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“No temamos al Juicio Final… somos justificados por una gracia de Dios…”: el hereje Kaifas Bergoglio se une a Lutero

abril 25, 2013
Unido a Lutero...

Unido a Lutero…

“nadie puede saber con la certidumbre de su fe… que ha conseguido la gracia de Dios.” (Trento)

La Doctrina de la Justificación de los Luteranos es desde el Vaticonciliábulo la norma que rige a la Vaticueva, de tal razón que en 1994, el súper hereje Juan Pablo II tuvo la desfachatez de asegurarle al jefe de los protestantes alemanes que se le quemaban las habas por hacer la declaración conjunta con los protestantes acerca de esa doctrina.

Y así se escribió en la famosa DECLARACIÓN CONJUNTA SOBRE LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN elaborada por la Logia Vaticana bajo el gobierno de Juan Pablo II:

Damos gracias al Señor por este paso decisivo en el camino de superar la división de la iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que nos siga conduciendo hacia esa unidad visible que es voluntad de Cristo.

Y precisa dicha declaración conjunta:

Las iglesias luterana y católica romana han escuchado juntas la buena nueva proclamada en las Sagradas Escrituras. Esta escucha común, junto con las conversaciones teológicas mantenidas en estos últimos años, FORJARON UNA INTERPRETACIÓN DE LA JUSTIFICACIÓN QUE AMBAS COMPARTEN. Dicha interpretación engloba un consenso sobre los planteamientos básicos que, aun cuando difieran, las explicaciones de las respectivas declaraciones no contradicen.

Para quienes quieren negar tamaño descaro de la Vaticueva, lo puede encontrar y constatar sin mucha dificultad en un sitio web igualmente descarado, el sitio oficial del Vaticano Vatican.va (aquí). 

Así trataba Nuestro Señor a los enemigos de la Fe...

Así trataba Nuestro Señor a los enemigos de la Fe…

Y por supuesto que para ellos ya no importa la Doctrina de la Iglesia Católica de siempre:

CAP. IX. Contra la vana confianza de los herejes.

Mas aunque sea necesario creer que los pecados ni se perdonan, ni jamás se han perdonado, sino gratuitamente por la misericordia divina, y méritos de Jesucristo; sin embargo no se puede decir que se perdonan, o se han perdonado a ninguno que haga ostentación de su confianza, y de la certidumbre de que sus pecados le están perdonados, y se fíe sólo en esta: pues puede hallarse entre los herejes y cismáticos, o por mejor decir, se halla en nuestros tiempos, y se preconiza con grande empeño contra la Iglesia católica, esta confianza vana, y muy ajena de toda piedad. Ni tampoco se puede afirmar que los verdaderamente justificados deben tener por cierto en su interior, sin el menor género de duda, que están justificados; ni que nadie queda absuelto de sus pecados, y se justifica, sino el que crea con certidumbre que está absuelto y justificado; ni que con sola esta creencia logra toda su perfección el perdón y justificación; como dando a entender, que el que no creyese esto, dudaría de las promesas de Dios, y de la eficacia de la muerte y resurrección de Jesucristo.

Porque así como ninguna persona piadosa debe dudar de la misericordia divina, de los méritos de Jesucristo, ni de la virtud y eficacia de los sacramentos: del mismo modo todos pueden recelarse y temer respecto de su estado en gracia, si vuelven la consideración a sí mismos, y a su propia debilidad e indisposición; pues nadie puede saber con la certidumbre de su fe, en que no cabe engaño, que ha conseguido la gracia de Dios.

(Sacrosanto Concilio de Trento)

Y quien no pierde ocasión para demostrarnos -una y otra vez- qué no es…. y qué sí es, es el usurpador del papado Jorge Mario Kaifas Bergoglio. En su corto psuedo pontificado ya ha señalado su adhesión a la herejía luterana:

Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que somos justificados, que SOMOS SALVADOS por la gracia, por un acto de amor gratuito de Dios QUE SIEMPRE nos precede

Queridos hermanos y hermanas, no tengamos nunca miedo de mirar el juicio final; que ello nos empuje en cambio a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y en los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y en el amor. Que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, pueda reconocernos como siervos buenos y fieles. Gracias.

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6 comentarios leave one →
  1. abril 26, 2013 12:55 am

    Los luteranos y los montinianos están bien locos.

  2. Inés permalink
    abril 28, 2013 8:09 am

    Wulfrano :

    Lo que ha dicho Kaifás-Bergoglio, sin el menor resquicio para la duda, es que Lutero tenía razón, que el santo y legítimo Concilio Ecuménico de Trento, erró por completo al condenarle, y condenar su perversa doctrina de la pretendida justificación sin necesidad de obras, lo que equivale a decir ni más ni menos !!!!!! QUE EL ESPÍRITU SANTO SE EQUIVOCÓ !!!!!.

    Ésa es en realidad la luciferina e impía idea que ha
    querido trasmitir.

    • Pablo Ribera permalink
      abril 25, 2014 8:51 am

      El Conciclio de Trento fue una respuesta desesperada – y necesaria – para los intereses de la Iglesia Católica ante el empuje vigoroso de la Reforma.

      • abril 26, 2014 5:17 pm

        Pablo.

        Pero además una respuesta verdadera y acertada ante las herejías reformistas.

        Unidad en la Verdad

      • Pablo Ribera permalink
        abril 26, 2014 7:16 pm

        Entre esas respuestas “verdaderas y acertadas” como falazmente dices podemos mencionar el index, lista de textos que un católico (o aquel que no lo fuera) no podía leer ya que a los buenos curas se le hacía muy complicado que tal hiciera y se diera cuenta de la realidad de las cosas, por no mencionar el impulso dado a los malvados inquisidores, término que muy convenientemente rima con torturadores. Seguramente muy feliz estarías con index e inquisidores, pero para mala suerte tuya, inclusive digitalmente podemos acceder a útiles enseñanzas como aquellas que figuran en los textos del Dr. Martín Lutero y cuya lectura redoblaré con mayor entusiasmo para responder a tus denuestos e insultos contra su memoria.

      • abril 28, 2014 10:55 am

        Pablo.

        Precisamente por la lectura de esos textos tenemos hoy una sociedad casi totalmente confundida que ya no sabe distinguir entre la verdad y la mentira. Y la función de la Santa Inquisición era defender la verdad y combatir la mentira, no torturar, ya que la tortura era aplicada por las autoridades civiles para castigar a los falsarios.

        Unidad en la Verdad

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