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Chesterton: “Lo que desconcierta al mundo… el mundo envejece, pero la Iglesia rejuvenece”

febrero 27, 2015
Santa Bernadette, el mundo  envejece, pero la Fe rejuvenece...

Santa Bernadette, el mundo envejece, pero la Fe rejuvenece…

 G. K. CHESTERTON : “RAZONES PARA LA FE”.

“Lo que desconcierta al mundo, a sus sabios filósofos e imaginativos poetas paganos respecto a los sacerdotes y personas que forman parte de la Iglesia católica, es que todavía se comportan como si fuesen mensajeros.  Un mensajero no se detiene a considerar o discutir cuál podría ser el sentido de su mensaje; lo entrega tal cual es. No se trata de una teoría o de una suposición, sino de un hecho. El ímpetu de los mensajeros del Evangelio aumenta mientras corren a extender su mensaje.  Siglos después, todavía hablan como si algo acabara de suceder. No han perdido la frescura y el ímpetu. Sus ojos apenas han perdido la fuerza de los que fueron auténticos testigos.

Es más novedoso en espíritu que las más recientes escuelas de pensamiento, y se encuentra, casi con toda seguridad, a las puertas de nuevos triunfos. Estos hombres sirven a una Madre que parece hacerse más hermosa a medida que surgen nuevas generaciones, y la llaman bendita. Muchas veces nos dará la impresión de que la Iglesia se hace más joven a medida que el mundo envejece.

Ésta es la última prueba del milagro: que algo tan sobrenatural se haya convertido en algo tan natural. Quiero decir que algo tan único visto desde fuera pueda parecer universal sólo visto desde dentro. Pero la mente del creyente no siente vértigo; es la de los no creyentes la que lo padece. El misterio está en cómo algo tan sorprendente puede ser tan desafiante y dogmático, convertirse en algo perfectamente normal y natural.

No me cabe en la cabeza cómo una torre tan frágil podría permanecer tanto tiempo en pie sin un fundamento firme. Y, aún menos, cómo pudo convertirse, cómo se convirtió, de hecho, en el hogar del hombre. La mente católica es la única que permanece intacta frente a la desintegración del mundo. Si fuera un error, no habría podido durar que un día. Si se tratara de un mero éxtasis, no podría aguantar más de una hora.

Sin embargo, ha aguantado dos mil años, y el mundo, a su sombra, se ha hecho más lúcido, más equilibrado, más razonable en sus esperanzas, más sano en sus instintos, más gracioso y alegre ante el destino y la muerte que todo el mundo que no se acoge a ella. Pues fue el alma del cristianismo lo que emanó de Cristo, y el alma del cristianismo era sentido común. Aunque no nos atreviéramos a mirar Su rostro, podríamos contemplar Sus frutos, y por Sus frutos lo conoceríamos”.

 

“Se dice que el paganismo es la religión de la alegría, y el cristianismo la religión del dolor.  Cuando el pagano contempla el verdadero corazón del mundo, se queda helado. Más allá de los dioses, que son simplemente despóticos, está el hades, el reino mismo de la muerte.  Y cuando los racionalistas afirman que el mundo antiguo era más ilustrado que el mundo cristiano, no les falta razón desde su punto de vista, pues por ilustrado entienden: enfermo de desesperaciones incurables.

La alegría, que era la pequeña publicidad del pagano, se convierte en el gigantesco secreto del cristianismo. La tremenda imagen que alienta en las frases del Evangelio se alza, en esto y en todo, más allá de todos los sabios tenidos por mayores.  Chesterton atiza con argumentos a todos aquellos que afirman que el cristianismo es la penumbra y el producto del salvajismo y la ignorancia de los tiempos pasados. Y señala que el cristianismo nació de la civilización mediterránea, en la plena germinación del gran Imperio romano.

Cierto que después se hundió el barco, pero no es menos cierto y asombroso que volvió a surgir recién pintado y deslumbrante, siempre con la Cruz en lo alto. Y éste es el asombro de la religión cristiana: haber transformado un barco hundido en un submarino. Bajo el peso de las aguas, el arca sobrevivió. Tras el incendio y bajo los escombros de las dinastías y los clanes, nos alzamos para acordarnos de Roma. Si la fe sólo hubiera sido un capricho del decadente Imperio, ambos se habrían desvanecido en un mismo crepúsculo.  Y si la civilización habría de resurgir más tarde, hubiera tenido que ser bajo alguna nueva bandera bárbara. Pero la Iglesia cristiana era el último aliento de la vieja sociedad y el primer aliento de la nueva. Congregó a los pueblos que olvidaban ya cómo se levantan los arcos, y les enseñó a construir el arco gótico.   ¿Cómo afirmar que la Iglesia quiere hacernos retroceder hasta las edades oscuras, cuando a la Iglesia debemos el poder haber salido de ellas?

Uno de los rasgos que caracteriza a Chesterton es la humildad. La humildad para creer en el pecado original, que se convertirá en uno de los elementos esenciales de su discurso ideológico.  En uno de sus escritos dice : “Somos los supervivientes de un naufragio, los tripulantes de un barco de oro que naufragó al comenzar el mundo”.  Descubre que el hombre ya no es el mismo, tal como fue creado por Dios, sino que es una parte de él mismo, mutilada por la caída, que el hombre no está en el mundo en su lugar propio, y que ha de completarse con otra vida.

Chesterton murió el 14 de junio de 1936, a consecuencia de una embolia. Acudió al encuentro del Señor con la alegría y campechanía de siempre. Estaba preparado para el interrogatorio a las puertas mismas del cielo, haciendo suya la expresión de Tomás de Aquino, a quien tanto admiraba: “El cielo es la tierra de los vivos”.

Nunca estuvo solo en el mundo terrenal y por eso uno de sus innumerables amigos escribió a propósito de su entierro: “Sigo al féretro  con los restos mortales de mi capitán. Atravieso con él las tortuosas calles de la pequeña localidad. Estamos dando un rodeo, porque la policía se ha empeñado en que Gilbert tiene que realizar su último viaje pasando por las casas de aquellos que le conocieron y que más le quisieron. Y allí estaban todos, abarrotando las calles”.

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3 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    febrero 28, 2015 11:43 pm

    Con el humor que le caracterizaba, Chesterton les decía a los que le reprochaban su conversión que cuando entraba en una Iglesia Católica se quitaba el sombrero, no la cabeza.

  2. Ricardo permalink
    marzo 1, 2015 9:48 am

    El Espíritu Santo rejuvenece a la Iglesia y la lleva a la unión perfecta con su Esposo: Cristo Jesús.

  3. Arturo permalink
    marzo 3, 2015 4:31 pm

    Yo en mis tiempos de ateísmo y escepticismo nunca entendía como Chesterton había pasado del ateísmo a la fe Católica pasando por gnosticismo, en cierta forma, está fascinado con su conversión… Ahora lo entiendo, cuándo vas recorriendo el camino en busca de la Verdad por medio de la razón y eres sincero contigo mismo en tu andar, todos los caminos llevan a Roma.

    Para mi una de las figuras que siempre me causan gran admiración como San Agustín, en las cuales de cierta manera me siento identificado y me reconozco pequeño ante las maravillas de Dios y su creación.

    “Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no es que ya no crean en nada. Ellos creen en cualquier cosa”

    Ave María Immaculata

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