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Del Año Nuevo

enero 1, 2015

Del Año Nuevo

MEDITACIONES ESPIRITUALES

P. LUIS DE LAPUENTE S.J.

1554-1624 

I

Considera que el tiempo inexorable ha dado un paso más, y el año ha muerto, acaba de hundirse en el océano de la eternidad, como los años anteriores, arrastrando en pos de sí una parte de tu vida.  Ya no existe más aquel a quien saludamos sonriente y halagüeño hace apenas doce meses con el dictado de “año nuevo”. Ahora es otro el “año nuevo” condenado, como todos, a dejar de serlo también dentro de brevísimo plazo, para ceder su puesto a otro de tan fugaz existencia como él.

Hace más de sesenta siglos que dura para el mundo esta sucesión de años, que aún a los más frívolos y ligeros obliga a exclamar : !Cómo pasan los años!  Y sin embargo…… he aquí una ilusión como tantas otras de nuestra vida, tan llena de ellas. No pasan los años. Quienes pasamos, y cierto, muy deprisa, somos los hombres. Por eso después de estudiar los sabios para ponerse de acuerdo en lo que es el tiempo, han convenido en que no es más que la sucesión de las cosas. Ve, pues, ahora, si podemos achacar al tiempo su rápido andar y sus infinitas mudanzas, cuando en rigor no es él sino nosotros, quienes no acertamos a estarnos quietos, sino que, queriendo o sin querer, corremos constantemente hacia el sepulcro.

No pasan los días, ni vuela el tiempo, ni hay año nuevo ni año viejo. Hay, sí, una porción de viajeros que se forjan la eterna ilusión de verlo desfilar todo delante de sus ojos, cuando son ellos y sus vidas los que en tropel ruedan sin cesar por la rápida pendiente de la existencia, cuyo término final es sencillamente la eternidad. Considera lo sublime y majestuoso de esta palabra ; es decir, lo que no pasa, lo que no muda, lo que para siempre permanece, lo siempre antiguo y siempre nuevo. ¿Qué es la vida más larga si se compara con ella? ¿Qué la juventud más fogosa?  ¿Qué la ambición más satisfecha? ¿Qué la fortuna más propicia? ¿Qué la ciencia más encumbrada?  Una mentira y una ilusión.

 Andamos, pues, o mejor, volamos sin descanso ; muchos tenemos ya un pasado, es decir, no un tiempo que ya pasó, sino un tiempo por el que hemos pasado nosotros. Otros vendrán en pos, recorriéndolo con análogas vicisitudes. A todos aguarda igual paradero. Las fiestas ostentosas, los proyectos frustrados o realizados ; los ensueños que halagaron nuestra mocedad, los sentimientos de nuestro corazón ; llantos y alegrías, temores y esperanzas….., todo pasó en gran parte, o mejor, por todo hemos pasado ya, a todo estamos muriendo a cada hora que da el reloj, a cada día que amanece, a cada año que llamamos “nuevo”, para seguir engañándonos con la infantil ilusión de que no somos nosotros los que envejecemos.  ¿Y adónde vamos?  Infaliblemente al término del viaje, que por añadidura ignoramos si está muy próximo o muy lejano.

Puesto que todo esto es una ilusión, y cuando crees tener un año más lo que tienes es un año menos, una rama menos en el árbol de tu vida, procura no vivir de ilusiones, porque “pasa como una sombra la figura de este mundo” ; agárrate a la roca viva de la fe y de la razón, y obra el bien y la virtud mientras Dios te conceda el tiempo. Ten gran fervor y aliento para sufrir cualquier trabajo por Dios y por tu salvación, viendo “cuán breves son los días del hombre sobre la tierra”. Toma también más ánimos para trabajar en tu aprovechamiento y acrecentar tu caudal, reconociendo que sólo Dios y la virtud es verdad, y fuera de eso, todo ilusión y engaño.

II

Parece que fue ayer cuando celebrabas la entrada del año que ahora acaba de hundirse en el seno de la eternidad. Ayer parece que fue, y ya ha pasado un año…. , y así pasarán todos los años…. Ya tienes, ya tenemos todos, un año más en el libro de la muerte, y un año menos en el de la vida ; un año más para la eternidad y un año menos para el tiempo ; un año más cerca de Dios, y un año más lejos del mundo ; un año más para morir y un año menos para vivir. A la vista de esa asombrosa rapidez y movilidad del tiempo, verás claramente la verdad de las expresiones de la Sagrada Escritura, cuando lo compara a la sombra fugitiva que desaparece cuando la queremos abrazar; al buque que corta las olas sin dejar huella de su paso ; a la saeta, que cruza el espacio rapidísimamente ; al peregrino, que corre sin jamás detenerse, y a otras figuras con que el Espíritu Santo nos representa la brevedad de la vida humana. Deduce de todo esto que la vida es brevísima para todos los hombres. Es seguro que los más mueren en la flor de la niñez o de la juventud. Pero aún la vida más larga, ¿qué es en sí misma? Setenta años, luego que pasaron, parecen un momento, y los bienes, y los placeres, y los honores, todo se disipa como un sueño.

Y si miramos la vida respecto de la eternidad, nos parecerá infinitamente más corta aún. “Mil años, dice la Escritura, son como un día en comparación de la eternidad”. ¿Qué es, pues, la vida más larga sino una hora, un momento respecto de la eternidad, y una gota de agua respecto de todo el mar?.  No tenemos, pues, más que una hora de vida, y aun puede ser que no la tengamos, porque nadie  puede prometerse una hora más de vida.  ¿Por qué, pues, nos embelesamos en formar grandes idea, en adquirir grandes riquezas con tanto ardor y ambición, como si tuviéramos que vivir  eternamente?  No pensamos sino en establecernos aquí, donde hemos de estar pocos momentos, y nos olvidamos de nuestra patria, que es donde hemos de estar eternamente ; pensamos en acomodar bien el mesón donde nos alojaremos, si viene a mano una noche, y olvidamos y dejamos arruinar la casa propia donde estaremos para siempre, la casa de nuestra eternidad. ¿Podrá darse mayor locura?  Si así obrásemos en las cosas del mundo, ¿no mereceríamos el dictado de insensatos?

¿Cuántos empezaron contigo este año, (que pasó), y se han quedado en el camino y no llegaron al fin, como has llegado tú ; vuelve los ojos atrás y míralos en los sepulcros, comidos de gusanos, cómo acabaron ya sus papeles en la farsa de este mundo?  Mira sus designios burlados, sus trabajos perdidos,  sus haciendas confiscadas por la muerte, sus honras deshechas como el viento. Todo pasó como sombra, y de ellos apenas hay ya memoria. Reconoce la fragilidad de esta vida y sus engaños, y que todo es locura, sino buscar la eterna y lo que dura para siempre.

Considera qué sentirías si te hubieras quedado en el camino como ellos, y qué sería de ti en este momento, y dónde estarías y qué harías y en qué pensarías de lo que ahora meditas ; y exclama con admiración y llanto viendo la ceguedad de los hombres, pues por gozar de un soplo de vida, tan breve y engañosa, pierden la eterna y verdadera, y pide al Señor que no te permita caer en tal engaño, y que te dé luz y gracia para despreciar lo temporal y codiciar solamente lo eterno.

III

Mas no te contentes con eso. El tiempo te lo da Dios para que te santifiques. Por tanto disponte a empezar el año con un fervoroso deseo de mortificar tus pasiones, sobre todo la dominante, que es la prueba de la santidad perfecta. Considera que Cristo, N.S. , vino a este mundo para destruir el pecado, que es la obra del demonio, y que comenzó a borrarlo derramando su sangre preciosísima. Para imitar a este Maestro divino, básate en la mortificación interior y exterior, que atraerán sobre ti las bendiciones del cielo, y con ellas, y sólo con ellas, adelantarás en la virtud.

Ama, ama muchísimo, todo lo que puedas y alcances, a Jesús, que por mucho que tú le ames, será siempre infinitamente inferior tu amor al que Jesús te tiene. Los judíos, viéndole llorar sobre el sepulcro de Lázaro, decían entre sí : “!Ved cómo lo amaba!”  Pues si las lágrimas son señales de amor, ¿qué hemos de pensar de su preciosísima sangre, cuyas primicias nos regaló tan generosamente en este misterio de su circuncisión?  Considerando esta sangre derramada, digamos a semejanza de los judíos : !Cuánto nos ama!  ¿Y hemos de ser siempre ingratos a este amor infinito?  ¿Hemos de consentir a nuestro miserable egoísmo que se lleve siempre las primeras horas del día, los primeros años de la vida y los primeros impulsos del corazón, negando todo esto a nuestro amantísimo Maestro?

Muy tarde es ya, Señor ; pero nunca lo es para aprovechar el tiempo que me das de vida para comenzar a serte fiel y no dejar de serlo jamás.

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One Comment leave one →
  1. Inés. permalink
    enero 1, 2015 2:43 am

    “Nunca llega tarde el que llega a tiempo”, y lo demuestra el buen Ladrón en su extraordinario acto de fe , premiado con palabras nunca antes dichas a nadie : HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”.

    Y el malo, que tocaba con los dedos las puertas de la gloria eterna, por no saber llegar a tiempo, llegó tarde……. .

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