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CUENTOS MORALES: “EL DIABLO EN LA IGLESIA”

abril 28, 2016

APOSTOLADO DE LA PRENSA

CUENTOS MORALES

“EL DIABLO EN LA IGLESIA”

Estaba aquel día de muy buen humor el diablo. Si en el infierno cupiera alegría, casi se puede decir que estaba alegre…. ; pero contento y satisfecho sí lo estaba.  Había salido a dar una vuelta por el mundo, y se había encontrado con que en ninguna parte tenía necesidad de utilizar sus aptitudes… !Todo se lo encontraba hecho!

Los poderes del mundo le servían, y era de ver el gusto con que descargaban tajos y mandobles sobre la Iglesia de Jesucristo, su enemigo, de tal modo, que él no hacía otra cosa que frotarse las manos de gusto…  Una señora, muy orgullosa y muy encopetada, que se llamaba “Ciencia”, tenía sorbidos los sesos a unos cuantos individuos, melenudos, inflados y serios casi todos, a los que daba cada gato por liebre…. que el diablo se reía como un pilluelo al ven cuán “gordas” las largaba ella y cuán fácilmente las engullían…

Un arlequín descocado y cínico, mitad hombre y mitad mujer, que se hacía llamar “Literatura”, repartía veneno excitante  y pegajoso a una multitud que lo tomaba envuelto en hojas de novelas, de poesías, de folletos y folletines…  Un hijo de este quídam, que se daba el nombre de “Teatro”, empleaba una salsa picante para ayudar a repartir el veneno a su padre o su madre, (que esto no parecía muy claro), sirviéndose de otros elementos en que entraba la carne a carretadas, por supuesto muy bien modelada y perfectamente apetitosa…   Las costumbres nacidas al calor de los elementos que anteceden, eran deliciosamente libres y elegantemente corrompidas.

La prensa se encargaba de hacer brotar, a miles, libros, folletos y periódicos capaces de arrancar de cuajo las montañas, en los cuales cada concupiscencia hallaba su satisfacción, cada deseo su logro, y cada apetito su vianda. 

Si un rastro de pudor, si un asomillo de vergüenza se veía por algún rincón de un hogar escondido, allá iban conveniencias sociales, temores de desaire, pujos de dar a cada edad lo suyo, miedos de pudrirse en casa, y, que quieras que no, llevaban a su poseedor a cualquier teatro, a cualquier casino, a cualquier baile de sociedad… , y al poco tiempo ni rastro de vergüenza, ni asomo de pudor se encontraba por parte alguna. El diablo se chupaba los dedos de gusto… ; aquello era coser y cantar…

Andaba, pues, desocupado y satisfecho, metiendo las narices y los ojos por todas partes, y en todas partes, a juzgar por su sonrisa picaresca, encontrando motivos de regocijo y de contento, cuando acertó a pasar por frente a un edificio de severo aspecto, sobre cuya amplia fachada se veía, hecha de piedra, una gran cruz.  No debió hacerle mucha gracia este encuentro, por cuanto su sonrisa se tornó en una mueca horrible ; lanzaron furiosas miradas sus ojos y se estremeció todo su ser.  Poco duró este estado, porque arqueando las cejas cuanto pudo para que, sirviéndole de toldo, le impidieran la vista de la cruz, fijó su mirada en la puerta, por la que entraba alguna gente, no del todo desconocida para él por haberla visto alguna vez en amigable compañía con sus auxiliares y ministros.

Aunque bien sabía el diablo que aquel edificio era una iglesia, movíale la curiosidad a entrar en él, y escondiendo los cuernos, por cierto elegantísimos, y ocultando la cola, del último modelo, colóse para dentro, pasando muy deprisa por entre las pilas de agua bendita, que le causaban un justificadísimo terror.

Ya dentro, púsose de espaldas al altar, donde entre dos luces aparecía otra cruz, y se dio a recorrer con mirada escudriñadora y penetrante a las gentes allí congregadas. Iban a dar las doce, y como era día festivo, el concurso era bastante numeroso.  El entrecejo que traía el diablo, contraído y apretado, dejando ver patente y manifiesta la señal indeleble del réprobo, fue poco a poco desdoblándose, y aún una que quiso ser sonrisa, se dibujó en sus labios.

!También en aquel recinto sagrado encontraba auxiliares y aliados!    La moda hacía vestir a las mujeres trajes provocativos, que, además de llamar la atención, distraían con un mundo de pensamientos no del todo buenos.  De espaldas al altar, y apoyados en la primera columna, un grupo de mozalbetes elegantes bromeaban entre sí, y hacían guiños a unas muchachas que medio escondían sus señas y sus risas detrás de unos preciosos devocionarios o de unos abanicos.

Un señor gordo, con levita abierta y gran cadena en el chaleco, dormitaba como un bendito, y tres señoras ya de edad avanzada, pero admirablemente restauradas, sostenían animadísimo coloquio.  Este conjunto, con otros mil detalles que se omiten, los abarcó el diablo a la primera mirada, e iba ya a frotarse las manos de gusto, cuando vió a una pareja que  se dirigía a la pila del agua bendita, y no sólo se detuvieron sus manos, sino que se encorvaron sus cejas y le tembló ligeramente el cuerpo. La pareja llegó, efectivamente, a la pila ; el hombre tomó agua y la dio a la mujer, diciéndole no sé qué cosa que le hizo sonreír, y ambos hicieron describir a sus manos unas curvas ridículas.

El diablo soltó la carcajada, exclamando : 

–  !Bah…!  Esas cruces no son las que me dan más miedo… También las hago yo…

Desde entonces no cesó de reír, mirando la variedad de líneas que trazaban entre nariz y pecho los que llegaban a la puerta, sin que tuvieran la más remota conexión con una cruz de verdad.  Poco tiempo después, el sonido de una campanilla le hizo estremecerse y esconderse en un rincón en el que no se veía el altar. Llegó, sin embargo, hasta allí el efecto de la señal de la cruz, que al comenzar la Misa trazó sobre sí el sacerdote, como un tremendo latigazo, que estuvo a punto de hacerle salir de la iglesia si su tenacidad diabólica no le retuviera allí donde era posible hacer alguna pesca….

El espectáculo era, por otra parte, curiosísimo.  Fuera de un par de docenas de fieles, cuya actitud era compuesta y reverente, en consonancia con el lugar en que se hallaban y el Sacrificio augusto a que asistían, era en lo demás una exposición de ridículas posturas y actitudes.   Los hombres, en especial los más jóvenes y elegantes, se habían puesto como en cuclillas, con una pierna echada atrás, medio doblada la otra e inclinado el cuerpo, cono si les acometiera de pronto algún retortijón de vientre. Con apresuramiento, y casi sin solución de continuidad entre una  y otra cosa, trazaron entre cara y pecho unos garabatos ridículos, y dieron sobre el último unos ligeros golpecitos en número bastante variado…. 

Las mujeres, bien arrodilladas casi todas, después de mirar los trajes y sombreros de sus vecinas, habían trazado muy parecidos garabatos, dándose casi idénticos golpecitos, y puéstose a leer en elegantes devocionarios.  Pero el diablo, que era listo de suyo, pudo advertir que  muchas de ellas pasaban la visual por encima del libro y se dirigía a “los o las” que las rodeaban, y aún observó que algunas los tenían abiertos con muchísima devoción….  !pero con las letras del revés!…

La inclinación de los hombres y el estar arrodilladas las mujeres duró pocos momentos, y el diablo, que estaba contentísimo, pudo observar que de pie aquellos, y sentadas éstas, estaban poco menos que en un salón cualquiera, cambiando muchas señas y miradas, sonrisas y gestos, que colmaban su cosecha de tentaciones y pecados.

La Misa avanzaba entre tanto, y al llegar al Evangelio y ponerse todos en pie, se repitieron como en competencia los garabatos que hacían desternillar de risa al diablo.   Desde aquí en adelante, y sin que apenas se prestara atención al Sacrificio más que un momento en que por tres veces sonó la campanilla, continuaron, unos de pie y otras sentadas, la no interrumpida serie de profanaciones e irreverencias. 

De pronto vió el diablo que aquella muchedumbre de despreocupados y distraídos se arrodillaba o se inclinaba, que todas las cabezas se doblaban y se tornaban graves las antes risueñas fisonomías, y que un religiosísimo silencio sucedía a las toses y murmullos :  Vió que una luz sobrenatural lo llenaba todo ; escuchó unas palabras que, pronunciadas quedo sobre la tierra, tenían resonancia poderosa, inmensa, infinita, en los cielos… , se sintió arrebatado en la ola de fuego maldito que en otro tiempo le arrojara del cielo, y como herido por el rayo, cayó anonadado en lo más profundo del infierno.

La misericordia de Dios, pasando por encima de todo linaje de irreverencias y profanaciones, había hecho descender a las manos del sacerdote el Cuerpo y Sangre de Cristo, Señor nuestro, y era una lección más para el diablo…. , que nada puede cuando Dios quiere, y que, aunque por desgracia,  en los templos suele recoger gran cosecha, sale de allí vencido, y no puede ser larga la estancia del diablo en la iglesia.

J. Prósper Bremón.

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3 comentarios leave one →
  1. abril 29, 2016 12:35 pm

    Hoy en dia se pasea a sus anchas en las neoiglesias del Vaticano II……

  2. Inés. permalink
    abril 29, 2016 2:14 pm

    cristosvincit :

    El diablo se lo encuentra todo hecho, y con la alfombre roja puesta, como muy bien dice el autor del cuento, por eso se pasea a sus anchas por el mundo.

    “No ruego por el mundo, sino por estos que me has dado” , dice el Señor.

    Y aunque Cristo murió por todos los hombres, Y ESE ES EL DOGMA DE LA REDENCIÓN, no a todos se aplican los frutos de esa Redención en la Cruz, Y ESTE ES EL DOGMA DE LA SALVACIÓN. De ahí que en el sagrado Canon de la Misa se diga que la Sangre de Cristo será derramada NO POR TODOS, SINO POR “MUCHOS” .

    La salvación es individual. Cada hombre debe aplicarse a sí mismo los frutos de la Redención. Ningún otro puede hacerlo por él. Por eso decía San Agustín : “DIOS QUE TE CREÓ SIN TÍ, NO TE SALVARÁ SIN TÍ”.

    Los fieles católicos reciben o no reciben esos frutos, se aprovechan o no de ellos, en la medida en que su vida y sus obras se acomodan o no a su fe católica, al no a cualquier fe inventada por las pasiones de los hombres, sino a la contenida y expresada en el Símbolo de los Apóstoles.

    El sincretismo religioso es una infamia, una blasfemia, una injuria al ÚNICO Y VERDADERO DIOS.

  3. abril 29, 2016 10:32 pm

    Inés:

    Concuerdo con ud al 100%, hermosas líneas….por cierto.

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