de lugarteniente del Reino en ausencia del rey. “lo calcer hon Jesucrist consagra lo Dijous Sant de la Cena”.

En la Catedral permaneció hasta el 18 de marzo de 1809, en que huyendo de las tropas napoleónicas que habían invadido España, el canónigo de la Catedral Pedro Vicente Calvo lo trasladó primero a Alicante (1809), luego de nuevo a Valencia (1810), más tarde a Ibiza (1810) y luego a Palma de Mallorca (1812), hasta que en 1813 volvió a la Catedral de Valencia.

En 1916 el Santo Cáliz fue instalado en su actual capilla (Aula Capitular), ya que hasta ese momento el Cáliz estaba guardado en la Sala de Reliquias de la Catedral. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) tuvo que ser escondido fuera de la ciudad de Valencia. El 21 de Julio de 1936, unas horas antes del asalto e incendio de la Catedral, el canónigo archivero de la Catedral, don Elías Olmos Canalda puso a salvo el Santo Cáliz. Entregó la sagrada copa a una feligresa de nombre María Sabina Suey y ésta lo escondió en casa de su madre de la calle Avellanas, 3-3º. No estando totalmente seguro en este lugar la copa viajó hasta la calle Pelayo, 7 donde vivía Adolfo Suey, hermano de María, para volver nuevamente a la calle Avellanas y por las mismas razones el 30 de enero de 1937. Como la seguridad del Cáliz no estaba garantizada, el 20 de junio de 1937 se trasladó a casa de unos familiares de la cercana población de Carlet, donde quedó escondido en casa de Bernardo Primo Alufre y Lidia Navasquillo en la antigua calle Padilla, hoy del Santo Cáliz. El 30 de marzo de 1939, el Santo Cáliz pudo regresar a la Catedral una vez finalizada la Guerra Civil.

En su momento el Santo Cáliz se encontraba colocado sobre un pedestal formado por un plano de 24 centímetros cuadrados, sobre el que posaban sus rodillas cuatro ángeles alados, los que sostenían la preciosa reliquia: de altura media el pedestal diez centímetros, era todo de plata y su construcción muy moderna. Este pedestal fue destruido el 21 de julio de 1936 en el asalto a la Catedral.

Desde entonces sus salidas han sido esporádicas y por motivos de celebración: en 1959 se llevó a tierras de Aragón, donde visitó su antiguo emplazamiento, San Juan de la Peña, y más tarde fue trasladado a Covadonga. Se celebraba la conmemoración del XVII Centenario de la llegada del Grial a España. En 1964 se llevó a Carlet para celebrar los 25 años de su ocultamiento allí.

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