Skip to content

MARI-SANTA

marzo 3, 2016

Ya habíamos escuchado el último fragmento de este piadoso cuento, pero ignorábamos el autor y los detalles de origen.

Gracias a la forista Inés.

Ibaizabal

Cuento de Antonio de Trueba recogido de la tradición popular de Vizcaya.

“Mari-Santa”, forma parte de las “Obras Populares” de Antonio de Trueba, pertenece a los “Cuentos de vivos y muertos”, (Tomo II) , publicados en Madrid por la Imprenta y Librería de Miguel Guijarro en 1875.

I

Lo que voy a contar pasó hace más de cuatrocientos años, o lo que es lo mismo, cuando San Vicente Ferrer andaba por el mundo asombrándolo con su predicación y sus milagros.

Mari-Santa era hija de un pobre marinero de Bilbao, y debía la primera parte de su nombre al cura que la bautizó, y la asegunda al pueblo, que la tenía por una santa.  Si no era una santa tal como la Iglesia quiere que sean las que coloca en sus altares, poco le faltaba, porque desde niña se había consagrado al consuelo de los afligidos.

¿Lloraba un niño en las riberas del Ibaizábal?  Una niña que jugaba en estas riberas abandonaba presurosa sus juegos infantiles para consolar al niño, que al punto trocaba su llanto en risa, porque la palabra de aquella niña tenía una dulzura que calmaba todos los dolores y dulcificaba todas las aflicciones.

¿Consumían las llamas la pobre casería de un labrador en las repúblicas de Abando, Begoña o Deustúa, y el labrador y su familia lloraban sin consuelo viéndose de repente sin techo con que cobijarse, ni pan que llevar a los labios?.   Una compasiva doncella aparecía entre aquella desconsolada familia, y su dulce y persuasivo acento infundía consuelo, y esperanza, y resignación a aquellos desventurados.

¿Lloraba una madre de familia la pérdida de su esposo o de su hijo?  La humilde hija de un marinero corría a su lado y llevaba el consuelo a su corazón sólo con el poder de su palabra, dotada de un encanto y una persuasión irresistibles.  La que empleaba así su vida en consolar a los afligidos, era conocida en todo el valle del Ibaizábal con el nombre de Mari-Santa.

II

El apóstol Vicente Ferrer, el segundo Pablo, el clarín del Evangelio, como con razón le llama su biógrafo Valdecebro ; el trueno de Europa, como con más razón en el fondo le califica Granda, historiador de la basílica de Begoña, llegó al valle del Ibaizábal asombrando con su elocuencia y sus milagros a las tres provincias vascongadas, como había asombrado a las restantes de España y muchas de Europa.

A propósito de los milagros de San Vicente Ferrer, quiero hacer una pregunta a los que no creen en milagros.  Pase que haya quien dude de los que piadosamente le ha atribuido el pueblo a tal o cual siervo de Dios, porque la misma Iglesia duda de ellos mientras no tiene grandes pruebas de que son verdaderos ; pero, ¿es posible que haya quien dude de los de San Vicente Ferrer, que por espacio de un siglo y en número infinito estuvieron asombrando a Europa, y se verificaban muchísimas veces en presencia de veinte o treinta mil personas?  Sabido es que el santo apóstol decía a su compañero : “Toqueu a milacre”, y al toque de la campana llamada de milagros, se reunían en torno del apóstol millares de enfermos que sanaban instantáneamente así que el apóstol ponía su mano en ellos.

Puede equivocarse o alucinarse una persona, pero no millones de ellas ; puede equivocarse una población, pero no millares de poblaciones ; puede durar la equivocación o alucinación un día, pero no un siglo.

Vicente Ferrer predicaba en lemosín o valenciano, en la iglesia de Santiago de Bilbao, y le comprendía perfectamente el pueblo, que casi en su totalidad no sabía más lengua que la vascongada, que entonces era casi la única que se hablaba en Vizcaya.  Por la noche, convencido sin duda de que el cielo está más cerca de los montes que de la tierra llana, como dice un cantar vascongado, iba a descansar de sus gloriosas fatigas en una pobre casería situada en la cordillera que se extiende entre Gangúren y Bérriz, donde en aquellos tiempos se llamaba Campo de la Lid, y hoy se llama de Santo Domingo, porque el apóstol valenciano erigió allí un templo al santo fundador de la Orden dominica, cuyo hábito vestía Vicente Ferrer.

Contáronle en Bilbao las piadosas tareas en que Mari-Santa empleaba la mayor parte de su vida, y aquella noche, hincóse se rodillas, alzó los ojos y el corazón al cielo, y pidió a Dios que si un día enviaba la tribulación a la doncella que se consagraba al consuelo de los afligidos, le enviase también el consuelo. Apenas el siervo de Dios formuló esta súplica, el Señor le anunció que la había acogido propicio.

III

Mari-Santa se unió con un honrado mancebo que, como el padre de Mari-Santa, ganaba el sustento dedicándose a la marinería, y un año después dio a luz un hermosísimo niño.  Cuando cumplía este niño tres años, enfermó de repente, y a pesar de los cuidados de su tierna y amantísima madre, voló su alma al cielo. El dolor de Mari-Santa, cuyo marido se hallaba ausente en una larga navegación, no tuvo límites.

Todos procuraban consolar a Mari-Santa ; pero la que encontraba consuelo para todas las aflicciones, no lo encontraba para la suya, por más que le recordasen que su hijo se sentaba ya entre los ángeles y que había muerto sin los dolores físicos que comúnmente se experimentan en el tránsito de la vida temporal a la eterna.

En la colina de Mallona, subiendo de la villa al santuario de la Virgen de Begoña, existía por aquellos tiempos una ermita consagrada a Jesús crucificado, y cada vez que Mari-Santa pasaba por allí se postraba a los pies de Jesús, exclamando :  !Gracias, Señor, porque nunca habéis dejado descender la tribulación a mi alma!  Pero desde que perdió al hijo, su oración era  ésta :  

– !Señor!  ¿Por qué me habéis desamparado?

Una noche bajaba Mari-Santa de consolar a los afligidos en las colinas de Begoña, y según costumbre, dobló las rodillas ante el Crucifijo de Mallona. 

La noche era oscura, oscura, y el Ibaizábal rugía en el fondo del valle, y el mar bramaba a lo lejos, y las fieras aullaban en las laderas de Archanda y Pagazarri, que entonces estaban cubiertas de altos y espesos matorrales.

– !Señor!  ¿Por qué me habéis desamparado?, exclamó Mari-Santa con más dolor y desconsuelo que nunca.

– !Torna la vista! , le contestó una voz que parecía salir de los labios del Crucificado.

Mari-Santa tornó la vista hacia las lóbregas vertientes del Pagazarri , y una visión singular se ofreció a sus ojos :  allá a lo lejos, a lo lejos, vió el cadáver de un mancebo pendiente de un patíbulo, y al pie del patíbulo dos ancianos que lloraban y procuraban taparse el rostro con las manos para ocultar su vergüenza.  !El mancebo ajusticiado se parecía prodigiosamente a su hijo, y los ancianos se parecían prodigiosamente a ella y a su marido!

Mari-Santa comprendió, llena de júbilo y consuelo, el significado de aquella maravillosa visión ; y desde entonces nunca pasó por la colina de Mallona sin exclamar prosternada a los pies del Crucificado :

– !Gracias, Señor, porque llevásteis a vuestro seno a mi hijo antes que fuese indigno de él!

Anuncios
5 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    marzo 4, 2016 1:08 am

    Esta historia de “Mari-Santa” , que forma parte de las “Obras Populares” de Antonio de Trueba, pertenece a los “Cuentos de vivos y muertos”, (Tomo II) , publicados en Madrid por la Imprenta y Librería de Miguel Guijarro en 1875.

  2. Tonatiuh permalink
    marzo 4, 2016 7:09 pm

    Este cuento está peor que las fábulas judaicas… ¿con esto pretenden afianzar la catolicidad?

  3. marzo 5, 2016 11:09 am

    Bellisima historia de una santificada mujer que comprendió como agradar a Nuestro Señor!!!! Lo leí a mi abuela(tiene poca visión) y le gusto!!!

    Gracias a Inés por lindo post.

  4. Inés. permalink
    marzo 9, 2016 1:40 am

    cristosvincit :

    Esta santa mujer, ejercitada en las obras de misericordia desde la infancia, conoció, por especial gracia de Dios el inmenso bien que le había concedido a su hijito , ( y a ella misma) , llevándole consigo a tan tierna edad.

    Me alegra que le haya gustado a su abuela. Vaya mi saludo más respetuoso para ella.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: