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Loris Capovilla: “Francisco también consideró llamarse Juan XXIV”

marzo 13, 2014
Sello postal de Mons. Loris Capovilla, por la Fundación Internacional Raoul Wallenberg.

Sello postal de Mons. Loris Capovilla, secretario particular de Roncalli, por la cabalista Fundación Internacional Raoul Wallenberg. La Fundación Internacional Raoul Wallenberg, en asociación con la Casa Argentina en Israel Tierra Santa, conduce un programa de emisión de estampillas conmemorativas “destinadas a promover las conductas de quienes durante el Holocausto se destacaron por poner en práctica los valores de la solidaridad y el coraje cívico, auxiliando a los perseguidos y condenados a muerte por el régimen nacional-socialista”.

(Transcrito de RD)

(J. Bastante).- «¡Tan solo podrás considerarte un hombre libre cuando pongas tu yo bajo tus pies!» Esta frase de Juan XXIII sintetiza los lazos que le unieron, desde 1953 a 1963, a su secretario particular Loris Francesco Capovilla. El que desde hace un mes es el cardenal más longevo de la Iglesia católica destaca, en una entrevista que Francisco “había pensado en el nombre de Juan”, pero que finalmente se decantó por el del santo de Asís.

“Bergoglio quería llamarse Juan XXIV”, asegura Capovilla en una entrevista para la revista “L’Eco” de Bérgamo. «Papa Francisco es como Papa Juan; se parecen mucho -explica Capovilla. Sí, el cardenal Bergoglio había pensado en el nombre de Juan, quería ser el sucesor de Juan XXIII. Pero también tenía en mente el nombre de Francisco».

Loris Capovilla con el capo Roncalli.

Loris Capovilla con el capo Roncalli.

Después, Jorge Mario Bergoglio habló con el cardenal brasileño Claudio Hummes, que le dijo que no se olvidara de los pobres. «Así Bergoglio se decidió por el nombre de Francisco. Pero Papa Juan estaba en sus pensamientos», explica el secretario de Juan XXIII.

Un Loris Capovilla que ha escrito, en conversación con Ezio Bolis, “Mis años con el Papa Juan XXIII”, que este martes publica en España La Esfera de los Libros, y en el que nos muestra a un papa que, tras cincuenta años de ausencia, sigue suscitando interés y simpatía dentro y fuera de la Iglesia católica, que sigue animando a seguir por el buen camino a los creyentes y a los hombres de buena voluntad, además de levantar pasiones entre historiadores y teólogos.

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