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A 51 años… ¿desde dónde se disparó la bala que mató a Kennedy?

noviembre 22, 2014
La simple trayectoria demuestra que a Kennedy le dispararon desde la alcantarilla. Por eso nadie vio al asesino aunque el olor a pólvora era intenso...

La simple trayectoria demuestra que a Kennedy le dispararon desde la alcantarilla. Por eso nadie vio al asesino aunque el olor a pólvora era intenso…

En el cuadro 313 se aprecia la trayectoria de la bala, impactada en la parte fronal de la cabeza de Kennedy.

En el cuadro 313 (TERCER DISPARO) se aprecia la trayectoria del tercer impacto  en la parte frontal de la cabeza de Kennedy. Incluso el proyectil deja una estela rojiza con trayectoria ascendente al rebotar en el cráneo del presidente. 

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El proyectil entró por la parte frontal y le partió la cabeza en dos a JFK …
La entrada no pudo ser por la parte posterior como alegaba la Comisión Warren.

La entrada no pudo ser por la parte posterior como alegaba la Comisión Warren.

El disparo letal dejó una estela de vapor en la fotografía... de la parte inferior derecha a la parte superior izquierda.

El disparo letal dejó una estela de vapor ASCENDENTE FRONTAL en la fotografía… de la parte inferior derecha a la parte superior izquierda.

Pero, ¿de dónde vino el disparo…?

“decenas de testigos habían oído disparos, visto salir humo y haber olido a pólvora”

Respaldando la teoría de que un disparo se habría producido a partir de un colector de aguas pluviales en la Plaza Dealey, ese día en Dallas, Garrison declaró en televisión que la bala que mató a Kennedy fue “disparada por un hombre, de pie, en una alcantarilla”.

Por lo tanto, Garrison añadió un hombre XVI al equipo que, según él llevó a cabo el asesinato y el quinto lugar de la que ha dicho que los disparos fueron realizados. (Jim Garrison Dealey Plaza Shooting Scenario, Playboy oct. 1967, pág. 215-216).

(Ver un video de la explicación científica)

Otro aquí en castellano

(Y hasta una dramatización del atentado desde la alcantarilla)

Los testigos que estaban del lado norte, afirman que escucharon disparos y recibieron el impacto de fuerte olor a pólvora.

Los testigos que estaban del lado norte de la Plaza Dealey,  afirman que escucharon disparos y recibieron el impacto de un fuerte olor a pólvora.

¿Por qué el policía se detiene a inspeccionar la alcantarilla justo unos segundos después del disparo?.

¿Por qué el policía se detiene a inspeccionar la alcantarilla de la Plaza Dealey justo unos segundos después del disparo?.

Entrada a la famosa alcantarilla de la Plaza Dealey.

Entrada a la famosa alcantarilla de la Plaza Dealey.

El interior de la alcantarilla bajo Plaza Dealey.

El interior de la alcantarilla bajo Plaza Dealey.

La alcantarilla y la visión que ofrecía a un tirador.

La alcantarilla y la visión que ofrecía a un tirador.
1. El investigador J. Brazil se introduce en la famosa alcantarilla.

1. El investigador J. Brazil se introduce en la famosa alcantarilla.

 

Desde la alcantarilla, Brazil muestra la vista que  tenía un tirador.

2. Desde la alcantarilla, Brazil muestra la vista que tenía un tirador.

Al final muestra la salida, la ruta de escape a cientos de metros del sitio del atentado.

3. Brazil al final muestra la salida, la ruta más segura de escape, a cientos de metros del sitio del atentado.

Desde la alcantarilla, un tirador oculto a tan sólo unos metros de Kennedy ers la única posibilidad real.

Desde la alcantarilla, un tirador oculto a tan sólo unos metros de Kennedy ers la única posibilidad real. Fotografía tomado hace unos meses por Google Earth.
Fotografía actual de la vieja alcantarilla.

Fotografía actual de la vieja alcantarilla (fuente Google Earth).

Ex masón revela el odio profundo de la Sinagoga contra Cristo

noviembre 20, 2014
Abad Gallardo se lanzó a revelar lo que ya nadie dice en la Neo Iglesia  Conciliar.

Abad Gallardo se lanzó a revelar lo que ya nadie dice en la Neo Iglesia Conciliar: “El Cristo que invocan los masones no es para nada el Cristo de los cristianos. Para ellos es un sabio, un filósofo, como mucho un gran iniciado (¡!)”

(Transcrito de ReL)

Un libro-testimonio sobre la masonería, escrito por un antiguo masón, está dando mucho que hablar en Francia: J´ai frappé à la porte du Temple [Llamé a las puertas del Templo]. “Se ha atrevido. Ha osado escribir sobre lo que nadie habla, sobre lo que a menudo se oculta. Corriendo el riesgo de levantar el velo sobre la masonería, aportando un testimonio. Su testimonio”, introducía el pasado 2 de octubre L´Indépendant.

Su autor es un francés nacido en Marruecos en 1954 y de origen español, andaluz para más señas. Serge Abad-Gallardo, casado y con dos hijos, vino al mundo en una familia “católica, pero poco practicante”, que tras la independencia del reino alauita se asentó en Francia en 1961. Con ello, su padre, contable de profesión pero también boxeador de alto nivel, pudo convertirse en campeón de Francia en 1951, y al año siguiente en campeón de Europa.

Finalmente sus padres se instalaron en Bastia (Córcega) en 1966, donde realizó sus estudios secudnarios. En Marsella se licenció en arquitectura y empezó a ejercer como profesional liberal. Luego se incorporó a la función pública, con distintos cargos técnicos en Bastia, en Guayana, en la región de París, en la Costa Azul y, actualmente en Narbonne (Aude), donde trabaja en el área de urbanismo.

Pero fue al inicio de su carrera como funcionario, a los 33 años de edad, cuando un contacto profesional le llevó a ingresar en la masonería.

-¿Por qué ingresó en la masonería?

-Creo, simplemente, que me planteaba las mismas cuestiones que cualquiera sobre las razones por las que tenemos conciencia de estar en la tierra. Me pareció que la masonería podía tener respuestas. Además, me había alejado de la fe, en particular de la Iglesia. Y sobre todo creo que había en mí una cierta curiosidad por el “secreto masónico”.

-¿Cómo fue el primer contacto y en qué obediencia?

-Fue una relación profesional, el gerente de una agencia inmobilaria, quien me propuso entrar en la masonería en 1988. Él tenía grado de oficial en una logia de Derecho Humano, que es una obediencia internacional y mixta. Yo me inicié en 1989, tras haber sido objeto de tres investigaciones y de las formalidades habituales.

-¿En qué consisten?

-Tres personas que tienen el grado de maestro se reúnen contigo y te preguntan sobre tu trayectoria personal, tus ideas filosóficas y socioeconómicas. Luego, si este paso es juzgado satisfactorio, se te invita al Templo masónico. Se te tapan los ojos, de forma que no ves ni las personas ni los lugares. Es entonces cuando debes responder a numerosas preguntas. Cuando te vas, los masones votan para aceptar o rechazar tu admisión. En mi caso, el voto fue unánime para aceptar mi candidatura. Luego pasé las pruebas de iniciación, que describo con precisión en mi libro J’ai frappé à la porte du Temple, parcours d’un franc-maçon en crise spirituelle (Téqui, París). No solamente cómo tienen lugar, sino cómo las viví yo.

El libro cuesta 16 euros...

El libro cuesta 16 euros…

-Un proceso muy selectivo, según narra…

-Las pruebas tienen lugar en el Templo y con los ojos vendados. Finalmente, tu padrino te quita la venda de los ojos y eres admitido entre los masones, con grado de aprendiz. Luego, al cabo generalmente de un año, pasas otras pruebas para convertirte en compañero. Entonces ya puedes hablar y participar activamente en los trabajos masónicos, porque como aprendiz, durante todo un año, estás obligado a un estricto silencio y se te encargan trabajos secundarios (poner y quitar los objetos del ritual para los trabajos, servir las comidas, lavar la vajilla, etc.). Un año después, pasas una nueva prueba para convertirte en maestro. Se trata, claro, de pruebas simbólicas.

-¿Son tan impresionantes como se dice los ritos de iniciación?

-Eso depende de las obediencias. Pero el objeto mismo de la iniciación, y de otras ceremonias para pasar al grado de compañero, y sobre todo de maestro, es sacudir la imaginación. Y, por tanto, impresionar.

-¿Cómo?

-En el Gran Oriente de Francia hay momentos un poco inquietantes, como cuando ponen la hoja de un cuchillo sobre el brazo del candidato (que tiene los ojos vendados) y se abre una botella de éter para que sienta el olor y parezca más creíble el anuncio de la ceremonia de mezclar su sangre con la del Venerable Maestro. Evidentemente, no hay corte, y eso es ficticio: en el momento preciso una voz se alza para interrumpir la ceremonia de la mezcla de sangres. ¡Pero eso lo ignora el candidato hasta el último momento, y piensa que realmente le van a hacer un corte en el antebrazo!

-Eso en el Gran Oriente. ¿Y en Derecho Humano?

-La primera prueba de iniciación es bastante impactante: tienes los ojos vendados, la música es ensordecedora y angustiosa (como la de una película de terror), se te empuja brutalmente a andar de un lado a otro, y se te detiene también brutalmente. Se te hace beber un brebaje dulce, luego uno amargo, luego los dos Todo se hace para provocar en ti una inquietud. Del mismo modo, la primera cosa que ves cuando se te levanta la venda es una luz cegadora, e inmeditamente después, cuando los ojos se acostumbran… ¡las espadas de los masones apuntando hacia ti, diciendo que sus hojas amenazan a los traidores!

-¿Qué le gustaba de la masonería?

-La tarde de la iniciación, se te acoge con calor y fraternidad. Uno se siente honrado de formar parte de una sociedad secreta que te ha juzgado digno de estar entre sus adeptos. Más tarde, cuando te conviertes en maestro, conoces personas del ámbito político o administrativo que de otra forma jamás habrías conocido. Se tiene la impresión de formar parte de una élite de iniciados. También los símbolos son un objeto de estudio que puede parecer interesante.

-¿Hay un ambiente de libertad en las logias?

-En principio, la palabra es libre, y por tanto parece interesante poder expresarse libremente e intercambiar ideas. Pero pronto uno se da cuenta de que la palabra sólo es libre en el marco de lo que en mi libro denomino “la palabra masónicamente correcta”. Es decir, uno no puede expresar fácilmente, y menos aún defender, convicciones diferentes a las sostenidas por la masonería (por ejemplo, sobre el matrimonio homosexual, la familia, el aborto, la eutanasia, etc.). Si eso sucede, uno queda enseguida en minoría, si es que no es objeto de burlas.

-¿Dónde queda entonces la fraternidad?

-La fraternidad resulta sobre todo de un sistema de influencia interna a fin de que algunos puedan acceder a ciertos poderes masónicos. Hay clanes. Por supuesto conoces también personas sinceras con quienes se pueden crear lazos de amistad.

-¿Qué era lo que menos le gustaba de la masonería cuando estaba dentro?

-Tanto en Derecho Humano como en el Gran Oriente, que también frecuenté, el anticlericalismo que existe en las logias. Se trata a veces incluso de cristianofobia.

-¿Otros masones lo experimentan de la misma forma?

-El pasado 4 de noviembre participé en un programa de Radio Courtoisie sobre la incompatibilidad entre el compromiso masónico y la fe católica, y una oyente llamó para decir que también ella había dejado la obediencia de Derecho Humano por el anticlericalismo que había encontrado.

-Y usted había entrado, sobre todo, por razones digamos “espirituales”…

-No encontré ninguna espiritualidad real en la masonería, y menos en los altos grados por encima de maestro.

-Supongo que usted ha leído el testimonio de Maurice Caillet, en Yo fui masón

-Conozco muy bien a Maurice Caillet, con quien estoy habitualmente en contacto. Es un hombre fuera de lo común y de una gran valentía, y también de un gran rigor moral. Tengo un gran aprecio por él y por su esposa. Sé lo que él ha sufrido a causa de la masonería y cuáles han sido los problemas y amenazas que ha padecido.

-Él explica muy bien el funcionamiento de la hermandad entre los  masones para la promoción profesional. ¿Lo vivió usted también?

-Yo jamás utilicé directa y voluntariamente las redes masónicas para obtener promoción profesional. No va con mi carácter. Pero, por ejemplo, el puesto que ocupé en la Guayana me fue comunicado por un masón. Y el presidente de la institución que me empleaba era también masón. Yo no lo sabía. Por entonces yo tenía una firma “masónica”. No hay duda de que ese presidente se dio cuenta y me escogió con preferencia a otros por mi pertenencia a la masonería. Nada más contratarme, me confesó su pertenencia al Gran Oriente de Francia.

-Es decir, la red funciona…

"Si uno es totalmente sincero, no se puede en absoluto ser masón y cristiano, y menos aún católico."

“Si uno es totalmente sincero, no se puede en absoluto ser masón y cristiano, y menos aún católico.”

 

-En mis diversas funciones, fui requerido muchas veces por masones. Pero jamás entré en juegos de poder. Es una de las cosas que me decepcionaron de la masonería.

-¿Cuál es la estructura masónica, los famosos “grados”?

-Hay que diferenciar entre grados y oficios. En cuanto a los oficios, hay que tener el grado de maestro para ocuparlos. Cuando me convertí en maestro, rápidamente tuve puestos de oficial: Gran Experto, Maestro de Ceremonias, Segundo Supervisor, Orador, Venerable Maestro, etc. Si hablamos de grados, hay dos niveles: primero, las “logias azules”, donde se encuentran los aprendices (1º grado), los compañeros (2º grado) y los maestros (3º grado; y segundo, los Altos Grados, que se supone son más espirituales, más esotéricos. Es a ese nivel donde se encuentra el aspecto más oculto de la masonería.

-¿Cómo se entra en ese nivel?

-No se puede pedir el ingreso en los Altos Grados. Al contrario, pedirlo es un riesgo cierto de que te rechacen. La única posibilidad es ser cooptado por masones que te juzguen digno de ello. Esos altos grados se reparten entre el 4º y el 33º, siendo los grados 31º, 32º y 33º puramente administrativos. El masón de 4º grado es pues superior, en el plan iniciático, a un maestro que sólo esté en el tercer grado. El 4º grado es el de “maestro secreto”.

-¿A qué nivel llegó usted?

-Dimití tras unos años de integrar los altos grados, cuando había alcanzado hacía algún tiempo el 12º y debía pasar al 14º. Sus nombres son totalmente ridículos, pero  significan el aspecto hermético de la masonería: 4º, Maestro Secreto; 5º, Maestro Perfecto; 6º, Secretario Íntimo; 7º, Preboste y Juez; 8º, Intendente de la Construcción; 9º, Maestro Elegido de los Nueve; 10º, Ilustre Elegido de los Quince; 11º, Sublime Caballero Elegido, 12º, Gran Maestro Arquitecto… Me faltaban casi 18 grados para alcanzar el grado 30. Estaba pues haciendo mi camino en los altos grados.

-¿Es cierto que los grados inferiores ignoran quiénes son los grados superiores?

-Como usted dice, los masones de grados “inferiores” no saben nada sobre los grados “superiores”. En efecto, los masones que están en los grados inferiores (en las logias azules) no saben quién está en los Altos Grados, ni cuáles son sus símbolos o la naturaleza de sus trabajos. E incluso cuando formas parte de esos Altos Grados, no sabes quién, dentro de ellos, está por encima de ti. En este punto, la masonería tiene un funcionamiento muy estanco y cultiva el “secreto dentro del secreto”.

-¿No enrarece eso el clima?

-Tienes la sensación de estar siendo constantemente observado por personas que te “juzgan” o valoran tu capacidad para pasar a un grado superior. Pero tú no conoces las “reglas del juego”, porque los contenidos de los grados superiores, desde que eres aprendiz, jamás se te comunican antes de que accedas a ellos.

-¿Por qué decidió dejar la masonería?

-Creo que se trató sobre todo de una experiencia de fe. Es verdad que había ciertas cosas que no me gustaban en la masonería. Pero no existe ningún grupo humano ni  ideología que sean perfectos. Sólo Dios es a la vez perfecto e infinito. No hay que olvidar que somos imágenes suyas, aunque muy imperfectas. En realidad, mi decisión de abandonar la masonería y mi retorno a la fe están vinculados. Dimití, sobre todo, porque me di cuenta de que no podía buscar a Dios en la masonería. Y luego está, claro, la cuestión de Cristo.

-¿A qué se refiere?

-El Cristo que invocan los masones no es para nada el Cristo de los cristianos. Para ellos es un sabio, un filósofo, como mucho un gran iniciado (¡!). Mientras que, para los cristianos, Él es Dios encarnado, muerto en la Cruz para salvarnos. Sólo cuando comprendí, primero intuitivamente, luego con mi inteligencia, y luego con mi corazón y mi espíritu, que el camino masónico era incompatible con mi relación con Cristo, o que constituiría un obstáculo en el camino que Él me pedía seguir, decidí dimitir.

-¿Puede relatarnos su conversión personal al catolicismo?

-Puesto que yo estaba bautizado, no fue realmente una conversión, sino un retorno a la fe. Aunque la conversión de un cristiano dure toda la vida. Pienso que el sacramento del bautismo actuó y me llevó hacia la luz de Cristo, y al mismo tiempo me alejó de la luz artificial, simplemente humana, de la masonería. La palabra luz es evocadora. Porque la masonería está íntimamente ligada a lo que en Francia denominados Las Luces. Mientras que el cristiano utiliza la palabra Luz, en singular.

-¿Cuál es la diferencia?

-Pues que, si bien pueden existir “luces” diversas, sólo son humanas. Por el contrario, Dios es “la Luz”. Los masones, aunque lo mencionan mucho, no han comprendido el primer versículo del Evangelio de San Juan : “Y la luz se hizo en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron” (Jn 1,5). ¡Como se ve, es una cuestión de “una” Luz, y no de “las” Luces!

-¿Cuánto duró su proceso de retorno a la Fe?

-Un periodo bastante prolongado. Me resistí durante mucho tiempo a la llamada de Cristo. Nunca he hecho rápidamente las cosas importantes. ¡Y estaba muy ciego! Tenía necesidad de estar seguro de que tomaba el camino correcto. Conocí a un sacerdote franciscano hace unos quince años. Fue una revelación. Tuve entonces la certeza de la presencia de Cristo en mi vida. Volví a rezar.

"...recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada."

“…recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada.”

»Luego, algunos años después, escuché la voz de Cristo en una capilla. Y como todavía me resistía, pese a todo, a Su Amor, recibí en Lourdes una gracia particular e inesperada. Fue entonces cuando decidí, ante el increíble acontecimiento que acababa de vivir, hacer un retiro en una abadía. Allí comprendí que Cristo me buscaba más que yo a Él. Y entonces, simplemente, le amé, con un amor inmenso, lamentablemente muy débil ante Su Amor por nuestra pobre humanidad.

-¿Puede hablarnos de esa experiencia en Lourdes?

-Describo todo esto en mi libro. No me gusta hablar de ello, porque es una experiencia muy personal. Pero tenía que decirlo. Después de todo, no me pertenece.

-¿Sufrió algún tipo de amenaza cuando abandonó la masonería?

-No exactamente. No puedo decir que me hayan amenazado. Maurice Caillet cuenta que a él, sí. Y una mujer, autora de un libro sobre la masonería que cito en el mío, dice que ha sufrido amenazas físicas. En cuanto a mí, ¡ya veremos en el futuro! Por el momento, lo que sí puedo asegurar es que todos los masones que conocía me han dado la espalda. Ni uno me llama por teléfono. Algunos me evitan por la calle. Lo lamento sinceramente, y rezo por ellos. Sólo mantengo contacto con tres o cuatro con quienes tengo lazos de amistad, más que masónicos. ¡Veremos si dura !

-¿E insultos?

-Insultos, sí, en ocasiones muy virulentos, por parte de algunos masones. Lo que más molesta a los masones es la publicación de mi libro y las conferencias que estoy pronunciando. Esto confirma que no es fácil expresar con comodidad una opinión contraria a la doxa masónica. Significa igualmente que mi libro dice verdades que molestan realmente a la masonería.

-¿Intentaron disuadirle de que se fuera?

-Algunos hermanos y hermanas de los Altos Grados me pidieron que reflexionara antes de irme, e intentaron convencerme de que me quedase. Tuve discusiones francas y serenas con ellos, pero me era imposible quedarme en la masonería. La llamada de Cristo era demasiado fuerte, y los dos caminos demasiado incompatibles.

-¿No es compatible la pertenencia a la masoneria con ser cristiano?

-Si uno es totalmente sincero, no se puede en absoluto ser masón y cristiano, y menos aún católico. Explico en mi libro, y aún más en mis conferencias, mediante numerosos ejemplos tomados del ritual y de la filosofía masónicos, las razones de esta incompatiblidad.

-Incluso canónica…

-La Iglesia sigue excomulgando a los católicos que sean masones. Esta excomunión se basa sobre numerosos puntos fundamentales de incompatibilidad. Se trata de una decisión que la Iglesia ha madurado, tras haber estudiado los rituales. Yo lo confirmo tras una experiencia de veinticinco años en la masonería.

-¿Qué razones doctrinales hay para esa oposición?

-Un ejemplo: para la masonería, la Verdad es subjetiva, cambiante, contingente, inmanente y construida poco a poco por el ser humano. Para la Iglesia, la Verdad es objetiva, definitiva, establecida, trascendente, esencialmente divina. Ahora bien, no se puede creer en dos versiones antinómicas de la Verdad. No se puede tener fe en una cosa y en su contraria: o la Verdad viene de los hombres, o viene de Dios.

-Antes mencionaba usted también discrepancias en temas morales…

-Sí, es otro caso: la masonería no reconoce una moral divina. No hay ninguna referencia a la ley natural en la masonería. La moral es cultural, social y cambiante. Mientras que la Iglesia reconoce la moral y la ley naturales en cuanto que vienen de Dios. Para la Iglesia, hay una definición precisa del Bien y del Mal. No así para la masonería, para quien son dos ideas cambiantes. Además, los fundamentos filosóficos de esta antinomia tienen implicaciones prácticas que hacen imposible la “doble pertenencia”, como el aborto, el divorcio, el matrimonio, etc. Sobre este último punto, por ejemplo : para la Iglesia el matrimonio es un sacramento eterno. Para la masonería, es una unión revocable.

-Es conocida la influencia de la masonería en la política francesa. ¿Hay mucha diferencia segun quién gobierne?

-En principio, no hay diferencia política entre derecha e izquierda en relación a la masonería. Pero, en la práctica, es evidente que la masonería, en Francia, tiene una referencia muy escorada a la izquierda. También actúa en la derecha, pero de manera más discreta y, sobre todo, menos eficaz.

»Por ejemplo, en mi libro demuestro que los dos gobiernos franceses bajo la presidencia de François Hollande, el de Jean Marc Ayrault y el de Manuel Valls, incluyen un número anormal e increíblemente alto de masones. Ahora bien, son precisamente estos gobiernos los que han traído las leyes sobre el matrimonio homosexual, el intento de imponer la ideología de género en las escuelas, y el debate sobre las madres de alquiler. O la transformación de la laicidad en secularización de la sociedad. Todo induce a pensar, en efecto, en una importante infuencia real de las ideas masónicas en la vida política. Porque esas ideologías nacen de las ideas de la masonería, que está en una especie de “revolución social permanente”.

-Es la ideologia relativista, dueña y señora de Occidente…

-La ideología relativista es el fundamento mismo de la distorsión masónica. No es pues sorprendente que se haya instalado en Occidente, y en particular en Francia, donde la masonería, y en particular su obediencia mayoritaria, el Gran Oriente, mantiene desde hace trescientos años una lucha feroz contra la Iglesia católica.

-¿Y eso lo reconocen los masones?

para la masonería, se trata de un combate contra la fe cristiana. ¡Para la masonería, no se trata de una cuestión de detalle, sino de una visión global de la sociedad !

“…para la masonería, se trata de un combate contra la fe cristiana. ¡Para la masonería, no se trata de una cuestión de detalle, sino de una visión global de la sociedad !”

-Vincent Peillon, ex ministro socialista en el gobierno Ayrault, explica claramente en sus escritos y entrevistas hasta qué punto el ideal masónico, sobre todo desde principios del siglo XX, está en el origen del envío de maestros a la Francia rural, con el fin de oponerse a los sacerdotes y fundar una ideología relativista con un fondo de anticlericalismo. También lo dice, sin ambigüedad alguna, Paul Gourdeau, antiguo gran maestre del Gran Oriente de Francia, a quien cito en mi libro: para la masonería, se trata de un combate contra la fe cristiana. ¡Para la masonería, no se trata de una cuestión de detalle, sino de una visión global de la sociedad !

-Por último, ¿ha encontrado en la Iglesia la respuesta a sus inquietudes?

-Para ser totalmente claro, yo no tenía inquietudes. Si simplemente hubiese tenido una inquietud existencial, habría podido ser colmada por la labor o el ritual masónicos, o ¿por qué no ? por una sencilla psicoterapia. No es eso: yo buscaba. Buscaba a Dios. Que nuestra presencia en la tierra resulta de la voluntad de nuestro Creador, eso es una evidencia. Pero hay que saber qué poner bajo esa palabra. Incluso Jacques Monod, premio Nobel e inventor de la teoría del Azar o la Necesidad como explicación de la vida, reconoció que la complejidad de la vida era tal que no podía ser resultado sólo del azar, y todavía menos de la necesidad.

-¿Y encontró a ese Dios?

-Para mí, la cuestión era saber si ese Creador es el dios de los masones, es decir, el Gran Arquitecto del universo, una especie del Relojero de Voltaire, un principio indefinido… o bien el Dios Todopoderoso, a la vez “Elohim el Creador, Yahvé el Dios amante, Adonaï el Dios Todopoderoso”. Es decir, el Dios de los cristianos: Padre, Hijo y Espíritu Santo.Encontré que Dios no es un vago principio. Es ante todo un Dios personal, a quien me puedo dirigir, que escucha mis oraciones, a quien adoro, y que nos ama hasta el punto de haber descendido a la Tierra para morir en la Cruz por nuestra redención.

»Lo que encontré en la Iglesia, que no se puede encontrar en la masonería, es el camino que lleva a Dios: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6). Ésa es la Verdad esencial que Jesús nos trae y que la masonería nos quiere negar. El objetivo explícito de la masonería es prometer a todos la felicidad en la tierra. Soy testigo de que fracasa en ese objetivo.

-Y usted, ¿es feliz?

-Para responder a su pregunta: sí, soy feliz. Pero no en el sentido en el que lo entendería la masonería. Porque soy feliz como se es feliz cuando uno se sabe real y auténticamente amado. Amado por Dios. Como es el caso de todos los hombres y de todas las mujeres. ¿Cuándo querrán unos y otras abrir su corazón al Señor?

El fallecido "cardenal" cripto hebreo  John O´Connor...

El fallecido “cardenal” cripto hebreo John O´Connor  Gumple… en medio de sus hermanos.

Antología de la apostasía de Sinagoglio… en vídeo

noviembre 16, 2014

Noviembre 15. San Alberto Magno, mentor y amigo de Santo Tomás de Aquino

noviembre 15, 2014
San Alberto Magno con su discípulo Santo Tomás de Aquino.

San Alberto Magno con su discípulo Santo Tomás de Aquino.

La historia le llama Magno y Mago. Con ello justiprecia sus méritos y hace a la vez un juego malabar. Es preciso distinguir el ocultismo y el conocimiento de lo oculto. Alberto fue muy grande en muchas cosas, entre ellas en el espíritu de observación. Por él llegó a saber mucho que en su tiempo se desconocía. Conoció las propiedades de los cuerpos y las fuerzas de la naturaleza, fue físico, químico, geógrafo, astrónomo, naturalista. Y teólogo, naturalmente. No supo nada de esto por malas artes. Lo aprendió noblemente. Leyó libros de magia, pero no para aprender sus artes, sino, como él mismo dice, “para no ser tentado por sus procedimientos, que juzgo inválidos e inadmisibles”. Los sensatos y los sabios le llaman Magno. Los insensatos y los ignorantes siguen llamándole todavía Mago. Con este nombre le dedicaron una plaza en París, en el lugar mismo que llenaban sus alumnos cuando no cabían para oírle en las aulas de la Universidad.

Nació el año 1206 en Lauingen, ciudad de la Suevia bávara, asentada a las orillas del Danubio. Su familia era militar; tenía una historia gastada al servicio del emperador y un castillo a dos millas de la ciudad. En él pasó Alberto los primeros años de la infancia. Luego, en la escuela de la catedral, empezó a aprender las letras y afianzó su corazón en la piedad.

Pero la vida del joven necesitaba más horizonte. No le llamaba la milicia. Le atraía la observación de la naturaleza, y por eso se dirigió a Padua, en cuya Universidad a la sazón se aprendían especialmente las artes liberales del Trivium y del Quatrivium. Sin embargo, la ciencia sola no le convenció nunca. Tampoco quería ser sólo santo. Le atraían las dos cosas. Por eso frecuentaba la iglesia de unos frailes de reciente fundación. Se decía que habían roto los moldes del monaquismo tradicional y que acompasaban la institución monástica con las necesidades culturales y apostólicas de la época. El fundador era un español, Domingo de Guzmán, quien quiso que sus religiosos fueran predicadores y doctores.Acababa de morir, dejando la institución en manos de un compatriota de Alberto, Jordán de Sajonia. Dios había dado a Jordán un tacto especial para tratar y convencer a gentes de universidad. Más de mil vistieron el hábito durante su gobierno, salidos de los claustros universitarios de Nápoles, de Bolonia, de Padua, de París, de Oxford y de Colonia. Y no era infrecuente el caso en que, al frente de los estudiantes y capitaneando el grupo, lo vistiera también algún renombrado profesor.

Alberto cayó en sus redes. Un sueño en el que la Virgen le invitaba a hacerse religioso y el hecho de que Jordán le adivinara las indecisiones que le atormentaban, le indujeron a dar el paso. Con ello no abandonó los estudios de la Universidad. Domingo quería sabios a sus frailes; sólo que a la sabiduría clásica debían añadir el conocimiento profundo de las verdades reveladas. El joven novicio dedicó cinco años a la formación que le daban los nuevos maestros, y el Chronicon de Helsford resume su vida .de estos años diciendo que era “humilde, puro, afable, estudioso y muy entregado a Dios”. La Leyenda de Rodolfo lo describe como “un alumno piadoso, que en breve tiempo llegó a superar de tal modo a sus compañeros y alcanzó con tal facilidad la meta de todos los conocimientos, que sus condiscípulos y sus maestros le llamaban el filósofo”.

Terminados los estudios empiezan la docencia y la carrera de escritor, menesteres en que consumiría su vida, salvo dos paréntesis administrativos, uno al frente de la provincia dominicana de Germania, y otro, ya obispo, al frente de la diócesis de Ratisbona. Su vida docente empezó en Colonia. Después pasó a regentar cátedra en Hildesheim, en Friburgo, en Estrasburgo, de nuevo en Colonia y en París. Simultaneó la labor de cátedra con la de escritor y comentó los libros de Aristóteles, los del Maestro de las Sentencias y la Sagrada Escritura. Pedro de Prusia escribió este elogio de la obra de Alberto: Cunctis luxisti, / scriptis praeclarus fuisti, / mundo luxisti, / quia totum scibile scisti: “Ilustraste a todos; fuiste preclaro por tus escritos; iluminaste al mundo al escribir de todo cuanto se podía saber.”

Para desarrollar su labor docente y escrita le había dotado Dios de un fino espíritu de observación. Estudió las propiedades de los minerales y de las hierbas, montando en su convento lo que hoy llamaríamos un laboratorio de química. Estudió también las costumbres de los animales y las leyes de la naturaleza y del universo. Movilizó un equipo de ayudantes, hizo con ellos excursiones audaces y peligrosas a lugares difíciles, viajó mucho, gastando lo que pudo y más de lo que pudo, todo con el fin de robar sus secretos a la obra de la creación.

A la observación añadió la habilidad, y al laboratorio conventual de química sumó lo que llamaríamos gabinete de física y taller mecánico. Dice la leyenda que construyó una cabeza parlante, destruida a golpes por su discípulo Tomás de Aquino al creerla obra del demonio. La anécdota, que no es histórica, ilustra el espíritu positivo y práctico del Santo, que sí lo es. Por todo ello entre los elementos formadores del carácter alemán, sentimental, artista, práctico y exacto, cuenta Ozanam a los Nibelungos, al Parsifal, a la obra poética de Gualter de Vogelweide y a las obras de San Alberto Magno.

Su labor no terminó con el estudio de las criaturas. Además de naturalista era teólogo y santo. Precisamente para serlo se decidió en Padua a simultanear la Escritura con el Trivium y el Quatriyium y a frecuentar a la vez la Universidad y el convento de dominicos. No es extraño, pues, que, cuando se puso a escribir sus veinte volúmenes en folio, lo hiciera señalándose a sí mismo una meta clara: Et intentionem nostram in scientiis divinis finiemus: “Terminaremos todos hablando de las cosas de Dios”. Y así, a la Summa de creaturis siguieron los Comentarios a las Sentencias, los Comentarios a la Biblia y una serie de opúsculos de muy subida espiritualidad. Nada tenía interés para él si no terminaba en Dios. De estudiante lo vimos ya piadoso y sobrenaturalizador de su vida estudiantil. Tomás de Cantimprano describe así su vida de maestro: “Lo ví con mis ojos durante mucho tiempo, y observé cómo diariamente, terminada la cátedra, decía el Salterio de David y se entregaba con mucha dedicación a contemplar lo divino y a meditar”.

Se dijo más arriba que su paso por la vida no fue sólo el de un maestro y un escritor, fue también el de un gobernante. Metido en la barahúnda de la administración, se distinguió como árbitro, como pacificador, como reformador. Acaeció su muerte el 15 de noviembre de 1280, cuando tenía setenta y cuatro años. Le precedieron unos meses de obnubilación, como si esto fuera privilegio de los genios. También la sufrieron Tomás de Aquino, Newton y Galileo. En realidad la ciencia de aquí era nada para el conocimiento que con la muerte le iba a sobrevenir en la contemplación de Dios.

Quedan aquí señalados algunos de sus muchos merecimientos. Recordaremos otro singular. Alberto descubrió a Tomás de Aquino entre sus muchos alumnos de Colonia. Lo formó con mimo y con amor, porque adivinó las inmensas posibilidades de este napolitano. Luego influyó para que, joven aún, ocupara en París la cátedra más alta de la cristiandad. El Doctor Angélico murió antes que él. Algunos doctores parisinos quisieron proscribir sus doctrinas, y era preciso defenderlas. El Santo, ya viejo, cubre a pie las largas etapas que separan Colonia de París para defender a su discípulo. Su intervención fue eficaz y decisiva. La Iglesia y el mundo, que le deben mucho por lo que fue y por lo que hizo, le son deudores también en gran parte de lo que fue y de lo que hizo Santo Tomás.

EMILIO SAURAS, O. P.
Texto de Mercaba

La verdad del “árbol de navidad”; su origen anticristiano

noviembre 13, 2014

San Bonifacio destruyendo el “árbol del universo” que ahora promueven como “árbol navideño”.

El conocido “árbol de navidad”, en realidad es el “árbol del universo” de origen druida, tal y como lo afirman TODAS las narraciones del mismo. No existe una sola que asegure que el “árbol del universo” tiene una tradición originada en el cristianismo. Incluso la Nueva Iglesia conciliar reconoce que el origen se remonta al paganismo naturalista.

Todas las fuentes señalan a los sacerdotes druidas, los mismos del Halloween, los que sacrificaban seres humanos a sus dioses paganos, como los autores del “árbol del universo”, aunque para ellos era:

Los druidas o hechiceros celtas son los creadores del árbol ceremonial

Los druidas o hechiceros celtas son los creadores del árbol ceremonial

“celebrar el cumpleaños de uno de sus dioses adornando un árbol perenne, coincidiendo en cercanía con la fecha de la Navidad cristiana”.

El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo), en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard y el Valhalla; mientras que en las raíces profundas se encontraba EL INFIERNO.

Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el infierno o reino de los muertos).

San Bonifacio manda derribar el árbol en el cual los paganos sacrificaban hombres y animales.

La falsa leyenda del árbol navideño de San Bonifacio, similar a la de “Santa Claus”

Muchos contemporáneos, luego de asimilar la costumbre druídica, quisieron encontrar un justificante para poner el “árbol del universo” en sus hogares y llenarlos de regalos que supuestamente son traídos por el duende obeso nombrado “Santa Claus”, quien se introduce por la estrecha chimenea…

Quienes defienden al “árbol del universo” tergiversan la tradición e inventan una pseudo “tradición” en la que  San Bonifacio, tras cortar un árbol druídico Divino Idrasil (Árbol del Universo), en su lugar “plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas”.

San Bonifacio destruyó un árbol druida para implantar la Cruz

San Bonifacio destruyó un árbol druida para implantar la Cruz.

Pero más adelante los mismos prevaricadores se delatan: “Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo…”

La aberración de la “leyenda” de San Bonifacio. Si el santo destruyó un árbol druida, ¿por qué iba a plantar otro?. La verdad es que en su lugar fijó  la Santa Cruz, como aparece en toda la iconografía tradicional:

San Bonifacio fijó la Santa Cruz en el lugar en el cual derribó el árbol pagano. No fijó un pino como inventaron en la Neo Iglesia Cabalista y se promueve hoy en día en la Roma Conciliar.

San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II(715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el “sagrado roble de Odín”.

San Bonifacio predica que el árbol no se debe adorar como deidad, y en su lugar les enseña el significado de la Santa Cruz.

San Bonifacio predica que el árbol no se debe adorar como deidad, y en su lugar les enseña el significado de la Santa Cruz.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado frente a los idólatras.

Hasta aquí lo que está documentado históricamente.

A San Bonifacio se le encuentra predicando contra la adoración del árbol esotérico.

A san Bonifacio se le representa bautizando a los conversos, con un pie encima de un roble abatido que simboliza el sometimiento de la religión pagana.

Sin embargo, en los últimos años, la Neo Iglesia ha dejado crecer una absurda leyenda, falsamente atribuida a San Bonifacio.

En todas las imágenes el apóstol de Alemania aparece destruyendo el árbol ritual de donde se origina el actual "árbol navideño"-

En todas las imágenes el apóstol de Alemania aparece destruyendo el árbol ritual de donde se origina el actual “árbol navideño”.

Pero no explica esta fábula qué sentido tiene que el santo cortara un árbol (roble), para plantar otro árbol (pino) y cargarlo con las mismas viandas que los paganos. Resulta necio y contradictorio.

¿Por qué son tan generosos en llenar de manzanas (pecados) el árbol, similar al Árbol del Edén ?.

No hay diferencia entre el árbol que promueve la Neo Iglesia con el árbol del Edén.

¿Por qué, si la “tradición” inició en el siglo VII, duró oculta casi un milenio, hasta que fue “rescatada” por los protestantes luteranos en el siglo XVI, y no por los católicos?.

Para explicarlo mejor, dos preguntas;

¿Qué tiene en semejanza o en representación de la Natividad de Nuestro Redentor un pino con manzanas y luces?. NADA.

La segunda pregunta; ¿qué tiene ese “árbol de navidad” en común con el “árbol del universo” druídico representante del árbol del Edén, utilizado por los enemigos de Cristo para adorar a sus demonios?. TODO.

La introducción del “árbol del universo” en España e Inglaterra, obra de criptohebreos

El borbonista Pepe Osorio junto a su mujer (no católica) Sofía Troubetzkoy, introductores del “árbol del universo” en España, en una fotografía tomada en Deauville en la primavera de 1869, pocos días después de su boda.

El “árbol del universo” ahora llamado “árbol de navidad” fue introducido por primera vez en la Alemania luterana a principios del siglo XVII. Fue hasta el siglo XIX cuando apareció en los países protestantes de Finlandia, Rusia e Inglaterra. Primeramente en el castillo de los Windsor (los hebraizados von Battemberg) quienes lo hicieron parte de su ornamentación navideña a mediados del siglo XIX.

Igualmente fueron los borbonistas hebraizados quienes lo llevaron a España hasta 1870. Se sabe que fue introducido por la duquesa “rusa” -no católica- Sofía Sergeïevna Troubetzkoy mujer de un líder de la restauración borbónica; José Isidro Osorio y Silva-Bazán, hijo de la marrana Inés Francisca de Silva-Bazán (1806-1865), hija a su vez del hebreo marrano José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein y de la marrana Joaquina María Téllez-Girón y Alfonso Pimentel.

En España hubo grandes detractores de esta tradición como Dolors Cos en 1930 o Ramón Violant en 1948 que se quejaba de que mezclado entre los puestos de venta de figuras y adornos también aparecieran árboles de Navidad.

La reintroducción del árbol en Alemania, atribuida al heresiarca Martín Lutero

Grabado de la familia de Lutero.

(Información tomada de el sitio de la Universidad de Murcia)

La cultura alemana reconoce a Martín Lutero como fundador de la “fe” Protestante y como “padre del árbol de navidad”. Se cuenta que Lutero regresaba a Wittenberg, una silenciosa y fría noche de vigilia, y quiso recrear, adornando con pequeñas velas un abeto doméstico, la impresión fabulosa que tuvo al observar los árboles helados del bosque que resplandecían bajo la luz de las estrellas… quizá haya sido un intento de la iglesia alemana reformada por conservar una costumbre pagana, viva en el pueblo, atribuyéndole un carácter cristiano.

Martin Luther with his family to the "Christmas tree".

Martin Luther con su familia alrededor del “árbol de navidad”.

La costumbre se arraigó en Alemania y los países escandinavos en los siglos XVI y XVII, de allí paso a Inglaterra: primero fueron los soberanos de la casa de Hannóver, Jorge III (y sobre todo su esposa Carlota), y más tarde el Príncipe Consorte Alberto de Sajonia-Coburgo, celebre marido de la reina Victoria. Cabe pensar que el abeto decorado en los hogares, podría considerarse, en cierto sentido, como una prueba de fidelidad monárquica.

¿Cuándo inició el uso del árbol en el Vaticano?

El primer arbolote se introdujo durante el reinado de Juan Pablo II.

Desde 1982, cada año un país regala al Vaticano un árbol navideño. Una tradición que comenzó Juan Pablo II y que dura hasta nuestros días: Ver en Rome Reports 

(Transcrito de Azteca Noticias)

Arbolote en el Vaticano.

Ciudad de El Vaticano, El Vaticano.- Un abeto blanco de 24 metros adornará la Plaza de San Pedro de El Vaticano para las fiestas navideñas. El árbol será extraído de un bosque de la provincia italiana de Isernia. 

El árbol ya fue identificado y será extraído del Bosque de los Abetos Soberanos, ubicado en la localidad de Pescopennataro, el próximo 5 de diciembre. 

Con una grúa de la Protección Civil italiana el árbol será movilizado, envuelto en una red que sostendrá las ramas para posteriormente ser izada por un helicóptero del Cuerpo Forestal del Estado, que la trasladará hasta un valle cercano. 

Primacy of the tree before the Cross.

En la Plaza de San Pedro: Primacía del árbol navideño por delante de la Cruz.

El árbol será posicionado sobre un camión de unos 30 metros de largo que lo transportará hasta la Plaza de San Pedro, donde será descargado por empleados de El Vaticano que lo adornarán con cientos de esferas y miles de luminarias. 

Como es tradición, el árbol será ubicado junto al obelisco central de la plaza y a un lado de la estructura que contendrá un nacimiento gigante. El abeto será iluminado durante una ceremonia el 14 de diciembre entrante, mientras que el pesebre será inaugurado la tarde del 24, víspera de Navidad.

Segundo acto de la reacción controlada: Sinagoglio “separa” al “cardenal conservador” Raymond Burke

noviembre 9, 2014
Burke viste "a la moda" de los años 50s  para así captar la simpatía de los "perplejos", como lo hicieran Lefebvre, Spellman y Castro Mayer en el vati-conciliábulo.

Burke viste “a la moda” de los años 50s para así captar la simpatía de los “perplejos”, como lo hicieran Lefebvre, Spellman y Castro Mayer en el vati-conciliábulo.

Tal y somo se previó, Sinagoglio victimizó a Raymund Burke por oponerse a sus dislates contra el matrimonio y en favor de los sodomitas. Típica táctica de la “reacción controlada” para confundir a los “perplejos”.

(Ver nota Burke y Gadecki, los lefebvres del siglo XXI; líderes de la reacción controlada en el Vati-sínodo, aparecida en FC el 15 de octubre anterior)

(Transcrito de El Día)

CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco removió ayer al cardenal estadounidense Raymond Burke, quien defendió campañas para negar la comunión a los políticos católicos que apoyan la legalización del aborto, de otro alto cargo en el Vaticano. La remoción de Burke como titular de la Corte Suprema de la Santa Sede había sido anticipada. El año pasado, Francisco retiró a Burke de la poderosa Congregación para los Obispos.

Cuando dirigía la diócesis de St. Louis entre 2003 y 2008, Burke, considerado uno de los más claros representantes del ala conservadora del Vaticano, participó en una campaña que solicitaba negar la comunión a los políticos católicos partidarios de legalizar el aborto. Francisco trasladó a Burke de su cargo en la Corte Suprema al puesto mayormente ceremonial de patrono de la Soberana Orden Militar de Malta, una organización de caridad que administra hospitales y asilos para ancianos en distintas partes del mundo.

RECHAZO AL DIVORCIO

El mes pasado, Burke contribuyó a la resistencia del ala conservadora contra toda posible flexibilización de las reglas que prohíben la comunión para los católicos divorciados y vueltos a casar. También cuestionó las denuncias del papa a los excesos del capitalismo. El cardenal de 66 años todavía tiene casi una década para seguir desempeñando cargos en el Vaticano. Su discurso estridente y sus preferencias por las vestimentas elegantes y anticuadas contrastan con el tono sencillo, informal y casi espartano que Francisco ha establecido desde el comienzo de su papado. Francisco ha dicho que la jerarquía eclesiástica no debería concentrarse demasiado en el aborto y el matrimonio homosexual sino en hacer la iglesia más receptiva. Por su parte, Burke ha dicho a una emisora católica que “todo lo que se diga sobre el aborto y el matrimonio gay es insuficiente”.

MINISTRO

También ayer, el papa Francisco nombró nuevo secretario para las Relaciones con los Estados al británico monseñor Paul Richard Gallagher, que sustituirá en el cargo a Dominique Mamberti, “ministro de Exteriores vaticano” durante los últimos 8 años. Gallagher, de 60 años, era hasta ahora nuncio apostólico en Australia. Según Radio Vaticano, Gallagher nació en Liverpool el 23 de enero de 1954 y durante su carrera en el seno de la Iglesia ha prestado sus servicios en los cinco continentes. Ha trabajado para las nunciaturas de Tanzania, Uruguay y Filipinas y en el año 2000 fue nombrado observador permanente en el Consejo de Europa.

“Irresistible oferta”; Sinagoglio ofertará anulaciones matrimoniales express, y además gratuitas

noviembre 6, 2014
Sinagoglio confraterniza con la "pareja presidencial" mexicana, una divorciada y el otro viudo...

Sinagoglio confraterniza con la “pareja presidencial” mexicana, una divorciada y el otro viudo…

El matrimonio sacramental, debidamente realizado y consumado es indisoluble. Cuando hay casos extremos que impiden la sana convivencia, la Iglesia propone la separación de cuerpos donde se aísla la pareja, pero no se rompe el vínculo sacramental.

La única forma como un presunto vínculo matrimonial se disuelve es cuando la Iglesia lo declara nulo, mediante un proceso de “anulación” o “Decreto de Invalidez”. Es decir, la anulación se da en casos que se puede demostrar que, por razones anteriores al vínculo o por irregularidades en su celebración, el vínculo matrimonial propiamente dicho nunca existió.

(Transcrito de la agencia EFE)

Ciudad del Vaticano, EFE. El papa Francisco pidió este miércoles celeridad a la Iglesia en los procesos de nulidad matrimonial y defendió su gratuidad a quienes lo soliciten, informó la Santa Sede.

El pontífice argentino realizó estas declaraciones durante un encuentro con los participantes de un curso sobre justicia canónica, promovido por el Tribunal de la Rota Romana, en Ciudad del Vaticano.

“Hay tanta gente que necesita y espera que la Iglesia se pronuncie sobre su situación matrimonial, para el ‘sí’ o para el ‘no’, pero que sea una decisión justa. Algunos procesos son tan largos y pesados que la gente se cansa y abandona”, subrayó Jorge Bergoglio.

También habló de los desplazamientos que generan dificultades a quienes esperan un pronunciamiento.

Puso como ejemplo al Tribunal interdiocesano de Buenos Aires, Argentina, del que, dijo, recordar que tiene unas 15 diócesis, la más lejana a 240 kilómetros.

“No se puede pensar que personas normales vayan al tribunal: tienen que hacer un viaje y perder días de trabajo”, dijo el papa.

Y añadió que la Iglesia tiene que hacer justicia y decir: ‘sí, es verdad, tu matrimonio es nulo. No, tu matrimonio es válido’. Pero es de justicia decirlo”, resumió Bergoglio.

Durante el Sínodo extraordinario sobre la familia, celebrado el pasado octubre en el Vaticano, hubo propuestas sobre la gratuidad que deben ser analizadas, comentó Francisco.

“La madre Iglesia es tan generosa que puede hacer justicia gratuitamente, como gratuitamente fuimos perdonados”, concluyó.

Anulaciones por la Iglesia en el país

El trámite se realizan ante un tribunal eclesiástico y no ante uno civil. Para alegar la nulidad hay que aportar causas, a diferencia del civil, en el que solo se debe expresar la voluntad.

Para casarse de nuevo por la Iglesia y para que los hijos, producto de la unión anulada, sean reconocidos por la Iglesia, u n sacerdote o abogado en derecho canónico escucha el caso y determina si procede. El proceso dura de dos a cuatro años.

El costo del proceso supera los ¢100.000 en Costa Rica, pero la Iglesia hace excepciones a personas sin recursos. Fuente: Conferencia Episcopal de Costa Rica.

Wojtyla pretendió exonerar de la excomunión automática a los masones

noviembre 5, 2014
Ahora ya "son de casa"...

Ahora ya “son de casa”…

“los que dan su nombre a la secta masónica, o a otras asociaciones del mismo género, que maquinan contra la Iglesia o contra las potestades civiles legítimas, incurren ipso facto en excomunión simplemente reservada a la Sede Apostólica“. 

CIC 1917 (pío-benedictino) en su canon 2335 (Liber V, pars III, titulus XIII)

Ésa era la sentencia de la Iglesia contra los nuevos militantes de la más osada organización anticristiana diseñada y promovida entre los bautizados católicos, al igual que entre los herejes, cismáticos y paganos no hebreos.

Pero en 1983, con un falso Nuevo Código de Derecho Canónico, se pretendía sustituir el vigente (1917). Y el antipapa cabalista Juan Pablo II se atrevió a  exonerar a los cristianos, que se convirtieron en sectarios apóstatas masones, de la pena de excomunión ipso facto (en el acto) o latae sententiae (sin necesidad de declaración) a la que incurren al dar su nombre y apoyo a la Masonería.

Aunque en las oficinas del cabalista  Joseph Ratzinger, entonces prefecto del Santo Oficio, luego afirmaron que no cambió el juicio negativo, la verdad es que los masones son quienes más celebraron la modificación porque la penalización canónica pasó de una contundente excomunión ipso facto «latae sententiae» a una imprecisa excomunión ipso jure, o «ferendae sententiae» indeterminada.

La nueva norma referente a la Masonería es una «Declaración» de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de fecha 26 de noviembre de 1983, en la que, después de asegurar que «no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto a las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia» afirma que la afiliación a ellas sigue prohibida, y añade: «Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión».

Como se sabe, la mención expresa de la masonería que se hacía en el can. 2335 del CIC de 1917 y no se consideró necesaria en el correlativo canon 1374 del CIC de 1983, que habla genéricamente de inscripción a cualquier asociación «que maquina contra la Iglesia», y establece –siguiendo el criterio de máxima reducción de las penas «latae sententiae», especialmente de la «excomunión»– una pena «ferendae sententiae» indeterminada.

La Declaración de la usurpada Congregación para la Doctrina de la Fe (dirigida entonces por Ratzinger) no hace referencia explícita a este canon, aunque alude genéricamente a las prescripciones canónicas. Se limita a declarar la existencia en el caso de pertenencia a una asociación masónica de un «estado de pecado grave». Y, por consiguiente, la imposibilidad moral por parte del fiel de recibir la comunión eucarística (cfr. can. 916). Obviamente, en el caso de que el fiel persistiese obstinadamente en situación de «pecado grave» y esa situación fuera además manifiesta, el ministro no puede admitir el fiel a la santa Comunión (cfr. can. 915).

Pero la sentencia de excomunión en el acto, farandae sententiae, fue proscrita.

Neo cardenal Müller: «El Sínodo no puede cambiar la enseñanza de Cristo»

noviembre 4, 2014
"Bájale una rayita..."

“Bájale una rayita…”

«La Iglesia, ni antes, ni durante, ni después del Sínodo puede cambiar lo que viene de la enseñanza de Cristo… si esto se pierde, se pierde todo»

FC: ¿Y por qué no se lo dices a Sinagoglio?…

Nasz Dziennik, uno de los más importantes medios de comunicación polacos, ha realizado una extensa entrevista con el cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe. El cardenal habla abiertamente acerca de la influencia nociva sobre el Sínodo y confirma que la enseñanza de la Iglesia sobre la sagrada Comunión para los «vueltos a casar» civilmente está absolutamente prohibida, por ser contrario al Evangelio. Asímismo, añade, todos y cada uno de los actos homosexuales, contrarios a la naturaleza, son un grave pecado. Y lanza una advertencia: hay «obispos, que se han permitido ser cegados, de alguna manera, por una sociedad secularizada».

(Witness For Church/InfoCatólica)

El cardenal Müller ha abordado diversas cuestiones en la entrevista

Sobre los medios de comunicación

Desafortunadamente, en las sociedades modernas, diversos medios, organizaciones internacionales e incluso gobiernos de varios países, están intentando sembrar confusión en la mente de la gente. En muchos países, las relaciones están destruidas, y esto también se aplica al modelo cristiano de matrimonio y familia. La verdad sobre el matrimonio y la familia es relativizada. Estas tendencias, por desgracia , han entrado, de alguna manera, dentro de la Iglesia y los obispos, a los cuales los medios de comunicación intentan presionar… Nosotros tenemos a Cristo y al Evangelio. Este es nuestro punto de referencia, el fundamento de la única y adecuada enseñanza de la Iglesia…

Sobre el matrimonio

Hay un montón de medios pero sólo hay un mediador, que es Jesucristo y su Evangelio. Por lo tanto, la palabra de Dios no puede ser ignorada de ninguna manera y no se puede ceder en ninguna parte. Se debe aceptar totalmente. La Iglesia, ni antes, ni durante, ni después del Sínodo puede cambiar lo que viene de la enseñanza de Cristo. Respecto al matrimonio, éste está definido, ante todo, por las palabras: «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Sobre la homosexualidad

Hay algunas voces que después del Sínodo de la Iglesia introdujeron el «camino para una nueva apertura a los homosexuales». ¿Suena esto como si la Iglesia fuera a dejar de calificar los actos homosexuales como pecado y de condenarlos?

Por supuesto, para la Iglesia, el punto de partida de las relaciones siempre es el amor, de un hombre para con una mujer y de una mujer para con un hombre. La Iglesia se centra en esta relación y en ella construye su doctrina social, incluyendo la doctrina moral, lo cual abarca toda la ciencia de la sexualidad humana. Hay situaciones en las que una persona orienta su sexualidad hacia una persona del mismo sexo. Y esta tendencia en sí misma no es un asunto primordial para la Iglesia.

El catecismo de la Iglesia católica enseña que «las personas homosexuales están llamadas a la castidad». El papa Francisco dice que él no intenta crear una nueva doctrina de la Iglesia, pero está intentando mostrar que nadie que se ha equivocado y tenga una tendencia homosexual es juzgado por la Iglesia. Nadie está intentando aislar a estas personas; aún son totalmente personas. Pero hay que decir con claridad que la Iglesia ha juzgado negativamente los actos homosexuales. ¡Tomar parte de un acto homosexual no es aceptable! Y la Iglesia nunca abandonará esa valoración. Son contrarios a la ley natural y es un pecado.

Sobre los obispos

Desafortunadamente, hay representantes de la Iglesia, e incluso obispos, que se han permitido ser cegados, de alguna manera, por una sociedad secularizada, la cual les ha influenciado tanto que les ha hecho perderse el meollo de la cuestión o los ha sacado de las enseñanzas de la Iglesia basadas en la Revelación.

Ellos empiezan a pensar a cerca de las diferentes posibilidades, si es o sería posible, olvidando el fundamento… quizás sugiriendo algunas soluciones cuestionables en algún asunto comprometido, en situaciones difíciles en las que la gente se puede encontrar, quizás guiados por el deseo de ayudar a otro ser humano…

Todo está bien pero siempre se debe recordar que hay una agenda para nosotros, la agenda de la Iglesia, la cual está basada en la Revelación de Dios comunicada por Jesucristo. Y esto es realmente lo que es más importante para nosotros, si esto se pierde, se pierde todo.

2 de noviembre; CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS

noviembre 3, 2014
Los Fieles Difuntos

Los Fieles Difuntos

Aquellos que nos han dejado 

no están ausentes,sino invisibles.

Tienen sus ojos llenos de gloria, 

fijos en los nuestros, 

llenos de lágrimas.

(San Agustín)

LA CONMEMORACIÓN
DE LOS FIELES DIFUNTOS

2 DE NOVIEMBRE

(Transcrito de Mercaba)

Después de la fiesta de Todos los Santos, la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Después de alegrarnos con los “que siguen al Cordero”, nuestro pensamiento acompaña a “los que nos precedieron en la señal de la fe y duermen él sueño de la paz”. Pensamiento melancólico, no tanto por la muerte cuanto por la inseguridad: ¿están ya en la patria, han de purificarse todavía?

De esta forma el mes de noviembre es un mes eclesial. Las tres iglesias, la del cielo, la del purgatorio y la de la tierra, se unen y compenetran. Esta compenetración la tenemos cada día en la santa misa. Al llegar el canon la Iglesia terrestre se apiña alrededor del celebrante: el Papa, el obispo, el Jefe del Estado, todos los católicos y ortodoxos, después todos los circunstantes, cuya devoción y fe conoce el Señor…

Pero además convocamos y entramos en comunicación con la Iglesia del cielo: la gloriosa Virgen María, los santos apóstoles Pedro y Pablo y todos los santos. Y no falta el recuerdo piadoso para los fieles difuntos “para que a ellos y a todos los que descansan en Cristo les conceda el Señor por nuestros ruegos el lugar del refrigerio, de la luz y de la paz”. Sí, cada misa es una inmensa asamblea, de proporciones tales que trasciende el tiempo y el espacio.

Esa verdad nos la hace más viva la liturgia del mes de noviembre, recalcando un aspecto eclesial bien interesante, que es su finalidad escatológica. La Iglesia de la tierra se compone de caminantes, de “viatores”. Somos un pueblo en marcha, como los israelitas en el desierto. Toda la tipología del Éxodo: sacrificio del cordero pascual y liberación de Egipto, tránsito del Mar Rojo, columna de fuego, maná, etc., tiene su realización en los sacramentos, signos sensibles que producen la gracia que representan, sobre todo los dos grandes sacramentos pascuales: Bautismo y Eucaristía. Pero como la peregrinación del desierto, aunque duró cuarenta años, al fin terminó con el ingreso de los hebreos en la tierra prometida, dando paso lo transitorio a lo estable, así los sacramentos, que son también “signos del futuro”, desaparecerán cuando lleguemos a la patria, que es el cielo, porque los pétalos de la flor caen cuando ya ha madurado el fruto.

El 1 y el 2 de noviembre nuestro pensamiento se remonta hacia la eternidad, al recuerdo de los santos y de los difuntos; y todavía el 9 y el 18 del mismo mes la liturgia vuelve a insistir en tales ideas con motivo de la dedicación de las iglesias principales de Roma. El mismo templo material es un símbolo de la Iglesia eternal, y los cristianos nos sentimos transportados a la “ciudad santa de Jerusalén”, donde no hay llanto, ni clamor, ni gemido, porque todo eso son cosas ya pasadas.

Noviembre, mes de los difuntos, de las hojas caídas, de los días cortos y del invierno en puertas, tiene para la gente un carácter funerario. Para nosotros debe tener un aspecto pascual y luminoso, el mismo que llena de resplandores a la muerte cristiana.

Sin querer se nos ha metido una mentalidad pagana al hablar de la muerte. Miramos sólo un aspecto terrorífico y macabro, la corrupción del sepulcro, el abandono de todos, la soledad de la tumba. Resaltamos la parte negativa, el “somos polvo y ceniza del pagano Horacio, hasta el punto de que el propio cardenal Portocarrero pensase que el mejor epitafio para su lápida fuese esta frase, que, bien medida, no sería del todo ortodoxa: Hic iacet, pulvis, cinis et nihil: “Aquí yace polvo, ceniza y nada”.

A las concepciones paganas del Renacimiento se unió el espíritu morboso del romanticismo y la poca imaginación de los agentes de pompas fúnebres y entre todos han llenado los cementerios, cuando no las iglesias, de calaveras y tibias entrelazadas, esqueletos con guadañas, cítaras y columnas rotas…

Esa iconografía es ridícula, y tiene muy poco de cristiana; podrá admitirse para los animales, cuya alma es caduca y sus cuerpos no esperan la resurrección, pero nunca para los fieles que viven anclados en el artículo del credo que dice: “Espero la resurrección de los muertos”.

El cristiano “no se muere”, en sentido pasivo, y con su muerte, acaba todo, sino que “muere”, es decir, entrega su alma al Creador”. Morir es para el fiel un acto humano, el más sublime y trascendental de todos, que a ser posible debe hacerse en plena conciencia.

La Iglesia tiene un rito para que mueran los cristianos, como tiene un rito para el bautismo, para la celebración de la misa, para la ordenación de los sacerdotes y para que contraigan matrimonio los esposos.

Toda la liturgia de la muerte tiende a dar al moribundo una parte activa: profesa su fe en el rito emocionante que nos ha conservado el “Manual Toledano” para antes de recibir el viático; ofrece sus sentidos para la unción, recibe la sagrada Eucaristía como viático o provisión para el viaje a la eternidad; coge con sus dedos el cirio encendido, símbolo de la luz de la fe que se le entregó al ser bautizado; besa el crucifijo, contesta a las oraciones y cierra su vida pronunciando por tres veces el nombre de Jesús. .

En los mismos ritos de la mortaja, de la vela funeraria, del oficio de difuntos, de la misa de cuerpo presente, de la conducción a la sepultura y del enterramiento, el difunto sigue siendo el personaje central de la acción litúrgica; se le inciensa, se le rocía de agua bendita, se le nombra expresamente en las oraciones, se le alumbra con cirios, se le transporta procesionalmente… 

Toda la celebración funeraria tiene un sentido comunitario. En ella actúa el párroco o su representante en nombre de la comunidad parroquial y miembros de la misma acompañan a los familiares en Aquel trance de dolor. Es una idea falsa y burguesa querer apartar al sacerdote de la cabecera del moribundo, con pretexto de respetar la intimidad del paciente y la de sus deudos. Es la Iglesia quien se hace presente en circunstancias tan destacadas para acompañar con sus piadosas oraciones el tránsito del fiel del tiempo a la eternidad

Toda la liturgia de la defunción tiene un color bautismal, que quiere decir tanto como pascual. La profesión de fe, que entre nosotros suele renovarse al tiempo del viático, recuerda las interrogaciones que preceden al bautismo. La entrega de un cirio encendido, el lavado del cadáver, la mortaja con un hábito religioso, aun en los seglares, o por lo menos con un vestido digno y como de etiqueta… evocan muchas ceremonias del rito bautismal.

Según San Pablo en su carta a los Romanos el bautismo es un morir con Cristo para resucitar con Cristo. Por eso el bautismo es el gran sacramento pascual, que primitivamente sólo se administraba en la noche de Pascua. Consepultados con Cristo (anegados en el agua bautismal, muertos al pecado), conresucitados con Él (naciendo por el bautismo a la vida de la gracia, como Cristo salió triunfante del sepulcro).

Ahora bien, la muerte, que es sólo un símbolo en el bautismo, se hace realidad en el lecho mortuorio. Entonces morimos de verdad para resucitar de verdad a la vida del cielo, de la que la gracia santificante, que se nos dió en la aguas bautismales, era como una semilla.

Por eso la Iglesia llama dies natalis, día del nacimiento, a aquel en que sus santos murieron. Auténticamente la muerte es una vivificación, en modo alguno un esqueleto con guadaña.

De ahí el carácter de “celebración pascual” que le da la liturgia. En las letanías de la recomendación del alma, se evocan las grandes figuras del Antiguo Testamento que son figuras de Cristo resucitado, tales como Noé, liberado del diluvio; Moisés, libertado de Faraón; Isaac, de las manos de su padre Abraham; David, de Goliat; Daniel, de los leones; los tres niños, del horno de Babilonia.

El fiel ve entonces que su alma, sometida a las tentaciones y vaivenes de este mundo, va a pasar, ya libertada, a colocarse bajo la tutela del Buen Pastor. Muchos de los salmos del oficio de difuntos, sobre todo los de las vísperas, cantarán este “tránsito” o paso (pascua quiere decir paso), pues son del grupo de los llamados “graduales”.

Otro dato consolador que nos revela la liturgia de los agonizantes es que el cristiano no muere solo, sino que muere con Cristo. El acto por el cual se acaba su vida terrena coincide con el momento en que entra en la vida definitiva con Cristo, como oveja que es llevada al redil de la gloria. Así representaron con frecuencia los primitivos cristianos a las almas de sus difuntos, sobre los hombros del Buen Pastor.

El sacerdote o una persona capaz lee al moribundo la pasión según San Juan, no tanto para confortarle cuanto para asociarle y configurarle con la muerte el Señor. Nótese la frase tan antigua y tan cristiana de “morir en el Señor”, que ya San Juan recoge en su Apocalipsis: “Dichosos los difuntos que mueren en el Señor” (Apoc. 14.13).

Cuando el moribundo, ayudado de sus familiares que se lo presentan, besa repetidamente el crucifijo, pronunciando si puede el nombre de Jesús o haciéndolo por él los asistentes, más que encomendarse a los méritos de su Redentor lo que hace es configurarse con su Salvador que murió por él, rescatándole del pecado y de la muerte eterna. Ahora besando el crucifijo la muerte del cristiano se anega en la de Cristo y el Padre celestial acogerá con piedad aquella alma, que en el bautismo recibió el sello de cristiana y definitivamente, por la muerte, quedará agregada a su Señor.

Prosiguiendo todavía diremos que el cristiano no muere solo, porque muere con Cristo, sino además muera acompañado, asistido y conducido por su madre la santa Iglesia.

Esta le ha dado todos los sacramentos, le ha fortalecido con el “socorro del viaje” que es el viático; le ha restaurado con la santa unción, borrando de su alma las reliquias del pecado, le ha perdonado todas las culpas y reatos con la indulgencia plenaria otorgada en nombre del Sumo Pontífice y además, en aquel instante supremo, le encomienda y entrega oficialmente a la otra Iglesia, a la del cielo.

Es fuertemente impresionante el acto de la entrega de la Iglesia militante ala triunfante, que se formula en los textos de la “recomendación del alma”.

Antes de efectuar esta entrega la Iglesia reza la “letanía de los santos”. Tales letanías sólo se rezan en los instantes de suprema necesidad, cuando la situación requiere invocar el poder intercesor de todos los santos, a los que en este caso se hace además testigos y valedores.

Entonces la Iglesia de la tierra ordena al alma que abandone este mundo: “Sal, alma cristiana, de este mundo en nombre de Dios, Padre omnipotente, que te crió: en nombre de Jesucristo, que te redimió, etc.”

Después se realiza solemnemente la entrega:

“Te encomiendo (o entrego), hermano carísimo, a Dios omnipotente… Cuando tu alma se separe del cuerpo, sálganle al encuentro las espléndidas jerarquías de los ángeles, venga a encontrarte el senado de los apóstoles.. Benigno y placentero se te manifieste el rostro de Jesucristo…”

Y en el instante mismo de expirar se canta o reza el Subvenite “Bajad, santos de Dios: salid a su paso, ángeles del Señor, para recoger su alma y presentarla en la presencia del Altísimo”.

Más que una deprecación o recomendación en que se implora piedad, tenemos un “acto jurídico”, en que la Iglesia temporal, que engendró a aquella alma por el bautismo, la alimentó con los sacramentos y la fortaleció con los demás auxilios, la entrega ahora solemnemente a la Iglesia eterna. El sarmiento que la muerte corta de la cepa terrestre- es trasplantado, por mano de la Iglesia, a la viña de la gloria para que dé frutos de vida eterna.

Esto puede hacerlo la Iglesia porque cuenta con la inmensidad de los méritos de Cristo y de sus Santos, de cuyo inagotable tesoro se aprovecha para perdonar al moribundo con la bendición papal y hacerle participar de los frutos de vida que sus obras no podrían alcanzar.

Porque el difunto murió “con el sello de la fe”, según se dice en el canon de la misa, es cosa sagrada y la Iglesia concede un cierto culto a su cadáver. Aquel cuerpo fue templo del Espíritu Santo y además algún día gozará de la resurrección. Por eso, los lugares en que se entierran los fieles se llaman “cementerios”, palabra inventada por los cristianos y vale tanto como dormitorios, donde sus cuerpos reposan hasta que despiertan el gran día de la resurrección.

Gran parte de los ritos funerarios son sugeridos por esta creencia. El lavado y perfumado del cadáver, el vestido de que se le cubre, las honras que la Iglesia le tributa tienen explicación por tratarse de una cosa santa, que oportunamente merecerá gozar de la gloria eterna. 

Necesitamos afianzarnos en la virtud teologal de la esperanza sobre todo ahora en que nos rodea un clima de angustia. La muerte aterra a muchos porque interiormente tiene una mentalidad pagana.

La muerte no es una “pérdida irreparable”, el cementerio no es la “última morada’. San Pablo decía a los fieles de Tesalónica: “No os entristezcáis, como los demás que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús mueió y resucitó, también Dios, a los que murieron por Jesús, los llevará con Él… Consolaos, pues, con tales pensamientos” (1 Thess. 4,12-13.17).

Mas queda siempre la inseguridad del más allá, el querer comprender la “vida del siglo futuro”.

“A Dios no le-ha visto nadie -declara, rotundamente San Juan-, solamente el Unigénito de Dios nos ha hecho conocer lo que conoció en el seno del Padre” (lo. 1,18). Lo mismo nos ocurre con el mundo de ultratumba; pero la Sagrada Escritura, la liturgia y los símbolos del primitivo cristianismo pueden hacernos entrever lo que será el objeto de la esperanza cristiana, que es el cielo.

En el día de los Fieles Difuntos, más que perder el tiempo en descripciones tremendistas de la muerte, hemos de consolarnos con lo que la muerte representa para los cristianos, el tránsito de la vida terrena a la celestial, del tiempo caduco a la eternidad bienaventurada.

A través de un posible purgatorio, es cierto, pero con un fin seguro en Dios, en la gloria del Padre.

El purgatorio es el dogma de la misericordia divina. Isaías vio que llamas de fuego envolvían el trono del Altísimo. Para llegar a la presencia de Dios hay que ir puro y sin reliquias de pecado. Conocido es el episodio que narra el libro segundo de los Macabeos, donde se mencionan las oraciones hechas en favor de los soldados difuntos, bajo cuyas túnicas fueron hallados objetos idolátricos. Todos sus compañeros “puestos a orar rogaron al Señor que diese al olvido el delito que acababan de cometer” y Judas Macabeo hizo una colecta de doce mil dracmas que envió al Templo de Jerusalén para ofrecer un sacrificio expiatorio por los pecados de los caídos en el campo de batalla, “porque tenía ideas buenas y religiosas respecto de la resurrección” (2 Mach. 12,39-46).

Que la Iglesia primitiva rezaba por los muertos consta pon la tradición tan bellamente recogida por San Agustín en el libro de las Confesiones (c.9) al hablarnos de la muerte y sepultura de su madre Santa Mónica. Era costumbre ofrecer por los fallecidos el sacrificium pretii nostri, “el sacrificio de nuestra redención”, o como se le llama en otra parte, sacrificium pro dormitione, “sacrificio por los que durmieron”. La memoria o recuerdo de los difuntos en la santa misa es común a todas las liturgias desde el siglo III. Además de las misas dichas por ellos, siempre se les recordaba en la gran plegaria posconsecratoria, mencionándolos en los dísticos. Estando presente entonces Cristo sobre el altar en estado de víctima “representa para ellos un gran alivio y ayuda la oración que se hace durante aquel santo y tremendo sacrificio” (San Cirilo de Jerusalén).

La antigüedad cristiana había visto de primera intención en la muerte del cristiano el aspecto pascual y festivo del tránsito, del paso al seno de Dios, como un reflejo de las palabras tan dulces de San Juan: “Allí siempre estaremos con el Señor”. En los formularios antiguos hay una, paz, que no se turba por nada. Los que han muerto en el seno de la Iglesia católica “están en el Señor”.

Pero la Edad Media comenzó a pensar en el riesgo del juicio, en el instante en que el alma comparece ante el tribunal divino para ser juzgada. Y esta patética situación se refleja en los textos litúrgicos, tales cómo el Absolve Domine, en el Libera me Domine, y sobre todo en el Dies Irae. Este último, el más dramático de todos, alterna las estrofas llenas de cárdenos resplandores con los versos que son preces dulcísimas.

Tú que a María absolviste
y al ladrón oíste,
también a mí esperanza diste.

Sin embargo, el Dies Irae no fue en su origen una pieza funeraria, sino una secuencia para el primer domingo de Adviento, en que la liturgia conmemora el juicio final. La acomodación, no demasiado feliz, de las dos últimas estrofas la hizo servir para la misa de difuntos. 

Conviene no olvidar en todo caso el carácter contenido y lleno de moderación de la liturgia aun en aquellos textos, como el ofertorio de la misa de difuntos, tan repletos de conceptos, en contraste con la exageración en que fácilmente caen los autores piadosos al hablar del purgatorio.

El concilio Tridentino, en la sesión XXV (Denz. 983), definió la existencia del purgatorio “y que las almas allí detenidas podían ser auxiliadas con los sufragios de los fieles, en especial con el aceptable sacrificio del altar”.

El santo sínodo quería que se predicase a los fieles la auténtica doctrina sobre el purgatorio, pero sin descender a cuestiones difíciles, que no favorecen a la piedad popular. Precisamente lo contrario que han hecho muchos . “meses de ánimas” y libros equivalentes, basados en revelaciones particulares a menudo ridículas, absurdas o caprichosas.

Nuestra mentalidad pide otra cosa. ¡Cuánto mejor alimentarnos de la Escritura y de la liturgia!

Cuando la muerte de Santa Mónica, una vez que pudieron hacer acallar en su llanto al niño Adeodato, Evodio tomó el libro de los Salmos y comenzó a recitar el salmo 100, al que todos los de la casa coreaban respondiendo: “Tu misericordia y tu juicio cantaré”.

En la Sagrada Escritura, en los Salmos, base de todo rezo, hemos de encontrar los cristianos actuales las fórmulas para orar por nuestros difuntos, y en los textos bíblico-litúrgicos las bellas metáforas que nos hagan presentir el premio que Dios reserva a sus fieles.

Una como cadena de bellísimas imágenes nos describen las antífonas Subvenite e In paradisum. Hoy, día de los difuntos, deben ayudarnos a presentir la felicidad de que gozan los que nos precedieron en el signo de la fe. Helas aquí numeradas:

El paraíso.
La ciudad santa de Jerusalén.
El cortejo de los ángeles y los santos.
El seno de Abraham.
El descanso eterno.
La luz eterna.
La paz.
El refrigerio.

La imagen del “paraíso” aparece en el Génesis y en el Apocalipsis, en el primero y en el último de los libros de la Biblia.

El paraíso es un jardín oriental, un edén, un huerto de delicias, regado con aguas abundantes, lleno de vegetacion y frutos, en contraste con el desierto de los alrededores.

El paraíso, en una posterior concepción bíblica es la morada de Dios, el asiento de la sabiduría. Adán hablaba con Yahvé a la brisa del atardecer, como un amigo habla con un amigo. Así el paraíso es un concepto rico de felicidad, con todo lo que el hombre puede apetecer junto con la posesión de Dios. Cuando el buen ladrón pide a Cristo que se acuerde de él, Jesús le dice: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, como resumiendo la dicha suma.

En el primitivo paraíso, perdido por el pecado de los primeros padres, un ángel con espada de fuego impedía al hombre la vuelta a él: mas los ángeles conducen al alma del difunto al nuevo paraíso, según la liturgia.

“Jerusalén” es la ciudad santa, llena de la presencia de Dios, en cuyo templo se complace en recibir culto; la ciudad que encendía de gozo a los israelitas, como canta el salmo 121.

Mejor todavía que aquella Jerusalén, tan capaz de hacer la felicidad del piadoso israelita, es la nueva Jerusalén que San Juan vio ataviada como novia, la ciudad que ya no necesita de templo, porque será iluminada con la gloria de Dios.

Esta Jerusalén es la “patria del paraíso”, como se dice en una oración funeraria, hacia la que todos caminamos, dado que somos peregrinos y forasteros, según explica San Pablo.

La liturgia menciona él “cortejo de los ángeles y los santos”. La felicidad propia se acrece con la grata compañía de tan altos personajes que hacen cortejo honroso al alma que se salva.

En la parábola del rico epulón encontramos a Lázaro en el seno de Abraham. Esto nos hace ver otro aspecto de la felicidad eterna, la intimidad afectuosa con el más grande de los patriarcas y padre de los creyentes. Intimidad que podemos transportarla al mismo Dios, a la manera como San Juan en la última cena se recostó en el seno de Cristo.

Después de un trabajo fatigante el simple descanso es una gran dicha. A nuestros difuntos les deseamos el “descanso eterno”, sin la vuelta a los trabajos de la tierra. Descanso que no debe concebirse como un aburrimiento, sino como el ocio fecundo en la gloria del Padre. Bien pudo decir San Juan: “Bienaventurados los que mueren en el Señor, pues descansarán de todos sus afanes y trabajos” (Apoc. 1 4,16) .

“Dios es luz, y en sí no existen tinieblas”, dice San Juan; por eso deseamos a nuestros difuntos “la luz eterna”, la claridad inextinguible en el foco divino, para “ver la luz en su luz”, como dice el salmo. Porque los cristianos hemos sido transportados de las tinieblas (pecados) a la luz (región de la gloria).

“Lucha es la vida del hombre sobre la tierra”, decía Job. Milicia, intranquilidad, desasosiego. La bienaventuranza será la “paz”, el reino de la paz, el sueño de la paz .. Metáforas todas para expresar el sosiego bonancible del paraíso.

Por último, los textos litúrgicos hablan del “refrigerio”, tan apetecido de quienes viven en países abrasados, como era la región donde se difundió el primitivo cristianismo. El lugar del “refrigerio, de la luz y de la paz” se dice, resumiendo los gozos inefables del cielo, en el memento de los difuntos.

Para acelerar tales bienes a los que pudieran estar detenidos en el purgatorio nació la piadosa idea de la “conmemoración de los fieles difuntos”. San Odilón, abad de Cluny, determinó ,hacia el año 1000 que en todos sus monasterios, dado que el día 1 de noviembre se celebraba la fiesta de Todos los Santos, el día 2 se tuviera un recuerdo de todos los difuntos. De los monasterios cluniacenses la idea se fue extendiendo poco a poco a la Iglesia universal.

Las tres misas nacieron en España. En el convento de los dominicos de Valencia, los religiosos no podían satisfacer a todos los encargos de misas que recibían para el 2 de noviembre. Entonces tomaron la costumbre de que cada religioso celebrase dos o tres. El ordinario toleró dicha práctica, que posteriormente extendió a España y Portugal, y en 1748 fue sancionada por Benedicto XIV. La costumbre española pasó a la Iglesia universal por concesión de Benedicto XV en 1915, quien ya venía preparado para la misma desde su estancia en la Nunciatura de Madrid. Teniendo en cuenta los muertos de la Gran Guerra y las desamortizaciones del siglo XIX, que habían aventado los fondos de las fundaciones de misas por los difuntos, con lo cual no se levantaban las cargas de tan piadosos legados, el Papa concedió que cada sacerdote pudiera celebrar tres misas, la primera a su particular intención, la segunda según la mente del Papa, y la tercera por las ánimas benditas. De esta manera el 2 de noviembre se equipara a la santa Natividad del Señor, siendo como la fiesta natalicia de las almas del purgatorio.

Si al rico tesoro de las tres misas se añade la indulgencia plenaria toties quoties del jubileo por los difuntos, verdaderamente que se hace patente la generosidad de la santa Madre Iglesia para con aquellos hijos suyos que, habiendo dejado la fase terrena, no alcanzaron todavía la gloria del cielo y ella hace cuanto puede para abreviarles el tiempo de la purificación.

CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA

 

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