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Hablan en la Neo Iglesia de elegir a las primeras “mujeres cardenales laicas”

septiembre 26, 2013
El que replanteó la idea fue un teólogo jesuita estadounidense, el padre James Keenan, que en su perfil de Facebook propuso un parteaguas en la estructura de la Iglesia católica, con el nombramiento de mujeres en el colegio cardenalicio, el “club” más exclusivo del mundo que, desde hace siglos, tiene el poder para elegir al Papa. Juan Arias retomó la hipótesis en las columnas de “El País”, pero le añadió un supuesto «pensamiento» del Papa Francisco al respecto.

El que replanteó la idea fue un teólogo jesuita estadounidense, el padre James Keenan, que en su perfil de Facebook propuso un parteaguas en la estructura de la Iglesia católica, con el nombramiento de mujeres en el colegio cardenalicio, el “club” más exclusivo del mundo que, desde hace siglos, tiene el poder para elegir al Papa. Juan Arias retomó la hipótesis en las columnas de “El País”, pero le añadió un supuesto «pensamiento» del Papa Francisco al respecto.

El que replanteó la idea fue un teólogo jesuita estadounidense, el padre James Keenan, que en su perfil de Facebook propuso un parteaguas en la estructura de la Iglesia católica, con el nombramiento de mujeres en el colegio cardenalicio, el “club” más exclusivo del mundo que, desde hace siglos, tiene el poder para elegir al Papa. Juan Arias retomó la hipótesis en las columnas de “El País”, pero le añadió un supuesto «pensamiento» del Papa Francisco al respecto. 

La historiadora Lucetta Scaraffia, editorialista del periódico romano “Il Messaggero” (en cuyas páginas apareció el artículo) pero sobre todo del periódico vaticano “L’Osservatore Romano”, escribió un comentario favorable al respecto. 

«Nombrar a una mujer cardenal; la hipótesis, propuesta por “El País”, no es del todo nueva –escribió Scaraffia. A lo largo de los años han surgido ortas voces (personalmente quiero recordar a la gran antropóloga inglesa Mary Douglas, católica) para indicar esta vía maestra que daría autoridad y, por ende, aumentaría el papel de la mujer en la Iglesia. El nombramiento tendría, de hecho, la gran ventaja de ser posible, sin implicar el espinoso problema de la ordenación sacerdotal femenina. Constituiría un acto de cambio fuerte, significativo, de esos que nos hemos acostumbrado a esperar del Papa Francisco. Y no sorprendería mucho, en el fondo, después de haber escuchado las frases que pronunció recientemente el Papa sobre el papel de las mujeres en la Iglesia».

Había sido justamente la editorialista de “L’Osservatore Romano” la que se había lamentado de que, durante los días del último pre-cónclave, no hubiera habido mujeres en las discusiones que habrían delineado el futuro de la Iglesia católica y el “perfil” del nuevo Papa. 

La idea de las mujeres “purpuradas”, que habría que asociar con el tradicional colegio cardenalicio, como indió Scaraffia, no es ninguna novedad. Irrumpió en el Aula del Sínodo de los obispos dedicado a África el 10 de octubre de 1994, ante la presencia de Juan Pablo II, cuando Ernest Kombo, obispo jesuita del Congo, propuso lo siguiente: «Pido que las mujeres puedan acceder a los puestos más altos de las jerarquías de la Iglesia, que puedan ser nombradas cardenales». Poco tiempo antes se había verificado la primera ordenación anglicana de mujeres sacerdote, a la que Papa Wojtyla reaccionó con una breve pero densa carta apostólica (“Ordinatio sacerdotalis”) en la que insistía que en la Iglesia católica era imposible ordenar mujeres. 

Kombo, en su intervensión que fue acogida por el silencio en el Aula, había dicho: «Que Dios pueda inspirar la actitud profética que consistiría en hacer de las mujeres una parte importante entre los consagrados, tanto numérica como cualitativamente, al nombrarlas en puestos de responsabilidad y en los más altos de la jerarquía, como cardenales-laicas, si fuera posible». Mujeres cardenales, pues, no “sacerdotas”. 

Es cierto que el cardenalato es un título honorífico, no una orden sacra. Un título que incluye al purpurado –dispuesto a ofrecer el testimonio de su fe «uusque ad sanguinis effusionem», hasta el sacrifico extremo de la vida– en el clero de la diócesis de Roma y en el grupo de los colaboradores y consejeros del Papa. Pero también es cierto que el nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado en 1983, es bastante claro al respecto: «Para ser promovidos a Cardenales –se lee en el canon 351–, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal». 

Así pues, «varones» y «sacerdotes». Apenas nombrados, «deben» ser ordenados obispos. Una ley, esta última, que fue introducida por Juan XXIII: durante siglos, efectivamente, hubo cardenales que eran solo sacerdotes y también cardenales que eran solo diáconos (el último cardenal diácono que no era sacerdote fue Giovanni Mercati, creado en 1936 por Pío XI). 

La regla del episcopado sigue en vigor, aunque durante los Pontificados de Papa Wojtyla y Benedicto XVI comenzara a derogarse, si el interesado, en el momento del nombramiento cardenalicio tenía una edad avanzada, pedía ser exonerado de la ordenación episcopal. Es el caso de diferentes teólogos que recibieron la púrpura con más de 80 años (entre ellos los jesuitas Henri De Lubac, Avery Robert Dulles, Roberto Tucci y Albert Vanhoye). 

Pero, ¿qué fue lo que dijo Francisco sobre el papel de la mujer? En la entrevista publicada por la revista “La Civiltà Cattolica” explicó: «Es necesario ampliar los espacios de una presencia femenina más incisiva en la Iglesia», pero añadió que temía la «solución del “machismo en faldita”, porque en realidad la mujer tiene una estructura diferente del hombre. En cambio, los discursos que escucho sobre el papel de la mujer a menudo están inspirado por una ideología machista».

«La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer ni su papel –explicó. La mujer para la Iglesia es imprescindible. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad». Es como decir que el indispensable reconocimiento del valor de la mujer en la Iglesia no debe pasar a través de su «clericalización».  Sacar de estas observaciones la idea de las “cardenalas” es bastante arriesgado. Para tener su justo valor y responsabilidades en la Iglesia las mujeres no necesitan forzosamente los hábitos púrpura.

5 comentarios leave one →
  1. septiembre 26, 2013 10:42 pm

    Yo propongo a Lady Gaga y Miley Cyrus.

    • septiembre 27, 2013 8:31 pm

      Wulfran:

      Muy cierto, la calidad moral y/o espiritual de las que desean ser “cardenalas” :shock:, es semejante a la de las brujas que mencionaste en tu post.

      Cada día que pasa me convenzo más de la apostasía vaticana.

  2. frisgo permalink
    septiembre 27, 2013 5:47 am

    Jugada maestra del demonio. Tomar al brazo armado de la Iglesia, la otrora gloriosa compañía de Jesús, y convertirla en un ariete de destrucción desde dentro de la propia Iglesia. ¿No es sorprendente la cantidad de jesuitas enrolados en los piquetes de demolición de la Santa Madre Iglesia?

    • septiembre 27, 2013 10:50 am

      Frisgo.

      Demuestra la perversidad luciferina de la infiltración, planeada durante 400 años y operada quirúrgicamente, quienes presenciamos lo actual no podemos menos que reconocer a la milenaria Sinagoga de Satanás en todo su poder.

      Unidad en la Fe

  3. Inés. permalink
    septiembre 29, 2013 1:43 am

    Frisgo :

    Como muy bien dice F.C , llevan siglos planeando lo que ahora vemos muy, pero que muy avanzado, por no decir cuasi realizado por completo.

    En cuanto a la Oden fundada por S. Ignacio de Loyola, ni es Compañía, ni es gloriosa , ni es de Jesús.

    Hace mucho tiempo que dejó de ser todo eso, como todas las demás.

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