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Un Calderón de Entre Ríos que regresó… de “goy” a cabalista

noviembre 30, 2013
“Hoy soy un judío muy kosher,  pero una vez fui un ‘goy’ muy kosher”

“Hoy soy un judío muy kosher, pero una vez fui un ‘goy’ muy kosher”: Aarón Calderón

De la Sotana a la Kipa (primera parte)

(Transcrito de KolIsarelOrg)

Oriundo de la provincia de Entre Rios, Argentina, Aarón Calderon ha llevado una vida en búsqueda de la unidad de Di-s y de la espiritualidad. El ex-monje benedictino actualmente reside en Jerusalem y es la mano derecha del Rebe de Strotkop. Sus ojos profundos y sus pasos sinceros son reflejo de un alma inolvidable.

P: ¿Cuándo se empezó a interesar por la religión?

Cuando entré a al colegio a los 12-13 años fue mi primer despertar religioso: ayudar a la gente, identificarse con los ideales de amor universal que presenta de alguna forma el cristianismo. Ellos tienen un estilo muy misionero de trabajar con chicos y jóvenes. Me acerqué mucho a ese sistema. Era también la época de todos los ideales, de la adolescencia. Al terminar la secundaria, a los 16 años, hice dos años de seminario en Rosario, donde empecé mis primeras experiencias misioneras con indígenas venidos del norte de Argentina a otra ciudad de Santa Fé. Esto, por un lado, me produjo una satisfacción por poder ayudar a la gente, pero por el otro me generó un vacío espiritual, en el sentido que era superficial en cuanto a la búsqueda religiosa. No es suficiente dar, hay que saber dar. Uno tiene que estar muy conectado internamente para poder dar. De lo contrario el dar se transforma en una forma de recibir, una forma egocéntrica de recibir. Puede ser una mentira el dar. Fue la primera crítica intuitiva que tuve hacia la iglesia: Trabajo con los pobres, les doy mate cocido y pan de segunda categoría. Luego regreso al instituto donde tenemos ducha caliente, televisor a color y comida de primera calidad. El dar se transforma en una cuestión simplemente burocrática, pero no está conectada con uno.

Después de esos dos años entre al sistema del consagrado – el religioso católico, el noviciado – lo que significaba adentrarse en estudios filosóficos y compenetrar un poco más en la espiritualidad católica y religiosa. Eso fue un año, pero no llegó a llenarme, por que era un sistema muy escolarizado de la vivencia espiritual. Era un sistema que no estaba adaptado a mi ritmo de vida. Fue entonces cuando comencé a buscar, a los 19 años de edad, un sistema más primitivo, más antiguo, más conectado con las raíces católicas y allí encontré un  monasterio benedictino.

El sistema de oraciones es similar al judío, tres veces al día. Ellos lo llaman: “Laudes”, “Sexta” y “Víspera” (Como shajarit, minja y arvit). Con el mismo sistema de salmos y también Tikun Jatzot (estudio y rezos nocturno). El ideal de ellos es crear un desierto de silencia en donde la persona puede buscar sin disturbios ni confusiones la unidad de Di-s. La gran mayoría del día está prohibido hablar, pero hay momentos de recreo. Los novicios tienen más momento de hablar, porque están en la época de adaptación tienen un recreo a la tarde y uno a la noche de no más de media hora. Yo estuve tres años en el monasterio. Dos de novicio y el último hice votos monásticos temporales: Obediencia, conversión de vida (voto de pobreza y castidad) y estabilidad (morir en el monasterio).

 P: ¿Cómo fue la experiencia de llevar una vida sin hablar?

Era muy fuerte, no solamente el no hablar, en general la falta de medios de comunicación. Para quien estaba acostumbrado a la radio, la televisión, al diario, descomunicarse y contactarse con uno mismo de una forma abrupta, es muy fuerte, es unshock. Los monjes decían que el hombres se transforma de esta forma en una caja de resonancia y el mundo interior que hasta el momento parecía muy chiquito, se expande y uno ve un mundo entero de emociones y sentimientos; uno ve mucho más claro el mundo interno espiritual.

P: ¿A usted como persona qué la aportó esta experiencia?

Esto llevó a clarificarme, a ver y a sentir con claridad la unidad de Di-s, que a pesar de todo lo que uno puede ver, de todas las mutaciones y los cambios de la realidad y de la historia, al conectarse con uno mismo uno descubre que existe un creador, una sola esencia que sostiene, que crea y que mantiene el universo.

P: ¿Cómo es la vida social en un monasterio?

La vida social se reduce, precisamente para abrir la vida espiritual. Se crean amistades, muy reducidas, siempre dentro del ambiente del monasterio. Se desarrolla otro tipo de comunicación gestual no verbal. Es un mundo de comunicaciones. Por ejemplo, en el comedor no se puede hablar. Hay un lector y los demás comen en silencio. Había todo un mundo gestual para pedir la sopa, la sal, el vino, etc…Hay una sensibilidad en la mirada que te permite descubrir si el otro necesita algo. Se desarrolla una conexión, de alguna forma energética, de miradas y códigos. En este mundo no oral se crean relaciones sociales. De mi grupo ninguno se quedó en el monasterio, pero con aquellos que creé vínculos sigo en contacto incluso hasta el día de hoy.

P: ¿Cómo comenzaron sus dudas respecto al cristianismo?

En una ocasión fui al abad del monasterio y le planteé la siguiente cuestión: El Todopoderoso se  puede comparar a un padre que le dice al hijo que es diabético no comer azúcar y lo cría de esta forma. Cuando llega la mayoría de edad el padre le trae una gran torta de chocolate. Es un padre que le da algo que el hijo no puede entender ni recibir. Sería un mal padre. Igualmente, en el antiguo testamento, en la Torá, Di-s ordena no hacer imagen y cada vez que el pueblo de Israel se hacía una imagen lo castigaba, y cuando teóricamente llega la plenitud de los tiempos y Él quiere dar la salvación a la humanidad, Él mismo se moldea, se hace imagen en cuerpo de una persona. ¿Cómo se entiende desde esta perspectiva el mensaje del cristianismo? El Abad se sonrió con una sonrisa muy pícara y me dijo “es una cuestión de fe”. Llegado el momento seguí con las preguntas generales a la iglesia. Las dudas se me manifestaron ante todo a nivel teológico sobre la unidad de Di-s. Durante mi estancia en el monasterio la presencia y unidad de Di-s se me hizo clara, el tema fue cuando intenté entender las doctrinas filosóficas y externas a toda espiritualidad sobre la trinidad. Se me hizo muy complicado entender los misterios cristianos de la eucaristía, del pan que es Di-s; materializar a Di-s de una forma tan burda como es un pedazo de pan. Empezaron entonces las críticas al mismo Jesús cuando él critica a la tradición rabínica de su época. No me voy a olvidad el sentimiento de culpa que sentí cuando leí el evangelio: ustedes largan sus vestiduras, rezan y viven de la limosna mientras que los demás están pobres. ¡Y de pronto me vi a mi mismo! Yo tenía largas vestiduras, la sotana, yo vivía en el convento tranquilo, vivía de la limosna de los demás y decía que hacía largas oraciones. La misma crítica que él hizo en su época, se le puede hacer a la iglesia de hoy en día. Él critica la tradición oral judaica de su época y la iglesia después creó su propia tradición oral igual a aquella que criticó. Al final se queda el mismo esquema, el mismo sistema. Finalmente decidí abandonar el monasterio y volver a mi ciudad.

P ¿El abad no se asombraba de este tipo de preguntas?

No, de ninguna forma. Es una pregunta muy normal en la vida de un monje. Es la pregunta del monje. Para ellos es la tentación del monje. El ideal es atravesar el umbral de la duda y encontrarse con el misterio, coexistir con el conflicto y vivir así.

P: ¿Cómo comenzó su interés por el judaísmo?

Una vez que fui a asesorarme con el Abad vi que estaba estudiando Torá en hebreo. Lo que me acuerdo de esa época fue el impacto de las letras. Para mi fue un despertar. Desde ese momento sentí que era algo que yo tenía que aprender. Recuerdo que cuando salí de este encuentro volví al recreo de los novicios y yo les conté el episodio y dije que si algún día yo salía de ahí me gustaría estudiar hebreo. En ese momento nunca hubiera pensado que iba a terminar en el pueblo de Israel. En esa época yo era un buen cristiano y a pesar de todo muy devoto.

P: ¿Cuál fue la reacción de sus padres cuando decidió irse al convento?

Muy negativa. Lo tomaron muy mal. Ellos se arrepintieron en alguna forma de haberme enviado a un colegio religioso. Porque ellos sabían que estando en el monasterio no iba a tener hijos, ni familia y para ellos eso era muy triste.

P: ¿Cuál fue la reacción de su madre al regresar del convento?

“¡Te lo dije!”

P: ¿A qué se dedico al regresar del monasterio a su ciudad natal?

Empecé a estudiar en la facultad de teología para laicos de una universidad católica, donde estudié por dos años. En esa época también decidí estudiar finalmente hebreo, por lo cual fui a buscar a un rabino. Mi sorpresa fue cuando me encontré un rabino sin barba, un reformista muy moderno. Y cuando me dijo que no enseñaba hebreo mayor fue mi asombro. Me acerqué a una escuela de gente adulta que estudiaba hebreo una vez por semana, donde tampoco eran religiosos y la mitad no eran siquiera judíos. Paralelamente, en el teologado me hice amigo de un instituto de monjas misioneras, comencé a colaborar con la misión con gente marginada. Así fue, por un lado el descubrimiento de la comunidad judía y por otro lado la vivencia del cristianismo. En el ínterin conocí también a un grupo mesiánico. En un momento tuve todo el mapa frente a mí. Podía ir un viernes a la sinagoga, después ir al centro mesiánico y después ir a misa. 

P: ¿Qué lo hizo tomar un rumbo determinado?

Recuerdo que un día que volvíamos de misionar con una amiga le dije: “los judíos recitan los vieres el “veshamru bnei Israel…” y ahí se dice que hay un pacto eterno entre Di-s y el pueblo de Israel. Si es un pacto eterno, lo que Di-s dice no lo puede revocar. Si Shabat es un pacto eterno y nosotros lo cambiamos al domingo, nosotros estamos equivocados.” Ella por su parte me respondió diciendo: “Sos un fundamentalista”.

 Para mi ese fue un punto decisivo. Entendí que de ahí no había vuelta. Ese fue el punto espiritual donde yo decidí ingresar al pueblo de Israel. Esto desencadeno toda una desilusión y desengaño de Jesús y su mensaje; me creo un vacío interno muy fuerte y muy grande, una angustia espiritual; de alguna forma todo lo que llenó mi vida, todos estos ideales de la adolescencia no estaban y no había de donde agarrarme ni en quien creer, ni a quien amar…nada. Estaba el vacío.

P: Después de esta conclusión espiritual, ¿Cómo fue su acercamiento al judaísmo?

En esa época me encontré con el rabino Lubavitch que había venido a la ciudad. Me encontré con él en la calle. Antes ya me habían comentado que había en la ciudad un

Rabino ortodoxo, me había dicho que no me iban a aceptar – sobretodo viniendo del mundo que yo venía. Cuando me lo encontré en la calle le dije que yo me quería convertir al judaísmo. Pidió mi teléfono pero no me llamó. Busqué su teléfono, lo llamé y nos encontramos. En aquella charla me dijo algo que me acercó mucho más al judaísmo. Me explicó que yo no necesitaba convertirme para llegar a la salvación, que por ser “bnei noaj” bastaba con que cumpliera las siete mitzvot. “Dejaste la idolatría, eres un “goy” perfecto, así te creó el Todopoderoso, vas a tener tu parte en el mundo por venir.” Esto me llevó a comprender que el Di-s de Israel es un Di-s de amor que recibe a toda la humanidad.

Los primeros pasos de acercamiento lo hice junto a este rabino Lubavitch, Rabino Moshe Bluminfeld. Todos me habían asustado que no me iban a recibir en el mundo ortodoxo, pero yo iba todos los shabat a su casa y era muy abierto. Me decía que podíamos ser muy buenos amigos aunque no fuera judío. Casi dos años estuve en el proceso con él. Es como un chico que se va educando en la casa de su padre y va a aprendiendo. Yo nunca decidí ser jasid, ni dejarme la barba, ni ponerme kipa, es una cuestión de convivencia. Yo quiero aprender cómo son los judíos y dentro de esto voy viendo, voy aprendiendo y voy integrándome.

Después de estos dos años yo tenía mucha tensión interna, pero en Argentina no se puede hacer conversión porque hay un “jerem”. En esa época me sucedió un milagro del cielo. Participé en una rifa para ayudar a comprar una ambulancia en un hospital, pero me había olvidado de esa rifa. Era la vispera de Rosh Hashana y me avisan que gané un auto. Yo vendí ese auto, me vine a Israel y me pude mantener el primer tiempo que no era Olé jadash.

P: ¿Cómo fue el proceso en Israel?

Llegué a Israel a los 28 años. Conocía al rabino Boton, que había sido rabino en mi ciudad que vivía en Israel. Me puse en contacto con él y en un principio estuve en su casa. Desde que llegué sentí una conexión con la tierra de Israel y el pueblo de Israel.

Cuando llegué a Israel tuve una prueba difícil. Llamé a mi casa y mi mamá no contestaba al teléfono. Hablé con una vecina y me contó que mi mamá estaba muy enferma. Era el gran dilema, volverme o quedarme. Si me volvía y Di-s no lo permita, mi mamá se moría no iba a quedar nada que continúe para ella. Por otro lado, si yo me quedo voy a tener la oportunidad de construir una familia, de construir una vida nueva y va a ser el mérito de ella. Va a ser algo contractivo y positivo. Decidí quedarme a pesar de todo y mi mamá se recuperó.

 Me conecté con una yeshiva en Jerusalem, Najalat Zvi. La experiencia no fue tan positiva como ya esperaba. Yo ya estaba acostumbrado al ambiente jasídico. Después de un par de meses conocí a un jasid jabad uruguayo que vivía en la zona. Él me hizo conocer a un Rebbe jasídico de la dinastía de Sans, Jasidut Strotkop. El Rabino me recibió con una sonrisa, bendiciones, alegría y espontaneidad que no lo había sentido en el mundo judaico en Israel. Eso me conectó mucho con este Rebe. Estaba en la Yeshiva, pero cada tanto me escapaba al Tish del Rebe los sábados. Al final fui a vivir con esta familia uruguaya un tiempo y en eso conocí al Rabino Birnbaum que dirigía el ulpan de conversión en español y me entrevisté con él. Por un lado me interesó la cuestión cultural e idiomática para estudiar y entre más conocí a la gente del ulpán fue también una oportunidad para integrarme a la cultura israelí. También me gustó la libertad de elección que permitían respecto a la línea espiritual ortodoxa dentro del pueblo de Israel, sin ninguna coerción.

P: ¿Cuál fue la reacción de su madre cuando se enteró que usted quería ser judío?

Desde que se enteró siempre estuvo muy contenta. Lo que le importaba era saber que yo iba a tener una familia. Hay vida, hay una continuidad de vida. Y para ella era muy importante. Nunca entendió exactamente qué era la conversión, pero estaba contenta de saber que los judíos tienen familia y muchos hijos.

P: ¿Cómo fue el momento de la conversión?

La conversión de los hombres tiene dos etapas. Yo hice el Brit Mila (circuncisión) antes de Rosh Hashana. En la época de las fiestas ya había entrado al pacto de Abraham pero aun no me había sumergido en la Mikve. Mi Rebe me llamó en Iom Kipur a levantar por primera vez el rollo de la Torá. No me esperaba que me fuera a llamar. Fue como decirme: ya estas en la puerta del recibimiento de la Torá y eso fue muy emocionante para mí. Es una sensación muy especial, muy rara. Cuando uno se sumerge en la mikve es como el primer respiro de un bebé recién nacido. Es la sensación de respirara dos mil años de historia.

El gran tikun fue cuando nació mi hija hace casi dos años. En algún momento estuve en contra de la vida y ahora cree vida. Esa es la conexión con el misterio. El nacimiento de mi hija fue el cierre de un círculo tras el voto de castidad.

Otra entrevista a Aarón Calderón

De monje benedictino a judío jasídico

(Traducido y adaptado de The Jerusalem Post / notisrael)

Black Hats

La insólita historia del monje benedictino que, tras una serie de descubrimientos personales, eligió convertirse al judaísmo y vivir en Israel. Si tan sólo el abad pudiera verlo hoy… Con enrulados peyot balanceándose por debajo de su mentón, y el largo tapado negro de su pequeña secta jasídica colgando de sus anchos hombros, Calderón, obviamente, ya no parece un monje Benedictino. Además, ahora se llama Aarón, y es padre orgulloso de tres niños pequeños.

La historia de Calderón es uno de esos cuentos más extraños que la ficción, que se vuelven intrigantes para quienes los escuchan. Afortunadamente, es una historia que a él le gusta contar. Empieza en una pequeña ciudad en las afueras de Buenos Aires, Argentina, donde Justo Jorge nació en una familia católica.

“Hoy soy un judío muy kosher”, dice el hombre de 36 años, sonriendo, “pero una vez fui un ‘goy’ muy kosher”.

Cuando tenía 12 años, cuenta, sus padres lo enviaron a una escuela privada religiosa, en busca de una educación que preferían a la pública. Al poco tiempo, estaba pasando horas extra estudiando con los monjes. A los 14, se unió al seminario pre-misionero.

“Yo era joven e idealista”, explica encogiéndose de hombros. Después de la secundaria, con un fervor religioso cada vez mayor, Calderón fue en busca de las “ancestrales, originales enseñanzas” del Catolicismo. El monasterio Benedictino local le ofrecía la forma más antigua, “más pura” de vida cristiana en la zona. Basada en una orden de 1400 años de historia, y centrada en una gran “villa sagrada”, que se autoabastecía, la estancia en el monasterio implicaba pasar la mayor parte del día en silencio, reflexionando sobre lo Divino.

“La palabra ‘monasterio’ deriva del griego ‘monos’, que quiere decir uno, o solo. Los monjes buscábamos al Único cada uno por su lado”, explica Calderón.

Aunque los padres de Calderón no estaban demasiado contentos con el compromiso de su hijo con la vida monástica (es hijo único, y ellos esperaban ser abuelos), el joven se sentía en casa en el monasterio Benedictino. En casa, así fue, hasta que experimentó lo que el llama “mis dos sorpresas”. La primera le llegó en la biblioteca del monasterio. Era una de las mayores bibliotecas de la zona, por la que el monasterio era famoso, cuenta Calderón. De los miles de volúmenes que guardaba, un libro en particular le iba a cambiar la vida.

“Un día”, dice, “Me topé con una Hagadá, en español y en hebreo. El libro me atrajo, y lo leí de principio a fin, con asombro”. Al final del Seder, Calderón leyó la plegaria en la que se anhela celebrar Pesaj “el próximo año en Jerusalem- con Jerusalem reconstruida” y se quedó contemplando un dibujo del Tercer Templo.

Calderón se sentó en silencio- no su silencio contemplativo habitual, sino un silencio de estupefacción.

“El Cristianismo”, explica, “ve al Judaísmo como algo de un concepto arqueológico, no como algo que aún sigue vivo, relevante y floreciente… Al ver ese rezo al final de la Hagadá, quedé shockeado pensando en que los judíos modernos alimentan esperanzas en el futuro de la religión.”

El descubrimiento sacudió a Calderón, pero todavía no estaba muy seguro de qué hacer con él. Poco tiempo después, experimentó su segunda “sorpresa”, que disparó su búsqueda espiritual en una dirección imprevista.

Le llegó en una de sus visitas semanales al abad del monasterio. Al entrar al estudio del abad, Calderón lo encontró absorto en una Torá en hebreo. (El abad, después supo Calderón, había estudiado en Jerusalem, y comparaba textos ancestrales). “Me fascinó el idioma”, recuerda. “Quería saber, ¿qué secretos encierran esas letras?”.

Para ese entonces, Calderón había pasado varios años en el monasterio y, aunque estaba bien allí, volvió a su casa para tomarse un descanso de uno o dos años. Una vez en su casa, comenzó a tomar clases en una universidad católica y a trabajar como enfermero para la Cruz Roja. Pero sus “sorpresas”, lo siguieron alentando, y Calderón comenzó a buscar a algún judío que estuviera dispuesto a enseñarle hebreo.

En ese momento, la conversión no estaba en sus planes. “Solamente quería saber cómo rezaba Jesús”, dice.

Los viernes por la noche, Calderón comenzó a ir a los servicios de la sinagoga local (“la impresión que tuve fue que era como una iglesia protestante”) donde el rabino lo aceptó en las clases de hebreo. Además descubrió una congregación de judíos mesiánicos, y rezaba ahí también.

Así hubo un tiempo en que, recuerda Calderón, solía rezarle a Jesús durante un kabalat Shabat en el templo, o usaba kipá en la iglesia un domingo a la mañana. Para él, estos rezos interreligiosos no eran una contradicción.

“Parece extraño”, admite, “pero en ese momento, para mí tenía sentido”. Y explica su concepción de aquél momento “El Judaísmo no era algo externo al Cristianismo, sino parte de él, como un ancestro”.

Pronto, sin embargo, algo en los rezos de Shabat lo impactó, e hizo tambalear las bases de su fe. Era una parte del kidush del sábado a la mañana, específicamente, el pasaje del Éxodo que dice: “Y respetarán los hijos de Israel el Shabat durante todas sus generaciones, perpetuamente. Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna del pacto”

“Esa expresión me partió la mente”, dice Calderón, repitiendo las palabras “Señal eterna del pacto..”

“Eso significa”, dice, “que hay un lazo eterno, establecido por Di’s. Y, ya que Di’s no cambia, entonces ese lazo”- la señal observada por los judíos, marcando el sábado como Shabat- “todavía tiene efecto!” ¿Por qué- se preguntó a sí mismo- la Iglesia movió el Shabat al domingo, si no era un día santificado por Di’s?

La pregunta fue más que un pequeño dilema para Calderón. Después de todo, si el domingo no era realmente el santo Shabat, y el pacto de Di’s con el pueblo judío no fue anulado por el Cristianismo, entonces quizás otros fundamentos de la religión católica tampoco eran cierto. Quizás, se permitió pensar, “¿No será que Jesús no era, en verdad, el hijo de Di’s?”

Calderón dejó de ir a la iglesia. “Todo en lo que creía se desvaneció”, dice.

Comenzó con las clases para la conversión en una sinagoga reformista. Cuando ese templo tuvo que cerrar por dificultades económicas, Calderón buscó a otros judíos y descubrió al rabino local de Jabad.

En vez de darle una calurosa bienvenida a un posible nuevo converso, el rabino, primero, intentó disuadirlo. “Me solía decir ‘¿Por qué querés ser judío’ Tenemos tantos preceptos, cuando los no-judíos sólo tienen que observar las leyes de Nóaj. Además, ya sos una buena persona para los ojos de Di’s’”.

Esto, sin embargo, sólo ayudó a incrementar el deseo de Calderón de convertirse. “Hasta ese momento, yo pensaba que el judaísmo era una religión basada en la ley y lo estricto, mientras que el cristianismo era una religión de amor. Pero, de golpe, me di cuenta de que era al revés”.

“Mirá”- comienza a explicar-“en el cristianismo, si no creés en Jesús, no podés ir al cielo. Pero en el judaísmo, hay un lugar en el cielo para todos, no tenés que ser judío.”

Después de un período de “ver cómo era”, Calderón supo que quería convertirse, y también que quería emigrar a Israel. Había un solo problema: el económico”.

“Un pasaje a Israel cuesta 1.200 dólares. Como enfermero, yo ganaba 200 dólares por mes. ¿Cómo iba a poder pagarlo?” dice. La situación no era muy alentadora.

Pero luego, algo pasó que entonaría en un cuento jasídico, del tipo de cuentos que circulan en el pequeño templo de Stropkover, en Jerusalem, donde hoy Calderón es gabai. Hubo una rifa en la ciudad de Calderón, donde el gran premio era una ambulancia. Decidió comprar un número. Justo antes de Rosh HaShaná, a Calderón le informaron que había ganado esa rifa. Vendió la ambulancia y, ya con el dinero para pagar el pasaje, voló a Israel.”

Al principio, Calderón, que comenzaba a llamarse Aarón, estudió en una yeshivá para potenciales conversos. Pero pocos meses después, a comienzos de 1999, Calderón conoció al Rabbi Eliahu Birnbaum, y se unió a un ulpan para hispanoparlantes. Cerca del Rosh HaShaná de ese año, Calderón efectuó su brit milá. Antes de Sucot, entró a una mikve y finalizó su conversión.

De vuelta en su casa en Argentina, no había un clima muy festivo. Aunque la madre de Calderón estaba feliz de que, al haber abandonado el monasterio, su hijo le daría nietos, muchos miembros de la familia le cerraron las puertas de sus casas por ser judío.

“Pocos años antes, me haía dado cuenta de que el amor, el odio y los celos están separados por una línea muy delgada”, dice Calderón. “Yo elegí amar al pueblo judío. Más tarde, comencé a notar el odio que mucha gente de mi ciudad tenía hacia los judíos”.

De vuelta en Israel, Calderón conoció a una mujer judía que había emigrado desde Rusia con su familia, con la que se casó.

“Las reuniones familiares”, dice Calderón riendo, “pueden resultar muy extrañas”.

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5 comentarios leave one →
  1. noviembre 30, 2013 11:34 pm

    Es muy revelador como la neoiglesia esta infiltrada hasta la medula de los enemigos mortales de la Cruz, los cabalistas hebreos que se encargan de demoler de forma controlada la Iglesia, según ellos.

    Este Calderón lo único que hizo es regresar a sonde sus superiores y decirles “misión cumplida”, pero no deja de dar risa que la sinagoga presuma de sus conversos, pero la historia demuestra, con hechos los millares de hebreos que a lo largo de los siglos han buscado la Iglesia para salvar su alma, como el caso del rabino y hebreo converso Israel Anton Zoller, bautizado como Eugenio Pio Zolli.

    ¡Sinagoga de Satanás, la cuenta regresiva para ustedes,comenzó. su derrota por Cristo y su Iglesia Militante es segura, con su resurección!

    • agosto 19, 2015 11:48 am

      Hola amigo cristiano soy judío ortodoxo, me sorprende lo que escribes tienes algo lastimada el alma Levítico 19:18 “…amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy el SEÑOR.”.
      Estaba buscando algo en el Google y salio tu comentario, el judaísmo no presume de sus conversos, no hacemos proselitismo religioso, no necesitamos adeptos, ni cantidades, eso lo hacen hace siglos otras confesiones que tomaron los pilares de nuestras escrituras, pues D-s la dio al pueblo de Israel solo como ejemplo para las naciones, pues habían rechazado sus mandatos, unos no querían reconocer al Señor como único, otros querían tener otros dioses, otros querían ídolos, de palo, piedra, yeso, otros amaban la violencia y el asesinato, a otros le era mas sencillo robar, secuestrar, violar, otros deseaban sacarle la mujer de su vecino, o hacer actos inmorales, de orden sexual de todo tipo, pasando por alto la santidad de la familia, ni que hablar de aquellos que ni siquiera mataban a un animal ya que cortaban un miembro para comérselo mientras el sigue con vida, como en el caso de la yerra que se comen las criadillas de los novillos.
      El animal se lo puede ver que esta sufriendo mientras van agregando mas testículos en las parrillas para luego comerlos asados, D-s revisa con lupa al judío son 613 mandamientos que observar, y las naciones rechazaron tan solo 7 mandamientos que fueron entregados a los hijos de Noé que tienen el mismo valor que nuestras obligaciones mas complejas.
      Volviendo al tema de la conversión cuando quieren efectuarlo los gentiles los rechazamos muchas veces para que no se lastimen en la vida, pues hay evidentemente muchos peligros y otras pruebas celestiales y terrenales para corroborar su fe y sinceridad, pero cuando vemos que sigue adelante entendemos que es su alma la que pide y no su mente. Ser judío es algo muy difícil y hasta doloroso figúrate como un hombre ya mayor con un solideo (kipá) en mi cabeza he recibido escupitajos, insultos, golpes, temores de todo tipo, sin abandonar mi fe infinita en D-s sin dudar de EL en ningún instante. Y no digo que es difícil por lo intelectual ya que tu inteligencia puede ser superior a la mía, ni la fortaleza física, cada prueba que pasamos es diferente a las anteriores, así somos probados en este mundo. Es mas sencillo que un gentil siga su fe, o simplemente crea en D-s no haciéndole al prójimo aquello que no es bueno para el.
      Yo comprendí como Aarón Calderón un cristiano muy preparado, al estudiar la biblia se quedo ante una gran pregunta. Seguramente lo consulto con otros pares y no le dieron la respuesta, por que no la había.

      Veamos que tuvo frente a el… [Alianza Eterna o Pacto Eterno]

      El día de reposo – Shabat, Sábado, Séptimo día

      …15“Durante seis días se trabajará, pero el séptimo* día será día de completo reposo, santo al SEÑOR (Ado-nai). Cualquiera que haga obra alguna en el día de reposo morirá irremisiblemente. 16“Los hijos de Israel guardarán, el Shabat de reposo, [celebrándolo por todas sus generaciones como alianza eterna]. 17Es una señal entre yo y los hijos de Israel para siempre; pues en seis días el SEÑOR (Ado-nai) hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó.

      Desde Israel le envío un gran saludo, que el Señor nos de a toda la humanidad bendición, paz, amor y concordia.

      Confíe en D-s EL sabe como hacer su trabajo, nosotros los humanos solo somos como el polvo de la tierra.

  2. diciembre 1, 2013 9:57 pm

    Tres siglos y medio duraría la Inquisición, concebida como un tribunal para asegurar la estabilidad social frente a la herejía. Las descripciones generales tienden a dar la impresión de un clima generalizado de denuncias y temor, pero los datos reales ofrecen un panorama distinto. El número total de procesos a lo largo de sus tres siglos y medio de existencia es de un máximo de 150.000, quizá menos de 100.000, pues se conservan las actas de los 50.000 ocurridos entre 1560 y 1700, casi un siglo y medio: dado que los procesos posteriores a 1700 fueron pocos, resulta difícil creer que los correspondientes a los ochenta años anteriores a 1560 casi duplicaran los posteriores. Aún aceptando la cifra mayor, da un promedio máximo de 420 procesos por año (la cifra real es probablemente bastante inferior), exigua en todo caso para una población que varió entre cinco y doce millones de habitantes –aunque hubo temporadas de actividad escasa y otras más intensa–. El uso de la tortura, como quedó indicado, fue mucho más moderado que en los tribunales corrientes: de los 7.000 procesos en Valencia solo se usó la tortura en un 2% de los casos, nunca más de quince minutos, y nadie fue torturado dos veces, según la investigación de S. Haliczer.

  3. carolius permalink
    diciembre 2, 2013 11:10 am

    Se puede entrever en su historia la política hebraizante de la neoiglesia, por ejemplo cuando el abad estaba estudiando la Torá en hebreo (eso es muy revelador). Las preguntas hechas al abad, que él dice que fueron cruciales para “desencantarse” del catolicismo, ¡por favor! eso hasta yo se lo contesto. Se nota que el abad realizó bien su trabajo de sembrar dudas y alejar a las almas de la salvación.

  4. diciembre 3, 2013 6:56 pm

    Carolius.

    Tienes toda la razón, la neoglesia esta hebreizada hasta sus cimientos.

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