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Memorial de la Penitencia II: Fray Luis de Granada

febrero 19, 2016

“DE LOS SIETE PECADOS CAPITALES”

Lo primero que digamos agora al penitente, es que se tome tiempo antes que se confiese para examinar su consciencia y traer a la memoria todos los pecados pasados, mayormente si ha días que no se confesó.  Y es esta diligencia tan necesaria, que faltando ella, (si el confesor no supliese esta falta), la confesión sería ninguna, como lo sería aquella donde a sabiendas se dejase de confesar algún pecado. Esta es una cosa que se debía predicar a voces por las plazas, por estar tantas personas en esto engañadas.

Tenga aviso, cuando se confesare, de declarar el número de los pecados; conviene a saber, cuántas veces cometió tal o tal pecado. Y si no se acordare de este número, a lo menos declárelo poco más o menos según se acordare, y cuanto tiempo perseveró en él, porque por ahí se puede conjeturar poco más o menos el número de los pecados que pudo hacer en tanto tiempo. No se ha de confesar más que la especie sola del pecado, que es el nombre que tiene de hurto, odio, adulterio o cosa semejante.  De lo cual se infiere que no hay necesidad, para declarar un pecado, de contar toda una historia, sino basta decir el nombre del pecado, y cuántas veces lo cometió, sin contar la historia de cómo pasó.

Lo cual, si entendiesen bien los penitentes, podrían muy limpia y brevemente confesarse de infinitos pecados, reduciéndolos todos a sus especies, y diciendo: Mil veces hurté, o maté, o adulteré, etc.   De aquí también se infiere que no es necesario explicar por menudo los modos y maneras en que se cometió el pecado, (mayormente cuando es carnal),  sino basta declarar la especie sola dél.

Si fue por obra consumada, basta decir el nombre de la obra, como es: cometí adulterio, o incesto, o simple fornicación tantas veces. Si fue por pensamiento, basta decir: Tuve un pensamiento deshonesto, y consentí, y detúveme en él, sin decir tal y tal cosa, como algunos hacen con grande vergüenza suya, y sin necesidad del sacramento.  Si fue por palabra, basta decir: Dije palabras torpes para provocar a mal, o para deleitarme en ellas.  Ni los escrupulosos deben querer explicar de otra manera sus pecados, porque basta explicarlos de la manera que los doctores dicen que basta, y con esto se deben contentar, pues no son obligados a más.

DE LOS SIETE PECADOS CAPITALES

PRIMERO

(De la soberbia)

Soberbia es apetito desordenado de la propia excelencia, pecado de que muchos otros proceden, entre los cuales son los principales : La vanagloria, la presumpción, la jactancia y la hipocresía.   Acerca de la vanagloria, mire si se glorió en cosas malas, como en se haber vengado o apaleado a otro, o deshonrádolo, etc.  Si se glorió en cosas vanas o indignas de gloria, como la hermosura del rostro, gentileza de cuerpo, atavíos de la persona, acompañamiento de criados, riquezas, linaje u otras cosas semejantes.  Si se glorió vanamente en cosas buenas y dignas de gloria, como son : Virtud, sabiduría, prudencia, habiendo de dar la gloria destas cosas a Dios.  Si se glorió en lisonjas o loores humanos, tomando en ellos demasiado contentamiento. Si es ambicioso y deseoso de honra, y hace lo que no debe por ella.

Si es tan temeroso de ignominia  o infamia, o de ser malquisto, que por huir destos inconvenientes hace lo que no debe, o deja de hacer lo que debe.  Si por miedo de lo que podrían decir, deja de hacer cosas buenas, como es confesar, comulgar, ir a misa, tratar con buenos, etc.  Si presume vanamente de lo que no es, teniéndose por más virtuoso, letrado, noble y prudente de lo que es.  Si presume mucho de lo que es, no dando dello la gloria a Dios.   Si confía mucho en su propio parescer, saber y virtud. Si por  esta causa no recibe consejo, o corrección, o castigo de otro.

Si por la misma causa defiende sus culpas manifiestas, buscando excusas en los pecados. Si por no quedar vencido porfía contra lo que entiende ser verdad y razón.  Si ha despreciado a otros y tenídolos en poco, diciendo algunas palabras en desprecio  dellos.  Si con esta presumpción rió o escarnesció de las ignorancias o faltas ajenas.

Acerca de la hipocresía, si procuró de parecer lo que no es, o más santo de lo que es, para ganar honra de bueno vanamente entre los hombres. Acerca de la jactancia, si se jactó o alabó de sí, o a sus cosas vanamente.  Si se loó de algún pecado que hiciese, como es haber deshonrado alguna mujer, o de haber injuriado o maltratado a otro.   Si se alabó de lo que no hizo, (mayormente siendo pecado), por parecer hombre de valor y ser tenido en más.

SEGUNDO

(De la avaricia)

Si es avaro y escaso, o atesoró sin causa razonable.  Si por el contrario es pródigo y desperdiciador. Si gasta más de lo que tiene, por lo cual viene a ponerse en necesidad, y faltar en las obligaciones de su casa, y no proveer a sus criados e hijas, o a meterlas monjas por fuerza.  Si tiene grande y desordenada afición al dinero, por donde se olvida de Dios y de las cosas de su ánima por servir desordenadamente a las cosas de la hacienda. Si deseó la muerte a alguno por alguna herencia o provecho que dél esperaba.

TERCERO

(De la lujuria)

Desta se dijo ya en el sexto mandamiento.

CUARTO

(De la ira)

Acerca de la ira mire primeramente si consigo mismo tuvo ira, deseando o pidiéndose la muerte.  Si con ira y rabia puso las manos en sí mesmo.  Si se ofresció al demonio, o echó maldiciones, o plagas sobre sí.  Para con su prójimo, si tuvo ira o indignación contra su prójimo sin causa.   Si le dijo palabras de ira y desentonadas.  Si le dijo palabras injuriosas, como ladrón, borracho, necio, etc. , no siendo su criado o esclavo, es mortal.

Si con la misma ira le dijo  las mesmas palabras, o descubrió las mesmas culpas en ausencia de la persona.  Si echó maldiciones, u ofresció a los demonios las criaturas de Dios, o pidió peticiones contra ellas, ora sean sus criados o no.  Si es porfiado y colérico, rencilloso y desentonado en sus palabras y porfías. Si puso por obra la ira del corazón poniendo las manos en otro.

QUINTO

(De la gula)

Si quebró los ayunos de la Iglesia. Si comió carne en días vedados sin causa suficiente. Si comió tan excesivamente, o tales manjares. que hiciesen daño a la  salud. Si come o bebe mucho, o muchas veces, o con mucha golosina y apetito.  Si es muy amigo de manjares preciosos y curiosamente aparejados, y gasta en esto largo.

SEXTO

(De la envidia)

Si deliberadamente tuvo pesar del bien ajeno, o de que otro le llevase la ventaja ; como si es cortesano, de que otro prive más que él, o sea primero o mejor despachado que él, etc.   Si se alegró del mal de su prójimo, o de le ver caído de su honra.  Si dijo mal dél por deshacer en su persona y fama, y hacer la suya propia a costa ajena.  Si descubrió alguna falta encubierta dél, para que publicados sus defectos, no sea tan estimado. Si por esta causa le pesó cuando oyó decir bien dél.

SÉPTIMO

(De la pereza o acidia)

Si por pereza dejó de hacer buenas obras, como es oír misa, rezar, mayormente cuando eran cosas de obligación.  Si hace las obras de Dios fríamente, y con tibieza y negligencia.  Si es inconstante en  desistir de los buenos propósitos que propone, y dejar sus devociones y santos ejercicios por cualquier ocasión.  Si los anda dilatando de día en día.

Si duerme más de lo necesario. Si gasta mal su tiempo en pensamientos derramados, palabras ociosas y obras infructuosas. Si con las adversidades y trabajos se entristece demasiadamente. Si por el contrario se levanta y ensoberbece demasiadamente con las prosperidades, favores y buenos sucesos, no dando por eso la gloria a Dios.

DE LAS OBRAS DE MISERICORDIA

Acerca destas se acuse primeramente si fue negligente en las obras de misericordia espirituales, especialmente en dejar de aconsejar, o avisar, o reprehender a las personas que pudiera aprovechar con algo desto, mayormente a las que él tenía obligación.  Si cuando esto hizo, lo hizo con tanta ira y tan poca moderación, que hiciese más daño que provecho.  Si no se compadesce de tantas calamidades, y herejías, y males como hay hoy en el mundo, y si no ruega a Dios por ellos. 

Acerca de las obras de misericordia corporales, mire si ayuda a sus prójimos en sus trabajos y necesidades, y si hace limosna a los pobres conforme a su posibilidad. Si se enfada con ellos, o murmura dellos, o les da malas respuestas, como importunado dellos, o hace burla dellos. 

AVISOS GENERALES PARA CONOCER CUÁL SEA PECADO MORTAL, Y CUÁL VENIAL

En todas estas maneras de pecados que aquí se han apuntado, convenía declarar lo que era pecado mortal y lo que venial.   Pues para conocer cuál sea pecado mortal, y cuál venial, se suelen poner las reglas siguientes:  

La primera y muy generales, que todo aquello que es contra la caridad, es pecado mortal ; y por caridad entendemos amor de Dios y del prójimo.  Pues según esto, todo lo que fuere contra la honra de Dios, o bien del prójimo en materia grave, será pecado mortal, como es hacerle daño en su honra, o en su hacienda, o en cosa semejante.  Porque esto apaga la caridad, en la cual consiste la vida del ánima. 

Mas lo que no es contra caridad, sino fuera della, es pecado venial, como son palabras ociosas, que a nadie hacen daño, o alguna vanagloria, o ira, o pereza, o gula, (que es comer más de lo necesario), o cosa semejante. 

La segunda regla, mas especial, es que todo lo que es contra alguno de los preceptos de Dios o de su Iglesia, es pecado mortal. Como lo que se hace contra el precepto que dice : “No hurtarás, o no fornicarás”, etc. , o contra el mandamiento de la Iglesia que manda pagar diezmos, o confesarse una vez al año, y comulgar por Pascua, etc. 

También aquí se debe considerar que hay tres maneras de preceptos : Unos son negativos, (como no matarás, etc.) , los cuales obligan siempre y por siempre.  Otros hay afirmativos, (como dar limosna, tener contrición de los pecados),  y estos obligan siempre, mas no por siempre, sino en tiempo de necesidad, porque entonces corre su obligación. 

Otros son compuestos de entrambos, esto es, afirmativos y negativos, como es el restituir lo ajeno ; y estos tales mandamientos obligan de ambas maneras, siempre y por siempre.  Y por esto no basta que el que debe tenga propósito de restituir adelante, sino es necesario que luego restituya, porque no tenga lo ajeno contra la voluntad de su dueño, lo cual es mandamiento que obliga siempre y por siempre. Y el que desta manera tiene lo ajeno, mire por sí y restitúyalo.

2 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    febrero 24, 2016 12:49 am

    “Maestro, ¿qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna?”

    “Guarda los Mandamientos”.

  2. A Te nunquam separari permittas permalink
    febrero 24, 2016 7:44 pm

    Me decía un buen confesor (yo, mal penitente por desgracia) que Dios permite caigamos en pecados muy bochornosos para que nos curemos en la raíz o fuente de todos ellos, que es la soberbia. Me ponía como ejemplo el caso del ciego al que Cristo curó con un material tan sucio como es el barro. Aunque, en este caso, su aglutinante era su divina saliva.

    No sé cómo, a este bendito Fray Luis de Granada, no lo han canonizado o, al menos beatificado. Desde hace 58 años, son malos tiempos para hacerlo.

    Sancta María, Mater Dei, ¡ora pro nobis peccatoribus!

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