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San Fernando III, Rey de Castilla y de León (1198-1252)

mayo 30, 2015

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por José M.ª Sánchez de Muniáin

San Fernando (1198? – 1252) es, sin hipérbole, el español más ilustre de uno de los siglos cenitales de la historia humana, el XIII, y una de las figuras máximas de España; quizá con Isabel la Católica la más completa de toda nuestra historia política. Es uno de esos modelos humanos que conjugan en alto grado la piedad, la prudencia y el heroísmo; uno de los injertos más felices, por así decirlo, de los dones y virtudes sobrenaturales en los dones y virtudes humanos.

A diferencia de su primo carnal San Luis IX de Francia, Fernando III no conoció la derrota ni casi el fracaso. Triunfó en todas las empresas interiores y exteriores. Dios les llevó a los dos parientes a la santidad por opuestos caminos humanos; a uno bajo el signo del triunfo terreno y al otro bajo el de la desventura y el fracaso.

Fernando III unió definitivamente las coronas de Castilla y León. Reconquistó casi toda Andalucía y Murcia. Los asedios de Córdoba, Jaén y Sevilla y el asalto de otras muchas otras plazas menores tuvieron grandeza épica. El rey moro de Granada se hizo vasallo suyo. Una primera expedición castellana entró en África, y nuestro rey murió cuando planeaba el paso definitivo del Estrecho. Emprendió la construcción de nuestras mejores catedrales (Burgos y Toledo ciertamente; quizá León, que se empezó en su reinado). Apaciguó sus Estados y administró justicia ejemplar en ellos. Fue tolerante con los judíos y riguroso con los apóstatas y falsos conversos. Impulsó la ciencia y consolidó las nacientes universidades. Creó la marina de guerra de Castilla. Protegió a las nacientes Ordenes mendicantes de franciscanos y dominicos y se cuidó de la honestidad y piedad de sus soldados. Preparó la codificación de nuestro derecho e instauró el idioma castellano como lengua oficial de las leyes y documentos públicos, en sustitución del latín. Parece cada vez más claro históricamente que el florecimiento jurídico, literario y hasta musical de la corte de Alfonso X el Sabio es fruto de la de su padre. Pobló y colonizó concienzudamente los territorios conquistados. Instituyó en germen los futuros Consejos del reino al designar un colegio de doce varones doctos y prudentes que le asesoraran; mas prescindió de validos. Guardó rigurosamente los pactos y palabras convenidos con sus adversarios los caudillos moros, aun frente a razones posteriores de conveniencia política nacional; en tal sentido es la antítesis caballeresca del «príncipe» de Maquiavelo. Fue, como veremos, hábil diplomático a la vez que incansable impulsor de la Reconquista. Sólo amó la guerra bajo razón de cruzada cristiana y de legítima reconquista nacional, y cumplió su firme resolución de jamás cruzar las armas con otros príncipes cristianos, agotando en ello la paciencia, la negociación y el compromiso. En la cumbre de la autoridad y del prestigio atendió de manera constante, con ternura filial, reiteradamente expresada en los diplomas oficiales, los sabios consejos de su madre excepcional, doña Berenguela. Dominó a los señores levantiscos; perdonó benignamente a los nobles que vencidos se le sometieron y honró con largueza a los fieles caudillos de sus campañas. Engrandeció el culto y la vida monástica, pero exigió la debida cooperación económica de las manos muertas eclesiásticas y feudales. Robusteció la vida municipal y redujo al límite las contribuciones económicas que necesitaban sus empresas de guerra. En tiempos de costumbres licenciosas y de desafueros dio altísimo ejemplo de pureza de vida y sacrificio personal, ganando ante sus hijos, prelados, nobles y pueblo fama unánime de santo.

Como gobernante fue a la vez severo y benigno, enérgico y humilde, audaz y paciente, gentil en gracias cortesanas y puro de corazón. Encarnó, pues, con su primo San Luis IX de Francia, el dechado caballeresco de su época.

Su muerte, según testimonios coetáneos, hizo que hombres y mujeres rompieran a llorar en las calles, comenzando por los guerreros.

Más aún. Sabemos que arrebató el corazón de sus mismos enemigos, hasta el extremo inconcebible de logar que algunos príncipes y reyes moros abrazaran por su ejemplo la fe cristiana. «Nada parecido hemos leído de reyes anteriores», dice la crónica contemporánea del Tudense hablando de la honestidad de sus costumbres. «Era un hombre dulce, con sentido político», confiesa Al Himyari, historiador musulmán adversario suyo. A sus exequias asistió el rey moro de Granada con cien nobles que portaban antorchas encendidas. Su nieto don Juan Manuel le designaba ya en el En-xemplo XLI «el santoet bienauenturado rey Don Fernando».

* * *

Más que el consorcio de un rey y un santo en una misma persona, Fernando III fue un santo rey; es decir, un seglar, un hombre de su siglo, que alcanzó la santidad santificando su oficio.

Fue mortificado y penitente, como todos los santos; pero su gran proceso de santidad lo está escribiendo, al margen de toda finalidad de panegírico, la más fría crítica histórica; es el relato documental, en crónicas y datos sueltos de diplomas, de una vida tan entregada al servicio de su pueblo por amor de Dios, y con tal diligencia, constancia y sacrificio, que pasma. San Fernando roba por ello el alma de todos los historiadores, desde sus contemporáneos e inmediatos hasta los actuales. Físicamente, murió a causa de las largas penalidades que hubo de imponerse para dirigir al frente de todo su reino una tarea que, mirada en conjunto, sobrecoge. Quizá sea ésta una de las formas de martirio más gratas a los ojos de Dios.

Vemos, pues, alcanzar la santidad a un hombre que se casó dos veces, que tuvo trece hijos, que, además de férreo conquistador y justiciero gobernante, era deportista, cortesano gentil, trovador y músico. Más aún: por misteriosa providencia de Dios veneramos en los altares al hijo ilegítimo de un matrimonio real incestuoso, que fue anulado por el gran pontífice Inocencio III: el de Alfonso IX de León con su sobrina doña Berenguela, hija de Alfonso VIII, el de las Navas.

Fernando III tuvo siete hijos varones y una hija de su primer matrimonio con Beatriz de Suabia, princesa alemana que los cronistas describen como «buenísima, bella, juiciosa y modesta» (optima, pulchra, sapiens et pudica), nieta del gran emperador cruzado Federico Barbarroja, y luego, sin problema político de sucesión familiar, vuelve a casarse con la francesa Juana de Ponthieu, de la que tuvo otros cinco hijos. En medio de una sociedad palaciega muy relajada su madre doña Berenguela le aconsejó un pronto matrimonio, a los veinte años de edad, y luego le sugirió el segundo. Se confió la elección de la segunda mujer a doña Blanca de Castilla, madre de San Luis.

Sería conjetura poco discreta ponerse a pensar si, de no haber nacido para rey (pues por heredero le juraron ya las Cortes de León cuando tenía sólo diez años, dos después de la separación de sus padres), habría abrazado el estado eclesiástico. La vocación viene de Dios y Él le quiso lo que luego fue. Le quiso rey santo. San Fernando es un ejemplo altísimo, de los más ejemplares en la historia, de santidad seglar.

* * *

Santo seglar lleno además de atractivos humanos. No fue un monje en palacio, sino galán y gentil caballero. El puntual retrato que de él nos hacen la Crónica general y el Septenario es encantador. Es el testimonio veraz de su hijo mayor, que le había tratado en la intimidad del hogar y de la corte.

San Fernando era lo que hoy llamaríamos un deportista: jinete elegante, diestro en los juegos de a caballo y buen cazador. Buen jugador a las damas y al ajedrez, y de los juegos de salón.

Amaba la buena música y era buen cantor. Todo esto es delicioso como soporte cultural humano de un rey guerrero, asceta y santo. Investigaciones modernas de Higinio Anglés parecen demostrar que la música rayaba en la corte de Fernando III a una altura igual o mayor que en la parisiense de su primo San Luis, tan alabada. De un hijo de nuestro rey, el infante don Sancho, sabemos que tuvo excelente voz, educada, como podemos suponer, en el hogar paterno.

Era amigo de trovadores y se le atribuyen algunas cantigas, especialmente una a la Santísima Virgen. Es la afición poética, cultivada en el hogar, que heredó su hijo Alfonso X el Sabio, quien nos dice: «todas estas vertudes, et gracias, et bondades puso Dios en el Rey Fernando».

Sabemos que unía a estas gentilezas elegancia de porte, mesura en el andar y el hablar, apostura en el cabalgar, dotes de conversación y una risueña amenidad en los ratos que concedía al esparcimiento. Las Crónicas nos lo configuran, pues, en lo humano como un gran señor europeo. El naciente arte gótico le debe en España, ya lo dijimos, sus mejores catedrales.

A un género superior de elegancia pertenece la menuda noticia que incidentalmente, como detalle psicológico inestimable, debemos a su hijo: al tropezarse en los caminos, yendo a caballo, con gente de a pie torcía Fernando III por el campo, para que el polvo no molestara a los caminantes ni cegara a las acémilas. Esta escena del séquito real trotando por los polvorientos caminos castellanos y saliéndose a los barbechos detrás de su rey cuando tropezaba con campesinos la podemos imaginar con gozoso deleite del alma. Es una de las más exquisitas gentilezas imaginables en un rey elegante y caritativo. No siempre observamos hoy algo parecido en la conducta de los automovilistas con los peatones. Años después ese mismo rey, meditando un Jueves Santo la pasión de Jesucristo, pidió un barreño y una toalla y echóse a lavar los pies a doce de sus súbditos pobres, iniciando así una costumbre de la Corte de Castilla que ha durado hasta nuestro siglo.

Hombre de su tiempo, sintió profundamente el ideal caballeresco, síntesis medieval, y por ello profundamente europea, de virtudes cristianas y de virtudes civiles. Tres días antes de su boda, el 27 de noviembre de 1219, después de velar una noche las armas en el monasterio de las Huelgas, de Burgos, se armó por su propia mano caballero, ciñéndose la espada que tantas fatigas y gloria le había de dar. Sólo Dios sabe lo que aquel novicio caballero oró y meditó en noche tan memorable, cuando se preparaba al matrimonio con un género de profesión o estado que tantos prosaicos hombres modernos desdeñan sin haberlo entendido. Años después había de armar también caballeros por sí mismo a sus hijos, quizá en las campañas del sur. Mas sabemos que se negó a hacerlo con alguno de los nobles más poderosos de su reino, al que consideraba indigno de tan estrecha investidura.

Deportista, palaciano, músico, poeta, gran señor, caballero profeso. Vamos subiendo los peldaños que nos configuran, dentro de una escala de valores humanos, a un ejemplar cristiano medieval.

* * *

De su reinado queda la fama de las conquistas, que le acreditan de caudillo intrépido, constante y sagaz en el arte de la guerra. En tal aspecto sólo se le puede parangonar su consuegro Jaime el Conquistador. Los asedios de las grandes plazas iban preparados por incursiones o «cabalgadas» de castigo, con fuerzas ágiles y escogidas que vivían sobre el país. Dominó el arte de sorprender y desconcertar. Aprovechaba todas las coyunturas políticas de disensión en el adversario. Organizaba con estudio las grandes campañas. Procuraba arrastrar más a los suyos por la persuasión, el ejemplo personal y los beneficios futuros que por la fuerza. Cumplidos los plazos, dejaba retirarse a los que se fatigaban.

Esta es su faceta histórica más conocida. No lo es tanto su acción como gobernante, que la historia va reconstruyendo: sus relaciones con la Santa Sede, los prelados, los nobles, los municipios, las recién fundadas universidades; su administración de justicia, su dura represión de las herejías, sus ejemplares relaciones con los otros reyes de España, su administración económica, la colonización y ordenamientos de las ciudades conquistadas, su impulso a la codificación y reforma del derecho español, su protección al arte. Esa es la segunda dimensión de un reinado verdaderamente ejemplar, sólo parangonable al de Isabel la Católica, aunque menos conocido.

Mas hay una tercera, que algún ilustre historiador moderno ha empezado a desvelar y cuyo aroma es seductor. Me refiero a la prudencia y caballerosidad con sus adversarios los reyes musulmanes. «San Fernando –dice Ballesteros Beretta en un breve estudio monográfico– practica desde el comienzo una política de lealtad.» Su obra «es el cumplimiento de una política sabiamente dirigida con meditado proceder y lealtad sin par». Lo subraya en su puntual biografía el padre Retana.

Sintiéndose con derecho a la reconquista patria, respeta al que se le declara vasallo. Vencido el adversario de su aliado moro, no se vuelve contra éste. Guarda las treguas y los pactos. Quizá en su corazón quiso también ganarles con esta conducta para la fe cristiana. Se presume vehementemente que alguno de sus aliados la abrazó en secreto. El rey de Baeza le entrega en rehén a un hijo, y éste, convertido al cristianismo y bajo el título castellano de infante Fernando Abdelmón (con el mismo nombre cristiano de pila del rey), es luego uno de los pobladores de Sevilla. ¿No sería quizá San Fernando su padrino de bautismo? Gracias a sus negociaciones con el emir de los benimerines en Marruecos el papa Alejandro IV pudo enviar un legado al sultán. Con varios San Fernandos, hoy tendría el África una faz distinta.

Al coronar su cruzada, enfermo ya de muerte, se declaraba a sí mismo en el fuero de Sevilla caballero de Cristo, siervo de Santa María, alférez de Santiago. Iban envueltas esas palabras en expresiones de adoración y gratitud a Dios, para edificación de su pueblo. Ya los papas Gregorio IX e Inocencio IV le habían proclamado «atleta de Cristo» y «campeón invicto de Jesucristo». Aludían a sus resonantes victorias bélicas como cruzado de la cristiandad y al espíritu que las animaba.

Como rey, San Fernando es una figura que ha robado por igual el alma del pueblo y la de los historiadores. De él se puede asegurar con toda verdad –se aventura a decir el mesurado Feijoo– que en otra nación alguna non est inventus similis illi[no se ha encontrado ninguno semejante a él].

Efectivamente, parece puesto en la historia para tonificar el espíritu colectivo de los españoles en cualquier momento de depresión espiritual.

Le sabemos austero y penitente. Mas, pensando bien, ¿qué austeridad comparable a la constante entrega de su vida al servicio de la Iglesia y de su pueblo por amor de Dios?

Cuando, guardando luto en Benavente por la muerte de su mujer, doña Beatriz, supo mientras comía el novelesco asalto nocturno de un puñado de sus caballeros a la Ajarquía o arrabal de Córdoba, levantóse de la mesa, mandó ensillar el caballo y se puso en camino, esperando, como sucedió, que sus caballeros y las mesnadas le seguirían viéndole ir delante. Se entusiasmó, dice la Crónica latina: «irruit… Domini Spiritus in rege». Veían los suyos que todas sus decisiones iban animadas por una caridad santa. Parece que no dejó el campamento para asistir a la boda de su hijo heredero ni al conocer la muerte de su madre.

Diligencia significa literalmente amor, y negligencia desamor. El que no es diligente es que no ama en obras, o, de otro modo, que no ama de verdad. La diligencia, en último término, es la caridad operante. Este quizá sea el mayor ejemplo moral de San Fernando. Y, por ello, ninguno de los elogios que debemos a su hijo, Alfonso X el Sabio, sea en el fondo tan elocuente como éste: «no conoció el vicio ni el ocio».

Esa diligencia estaba alimentada por su espíritu de oración. Retenido enfermo en Toledo, velaba de noche para implorar la ayuda de Dios sobre su pueblo. «Si yo no velo –replicaba a los que le pedían descansase–, ¿cómo podréis vosotros dormir tranquilos?» Y su piedad, como la de todos los santos, mostrábase en su especial devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María.

A imitación de los caballeros de su tiempo, que llevaban una reliquia de su dama consigo, San Fernando portaba, asida por una anilla al arzón de su caballo, una imagen de marfil de Santa María, la venerable «Virgen de las Batallas» que se guarda en Sevilla. En campaña rezaba el oficio parvo mariano, antecedente medieval del santo rosario. A la imagen patrona de su ejército le levantó una capilla estable en el campamento durante el asedio de Sevilla; es la «Virgen de los Reyes», que preside hoy una espléndida capilla en la catedral sevillana. Renunciando a entrar como vencedor en la capital de Andalucía, le cedió a esa imagen el honor de presidir el cortejo triunfal. A Fernando III le debe, pues, inicialmente Andalucía su devoción mariana. Florida y regalada herencia.

La muerte de San Fernando es una de las más conmovedoras de nuestra Historia. Sobre un montón de ceniza, con una soga al cuello, pidiendo perdón a todos los presentes, dando sabios consejos a su hijo y sus deudos, con la candela encendida en las manos y en éxtasis de dulces plegarias. Con razón dice Menéndez Pelayo: «El tránsito de San Fernando oscureció y dejó pequeñas todas las grandezas de su vida». Y añade: «Tal fue la vida exterior del más grande de los reyes de Castilla: de la vida interior ¿quién podría hablar dignamente sino los ángeles, que fueron testigos de sus espirituales coloquios y de aquellos éxtasis y arrobos que tantas veces precedieron y anunciaron sus victorias?»

San Fernando quiso que no se le hiciera estatua yacente; pero en su sepulcro grabaron en latín, castellano, árabe y hebreo este epitafio impresionante:

«Aquí yace el Rey muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia é de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, é el más verdadero, é el más franco, é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el más omildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó y ondró á todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España, é passos hi en el postrimero día de Mayo, en la era de mil et CC et noventa años.»

Que San Fernando sea perpetuo modelo de gobernantes e interceda por que el nombre de Jesucristo sea siempre debidamente santificado en nuestra Patria.

José M.ª Sánchez de Muniáin,
San Fernando III de Castilla y León, en Año Cristiano, Tomo II,
Madrid, Ed. Católica (BAC 184), 1959, pp. 523- 531.

21 comentarios leave one →
  1. Julián Restrepo Henao permalink
    mayo 30, 2015 4:37 pm

    ¡¡¡ EXCELENTE POST !!!

    ¡¡¡ VIVAN LOS VERDADEROS MONARCAS Y DICTADORES !!! (1)

    (1) No confundir monarca con oligarca y dictador con tirano. 😯

    • mayo 31, 2015 8:42 pm

      De hecho Julián, tirano en griego significaba gobernante, o rey, de ahí que todos los reyes fuesen tiranos. Ese es uno de los “problemas” de las lenguas vernáculas que varían y se tiende a la ambigüedad o polisemia.

      • Julián Restrepo Henao permalink
        junio 1, 2015 7:45 am

        Así es, Lourdes. Mucho se cambió o se subvertió desde la otrora Grecia. Y mucho se inventó en tiempos actuales, como por ejemplo el término “GENOCIDIO”, inventado nada más ni nada menos que por la “incomprendida blanca palomita” de Raphael Lemkin.

  2. mayo 31, 2015 4:40 am

    Eso sí era un Rey y eso sí era una Nación santa, no como nos quieren vender ahora los seguidores de la FSSPX a Rusia, tratando a Putin como un gran presidente y a Rusia como una nación que va a la santidad, pero eso sí, se olvidan de que Rusia es uno de los países con más abortos, que Putin hace cosas hebraicas como ponerse una kipá negra o encender un candelabro judío, que la religión que domina es la ortodoxa que está separada de la Iglesia Católica, etc, etc….

    • mayo 31, 2015 4:47 am

      Uy perdón me he confundido, que ellos no olvidan que la religión de allí es la ortodoxa, porque de hecho vi en una página de ellos una imagen de ortodoxos con Putin y ponía al pie de la foto: “Hacia la santa Rusia”, y buscando por google lo he encontrado: http://nonpossumus-vcr.blogspot.com.es/2015/05/rusia-occidente-dos-elocuentes-fotos-mas.html?m=1

      Si bien tienen razón en la degeneración de occidente, no estoy de acuerdo en que Rusia sea santa por tener la religión cismática ortodoxa, ¿dónde han dejado el dogma de que fuera de la Iglesia no hay salvación? ¿han mirado alguna vez las herejías que promulgan ortodoxos?
      Todos locos

  3. Sr. Nicolas Maquiavelo permalink
    junio 1, 2015 10:18 am

    Sr Julián Restrepo
    LARGA VIDA A LOS TIRANOS como son Cáligula, Cesár Borgía y Barnabó Visconti.

    Su amigo incondicional de siempre
    Señor. Nicolas Maquiavelo, embajador, politologo y autor del best seller “El Principe”

    • Julián Restrepo Henao permalink
      junio 1, 2015 3:28 pm

      Nicolás:

      Fíjate que “Cesare Borgia” (Cèsar Borja) fue muy elogiado por el ateo Friedrich Nietzsche. No así su padre, el Papa Alejandro VI.

  4. peperroni permalink
    junio 1, 2015 10:50 am

    Aquellos tiempos se anhelan y se desean vivir; la lucha sigue vigente…….

  5. Julián Restrepo Henao permalink
    junio 3, 2015 7:32 am

    LA CARA RACISTA DE LA ACTUAL “MONARQUÍA ESPAÑOLA”

    03 de Junio de 2015 | 03:03

    España: escándalo por el insulto racista de un sobrino del Rey a un chico oriental

    http://www.eldia.com/el-mundo/espana-escandalo-por-el-insulto-racista-de-un-sobrino-del-rey-a-un-chico-oriental-60741

  6. Eduardo Estradas permalink
    junio 4, 2015 10:17 am

    es cierto que mañana el papa revela la existencia de la vida extraterretre?

    • junio 5, 2015 3:17 pm

      Eduardo.

      Perdón por constestarte hasta hoy.

      La respuesta es: no.

      Primero porque no hay papa, y segundo porque es mentira lo de la vida extraterrestre.

      Unidad en la Verdad

  7. Académico y Librepensador permalink
    junio 4, 2015 4:38 pm

    ¿Quien hubiera imaginado que existan personas que añoren la tirania?.

    • Servidor permalink
      junio 5, 2015 3:50 pm

      Si tiranía para tí es lo contrario al sistema de “libertad” actual que nos ha llevado al más profundo caos en todos los ámbitos, pues veo mucho mejor esa tiranía, infinitamente mejor, sinceramente.

  8. junio 5, 2015 3:55 pm

    académico, ¿sabes leer?, porque lo que se ha dicho aquí es sobre la añoranza de gobernantes justos.
    Ya quisieras que cualquiera de los presidentes fuera una migajilla de lo que fue San Fernando, Isabel de castilla, Santa Matilde, san Luis, …..

  9. Apologeta permalink
    junio 5, 2015 6:02 pm

    Papa Francisco: “El Corán y la Biblia son lo mismo”

    http://www.noticiacristiana.com/iglesia/ecumenismo/2015/06/papa-francisco-el-coran-y-la-biblia-son-lo-mismo.html

  10. Candela permalink
    junio 6, 2015 4:54 am

    Y, lo de librepensador, ¡no estará acaso relacionado con la ‘libertad’ que nos quiere imponer, la de madame guillotine, la de la Revolución Francesa!, aunque Usted ya lo entienda. Y, unido a lo de académico, no le parece cuando menos un poco presuntuoso.

    De forma compendiosa. Mire, para el común, académico y librepensador es una contradicción en los términos; pues, tal como el vulgo entiende, por obra de la manipulación mediática, hay muchas ‘verdades’, tantas como cabezas, luego lo de pertenecer a una academia es constrictivo. Y, retírese, porque todas son ‘Reales’, de cuando los Reyes lo eran. Lo de tirano ya lo explicó Lourdes en otro punto.

    Mas, si me permite un consejo, lea al gran Donoso Cortés, lea a José Lois Estevez.

    Además, lo de académico, puede ser aquél de poca categoría para el que decía Simone Weil que estaba .escrita la poesía de tercera; pues, los poemas de Sófocles o Esquilo los quería para los ‘bobos’ y la pobre gente. Como hebrea, mas tarde parece que se convirtió, dijo, ‘que su inteligencia se dirigía sola a la verdad, o eso espero, ni siquiera yo misma la puedo gobernar’, así, le contestó a un progre, que nada más y nada menos que afirmaba que ‘sentía no poder utilizar la brillante inteligencia de la filósofa’; no sabía, digo, que es Dios el que la dirige a la verdad. “LOS QUE NO QUIEREN SER VENCIDOS POR LA VERDAD, SON VENCIDOS POR EL ERROR”: SAN AGUSTÍN

    -Antecedentes históricos de la Real Academia de Ciencias:

    En 1582, durante el reinado de Felipe II, se creó la Academia de Matemáticas de Madrid, antecedente de la moderna Academia de Ciencias. Surgió del ambiente creado por la convivencia de los cosmógrafos con los arquitectos e ingenieros civiles al servicio del monarca y también con destacados artilleros e ingenieros militares.

    En la iniciativa pesó, por un lado, la preocupación existente en la España del último tercio del siglo XVI por fomentar la enseñanza de las matemáticas con vistas a sus aplicaciones de carácter pragmático, con vertientes tan distintas como el cálculo mercantil, la fundamentación de la cosmografía, la astrología y el arte de navegar, o el uso para problemas concretos del arte militar y la técnica de la construcción…
    académico, ca. (Del lat. academĭcus, y este del gr. ἀκαδημικός).

    1. adj. Perteneciente o relativo a las academias. Diploma académico.

    4. adj. Dicho de una obra de arte o de su autor: Que observa con rigor las normas clásicas.

    5. adj. Dicho de un filósofo: Seguidor de la escuela de Platón. U. t. c. s.

    6. adj. Perteneciente o relativo a la escuela filosófica de Platón…

    librepensamiento. (De libre y pensamiento).

    1. m. Doctrina que reclama para la razón individual independencia absoluta de todo criterio sobrenatural.

    • junio 7, 2015 4:56 pm

      Y viniendo al caso, una cosa muy curiosa es que los ateos siempre presumen de leer libros, de estudiar mucho, de pensar por su cuenta, etc. Vamos, como si los católicos fuéramos mongolos no sé de dónde sacan esa percepción de nosotros. Luego cuando les das argumentos lógicos en favor de la existencia de Dios, o te insultan o te censuran. De hecho hace poco en un blog ateo el autor me planteó los problemas de por qué él no cree en Dios, yo le respondí con argumentos buenos (o eso creo) basados en la Doctrina y en Doctores de la Iglesia, y el comentario jamás llegó a ser publicado, y el autor del blog dijo a los comentaristas que me había bloqueado porque sólo le había recitado citas de la Biblia cual protestante (cuando era mentira) y había hecho propaganda religiosa (?). De hecho esto me ha pasado con todos los que he hablado por internet, como no saben contestar pasan de lo que digas, son como los Hermanos Dimond, que hablando con ellos del Bautismo de deseo, me contestaban cuando hacía preguntas sencillas, pero luego les puse el problema teológico que traía negar el Bautismo de deseo y aún ando esperando la respuesta…..

      • junio 7, 2015 7:48 pm

        Ja… Y seguirás esperando …

        Unidad en la Verdad

      • Ricardo Calderón Saez permalink
        noviembre 29, 2015 4:39 pm

        Redacción que interesante sería si publicaran un monográfico sobre San Isidoro de Sevilla (Cartagena, c. 556-Sevilla, 4 de abril de 636) Un gran hombre.

      • diciembre 1, 2015 3:47 pm

        De acuerdo.

        Unidad en la Verdad

  11. junio 6, 2015 11:34 am

    En el presente los incautos están totalmente condicionados a pensar por los valores actuales, se les hace pensar que la presente mal llamada democracia — ni siquiera es democracia — es sinónimo de libertad, desconocen la historia y no pueden discernir.
    El fin que persigue todo este ocultamiento en el monstruoso sistema actual de propaganda atea/materialista es hacer llevar a los hombres a perder el camino de la autentica orientación religiosa mediante el borrado de la memoria histórica.

    No saben que solo la cristiandad podía dar al mundo hombres y mujeres así … ¿saben que hizo Isabel de Castilla con el primer oro que recibió de las Américas? — engalano en Roma a una de sus mas grandes iglesias. Ella y su esposo lo dieron todo por la cristiandad. Si eso es tiranía, ¡bienvenida sea esta en el nombre de Dios!.

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