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Monseñor De Segur (+ 1819). CONSUELOS A LOS QUE SUFREN

marzo 6, 2014

Niño rico niño pobre

Si somos pobres, no le tengamos envidia al rico.

Esto serviría únicamente para hacer más amarga la pena, agriándonos  el corazón. 

Los que se abandonan a esta debilidad carecen al mismo tiempo de razón y de Fe… 

Cierto día el venerable Tauler, célebre predicador de la Orden de santo Domingo, descendía las gradas de la catedral de Colonia, donde estaba predicando la Cuaresma. 

-Padre, le dijo un mendigo que estaba acurrucado junto a la puerta de la Iglesia, dadme una limosna. 

Volviéndose Tauler percibió al infortunado, que daba horror de ver: tenía comida una parte del rostro por un cáncer, faltábale un brazo y una pierna, y el resto del cuerpo está mal encubierto por unos miserables girones. A  pesar se su gran espíritu de caridad, no pudo reprimir el buen religioso en el primer instante un gesto de repulsión… 

-Buenos días, amigo. 

– Gracias, Padre, respondió con apacible voz el mendigo: tengo ya lo que vos me deseáis. 

Creyó Tauler que el pobre hombre no le había entendido bien… 

-Lo que os deseo, amigo, son los buenos días. 

– Lo entiendo perfectamente, Padre, y os repito que tengo lo que vos me deseáis. 

Sorprendido  y casi impaciente el ilustre predicador insistió diciendo:

-Vos os equivocáis o no me entendéis;  os deseo un buen día.

-Padre, repuso el pobre con grave y reposado acento; vos tenéis la caridad de desearme un buen día, y yo no puedo contestaros otra cosa que lo que os he dicho ya: Dios me ha dado lo que vos me deseáis: todos los días son buenos, y este, como los demás, es para mí un buen día. A Dios gracias, jamás en toda mi vida he tenido días malos.

-Muy extraño es, hijo mío, lo que me estáis diciendo. ¿Es posible qué en el estado en que os veo,  no tengáis días malos.

-Es posible, y es cierto Padre. No los tengo. Cuando yo era niño un buen Sacerdote me enseñó que Dios no aflige sino a los que ama, y que únicamente envía los males para purificar y probar a sus servidores. Supe además que Dios es mi Padre celestial, que es infinitamente bueno, infinitamente poderoso e infinitamente sabio; que me ama con un amor eterno e incomprensible, y que si por mi parte le amo yo a Él, todo lo que me sucede no puede redundar más que en bien mío.

Así que vivo en la más profunda tranquilidad, sin preocuparme por un mañana que tampoco me pertenece. Me he acostumbrado a mirarlo todo como procedente de Dios, y a recibirlo como de su paternal mano, tanto el bien como el mal. Cuando mis enfermedades me hacen sufrir, bendigo a Dios, y pienso en la cruz de mi Salvador; cuando no me hacen sufrir, le bendigo por la paz que me proporciona. Cuando tengo que comer, como bendiciendo a Dios; cuando no tengo de qué, ayuno en expiación de mis pecados y en expiación de los de todos aquellos que no ayunan. Procuro rezar lo mejor que sé, y nunca perder de vista la presencia de Dios. Pienso a menudo en el Cielo y algunas veces en el infierno, y mi corazón se complace en gran manera en pensar que la vida es corta y que no tardaré mucho en ser eternamente feliz en el paraíso.

El P. Tauler había escuchado estas palabras con religiosa admiración. Gruesas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

¡Oh, amigo mío! Rogad a Dios por mí. Os agradezco el inconcebible favor que me habéis hecho.

Y, abrazándole cordialmente, volvió a entrar en el templo para meditar con libertad entera la grande lección de santidad que acababa de recibir.

Y vosotros también,… meditad en presencia del Dios de bondad el secreto de ser feliz que os descubre uno de vuestros hermanos. No os volváis a quejar; nunca más murmuréis; aprovechaos de todo para haceros dignos de obtener un precioso sitio en el paraíso.

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2 comentarios leave one →
  1. Inés. permalink
    marzo 6, 2014 1:59 am

    Maravillosa historia.

    Dios N. Señor nos conceda a todos la gracia de parecernos un poquito a este santo mendigo que reinará para siempre con Él.

  2. febrero 16, 2017 1:42 am

    El Catecismo de Trento enseña, hablando de las penas de la vida que “el que con disgusto y repugnancia lleva estos trabajos y miserias, se priva de todo fruto de satisfacción”. (Uno de los frutos es mayor gloria en el cielo).

    Es un tema poco conocido, poco escrito, pero me parece muy importante.

    En mi web (martin13.com -> qué hacer con las penas -> satisfacción ) hay más información y al final de la página de la satisfacción están los extractos del Catecismo de Trento sobre este tema.

    Unidos por la fe.

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