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La resistencia francesa al servicio de la Inteligencia Británica: Vatican Insider

octubre 20, 2013

René Lefebvre en Sonnenburg

(Transcrito de Museo del Holocausto)

En enero de 1942 se fundó el Ejército Judío (Armeé Juive) en Francia. Éste hizo pasar la frontera con España y Suiza a centenares de judíos, y ejecutó ataques contra el ejército alemán en el norte y sur de Francia. Entre sus múltiples acciones atacó a informantes y agentes de la Gestapo y contrabandeó fondos desde Suiza para las organizaciones de rescate judías en Francia. Centenares de combatientes de la Armeé Juive cayeron combatiendo a los alemanes. Sus soldados participaron en el levantamiento general francés de agosto de 1944, luchando en París, Lyon y Toulouse.

Un consejo representativo del judaísmo francés fue establecido en 1944, como un intento de crear un cuerpo representativo que coordine las acciones de rebeldía de las organizaciones judías. Fue este un esfuerzo conjunto de los líderes de esas organizaciones de elevarse por sobre las diferencias ideológicas, con el propósito de reforzar las actividades en pro de la comunidad judía y contribuir al movimiento clandestino francés en general.

En junio de 1944 los Aliados occidentales invadieron Normandía, liberando París en agosto. Sin embargo los trenes que conducían judíos de Francia a los campos de exterminio continuaron saliendo hasta el verano de 1944. El último tren que transportaba judíos partió tres días antes de la liberación de París.

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El papel de la resistencia francesa tiene una gran consonancia con los servicios de inteligencia británicos

La «desobediencia civil» y el papel de la Iglesia gala durante la Shoah en la investigación de Yagil Limore. La estudiosa visita Turín por la Jornada de la Memoria

ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

«Francia es uno de los países ocupados de la Europa del oeste en los que la comunidad judía pudo sobrevivir mejor ante el exterminio nazi: mientras tres cuartos de los judíos de los Países Bajos fueron deportados a los campos de exterminio, corrió con la misma suerte tan solo (si pudiéramos osar decirlo así) un cuarto de los judíos franceses, es decir 76.000 de 310.000». Parte de esta paradoja el estudio de Yagil Limore, historiadora e investigadora israelí, que trabaja en la Sorbona de París. Es la autora de tres potentes volúmenes titulados «Chrétiens et Juifs sous Vichy, sauvetage et désobéissance civile», en los que, con base en nuevos documentos de diferentes archivos, analiza las formas en las que pudieron salvarse los judíos franceses. La estudiosa estuvo en Turín el miércoles 23 de enero para presentar sus investigaciones durante un congreso que se llevó a cabo en el Palazzo lascaris. Vatican Insider ha tenido la suerte de entrevistarla antes de su llegada a Italia. 

¿Cómo se explica la exepción del caso francés? 

«Efectivamente, se trata de una paradoja, porque, al contrario de lo que sucedió en Italia, la población francesa fue acusada de haber sufrido una enorme influencia antisemítica durante los años treinta. Además, es necesario considerar las leyes antisemíticas que introdujo el régimen de Vichy, que participó activamente en la deportación de los judíos. Gracias a mis investigaciones surgió un elemento común que vincula las historias de salvamento de los judíos: una notable capacidad de desobediencia civil. En concreto se trató de la ayuda a las personas perseguidas con la prevención de los arrestos, ofreciéndoles documentos falsos, nuevas identidades y falsos certificados de bautismo. Los niños judíos fueron acogidos en las familias y en los conventos, y los perseguidos recibieron ayuda para llegar a las fronteras con Suiza o España. 

En el campo de concentración de Sonnenburg, Polonia, se inmortalizó a René Lefebvre, padre de Marcel Lefebvre, quien pertenecía a la Inteligencia Británica y por cuyas acciones fue deportado a cargo de la Gestapo.

En el campo de concentración de Sonnenburg, Polonia, se inmortalizó a René Lefebvre, padre de Marcel Lefebvre, quien pertenecía a la Inteligencia Británica y por cuyas acciones fue deportado a cargo de la Gestapo.

¿Cuáles características tenía este fenómeno de la “desobediencia civil”?

Más que un fenómeno político, fue un fenómeno moral, basado en los criterios de la consciencia individual. Muchas personas decidieron desobedecer las leyes y a las autoridades para seguir sus consciencias. Este fenómeno hay que distinguirlo claramente de la resistencia o de la lucha patriótica por la liberación. He tratado de reconstruir el cuadro general del fenómeno de los salvamentos de los judíos de 1939 a 1944 en toda Francia. Además de las familias de muchísimas poblaciones, me gustaría recordar el aporte del personal médico, pero también el de los artistas (por ejemplo Jacques Prévert, Maurice Chevalier, Alfred Cortot, Sacha Guitry, Serge Lifar) y el de prefectos y viceprefectos, gendarmes y policías: servidores del estado que desobedecieron las leyes para salvar inocentes. Sin el aporte de estos hombres no sería posible explicar los salvamentos, por ejemplo en el Loria. 

¿Qué surgió con respecto a la conducta de la Iglesia católica francesa?

El catolicismo francés puso a disposición de los judíos sus conventos, sus colegios religiosos, sus casas en las poblaciones rurales. El silencio de un buen número de obispos de Francia no nos debe hacer perder de vista que ellos ayudaron personalmente o animaron las diferencias iniciativas de salvamento de los judíos en sus diócesis. No se pueden entender estas actividades solo con la tradicional acogida de la Iglesia católica. El estudio que he llevado a cabo en 45 de las 80 diócesis francesas de la época nos permite afirmar que desde 1940 los obispos animaron las acciones de salvamento de los judíos. Los obispos estaban al corriente de las diferentes iniciativas de los sacerdotes; si no aprobaban la resistencia de algunos sacerdotes al “poder establecido” de Vichy, al mismo tiempo animaban la ayuda para los judíos.

¿Cómo reaccionaron individualmente los obispos a las deportaciones?

El 22 de julio de 1942, el cardenal Suhard envió una carta en nombre del episcopado al mariscal Pétain para protestar en contra de los arrestos de los judíos. El 19 de agosto, el cardenal Gerlier expresó su preocupación al mismo Pétain por el trato que sufrieron los judíos arrestados y deportados, pues no se reconocían los «derechos esenciales del ser humano ni las reglas fundamentales de la caridad». A partir de esa fecha, las protestas públicas en contra de la deportación de los judíos se difundieron y repercutieron en las parroquias: mons. Saliège (Toulouse) el 23 de agosto de 1942, mons. Théas (Montauban) el 30 de agosto, mons. Delay (Marsella) el 6 de septiembre, mons. Moussaron (Albi) y mons. Vanteenberghe (Bayona) el 20 de septiembre. No hay que olvidar las valientes acciones de otros obispos y arzobispos, que decidieron actuar en silencio y con discreción, como mons. Rémond en Niza, mons. Piguet en Clermont-Ferrand, (ambos fueron reconocidos como “Justos entre las Naciones”); mons. Rodie en Agen, mons. Bernard en Perpignan, mons. Chevrier en Cahors, mons. Virgile Béguin en Auch, mons. Challiol en Rodez, mons. Llobet en Avignone, mons. Cesbron en Annecy, mons. Pic en Valence etc. Fueron en total 45 obispos.

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2 comentarios leave one →
  1. octubre 20, 2013 1:36 pm

    Si hubo un ejército judío, es verdad que había una nación judía antes de crearse el estado de Israel. Entonces también es cierto que esta nación le declaró a Alemania la guerra en 1917 y 1933. ¿Sale eso en los mass media controlado por los sionistas? NO.
    http://lastermitasdelcielo.wordpress.com/

  2. octubre 20, 2013 8:56 pm

    La infiltración tanto de elementos hebreos como pro-hebreos en la Iglesia, viene de décadas muy atrás, por ello el éxito en la usurpación de la sede de San Pedro, como la conformación de la mal llamada “resistencia”, entiéndase los Lefebvrianos.

    Muy buen trabajo de Inteligencia del deleznable MI-6 en la infiltración de elementos enemigos de la Iglesia en las entrañas de la misma, y que viene trabajando desde su fundación hace casi 5 siglos por Sir Walsingham en su estrategia de guerra basada en el ardid, y la división.

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