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San Bernardo condenó abiertamente las herejías de Abelardo, y a cardenales u obispos que lo respaldaron

mayo 26, 2014
San Bernardo de Claraval, patrono de Foro Católico.

San Bernardo de Claraval, patrono de Foro Católico.

CARTA CCCXXXVIII. AÑO 1140

AL CARDENAL HAIMERICO, CANCILLER DE LA CURIA ROMANA

(Declara que estando Pedro Abelardo convicto de herejía no deben darle acogida los Cardenales, ni ofrecerle asilo en la Curia Romana).

S. BERNARDO, ABAD DE CLARAVAL.

OBRAS COMPLETAS. VOL. V

EPISTOLARIO

“Al ilustre y muy cordial amigo Haimerico, Cardenal diácono y Canciller de la Curia Romana, Bernardo, Abad de Claraval, saludos, y que promueva el bien y se muestre prudente delante de Dios y de los hombres”

1.  Lo que sólo sabía por referencias respecto a la doctrina de Pedro Abelardo lo he podido confirmar por experiencia propia a la vista de sus mismos libros. He anotado sus expresiones, he escudriñado el sentido que encerraban, y he descubierto que es absolutamente pernicioso. El nuevo teólogo se vale de las mismas palabras de la Ley para impugnarla y contradecirla. Arroja las cosas santas a los perros y lanza margaritas a los puercos. Corrompe la fe de las gentes sencillas y pone mancha en la limpieza de la Iglesia. Dice el poeta pagano, (Horacio, Epist. II, v. 69-70) : “Largo tiempo conserva la vasija el aroma del líquido que en ella se echó cuando era nueva”.

2.  El libro de este hombre, que estaba ya condenado al fuego, se ha salvado de las llamas y ha recibido el refrigerio del agua, con que ha escapado de la destrucción. Ya se ha podido reclinar en el seno de la Iglesia el que más la perseguía, ya ha podido encontrar asilo en ella el mismo que había intentado destruir su fe. El hombre se ha visto tan deshecho y próximo a perecer como el agua que se derrama en el suelo. !Qué no prospere más el que profanó el lecho de su padre y cubrió de deshonra su tálamo!, (Gen. 49, 4).

Este hombre ha mancillado a la Iglesia todo cuanto ha podido y ha inficionado con su ruindad y vileza las almas de los sencillos. Con solas las luces de la razón natural ha pretendido abordar los misterios que sólo con las alas de la fe podemos alcanzar. Nuestros mayores acostumbraron creer, no discutir. Este, sin embargo, no fiándose ni del mismo Dios, se resiste a creer nada si él no se lo explica antes con el mero sentido de la razón. A pesar de que dice el Profeta :  “No entenderéis, si antes no creéis”, (Is. 7, 9), nuestro hombre llama ligereza a la fe pronta y sencilla, tergiversando y aplicando mal aquel texto de Salomón : “El que cree de ligero, es de corazón liviano”, (Eccli. 19,4). 

3.  Según la flamante interpretación de Abelardo, sería digna de reprensión la Virgen Santísima, que dio crédito al Arcángel San Gabriel cuando le anunciaba lo que había de acontecer, diciéndole : “Sábete que concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo”.  También merecería reproches la conducta de aquél que en el último trance de la vida creyó en las palabras del que, a punto de expirar, le decía : “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. En cambio, sería digna de encomio la dureza del corazón de aquéllos a quienes se dijo :  “!Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los Profetas!”.  E igualmente sería recomendable la tardanza en creer de aquél de quien se dijo : “Por cuanto no has creído a mis palabras, desde ahora quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas”.

4.   Para resumir en pocas palabras, digo que el egregio doctor sostiene, como Arrio, una especie de grados y distinciones reales entre las personas de la Santísima Trinidad. Pone la gracia por debajo del libre albedrío, como lo hacía Pelagio, y le niega a la santísima humanidad de Cristo resucitado el poder gozar de la compañía del Padre y del Espíritu Santo, como sostenía Nestorio.  Añade a estos errores la  presunción con que se jacta de haber descubierto a los Cardenales y demás clérigos de la Curia Romana las fuentes y caudales de la ciencia, y de haberles hecho recibir y aceptar con gusto sus libros y sus doctrinas, así como haberse ganado por defensores y amigos a los mismos que le habían de juzgar y condenar.

5.  Jacinto, (no se sabe a ciencia cierta quién era Jacinto), me ha amenazado con graves daños ; con todo, no ha llevado a efecto sus amenazas, no por falta de voluntad sino de posibilidad. No me afecta gran cosa su conducta, puesto que sé muy bien que se insolentó con el mismo Sumo Pontífice y con la Curia Romana, de la cual forma parte. Por lo demás, Nicolás, el portador de esta carta, que no es menos devoto vuestro que mío, os podrá enterar de viva voz mejor de lo que yo pudiera hacerlo por escrito, de todo cuanto ha visto y oído.

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4 comentarios leave one →
  1. Julián Restrepo Henao permalink
    mayo 27, 2014 8:22 am

    SAN BERNARDO ERA SAN BERNARDO

    Y Sinagoglio se inclina y le besa la mano a uno de sus tantos padrinos:

    El rabino Abraham Skorka con rostro “EMOCIONADÍSIMO” se funde en “afecto” con su viejo amigo Bergoglio -ex Arzobispón de Buenos Aires-, hoy conocido mundialmente como Sinagoglio, “EL HEBREO DE CORAZÓN”:

    Conclusión:

    ¡¡¡ ASCO !!!

  2. Inés. permalink
    mayo 27, 2014 9:23 am

    Gracias a Dios, San Bernardo no fue un perro mudo…….

  3. Apologeta permalink
    mayo 27, 2014 3:12 pm

    Foro Católico, tengo un artículo que me gustaría me aclararan si les es posible. Este no es el lugar adecuado pero es que no encuentro ninguno que se ajuste al tema en cuestión. Se trata de lo siguiente:

    ¿POR QUÉ LA MUJER DEBE USAR VELO EN LA IGLESIA CATÓLICA?

    Una de las costumbres y disposiciones eclesiásticas católicas romanas que está quedando en desuso y siendo considerada un arcaísmo y un supuesto ataque a la naturaleza de la mujer es el uso del velo en la Iglesia.

    La Iglesia Católica durante más de 2000 años aceptó, propuso y estableció que la mujer debía cubrirse la cabeza con un velo en las ceremonias del Culto, como símbolo de sumisión, humildad y obediencia ante Dios.

    En la Primera Carta a los Corintios (11:1-16), San Pablo sale al cruce de ciertos pensamientos y prácticas paganizantes de algunas mujeres de la ciudad griega de Corinto. Nuestro Santo Apóstol expresa: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué.

    Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo.

    Todo varón que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta su cabeza. Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se hubiese rapado.

    Porque si la mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra.

    Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón.

    Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.

    Por lo cual la mujer debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de los ángeles.

    Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.

    Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?

    La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

    Con todo eso, si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.”

    Por su parte, Tertuliano -uno de los Padres de la Iglesia- señalaba: “Te ruego, seas tú madre, o hermana, o hija virgen, cubre tu cabeza”

    Fue hábito gozoso y norma eclesial que la mujer vista velo en la Iglesia sea en la última fase de la Edad Antigua como durante toda la Edad Media y hasta hace poco…

    El Código de Derecho Canónico de 1917 establece en el Canon 1262, § 2 que las mujeres en la Iglesia y muy especialmente cuando se acerquen a comulgar “deben tener la cabeza velada y deben vestirse modestamente…” (En latín es: “Viri in ecclesia vel extra ecclesiam, dum sacris ritibus assistunt, nudo capite sint, nisi aliud ferant probati populorum mores aut peculiaria rerum adiuncta; mulieres autem, capite cooperto et modeste vestitae, maxime cum ad mensam Dominicam accedunt.” )

    En el Nuevo Misal Romano promulgado por Pablo VI no se explicitó la obligatoriedad de usar velo en la Iglesia y en el Código de Derecho Canónico de 1983 tampoco se mencionó el uso del velo ni su supresión, dejando a los clérigos y fieles actuar según su criterio (siendo éste en muchos casos ignorante y espantoso con frutos desastrosos)

    Si la mujer siempre usó velo, ¿Por qué se ha revelado y no lo usan desde hace poco más de 40 años?. Hay una respuesta quizás dura para muchos pero real: el hombre en una operatoria nunca antes vista ha tergiversado y ha querido convertir, la religión Católica en una pseudo religión del amor al hombre, independientemente de la Voluntad de Dios y la obediencia debida a Él.

    Autollamados “católicos” esgrimen en contra del uso del velo que la mujer debe estar a la altura de la moda, pero los llamativos “cristianos” se olvidan que en la Santa Madre Iglesia no existen las modas porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y eternamente. (Hebreos XIII, 8) y que oponerse al uso del velo es ir contra la Sagrada Escritura, la Tradición y el Derecho Canónico.

    El hecho de que más mujeres no vistan velo es el resultado de las ideas del igualitarismo pernicioso infiltrado en Nuestra Iglesia por determinadas entidades netamente anticatólicas, las cuales seducen a muchas mujeres aprovechándose de la rebeldía y necedad de ellas y de la desidia e irresponsabilidad de las personas que deben encauzar correctamente a las almas que les fueron confiadas.

    (Sobre éste tópico nos estaremos ocupando pronto y de manera profunda)

    Es artículo de Fe -y verdad histórica- que la Santa Iglesia Católica Romana fue fundada por NSJ, por lo tanto, en Ella y sus Tradiciones relacionadas a la sana Doctrina no hay nada que deba ser cambiado para agradar a los hombres, ya que somos nosotros quienes fuimos creados para amar y servir a Dios en esta vida y Él estableció su Iglesia para que nosotros transitemos por el mejor sendero y no para hacer de Ella un subproducto de nuestros pecados, subjetividades y caprichos.

    ¡Cuánto dolor debe estar sintiendo Nuestro Señor al ver que tantísimas mujeres no tienen gran respeto en la Casa de Dios!

    ¡Tengamos presente el pecado de Nuestros Primeros Padres Adán y Eva!

    ¡Mujer, sigamos el ejemplo de María Santísima porque Ella nunca se apareció ante los ojos de los hombres sin tener velo y entremos a la Iglesia con la cabeza cubierta, con el orgullo de ser sumisas, humildes y obedientes, sabiendo que honramos a Dios!

    “Accipe vélamen sacrum, quo cognoscáris mundum contempsísse, et te Christo Jesu veráciter humilitérque, toto cordis annísu, sponsam perpetuáliter subdidísse, qui te ab omni malo deféndat, et ad vitam perdúcat aetérnam”

    (Pontificale Romanum, De Benedictione et Consecratione Virginum)

  4. cristosvincit permalink
    mayo 27, 2014 7:36 pm

    Un Santo, Un Valiente…un Defensor de la Fe.
    San Bernardo Ora pro Nobis.

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