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Pide Hans Küng que Bergoglio declare infaliblemente que no es infalible

marzo 11, 2016

El cabalista Han Küng, a quien no soportaba ni su hermano cabalista Karol Wojtyla Katz, nuevamente le hace la faena al antipapa Jorge Bergoglio exhortándolo a declarar como no dogma el dogma de la Infalibilidad Papal.

Lo ridículo es que si un papa no fuera infalible, cómo  podría entonces decretar tal cosa, sin equivocarse.

Por supuesto que Bergoglio, él mismo, no puede declarar nada infaliblemente, como ya lo ha demostrado; pero precisamente porque no es papa y no cuenta con la asistencia del Espíritu Santo… ni le interesa.

Hans_Kung_teologo

“No creo en la Iglesia, creo en Dios…”, igual diría Lucifer.

Alguien de la Sinagoga debería jubilar a Han Küng, porque ya se envenena solo cuando lanza sus dardos contra la Santa Madre Iglesia.

(Transcrito de El País)

Un llamamiento al papa Francisco

Seguramente comprenderá que, llegado al final de mis días y movido por una profunda simpatía hacia usted, quiera, ahora que todavía estoy a tiempo, hacerle llegar mi ruego de que se proceda a una discusión libre y seria sobre la infalibilidad.

Es apenas concebible que el papa Francisco hubiera pretendido establecer una definición de la infalibilidad papal como la que, en el siglo XIX, promoviera Pío IX con buenas y no tan buenas mañas. Tampoco es imaginable que Francisco tuviera interés, como Pío XII, en la definición de un dogma infalible acerca de María. Lo concebible es, más bien, que el papa Francisco (como en su día Juan XXIII ante los estudiantes del Pontificio Colegio Griego) declarase con una sonrisa: Ío non sono infallibile” —“Yo no soy infalible”—. En vista del asombro de los estudiantes, el papa Juan añadió: “Solo soy infalible cuando defino ex cathedra, pero nunca lo haré”.

El 18 de diciembre de 1979 el papa Juan Pablo II me retiró la licencia eclesiástica por haber cuestionado la infalibilidad papal. En el segundo volumen de mis memorias, Verdad controvertida, demuestro, apoyándome en una extensa documentación, que se trataba de una acción urdida con precisión y en secreto, jurídicamente impugnable, teológicamente infundada y políticamente contraproducente. El debate acerca de la revocación de la missio canonica y de la infalibilidad se prolongó todavía bastante tiempo. Pero mi reputación ante el pueblo creyente no pudo ser destruida. Y tal como yo había predicho, no han cesado las discusiones en torno a las grandes reformas pendientes. Al contrario: se han agudizado fuertemente bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Estas son las que yo mencionaba entonces: el entendimiento entre las distintas confesiones; el mutuo reconocimiento de los ministerios y de las distintas celebraciones de la eucaristía; las cuestiones del divorcio y de la ordenación de las mujeres; el celibato obligatorio y la catastrófica falta de sacerdotes, y, sobre todo, el gobierno de la Iglesia católica. Y preguntaba: “¿A dónde conducís a nuestra Iglesia?”.

Estas demandas tienen ahora la misma actualidad que hace 35 años. Pero el motivo decisivo de la incapacidad de introducir reformas en todos estos planos sigue siendo, hoy como ayer, la doctrina de la infalibilidad del magisterio, que ha deparado a nuestra Iglesia un largo invierno. Igual que Juan XXIII entonces, intenta hoy el papa Francisco, con todas sus fuerzas, insuflar aire fresco a la Iglesia. Y topa con una resistencia masiva, como sucedió en el último sínodo mundial de los obispos de octubre de 2015. No nos engañemos: sin una re-visión constructiva del dogma de la infalibilidad apenas será posible una verdadera renovación.

Tanto más sorprendente resulta entonces que la discusión sobre la infalibilidad haya desaparecido del mapa. Muchos teólogos católicos, temerosos de sanciones amenazantes como las dirigidas contra mí, apenas se han ocupado ya críticamente con la ideología de la infalibilidad, y la jerarquía procura siempre que es posible evitar este tema impopular en la Iglesia y la sociedad. Solo en contadas ocasiones ha invocado expresamente Joseph Ratzinger, como prefecto de la fe, esa doctrina. Pero el tabú de la infalibilidad ha bloqueado de manera tácita desde el Concilio Vaticano II todas las reformas que hubieran exigido revisar posiciones dogmáticas anteriores. Esto no vale solo para la encíclica Humanae vitae, contraria a la anticoncepción, sino también para los sacramentos y el monopolio del magisterio “auténtico”, o para la relación entre sacerdocio particular y universal; sino que atañe asimismo a la estructura sinodal de la Iglesia y a la pretensión absoluta de poder del papa, así como a la relación con otras confesiones y religiones y con el mundo laico en general. Por eso se vuelve más acuciante que nunca la pregunta: “¿Hacia dónde se dirige a comienzos del siglo XXI esta Iglesia que sigue teniendo la fijación del dogma de la infalibilidad?”. La época antimoderna, anunciada por el Concilio Vaticano I, ha concluido hoy de una vez por todas.

Ahora que cumplo 88 años, puedo decir que no he escatimado esfuerzos para reunir en el quinto volumen de mis Obras completas los numerosos textos pertinentes, ordenarlos cronológica y temáticamente según las distintas fases de la discusión y aclararlos a través del contexto biográfico. Con este libro en la mano quisiera ahora repetir un llamamiento al Papa que, a lo largo de decenios de discusión teológica y político-eclesiástica, he formulado en múltiples ocasiones siempre en vano. Ruego encarecidamente al papa Francisco, quien siempre me ha respondido fraternalmente:

“Acepte esta amplia documentación y permita que tenga lugar en nuestra Iglesia una discusión libre, imparcial y desprejuiciada de todas las cuestiones pendientes y reprimidas que tienen que ver con el dogma de la infalibilidad. De este modo se podría regenerar honestamente el problemático legado vaticano de los últimos 150 años y enmendarlo en el sentido de la Sagrada Escritura y de la tradición ecuménica. No se trata de un relativismo trivial que socava los cimientos éticos de la Iglesia y la sociedad. Pero tampoco de un inmisericorde dogmatismo que mata el espíritu empecinándose en la letra, que impide una renovación a fondo de la vida y la enseñanza de la Iglesia y bloquea cualquier avance serio en el terreno del ecumenismo. Y mucho menos se trata para mí de que se me dé personalmente la razón. Está en juego el bien de la Iglesia y de la ecúmene.

Soy muy consciente de que mi ruego posiblemente le resulte inoportuno a alguien que como usted, en palabras de un buen conocedor de los asuntos vaticanos, vive entre lobos. Pero, confrontado el pasado año con los males de la curia e incluso con los escándalos, ha confirmado usted con valentía su voluntad de reforma en el discurso de Navidad pronunciado el 21 de diciembre de 2015 ante la curia romana: ‘Considero que es mi obligación afirmar que esto ha sido —y lo será siempre— motivo de sincera reflexión y decisivas medidas. La reforma seguirá adelante con determinación, lucidez y resolución, porque Ecclesia semper reformanda’.

No quisiera exacerbar, en detrimento de todo realismo, las esperanzas que abrigan muchos en nuestra Iglesia; la cuestión de la infalibilidad no admite en la Iglesia católica una solución de la noche a la mañana. Pero afortunadamente es usted casi 10 años más joven que yo y, como espero, me sobrevivirá. Y seguramente comprenderá que en mi condición de teólogo, llegado al final de mis días y movido por una profunda simpatía hacia usted y su labor pastoral, quiera, ahora que todavía estoy a tiempo, hacerle llegar mi ruego de que se proceda a una discusión libre y seria sobre la infalibilidad, tal como queda fundamentada, de la mejor manera posible, en el presente volumen: non in destructionem, sed in aedificationem ecclesiae, ‘no para la destrucción, sino para la edificación de la Iglesia’. Esto significaría para mí el cumplimiento de una esperanza a la que nunca he renunciado”.

22 comentarios leave one →
  1. Jean Bernard HENAULT permalink
    marzo 11, 2016 12:09 pm

    Interesantísima esta profesión de herejía de Hans Kung, en el sentido que demuestra por absurdo, que la Verdad Católica requiere la presencia de un Magisterio Auténtico, tal como ha sido el Magísterio papal, hasta Su Santidad el Papa Pío XII inclusive. Pero el sentido evolucionista (y consecuentemente herético), de la Verdad revelada se ha sustituido al sentido tradicional, y vemos las consecuencias, entre otras la libertad de pensamiento, “un delirio”, según Gregorio XVI… Falta que llegue y se destape el hijo de la perdición, y terminaran por revelarse los secretos de los corazones.

    • Miguel de San Miguel permalink
      marzo 11, 2016 8:55 pm

      Jean,
      como tú pero por motivos diferentes, considero a Küng equivocado.

      Ahora bien, ¿qué sentido tiene eso de “herejía”? Y ya que te las das de dogmático,
      ¿conoces las incontables amenazas a obispos y las destituciones de quienes se negaron a aprobar el dogma de la infabilidad papal? ¿Dónde en la Escrituras se apoya ese dogma? ¿Dónde en la Tradición, en las obras de los santos, de las grandes autoridades? ¡La Tradición secular es la oposición a este dogma! ¿Y qué haréis con los papas elegidos canónicamente que han sido unos grandísimos canalladas? ¿Cómo pretendéis justificar semejante aberración que se cometió con violencia, que nos divide y que mina la vida espiritual?

      Sí, Küng se equivoca mucho y en muchas cosas ¿pero sabes porqué? Por la falta de virtud y, en definitiva, por la falta de vida espiritual. Se equivoca como todos o un poquito más. Y si él doctrinalmente es tan lucio, ¿eres tú moralmente mejor? ¿Estás tú ya justificado para llamar a uno hereje? Y mira que objetivamente lo es. ¿Pero tú eres menos pecador?
      ¡Luego ya está bien de hipocresía!

      A mí en este mismo blog me censuran y llaman “hereje” por haber criticado el dogma de marras. En realidad me importa la vida espiritual más que la letra de la doctrina, pero en fin, ye me han colgado el sambenito. ¿Proceso? No ha sido necesario. ¿Autoridad competente? Tampoco es necesaria. Aquí se piensan algunos que por considerar a alguien equivocado (lo esté objetivamente o no) se le puede tratar sin decoro.

      ¿Pero qué ortodoxia ni qué caramba pretendéis haciendo “profesión” de soberbia y de arrogancia, juzgando y condenando y con la virtud cristiana por los suelos?

      ¡Si verdaderamente no transigís con el error, enmendad vuestra vergonzosa conducta moral! Estamos todos de camino y Küng, que yo sepa, todavía no ha muerto. Aunque lo consideres equivocado, no tienes derecho a juzgarlo pero sí tienes la obligación de desear que se salve y pedir por él. No defiendo a un cínico sino a un pecador bastante soberbio, a uno como tú y como yo.

      ¡Y si la redacción quiere comentar mi nota, le pido que no la emborrone con sus líneas!

      • rot permalink
        marzo 13, 2016 4:34 pm

        ¿se puede sostener la vida espiritual sin la letra de la Doctrina? ¿se puede caminar con una sola pierna?
        Ego sum Via, Veritas et Vita.
        Via en Sus ejemplos, Veritas EN SU DOCTRINA, Vita en la vida de la gracia.

        Tanto que habla del amor, la Caridad es la corona del Cuerpo Espiritual que se ha desarrollado correctamente, pero usted la está separando continuamente de la Fe. Las virtudes cardinales de la Fe y la Caridad no van por caminos opuestos.
        Y se ve su hipocresía al no querer juzgar a Kung pero más abajo bien que juzga a los Papas legítimos y no conforme con ello también los insulta.
        No se trata tanto de pensar por nosotros mismos sino de entrar en vida de oración, estudiar las escrituras, el Magisterio, los escritos de los Santos y que Dios vaya iluminando la inteligencia y con la gracia vayamos adhiriéndonos a las Verdades Reveladas.

      • Miguel de San Miguel permalink
        marzo 14, 2016 1:14 am

        rot,
        estoy de acuerdo con tu tono y con la visión de la doctrina inseparable de la vida. Y si no era a mí a quien leías el Levítico, pues igual. Celebro este modo de decir las cosas y las cosas que se dicen.

        M.

  2. El Profesor permalink
    marzo 11, 2016 12:47 pm

    Les voy a dar algo que pensar jovenes
    ¿Acaso existe alguien infalible en el mundo?

    FC: sí, la Iglesia en su Doctrina y fundamento tradicional: el Papado.

    Por eso hay que cuestionarlo todo (eso me incluye) o que acaso San Pedro no dudo, si mal no recuerdo hay un pasaje donde Pedro huye de Roma asustado y hasta Jesus le dice:
    – Pedro ¿Quo Vadis?

    FC: ese espisodio no es de la Biblia, sino de la novela Quo Vadis?. Pero Simón claro que era falible, pero Pedro no, al definir sobre Fe y Moral.

    • Miguel de San Miguel permalink
      marzo 11, 2016 8:02 pm

      El Profesor,

      la respuesta a tu pregunta sólo se puede responder con fe religiosa pero los creyentes reservamos la fe indivisible y exclusivamente para Dios. Sólo se tiene fe en Dios, luego no se puede contestar tu pregunta directamente con fe religiosa. Hecha esta explicación, contestaré como buenamente pueda.

      Creo que existen personas infalibles, a saber, los santos.

      Aunque no crea en la infabilidad de los santos precisamente con fe religiosa, creo en ella de todo corazón o, dicho de otro modo, por amor. Del mismo modo creo en la autoridad de un papa legítimo, por amor a la Iglesia. La fe en Dios y el amor a Dios son fundamentos muy seguros para confiar en aquellos que más aman a Dios. Así confío en el papa legítimo (esto es para los católicos, verdadero) y en la infabilidad de los santos. Confío en que nunca me confundirán en ningún asunto relativo a los fenómenos del alma.

      Conozco los escritos de muchos santos pero ninguno en el que se defienda con auténtico fervor y vehemencia la infabilidad papal. Por el contrario existen muchos documentos de santos en los que se explica que, a partir de cierto grado de experiencia sobrenatural o mística, el alma no puede pecar más ni podría aunque quisiera. Esto es la verdadera infabilidad en mi modo de sentir y comprender: no por nombramiento de los cardenales sino de Dios. Naturalmente pienso que los papas son infalibles si previamente se han santificado.

      Considero absurdo contestar tu pregunta directamente con el dogma de la infabilidad papal por dos motivos. El primero es que la adhesión al dogma requiere previamente la fe en Dios luego el dogmático no cree sino deduce. ¿Y por qué no deduce que deduce? Porque eso es peligroso o porque en algunos la inteligencia no da ya para tanto. Esto evidentemente no es contestar con fe sino con cierta lógica. Dicho de otro modo, tampoco los dogmáticos tienen fe en la infabilidad pero se imaginan que así es por la cuenta que les trae, para evitar el castigo de la condenación eterna. ¿Y qué sentido tiene amenazar con un castigo tan cruel a quien meramente se decida por ser honesto y dar cuenta de su conciencia sólo a Dios? Naturalmente que en todo esto hay un juego de poder y precisamente la lucha por el poder en la Iglesia es un mal endémico desde su fundación.

      El segunto motivo por el cual es absurdo contestar tu pregunta con el dogma de la infabilidad papal se relaciona al hecho de que quienes así contestan, los llamados dogmáticos (únicos cristianos verdaderos según ellos mismos) admiten que el papa dogmáticamente infalble pueda sea de un hombre no necesariamente santo ni siquiera bueno e incluso admiten que el papa dogmáticamente infalible pueda ser un hombre moralmente réprobo o sea lo que se dice un canalla. No expongo esto en abstracto o por suposiciones sino de que realmente hemos tenido “papas legítimos” que han sido unos auténticos canallas.

      Si no eres católico este dogma puede parecerte perverso. Yo no lo veo así exactamente. Como he tenído que vérmelas con toda nuestra grey católica, he llegado a comprender… Los asuntos que afectan al alma son muy sutiles, a veces tremendamente intrincados. Las emociones también desempeñan aquí una función capital, sobre todo en la infancia y la juventud. El miedo produce estragos y pensar por sí mismo es además, en el mejor de los casos, una labor arriesgada. El dogmatismo corta las alas pero da cierta seguridad. Es una seguridad ficticia pero así se sale del mal paso. Con la madurez espiritual el miedo se mitiga y las alas vuelven a crecer. He comprendido esto, por tanto no me importa el dogmatismo o la falta de dogmatismo sino la vida interior. Quien ora y busca, termina encontrando.

      • marzo 12, 2016 8:58 am

        Es un error afirmar la infalibilidad, doctrinal, personal, o de cualquier índole, de todo hombre, así sea un santo.

        La falibilidad es un hecho de la condición humana que solamente puede evitar Dios, en la persona del Papa, exclusivamente en definiciones ex cathedra, es decir, en materia de Fe y Moral, en su calidad de pastor universal, enseñando a todos los católicos.

        (S. Lucas 22:32) “mas yo he rogado por ti que tu Fe no falle”.

        Unidad en la Verdad

      • Miguel de San Miguel permalink
        marzo 12, 2016 11:04 am

        Redacción,
        después de comenzar tu comentario cruelmente con “Es un error”, sentencias con importancia:

        “La falibilidad es un hecho de la condición humana que solamente puede evitar Dios, en la persona del Papa, exclusivamente en definiciones ex cathedra…”.

        Pues no. Dios puede evitar la fabilidad NO solamente en la persona del papa sino en TODA persona que quiera. Bien me sospecho que quiere evitarla en los santos. La santidad es la perfección, luego “santo” e “infalible” viene a ser lo mismo, por eso a los papas se les da el título (vergonzante) de “Santidad” y “Santo Padre”… ¡Si verdaderamente los papas fueran santos sin más, necesariamente serían infalibles también!

        FC: ese es un dogma de tu falsa religión. Los santos son falibles como humanos que son. Precisamente su falibilidad los hizo someterse en varias ocasiones a la autoridad papal en materia doctrinal y moral.

        El dogma de la infabilidad papal se explica convincentemente sólo por la necesidad de afianzar el papado en una época en la que al papa se le iba el poder de las manos en todo el mundo.

        FC: eso mismo dice el hereje Hans Küng.

        Naturalmente el tiro salió por la culata porque el artificio nunca ha dejado de repugnar a la razón y a la fe de muchos católicos leales.

        FC: ni católicos ni leales. Y no fueron tantos, en la definición de 1870 eran unos cuantos hebreos infiltrados.

        Este mismo error ha sido un arma arrojadiza en manos de nuestros enemigos y otra de sus consecuencias es que ahora tenemos a un anti-papa investido de anti-santidad.

        FC: tan antipapa como tu amado hebreo Joseph Ratzinger Tauber, mimebro de la jauría de hienas de Tubinga junto con Küng, Kasper y Reinhard.

    • Miguel de San Miguel permalink
      marzo 11, 2016 8:58 pm

      Perfecto o imperfecto… Todo es por Gracia, esa es la Verdad.

    • bip permalink
      marzo 12, 2016 4:29 am

      El profesor de la duda sistemática hegeliana kantiana de los modernistas jeje…..

  3. Profesor permalink
    marzo 11, 2016 6:02 pm

    ¿Entonces Pedro y Simón son dos personas distintas?

    • marzo 12, 2016 8:52 am

      No, Simón y Pedro son la misma persona, antes de y después de ser electo papa.

      Unidad en la Verdad

  4. Tomás permalink
    marzo 12, 2016 4:55 am

    De hecho en la secta de Bergoglio han tirado por la borda los dogmas de la Infalibilidad Papal y del Primado de Pedro.

  5. f-s pt permalink
    marzo 12, 2016 2:27 pm

    Quien no desee creer en los Dogmas de la única Iglesia válida fundada nada más y nada menos que por el mismo Dios en la segunda Persona de la Sagrada Trinidad, Jesucristo Dios y Hombre verdadero, entre los que se encuentra la infalibilidad del papado en las circunstancias que determina el propio dogma, y dude de éste como de otros , sean los que sean, lo que debe hacer es abandonar la Iglesia. Los que no lo hacen así es porque en realidad los muy hipócritas desean su destrucción ya que sirven a su señor satanás, como lo vienen haciendo, no sólo el blasfemo y hereje Küng y otros con él, si no los-para desgracia suya-, papas del concilio aquel realizado a gusto del judaísmo anticristiano, desde el “buen papaJUan” (¡¿¿¡) culminando, por ahora, con el heresiarca Bergoglio, decididamente antipapa. Todo aquel que no acepte cualquier dogma de la Iglesia Universal está fuera de ella de facto y es un hereje blasfemo. Al que no le guste, que tenga el valor de irse sin más, aceptando esa responsabilidad de manera personal. De cualquier modo todos…¡Sí todos!- vamos a responder ineluctiblemente ante Dios. Ellos también…

    • marzo 12, 2016 2:33 pm

      Así de claro.

      Unidad en la Verdad

    • Miguel de San Miguel permalink
      marzo 12, 2016 3:01 pm

      f-s pt,
      si no crees que tu creencia es incredulidad de lo único digno de ser más creído y, descreído como eres de lo más dignamente creíble, no das crédito a los creyentes que creemos que creer no es querer creer ni credulidad ni dar crédito a lo que acreditan unas credenciales, cree lo que quieras o cría lo crees pero no espere que te crea porque tú no crees, ¡tú croas!

      • marzo 12, 2016 6:53 pm

        Jajajaja.

        No pudimos contener la risa Miguel. Cuanta berborrea sin sentido de tu parte.

        Unidad en la Verdad

  6. Inés. permalink
    marzo 13, 2016 1:39 am

    Los “papas del falso Concilio Vaticano II”, y más que falso por los cuatro costados, hicieron lo que hicieron por eso precisamente : PORQUE NO ERAN PAPAS , SINO USURPADORES, COMO NO ES PAPA el que ahora se hace pasar por tal.

    Ya antes de serlo estaban inhabilitados para ser elegidos. IN-HA-BI-LI-TA-DOS, que es lo mismo que indignos.

    No sin permisión ha sucedido esto. No es más que un tremendo aviso de Dios……

    Pero la mayoría de los hombres estás ciegos y sordos, como lo estuvieron los contemporáneos de Noé, a los que se concedió el tiempo que duró la construcción del Arca para que se convirtiesen. Pero como sabemos, de nada les aprovechó el plazo, como no aprovechó a los de Sodoma y Gomorra la intercesión de Abraham. UNOS Y OTROS PERECIERON. Y es que como dice un refrán : “Hay gustos que merecen palos”.

    Lo malo es que los palos, con gusto o sin él, pican, !y de qué manera” ….. , y ya no es posible rectificar. “Del lado que cae el árbol, así se queda”. Se acabó el tiempo para merecer, para rectificar, para convertirse, como dice el Apocalipsis.

  7. Inés. permalink
    marzo 13, 2016 2:27 am

    SINAGOGLIO, aunque quiera, no puede renunciar a lo que jamás ha tenido .

    El Dogma de la Infalibilidad pontificia en materia de Fe y Costumbres no puede ser anulado absolutamente por nadie, ni en un año, ni en cien, ni en diez mil.

    La infalibilidad pontificia en las materias dichas, y sólo en ellas, es una gracia especialísima del Espíritu Santo concedido a S. Pedro y a sus sucesores , es decir, hasta Pio XII.

    Sin el don de la infalibilidad, y los herejes, apóstatas y cismáticos no lo tienen, ¿CÓMO SE PRETENDE QUE ALGUIEN RENUNCIE A LO QUE NO TIENE?

    Roncalli y sus sucesores son apóstatas, cismáticos y herejes, y para los católicos nada de lo que dispusieron tiene valor alguno.

    NINGUNO. ES COMO SI LO HUBIESEN ESCRITO EN EL AGUA.

  8. marzo 13, 2016 3:21 pm

    Ultimamente se ha apoderado de mi un horrendo problema: ¿qué es la estupidez? ¿cuál es su sentido? ¿cómo llega uno a ser tan estúpido? — — — ¡Estoy en ello! — — — Y anticipo: La estupidez debe tener que ver con la mentira, con lo que la mentira ocasiona, produce, incita y determina en la mente humana, precisamente con un tipo especial de placer… — el mismo placer en el cual se complace el padre de la mentira. — — ¡Extraño!

    • Miguel de San Miguel permalink
      marzo 14, 2016 1:16 am

      g,
      no es extraño porque tas la maldad y la necedad van de la mano, como la virtud y la sabiduría.

  9. Trinidad permalink
    marzo 14, 2016 7:33 pm

    God has place clear limits on man’s intelligence, but none on his stupidity.
    And Hans Kung is a clear example of this.

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